Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas
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Documentos regiones costeras e islas peqeñas 5

¿Quiénes somos?

 

Sin descanso, sopla el viento muy suave, que amansa...
y aviva con ritmo fogoso... las llamas!...
esparciendo el aroma del negro café campesino...
que humea caliente, en las jarras!

Una hamaca, allí mece cual palma pausada...
la hermosa mujer campesina que cose atareada...
las puchas de flores bordadas, en la colcha...
rosada, que estrenará, al llegar las próximas Pascuas.

Merengue y ron, isla de sabor, color y encanto!
descendencia de indios, español y mulatos!
Histora de siglos... para gloria de tantos!
orgullo de todos, en lomas, ciudades y campos!

Olores a piñas, claveles, trinitarias y mangos!
Locuras de mares turquesa; orillados de playas...
...tendidas al sol; adornando... a Quisqueya!
La bella mujer, que hunde sus formas en el mar...
                                            Antillano!

Mercedes Virginia Gutiérrez (1939), "Quisqueya"
Poeta, declamadora, música y artista plástica dominicana
de profundo arraigo antillano

Junto a estas costas nací; el sonido del mar entraba
por mi ventana; entonces la vida en mí se henchía y respiraba
con la fuerza del suelo turbulento...

Edward Brathwaite, "South"

Yo soy un isleño huérfano,
en un grano de arena de la memoria
en un invierno de bahías.
No tengo hogar.

Wayne Brown, "On the Coast"

Yo fui agua salada que baña todas las costas ajenas,
Ciudadano del mundo, sin hogar en tierra alguna,
Criatura del flujo y del cambio…
… Ninguna marea me compele a entrar en este mar interior,
Fuera de mi vida, fuera de esta tierra crecerá
El fruto fuerte con la punzante amargura de la sal,
Rosa cálida con el brillo rojo del sol,
Canción para lo eterno
Canción para la síntesis…

G.A. Hamilton, "I was Salt"

Porque el siniestro día el mar termina un día,
ya la mano nocturna corta uno a uno sus dedos
hasta no ser, hasta que el hombre nace
y el capitán descubre dentro de si el acero
ya la América sube su burbuja
y la costa levanta su pálido arrecife
sucio de aurora, turbio de nacimento
hasta que de la nave sale un grito y se ahoga
y otro grito y el alba que nace de la espuma.

Pablo Neruda, "Llega al Pacífico", Los Conquistadores,
Canto General, Losada

Al día siguiente, primero de diciembre, en la noche, poníamos la proa en
línea recta hacia Cuba, buscando desesperadamente el faro de Cabo Cruz, carentes
de agua, petróleo y comida. A las dos de la madrugada, con una noche negra,
de temporal, la situación era inquietante. Iban y venían los vigías buscando la
estela de luz que no aparecía en el horizonte

Ernesto Che Guevara, Pasaje de la Guerra Revolucionaria

En el mar no hay límites. Todo parece lo mismo. Ni siquiera puedo decir si estamos
a punto de caer de la superficie de la Tierra. Tal vez el mundo es plano y vamos
a descubrirlo, como los navegantes del pasado. Ya saben que no soy muy religioso. No
obstante, rezo cada noche para que no nos azote una tormenta. Cuando al fin
logro dormirme, sueño que los vientos bajan del cielo y nos reclaman para el mar.
Nos hundimos y nadie vuelve a saber de nosotros

Sal Scalora "White Darkness/Black Dreamings"
Haití: Feeding the Spirit

Krik? Krak! En algún lugar junto a la costa sentí un hálito
de cálido aire marino y escuché las risas de los niños
Una abuelita fuma su pipa
Rodeada por los chicos de la aldea...
Les hacemos cuentos para que los jóvenes
Sepan lo que pasó antes de ellos.
Ellos preguntan: Krik? Respondemos: Krak!
En nuestros corazones los cuentos quedarán.

Edwidge Danticat, Krik? Krak!

Observo el paisaje de esta isla... Y sé que nunca podrán mantener
a este pueblo sometido a la falta de libertad. El cielo, el mar, cada hoja verde
y cada enredadera de vid cantan a la libertad...

Earl Lovelace, "Salt"

¿Dónde están sus monumentos, sus batallas, sus mártires?
¿Dónde está su memoria tribal? Señores,
en esa bóveda gris. El mar. El mar
los ha encarcelado.
El mar es historia...

