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ALEJANDRÍA, UN PUERTO A LA DERIVA

La bahía de Alejandría, una de las joyas de la costa mediterránea, está asfixiada por una infinidad de fuentes contaminantes. Es un desastre para los pescadores, el turismo y los arqueólogos submarinos.DOS LOS ARTÍCULOS PUEDEN SER LIBREMENTE REPRODUCIDOS

Asma El Bakri es cineasta, alejandrina y una mujer de carácter. Su cólera sube cuando habla de su niñez: "cruzaba la bahía a nado y en el agua clara se veían los peces, las columnas antiguas. Todo ha desaparecido bajo la porquería. La ciudad y su puerto, uno de los más bellos del Mediterráneo, han sido asesinados".

Jean-Pierre Corteggiani, un egiptólogo del Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO), que ha participado en las excavaciones submarinas de los restos del faro de Alejandría, lo confirma: "Todo depende del viento. Cuando sopla del sur, los residuos se van mar adentro y el agua es casi clara. Cuando viene del norte, como sucede a menudo, entran en el puerto oriental: es un puré de guisantes, una gran mancha oscura poco agradable en suspensión, de tres o cuatro metros de espesor. Una vez salí del agua con un preservativo pegado a las gafas".

RESIDUOS TÓXICOS

Equipado con un lápiz y un papel, el oceanógrafo Usama Abul Dahab Al Rayis, de la Universidad de Alejandría, dibuja un panorama sombrío. "La principal fuente de contaminación directa procede del colector cercano al fuerte de Qaytbay. Expulsa 250 000 m3 diarios de residuos industriales y domésticos, que no han sido tratados. Tendría que cerrarse el año que viene". Pero hay algo más complicado. Primero, el colector general, que desemboca en el puerto occidental, el segundo de la cuenca mediterránea en tamaño, después de Marsella, es una mezcla de aguas residuales agrícolas procedentes del norte del delta y de aguas industriales y domésticas que han pasado por dos centros de tratamiento -cuya capacidad es de 600 000 m3 diarios-, antes de acabar en el lago Mariut, al sur de la ciudad. Esos centros, construidos con la ayuda de la organización de desarrollo norteamericana USAID, eliminan las suspensiones sólidas, pero no tratan el agua químicamente. Aunque la concentración de contaminación es baja, la cantidad es enorme: ocho millones de metros cúbicos al día. Después están todas las pequeñas fuentes directas, como la fábrica Misr Chemical Industry, que hasta hace poco vertía al puerto 35 000 m3 de cloro al día. Con la ayuda de Alemania, se la ha equipado con filtros. El canal de Mahmudeya, que hace 10 años desembocaba en el puerto, fue taponado, pero cada día siguen filtrándose 9 000 m3 de residuos tóxicos. Más hacia el oeste, donde se encuentran las playas más bellas, la contaminación, esencialmente petrolera, se debe al oleoducto Sumed y a los campos petrolíferos de Al Alamein.

En el extremo oriental de la ciudad, en la ensenada de Abukir, la estación de bombeo de Tabia suelta 1,8 millones de metros cúbicos al día. El canal de derivación del lago Edkú, situado sobre el mar, vierte 3,5 millones de metros cúbicos de residuos agrícolas, poco tóxicos; sin contar las decenas de industrias (papeleras, refinerías, de abonos químicos) que se deshacen de sus aguas residuales en el mar. Poco a poco, el croquis de Usama Abul Dahab Al Rayis ha oscurecido hasta hacerse ilegible.

Las consecuencias son dramáticas. "La ensenada de Abukir está biológicamente muerta. Sólo quedan algunos peces migradores. La costa oriental está un poco más limpia, sobre todo gracias a la corriente, que arrastra la contaminación. Desde que se cerraron los principales colectores, hace cinco años, la fauna y la flora empiezan a recuperarse. El puerto oriental, que contiene la mayor parte de los restos antiguos, entre ellos el famoso palacio de Cleopatra, está altamente contaminado; igual que el puerto occidental, donde los peces no son aptos para el consumo".

Jean-Yves Empereur, el arqueólogo francés que dirige el Centro de Estudios Alejandrinos y bucea para estudiar los pecios de época tolemaica y romana, también informa que los fondos están "completamente negros y sin vida". Es difícil decir en qué medida se han visto afectados los vestigios. En cambio, el efecto sobre la pesca es contundente: Alejandría suministraba, no hace mucho, el 10% de los peces y gambas que se consumían en Egipto; ahora sus pescadores van a buscarlos a las costas libias. En cuanto al turismo, se resiente del estado de las playas.

La principal responsable es la demografía. Cuatro millones de personas residen en Alejandría y seis millones en vera-no, cuando los egipcios acuden en busca del frescor del litoral. A ello se añade la inactividad de los responsables locales, como el antiguo gobernador, Ismail Al Gawsaki, más preocupado por la especu-lación inmobiliaria que por el desarrollo. Su sucesor parece decidido a atajar los problemas, pero hay demasiados.

Para Usama Abul Dahab Al Rayis, la solución fácil y barata consiste en verter las aguas que pasan por los dos centros de tratamiento primario no al lago Mariut, que ya está muy contaminado, sino al desierto. El objetivo de la operación es regar las tierras con el fin de crear un cinturón verde en torno a Alejandría. "Sería una barrera natural contra la erosión marina, que no dejará de atacar la costa cuando el lago Mariut esté muerto". Según él, también habría que mejorar la tecnología de las fábricas más contaminantes, lo que resultaría menos caro que construir unos centros de depuración total de las aguas residuales, demasiado caros para Egipto.

Christophe Ayad
Alejandría

FUENTES UNESCO La tierra un mar de vida No. 96 Diciembre 1997

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