| Medio
ambiente y desarrollo en regiones costeras e islas pequeñas |
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Una
plataforma de acción para el manejo sostenible de los manglares
del Golfo de Fonseca
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Allí donde las comunidades no han podido
participar en las decisiones sobre el manejo del manglar, las mujeres han estado
doblemente excluidas de la toma de decisiones. Deberán hacerse esfuerzos para
asegurar la participación plena de la comunidad en las decisiones sobre el diseño
y la aplicación de las estrategias para el manejo sostenible y, en particular,
para incluir a las mujeres en este proceso.
Las mujeres, como grupo único, constituyen
la población más desposeída del mundo. Son pocas las que tienen títulos de propiedad
de la tierra que trabajan o tienen acceso suficiente a capital físico y financiero.
En casi todos los continentes y en la mayoría de las actividades rurales de
subsistencia, las mujeres tienen menos derechos de acceso, y estos son menos
formales, a todo el capital de los bienes y servicios que suministra el medio
ambiente (Meinzen-Dick et al. 1997; Agarwal 1994). Esto ha significado que las
mujeres dependen en gran medida de la propiedad común para satisfacer y complementar
las necesidades del hogar en lo que a leña, agua, pastoreo y vivienda se refiere.
La manera particular de tener acceso y depender de los bienes y servicios del
medio ambiente caracteriza la relación de las mujeres con la propiedad común
y define sus responsabilidades y estrategias de inversión hacia el medio ambiente.
Los hallazgos de los estudios realizados
en El Salvador y Honduras resaltan cuán importante es la contribución de las
mujeres a la economía local y doméstica ya sea como pescadoras, agricultoras
y recolectoras de leña. Los estudios también recalcaron la desventaja relativa
que tienen las mujeres al entrar al mercado de trabajo, percibir un sueldo y
asegurar los recursos necesarios para su sustento y el de sus familias (ver
cuadro 6). En El Salvador las mujeres ganan
menos del
Hasta la fecha, los planes de manejo del manglar no han podido documentar en qué forma usan y manejan las mujeres los recursos que están a su disposición en el manglar. Ellas cuentan con el pescado de las aguas del manglar (véase cuadro 7). Mientras que los hombres pescan principalmente mar abierto la mayoría de las mujeres lo hacen en los estuarios del manglar o en la playa donde consiguen una variedad de peces de agua dulce y salada, además de moluscos y crustáceos. Las mujeres recolectan mariscos y cangrejos en los estuarios, aportando así nutrientes y proteínas a la dieta familiar que usualmente se basa principalmente en maíz y frijoles. Las mujeres también toman parte en la limpieza y el procesamiento de la pesca artesanal de las pesquerías de mar abierto. Además, preparan y secan el pescado para la venta en los mercados locales y regionales, y limpian y empaquetan los camarones para la exportación.
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Cuadro
7. Género y biodiversidad
[a] Ninguna de estas especies se encuentra en peligro o en amenaza. Fuente: Investigación participativa rural, Cantón y Caserío El Tamarindo, (Gammage 1997; Gammage, Benítez, y Machado 1999). |
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Debido a que la participación de
la mujer en la industria pesquera es menos visible, es más probable que no se
reconozcan sus derechos de acceso y no se incorporen en la toma de decisiones
sobre el manejo de la base de recursos. Por ejemplo, en El Tamarindo, El Salvador,
a principio de los años 90 los líderes de la comunidad establecieron una prohibición
no oficial a las actividades de pesca en el estuario en respuesta a las presiones
del Ministerio de Agricultura y de la Dirección de Pesca, CENDEPESCA, que estaban
preocupados por el exceso de pesca de los camarones jóvenes y otras especies
de la fauna acuática del estuario. Las mujeres no fueron incluidas en el proceso
de la toma de decisiones mientras se discutía la prohibición. Como las mujeres
pescan principalmente en el estuario por razones de subsistencia, sus derechos
de acceso fueron socavados y se les restringió o impidió el paso a una fuente
vital de ingresos y proteínas
Una
solución mejor a las preocupaciones de la pesca excesiva en el estuario ha debido
ser la determinación de cuáles eran las especies más amenazadas e investigar
las distintas maneras de reducir la presión sobre las áreas de reproducción
del estuario.[14] La
producción de camarones, el principal motivo de inquietud y la escorrentía resultante
de las labores agrícolas y del funcionamiento de los estanques de la cría llamada
"rústica" de camarones constituyen la causa principal de la desaparición
de los camarones que todavía están creciendo. Las regulaciones hubieran sido
más eficaces de haberse orientado solamente a aquellas actividades que ejercen
presión sobre el ecosistema y no a la exclusión de toda pesca de subsistencia
en el estuario. Cabe destacar que ninguna de las especies recolectadas por las
mujeres en el estuario, mencionadas en el cuadro 7, están
en peligro de extinción.
