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Puerto,
Fortaleza y Conjunto Monumental de Cartagena
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Cómo
llegar |
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Cartagena
es uno de los principales centros turísticos de Colombia, con excelente y
variada oferta hotelera y de servicios. Visitar
Cartagena es una experiencia única. Es remontarse en el tiempo para
descubrir en sus casonas, calles, templos, y murallas un pasado heroico y
glorioso que forma parte del patrimonio mundial. |
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La
Declaración como Patrimonio Histórico de la Humanidad
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La
ciudad de Cartagena de Indias, localizada sobre la costa caribe de
Colombia fue declarada Sitio de Patrimonio Mundial en 1984 por su legado
arquitectónico, histórico y cultural.
Fue
declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO en noviembre
de 1984 (código C-285), siendo el primer lugar colombiano en entrar a
formar parte de la Lista del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, con la
denominación de "Puerto, Fortaleza y Conjunto Monumental de
Cartagena".
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Ubicación
y apectos generales |
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Situada
en una de las bahías más hermosas de América, la Ciudad Heroica fue
desde su fundación el puerto más importante del vasto imperio colonial
español y, por lo mismo, la pieza más codiciada por piratas y corsarios,
así como por Inglaterra y Francia, que rivalizaban con España por la
hegemonía mundial. Los Españoles la dotaron del sistema de
fortificaciones defensivas más extenso e imponente de cuantas ciudades
fundaron en el Nuevo Mundo y Construyeron, además uno de los conjuntos
arquitectónicos más representativos del periodo colonia, plasmado en
edificaciones civiles y domésticas, iglesias y claustros, calles y plazas
que le dieron un carácter único a nivel mundial.
Cartagena
es una ciudad cordial y amable que
recuerda con nostalgia su heroica historia y conserva celosamente la
herencia de sus mayores, guardada en sus majestuosos monumentos y
edificaciones, pero que, no obstante, acomete con el ímpetu natural de
sus pobladores los nuevos retos del futuro, sin por ello olvidar su
glorioso pasado.
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Poblamiento
e historia |
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Diversas
tribus indígenas antiguas estaban establecidas en el territorio que
bordeaba la Bahía de Cartagena, inicialmente explorado por
Rodrigo de Bastidas en 1501 y luego conquistado por Pedro de Heredia; el 1°de Junio de 1533 oficialmente fundó la ciudad e implantó
su diseño urbano.
Rápidamente
se convirtió en un puerto de importancia para los comerciantes de la
época, lo cual atrajo piratas y corsarios que la atacaron constantemente,
afectando su desarrollo hasta principios del siglo XVII, cuando finalmente
se construyeron las famosas murallas.
Desde
1535 hasta 1625, varias órdenes religiosas establecieron sus
instalaciones en la ciudad, construyendo iglesias y conventos. Las iglesias de Santo Domingo (1579), San Agustín
(1582) y San Francisco (1590), las escuelas jesuitas de San Diego, Santa
Clara, Santa Teresa, la Merced y Santa Cruz de la Popa, fueron decisivas
en la consolidación del contexto de la ciudad. Con el paso del tiempo
estos edificios cayeron en manos del gobierno civil, convirtiéndolos en
hospitales, escuelas públicas y edificios oficiales.
La
ciudad fue fundada en 1533 por el conquistador Pedro de Heredia, en el
lugar donde se asentaba la aldea indígena de Calamarí; una hermosa bahía
natural rodeada de caños, islas, ciénagas y lagunas que se cuenta
entre las más extensas y seguras del mundo. Gracias a estas privilegiadas
condiciones naturales, pronto comenzó a adquirir importancia como puerto
marítimo y como punto de penetración de la conquista española hacia el
interior del territorio.
Con
el transcurrir del tiempo, este sería el lugar donde se concentrarían
enormes riquezas auríferas provenientes de la Nueva Granada, el
virreinato del Perú y de otras colonias españolas, así como también el
puerto de llegada de los navíos que traían mercancías de Europa,
pobladores y colonizadores españoles y esclavos de África, en lo que fue
el periodo de máximo esplendor de España.