Derek Walcott, "The Sea Is History"

Hay una costa que se enreda como
el hilo de una cometa
un mar de estambre bordado de lentejuelas
la sombra de una gaviota incrustada
en conchas de caracolas
una nube solitaria en el cielo de cristal
inclemente
un malecón de piedras carenado de musgo
una ciudad nueva ya cansada de
tanta sal y tanto yodo.

José Lira Sosa, poeta Venezolano

Moldeados por el mar

Nuestras historias, como pueblos caribeños que somos, han sido moldeadas en su inmensa mayoría por el mar; el Mar Caribe que nos rodea, y amplios océanos a través de los cuales navegaron nuestros ancestros. En ninguna reflexión puede considerarse al mar y los océanos meras entidades biológicas o geológicas, pues nuestras vidas y nuestros destinos han estado intrínsecamente ligados a ellos. Nuestros artistas siempre lo han entendido y han captado el simbolismo del mar en sus pinturas, poemas y canciones. Todos los que se asientan en estas islas, tarde o temprano quedan impresionados por la importancia del mar. Desde los pintores que plasmaron en sus grabados el horror de los barcos negreros y los esclavos moribundos lanzados por la borda en la Ruta de los Esclavos, hasta los cantantes de clubes nocturnos, que en tonos más cálidos evocan para los turistas románticas imágenes de islas bañadas por el mar:

"Oh isla bajo el sol
que mi padre me legó
Cada día cantaré
a tus bosques, tus aguas y tus brillantes arenas..."

Los que llegaron a través de los mares

Indígenas del continente americano surcaron las olas remando en sus canoas hasta las islas antillanas. Colón navegó por aguas desconocidas y encontró un Nuevo Mundo. Los colonizadores europeos vinieron en barcos de velas. Algunos, por la vía de África, viajaron con la carga de africanos esclavizados en toda la vileza de aquel largo viaje. Más tarde, jornaleros sometidos a contratos de semi-esclavitud, fueron traídos con los objetos de su patrimonio y sus esperanzas desde sus hogares del subcontinente indio. Y así, también vinieron otros trabajadores y colonos: franceses, españoles, escoceses, irlandeses, daneses y portugueses; más tarde llegaron chinos, y comunidades judías y árabes. Durante la época colonial, los holandeses y otros europeos navegaron las aguas del Caribe, con lo que desarrollaron un lucrativo negocio, mientras que en alta mar, bucaneros, piratas y corsarios llevaban una vida cargada de violencia.

Un célebre pillo es recordado en una canción folklórica:

 

"En una islita vivía un bucanero
llamado Sam Lord
Muchos buques cargados de tesoros
Que venían de España hundió

...Colgaba linternas en los cocoteros
Para atraer a los buques hacia los arrecifes
Y cuando los marinos pensaban que habían visto la villa
Oh desgracia! encallaban..."

                                         

       
  

Historias grabadas en la piedra

Pasaje abovedado que llevaba a las
municiones, Cabrits, Dominica

Las memorias de aquellos días también se han escrito a lo largo de las costas de casi cada isla caribeña: fortificaciones que pasaron de mano en mano entre franceses, holandeses, españoles e ingleses. Oscuras mazmorras narran en silencio la historia de las cárceles, mientras que perdigones y cañones gastados por el tiempo así como enmohecidos fusiles son testimonios de las armas de guerra de otros tiempos. Muchas batallas cruciales se libraron y se perdieron en el mar. Escenarios de tales batallas son el imponente Shirley Heights, de Antigua y el hermoso Cabrits, de Dominica; el majestuoso Fuerte San Felipe, de Puerto Plata, República Dominicana – proclamado Patrimonio de la Humanidad – y el pintoresco Fuerte King George, desde donde se domina la ciudad de Scarabourgh, Tabago. En todas esas fortalezas las armas siguen apuntando al mar, pues del mar venían los problemas.

