| Meio ambiente y desarrollo en regiones costeras e islas pequeñas |
Samoa: conservar la herencia del mar
"Cuando llegaron a Samoa los misioneros, ellos iban todos vestidos y los indígenas, desnudos. Los primeros obligaron a los segundos a abrigarse, hasta que un día se dieron cuenta de que hacía mucho calor. Entonces decidieron quitarse los hábitos. Actualmente, los misioneros de Samoa se pasean medio desnudos y los indígenas, vestidos".
Esta curiosa anécdota que cuenta Peter Varghese, director jefe del sector de la educación de Samoa y coordinador del proyecto Saanapu-Sataoa, que financia la UNESCO, resume los cambios que han transformado su país en los dos últimos siglos. La introducción de valores ajenos ha modificado la tranquila vida de los habitantes. Más recientemente, para poder producir más y ser más rentables, han tenido que ir en contra de los sistemas tradicionales. El medio ambiente marino ha sufrido las consecuencias.
Peter Varghese explica los cambios que se han dado en esa pequeña isla tranquila, turística y tradicional, basada en una agricultura de subsistencia.
P. V. : En Samoa, somos 165.000 habitantes, que vivimos en dos grandes islas rodeadas de islas pequeñas. Unas 60.000 personas viven en las ciudades. El monocultivo, la economía de mercado y una palabra desconocida por los habitantes de Samoa hace 20 años -la rentabilidad-, han provocado un profundo cambio de mentalidad que ha dado lugar a numerosos conflictos.
¿Cuáles han sido las consecuencias
para el medio ambiente marino?
La pesca en equipo, tradicional, ha disminuido. El
coral, que hace diez años no se vendía, sino que se regalaba,
se ha convertido en una fuente de ingresos importante. Las
ciénagas de manglares se han secado. El sistema tradicional de
gestión de los recursos se ha desmoronado. Hoy en día, la
población de Samoa ya no conoce un entorno marino sano. La pesca
con dinamita se ha desarrollado de forma alarmante. Por eso urge
aplicar una gestión sostenible de sus recursos renovables.
¿En qué momento pensó Vd. que había
que reaccionar?
Los dos ciclones de 1990 y 1991 debilitaron la economía
del país. Las reservas de peces disminuyeron. El Gobierno tomó
entonces medidas, aprobando una ley sobre la pesca que se basa en
el apoyo técnico de los pueblos: éstos imponen su propio
reglamento y castigan las infracciones. También se han
constituido reservas en las que está prohibido pescar. Todo esto
con la esperanza de que aumente la cantidad de peces.
Con la CSI de la UNESCO, ustedes están
montando un proyecto piloto. ¿De qué se trata?
Nuestro proyecto, llamado Saanapu-Sataoa, empieza este
año en dos pueblos situados en medio de una zona de manglares.
La participación de la UNESCO en este programa es de 20.000
dólares. Ante el problema que plantea la no renovación de los
recursos naturales, nosotros nos hemos marcado el objetivo de
sensibilizar a la población local en la preservación y la
conservación del medio marino a través de la educación y de la
participación.
¿Cuáles son los objetivos del
proyecto?
Son varios: recoger datos e información sobre los
ecosistemas locales y el grado de contaminación; aprovechar los
conocimientos tradicionales y los conceptos indígenas del
sistema natural; determinar los riesgos que corre el medio
ambiente; animar a las comunidades a desarrollar estrategias de
conservación, de desarrollo sostenible; publicar obras sobre
este tema, utilizables en la enseñanza primaria y secundaria;
ofrecer programas de formación a las comunidades locales y a los
jóvenes, con el fin de hacerles más responsables de su entorno;
dar a los estudiantes la oportunidad de llevar a cabo estudios de
campo; y por último, ayudar a las comunidades a elaborar
proyectos.
Pero si se controla la pesca y se
conserva, los pescadores pueden tener dificultades para
sobrevivir. ¿Han pensado en actividades alternativas?
Sí. Hemos previsto que las 45 escuelas secundarias y
las 50 escuelas primarias el país visiten el lugar. Para
realizar esta visita, deberán pagar una entrada, que será una
de las fuentes de ingresos alternativas de las comunidades
locales.
¿Y la educación?
Nos dirigimos a los jóvenes de primaria y secundaria de
Saanapu y Satanoa, a quienes les damos una formación práctica
referente al ecosistema del manglar (el manglar y todo lo que
vive a su alrededor -cangrejos, peces, etc.-, de lo que depende
la supervivencia de las comunidades litorales), con el fin de que
sepan proteger su herencia natural y preservar la biodiversidad
de esos lugares. También esperamos desarrollar y fomentar la
identidad cultural a través de la determinación y la
aplicación de prácticas y de conocimientos ecológicos
autóctonos. Esto ayudará a las comunidades a descubrir los
síntomas y las causas reales de los problemas medioambientales y
desarrollará su espíritu crítico.
En Samoa se habla mucho de que las ONG
imponen a la gente su manera de conservar el medio ambiente. ¿El
proyecto comprende este riesgo?
En este proyecto no tenemos el problema del
ecocolonialismo, dado que solamente contratamos a personal local
y que queremos trabajar en estrecha colaboración con las
comunidades locales.
Declaraciones recogidas por Cristina L'Homme, UNESCO Fuentes, enero 1999 - N°108, p.8-9