Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas
colbartn.gif (4535 octets)

Documentos regiones costeras e islas peqeñas 5

¿Quiénes tenemos?

Imagine una isla orlada por el mundo subacuático más magnificente, donde asombrados viajeros que aparecen ocasionalmente en avionetas observan maravillados, sin dar crédito a sus ojos, la borla de arrecifes que parece extenderse por millas desde esta isla que se sumerge en el mar. Imagine un lugar donde hace solo diez años, simples pescadores, dentro de la abundancia que disfrutaban diariamente, utilizaban como carnada para sus redes y como fertilizante para sus jardines nada menos que langosta fresca. Hoy las aguas se mantienen impolutas, reflejando el azul del brillante cielo y las pálidas y puras arenas. Todavía abundan los peces en los arrecifes de coral, aunque se ha estado pescando durante años. Los brillantes tonos de los peces loro, los rojos de los pargos, los matices oscuros de las chernas y las variedades multicolores de los ángeles de mar y los róbalos, son solo algunos de los que forman el arco iris subacuático que incluye incontables especies de corales, y muchas esponjas y algas policromas.

Niño con un ejemplar de 
Yelmo de Emperador

Alo largo de las costas pueden encontrarse señales de grandes erizos de mar; algunos son acarreados a la orilla, todavía vivos, cuando el mar está agitado. No hay escasez en este paraje de esas criaturas tan codiciadas en otras islas del Caribe, donde su número ha disminuido por la pesca indiscriminada, y se dan pequeñas y escasas en aguas costeras contaminadas. Pero no en esta isla. En las aguas que rodean los arrecifes, la hermosa "concha reina", casi extinta en muchas partes del Caribe, se sigue viendo en gran abundancia. En una tranquila cueva situada en un extremo de una amplia playa, se apilan cuidadosamente gran cantidad de conchas marinas, que hacen recordar con asombro la rica cosecha de alimentos que ha aportado el mar. Las "conchas reina", en su mayoría grandes y de gruesos labios, debido a la edad, yacen a la intemperie recibiendo el aire cargado de sal; la esposa del hombre que las pescó nos habla de las otras muchas bellezas que han observado en las aguas, justo a la salida de su casa.

El bote, que ha sido su medio de vida durante todos estos años, es de doble proa y de apenas cuatro pies (un metro y medio) de largo, pero la mujer nos narra cómo forcejearon con un tiburón, superaron en astucia a las habilidosas tortugas de mar y trajeron a la costa maravillosos tesoros marinos en esta pequeña embarcación. En el hogar, entre la masa confusa de utensilios domésticos, la anciana y su atento nieto nos muestran las piezas más preciadas: conchas hembra y macho llamadas "yelmo de emperador", suficientemente grandes como para adornar la cabeza del guerrero más imperioso.

En otras partes de la costa, las aves satisfacen su apetito con pescado, lanzándose en picada y buceando en pos de sus presas. Los pelícanos, con las alas impresionantemente extendidas, se remontan en el cielo y después se zambullen en el oleaje; los magníficos pájaros fragata navegan majestuosos en el aire; las golondrinas de mar, con sus picos rojos como labios de damas maquilladas, parecen conversar tranquilamente sobre la parte más cercana al mar de los promontorios rocosos. Justo detrás de las dunas de arena, aparecen otras especies de aves: tales como patos salvajes aparecen, y pequeñas garzas azules que, asustadas por la presencia de los intrusos humanos, se marchan agitando las alas, tal vez perturbadas.

En las someras y saladas lagunas que se forman en las delicadas depresiones, (justo tierra adentro), un grupo de aladas zancudas se alimenta y sale volando. En su mayoría son asombrosamente mansas. Sin recuerdos de cazadores en esta isla, bandadas de estos pájaros se congregan, en especial por las tardes, caminando sobre sus altas piernas y enterrando sus largos y finos picos en las saladas arenas que rebosan de vida microscópica. Lavanderas, chorlitos y cigoñuelas son solamente algunas de las aves que pueden verse en este sitio. Entre ellas, los más sobresalientes son algunos de los pájaros de mayor tamaño que, cuando alzan el vuelo con sus alas sobriamente coloreadas en blanco y negro, parecen un grupo de volantes caballeros vestidos de smoking.

