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Las sociedades originarias
Directora
Teresa Rojas Rabiela (México)
Codirector
John V. Murra (Estados Unidos)
Capítulo 5. Las sociedades mesoamericanas: las
civilizaciones antiguas y su nacimiento
Christine Niederberger
ALDEAS AGRARIAS Y DESARROLLO
DE LA MANUFACTURA
DE VASITAS Y FIGURILLAS DE BARRO COCIDO
El fin del tercer milenio
y los comienzos del segundo a.n.e constituyen una importante etapa
en la evolución de las sociedades de la América media. Se generalizan
los modos de vida sedentaria en aldeas permanentes. Por primera
vez, se nota el nítido predominio de las plantas cultivadas en el
régimen alimenticio. Finalmente, en el plano tecnológico, se observan
la aparición y el desarrollo de figurillas y de recipientes de barro
cocido.
Estos desarrollos conciernen
únicamente a las regiones centrales y meridionales de la América
media, que muy pronto emergerá como una región nuclear -sede de
una civilización compleja-, conocida hoy con el nombre de "Mesoamérica".
En las regiones situadas al Norte de este universo agrario los cazadores-recolectores
continuarán su modo de vida seminómada hasta las épocas históricas.
Primeros testimonios cerámicos
La más antigua figurilla en barro cocido
descubierta hasta hoy en la América media ha sido hallada en el
sitio arqueológico de Tlapacoya-Zohapilco, en la cuenca de México
(Niederberger, 1976).
Las características morfológicas de esta
pequeña figura son
notables. La cabeza y el cuerpo forman un fuste cilíndrico continuo
sin brazos, rematado en dos piernas embrionarias cortas y bulbosas.
El rostro, sin boca, se caracteriza por un conjunto de cejas y nariz
modelado en forma de T, mientras que dos incisiones de dos puntos
marcan los ojos. Los restos de carbón asociados a esta figurilla,
y a una zona de hogares contiguos, dieron la fecha C14 del 2300
+ 110 a.n.e. (Ilustración 1). En esta época las multimilenarias
relaciones del hombre con ciertas plantas, entre las que se encuentra
el maíz (Zea mays), parecen haber alcanzado en Tlapacoya-Zohapilco
un punto irreversible.
En el inventario de
las plantas cultivadas sobre las antiguas riberas de este sitio
lacustre figuran el amaranto (Amaranthus leucocarpus), el
tomate verde (Physalis), la calabaza (Cucurbita), el
chile (Capsicum annuum) y el chayote (Sechium edule).
Por otra parte, sobre
la costa pacífica de Guerrero, C. Brush ha reportado dos pequeños
conjuntos de tiestos de alfarería, fechados en el 2450 + 140 a.n.e.
En el valle de Tehuacán, y atribuidos al mismo periodo, 210 tiestos
de alfarería han sido asimilados a la fase arqueológica Purrón de
esta región (MacNeish, 1967).
Sin embargo, la ambigüedad de las asociaciones estratigráficas,
en el primer caso, y la inconsistencia general de la definición
de la fase Purrón, en el segundo, llevan a pensar que el problema
del origen de la alfarería en la América media está lejos de haber
sido resuelto. En efecto, los conjuntos cerámicos que corresponden
a las epocas siguientes presentan ya un elevado grado de complejidad.
Sobre la costa pacífica
de Guatemala y del Sur de México, el complejo cerámico Barra (1600-1400
a.n.e.) muestra, en efecto, un grado marcado de sofisticación con
un rico repertorio decorativo que incluye el uso de engobe rojo
y de pintura iridiscente, la impresión de cuerda, los motivos incisos
y las formas globulares con finas acanaladuras (Lowe,
1975) (Ilustración 2).
Hacia el 1500 a.n.e.,
el registro arqueológico ofrece, por primera vez, un importante
corpus de datos que indican que la vida aldeana, asociada
a una economía agraria, a la manufactura de vasijas, al tejido y
al desarrollo de estructuras públicas, es un fenómeno ampliamente
extendido en la Mesoamérica naciente. Veremos a continuación los
diferentes aspectos regionales de esta evolución.
Características de la vida aldeana
Gracias a las excavaciones
arqueológicas de los últimos decenios, comenzamos a tener una visión
más coherente de esta etapa caracterizada por una organización social
relativamente igualitaria y una economía predominantemente agrícola.
El valle de Oaxaca brinda actualmente el conjunto de datos arqueológicos
más claro de este periodo (Flannery,
1976).
Hacia el 1400 a.n.e.,
al principio de la fase Tierras Largas, el valle de Oaxaca estaba
ocupado por 17 caseríos permanentes de 3 a 10 casas cada uno. La
casa campesina, de planta rectangular, estaba construida con materiales
vegetales (postes de pinos, cañas, gramíneas). Las paredes, hechas
de adobe, estaban revestidas de una capa de material arcilloso,
a veces blanqueado con cal. Las paredes se apoyaban, a menudo, sobre
un cimiento de piedras. Cada unidad doméstica se extendía sobre
una superficie de unos 300 M2 e incluía la casa propiamente
dicha y un espacio doméstico externo. En este último se situaban
unas fosas de forma tronco-cónica -cuya primera función era almacenar
cereales-, las zonas de entierros familiares, los hornos de barro,
así como las áreas dedicadas a la molienda de maíz, a la coción
de alimentos o a la fabricación de vasijas. El perro, y quizás una
especie de loro, estaban domesticados.
