Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas

Los nómadas del mar de Tailandia 

Los moken utilizan los recursos de su entorno para su habitación (barcos casa), su alimentación y su salud.  


© Unesco/Narumon Hinshiranan

Los moken son una de las últimas tribus del mar que vive de manera tradicional en Tailandia.

Después de buscar pacientemente en la selva litoral, día tras día, durante meses, el árbol que le iba a permitir fabricar su kabang (barco), Salama Jathale lo encontró al fin.

La elección es importante.  Durante los próximos 20 años, el barco le servirá de vehículo, de casa, de herramienta de pesca, de lugar donde nacer o, llegado el caso, morir.  Sólo algunas especies de árboles son aptas para esta tarea, como el rakam (Salacca wallichiana) y un árbol local denominado mai pan.  Si estuviera hecho de otros árboles el barco no tendría el peso adecuado, explica Salama, nómada del mar y miembro de la tribu de los moken, que vive en las islas Surin del mar de Andaman, situadas a la altura de la costa tailandesa.

El tronco seleccionado se tallará bastamente en forma de barco y después se sumergirá en el agua y se calentará para que se amplíe.  Posteriormente se “asará” en un fuego de leña de tanai (una especie de sapotaceae no inventariada), lo cual ennegrecerá la parte inferior del barco y la protegerá del ataque de los percebes.  La vela se fabricará con hojas de toei naam (pandanus).

Para esta tribu, la construcción de barcos es una ciencia y un arte al mismo tiempo.  Las técnicas que utiliza se transmiten de generación en generación, perpetuando la experiencia y la habilidad ancestrales. 

Los moken dependen de otros muchos productos forestales.  Según el doctor Narumon Hinshiranan, antropólogo de la Universidad Chulalongkorn de Bangkok -la capital de Tailandia- y especialista en los moken, la tribu utiliza cerca de 80 especies vegetales para alimentarse, 28 para curarse, 53 para construir y otras 42 con distintos fines, como la fabricación de objetos artesanales.

“El morloon, una planta local, se emplea para hacer un fuego cuyo calor sirve para curar a las mujeres después del parto.  La corteza del yaa thale se mezcla con agua her-vida y se utiliza para bañar a los niños enfermos”, explica Aroon Thaewchatturat, otro investigador interesado en los moken.  Las plantas también sirven para divertirse: el kating, parecido al violín, se fabrica a partir de bambúes.  Los moken también aprenden a escoger los materiales adecuados para construir las casas y utilizan el pandanus para trenzar esteras y cajas.

Los moken son una de las últimas tribus del mar que vive de manera tradicional en Tailandia.  La tribu de Salama se instaló en las islas Surin hace unos 60 años, cuando la situación política de Myanmar (antigua Birmania) la obligó a abandonar sus recorridos marítimos tradicionales por las costas de Myanmar y de Tailandia.

Se reconoce su saber tradicional

Al cabo de 10 años, en 1981, su nueva residencia fue declarada parque nacional marítimo y se le impusieron limitaciones en materia de pesca y de utilización de los recursos naturales.  Las autoridades consideraban entonces que esas actividades tradicionales eran una amenaza para el medio ambiente (estudios posteriores han refutado tal idea). Además, el turismo empezó a crecer en aquella época, poniendo a los moken en contacto con un universo que hasta entonces les era totalmente desconocido.  “Los bocadillos, los tallarines preparados y la leche condensada se convirtieron en alimentos muy apreciados, y el paracetamol, en un medicamento corriente”, afirma el doctor Narumon.  Una vez más, su modo de vida y su cultura se vieron amenazados.  El problema se multiplicó por el hecho de que los moken no están reconocidos como ciudadanos tailandeses, por lo que no tienen derecho a poseer tierras ni a estudiar en las escue-las públicas.  


© Unesco/Narumon Hinshiranan

Una joven moken recoge gusanos de arena  durante la marea baja.

En 1997, la UNESCO lanzó el proyecto piloto de Andaman, que debía hallar la forma de combinar los conocimientos tradicionales de los moken con el desarrollo sostenible de la región, la protección de su entorno y la conservación de su patrimonio cultural.  La primera fase del proyecto incluyó un estudio detallado sobre los conocimientos y las prácticas tradicionales de los moken, así como sobre la historia de su migración y asentamiento.  La fase actual consiste en comparar esos conocimientos con los resultados de estudios oceanográficos regionales, para comprender mejor la ecología local. Los efectos que las actividades turísticas tienen sobre el medio ambiente también se están eva-luando y se está estudiando la función que podrían tener los moken en el desarrollo del turismo.

Esa participación y el reconocimiento de sus capacidades y de su cultura se espera que permitan a los moken controlar mejor la evolución provocada por sus contactos con el mundo moderno y mejorar su nivel de vida sin renunciar a su forma de existencia tradicional.

Ahora se conoce lo suficiente a las comunidades indígenas (que actualmente agrupan a unas 5.000 personas) para que las autoridades del parque se convenzan de la necesidad de mantenerles una función preponderante en las islas Surin (que al gobierno tailandés le gustaría que formaran parte del patrimonio mundial de la UNESCO), mientras se espera que algún día estén integradas formalmente en la conservación de la región.  Este reconocimiento es sólo un primer paso hacia un objetivo mucho más importante, pero según el doctor Narumon, es fundamental.

Kamol Sukin, Bangkok
 UNESCO Sources, julio-agosto 2000 - No. 125, p13-14

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