Aves costeras al borde del agua

Pero en esta isla los cambios son lentos, y las limpias aguas y los prístinos arrecifes, los amplios y pacíficos estanques de agua salada y los mansos pájaros de la costa no quedarán incólumes. El medio ambiente está cambiando con lentitud; no solamente debido a la fuerza de huracanes o lluvias inesperadas; cambios a largo plazo, inducidos por el ser humano, están llegando a este entorno. Ya se han erigido grandes hoteles y ya en las bahías, visitadas antaño solo por pescadores, grandes embarcaciones de lujo buscan un sitio donde anclar. En los distantes cayos arenosos, en medio del océano, los yates levan anclas, indiferentes de los corales dañados tal vez, o de los peces arponeados en un día de placer. En las playas no solo aparecen erizos de mar y conchas abandonadas; ahora la basura no consta únicamente de maderos a la deriva y esquistos, sino también de botellas y bolsas plásticas llegadas quizás de alguna isla cercana "más desarrollada". Los habitantes, incómodos, se preguntan cuánto tiempo pasará antes de que los productos tóxicos de un desarrollo económico sin control garabateen sus tristes relatos de contaminación y despojo en su isla.

Ya muchos de los huertos locales han quedado abandonados por la facilidad que brindan los anaqueles de las tiendas de alimentos, atiborrados de productos, en su mayor parte extranjeros, y la buena tierra, yace abandonada como baldío. En las bolsas de basura apiladas junto a las casas, los desperdicios que se abultan con envoltorios y latas, reflejan nuevas preferencias por productos y sabores importados. En algunos lugares se roba furtivamente la arena de las playas para utilizarla en la construcción, a veces bajo el manto de la noche. Mientras las dunas se desmoronan y las aguas penetran gradualmente, viejos refugios de excursionistas dominicales se van destruyendo de manera permanente, y enormes casas se asientan en las secas laderas. Se construyen nuevos caminos y ya los camiones avanzan ruidosos donde una vez las personas caminaban con tranquilidad.

Esta es la historia real de una isla del Caribe cuyo entorno natural se ha preservado de un modo peculiar durante mucho más tiempo que en la mayoría de las islas vecinas. Pero la historia de esta isla es como una parábola para el resto de los caribeños, donde los avances del desarrollo económico se han realizado a expensas de los mismos recursos naturales de que depende dicho desarrollo.

   De una gota a mil brazas de agua

Nuestras islas y continentes caribeños tienen muchos rasgos en común. Al recibir abundante sol, los ecosistemas comúnmente identificables consisten en ciénagas de manglares, lechos marinos cubiertos de vegetales y arrecifes coralinos. Más allá de los arrecifes, el lecho del mar desciende abruptamente hacia las profundidades oceánicas. Diferentes criaturas vivientes habitan en las diferentes zonas, yendo desde la complejidad de un organismo unicelular hasta los gigantes del mar.

"Una gota de agua de mar vista al microscopio puede revelar un reino mágico de minúsculos y centelleantes brazaletes, pendientes, agujas y anclas. Cada criatura infinitesimal confecciona su propio y exquisito hogar a partir de los minerales del mar que la circunda, construyendo las brillantes paredes con el mismo sílice de que están hechas las arenas..."

LIFE Nature Library, 1969. The Sea.  

Las más pequeñas criaturas marinas

En el elemental encuentro de las aguas y el sol, se encontrarán las más pequeñas de entre las criaturas vivientes del mar. Algunas de ellas se mueven libremente en el agua como animales, a la vez que confeccionan su propio alimento directamente de la luz solar, como las plantas. Se denominan dinoflagelados. Otras plantas unicelulares son realmente algas de diversos tipos, muchas de las cuales pertenecen al grupo de las denominadas diatomeas.

"La diatomea es ‘la hierba de la pradera’ del mar, y miles de tipos de animales, desde protozoos hasta ballenas, pacen en sus pastos. La diatomea se reproduce a ritmo tan rápido, que en un mes puede tener mil millones de descendientes."

LIFE Nature Library, 1969. The Sea.

  

Camarones en "flores" y algas

Anémona de mar

Las anémonas de mar parecen ramilletes de plantas florecientes, pero en realidad son pequeños animales marinos. Muchos tipos de anémonas tienen pequeñas criaturas que viven entre sus tentáculos que semejan flores. Algunas de estas relaciones constituyen un tipo de "comensalismo", que significa literalmente "comer a la misma mesa". El camarón limpiador manchado con frecuencia se encuentra asociado a una variedad de anémonas: la anémona tirabuzón, la bifurcada y la anémona gigante, comúnmente conocida como anémona de punta rosada. Unas veces de color púrpura grisáceo y otras verde, el camarón saeta se oculta bien entre los purpúreos penachos marinos o las verdes "hierbas de tortuga", donde prefiere alimentarse.

Más que una tela de araña

Un constante entrecruzamiento de relaciones tiene lugar entre criaturas cazadoras (los depredadores) y los que no logran escapar y terminan siendo devorados (las presas). Otras relaciones tienen lugar entre animales que viven y se alimentan juntos. Hay un menú amplio que varía según las estaciones, el momento mismo del día y de la noche, así como también de la salud del entero sistema donde habitan las criaturas. Ello forma parte de la red alimentaria de la vida.
  