La economía de subsistencia
estaba basada en el cultivo del maíz -quizás asociado al teosinte
(Zea mexicana)- y otras plantas cultivadas como el aguacate
(Persea americana). La dieta se completaba con la recolección
de ciertas plantas silvestres como la del fruto del nopal (Opuntia).
Entre los animales cazados y consumidos se encontraban el venado
cola blanca, el conejo y la tortuga de agua dulce del género Kinosternon.
Los instrumentos líticos
abarcaban muelas y "manos" de piedra pulida, para la molienda
de los cereales, así como puntas de proyectil, cuchillos, raederas
y raspadores de pedernal y obsidiana.
La industria cerámica
está representada por ollas monocromas de color bayo o café, rojo
y naranja, tazones hemisféricos con decoraciones geométricas de
color rojo sobre engobe bayo. Se nota también la presencia de ollas
sin cuello (tecomates) y de platos de fondo plano y bordes
divergentes, Entre los temas más comunes de decoración plástica
se nota la impresión de mecedora (rocker-stamping).
Estas características
se observan también en los complejos cerámicos contemporáneos de
la costa pacífica meridional Chiapas-Guatemala, en San Lorenzo,
sobre la costa del Golfo, así como en Tiapacoya-Zohapilco, en la
cuenca de México. Sin embargo, es preciso notar que estas tres últimas
regiones poseen, en este nivel cronológico, un conjunto cerámico
cuyo repertorio es sensiblemente más rico en formas y modos decorativos.
Sobre la costa del
Pacífico, en la región de Ocos, cuya riqueza ecológica hemos evocado
más arriba, una larga tradición sedentaria y el uso de la alfarería
desde la fase Barra llevaron a un modo de vida particularmente elaborado,
hacia el 1400 a.n.e. Las casas, con paredes de adobe a menudo
blanqueadas con cal, se construían, para evitar posibles inundaciones,
sobre pequeños montículos. La densidad de la población parece haber
sido más elevada que en la región de Oaxaca para la misma época.
Trabajos arqueológicos recientes, llevados a cabo por J. Clark y
M. Blake en la costa pacífica de Chiapas, ofrecen, de hecho, interesantes
datos indicando la posibilidad de un desarrollo precoz de pequeños
cacicazgos y sociedades de rango en esta región (cf. Fowler,
coord., 1991).
Los recursos marinos
desempeñaban un papel preponderante en la economía de subsistencia.
Según ciertos autores, tubérculos como la mandioca pudieron haber
formado parte de las plantas cultivadas, aun cuando no se hayan
encontrado vestigios arqueológicos de este arbusto.
Por otra parte, comienzan
a estudiarse sistemáticamente los niveles cerámicos antiguos de
otras regiones de la América media hasta ahora poco conocidas. Así,
en el Estado de Colima, en el Noroeste de México, 1. Kelly (1980)
definió un complejo cerámico antiguo, denominado "Capacha",
asociado a la fecha C14 1450 a.n.e. Las vasijas Capacha provienen
esencialmente de ofrendas funerarias, ubicadas en tumbas excavadas
en el subsuelo. Esas vasijas incluyen ollas, tazones hemisféricos,
tecomates, asi como recipientes de forma muy especial, llamados
"vasos de asa de estribo". Una de las formas más características
es el bule, especie de olla panzona, de cintura reducida,
que imita la silueta de una calabaza (Ilustración 2b). El
inventario incluye también vasos de doble cuerpo, ligados por tres
tubos, jarras zoomorfas, tazones dobles o triples y vasijas miniatura.
El conjunto se completa con figurillas, perlas, morteros en piedra
y conchas marinas.
En los Estados de Nayarit
y de Sinaloa se han encontrado también conjuntos cerámicos de estilo
Capacha, en particular en contexto funerario. Sin embargo, no se
ha señalado todavía ningún sitio de habitación Capacha.
En resumen, el periodo
que acabamos de analizar, y que va aproximadamente del 1500 al
1250 a.n.e., muestra la instauración de la vida aldeana, con cerámica
y agricultura en toda la zona que luego será denominada "Mesoamérica".
En este nivel cronológico, el territorio ocupado -como lo muestra
en particular el ejemplo oaxaqueño- es de naturaleza homogénea:
en efecto, está compuesto por pequeñas aldeas agrarias relativamente
similares en forma y en función.
Este tipo de ocupación
exclusivamente aldeano del territorio va a sufrir transformaciones
cualitativas marcadas, hacia el 1250 a.n.e., con la aparición
de capitales regionales (caput, no urbs) capaces de
ejercer un control político y económico sobre un conjunto de aldeas
satélites (Niederberger,
1987).
Este nuevo tipo de
organización territorial, con jerarquización de los sitios y emergencia
de centros de integración regional, forma parte de un conjunto de
cambios sociopolíticos y económicos que llevarán a la cristalización
de la primera civilización del Nuevo Mundo.
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