Los que enseñaron al mundo a cantar

Como el mar es parte de nuestra historia, también está en nuestras canciones dedicadas al trabajo y a la aventura, que reflejan cómo el mar ha tomado parte en todas nuestras empresas. Ya desde hace décadas, desde la India hasta Inglaterra, pasando por África y regresando al Caribe, las personas han bailado y cantado al son de la dulce y melodiosa música del cantante de origen jamaicano Harry Belafonte:

    “Day-oh, day-oh
Daylight come and me wan’ go home..
Come Mr. Tally man tally me banana –  
Daylight come and me wan’ go home…”

(Llega el amanecer y quiero irme a casa
Venga señor tarjador y péseme las bananas
Llega el amanecer y quiero irme a casa)  

   

Esta es otra narración del trabajo, la industria y negociado a orillas del Mar Caribe: la estiba de barcos bananeros por cansados obreros, cuya producción se encaminaba a Inglaterra a través del Atlántico. Con los años, la importancia de estas actividades se ha hecho más aguda, pues los granjeros de las islas pequeñas cultivan el plátano en cualquier tipo de tierra, incluso en pendientes peligrosamente escarpadas. Los efectos de la erosión del suelo y el uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas que se abren paso hacia las aguas subterráneas, los ríos, y finalmente hacia el mar, hace estragos en los arrecifes de zonas costeras cercanas.

Más recientemente, debido a cambios introducidos en los acuerdos de comercio exterior, que han amenazado los viejos patrones de supervivencia mediante el cultivo del plátano, miles de caribeños cultivadores del fruto han experimentado gran ansiedad y alarma. El maestro David Rudder ha transformado la angustia del pueblo en un lamento lírico:

“The West Indian girl start to cry           
Banana dead, banana dead, banana
The future dread, the future dread for banana…dead banana”  

(La chica antillana comenzó a llorar,
murió la banana
el futuro es terrible)

           “The Banana Death Song”, de “The Beloved”, by David Rudder
   

Los arrecifes coralinos situados en los 
bordes exteriores de nuestras islas y 
zonas costeras continentales sienten 
los efectos de los daños hechos en 
regiones lejanas, en tierra adentro

  

Observadores de ballenas y peces voladores

Una labor compartida: sacando una red
de cerco en la Bahía del Inglés, Tabago

El mar ha creado otros medios de vida, como la caza de ballenas en Bequia e, incluso en Barbados, donde aún pueden observarse restos de estaciones balleneras. La pesca ha sido un sinónimo de las islas del Caribe y las zonas costeras de América Central y del Sur. Tradicionalmente la pesca se ha realizado de muchas formas: ya sea con una red utilizada colectivamente, las hermosas atarrayas circulares o las esbeltas varas de pescar que se ven en muchos lugares como la Bahía de Grand Courland, Tabago. Esos son las artes de pesca del pescador artesanal.

Diseños insulares

Cada lugar tiene un estilo de embarcación particular, ya sea para la pesca o el transporte. En Santa Lucía, la tala de los gigantescos copales del bosque destinados a la confección de la tradicional canoa de pesca aún constituye una gran ceremonia. En las páginas introductorias de su obra Omeros, el premio Nóbel de literatura Derek Walcott recrea el cuidadoso proceso de selección y tala del árbol, y el desbaste de la madera.

Pescador artesanal junto a la tradicional canoa 
de Santa Lucía

  

Sobrevivientes en costas dispersas

Dondequiera que hay islas muy cercanas, se desarrolla un activo sistema de comercio y transportación marítima. En las Granadinas, el tránsito regular del "Barco del Correo" trae todo tipo de suministros a islas minúsculas (como Union y Canouan), que van desde camiones con carga pesada y equipos de construcción, hasta cajas de refrescos y toda la  variedad de artículos domésticos y alimentos. Tales barcos pueden ser a motor, como el Snapper; otros son goletas, que aún emplean velas para ayudar a sus pequeños motores, como el Alexia II, que navega regularmente enlazando Granada y Carriacou.

En esas embarcaciones de todo tipo, con sus avezadas tripulaciones, viajan comerciantes informales – con frecuencia mujeres – conocidos en algunos lugares por su tendencia al regateo. Los artículos de su comercio pueden abarcar desde chocolate hecho en casa, canela y nuez moscada, hasta ropa, alimentos y en ocasiones whisky de contrabando. Los transbordadores que surcan regularmente las aguas del Norte del Caribe, de Anguila a San Martín, o entre las muchas ínsulas de las Islas Vírgenes Británicas o de los Estados Unidos, también transportan a muchas personas y mercancías.