Arraigadas hacia el sol

Las redes alimentarias de la parte más superficial del océano dependen del sol. Como su calor hace que las aguas se evaporen, suban y se formen nubes, que las corrientes oceánicas avancen y los vientos soplen en una y otra dirección, entonces, el sol proporciona "la primera porción de alimento" de los intrincados ciclos de la alimentación. Las plantas – desde el más pequeño fitoplancton que flota en medio del océano, hasta el árbol más alto – contienen clorofila, la sustancia única que da el color verde a las plantas y capta la energía solar; de modo que mediante el proceso de la fotosíntesis, las plantas convierten el agua, el dióxido de carbono y otros minerales en alimento.

Esta energía y materia biótica pasan de una criatura viva a otra. Los animales no pueden elaborar su propio alimento, de modo que todos los consumidores, incluidos los seres humanos que se encuentran en el vórtice de la red alimentaria, dependen de la vida de las plantas para proporcionar el recurso básico de su sustento. Los animales adquieren energía comiendo plantas directamente, o a otros animales que consumieron plantas. Sin embargo, alrededor de "agujeros calientes" que se han encontrado en crestas situadas en las profundidades oceánicas, existe otra forma de vida que no depende de la fotosíntesis. Al igual que su fuente de energía, esos ecosistemas de aguas profundas emplean la síntesis química producida por bacterias, de sulfuro de hidrógeno procedente del interior de la Tierra.

Eslabones de la cadena de la vida

Todos ellos forman la base de la vida en el mar, y junto con otras plantas (como las algas y la hierba de tortuga) se reconocen como los productores primarios que confeccionan sus alimentos utilizando la energía del sol. Animales de todo tipo y categoría pertenecen a los grupos de consumidores secundarios y terciarios que dependen del nivel en el cual participan en la cadena alimentaria. Una cadena muy simple que muestra las dramáticas etapas durante las cuales los alimentos y la energía pasan del productor al consumidor puede encontrarse en la fría región Antártica. Comienza con diatomeas y dinoflagelados, éstos son devorados por simples crustáceos, como el krill, que después alimenta a las ballenas azules.

Durante su período de ceba, la ballena azul aumenta de peso a razón de 90 kg diarios, consumiendo hasta 3 toneladas de krill durante 24 horas, y cuando su período de ceba termina, devora más de 500 toneladas de esos crustáceos de dos pulgadas (unos 5 cm).
  

Celebrar a la mesa del banquete

Corales y erizos de mar en una 
poza de marea

En la mayor parte de los entornos donde hay vida, existen muchas opciones de alimentos para las criaturas. Aunque una cadena alimentaria ofrece una buena idea de cómo transcurre la alimentación, desde las formas de vida más simples hasta las mayores, una red alimentaria permite ver un cuadro más completo de lo que ocurre en realidad. Asociaciones improbables tienen lugar cuando esas alianzas permiten fortalecer la búsqueda de alimentos y la supervivencia. Algunas son simbióticas – cuando dos o más criaturas conviven ayudándose mutuamente. Ese es el caso de los minúsculos organismos vegetales denominados zooanthellae, que habitan dentro de los tentáculos de los pólipos coralinos. Estas algas microscópicas aportan su color a los corales, y encuentran entre ellos un refugio seguro.

¿Notificación de desalojo?

Hace algunos años el aumento de la temperatura de las aguas se vinculó con la expulsión de las zooanthellae por parte de algunos corales. Cuando ello ocurre, éstos pierden su color en un proceso que aún no se ha esclarecido totalmente denominado "blanqueo del coral".

Límites más allá de la luz

Pero aunque el sol parece ser una fuente infinita de energía y luz, sus beneficios no son ilimitados. Aparte de la hipótesis formulada por algunos científicos sobre la probabilidad de que un día el sol se queme – tal vez dentro de millones de años, existe otro factor. La cadena de la vida depende de las plantas que utilizan el sol. Si esos productores primarios quedaran destruidos, la cadena de la vida se desmoronaría y sufriría un colapso. Si son seriamente dañados, la red de la vida sufrirá tanto en la tierra como en el mar. Las plantas, grandes y pequeñas, deben mantenerse saludables para que puedan seguir produciendo alimentos a partir del sol. El reciclaje de esa energía a través de la red alimentaria no debe nunca cesar, si es que todos los seres vivos deben continuar a vivir.

