Medio ambiente y desarrollo
en regiones costeras e islas pequeñas
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De costa a costa

UNESCO Fuentes (131) publicado en Febrero 2001, página 10

Desde hace dos años, un foro mundial sobre prácticas sensatas (nombre del usuario csi, contraseña wise) para una mejor gestión de las costas pone en contacto a especialistas y habitantes. 

Cerca de 3.200 millones de personas, es decir la mitad de la población del globo, viven en la costas o a menos de 200 km del litoral. En el año 2025, se calcula que esta cifra alcanzará los 6.300 millones, es decir, el 75% de la población mundial. Paradójicamente, la gran riqueza de las regiones litorales contiene en cierne su propia destrucción, tanto en cuanto a pesca como a turismo, comercio internacional o recursos naturales. Por eso, desde hace varias décadas se ve la necesidad de una gestión integral de las costas (GIC), es decir, una planificación cuidadosa de la protección del litoral, de las necesidades de desarrollo y de los medios de subsistencia de la población. Esto parece un reto difícil por cuanto, hasta ahora, esos objetivos distintos han resultado a menudo difíciles de conciliar. 

A pesar del fuerte incremento de los programas de gestión costera, aplicados a distintos niveles en más de 130 países, no existe consenso sobre lo que ha tenido éxito, lo que ha fracasado y el porqué. Por ejemplo ¿cuáles son los aspectos biológicos, económicos y sociopolíticos más importantes para las personas afectadas por una zona costera determinada? ¿Cuáles son las tendencias a largo plazo? ¿Qué es “natural” y qué se debe a la influencia humana? Si no se conocen las respuestas a estas preguntas ni su pertinencia con respecto a las expectativas (cambiantes) del público, difícilmente se puede saber qué herramientas hay que utilizar para alcanzar determinado objetivo social en esas regiones, tanto en materia de conservación como de desarrollo. En el ámbito de la GIC, son raras las prácticas consideradas “ejemplares”, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en ingeniería y en explotación forestal. Y no existe un criterio que permita decidir claramente que una práctica es “buena”, “ilustrada” o “ejemplar”. Lo más grave es que los administradores de las regiones costeras no han sabido demostrar muy bien los beneficios de la GIC, ni explicar a los principales afectados –los habitantes del litoral– qué implica esta gestión. La información disponible sobre la GIC está redactada en gran parte en términos generales y abstractos. Esto explica que la GIC no se haya convertido en una profesión habitual dentro del campo del medio ambiente, como lo son la planificación ambiental y la ordenación del territorio. Por consiguiente, no es de extrañar que los responsables políticos tengan problemas para comprender y aplicar los conceptos de la GIC.

La población conoce el problema

Así, las autoridades indonesias se preguntan si es útil y necesario seguir una política de GIC. Los 400 millones de dólares invertidos en este ámbito desde hace tres años, no han repercutido de forma palpable en la salud de los ecosistemas costeros. Pero al mismo tiempo, sondeos recientes indican que, para los indonesios, la contaminación marítima ocupa el sexto lugar de las preocupaciones nacionales, por delante de la delincuencia, la pobreza y el transporte colectivo. Está claro que existe una diferencia entre lo que ha hecho el gobierno y las expectativas de la gente. Así mismo, un estudio realizado en Australia en 1994 mostraba que la población, en general, sabía más de lo que se creía sobre las necesidades y los problemas relacionados con la gestión del litoral. Este error de cálculo originó muchos conflictos relacionados con la planificación costera del país. Además, a los habitantes de las regiones costeras les cuesta acceder a los resultados de las escasas experiencias de gestión de las costas que se realizan en el mundo. Pero ellos son los más afectados directamente y los mejor situados para influir sobre la evolución de las zonas costeras. 

Para estabilizar los ecosistemas costeros del mundo y la calidad de vida, o invertir su tendencia a la degradación, es fundamental informar a los usuarios de los recursos locales y a las demás personas afectadas. Pero ¿cómo se sabe qué tipo de información necesitan? Los programas de gestión del litoral de segunda generación, como los que se aplican en Australia, Canadá o Estados Unidos, se dirigen en general a un público más informado y son dirigidos por gestores más formados o más experimentados que los de los programas de primera generación que se realizan en países como India, Kenya o Brasil. 

Este tipo de cuestiones claves dieron lugar a la creación del foro electrónico “Prácticas Sensatas en Regiones Costeras para el Desarrollo Humano Sostenible” de la UNESCO (nombre del usuario csi, contraseña wise), en 1999. Este foro reconocía la existencia de numerosos obstáculos que dificultaban la aplicación de la GIC. Por ejemplo, desde hace un siglo, en toda la región de Asia-Pacífico, muchos países dan prioridad al desarrollo agrícola, muchas veces sin preocuparse demasiado por las consecuencias que tiene sobre los ecosistemas costeros, como el aumento de la sedimentación y de la eutrofización. A los pescadores les ha costado trabajo convencer a los responsables de que esos problemas que aparecían al final debían tenerse en cuenta a la hora de diseñar los proyectos agrícolas. El Foro UNESCO sobre las Regiones Costeras y las Islas Pequeñas ha permitido que sus participantes compartieran experiencias y aplicaran esos conocimientos de distintas formas (véase recuadro al lado). Este tipo de integración, sobre todo a escala mundial, es la gran originalidad del foro, tanto por su ambición como por su eficacia. La fuerza del foro es que las personas que intervienen en él están directamente implicadas en la gestión costera. Desde hace dos años es relativamente fácil participar activamente y aún más fácil es ser el testigo pasivo de ese extraordinario intercambio mundial. Pero es necesario disponer de un computador y de una buena conexión a Internet, y de estar al corriente de los proyectos internacionales de GIC.

No siempre es fácil reunir todas esas condiciones. En Indonesia, por ejemplo, menos del 1% de la población tiene un computador y el acceso a Internet de los 200 millones de personas que viven fuera de la Gran Yakarta (el 90% de la población) es muy limitado. Los 4.000 participantes del foro constituyen, pues, una élite informada de la gestión de las costas, que ha hecho el esfuerzo de implicarse en las actividades de la UNESCO. Pero sólo son una ínfima parte de las personas susceptibles de interesarse por las actividades del foro sobre la GCI.

Ian M. Dutton
Coordinador para Asia del Centro de Recursos Costeros de la Universidad de Yakarta

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