Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas

Una plataforma de acción para el manejo sostenible de los manglares del Golfo de Fonseca

Acción 3. Incluir la participación de las mujeres y de las comunidades en la toma de decisiones.

Allí donde las comunidades no han podido participar en las decisiones sobre el manejo del manglar, las mujeres han estado doblemente excluidas de la toma de decisiones. Deberán hacerse esfuerzos para asegurar la participación plena de la comunidad en las decisiones sobre el diseño y la aplicación de las estrategias para el manejo sostenible y, en particular, para incluir a las mujeres en este proceso.

Las mujeres, como grupo único, constituyen la población más desposeída del mundo. Son pocas las que tienen títulos de propiedad de la tierra que trabajan o tienen acceso suficiente a capital físico y financiero. En casi todos los continentes y en la mayoría de las actividades rurales de subsistencia, las mujeres tienen menos derechos de acceso, y estos son menos formales, a todo el capital de los bienes y servicios que suministra el medio ambiente (Meinzen-Dick et al. 1997; Agarwal 1994). Esto ha significado que las mujeres dependen en gran medida de la propiedad común para satisfacer y complementar las necesidades del hogar en lo que a leña, agua, pastoreo y vivienda se refiere. La manera particular de tener acceso y depender de los bienes y servicios del medio ambiente caracteriza la relación de las mujeres con la propiedad común y define sus responsabilidades y estrategias de inversión hacia el medio ambiente.

Los hallazgos de los estudios realizados en El Salvador y Honduras resaltan cuán importante es la contribución de las mujeres a la economía local y doméstica ya sea como pescadoras, agricultoras y recolectoras de leña. Los estudios también recalcaron la desventaja relativa que tienen las mujeres al entrar al mercado de trabajo, percibir un sueldo y asegurar los recursos necesarios para su sustento y el de sus familias (ver cuadro 6). En El Salvador las mujeres ganan menos del 40% de lo que ganan los hombres en actividades de pesquería y menos del 70 % de las ganancias de los hombres en las actividades de comercio menor o de microempresa (Benítez y Machado 2000). De igual manera, en las zonas rurales de Honduras las mujeres ganan, en promedio, la mitad del salario de los hombres (Aburto y Durón 2000). Una alta proporción de los hogares de las comunidades del manglar, las mujeres son jefes de familia o con su ingreso mantienen a la familia. En El Salvador, más de una cuarta parte de los hogares están encabezados por una mujer o dependen principalmente de sus ingresos para satisfacer las necesidades de todos los miembros del núcleo familiar. En Honduras, casi el 20 % de los hogares están dirigidos o mantenidos por mujeres. Tanto en el Salvador como en Honduras, estos hogares son desproporcionadamente más pobres que los hogares mantenidos y dirigidos por hombres en las mismas comunidades.[13]

Hasta la fecha, los planes de manejo del manglar no han podido documentar en qué forma usan y manejan las mujeres los recursos que están a su disposición en el manglar. Ellas cuentan con el pescado de las aguas del manglar (véase cuadro 7). Mientras que los hombres pescan principalmente mar abierto la mayoría de las mujeres lo hacen en los estuarios del manglar o en la playa donde consiguen una variedad de peces de agua dulce y salada, además de moluscos y crustáceos. Las mujeres recolectan mariscos y cangrejos en los estuarios, aportando así nutrientes y proteínas a la dieta familiar que usualmente se basa principalmente en maíz y frijoles. Las mujeres también toman parte en la limpieza y el procesamiento de la pesca artesanal de las pesquerías de mar abierto. Además, preparan y secan el pescado para la venta en los mercados locales y regionales, y limpian y empaquetan los camarones para la exportación.

Cuadro 7. Género y biodiversidad

     

Recurso[a]

Estación de lluvias y seca 1994

Estación de lluvias y seca 1999

 

Men

Women

Men

Women

Pescado

Anguila

Anguila

Anguila

 

Babosa

 

Babosa

 

Bagre

Bagre

Bagre

Bagre

Cola de bagre

 Cola de bagre

Cola de bagre  

Corvina

 

Corvina

 

Gavilán

Gavilán

Gavilán

 

Macarela

 

Macarela

 

Pancha

Pancha

Pancha

Pancha

Pargo

 

Pargo

 

Pinchada

 

Pinchada

 

Robalo

 

Robalo

 

Ruco

 

Ruco

 

Tiburón

Tiburón (estero)

Tiburón

 
         

Crustáceos, moluscos y otros invertebrados

 

  Almejas

 

Almejas

 

 

 

Mionas

Camarón blanco

Camarón blanco

Camarón blanco

 

Camarón cola verde

 

Camarón cola verde

 

Camarón rojo

Camarón rojo

Camarón rojo

 

Chacalín

Chacalín

Chacalín

Chacalín

 

Caracol

 

Caracol

 

Concha

 

Concha

 

Curil

 

Curil

Jaiba

Jaiba

Jaiba

 

Langosta

 

Langosta

 

Langostino Langostino

     

 

Mejillón

 

Mejillón

Ostras

 

Ostras

 

Ostiones

 

 

Ostiones

 