  

Carroñeros del mar

En la red alimentaria también existen criaturas que se sustentan de materia muerta o moribunda. Su trabajo, aunque puede parecer repulsivo, en realidad desempeña una importante función, ya que sirve para limpiar el medio ambiente de materia descompuesta y peligrosa, y reciclar la energía y los nutrientes que la componen para devolverlos en formas útiles. Estos animales descomponen el material procedente de otros animales y de plantas en elementos más simples, como el carbono y el nitrógeno, que las plantas pueden reabsorber. Cuando dichos elementos se combinan con la energía solar y otros elementos necesarios, las plantas crecen, suministrando un "nuevo" alimento reciclado para las criaturas hambrientas.

Zonas para formas de vida especializadas

Existen cadenas alimentarias en ubicaciones especiales. Esos hábitats naturales son sistemas eslabonados, de modo que lo que ocurre en un eslabón repercutirá inevitablemente en los demás. Muchas de las actividades vitales relativas al modo de vida y la supervivencia de los pueblos del Caribe dependen de esos ecosistemas.

Los incomprendidos manglares

Mangle rojo 

La mayor parte de las personas los considera un fastidio; malolientes, plagados de mosquitos, sin utilidad para la agricultura o el desarrollo normales. Relativamente pocas personas utilizan los manglares para su sustento mediante la recolección de ostras o la captura de peces con trampas, o utilizan su madera para la construcción o el curtido de cueros, o simplemente disfrutan de la tranquila belleza o de las aves que habitan en ellos. En realidad los manglares prestan un servicio de incalculable valor a islas y comunidades costeras enteras. Sus raíces especiales, capaces de crecer en agua salada y salobre ayudan a atrapar el cieno y extienden gradualmente la línea de la costa hacia el mar. Los bosques de mangle rojo, negro y blanco protegen las costas de los cambios provocados por las mareas y los huracanes. Durante las inundaciones provocadas por el desbordamiento de los ríos, sus raíces ayudan a demorar la corriente de las aguas cargadas de cieno, con lo que protegen a los organismos que de otro modo se dañarían en la zona cercana a la costa. La purificación de las aguas, la formación de turba y la conservación del suelo y de las aguas subterráneas forman parte de las funciones físicas de una ciénaga de manglares. Si dichas funciones no se realizan, la costa puede erosionarse, lo que tal vez conlleva la pérdida de propiedades y tierras.

Los manglares ofrecen todo un mundo a comunidades de criaturas que pasan en este hábitat toda su vida o parte de ella. Muchos organismos marinos vienen a desovar entre los mangles. Las quietas aguas estancadas de estas ciénagas proporcionan un área protegida, donde el alimento es abundante y adecuado para el crecimiento de sus crías. Las langostas, los camarones y diferentes especies de peces son visitantes temporales del manglar.

Muchos descomponedores celebran festines permanentes con las hojas descompuestas de los mangles. Balanos, ostras, gusanos y algunos crustáceos libres se alimentan del saturado suelo del manglar. Organismos microscópicos concluyen la tarea de reciclar la energía y los nutrientes que se produjeron primeramente en la fábrica de las hojas de mangle.

Por otro lado, variadas aves van y vienen, de acuerdo con los ciclos migratorios o los patrones alimentarios, para aparearse y anidar. Muchas de estas aves acuáticas constituyen una atracción para habitantes locales y turistas que disfrutan de la observación de la fauna.

Gigantes alados de 
la laguna azul

En la tranquila isla de Barbuda, la hermana casi olvidada de la isla de Antigua, prospera una extraordinaria colonia de magníficos pájaros fragata. Presentes en centenares, estas aves habitan en forma resplandeciente en los manglares. Poca actividad económica ha disturbado su hábitat de larga data. Estos pájaros fueron bautizados por nostálgicos marinos de tiempos idos, que viajaban en fragatas, y los veían remontar vuelo, que extendiendo sus alas podían alcanzar hasta siete pies (2,3 m) de ancho. Ahora, pueden recrear sus acostumbradas estaciones de apareamiento y nidificación. Los machos inflan sus grandes buches rojos, que semejan globos, por debajo del pico, para atraer a las posibles parejas en este espectacular ritual de cortejo. Los visitantes pueden viajar tranquilamente en medio de esta colonia de aves, en pequeños botes de poco calado guiados lentamente a través del agua. En esta ciénaga de manglares pueden verse otras maravillas, como las curiosas medusas de estas ciénagas, que parecen un miniaturesco jardín arremolinado en un pequeño planeta perdido. Otros placeres pueden incluir almorzar langostas frescas, elegidas de un vivero de la Laguna Azul. 

