Historia de América Latina

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Las sociedades originarias

Directora
Teresa Rojas Rabiela (México)

Codirector
John V. Murra (Estados Unidos)

Capítulo 5. Las sociedades mesoamericanas: las civilizaciones antiguas y su nacimiento
Christine Niederberger

INSTAURACIÓN DE UNA ECONOMÍA AGRÍCOLA Y PALEOAMBIENTES

La instauración de una economía agrícola constituye una condición sine qua non para el desarrollo de sociedades complejas. Al comparar las trayectorias culturales desarrolladas en zonas de amplios recursos bióticos, bien repartidos todo a lo largo del ciclo anual y las áreas semiáridas, se observa que los sistemas de explotación de los recursos alimenticios y los modos de ocupación del territorio no han seguido ritmos de evolución similares.

Las regiones semiáridas

Aun cuando las regiones semiáridas han proporcionado, en razón de las condiciones favorables de conservación que allí reinan, las pruebas más antiguas de domesticación de plantas en la América media, es probable que esas regiones no hayan desempeñado un papel central en la puesta en marcha no sólo de una economía agraria, sino también del conjunto de los procesos que caracterizan un modo de vida neolítica.

En cuanto a la domesticación de plantas, es en el valle de Oaxaca, más precisamente en la gruta de Guilá Naquitz, donde se ha encontrado el más antiguo testimonio fiable de actividad agrícola. Se trata de un fragmento de una calabaza comestible (Cucurbita pepo), descubierta en un nivel arqueológico de 8 000 años a.n.e. (Smith, 1986: 272).

El inventario de plantas que los arqueólogos encontraron en el valle semiárido de Tehuacán (Puebla) muestra también que, entre 5 000 y 3 500 años a.n.e., se explotaban cucurbitáceas, frijoles (Phasoleus), chiles (Capsicum), aguacates (Persea americana), granos de Setaria, de amaranto y de maíz y que algunas de esas plantas eran ya objeto de manipulaciones agrícolas (MacNeish, 1967).

Sin embargo, el nomadismo perduró durante mucho tiempo en esas regiones. Estas comunidades poseían un profundo conocimiento del ciclo anual de los diversos recursos silvestres, pero también una gran movilidad para poder explotar ecosistemas dispersos y temporalmente fértiles (Flannery, 1968). Al comienzo de la estación de lluvias -de mayo a octubre-, los habitantes de esas zonas cosechaban las vainas de plantas leguminosas (Prosopis, Acacia, Leucaena) y los frutos espinosos del nopal y de la pitahaya. Al final de la estación de lluvias, se desarrollaban actividades hortícolas en los fondos de las cañadas húmedas. Por otra parte, en otoño se explotaban las nueces y las bellotas de las plantas de las regiones aluviales. Por último, durante el periodo más seco del año, en invierno, se explotaban recursos disponibles todo el año: el venado de cola blanca, el conejo, los lagartos, las aves o los roedores, así como también las raíces de pochote o algodonero silvestre (Ceiba parviflora), las pencas del agave y el nopal (Opuntia).

Ahora bien, en el estudio de las regiones semiáridas el caso de Tehuacán nos parece muy interesante, ya que muestra que el conocimiento de las prácticas agrícolas, al menos a partir del quinto milenio, no va a cambiar en absoluto el tipo prevaleciente de ocupación seminómada del territorio hasta aproximadamente 1500/1000 años a.n.e. Aun cuando se conocen las prácticas agrícolas, los riesgos que presenta la agricultura de temporal, en un medio semiárido, han incitado a los cazadores-recolectores de Tehuacán a privilegiar la movilidad y el tipo tradicional de explotación estacional de ecosistemas variados, fuente segura y regular de recursos alimenticios silvestres.

Las regiones lacustres de montañas y los estuarios costeros o los procesos de neolitización en zonas no áridas

El Sur de la cuenca de México, con un régimen pluvial satisfactorio y con sus grandes lagos de agua dulce, constituye, entre el 6000 y el 2000 a.n.e., un buen ejemplo de una región del Altiplano con recursos bióticos densos y variados, particularmente favorable a los asentamientos humanos y al desarrollo precoz de los fenómenos de neolitización.

