Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas
Versions: English / Français / Español

NUEVA LUZ SOBRE FAROS

La séptima maravilla del mundo -el Faro de Alejandría- resurge. Los turistas aficionados al submarinismo pronto podrían acudir a Egipto para descubrirlo.

Las cercanías de la isla de Faros, frente a Alejandría, están pobladas de extrañas criaturas. A siete metros de profundidad se encuentran esfinges, mujeres y hombres de dimensiones imponentes, perdidos en un campo de ruinas.

Los arqueólogos submarinos están encantados, pues creen haber encontrado los restos de la séptima maravilla del mundo: el Faro de Alejandría. Los aficionados al submarinismo pronto podrán compartir su entusiasmo, si llega a buen puerto el proyecto de transformar ese formidable yacimiento en un parque arqueológico submarino. Éste será el tema de un taller que reunirá a arqueólogos, especialistas del medio ambiente marino y responsables en Alejandría, del 7 al 11 de abril, a iniciativa de la universidad de esta ciudad, de la UNESCO y del Consejo Superior de Antigüedades (CSA) egipcio. Esta fórmula, impulsada por Hassan el Banna, de la Facultad de Ciencias, y Selim Morcos, asesor de la UNESCO, garantizaría la conservación de los vestigios allí donde la historia los ha dejado.

Las excavaciones han permitido le
reconstrucción virtual del faro
(foto © Gedeon/En Machine/Sygma).

TERREMOTOS

La historia del Faro empieza en el siglo III a. de J.C., cuando Tolomeo II lo mandó construir siguiendo una idea de su padre. El Faro tenía 100 m de altura en un patio columnado. Se asentaba sobre un piso octogonal situado encima de una base cuadrada, y sostenía un nivel cilíndrico con una linterna en su cima, coronada por una estatua de Poseidón. Pero entre los siglos IV y XIV d. de J.C., una serie de terremotos acabó con él. Cuando el viajero árabe Ibn Battuta lo visitó en 1349, lo encontró "en tal estado de ruina que era imposible penetrar en él". Al cabo de más de un siglo, el sultán mameluco Ashraf Qaitbay mandó construir un fuerte en ese sitio.

¿Qué fue del faro? Algunas partes fueron recuperadas e incorporadas al fuerte, mucho más pequeño. Pero hasta hace poco nadie se preocupó mucho del cuerpo del edificio ni de las estatuas, que reposaban en el fondo del mar. Aunque las autoridades conocían el sitio, hubo que esperar hasta comienzos de los años sesenta para que un submarinista alejandrino solicitara a la marina que recuperara una estatua colosal que representaba a una reina tolemaica con rasgos de Isis. A petición de las autoridades, el submarinista británico Honor Frost llevó a cabo, en 1968, un estudio preliminar patrocinado por la UNESCO. Pero el yacimiento volvió a caer en el olvido por falta de arqueólogos especializados y porque se convirtió en zona militar.

No volvió a asomar hasta comienzos de los noventa. Mientras rodaba unas secuencias submarinas, la directora Asmaa el Bakri observó un dique de hormigón que se estaba construyendo sobre unos restos, con el fin de proteger el fuerte Qaitbay. La campaña de prensa posterior llevó al CSA a suspender las obras, permitiendo que una misión realizara excavaciones de salvamento. Éstas se iniciaron en 1994 bajo la dirección de Jean-Yves Empereur, jefe del Centro de Estudios Alejandrinos (CEA), y cubren una zona de cerca de 2,25 ha al noreste del fuerte. Se han inventariado, limpiado, fotografiado y ubicado en un plano más de 2.000 piezas. Los fondos provienen del Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO) y de patrocinadores franceses privados.

La profusión y el amontonamiento de objetos de épocas distintas -faraónica, tolemaica y romana- han complicado la tarea de los arqueólogos. Pero el análisis informatizado de los mapas del sitio y el examen de cada bloque han permitido distinguir dos tipos de elementos. Según Empereur y Jean-Pierre Corteggiani, un egiptólogo del IFAO, la presencia de esfinges y de inscripciones jeroglíficas se explica por la costumbre tolemaica de reutilizar los vestigios faraónicos. Algunos de ellos, mezclados con elementos helenísticos y romanos, fueron lanzados al mar a fines de la época romana y en tiempos de los mamelucos, para proteger el puerto de Alejandría.

El otro tipo está formado por bloques mucho más pesados, de 50 a 70 toneladas. Su tamaño indica un monumento enorme y algunos están rotos en dos o tres pedazos, lo que muestra que cayeron de lo alto. Empereur y sus colaboradores se mantienen en sus trece: se trata de restos del Faro de Alejandría. Se han recuperado, restaurado y expuesto en el anfiteatro de Kom el Dikka, en Alejandría, unas treinta piezas.

Estas excavaciones no sólo podrían tener importantes efectos turísticos, sino que han abierto nuevas perspectivas para los arqueólogos egipcios. El CSA ha creado, hace dos meses, un departamento de arqueología submarina. No obstante, la continuación de la campaña está en suspenso. Mientras que los arqueólogos quieren que se desmantele el dique de hormigón destinado a proteger el fuerte, especialmente para extraer los elementos del Faro bloqueados por el mismo, el servicio de antigüedades ha pedido que se dejen de subir restos, tras haber sido acusado de privilegiar un yacimiento preislámico en detrimento del fuerte mameluco. Ojalá la reunión de abril permita calmar la tempestad que se avecina.

Sophie BOUKHARI y Hala HALIM, Alejandría
FUENTES UNESCO N° 87 / Febrero 1997, p. 16

For more information, contact:

UNESCO-Cairo Office
Tel 002023543036 / 002023545599
Mr.A.Shihab-Eldin (Director Office)
8 Abdel Rahman Fahmy Str.
Garden City, CAIRO 11511
EGYPT
Mailb: UHCAI
covers: Egypt, Rep. of Yemen, Sudan
Fax: 2023545296,
Telex:93772 ROST UN

and/or

UNESCO-CSI, fax +33 1 4568 5808, e-mail: mailto:csi@unesco.org

  Introducción    Actividades   Publicaciones     búsqueda
Wise Practices   Regiones   Temas