    

Un benefactor de muchas facetas

En resumen, cual magnánima fuente de vida, el hábitat del manglar beneficia a la tierra en la parte sólida de la costa, y al mar y los corales en su parte oceánica. También lo hace a una serie de criaturas que viven en este intrincado sistema de hojas, troncos, ramas y raíces. Simplemente como un lugar de recreación y disfrute, este hábitat resulta vital para nuestra existencia.

Una visión a corto plazo

Los empresarios del urbanismo, los promotores y otros con sus miras sobre beneficios económicos a corto plazo, sin dar sentido a sus complejas funciones consideran más conveniente ocupar el lugar de los manglares con vertederos, cultivos de arroz, recuperación de espacio al mar e, incluso con carreteras, viviendas o aeropuertos. Al utilizar los manglares de este modo, no calculan las pérdidas económicas, sociales y culturales a largo plazo.

Langosta
  

Los lechos donde se alimentan las tortugas


Alga

Así como los pastizales abiertos proveen un espacio de apacentamiento a vacas, cabras y ovejas, y un sitio donde los pájaros que se alimentan de semillas gorjean y saltan y comen, los lechos poblados de los denominados "pastos marinos" (que no son algas, sino plantas más superiores adaptadas al medio acuático) de las aguas próximas a la costa constituyen un área donde numerosas criaturas pastorean. Produciendo sus alimentos directamente de las interacciones con el sol, esas plantas subacuáticas se desarrollan y ofrecen alimento a diferentes formas de vida.  


Concha joven
Entre dichos pastos marinos pacen minúsculos caracoles que se adhieren a sus hojas, y conchas espectaculares como la "cola de gallo", los "tritones" y las "casis". También pueden encontrarse en este medio espinosos erizos de mar así como el comestible "huevo de mar de las Antillas". Escudos de mar, como el "dólar de arena", también se alimentan en estos parajes, al igual que los pepinos de mar, con su aspecto de gusanos. Algunas estrellas de mar estarán también entre los que buscan aquí su sustento.

Erizos de marEscudos de mar (dólares de arena)

Pero tal vez los visitantes mejor acogidos sean esas misteriosas migrantes, las tortugas marinas, que se sabe atraviesan los océanos en repetidas ocasiones a lo largo de su prolongada vida, pero eligen los lechos poco profundos de "hierba de tortuga" como sus lugares de alimentación favoritos. Las medusas, otro plato favorito de las tortugas, pueden flotar algunas veces en estas áreas, proporcionándoles un deleite adicional. En su conjunto, estos lechos vegetales y sus habitantes forman otro hábitat de importancia vital vinculado con el océano.

Vida en el lecho de hierbas marinas

   Donde el coral es rey

Los biólogos consideran al Mar Caribe un medio ambiente prácticamente desierto si lo comparan con los mares y océanos de zonas más templadas. Las aguas de color azul claro y las arenas blancas son signos de baja productividad al compararles a las aguas de colores intensos de otros mares sumamente fértiles. Pero los arrecifes de coral son la excepción. En esos espectaculares dominios bentónicos subacuáticos viven miles de criaturas, en una intrincada red de relaciones de vida.

En términos de estructura, los arrecifes pueden pertenecer a una de las tres siguientes variedades: los arrecifes de borde, que forman una orla adyacente a la costa, las barreras coralinas, y los atolones. Los primeros pueden verse en Speyside, Tabago, o a la altura de Virgen Gorda, Islas Vírgenes Británicas. Las barreras coralinas se forman más alejadas de la costa, creando una profunda laguna entre el mar y la tierra. La Gran Barrera Coralina Australiana es la mayor de este tipo del mundo, pero en nuestra región los impresionantes arrecifes situados a la altura de Belice constituyen un ejemplo sobresaliente. Los atolones pueden formarse de manera independiente de cualquier área de tierra firme, por lo general sobre una "montaña" subacuática, y salir a la superficie para constituir una formación coralina casi circular. Dichos arrecifes son comunes en las islas de la Polinesia, al Sur del Pacífico y en el Océano Indico, como es el caso de las Maldivas.

Cualquiera que sea su estructura, todos los arrecifes coralinos son igualmente frágiles. Se cree que las criaturas que los construyen, denominadas pólipos coralinos, han demorado siglos, si no milenios, para construir arrecifes del tamaño que vemos hoy. Variedades de corales crecen en diferentes zonas del mismo, por ejemplo, los altos corales en forma de cuerno de alce de los muros de más profundos del arrecife y los enormes montículos de corales lobulados de la parte menos profunda, cerca de la costa. Algunos, como los corales dactilados, incluso forman colonias en las lagunas intermareales poco profundas de los peñones rocosos situados junto al mar. Puede encontrarse una deslumbrante gama de corales, por ejemplo, los múltiples tipos de corales estrellados, razón por la cual la tarea de conocer y dar nombre a las diferentes especies de corales es un reto en sí misma.

