| Medio
ambiente y desarrollo en regiones costeras e islas pequeñas |
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Una
plataforma de acción para el manejo sostenible de los manglares
del Golfo de Fonseca
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La
pobreza y los precios afectan las decisiones que los individuos y las familias
toman acerca del uso y el manejo de los recursos naturales. Las familias pobres
dependen desproporcionadamente del medio ambiente para la obtención de leña
y madera destinada a energía y cobijo, así como también de la f lora y la fauna
silvestres para asegurarse alimento y sustento.
La compleja relación entre pobreza
y uso de la madera como combustible se observó en los resultados de la investigación
efectuada en ambos países. En El Salvador, los resultados demostraron que el
ser pobre aumenta la probabilidad de que la familia utilice y consuma bienes
extraídos del medio ambiente. Según las encuestas domiciliarias nacionales,
los habitantes más pobres se encuentran en las áreas rurales. En 1995, casi
el 60 por ciento de los hogares rurales vivía por debajo de la línea de pobreza,
en comparación con el 41 % de los hogares urbanos (Gammage 2000). Se calculaba
que el 87 % de los hogares rurales usaba leña como principal fuente de energía
para cocinar, en comparación con el 27 % de los hogares urbanos (Gammage 2000).
Otros análisis, efectuados utilizando datos de las encuestas nacionales de hogares
de 1995, revelaron diferencias significativas entre la demanda de leña por región
y por ingresos. Las familias pobres tenían casi seis veces más la probabilidad
de consumir leña que las familias que no eran pobres. En cuanto a la pobreza,
los hogares situados en antiguas zonas de conflicto en El Salvador, tenían tres
veces más la probabilidad de consumir leña. Esos hogares no solo tienen más
la probabilidad de ser pobres, sino que carecen de la infraestructura crítica
que los vincula con los mercados o que les permita comprar otros combustibles
diferentes a la leña. Como consecuencia, esta familias tienen menos oportunidades
de sustituir la leña por otro tipo de combustible doméstico.
El cuadro 3 ilustra cómo la pobreza condiciona el consumo de los recursos en ambos países. Las familias pobres y extremadamente pobres, por lo general, consumen más leña en total que las familias que no son pobres, tanto en El Salvador como en Honduras. Sin embargo, en el Salvador las familias pobres y extremadamente pobres consumen menos leña per capita que las familias que no son pobres. Esto se debe a la relativa escasez de leña en El Salvador. Aunque las familias pobres y las extremadamente pobres son más numerosas, a menudo tienen mayores limitaciones de tiempo y por lo tanto dedican menos horas a la recolección de leña que los hogares que son no pobres, o tienen menos disponibilidad de efectivo para comprarla. A medida que las reservas del bosque menguan en El Salvador, estos hogares deberán bajar su consumo. Además, es probable que las familias pobres y extremadamente pobres consuman alimentos con menor volumen y valor nutricional, cocinen con menos frecuencia y enciendan sus estufas por períodos más cortos (Benítez y Machado 2000; Gammage, Benítez y Machado 1999).[8]
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Cuadro 3. Consumo de leña per cápita en El Salvador [a]
[a] Consumo
doméstico solamente. Fuente:
CEASDES Encuesta domiciliaria, datos sobre
El Tamarindo 1993, 1997 13 |
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Los
datos del estudio de caso en ambos países revelaron que la emigración es una
estrategia coherente para satisfacer las necesidades de subsistencia de las
familias ante la disminución del empleo y el aumento de la pobreza en las áreas
rurales. Las familias que tienen parientes que han emigrado a los Estados Unidos
reciben remesas en dólares que complementan su ingreso. Las remesas atenúan
la pobreza de los hogares y les permiten comprar estufas a gas propano, por
lo que disminuye el uso de la leña. Los ingresos por remesas fluctúan con el
tiempo y no son necesariamente predecibles. La mayoría de los hogares que reciben
remesas no dejan de consumir leña aunque el volumen del consumo se ve reducido.[9]
Como consecuencia de la emigración
al extranjero es común que haya más hogares encabezados y mantenidos por mujeres.[10]
Se observó que estos hogares son
particularmente dependientes de la leña. Esto tal vez se deba a que sus ingresos
fluctúan drásticamente con el tiempo o porque sus ingresos son invariablemente
menores que los de hogares mantenidos por un hombre (ver cuadro
6). Para satisfacer sus necesidades
de subsistencia o para procurarse ingresos, estas familias dependen desproporcionadamente
de la leña recolectada para el uso doméstico o las actividades productivas.
