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Encuesta Sobre Los Sectores Cinematográficos Nacionales

Conclusiones

Mantener la diversidad cinematográfica

Al parecer hay dos condiciones principales para preservar un grado justo de diversidad de la imagen y, por ende, una oferta cultural pluralista: en primer lugar y como requisito, la capacidad del gobierno de cofinanciar la producción local de imágenes y fomentar la calidad y la cantidad. La segunda condición es la capacidad de intercambiar la producción local en los mercados nacionales.

Los datos de la encuesta revelan tres categorías principales de países, basadas en la capacidad de producción durante los últimos años, y muestran que los indicadores generales se relacionan de manera coherente con ese indicador central. Los grandes y medianos productores son asimismo los mayores exportadores e importadores. Su comercio es, además, proporcional al volumen de su mercado nacional, pero está relacionado de manera menos significativa con la importancia de su situación económica.

Aparece una correlación más significativa entre el nivel jurídico y organizativo del sector cinematográfico (indicador: 0,88) que entre el número de subvenciones públicas de que disponen productores, directores y distribuidores (indicador = 0, 61).

Parecería que no puede existir producción cinematográfica por debajo de cierto nivel social y económico. Dado que su PNB es inferior a 1.200 dólares y su Indicador de Desarrollo Humano (IDH) es de 0,600, unos 88 países de un total de 185 nunca han producido película alguna. ¿Significa esto que 465 millones de personas no podrán ver su imagen reflejada?

Sin embargo, gracias a métodos de producción que evolucionan con rapidez (vídeo e imágenes procesadas numéricamente) están disminuyendo considerablemente los costos de producción técnica, lo que faculta a los países no productores a crear un sector autónomo de producciones audiovisuales, perfectamente adaptado a sus políticas culturales y su capacidad de mercado. En la actualidad es sencillo pasar las imágenes de un soporte a otro durante el proceso de producción y distribución. Tal es el caso en África y Asia, donde varios gobiernos han alentado a los propietarios de cines a que adapten sus salas instalando pantallas de vídeo.

Para crear y mantener la capacidad de producción nacional, se requiere como condición previa apoyo financiero del Estado y protección legislativa para los autores, además de programas de formación de profesionales. El establecimiento de esa amplia estructura exige una estrecha colaboración entre el Estado y los círculos profesionales. La colaboración regional de los distintos gobiernos en relación con los centros de formación y las industrias técnicas parece inevitable en la mayoría de los casos, incluso en los países de producción mediana y fluctuante.

En cuanto a los pocos países que tienen la máxima capacidad de producción y se basan sobre todo en las fuerzas del mercado, la selección de los directores e incluso de los temas de las películas dependen en gran medida de los beneficios que se espera obtener de la inversión. Si se apoya financieramente a jóvenes autores y directores, así como a guionistas y productores independientes, aumentará el número de películas de calidad. Como se puede orientar con gran precisión los efectos de la intervención financiera del gobierno en la industria cinematográfica, los distintos incentivos financieros, adaptados (y temporales) podrían producir rápidos resultados sin trastornar esos frágiles mercados.

En la actualidad existe financiación pública en menos de 80 de los 102 países productores. Esto significa que los países con organismos reguladores han formulado una legislación específica básica y establecido mecanismos de financiación del cine, sin los cuales no puede desarrollarse ninguna industria cinematográfica nacional.

Por consiguiente, donde exista la voluntad política y las condiciones económicas regionales o nacionales, se podría considerar necesario el establecimiento de una política gubernamental en relación con el cine, destinada a contrarrestar el exceso de imágenes importadas que podría minar el entramado social y la soberanía e identidad cultural de un país.

En última instancia, es difícil de entender únicamente con estadísticas la capacidad de los gobiernos de fomentar las industrias culturales. Es más bien baja (indicador de correlación = 0,10) la correlación entre la población que cursa la escuela primaria y el número de largometrajes producidos a nivel nacional. La relación se hace más coherente entre el número de nuevas películas y el de libros publicados (correlación = 0,46). No obstante, algunos países africanos editan el mismo número de películas y libros, lo que indica, por lo menos, un decidido compromiso político con el sector audiovisual del país. Una razón podría ser que la financiación de proyectos de películas en los países africanos suele empezar con fondos de gobiernos occidentales o de cooperación privada.

En cuanto a los mercados nacionales, el volumen de la asistencia y el número de salas de cine representan el factor que mejor indica su potencial. Esas cifras están directamente vinculadas al tamaño de la población y, aún más, a su concentración urbana. La correlación varía entre 0,73 y 0,78. Sin embargo, al examinar los mercados nacionales de los países de producción mediana, esas cifras parecerían estar más directamente vinculadas al número de películas importadas que a las producidas a nivel nacional.

Una observación complementaria sobre el comercio de películas es que además de las estadísticas comerciales se requiere estudiar mejor la atracción del "sistema de estrellas", la publicidad y la comercialización de las producciones internacionales. Estas actividades de apoyo representan en Hollywood el 50% del presupuesto de una película.