Calamar

Pulpo


Tiburón niñera manchado


Corales duros y blandos

Los arrecifes son un escenario de incesante color, movimiento y vida. Miríadas de especies nadan, exploran y se alimentan durante el día, y por la noche, otro grupo de criaturas diferentes vienen en búsqueda de alimento. Como las ciénagas de mangle, los arrecifes también cumplen una función de guardería para algunos seres, incluidas muchas especies de peces y mariscos comerciales. También protegen la línea costera, en particular contra las enormes subidas del océano asociadas a los huracanes, y proporcionan una fuente de arena para muchas playas. La interacción entre el depredador y la presa es furtiva y rápida en el arrecife, y todo sucede entre deslumbrantes colores e intrigante camuflaje.


Peces loro

El pez loro merienda bocadillos del propio arrecife, procesando pequeños mordiscos de coral y devolviéndolos en forma de arena, que las olas trasladan después hasta las playas. Los peces loros presentan una variedad de colores brillantes, y tienen dientes agudos que muestran en una permanente sonrisa. Otras criaturas dentadas del arrecife son las diferentes morenas que acechan en sus grietas y proyectan su afilada boca para capturar al pasante desprevenido. Es frecuente que durante las noches recorra el arrecife la barracuda de afilados dientes. Algunos otros peces ostentan una asombrosa gama de manchas y bandas, todas de colores brillantes. Las criaturas más pequeñas del arrecife no por eso muestran una apariencia menos colorida. Las estrellas de mar y látigos marinos los huevos de mar y las conchas también pueden viajar a través de los lechos de pastos marino y los arrecifes. Esponjas de vistosas formas, tamaños y colores así como balanceantes abanicos marinos y gusanos tubulares que se mueven suavemente, y anémonas de múltiples tentáculos se asientan en el lecho del arrecife o en otros nichos.


Anémonas


Mantas

Habitantes del vasto océano vienen de visita, con frecuencia en busca de alimento. Chernas y pargos y tiburones buscan en este sitio a peces más pequeños para devorarlos. Algunas criaturas de mayor tamaño, como las amistosas mantas se mantienen siempre cerca de los arrecifes, como se observa en Speyside, Tabago, si el hábitat se mantiene saludable y no se les ataca. A los visitantes humanos, el arrecife les ofrece un lugar para pescar y alimentarse, y también un paraje donde reposar y disfrutar de su belleza, pasear en bote, nadar, bucear y refrescar la mente.

Esponjas

En mar abierto

Un número menor de criaturas habita los vastos reinos oceánicos. Donde las aguas son profundas, las algas e hierbas marinas no pueden arraigarse, pues no recibirían suficiente luz para crecer. En lugar de ello, los dinoflagelados y diatomeas aportan a los océanos "praderas marinas" flotantes. Algunos peces completan sus ciclos de vida en estas zonas, incluidos los pelágicos que nadan cerca de la superficie, como los peces delfín y los peces voladores. También están los peces demersales, como el pez rojo, el pargo y la cherna, que viven y se alimentan más cerca del lecho del mar.

El oscuro mundo de las profundidades

Fascinantes formas de vida se encuentran en los niveles descendentes, que van de playas semidescubiertas a las más oscuras profundidades del océano, jamás vistas, por lo general. Muchas de estas zonas han recibido intrigantes nombres tomados de la mitología griega, incluidos los de reinos nerítico, batial, abisal y hadal. Se sabe que en cada una de estas zonas hay formas de vida, algunas de modos que antes se consideraban imposible.

Canción de Ivor el Buzo

Oh, cuanto anhelo nadar en el mar
Junto al rompiente que me tienta
Flotar en estanques azules y verdes
Cual nave en mundos no vistos

Los que están en tierra no verán jamás
tesoros en lo hondo, bañados por alegres olas
Me lleno de aire y desciendo
Todo es entrañable, magníficos corales!

Bajo las aguas me rodea el silencio
Y no temeré a las criaturas que me rodean
Un tiburón sonríe en pos de un atún
Y un pez del arrecife huye de una barracuda

Al fin aparecen las tortugas, mueven las aletas,
Comen entre las hierbas marinas en esta brillante mañana
Un pulpo se detiene a pensar si puedo dañarlo
Me lanza un chorro de tinta y se va

La larga morena manchada sonríe desde su grieta
No me morderá el talón, porque estaré quieta
Pez loro, estrella de mar, espinoso erizo
Estaré junto a ustedes, pero regreso a la costa.

Por Joy Rudder, de “The Anguilla Collection: 1992”  


Morenas en el arrecife

La belleza que sirve de telón de fondo

"... entra en los campos y mira las flores silvestres, nunca se acicalan ni van de
compras, pero has visto alguna vez un color y un diseño como el suyo?..."