Esto
atrajo la codicia de los filibusteros que comenzaron a pulular por los
mares del Nuevo Mundo, y es así como apenas once años después de su
fundación, la ciudad soportó el primer ataque pirata, entre los muchos
que sufriría a lo largo de su historia. En 1586 el pitara inglés Francis
Drake atacó a Cartagena y, después de denodada pero inútil resistencia
de sus pobladores, la ocupó durante 48 días.
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Las
murallas |
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Esta
situación sumada al estado de beligerancia permanente con Inglaterra,
llevó a los gobernantes españoles a dotar a Cartagena del anillo
defensivo más grande e importante que tendría ciudad alguna en el Nuevo
Mundo. La empresa fue puesta en manos del ingeniero militar italiano
Bautista Antonnelli, quien planeó y construyó los primeros baluartes del
sistema amurallado que, dos siglos más tarde, convertiría a la ciudad en
una fortaleza inexpugnable.
Poco
a poco fue avanzando la construcción de las murallas y los baluartes como
Santa Catalina, San Lucas, Santiago y San Pedro, hasta que el núcleo
central de la ciudad quedó bien protegido.
A
medida que Cartagena se extendía hacia el arrabal de Getsemani,
también se hizo necesario rodear de murallas y baluartes esta sección de
la ciudad.
Más
tarde se extendieron las fortificaciones al canal de Bocachica,
puerta de entrada a la bahía, donde se levantó la fortaleza de San Luis,
que fue destruida durante el ataque del francés Pointis en 1696. En el
siglo XVIII se construyó allí el magnifico fuerte de San Fernando.
Con
el paso del tiempo crecía la ciudad y con ella las fortificaciones, pero
también se incrementaba la potencia destructiva de los cañones enemigos
y se hacía imperativo diseñar fortalezas cada vez más poderosas.
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San Felipe
de Barajas |
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Fue
así como nació el más imponente castillo que construyeron los
españoles, San Felipe de Barajas, obra maestra de la ingeniería militar,
situado en el cerro de San Lázaro, punto de gran importancia estratégica
para la defensa de las ciudad. En 1657 quedó terminado el primer núcleo
del castillo en la cima del cerro, modesto bastión en comparación con
las dimensiones colosales que llegaría a adquirir.
Las
obras fueron sumándose poco a poco hasta que se produjo el ataque de las
tropas inglesas al mando del almirante sir Edward Vernon, en 1741, cuando
el castillo desempeñó una papel decisivo en la defensa de la ciudad. Los
españoles, con apenas 6000 soldados, al mando del más brillante oficial
de la marina española, don Blas de Lezo, lograron derrotar a una poderosa
flota de guerra de 180 barcos que portaban 64 cañones y 23.000 hombres.
Los ingleses tuvieron que retirarse. Cartagena adquirió de esta forma el
rango de Ciudad Heroica.
Posteriormente
vendrían los tiempos en que la ciudad gozaría de fama mundial como
fortaleza inexpugnable, hasta el punto de que, ya en la época de la
independencia, en 1816, cuando vino la reconquista española al mando del
Pacificador Pablo Morillo, la única manera como éste pudo vencerla fue
sometiéndola a un prolongado sitio por hambre.
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La
ciudad |
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Cuando
comenzó la construcción de las murallas, la ciudad ya tenía más de 50
años de haber sido fundada, de manera que no se la podía concebir como
una plaza fuerte en el sentido militar, sino como una unidad urbanística
donde había una activa vida social, comercial y religiosa, donde se
conjugan la rigidez sólida y severa de las construcciones militares con
la poesía íntima y evocadora de las casas, calles, plazas, iglesias y
claustros.
El
conjunto arquitectónico de Cartagena es obra de los alarifes españoles,
que, trasladados al Nuevo Mundo, pusieron en práctica fórmulas
aprendidas en la península, en particular en Andalucía, pero adaptadas
forzosamente a las nuevas condiciones físicas y climáticas. De ahí la
notable homogeneidad que se observa en la mayor parte de las
construcciones; los claustros conventuales y las casas domésticas
reflejan la misma concepción de la vida, desenvolviéndose alrededor de
un patio central con abundante vegetación, rodeado de arcos y columnas.