Queda por explorar otro campo: la financiación pública del sector audiovisual y cinematográfico tiene por objeto aumentar el número de películas nacionales, pero si se quiere mantener la diversidad, no se trata simplemente de estimular la oferta, sino que además se debe tomar en consideración la demanda del consumidor en cuanto a necesidades educativas. En la actualidad es urgente educar a los niños gracias a los planes de estudio y sensibilizar al público en general a través de los distintos medios de información. Aprender a "leer" las imágenes podría ser la manera de aumentar el interés por las producciones audiovisuales de calidad.

Con un promedio tan bajo que sólo alcanza a 42 producciones locales, África importa más de 2.811 películas por año. Los cines de los países árabes proyectan 10 veces más películas extranjeras que nacionales. Sin embargo, Asia importa sólo algo más de la tercera parte del total de imágenes en movimiento proyectadas en las salas de cine. Europa sigue siendo el mayor importador con 6.000 títulos, y produce menos de 500 películas.

El 85% de las películas proyectadas en el mundo es producto de Hollywood. Los derechos de autor sobre bienes y servicios culturales generan anualmente entre 30.000 y 40.000 millones de dólares. Sin embargo, la diferencia excesiva de circulación de películas en el mundo se ve compensada en parte por intercambios regionales más equilibrados, que algunos estudios denominan "mercados transfronterizos". Es evidente que varios países que son medianos productores se benefician de un mercado periférico tradicional, definido por la proximidad geográfica o por una identidad cultural y lingüística común.

Este modelo geográfico es reconocible en Asia, donde los países exportadores como India, Japón y la Región Administrativa Especial de Hong Kong ocupan más de la tercera parte de los mercados vecinos. Por ejemplo, las películas indias representan el 35% de las proyectadas en Bangladesh y en la Región Administrativa Especial de Hong Kong produce el 38% de las películas proyectadas en el Pakistán. Gracias a poderosos incentivos "comunitarios", las películas europeas ocupan el 20% de la mayoría de los mercados nacionales de la Unión Europea, a excepción del Reino Unido que importa un menor porcentaje (3%) de películas en distintos idiomas de Europa Continental.

Por lo que atañe a la homogeneidad lingüística, el ejemplo más obvio sigue siendo el mercado de habla inglesa, que asciende a casi 2.000 millones de personas y representa el 21% de la población mundial. Le siguen las películas en indostaní, que representan el 8%, y las producciones francesas, con un potencial de 2,5% de la población mundial.

Pese a su potencial, varios idiomas importantes no están reflejados de la misma manera en las estadísticas del comercio cinematográfico. Esto es válido para el ruso, el chino, el árabe, el portugués o el español, hablados por cerca del 40% de la población mundial.

En 1994, al concluirse la denominada Ronda de Uruguay y firmarse al Acuerdo de Marrakech, la Organización Mundial del Comercio (OMC) sustituyó el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), creado en 1947. Durante las negociaciones finales de Marrakech se aceptó en gran medida lo que se ha denominado la "excepción cultural" l'exception culturelle, es decir, una regla no escrita según la cual un Estado puede reservarse el derecho de mantener fuera del Acuerdo ciertos bienes, como el cine y el sector audiovisual. Esta cuestión estaba en el orden del día de la Conferencia Ministerial de Seattle (noviembre de 1999), pero no se llegó a debatir. Pese al fracaso de Seattle, el comercio de los bienes y servicios culturales permanecerá, sin duda alguna, en el orden del día de la OMC.

Por consiguiente, las asociaciones profesionales deberían defender el papel vital de sus gobiernos para proteger el pluralismo artístico, fomentando la cinematografía nacional y el comercio exterior. Definitivamente los bienes culturales no son una simple mercancía. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad de proteger y fomentar gracias a la legislación y la financiación pública un sector audiovisual sano y, cuando sea posible, una industria cinematográfica específica.

Como consecuencia de la evolución internacional de las políticas comerciales, varias asociaciones de productores de películas están colaborando estrechamente para formular propuestas comunes con objeto de que se reconozca el papel cultural y artístico específico de los bienes audiovisuales.

Se espera que esta encuesta constituya una contribución a las investigaciones futuras que se centren en el papel cultural de la industria de la imagen. En la actualidad éste es el sector de más rápido crecimiento económico y según las proyecciones oficiales para el año 2005, se prevé para algunos países un aumento del 100% del empleo en este sector, en comparación con los años noventa.

Parecería que una circulación cultural desequilibrada exige un ajuste equitativo entre la protección del derecho de autor y los intereses del público en general. Está en juego el reconocimiento de un dominio público que garantice el libre acceso a la información y el derecho a la protección de la expresión cultural y artística, sancionados ambos en el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Última actualización 22/05/01

Introducción

Preguntas y respuestas

Cuestiones internacionales
Cuestiones nacionales
La financiación estatal frente a la financiación comercial
Cuestiones profesionales
Clasificación de los países por su volumen de producción
Mercados cinematográficos
Tipos de medios tecnológicos
Festivales de cine
Formación

Conclusiones

Producción
Comercio de películas extranjeras
Mantener la diversidad cinematográfica

Cuadros y gráficos

Fuentes

Cuestionario