The Message, Eugene Peterson.

"Y navegó noche y día, semana tras semana y mes tras mes y casi más de un
año para llegar al Lugar de las Cosas Salvajes..."

Where The Wild Things Are, Maurice Sendak.

"Algunos pueden vivir sin las cosas salvajes, otros no..."

A Sand County Almanac, Aldo Leopold.

Es fácil olvidar, en un mundo de autobuses y edificios, computadoras y comunicaciones, comida rápida y medios de transporte supersónicos, que nuestras vidas dependen, en última instancia, de cosas que no hemos hecho nosotros mismos. Tal vez desconozcamos lo que ocurre en una selva o en las profundidades del mar, en altas montañas o minúsculas islas, en los niveles superiores de la atmósfera o en la superficie del planeta por el que caminamos, pero todas esas esferas pueden estar afectadas por nuestras acciones, y por su turno, influyen sobre la calidad de la vida que conocemos. Otra denominación de toda la vida terrenal de la cual depende nuestra existencia es diversidad biológica, el asombrosamente variado y delicadamente equilibrado complejo que da vida a todos los seres. Según estimaciones, el número de especies que existen en nuestro planeta oscila de aproximadamente 1,4 millones a máximo de 100 millones. En la actualidad se han identificado 1,7 millones de especies, el 90 por ciento de las cuales habita en bosques tropicales. Pero solamente las tasas de deforestación calculadas actualmente sugieren que del dos al ocho por ciento de las especies desaparecerán en los próximos veinticinco años. A lo anterior habría que agregar las pérdidas que se producen en la tierra y en los mares. Por lo menos el 40 por ciento de la economía mundial y el 80 por ciento de las necesidades de los pobres se derivan de los recursos bióticos.

Un acuerdo que se preocupa por la vida 
El Convenio sobre Diversidad Biológica

En la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano celebrada en 1972, en Estocolmo, Suecia, el Consejo de Administración del entonces recién creado Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente identificó la "conservación de la naturaleza, la vida silvestre y los recursos genéticos como una un área prioritaria". Este fue el inicio de la elaboración de leyes internacionales encaminadas a la protección de todo lo vivo: desde los gigantes de la tierra y el mar, como tabonucos o grandes secoyas, ballenas grises y morsas, hasta semillas para el cultivo y cromosomas y genes microscópicos. Este conjunto de normas tiene como fin proteger no solamente a especies amenazadas, sino también a los ecosistemas completos que constituyen su hábitat. Veinte años más tarde, en 1992, en la histórica Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, conocida como "La Cumbre de la Tierra", tras una larga elaboración técnica y jurídica, el Convenio sobre Diversidad Biológica quedó abierto para la firma en Río de Janeiro, Brasil. Entró en vigor el 29 de diciembre de 1993. La conservación de la diversidad biológica y genética se reconoce ya como factor esencial para el desarrollo sostenible del globo. En el Convenio se establece un equilibrio entre los requisitos para la conservación y el uso sostenible. Se explican los derechos y las obligaciones de los países participantes relativos a la cooperación científica, técnica y tecnológica.

El Convenio sobre la Diversidad 
Biológica
tiene como fin proteger
todo lo que vive en la tierra, el 
aire y el mar, desde los gigantes 
marinos hasta las microscópicas 
criaturas que les sirven de 
alimento.

¿Sol, nubes o demasiada lluvia?
Protejamos la tierra con amor

Otro acuerdo internacional dirigido a guiar nuestro desarrollo a escala planetaria es el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Sequía en el África subsahariana, recientes huracanes de gran intensidad que han azotado a islas del Caribe y las costas de la América Central, severas sequías que se alternan con tormentas de invierno en los países septentrionales: todo ello apunta al fenómeno del cambio climático. El estado del tiempo es siempre cambiante, y es cierto que periódicamente se producen desastres, pero en las últimas décadas los científicos han comenzado a hacer notar con cautela que está ocurriendo algo alarmante, nuevo, profundo y potencialmente permanente. Se ha creado un Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático que observa atentamente las tendencias del fenómeno.

Con frecuencia, los lugares que elegimos para vivir cuando tratamos de abrirnos paso en la vida intensifican los efectos negativos de estos severos cambios climáticos. Por ejemplo, en Honduras, familias pobres que habían levantado miles de endebles chozas en las inestables laderas fangosas de las elevaciones, sufrieron los efectos fatales del huracán Mitch en 1998, que cobró las vidas de miles de ellos; las inundaciones del siguiente año se llevaron a muchos centenares más. Cabe preguntarse, como lo hizo una publicación relativa a la gran mortandad que dejan tras sí los desastres naturales en todo el mundo, si estos fenómenos han sido circunstancias de fuerza mayor, o circunstancias provocadas por el hombre (Natural Disasters: Acts of God or Acts of Man; Anders Wijkom & Lloyd Timberlake; An Earthscan Book, New Society Publishers, Philadelphia, PA 1984).