Amantes de los vientos y las velas

Regata de botes en Anguila

El mar también deja su huella en la vida, aportando diversión y placer. Muchos isleños disfrutan las fuertes emociones de las regatas anuales. Ágiles tripulaciones compiten alrededor de las 35 millas cuadradas (91 km cuadrados) de la Isla de Anguila (denominada así por los franceses por su forma, semejante a la de ese pez). Se curvan en el viento y arrojan pesados hierros alrededor de sus cabeceantes embarcaciones. Con sus hinchados velámenes, compiten por la victoria.

En Antigua, las regatas se han convertido en un pasatiempo de lujo con competidores internacionales que casi parecen flotar sobre las olas en la regata anual de lanchas de motor. Trinidad y Tabago también tienen la suya, conocida como "La Gran Regata", que comienza en Trinidad y termina en Tabago.

Alegría y música

Las vidas de los marinos tal vez puedan captarse mejor en su cruda humanidad vigor y camaradería, y en las tradiciones culturales que se han arraigado junto al mar. El grupo barbadense The Merrymen popularizó lo que podría denominarse una saloma caribeña, "Sloop John B". 

Su pegajoso ritmo y dulce melodía evocan la nostalgia común para todos aquellos que pasan la mayor parte de su tiempo en puertos extranjeros y mar afuera:

     

“So h’ist up de jumbie sail            
see how de main sail set
tell the Captain ashore I wan’ to go home
I wan’ to go home… I wan’ to go home
Oh lord, a feel so broken up
I just wan’ to go home!”  

         

                        

(Mira cómo se hincha la vela, dile al capitán que está en tierra
que quiero irme a casa, oh, Dios, me siento tan triste, solo quiero ir a casa)

Canciones folklóricas como esta se cantan a los visitantes de nuestras costas.

Anfitriones del mundo

El turismo es una industria mundial multimillonaria. A través del Gran Caribe, playas de blancas arenas, verdiazules aguas, arrecifes coralinos y, ríos y bosques con su amplia gama de vida silvestre, han pasado a ser importantes atracciones turísticas. Sin embargo, a las actividades turísticas pueden asociarse múltiples repercusiones negativas sobre el medio ambiente. La destrucción de los arrecifes coralinos y otros hábitats, la contaminación de las aguas costeras y la extracción de arena, son solamente algunos impactos negativos sobre las costas. Tenemos que enfrentar el desafío de comercializar esos recursos en aras de nuestro propio desarrollo económico, y a la vez controlar los efectos del turismo sobre estos.

El petróleo que perturba nuestras playas

Gigantescos buques petroleros trasladan cargas por valor de millones a través de nuestros vulnerables mares. Sus cargas podrían amenazar los frágiles ecosistemas de todo nuestro archipiélago y las costas continentales. La actividad industrial que las refinerías promueven debe sopesarse contra la terrible posibilidad de un gran desastre por contaminación con petróleo que podría mutilar la industria turística de las islas.

Venezuela y Trinidad poseen lucrativas reservas de petróleo en la tierra y en el mar. Los inversionistas extranjeros, cuyas acciones pueden ejercer una gran influencia sobre los altibajos de las bolsas mundiales, tienen una enorme intervención en las economías de esos países. Inevitablemente, las prospecciones de gas y petróleo, las actividades cotidianas realizadas en los sitios de perforación y en las refinerías así como en la limpieza de los tanques de los buques en el mar, el problema de la contaminación crónica se manifiesta inevitablemente en el mar, a lo largo de las costas, en la tierra y en los ríos.

Competidores aventajados


Pesca con red
de deriva

En nuestras aguas los intereses extranjeros, otros que compañías petroleras, tratan de obtener ganancias netas. En la actualidad, en todos los océanos del mundo, la pesca puede realizarse con tripulaciones y embarcaciones provistas de modernos equipos, y el Caribe no es una excepción. Mediante la observación satelitaria puede determinarse la ubicación de los bancos de peces mientras que otras embarcaciones poseen sonares para su detección. Algunos buques son prácticamente factorías flotantes para procesar alimentos, capaces de capturar desde gigantescas ballenas hasta millones de sardinas. Las ballenas están protegidas por una moratoria de su caza para fines comerciales. Los peces de aguas profundas se pescan por cientos, mediante el empleo de técnicas de pita larga. Redes rastreras finamente tejidas, casi invisibles, han estado agotando las reservas de peces capturando a su vez miríadas de otros organismos. También perecen alevinos, tortugas y mamíferos marinos. Los fragmentos de esas redes que quedan a la deriva siguen matando al enredarse en otros organismos que nadan libremente. Mientras capturan los peces, las redes de los barcos de pesca rastreadores se desplazan por el lecho del mar, modificando el suelo marino y destruyendo muchas formas de vida. En esas redes también perecen ahogados tortugas y delfines. Todas esas técnicas pueden ser usadas en el Caribe, con frecuencia ilegalmente por flotas extranjeras.

