Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas
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Lo que quisiéramos que ocurra...

Algunos nos atrevemos a decir lo que vemos y lo gritamos a otros. Nuestro llamamiento no es una proclama lanzada desde la alta torre de la razón, sino un susurro en el oído de los que sufren a nuestro lado. Es buscar a tientas el final del túnel, escapar del horror que nos acecha en la oscuridad. Queremos abrazar nuevos valores que nos armen de nuevas formas de pensar, de manera que cuando recorramos los caminos del distante futuro tengamos los métodos y las estrategias necesarias para hacer la elección correcta; para librar una buena guerra y no volver jamás a caer en la noria del deterioro que nos esclaviza hoy. Este deseo no es solo para nosotros, sino para los niños, los de preescolar y los mayores, y los que están por venir. Lo deseamos para los ricos y los menos ricos (porque si lo hacemos correctamente, no habrá tantos pobres). Lo queremos para que todos los pueblos de cualquier lugar tengan la posibilidad de vislumbrar el futuro y que, con el tiempo, sus corazones puedan cambiar.

¿Quién lo hará?

Muchos nos ayudan. Lo que importa no es de dónde vienen ni cómo vienen, sino que simplemente podamos unir nuestros corazones y después nuestras manos para la acción. Si vienen sin estar preparados, pero están dispuestos, les damos la bienvenida. Anhelamos tener los maestros que, fieles a sus deberes diarios, puedan encender la imaginación e inspirar a miles y miles, y que sus palabras se recuerden casi hasta la eternidad.

Yademás, están los que juegan con puntos y rayas, desde los códigos Morse hasta los programas televisivos de la mañana. Los medios de difusión, desde la sala de prensa hasta el distante satélite, todos esperan nuestra orden. Aunque parecen seres animados, no son más que herramientas en las manos poderosas de quienes los utilizan y los poseen, programando mensajes que inyectan las mentes de miríadas de personas. De modo que nosotros también podemos usarlos.

No olvidemos a los cantantes y bailarines, los tallistas en madera y los narradores de cuentos, los susurros de las voces de los antepasados en los sabios refranes de los antiguos difuntos. Dancemos al son del mensaje que viene con el toque del viejo tambor, cantemos nuestra historia a los niños tranquilos, tallémosla en caoba y "green heart", que puede erigirse un monumento a la sabiduría de cuidar nuestra tierra y nuestros mares. Que se pinte en los murales de la ciudad y en los pequeños lienzos del caballete del pintor. Y aunque tal vez algunos no confíen en ellos, de todos modos tenemos que servir a los políticos, mientras dirijan nuestra tierra. Sus decretos nos alcanzan, ya sea para bien o para mal, y nosotros los cumplimos. Entonces, abramos los ojos de los políticos. No olvidemos a los predicadores, porque aunque algunos pueden desdeñarlos y mofarse de ellos, vilipendiarlos e, incluso abandonarlos, son los mejores líderes de estos peregrinos.

¿Cómo haremos todo esto?

Lo haremos poniéndonos a prueba. Comenzando con lo que tenemos: en las escuelas de todos los niveles; compartiendo lo que tenemos oculto. Convenceremos a los políticos. Si quieren hechos y cifras, se los daremos. Si les preocupa el dinero, los ayudaremos a recordar que una vez estas tierras y mares fueron bellos y ricos. Contaremos nuestras historias a los cantantes, teatristas y actores. Daremos madera a los escultores y con rezos y esperanzas, esperaremos el relato estremecedor, la estática danza, el esbelto monumento, la canción, la pequeña pieza teatral, la visión que puede atraer a más seguidores. 

Dejaremos nuestro mensaje en las esquinas de las calles. Lo echaremos a rodar entre los susurros y rumores que recorren nuestras ciudades y aldeas. Que se escuche a través de los campos, que se convierta en refrán de los vagabundos y pordioseros, porque incluso su suerte podría cambiar si el coro se eleva, rico y auténtico, a través de esta tierra. Tal vez tengamos que escribir libros y poesía y anuncios para la televisión, libretos radiales, sermones, canciones y notas para diseños coreográficos... Y podemos hacerlo.

¿Cuándo ocurrirá?

Está ocurriendo incluso ahora, y tratamos de ser los catalizadores, los portadores de la epifanía. Primero sucederá con los que están dispuestos, de modo que quizás no nos desalentemos demasiado rápido. Después, en la medida de nuestro éxito, del aumento de nuestra resistencia y el fortalecimiento de nuestros músculos, iremos pasando a pruebas más difíciles.

¿Dónde ocurrirá?

Ocurrirá a través del Caribe. En el desembarcadero y en el puerto tranquilo. Entre los bocadillos y tés de la reunión de altos funcionarios del gobierno; sobre los archivos de los burócratas y bajo las mesas de los industriales. Ocurrirá con grandes juguetes y ruidosas canciones en las aulas pre-escolares, en las tablas y tras bambalinas y en los salones de ensayos; en las soñolientas escuelas nocturnas y entre las lustrosas botas y las armas; en los bancos y los reclinatorios de las iglesias; ante los altares y entre el incienso, las campanas y los candelabros, los carteles, los tinteros y los registros. Ocurrirá en cualquier sitio que el Azul Mar Caribe acaricie, urgiendo a la resurrección y al despertar.

 

 

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