Es obvio que los intereses propios de las mujeres en los manglares deben ser incorporados de forma explícita en todos los planes de manejo, con miras a asegurar que las recomendaciones para el cambio en el manejo del manglar incluyan verdaderamente a las mujeres. Dejar de incluir a representantes de las mujeres en el proceso de toma de decisiones o al considerar cabalmente las actividades que ellas realizan en el manglar, tendrá como consecuencia la formulación de políticas que excluyen los intereses de la mujer y los subordinan a los de grupos con mayor voz y poder. Más aún, esta exclusión probablemente convertirá en prácticas ilegales las actividades que realizan las mujeres sin que necesariamente se hayan modificado.
» Revisión de las leyes existentes para asegurar a la mujer el derecho a poseer títulos simples de propiedad de la tierra. Los títulos simples confieren el derecho de vender o traspasar por testamento o transferir a los herederos del dueño, un lote de tierra perteneciente a un individuo a su fallecimiento. Casi toda la posesión de la tierra en Honduras y El Salvador está bajo el régimen de títulos simples de propiedad. En 1993 se introdujeron en Honduras enmiendas al código de la reforma agraria vigente que permiten a las mujeres poseer títulos simples de propiedad. Previo a esto y bajo la iniciativa de la reforma agraria la tierra era asignada a los hombres jefes de hogar aduciendo que esto beneficiaria a toda la familia. Entre 1975, cuando se inició la reforma agraria en Honduras , y 1993, menos del 4 por ciento de todos los beneficiarios de la ley de reforma agraria eran mujeres (Fundación Arias 1998). De igual manera en El Salvador, y a pesar de las tres fases de la reforma agraria, menos del 5 por ciento de los beneficiarios eran mujeres (IMU 1999; Deere y León 1998).
Permitir a las mujeres que sean beneficiarias de la tierra transferida bajo las iniciativas de la reforma agraria, les da el control directo sobre los recursos de la tierra. Otorgar derechos sobre la tierra con títulos mancomunados que reconocen los derechos de uno o dos jefes de familia asegura que las mujeres tengan acceso a un activo que puede ser mantenido o transferido, o usado como garantía para la obtención de créditos. Donde las mujeres sean propietarias su papel en el manejo de la tierra también será reconocido. Sin la aceptación de este nuevo rol, las mujeres seguirán siendo marginadas; sus derechos sobre la tierra se desconocerán y sus actividades de recolección seguirán concentradas en las áreas comunes y en los recursos de acceso abierto.
» Crear
competencias locales en el manejo del recurso. Para
aplicar eficazmente la legislación ambiental los gobiernos nacionales necesitan
invertir en la creación de competencias locales para el manejo del recurso,
sin olvidar los acuerdos de las instituciones y organizaciones. Las mujeres
deben estar inmersas en este proceso. Los gobiernos necesitan dirigir expresamente
el siguiente grupo de acciones:
» Crear
y/ o reforzar la capacidad local para interpretar información mediante métodos
prácticos y de fácil uso. Este
proceso incluirá el desarrollo de herramientas participativas para establecer
la calidad de la tierra, basadas en los datos y resultados generados por las
comisiones multisectoriales. El propósito es promover las prácticas para el
manejo local del manglar, asegurar la plena participación de los gobiernos locales
y regionales, de organizaciones comunitarias para el manejo de recursos y usuarios
locales de la tierra. Los interesados directos del área podrán recibir entrenamiento
y la información deberá difundirse a nivel de la base para apoyar los procesos
democráticos que influyen en el manejo de los recursos, el cumplimiento de las
políticas, y la asignación de derechos de propiedad.
