Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas

Una plataforma de acción para el manejo sostenible de los manglares del Golfo de Fonseca

 

Introducción

Este documento presenta una plataforma de acción para el manejo sostenible de los manglares del golfo de Fonseca, en Honduras y El Salvador. La contaminación, la deforestación y los usos inapropiados han generado enormes presiones sobre este ecosistema costero contribuyendo así al deterioro y la desaparición de este recurso ambiental. Los manglares son las zonas de desove de algunas de las pesquerías más importantes de la región y son el hábitat para numerosas especies en peligro de extinción. El sustento de muchas personas está estrechamente vinculado a la salud del ecosistema de manglar. La preocupación por los manglares, y por quienes dependen de ellos, sirvió de inspiración para este documento. Esta plataforma de acción representa más de ocho años de colaboración con grupos de la comunidad, investigadores, organizaciones no gubernamentales, el sector privado, organismos gubernamentales para determinar las causas y los efectos del deterioro ambiental de los manglares. Las recomendaciones aquí presentadas indican las pautas a seguir para un proceso que deberá ponerse en marcha con miras a lograr la salvaguarda de estos recursos. Es esencial que se formulen políticas y programas acordes con las metas de desarrollo a la vez que garanticen la salud y el bienestar del ecosistema. Sin estos esfuerzos, los manglares desaparecerán y, por ende, se perdería la abundancia de recursos naturales que ellos encierran.

Aparte de los ecosistemas costeros pocas son las áreas que ilustran de manera tan marcada la interacción entre la presión de la población, el consumo de los recursos naturales y la degradación del medio ambiente. Sumamente frágiles pero ricos en recursos naturales, los ecosistemas costeros de manglar son valiosos por las materias primas que suministran así como por la biodiversidad que ellos alojan (Barbier 1992). Las plantas y la vida animal autóctonas del manglar dependen del delicado equilibrio entre el agua dulce y la de mareas. El manglar proporciona drenaje y filtración, estabiliza las riberas que protegen la costa y las tierras de cultivo circundantes, sirve de rompevientos naturales y, además, contiene canales de agua dulce (Martínez 1991; Hamilton y Snedaker 1984). También constituye una fuente importante de pescado, camarones y otros crustáceos, de leña y de madera para las comunidades cercanas y otras poblaciones. La diversidad de este ecosistema sirve de apoyo a una amplia variedad de individuos y grupos cuyos intereses se contraponen. Esta competencia puede crear tensión entre varios de los interesados directos, entre ellos los gobiernos, los conservacionistas, los acuicultores, los productores de sal y las comunidades locales.

La tensión entre el consumo de los recursos y su conservación se pone de relieve en los conflictos generados por los derechos de acceso a los manglares. Los derechos formales de acceso a estos recursos se encuentran en gran medida en manos del Estado. Alrededor del mundo, los derechos sobre los terrenos costeros y los estuarios se han concentrado en manos de gobiernos soberanos que otorgan concesiones para el desarrollo de actividades económicas, como la acuicultura o la producción de sal, a diversos grupos o individuos. A pesar de estas estructuras de derechos formales, muchos sistemas de derechos de acceso indígenas y consuetudinarios han evolucionado en torno a los ecosistemas costeros. Si bien la tierra tal vez pertenezca al Estado, gran parte de ella ha permanecido sujeta al manejo de facto por las poblaciones costeras mismas. Alejados de las capitales, los pobladores locales ejercen derechos de propiedad sobre las tierras donde sus familias han vivido durante generaciones. De igual manera, mientras los derechos de acceso pueden ser asignados por el Estado, los derechos de usufructo[1] son a menudo informales y están determinados en gran medida por sistemas consuetudinarios o indígenas que definen el derecho a esos recursos (Bailey 1988; Madrigal 1999; Wynter 1990).

De no existir la presión de la población sobre dichos recursos, el sistema de propiedad formal y el informal pueden coexistir en armonía. Cuando la inmigración y el crecimiento demográfico se combinan con el incremento de las tasas de pobreza para aumentar así la dependencia y el uso de la propiedad común, estos sistemas de derechos pueden contraponerse (Foy y Daly1988). Lo que oficialmente es propiedad del Estado, en la práctica se ha convertido en un recurso al alcance de todos, los infractores rara vez son perseguidos y quienes poseen poder e influencia tal vez logren evadir las leyes y los estatutos. Esto sucede en especial cuando los derechos formales de acceso asignan prioridad a las actividades económicas que colocan grandes porciones de terreno y de recursos fuera del control del Estado y de las comunidades locales, concentrando las actividades de subsistencia en áreas cada vez más reducidas (Rubio 1997; Stanley 1999, 1996a, 1996b). En el golfo de Fonseca, a medida que el número de concesiones a los acuicultores ha aumentado también lo han hecho los conflictos sobre los manglares y los recursos que suministran (Stanley, 1999, 1996a, 1996b).