La marcada diferencia en el consumo
de leña entre las áreas urbanas y rurales de El Salvador refleja la dificultad
de acceso a otras fuentes alternativas de energía, que sean eficientes y baratas
(Current y Juárez 1992). En las áreas urbanas, donde los mercados son más accesibles,
las calles están casi todas pavimentadas y es más fácil que la electricidad
esté al alcance de los pobres; por ende, pocas son las familias que usan la
leña como su única fuente de energía en el hogar. Las otras fuentes de energía
son más fáciles de encontrar y de comprar en las ciudades; en consecuencia,
el uso de estufas eléctricas y de gas está más generalizado en las áreas urbanas.
El acceso a estos bienes y servicios básicos puede disminuir el consumo de leña
y la dependencia de otros recursos del medio ambiente. Por el contrario, las
áreas rurales tienden a ser más pobres y más remotas. Las comunidades rurales
a menudo están
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Cuadro 4. Consumo per cápita de leña, Honduras[a]
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La
investigación efectuada en Honduras reveló una relación similar entre pobreza
y demanda de leña en el golfo de Fonseca. Noventa y cinco por ciento de todas
las familias encuestadas usan leña, 76 por ciento de estas familias vivían por
debajo del nivel de pobreza (Aburto y Durón 2000; Aguilar y Campos 1999) (ver
cuadros 4 y 5). En contraste con
los resultados encontrados en El Salvador, las familias extremadamente pobres
de Honduras consumen mayor cantidad de leña per capita que las familias pobres.
Esto tal vez puede atribuirse al hecho de que la leña todavía es relativamente
abundante en estas comunidades y el costo de recolectarla o comprarla es menor
en términos de tiempo invertido o dinero gastado. Las familias pescadoras y
agricultoras de las comunidades aledañas al manglar, en Honduras, eran desproporcionadamente
las más pobres y sus requerimientos en leña eran los más altos. Es probable
que estos dos tipos de familia no puedan comprar estufas de gas y dependan principalmente
de la leña como fuente de energía doméstica. Más aún, las familias pescadoras
usan la leña para cocinar y ahumar el pescado para la venta o el consumo familiar.
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Cuadro 6. Razón del ingreso promedio mujer a hombre en zonas urbanas por años de escolaridad, 1997 [a]
[a] Diferencia en el ingreso notificada solamente para asalariados. Fuente: CEPAL 1999c. |
Tal como quedó demostrado con las
cifras de consumo real y las proyecciones estimadas de la demanda de leña en
las zonas estudiadas, habrá un aumento de la presión sobre el manglar y las
zonas boscosas cercanas (Gammage 2000; Benítez y Machado 2000).[11]
Se necesitan estrategias especiales y complejas para reducir la extracción no
sostenible de leña y otros productos del bosque destinados al consumo de los
hogares y los mercados. En particular, estas medidas deberán disminuir la pobreza
por intermedio de una serie de acciones de políticas e incentivos que promuevan
la intensificación del uso de la tierra y las inversiones en la tierra que no
sean perjudiciales desde el punto de vista ambiental; además, deberán asignar
la misma importancia al desarrollo económico y la sostenibilidad del medio ambiente.
Esta recomendación se basa en el
"Convenio regional para el manejo y la conservación de los ecosistemas
naturales forestales y el desarrollo de plantaciones forestales" firmado
en 1993 por 6 naciones centroamericanas en apoyo a los programas de reforestación
participativa, que asignan la mayor prioridad a la satisfacción de las necesidades
de los hogares.[12] El segundo capítulo
de este tratado dice:
"Orientar programas nacionales y regionales de reforestación para recuperar tierras degradadas de aptitud preferentemente forestal actualmente bajo uso agropecuario, que rindan usos múltiples a los diferentes usuarios, y que promuevan preferiblemente el uso de especies nativas, y la participación local en la planificación, ejecución y distribución de beneficios. Estos programas deben dar prioridad al abastecimiento de leña para el consumo doméstico y otros productos forestales de consumo local en las comunidades."
(Convenio regional para el manejo y la conservación de los ecosistemas naturales forestales y el desarrollo de plantaciones forestales, 1993).
