Los Krakelingen y el Tonnekensbrand, festividades del pan y del vino del final del invierno en Geraardsbergen


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La ciudad de Geraardsbergen organiza su feria anual el primer lunes del mes de marzo y celebra el final del invierno ocho días antes con las festividades de los Krakelingen y el Tonnekensbrand. Los días precedentes, los comerciantes adornan sus escaparates, los panaderos hornean panecillos especiales en forma de anillos, llamados krakelingen, y los maestros narran a sus alumnos el relato que explica los orígenes de la fiesta ritual. El día de su celebración, sale de la iglesia de Hunnegem un cortejo de miles de personas, encabezado por el deán y los concejales del ayuntamiento vestidos a la antigua usanza. Portadores de pan, vino, pescado y lumbre, los participantes en la procesión se encaminan a la cumbre de la colina de Oudenberg, donde se yergue la capilla de Santa María. Una vez llegados al templo, el deán bendice los krakelingen y recita una plegaria. Luego, las autoridades religiosas y civiles beben un trago de vino en vaso de plata del siglo XVI que contiene un pececito vivo, costumbre que está siendo objeto de controversias recientemente. A continuación, lanzan a la muchedumbre presente diez mil krakelingen. Uno de ellos encierra en su interior un boleto premiado. El premio consiste en una joya de oro especialmente creada para el evento. Al anochecer, la gente se congrega de nuevo en lo alto de la colina, donde prende fuego a un tonel de madera, el tonnekensbrand, para festejar la llegada de la primavera. Después, los participantes descienden de la colina llevando antorchas encendidas en la mano, para llevar la luz a la ciudad. El rito festivo confiere a los participantes un fuerte sentimiento de continuidad y les hace cobrar conciencia de su pasado, al evocar leyendas y acontecimientos históricos transmitidos de generación en generación.