Los pescadores del Caribe están adquiriendo buques de mayor envergadura, con equipo más moderno y están tratando de que la abertura de la malla de las redes de pesca sea más estrecha. Un número creciente de pescadores compite para obtener los menguados recursos. Algunos emplean ilegalmente dinamita, con lo que matan numerosos organismos de cualquier tamaño y edad, tratando de explotar los que tienen valor comercial. La competencia procede de los buques de pesca extranjeros. La contaminación que se origina en tierra conduce a la reducción del hábitat de los peces y por ende a la disminución de sus reservas. Los mares, otrora reino del pescador solitario, debe compartirse por una multitud de usuarios. En la búsqueda de alimentos y en última instancia de sobrevivencia, existe una creciente necesidad de que se logre un enfoque colectivo del uso y la gestión de los recursos marítimos vivientes y no vivientes.

Usuarios de la cambiante costa: proteger lo que disfrutamos

¿Tesoro para turistas?
En los mares de muchas
islas del Caribe, los
hermosos "cabos",
codiciados por su carne
 y por su decorativa
concha, han sido objeto
de capturas hasta casi
su extinción

Tan constantes como el vaivén de las olas a lo largo de la costa son los cambios que ocurren en el lugar donde la tierra y el mar se encuentran. El proceso jamás se detiene. Continuamente arena o rocas o grava, conchas marinas, así como material orgánico – musgo o algas e, incluso criaturas marinas, se añaden a la playa (acreción), o se pierden (erosión).

Las propias playas también difieren entre sí. Existen las idílicas playas tropicales con que sueñan los turistas, con sus arenas blancas y brillantes, como las famosas extensiones de arena de Jamaica, en Negril, o la amplia y hermosa Grand Anse, en Granada. Otras pueden ser rocosas: la Bahía de San Martín, en Barbados, está cubierta de cantos rodados, redondeados por las olas, que sisean y chasquean cada vez que las aguas los mueven. Algunas líneas costeras son cenagosas – playas en formación, como muchos sectores del Golfo de Paria, en Trinidad, cuyo ejemplo más característico es la Ciénaga de Caroni, con sus aguas oscuras y sus costas cubiertas de manglares.

En la costa no hay estabilidad permanente. Incluso los peñascos de piedra caliza coralina, que parecen resistentes, están excavados en sus bases por la acción de olas altas y majestuosas. El relieve singular de la costa atlántica de Barbados, muy conocido en Bathsheba, constituye una evidencia de la acción eólica del lugar y de la dinámica de las olas.

La línea de la costa es un lugar de cambios y flujos inesperados, y si no se maneja con cuidado y coherencia, es fácil que se produzcan cambios espontáneos capaces de desorganizar ciclos centenarios, tan delicadamente equilibrados como el más complicado móvil. No todos los cambios ocurren de un día para otro, pero, por ejemplo, bajo los efectos de un huracán, una playa puede desaparecer completamente en un solo día, aunque sea temporalmente. También pueden ocurrir acontecimientos imperceptibles mar adentro, cuyos efectos podrían repercutir sobre la costa un año después.

Las costas del Caribe son testigos de muchos enfrentamientos de usuarios rivales que tratan de crearse un medio de vida o garantizar un lugar duradero para descansar o aislarse. Los sueños de los hoteleros son muy diferentes de las ilusiones de los contemplativos o los pescadores. Redes de pescar que se secan al sol podrían romper el encanto de los turistas idealistas, más inclinados a garantizar el equipo de "wind surfing" o la loción bronceadora. Los habitantes de estas islas han usado tradicionalmente la playa para la recreación y el placer: un juego de cricket de playa, un chapuzón en el mar, recolección de moluscos de la costa, como los quitones (denominados carne de mar o pacra en algunas islas), o crustáceos como el "chip chip", que salen del agua a lo largo de la costa. Michael Anthony, novelista e historiador trinitario, recoge estas tradiciones de su infancia en Mayaro, costa oriental de Trinidad, en su libro Los Recolectores de Chip-chips.