Punche

 

Punche

         

Leña y madera

Aceituno

Aceituno

Aceituno

 

Botoncillo

 

 

Botoncillo

Madera dulce

Madera dulce

Madera dulce

Madera dulce

Mangle rojo

Mangle rojo

Mangle rojo

Mangle rojo

Mangle seco

Mangle seco

 

Mangle seco

 

Mangollano

 

Mangollano

 

 

 

Estopa de coco

 

Palma de coco

 

Palma de coco

         

Frutas, hierbas y especias

 

Albahaca

 

Albahaca

 

Caulote

   
 

  Chipilín

 

Chipilín

Coco

Coco

Coco

Coco

Copinol

Copinol

   

Eucalipto

Eucalipto

 

Eucalipto

Hojas de carao

     

Jiote

     

 

Limón

 

Limón

Mango

Mango

Mango

 

 

Marañón

Marañón

Marañón

Naranja

Naranja

 

Naranja

 

Nance

 

Nance

Orégano

Orégano

 

Orégano

 

Quina

 

Quina

 

Ruda

   

 

Sábila

 

Sábila

 

Tamarindo

 

Tamarindo

 

Yerba buena

 

Yerba buena

 

[a] Ninguna de estas especies se encuentra en peligro o en amenaza.

Fuente: Investigación participativa rural, Cantón y Caserío El Tamarindo, (Gammage 1997; Gammage, Benítez, y Machado 1999).

Debido a que la participación de la mujer en la industria pesquera es menos visible, es más probable que no se reconozcan sus derechos de acceso y no se incorporen en la toma de decisiones sobre el manejo de la base de recursos. Por ejemplo, en El Tamarindo, El Salvador, a principio de los años 90 los líderes de la comunidad establecieron una prohibición no oficial a las actividades de pesca en el estuario en respuesta a las presiones del Ministerio de Agricultura y de la Dirección de Pesca, CENDEPESCA, que estaban preocupados por el exceso de pesca de los camarones jóvenes y otras especies de la fauna acuática del estuario. Las mujeres no fueron incluidas en el proceso de la toma de decisiones mientras se discutía la prohibición. Como las mujeres pescan principalmente en el estuario por razones de subsistencia, sus derechos de acceso fueron socavados y se les restringió o impidió el paso a una fuente vital de ingresos y proteínas

Una solución mejor a las preocupaciones de la pesca excesiva en el estuario ha debido ser la determinación de cuáles eran las especies más amenazadas e investigar las distintas maneras de reducir la presión sobre las áreas de reproducción del estuario.[14] La producción de camarones, el principal motivo de inquietud y la escorrentía resultante de las labores agrícolas y del funcionamiento de los estanques de la cría llamada "rústica" de camarones constituyen la causa principal de la desaparición de los camarones que todavía están creciendo. Las regulaciones hubieran sido más eficaces de haberse orientado solamente a aquellas actividades que ejercen presión sobre el ecosistema y no a la exclusión de toda pesca de subsistencia en el estuario. Cabe destacar que ninguna de las especies recolectadas por las mujeres en el estuario, mencionadas en el cuadro 7, están en peligro de extinción.

Es obvio que los intereses propios de las mujeres en los manglares deben ser incorporados de forma explícita en todos los planes de manejo, con miras a asegurar que las recomendaciones para el cambio en el manejo del manglar incluyan verdaderamente a las mujeres. Dejar de incluir a representantes de las mujeres en el proceso de toma de decisiones o al considerar cabalmente las actividades que ellas realizan en el manglar, tendrá como consecuencia la formulación de políticas que excluyen los intereses de la mujer y los subordinan a los de grupos con mayor voz y poder. Más aún, esta exclusión probablemente convertirá en prácticas ilegales las actividades que realizan las mujeres sin que necesariamente se hayan modificado.

» Revisión de las leyes existentes para asegurar a la mujer el derecho a poseer títulos simples de propiedad de la tierra. Los títulos simples confieren el derecho de vender o traspasar por testamento o transferir a los herederos del dueño, un lote de tierra perteneciente a un individuo a su fallecimiento. Casi toda la posesión de la tierra en Honduras y El Salvador está bajo el régimen de títulos simples de propiedad. En 1993 se introdujeron en Honduras enmiendas al código de la reforma agraria vigente que permiten a las mujeres poseer títulos simples de propiedad. Previo a esto y bajo la iniciativa de la reforma agraria la tierra era asignada a los hombres jefes de hogar aduciendo que esto beneficiaria a toda la familia. Entre 1975, cuando se inició la reforma agraria en Honduras , y 1993, menos del 4 por ciento de todos los beneficiarios de la ley de reforma agraria eran mujeres (Fundación Arias 1998). De igual manera en El Salvador, y a pesar de las tres fases de la reforma agraria, menos del 5 por ciento de los beneficiarios eran mujeres (IMU 1999; Deere y León 1998).