La
ciudad, por el hecho de estar encerrada entre murallas, debía limitar
necesariamente sus espacios, y esto se refleja en las calles y plazas
públicas, hacía las cuales las casas se volcaban a través de las
grandes y majestuosas portadas y de los balcones y ventanales con sus
enrejados en madera, de modo que el mismo ambiente íntimo y circunspecto
del interior se podía respirar también en las estrechas callejuelas y
plazas.
Por
otra parte, los artesanos tuvieron que adaptarse a las condiciones
impuestas por el clima y las características físicas de la bahía. Esto
se aprecia en dos detalles muy propios de las construcciones cartageneras:
primero, la particularidad de que no podían elaborar rejas de hierro para
las ventanas y balcones, debido al ambiente excesivamente salino de la
atmósfera. De ahí la notable maestría con que aprendieron a trabajar
los enrejados de madera. En segundo lugar, la falta de piedra y la escasez
de materiales de construcción obligó a utilizar el único material
disponible en la región: la piedra coralina; en la gran mayoría de las
arcadas que bordean los patios interiores de casas y conventos (con las
excepciones notables de los claustros de la Compañía de Jesús y de
Santo Domingo), así como en las plazas, pueden observarse las columnas
hechas de este material, que le dan a la arquitectura colonial cartagenera
un carácter único en todo el contexto de la Nueva Granada.
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Sitios de
intéres |
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Como
puerto donde se concentraba la riqueza proveniente de muchos lugares del
imperio y punto de penetración de la conquista hacia el interior del
territorio. Cartagena creció en función de la actividad comercial
portuaria, que se concentró alrededor del Muelle de los Pegasos,
donde actualmente se encuentra la Puerta del Reloj y las plazas de Los
Coches y de La Aduana. Las casas que se construyeron en este primer
núcleo de la ciudad, pertenecientes a los comerciantes adinerados
convertidos en nobles, reflejan la estructura social predominante: el piso
bajo lo ocupaba el comercio: en los entrepisos se situaban los depósitos
y la servidumbre, y en los pisos altos se concentraba la alta burguesía.
Actualmente, los ejemplos mejor conservados de estas grandes casonas
cartageneras son la Casa del Marqués de Vladehoyos, el Bodegón de La
Candelaría y la Casa de Don Benito.
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Iglesias y
claustros |
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El
característico ordenamiento urbano de la ciudad en torno a las iglesias y
claustros de las principales órdenes religiosas está presente también
en Cartagena. Gran parte de las mejores muestras arquitectónicas de la
ciudad corresponden a edificaciones religiosas. Las más notables son San
Pedro Claver -bautizada con el nombre del apóstol de los esclavos-, la
única construida siguiendo patrones académicos y que recuerda el sobrio
estilo de las iglesias alemanas, y la de Santo Domingo, cuya sólida y
pesada estructura es resultado paradójico de las pretensiones originales
unidas a la falta de conocimientos técnicos adecuados, que obligó a
agregarle sucesivos refuerzos. Los templos y claustros de Nuestra Señora
de La Popa, San Diego, Santa Clara, San Francisco, Santo Toribio de
Mogrovejo y La Catedral son también destacadas joyas de la arquitectura
religiosa. |
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Edificios
gubernamentales |
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En
contraste con la producción arquitectónica religiosa, las construcciones
gubernamentales son escasas en Cartagena, rasgo común en toda la Nueva
Granada. Los mejores ejemplos de edificios públicos en Cartagena son la
Aduana, donde actualmente funciona la Alcaldía, y en cuya fachada se
combinan arquerías y balcones, y el Palacio de la Inquisición que se
caracteriza por su portada barroca en piedra coralina.
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Arquitectura
doméstica |
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La
arquitectura doméstica, por otro lado, se ha mantenido invariable desde
tiempos coloniales. Las casas de habitación tradicionales de Cartagena,
de uno o varios pisos, fueron construidas alrededor de un patio central,
con balcones en madera y ventanas altas con persianas que abren hacia la
calle. En casas de dos pisos en las que resaltan circulaciones privadas y
torres de observación hacia el océano, los primeros pisos fueron
utilizados como almacenes y depósitos, con los pisos superiores
reservados para habitaciones. |
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