La modernización deja su huella en estas líneas costeras de modo veloz y destructivo. No solamente se están perdiendo las viejas costumbres, sino que se implantan usos de las costas, hasta ahora inéditos, que a veces llegan hasta la exclusión de los residentes locales. El paso de la construcción de edificios mayormente de madera al uso del acero y el concreto exige grandes cantidades de arena, lo que exige su extracción, con frecuencia ilegal, lo que conlleva la inevitable destrucción de la playa. La extracción de enormes cantidades de arena incontroladas fue patente en una época en Richmond y Goldsborough, Tabago. En la escasamente poblada isla de Barbuda, se desarrolla un gran proyecto de exportación de arena. La operación de extracción para obtener ganancias comerciales deja cicatrices irreversibles en la tierra. En incontables playas del Caribe, la enorme presión de los turistas multiplica los pasos que recorren las frágiles dunas, destruyendo la vegetación natural y disminuyendo su función protectora. En una azarosa arrebatiña para evitar que las playas se queden sin arena, se han emprendido aquí y allá acciones de protección encaminadas a tratar de salvar las propiedades costeras. Se introducen estructuras permanentes en las playas. Por desconocimiento de la acción de los vientos y las aguas y de los procesos naturales que conforman las playas, se ha hecho mucho daño, pues se ha construido demasiado, sin orden ni concierto sobre la arena.

Los acantilados de arena y las raíces de las 
plantas que han quedado al descubierto,
evidencian la erosión de la duna causada por un 
huracán
 

  

Las fuerzas que esculpen la playa

Constantemente tienen lugar procesos naturales: corrientes de marea, olas causadas por el viento, marejadas oceánicas, sistemas frontales invernales que se mueven desde el Atlántico Norte y perturbaciones estacionales de tormentas tropicales y huracanes. También hay cambios globales, como El Niño y el aumento del nivel del mar a escala mundial. 

Construcción de hoteles y casas: con frecuencia de manera apresurada para reclamar la mejor playa o la vista más hermosa, un consorcio de construcciones o un propietario privado, tienden a construir tan cerca de la costa como les sea posible. La construcción destruye parte de la playa y perturba en forma permanente los procesos naturales de acreción y erosión, con frecuencia con efectos desastrosos. Muchas veces se pierden la hermosa vista y el acceso de las personas al disfrute de la playa.

La construcción de estructuras destinadas a atrapar arena para hacer nuevas playas o detener la amenaza de erosión puede provocar problemas nuevos. Es necesario consultar a profesionales dedicados al estudio de la dinámica de las playas, a fin de hacer valoraciones documentadas de las repercusiones medioambientales antes de comenzar la construcción de dichas estructuras. Incluso estructuras tales como espigones, construidas para intensificar la transportación marina, pueden tener efectos drásticos sobre la dinámica costera.

Algunas veces las medidas de protección establecidas para crear una playa nueva o para reducir el ritmo de la pérdida de arena, auguran un desastre costa abajo, donde tiene lugar una severa erosión para equilibrar la artificial acumulación de arena. Es posible actuar a lo largo de la costa, si se estudian de antemano las repercusiones y se investigan las alternativas de manejo de la playa.

Hallazgos en la playa: Conchas de
bivalvos en una costa del Caribe

Donde se dañan los arrecifes coralinos, las costas sufren. La contaminación de las costas provocada por los desechos no tratados de hoteles, fábricas y hogares, afectan las formas de vida aguas afuera.

Formas no seguras de pesca, como el uso de blanqueadores y dinamita, así como las presiones de la pesca excesiva, provocan daños a los arrecifes coralinos situados mar adentro, que, cuando están sanos, constituyen un tampón contra la acción de las olas sobre la costa, lo cual previene la erosión de la playa. Los arrecifes coralinos sanos también son la fuente de la arena coralina que forma muchas de las playas de la región. De modo que también las actividades negligentes de los dueños de embarcaciones que anclan en arrecifes coralinos, o de los buzos que dañan descuidadamente o extraen coral de modo intencional, afectan la capacidad protectora de los arrecifes.

Si quedan a merced de la descuidada competencia existente entre los usuarios de la costa, las playas pueden degradarse e incluso llegar a desaparecer. Desde tiempos inmemoriales han tenido lugar procesos naturales y ha existido un complejo equilibrio para proporcionar la belleza y la gran diversidad que hoy tomamos tanto por sentado. Algunos principios sensatos bien aplicados pueden contribuir al inicio de la promoción de un manejo más racional de nuestras playas.