Permitir a las mujeres que sean beneficiarias de la tierra transferida bajo las iniciativas de la reforma agraria, les da el control directo sobre los recursos de la tierra. Otorgar derechos sobre la tierra con títulos mancomunados que reconocen los derechos de uno o dos jefes de familia asegura que las mujeres tengan acceso a un activo que puede ser mantenido o transferido, o usado como garantía para la obtención de créditos. Donde las mujeres sean propietarias su papel en el manejo de la tierra también será reconocido. Sin la aceptación de este nuevo rol, las mujeres seguirán siendo marginadas; sus derechos sobre la tierra se desconocerán y sus actividades de recolección seguirán concentradas en las áreas comunes y en los recursos de acceso abierto.

» Crear competencias locales en el manejo del recurso. Para aplicar eficazmente la legislación ambiental los gobiernos nacionales necesitan invertir en la creación de competencias locales para el manejo del recurso, sin olvidar los acuerdos de las instituciones y organizaciones. Las mujeres deben estar inmersas en este proceso. Los gobiernos necesitan dirigir expresamente el siguiente grupo de acciones:

» Crear y/ o reforzar la capacidad local para interpretar información mediante métodos prácticos y de fácil uso. Este proceso incluirá el desarrollo de herramientas participativas para establecer la calidad de la tierra, basadas en los datos y resultados generados por las comisiones multisectoriales. El propósito es promover las prácticas para el manejo local del manglar, asegurar la plena participación de los gobiernos locales y regionales, de organizaciones comunitarias para el manejo de recursos y usuarios locales de la tierra. Los interesados directos del área podrán recibir entrenamiento y la información deberá difundirse a nivel de la base para apoyar los procesos democráticos que influyen en el manejo de los recursos, el cumplimiento de las políticas, y la asignación de derechos de propiedad.

» Favorecer el acceso de la comunidad a los programas de asistencia técnica. Los programas de asistencia técnica pueden utilizarse para introducir la tecnología adecuada, cambiar comportamientos y aliviar la dependencia de los recursos locales. Las tecnologías adecuadas pueden utilizarse para aumentar la seguridad alimentaria, diversificar los ingresos del hogar y suministrar mejores métodos más sostenibles para el uso de los recursos.

Los programas de asistencia técnica pueden complementar los conocimientos de los usuarios de la costa y de los recursos, al incorporar y divulgar conocimientos autóctonos sobre métodos alternos y sostenibles de pescar, o al dar orientación en el uso de sistemas de manejo integrado para el control de plagas y reducir así la dependencia de insumos químicos. Estas programas deben ser elaborados con las comunidades y responder a sus necesidades y prioridades.

Todos los programas de transferencia de tecnología deben considerar el género de los beneficiarios y particularmente en qué forma el género modifica el uso del recurso. Canalizar la tecnología directamente hacia las mujeres puede ser muy útil. Puede cambiar su dependencia de los recursos, aliviar la necesidad de trabajo adicional en el hogar y mejorar la eficiencia en sus tareas productivas y reproductivas. Sin embargo, allí donde las mujeres van a ser las beneficiarias de la transferencia de tecnología, ellas deberán participar activamente en este proceso. Los intentos previos para introducir estufas solares, secadoras solares, y tecnologías de almacenamiento de alimentos con el fin de disminuir la dependencia de la leña, las tareas del hogar y superar las fluctuaciones estacionarias en la producción agrícola, han fracasado (Nathan 1997; Cecelski 1984). Fallaron principalmente porque a las mujeres no se les motivó a participar en las etapas de identificación del problema, ni de generación de soluciones (Gammage, Benítez, y Machado 2000). En muchos casos el resultado fue la adopción de tecnologías inapropiadas e ineficaces que empeoraron las relaciones de producción y se abandonaron rápidamente (Anderson 1991).

Estos obstáculos no son insalvables y muchos proyectos han tenido éxito en la adopción de estufas de leña y carbón más eficientes. Los proyectos que son participativos y se centran en reducir la carga sobre el horario de trabajo de la mujer, aliviar los cuellos de botella en la producción en el hogar y ajustar el tiempo y la secuencia de las tareas domésticas, han logrado un alto grado de aceptación y uso (Gammage, Benítez y Machado 1999; Dutta 1997). Los programas para promover la mejora de los fogones y el uso de estufas de combustible con óptimo rendimiento también deben estar acompañados por esfuerzos para el manejo eficaz de los bosques que quedan, sembrar especies vegetales de rápido crecimiento que puedan satisfacer los requerimientos domésticos de energía del área, mejorar las técnicas de elaboración de carbón e introducir alternativas como la producción de briquetas carbonizadas.

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[13] Numerosos hogares en que las mujeres son jefes de familia o sostén del hogar reciben remesas en dólares de familiares que viven en los Estados Unidos. Estas remesas aportan el tan necesario ingreso en dinero en efectivo y subsidian los gastos de consumo, sacando a algunas de estas familias de la pobreza. A pesar de que está generalizado el envío de dinero a los familiares, los hogares encabezados por mujeres o mantenidos por una mujer, siguen siendo desproporcionadamente pobres en las zonas rurales de Honduras y El Salvador (Gammage 2000; Aburto y Durón 2000; Gammage 1998).

[14] Es posible aplicar varias medidas que van desde permisos hasta temporadas de vedas.

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