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Las sociedades originarias
Directora
Teresa Rojas Rabiela (México)
Codirector
John V. Murra (Estados Unidos)
Capítulo 5. Las sociedades mesoamericanas: las
civilizaciones antiguas y su nacimiento
Christine Niederberger
MESOAMÉRICA ENTRE EL
1250 Y 600 A.N.E.: UNA SÍNTESIS
La síntesis de los
datos arqueológicos recogidos permite observar que, hacia fines
del segundo milenio a.n.c., se desarrollaron en la parte meridional
de la América media nuevas estructuras sociales, políticas y económicas,
asi como sistemas de creencias de complejidad acrecentada.
Una de las características
fundamentales de Mesoamérica es su tipo de economía predominantemente
agraria. Importante zona de domesticación de plantas, contaba ya
hacia el 1250 a.n.e., entre sus recursos alimenticios, una amplia
gama de plantas cultivadas entre las cuales figuraban el maíz, el
amaranto, el frijol, la calabaza, el chile, el tomate verde (Physalis)
y el aguacate. Hacia el 1000 a.n.e., y luego de cuatro milenios
de manipulaciones favorables, el tamaño medio de la mazorca de maíz
se había sextuplicado. Con este cambio morfológico favorable, ligado
al desarrollo de instrumentos de molienda más grandes y de forma
estandardizada, el maíz comienza a desempeñar un papel preponderante
en la alimentación. Paralelamente, los agrosistemas se intensifican
y se diversifican. El crecimiento del volumen demográfico se hace,
entonces, sensible en diferentes regiones.
Uno de los fenómenos
más notables es el desarrollo, a fines del segundo milenio a.n.e.,
de una nítida jerarquización de los sitios en los diversos territorios
ocupados. Esta jerarquización espacial conduce al surgimiento de
asentamientos mayores -focos de integración regional- rodeados por
una constelación de pueblos y de aldeas satélites. Los conjuntos
de arquitectura pública observados están hechos de tierra apisonada,
a veces mezclada con piedra y adobe. En el marco de un trazado planificado
se nota la presencia de montículos bajos y de plataformas.
Hacia el 1000-900 a.n.c.,
las estructuras públicas -a veces construidas con piedra tallada-
asociadas con esculturas monumentales se multiplican. El desarrollo
de sistemas de control del agua, de acueductos y de canales de drenaje
refleja una particular maestría de diversas técnicas hidráulicas.
En el marco de estas
capitales regionales el poder político se intensifica. De algunos
bajorrelieves y pinturas rupestres de esta época parecen emanar
escenas de ratificación de lazos de vasallaje. La autoridad política
parece estar fuertemente marcada por connotaciones sagradas. La
iconografía muestra personajes con adornos y emblemas hieráticos
singulares, ligados a funciones o rangos eminentes. En todo el cuerpo
social, fenómenos de jerarquización se formalizan tal como lo indica,
en particular, el estudio de las prácticas funerarias. En una perspectiva
más amplia de la antropología política se puede definir a estas
primeras comunidades mesoamericanas como "sociedades de rango".
Las capitales de la
Mesoamérica antigua son núcleos de recepción, creación y circulación
de información y de mensajes que, en ciertas instancias, son el
objeto de un registro permanente bajo la forma de códigos, de símbolos
gráficos o de formas primitivas de escritura grabadas en la piedra
o en la arcilla cocida. Gracias a este registro y a los símbolos
recurrentes observables, se pueden descifrar algunos elementos relativos
a las creencias religiosas y cosmológicas de los primeros mesoamericanos.
Parece poco probable que en la Mesoamérica antigua hayan existido
divinidades formalizadas. El sistema de creencias parece más bien
implicar un universo de potencias sobrenaturales formado por seres
compuestos y formas fluidas, constantemente capaz de metamorfosis
formal y semántica.
Para concluir, debemos
poner ahora el acento sobre la estrecha relación que existió, en
el vasto territorio de la Mesoamérica antigua, entre el intercambio
de bienes y la circulación de la información. Los datos arqueológicos
ofrecen testimonio de la existencia de redes estructuradas de comercio
y de intercambios interregionales que han permitido el transporte,
a veces muy lejos de su lugar de origen, de productos tales como
la obsidiana, el pedernal, el cuarzo, la amatista, el ónix, el jade
(Ilustración 16), la serpentina, el cristal de roca, la mica, los
espejos de mena de hierro, la toba volcánica, el ámbar, la cal,
la sal, el asfalto, cierto tipo de arcillas, el algodón, productos
para tinturas, caparazones de tortugas o conchas marinas.
Todo sistema estructurado
de comercio y de intercambio posee una dimensión no económica. A
la circulación de los bienes materiales se agrega la información.
Por medio de esta doble red, una cierta forma de simbiosis cultural
se asocia a la economía. Como hemos analizado en trabajos anteriores,
todas las comunidades de la América media que forman parte de esas
redes de comunicación interregionales no sólo manipulan símbolos
visuales, un sistema mítico y un campo semántico común, sino que
también participan activamente en su codificación, evolución y circulación.
Así, la relativa unidad de estilo y de modos de vida que se observa
hacia el 1250 a.n.e. -y que precisamente define a Mesoamérica en
su forma primera- deriva sin duda de diferentes factores, pero sobre
todo de la larga ósmosis económica observada entre regiones geológica
y bioclimáticamente contrastadas.
En otros términos,
la cristalización de esta primera expresión de una civilización
panmesoamericana y multiétnica no parece ser la consecuencia de
la influencia o de la dominación de una región específica -como
por ejemplo la costa del Golfo, tal como lo quiere una tenaz tradición
académica-, sino más bien, creemos, de una larga maduración cultural
en la que pudieron participar de manera activa, y en grados diversos,
una gran cantidad de regiones de la América media dotadas, desde
fines del segundo milenlo a.n.e., de una organización social ya
compleja y de sistemas agrícolas eficientes.
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