Es posible reducir los fenómenos que propician la erosión de las playas, detener su destrucción a corto plazo y evitar futuros efectos nocivos. Queda en nuestro poder cuidar nuestras playas mediante una planificación racional y a largo plazo. El futuro del turismo, la flexibilidad de muchas de nuestras economías nacionales y nuestra propia calidad de vida. 

La vegetación costera ayuda a estabilizar las 
costas arenosas

   

Si le importa la playa ...
Aquí le decimos qué puede hacer

* Observe con cuidado

Las playas varían de una temporada a otra debido especialmente a la ocurrencia de tormentas y huracanes. Cualesquiera planes destinados a introducir cambios deben basarse en un monitoreo documentado del lugar durante un tiempo prolongado. Es esencial recibir la asesoría de personas que conocen las playas o han realizado largas observaciones científicas en ellas, como planificadores, expertos en costas y residentes de la localidad, incluidos pescadores que han vivido cerca de la playa y han utilizado el mar durante muchos años.

* Explore opciones de ingeniería

Muchas medidas de protección pueden ayudar a prevenir la erosión, o de manera alternativa, a aumentar la acumulación de arena en una playa. No se tratará de aplicar ninguna de esas medidas sin una asesoría cuidadosa basada en el conocimiento científico y de las personas de la localidad. Sus repercusiones sobre las personas y el medio ambiente deben estudiarse antes de decidir qué opción se aplicará.

Las opciones para proteger la playa pueden incluir la construcción de malecones, escotillones o muros de contención de piedra; el empleo de espigones puede ayudar a atrapar arena, mientras que los gaviones pueden retardar el efecto de la erosión. Otras opciones ingenieriles, esta vez "blandas", incluyen el enriquecimiento de la playa (la introducción de arena traída de otro lugar) y la rehabilitación de las dunas de arena. Sin embargo, todas las opciones ingenieriles, tanto "duras" como "blandas" exigen una cuidadosa planificación y control. Y es mucho mejor no tener que recurrir a alternativas tan radicales y caras, situando las obras nuevas a una distancia segura de la línea de la costa.

* Toma en consideración alternativas ambientales

Las personas pueden trabajar de muchos modos para proteger y rehabilitar las playas dañadas. Cuando ciclones y huracanes arrastran grandes cantidades de arena tierra adentro, ella puede transportarse nuevamente hacia la playa en lugar de emplearse para la construcción. Las dunas dañadas pueden revitalizarse y rehabilitarse plantando la vegetación correspondiente.

Entre las variedades de plantas "duras" se incluyen las hierbas de playa nativas, como la gramínea de costa o la enredadera rastrera, conocida como campanilla de playa. Puede evitarse que los visitantes de la playa pisoteen el frágil sistema de las dunas, mediante aceras de madera que conduzcan al mar. Puede también seguirse un buen consejo de planificación situando toda futura construcción bastante lejos de la vulnerable costa.

* Lo mas importante - ¡mantener la comunidad!

Nada puede sustituir el valor del respeto mutuo y la disposición a escuchar y negociar en situaciones difíciles. La franja costera de las islas del Caribe es con demasiada frecuencia escenario de encarnizados choques de intereses y hostilidad abierta: ricos contra pobres, usuarios tradicionales contra empresarios del turismo o de la industria; y lo peor de todo, los intereses imaginados de los turistas contra los intereses de los residentes locales. El compromiso de permitir que todos los usuarios de una zona de playa tengan voz en la adopción de decisiones importantes, puede tener como resultado la selección de opciones de manejo racional y una cooperación a largo plazo. El pescador, el buzo, el nadador, el dueño de embarcación, el hotelero, el empresario, el propietario de una casa, el planificador y el amante del mar: todos tienen derecho a que se les escuche y que sus perspectivas sean tomadas en consideración en la planificación general para la utilización y el disfrute de nuestras playas. Nuestra decisión sobre cómo usarlas hoy, puede asegurar que muchos dispongan de ella mañana.

Un análisis detallado de estos problemas y de las múltiples opciones para resolverlos puede encontrarse en la publicación de la UNESCO Coastal Management Sourcebook 1: Coping with Beach Erosion, de la Dra. Gillian Cambers; Environment and Development, UNESCO Publishing, 1998.

