Meio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas
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UN POZO DE DIFICULTADES

Indigencia absoluta, divisiones étnicas, cuasi impotencia de las autoridades locales: en este barrio periférico de Dakar, la formación de una "ciudadanía urbana" es ardua.

Con un barreño sobre la cabeza, Awa Ndiaye sale de un terreno lindante con un dispensario y vierte sobre el suelo una agua de arroz mezclada con escamas de pescado. "Sin desagües, ¿qué quiere que haga?", responde con acritud a cualquiera que intente darle lecciones de civismo.

Como la mayoría de mujeres de Yeumbeul, Awa tiene otras preocupaciones más graves. "La gente no tiene nada", explica Laye Seye Saer, el teniente alcalde de este antiguo pueblo lebú (los primeros ocupantes de la región senegalesa de Dakar), constituido en municipio de distrito en enero de 1996, en el marco de la descentralización. "Beben agua contaminada. Los jóvenes están desempleados; no pueden cultivar los campos porque no llueve lo suficiente, ni tener un huerto porque hay que cavar 10 o 15 metros antes de encontrar agua, en lugar de los 2 de antes. Y no digo nada de la falta de tierras y de bombas a motor". La recogida de basuras, que asume el servicio municipal, es intermitente y se limita a las dos arterias principales.

CONTAMINADOS

"¿Qué se puede hacer cuando todo es prioritario?", se lamenta Saer. Si no hay letrinas públicas, ¿qué hay que hacer contra los que van a las vías del tren? ¿Cómo impedir que los alumnos orinen en las paredes de las escuelas (sólo hay un centro de secundaria y siete de primaria para más de 100.000 habitantes, el 52% de los cuales tiene menos de 20 años)? Y lo que es peor: más de la mitad de la población no está conectada a la red. Para ellos existen dos soluciones: abonar 25 francos CFA por cada barreño de agua en la fuente (además de la cuota mensual de 100 francos CFA por hogar) o ir a los pozos. Pero según un reciente estudio de la UNESCO y de la Universidad de Dakar, dos de cada tres están contaminados por coliformes fecales.

Sin embargo, los vecinos no se rinden. "Ante lo precario de su situación, se agrupan en asociaciones de jóvenes, de vecinos, en grupos de intereses económicos. A pesar de su abundancia y de su carácter disperso, esas iniciativas parecen alternativas creíbles", señala Mohamed Soumaré, de la ONG Enda Tiers Monde. ¿Pero qué hay que hacer para que superen el nivel 0 de movilización social para establecer una auténtica ciudadanía local?

"Planteamos la hipótesis de que, de la acción concreta, puede nacer la noción de bien común", resume Geneviève Domenach- Chich, coordinadora del proyecto "Ciudades" de la UNESCO. "Concreta" es la palabra: el "Proyecto de Apoyo a la Dinámica de Barrios y de Mejora del Marco de Vida", que se desarrolla en Yeumbeul, consiste en estructurar y reforzar las iniciativas de saneamiento. Este proyecto de 100.000 dólares, financiado en dos terceras partes por la UNESCO y coordinado por Enda, permitió, en 1996-1997, construir 44 pozos negros, 32 letrinas y 5 fuentes, y poner en funcionamiento tres carretas para la prerrecogida de basuras. También se ha apoyado a las cajas de ahorro y de crédito de 10 grupos de mujeres y se han formado dinamizadores locales, mujeres empresarias, albañiles y obreros. Pero más allá de esto, el proyecto ha provocado una modificación de la correlación de fuerzas entre los distintos grupos sociales presentes, por una parte, y por otra, la población y las autoridades municipales.

La principal lección es que es difícil que surja un interlocutor colectivo de un tejido social exsangüe -los conflictos interpersonales son aún más graves dada la escasez de recursos- y pluriétnico (wolof,lebú, tuculeur, diola, etc.). En resumen, tres grupos, representados por tres asociaciones y correspondientes a territorios bien delimitados, quieren que el proyecto beneficie ante todo a sus miembros: "De entrada notamos unas relaciones conflictivas entre esas organizaciones", señalan los evaluadores del proyecto, Pape Salif Seck y Abdul Karim Gueye. La integración de los que llegan, en su mayoría diolas del campo, plantea problemas. "Ellos reivindican una pertenencia a la zona y un derecho a participar en las decisiones, que los originarios del pueblo tradicional no parecen dispuestos a concederles".

Juntos para prolongar la red de traída de aguas
(F o t o U N E S C O ).

DIVISIONES

Otra división enfrenta a los lebús, que ven cómo se reduce su poder tradicional, a la segunda generación de migrantes (fundamentalmente tuculeurs), muy implicada en el proyecto. Por último, "se observa la creación de asociaciones de habitantes orientadas al desarrollo de su pueblo de origen", destacan los evaluadores.

Sin embargo, la población empieza a imponerse como interlocutor de las autoridades, totalmente impotentes ante la envergadura de las necesidades. "No tenemos recursos, ni tan sólo un vehículo para las operaciones OVP (despeje de las vías públicas ocupadas ilegalmente), se queja Saer. Nos vemos obligados a alquilar taxis". A pesar de la desconfianza de algunos cargos electos, que temen la competencia política de los líderes de barrio, más cercanos a la población, "se observa incluso un inicio de porosidad entre los mundos asociativo y político", destaca Domenach-Chich. "Se nos consulta regularmente y yo participo en las reuniones municipales", confirma el muy popular El Hadji Ibrahima Ndiaye. Pero para Soumaré, las limitaciones del proyecto "demuestran que las ONG y los grupos comunitarios no pueden reemplazar al Estado ni a las municipalidades. Sus iniciativas deben tomarse como pistas, en este caso legitimadas por la UNESCO y, en su caso, deben ser asumidas en la práctica por los servicios públicos". ¿Es esto una declaración de bue-nas intenciones?

S. B. y Daniel BEKOUTOU
Dakar

FUENTES UNESCO El programma MOST el buen uso de la globalizacion No. 9 7 Enero 1998

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