Los datos paleoeconómicos, los estudios interdisciplinarios de la fauna y del polen fósil obtenidos en Tlapacoya-Zohapilco (Niedeberger, 1976; 1987) muestran que las antiguas comunidades de esta región tenían un acceso directo o de corto radio a diferentes zonas ecológicas, ricas en recursos perennes o estacionales: bosques de robles, de pinos y de alisos, suelos aluviales de alto nivel freático y medios lacustres.

Durante todo el año podían explotar la fauna lacustre: pez blanco (Chiros-toma), pez amarillo (Girardinichthys), ciprínidos, así como también el pato mexicano (Anas diazi) y la amplia población de gallinas de agua (Fulica americana). En los bosques cazaban diferentes tipos de mamíferos, entre los cuales se contaba el venado cola blanca (Odocoileus virginianus).

Entre los recursos específicos de la estación de lluvia figuraban el amaranto, el género Zea (maíz y teosinte), el tomate verde (Physalis), la Portulaca, un anfibio comestible, el axolotl (Ambystoma) y reptiles tales como la tortuga del género Kinosternon.

Uno de los rasgos más notables en los sistemas de explotación de los recursos regionales era la caza de la densa población de aves acuáticas, en particular la explotación, durante el otoño y el invierno, de las aves migratorias provenientes del Norte del continente: colimbos, avocetas, agachadizas, gansos del Canadá (Branta canadensis) y patos silvestres (Anas acuta, Anas platyrhynchos, Spatula clypeata, Anas cyanoptera o Aythya).

Hacia el 5500 a.n.e., los habitantes de Tlapacoya-Zohapilco, en el Sur de la cuenca de México, explotaban, de hecho, diferentes ecosistemas yuxtapuestos que, a lo largo de todo el año, les ofrecían la totalidad de los recursos alimenticios necesarios, así como el agua dulce del lago y de manantiales. Todos estos factores tuvieron como consecuencia una ocupación sedentaria temprana del territorio, tal como lo prueba el hallazgo de vestigios de actividades multiestacionales y de recursos alimenticios de todas las estaciones del año en las zonas de hogares del sitio.

Así, la evolución cultural de esta zona diferirá sensiblemente de la que se observa en la región semiárida de Tehuacán. De hecho, el estudio de los fenómenos de neolitización en Tlapacoya-Zohapilco, en el Sur de la cuenca de México, ha permitido definir un primer ejemplo americano de sedentarismo precoz, en un contexto pre o protoagrario (ibid.).

Las consecuencias más importantes de una temprana sedentarización son de diversa índole: se observa generalmente un sentido más agudo de los derechos territoriales, un aprovechamiento sistemático del espacio habitado, un crecimiento demográfico significativo, una organización política de mayor complejidad y el desarrollo de relaciones hombre/plantas más estrechas que tiende a acelerar el ritmo de instauración de una economía aeraria.

Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en las zonas de los estuarios costeros, como en Chantuto, al Sur de la costa pacífica, por B. Voorhies, y en Santa Luisa, sobre la costa atlántica, por S. Wilkerson, parecen indicar que el sedentarismo tuvo, allí también, raíces precoces.

En Guatemala, sobre la costa del Pacífico, la gran variedad de los recursos en la zona de los estuarios costeros parece haber ofrecido también la posibilidad de un sedentarismo antiguo. Más tarde, por otra parte, la vida aldeana se desarrolló rápidamente en la región de Ocos (Coe y Flannery, 1967). Las playas ofrecían moluscos, cangrejos, iguanas negras (Ctenosaura similis); los estuarios marinos y las lagunas, hábitat de cocodrilos, proporcionaban, por su parte, numerosas especies de peces entre las que se contaban el dorado americano (Lutianus colorado), así como ostras y mejillones. La ribera de los ríos constituía el hábitat de camarones, nutrias, tapires, iguanas verdes (Iguana iguana) y caimanes. El bosque interior, con sus árboles frutales, albergaba zorros grises, coatís (Nasua narica) y numerosos jaguares (Felis onca), hoy prácticamente desaparecidos.

En esta zona se descubrió uno de los más antiguos conjuntos cerámicos de la América media.

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actualización 05/18/00