» Favorecer
el acceso de la comunidad a los programas de asistencia técnica. Los programas de asistencia técnica pueden utilizarse
para introducir la tecnología adecuada, cambiar comportamientos y aliviar la
dependencia de los recursos locales. Las tecnologías adecuadas pueden utilizarse
para aumentar la seguridad alimentaria, diversificar los ingresos del hogar
y suministrar mejores métodos más sostenibles para el uso de los recursos.
Los
programas de asistencia técnica pueden complementar los conocimientos de los
usuarios de la costa y de los recursos, al incorporar y divulgar conocimientos
autóctonos sobre métodos alternos y sostenibles de pescar, o al dar orientación
en el uso de sistemas de manejo integrado para el control de plagas y reducir
así la dependencia de insumos químicos. Estas programas deben ser elaborados
con las comunidades y responder a sus necesidades y prioridades.
Todos los programas de transferencia
de tecnología deben considerar el género de los beneficiarios y particularmente
en qué forma el género modifica el uso del recurso. Canalizar la tecnología
directamente hacia las mujeres puede ser muy útil. Puede cambiar su dependencia
de los recursos, aliviar la necesidad de trabajo adicional en el hogar y mejorar
la eficiencia en sus tareas productivas y reproductivas. Sin embargo, allí donde
las mujeres van a ser las beneficiarias de la transferencia de tecnología, ellas
deberán participar activamente en este proceso. Los intentos previos para introducir
estufas solares, secadoras solares, y tecnologías de almacenamiento de alimentos
con el fin de disminuir la dependencia de la leña, las tareas del hogar y superar
las fluctuaciones estacionarias en la producción agrícola, han fracasado (Nathan
1997; Cecelski 1984). Fallaron principalmente porque a las mujeres no se les
motivó a participar en las etapas de identificación del problema, ni de generación
de soluciones (Gammage, Benítez, y Machado 2000). En muchos casos el resultado
fue la adopción de tecnologías inapropiadas e ineficaces que empeoraron las
relaciones de producción y se abandonaron rápidamente (Anderson 1991).
Estos obstáculos no son insalvables
y muchos proyectos han tenido éxito en la adopción de estufas de leña y carbón
más eficientes. Los proyectos que son participativos y se centran en reducir
la carga sobre el horario de trabajo de la mujer, aliviar los cuellos de botella
en la producción en el hogar y ajustar el tiempo y la secuencia de las tareas
domésticas, han logrado un alto grado de aceptación y uso (Gammage, Benítez
y Machado 1999; Dutta 1997). Los programas para promover la mejora de los fogones
y el uso de estufas de combustible con óptimo rendimiento también deben estar
acompañados por esfuerzos para el manejo eficaz de los bosques que quedan, sembrar
especies vegetales de rápido crecimiento que puedan satisfacer los requerimientos
domésticos de energía del área, mejorar las técnicas de elaboración de carbón
e introducir alternativas como la producción de briquetas carbonizadas.
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[13]
Numerosos hogares en que las mujeres son jefes de familia o sostén del hogar
reciben remesas en dólares de familiares que viven en los Estados Unidos. Estas
remesas aportan el tan necesario ingreso en dinero en efectivo y subsidian los
gastos de consumo, sacando a algunas de estas familias de la pobreza. A pesar
de que está generalizado el envío de dinero a los familiares, los hogares encabezados
por mujeres o mantenidos por una mujer, siguen siendo desproporcionadamente
pobres en las zonas rurales de Honduras y El Salvador (Gammage 2000; Aburto
y Durón 2000; Gammage 1998).
[14] Es
posible aplicar varias medidas que van desde permisos hasta temporadas de vedas.