Amigos a la orilla del mar

   
Tiernas buceadoras de un antiguo mar

El difunto Jacques Cousteau, quien, mediante las películas documentales de sus miles de viajes por el fondo del mar, colocó al mundo oceánico en el centro de la atención de un modo tal, que el común de los mortales pudo entenderlo, narra un asombroso relato sobre las buceadoras Ama.

Durante 1500 años, en el antiguo Japón, así como en la vecina Corea, las mujeres Ama han seguido la tradición de bucear en busca de perlas. Hoy, las casi treinta mil que quedan, bucean mayormente en busca de comida. Vestidas solamente con un taparrabos, comenzaron a emplear máscaras y esnórkels en el curso del siglo XX. Bucean tanto en los cálidos veranos y como durante los fríos inviernos, cuando las temperaturas pueden alcanzar 50 grados Fahrenheit (10 grados Celsius). Se sumergen a profundidades de 20 a 80 pies (6 a 25 metros) – a veces 100 (más de 30 metros) – para buscar alimento, como moluscos y algas, que colocan en una red que llevan alrededor de la cintura. Aprenden a bucear alrededor de la pubertad y siguen haciéndolo hasta que alcanzan unos sesenta años. ¡Se sabe que bucean hasta el momento del parto, y después de éste, vuelven al trabajo rápidamente, amamantando a sus pequeños entre sus inmersiones!

Un grupo similar de mujeres se dedicaba otrora al buceo en las aguas agitadas por las olas que se encuentran a la altura de Tierra del Fuego (Argentina). Descendían totalmente desnudas en aguas que tenían una temperatura media de 42 grados Fahrenheit (5,6 grados Celsius) para pescar almejas y cangrejos.

    Representaciones del oceano

La pregunta de quiénes somos no se responde simplemente diciendo que somos un pueblo cuyas historias, placeres y modos de vida están moldeados por el mar. Nosotros mismos somos fotografías del océano, que ciertamente ocupa el setenta y uno por ciento de la Tierra.

Elisabeth Mann Borgese, hija menor del célebre escritor Thomas Mann y presidenta del Instituto Internacional del Océano, de Malta, nos ofrece una visión de quiénes somos como seres humanos, así como, dónde pasamos esencialmente nuestras vidas. Es una visión que trasciende nuestra ubicación particular en el Caribe. La descripción, evolucionista en su perspectiva, está llena de un sentido de sorpresa que trasciende lo meramente biológico. En "The Drama of the Oceans", escribe 

"La matriz de cada mujer es un microocéano, la salinidad de su fluido semeja la de las aguas primitivas; y cada microcosmos vuelve a representar el drama del origen de la vida en la gestación de cada embrión, desde los protozoos unicelulares a través de todas las fases de las criaturas de respiración bronquial y los anfibios, hasta la evolución de los mamíferos. Y cada ser humano, por su parte, es el océano de un planeta, pues el 71 por ciento de su sustancia consta de agua salada, como el 71 por ciento de la Tierra está cubierta por los océanos."

 

  

ENCONTRAR LA BELLEZA EN UN PASADO DOLOROSO  

Los horrores que los esclavos africanos arrancados de su patria sufrieron en la Ruta de los Esclavos, pueden evocar recuerdos obsesionantes; las cruentas batallas libradas en el mar entre las potencias coloniales tienen su propia melancolía, y las historias de piratas tal vez resulten sórdidas. Pero todo ello ha sido parte de nuestra historia, y elocuentes voces – en la arquitectura, el arte, las canciones y las narraciones escritas – han permitido que quede para la posteridad. Muchos relatos sobre el ingenio humano y avances inesperados se ocultan entre los sutiles detalles.

VER EL MAR "INVISIBLE"

El mar se nos presenta de mil formas, pero con frecuencia no nos percatamos de ello. Desde la imagen de un embrión rodeado de líquido amniótico en el útero materno, hasta los atestados puertos e industrias mineras situados cerca de nuestras costas, pasando por la rutina diaria de los pescadores locales y extranjeros, permite establecer conexiones con el mar.

RECURSO VITAL O PELIGRO MORTAL – 
VALORACIÓN DEL RIESGO DEL PETRÓLEO

Los países productores de petróleo dependen de esta industria como la base de su supervivencia económica. Los países que poseen refinerías de petróleo también valoran altamente la divisa que obtienen.

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