Eventos climáticos intensos son a menudo necesarios en nuestra posición planetaria: los fuegos de las montañas orientales o de las planicies centrales de América del Norte, aunque constituyen una amenaza potencial para la vida, también son el único medio de que algunas especies de árboles y arbustos disponen para poder regenerarse. Los huracanes tropicales que se producen en los sofocantes meses veraniegos, sirven para dispersar el calor y la energía hacia las latitudes septentrionales. Pero mediante un análisis sobrio, los científicos ya notan que las repercusiones de la actividad humana alteran drásticamente los flujos de energía que se producen entre el Sol y nuestro planeta en ambas direcciones, con efectos desastrosos. Las emisiones de gases de efecto invernadero incluyen el dióxido de carbono (CO2), subproducto de la utilización doméstica e industrial del carbón mineral, el petróleo y el gas natural; el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), que se producen en cantidades enormes en la cría de ganado a escala industrial y en el cultivo del arroz. Estos gases de efecto invernadero, junto con otros, están cambiando la calidad y capacidad resiliencia de la atmósfera terrestre. Entre los resultados de estas situaciones se incluyen el calentamiento global, la elevación del nivel del mar, el aumento de fenómenos meteorológicos severos y cambios pronosticados del clima y la franja de vegetación en años venideros. Ello sería sumamente desfavorable para los seres vivientes incluyendo los seres humanos, pues repercutiría en un deterioro generalizado de las cosechas, pérdida de vidas, hambruna, y para algunas especies, incluso extinción.

El Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es la pieza central de los esfuerzos mundiales para combatir el calentamiento global. Aprobada en 1992 durante la "Cumbre de la Tierra", su objetivo final es estabilizar las concentraciones de los gases de efecto invernadero que se encuentran en la atmósfera, en niveles que prevendrían una peligrosa interferencia antropogénica en el sistema climático. Dicho nivel debería alcanzarse en un plazo suficiente como para permitir que los ecosistemas se adaptaran al cambio climático de manera natural, a fin de evitar que la producción de alimentos se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico se realice de manera sostenible.


Cultivo de arroz en Guyana:
uno de los procesos no 
industriales que producen 
gases

La Conferencia de las Partes supervisa este complejo Convenio, que trata de persuadir a los interesados de que participen con responsabilidades compartidas de manera equitativa entre los países ricos y pobres. A los ricos, cuyas actividades industriales han agudizado en gran medida el problema y han provocado el daño mayor, se pide que realicen los cambios más sustanciales y asuman las más altas responsabilidades financieras. A los países pobres, que carecen de recursos y apenas hacen incipientes esfuerzos para llevar adelante sus industrias, se les da un tiempo para que luchen por el desarrollo sostenible y se les pide un aporte financiero proporcional a sus recursos. El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF en inglés) es el mecanismo de financiación que coordina las gestiones financieras necesarias que alcanzan sumas de miles de millones de dólares. El Convenio también tiene instrumentos legales conexos, como el Protocolo de Kyoto (adoptado en diciembre de 1997), que refuerza la respuesta internacional al cambio climático.

Documentos legales internacionales relativos al tema precedieron este Convenio Marco y continúan vigentes hoy para abordar asuntos específicos, a saber, al Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, adoptado en marzo de 1985 y su Protocolo de Montreal relativo a Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono, aprobado en septiembre de 1987.

  

  

NARRE LA HISTORIA DE LA VIDA  

Seleccione un hábitat de su radio de acción de la siguiente lista: manglares, lecho de hierbas marinas y arrecifes coralinos.

LA CREACIÓN DE UN PARQUE MARINO

Los responsables de la zona costera y los conservacionistas de muchas islas y de las costas continentales están comenzando a identificar áreas especiales cercanas a la costa que desean preservar.

TECNOLOGÍAS VIEJAS Y NUEVAS 
EN EL LECHO DEL MAR Y MÁS ALLÁ!

Aunque ya se conoce mucho sobre nuestros recursos vivientes, especialmente en las áreas cercanas a la tierra y los lechos marinos de aguas someras, en las profundidades oceánicas existe un mundo que espera ser descubierto. Los avances del siglo XXI bien pueden requerir que se viva y se trabaje en dichos ambientes durante extensos períodos.

1

Introducción

Actividades Publicaciones Búsqueda
Prácticas sensatas Regiones Temas