El acuerdo pone de relieve los numerosos
beneficios de la reforestación. Esta puede proveer leña para los hogares, mejorar
la calidad de la tierra y suministrar productos como frutas , frutos secos,
medicinas y corteza, que pueden servir para diversificar los ingresos y satisfacer
las necesidades de subsistencia. El Convenio agrega que es necesaria la estrecha
colaboración entre gobierno y comunidades durante todas las fases del programa
para que sus objetivos sean cónsonos con las necesidades más imperiosas de la
comunidad.
» Otorgar microcréditos a mujeres y a hogares pobres. Los pobres tienen pocas oportunidades para diversificar sus fuentes de ingresos o aumentar sus ganancias. Los microcréditos han sido eficaces para reducir esta brecha mediante el desembolso de préstamos, sin necesidad de dar garantía, a individuos y a pequeños grupos. Las remesas enviadas por miembros de la familia que trabajan en los Estados Unidos han resultado ser una provechosa fuente de capital comunitario. El reto está en tener acceso a los servicios bancarios establecidos y conceder préstamos cuyos términos de cancelación estén adaptados a la actividad productiva emprendida. Los hogares tanto de pescadores como de agricultores han obtenido beneficios de las iniciativas de microcréditos que aumentan las posibilidades de mejorar y transformar las actividades económicas tradicionales, así como de mejorar la transformación y la comercialización de sus productos. Estas iniciativas pueden ser particularmente importantes para las mujeres y los hogares que dependen de ellas, ya que permiten diversificar las actividades que aportan ingresos y aliviar la dependencia del medio ambiente.
»
Subsidiar estufas
mejoradas de combustible con óptimo rendimiento. Las estufas con óptimo rendimiento pueden reducir el consumo de leña. El gobierno
y los organismos para el desarrollo deben suministrar vales de dinero en efectivo
para la compra de materiales destinados a mejorar la construcción de los fogones
o deberían subsidiar el uso de las estufas de gas propano. Esto permitirá a
numerosas familias cambiar su uso de los recursos y disminuir la presión sobre
el medio ambiente.
» Pavimentar
las carreteras como medio para vincular los mercados, aumentar el empleo y facilitar
a los pobres del campo el acceso a bienes y servicios.
Las carreteras pueden asegurar la disponibilidad de otros bienes y servicios necesarios para el bienestar de los pobres del campo y el manejo sostenible de los recursos del área. Reducir los costos de transporte podría significar la disminución de los precios de los insumos para la producción de acuicultura y agricultura, lo que a su vez se traduce en un margen de beneficios más alto en la venta del producto. Más aún, si los bienes comerciales de uso doméstico tienen precios más bajos, como por ejemplo las estufas a gas propano, tal vez haya un estímulo para el uso de sustitutos de la leña proveniente del manglar.
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[8]
Las familias extremadamente
pobres suelen tener tasas de dependencia económica y demográfica más altas,
hay menos personas en la familia que ganen el sustento y menos miembros que
puedan dedicar su tiempo a recoger leña, entre otras de las muchas tareas de
subsistencia que realizan. En promedio, estas familias gastan menos dinero en
alimentos y consumen menos calorías. (Benítez y Machado, 2000).
[9] Este no es el caso para El Salvador en 1997. El descenso del ingreso real en la comunidad entre 1993 y 1997 ha influido en el poder adquisitivo de todos los hogares. Hasta las familias que reciben remesas del exterior deben sobrevivir con sus ingresos domésticos en efectivo mientras están esperando el nuevo envío en dólares. Por lo tanto, el uso de estufas de gas propano ha disminuido en toda la comunidad.
[10] Los hogares mantenidos por una mujer son aquellos en que la mujer aporta más del 50% del ingreso total de la familia.
[11] Las demandas de leña y madera en los manglares de Honduras y El Salvador cada vez se concentran más en áreas pequeñas del bosque de manglar, a medida que gran parte del bosque se destina a otros usos. Es esta concentración de la presión sobre espacios cada vez más pequeños del bosque lo que causa la deforestación rápida. El uso de madera del manglar para leña, madera y los hornos de sal, por lo general resulta menos perjudicial que deforestar los manglares para la cría de camarones o los estanques para producir sal. La construcción de estanques camaroneras suele tener como consecuencia un cambio irreversible en el uso de la tierra, mientras que el corte selectivo de leña y madera puede efectuarse de tal forma que no ocasione daños irreparables al ecosistema.
[12] Los
seis países signatarios fueron: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua,
Coasta Rica y Panamá.