El conflicto entre la transformación del manglar a las actividades de acuicultura y las necesidades de subsistencia de las poblaciones costeras es un ejemplo claro del choque entre los sistemas formales estatales de derechos de acceso y aquellos determinados por la costumbre. La acuicultura es una industria de crecimiento en el mundo en desarrollo (Stanley 1999; DeWalt et al. 1996; Bailey 1988; FUSADES 1988; Mendola y Guier 1989; Marroquín 1992). El cultivo de peces y camarones en tanques o en estanques excavados ofrece ganancias elevadas y aporta las tan necesarias divisas (FUSADES 1990,1998). Es por esto que existen incentivos de la empresa privada y del Estado para convertir los manglares en zonas para la acuicultura. Estos incentivos se ofrecen a pesar de que la ubicación de esos tanques y estanques para la acuicultura en las marismas de los manglares ha deforestado valiosas tierras boscosas, ha concentrado la dependencia ambiental sobre las pocas zonas que permanecen intactas, y en algunos casos, ha causado daños irreparables al ecosistema para las pesquerías de estuario y de mar abierto (DeWalt et al. 1996; Stanley 1996a, 1996b; Pauly e Ingles 1986; Paredes et al. 1991; Ulloa y Bernal 1980).[2]

El conflicto entre los derechos de acceso y los diversos patrones de extracción y consumo se agrava cuando se abusa de los recursos o se ocasiona su agotamiento. Las presiones entre las migraciones internas hacia la costa en muchos países en desarrollo y la pobreza rural generalizada pueden aumentar la dependencia de la base de recursos en los ecosistemas ya amenazados.[3] La pobreza a menudo aumenta la demanda de recursos naturales para complementar los ingresos familiares. Además, reduce el horizonte en que se basa la toma de decisiones, limita las opciones y reduce la inversión en la tecnología necesaria para mitigar la degradación; por otra parte, puede acelerar el uso no sostenible de los recursos (Jagannathan 1989; Barbier 1988).

En respuesta a estas inquietudes acerca del manejo de los recursos costeros, el ICRW inicio, en 1998, una serie de investigaciones y actividades en colaboración con el Centro de Estudios Ambientales y Sociales para el Desarrollo Sostenible (CEASDES), en El Salvador y el Comité para la Defensa y el Desarrollo de la Flora y la Fauna del Golfo de Fonseca (CODDEFFAGOLF), en Honduras. Estas tres organizaciones analizaron la interconexión entre población, consumo y degradación ambiental en los ecosistemas de manglar del golfo de Fonseca en América Central.[4] Se prestó especial interés a los factores que tienen que ver con el género que describen las desigualdades en cuanto a la pobreza entre hombres y mujeres y la diferencia en cuanto a su dependencia de la base de recursos (Rodda 1991; Shiva 1998). Este proyecto, cuya duración fue de tres años, comenzó en enero de 1998 y fue financiado con una subvención de la Fundación MacArthur. Se basó en investigaciones anteriores auspiciadas por la Dirección de Desarrollo en el Extranjero (Reino Unido) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Al comparar los sitios en El Salvador y Honduras, los investigadores esperaban identificar las intervenciones que mitigasen la presión sobre la base de recursos y presentar otras opciones para el manejo del manglar que respondieran a los intereses de todos los interesados. La plataforma de acción que se presenta aquí es el resultado de más de ocho años de colaboración en actividades de investigación y de defensa de la causa en la región, que lograron unir a organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, de la comunidad y del sector privado. La plataforma para el desarrollo sostenible del manglar descrita en este documento fue desarrollada de acuerdo con estas organizaciones y resulta de una serie de conferencias y coloquios regionales que se han llevado a cabo durante tres años y culminaron en marzo de 2000 en la Conferencia Regional realizada en San Salvador.[5]

En la plataforma de acción se presentan seis resultados claves y sus respectivas recomendaciones.

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[1] Los derechos de usufructo son los que otorgan a una persona o a un grupo, el derecho de disfrutar de las ganancias y ventajas de una propiedad que pertenece al Estado o a otro individuo, siempre que dicha propiedad no sufra deterioro, ni se modifique.

[2]Cabe señalar que la acuicultura del camarón no tiene que causar daños irreversibles al ecosistema de manglar. Los estanques no tienen que estar situados necesariamente dentro de los límites de los manglares y las larvas no tienen que ser seleccionadas en los estuarios. La legislación eficaz y su aplicación pueden lograr que los costos ambientales de la acuicultura del camarón se minimicen (Corrales 1998).

[3] Los pobres no son los únicos actores responsables de la deforestación de los manglares. La competencia para talar los manglares es aguda, lo que refleja los variados intereses de los productores de sal, los acuicultores, los leñadores y los dueños de fincas para ampliar sus actividades y dedicar más terreno a la producción.

[4] El Salvador y Honduras se seleccionaron para este estudio debido a la disponibilidad de datos y al interés que varias organizaciones nacionales no gubernamentales y del sector privado mostraron por el proyecto. Esperamos ampliar la investigación en el futuro para incluir a Nicaragua.

[5] Los coloquios fueron una serie de foros convocados en la región para presentar e intercambiar ideas acerca del manejo sostenible de los manglares. Grupos comunitarios, investigadores, representantes del sector privado, funcionarios públicos y activistas se reunieron para intercambiar ideas y comentar los resultados de la investigación. Estos coloquios se celebraron en El Salvador y en Honduras durante los últimos 3 años.

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