Parque arqeológico de Tierradentro

 

 

Su declaración como Patrimonio de la Humanidad

Este lugar, de gran valor arqueológico, fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad (código C-743) en la 19ª. Reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en diciembre de 1995. Como "el único testimonio de la vida diaria, los rituales y las costumbres funerarias de una sociedad prehispánica desarrollada y establecida en la región norte de los Andes de Suramérica".

 

Ubicación y aspectos generales

Localizado cerca de el pueblo de Inza, en el Departamento de Cauca, este parque está limitado por cinco puntos conocidos como La Loma de Segovia, El Alto de San Andrés, La Loma del Aguacate y el Tablón.

En medio de elevadas montañas y profundos cañones atravesados por numerosos ríos y corrientes, en las estribaciones orientales de la Cordillera Central, se encuentra Tierradentro, el lugar donde floreció una de las más extraordinarias culturas precolombinas que habitaron en el territorio colombiano.

En lo que hoy es el oriente del departamento del Cauca, dejaron la huella de su paso por el mundo y de su eterna presencia tutelar más allá de la muerte. Un impresionante conjunto de monumentos funerarios -los hipogeos- y una notable colección de figuras escultóricas, son el testimonio majestuoso de las creencias y los ritos funerarios de los antepasados que poblaron estas tierras.

Los primeros cuatro puntos (localizados principalmente en la cima de las montañas separadas por profundos cañones, paisaje típico de Tierradentro) delimitan el área de un importante grupo de hipogeos que datan del siglo IV al IX A.C. Los hipogeos fueron construidos excavando bajo tierra con el fin de albergar urnas funerarias. Estos incluyen un corredor vertical con escaleras de acceso de diferentes formas y una cámara o bóveda que frecuentemente fue adaptada como hogar. Algunos hipogeos tienen columnas centrales pintadas de forma intercalada con adornos decorativos, sobre yeso o directamente sobre piedra volcánica. Los diseños varían desde motivos geométricos en rojo y negro, hasta figuras zoomorfas y antropomorfas.

La zona conocida como El Tablón, en contraste con las anteriores, posee un grupo de estatuas similares en algunas de sus características a los que se encontraron en la región de San Agustín. A pesar de esto, parecen no estar asociadas con los hipogeos.

 

El territorio

La región de Tierradentro, como la denominaron los españoles debido a las dificultades que tuvieron para penetrar en ella, abarca una superficie de forma triangular en las estribaciones orientales de la Cordillera Central, enmarcada al occidente por las pares altas de la cordillera, donde se levantan los páramos de Moras, Delicias y Guanacas, entre las majestuosas alturas del nevado del Huila y el volcán nevado de Puracé; al sur por la cuenca del río La Plata y al Nororiente por la del río Negro.

Este Territorio presenta una accidentada topografía, que se caracteriza por abruptas y elevadas cuchillas y cañones profundos formados por la gran cantidad de corrientes de agua que bajan de los páramos y nevados. Estas características configuran diversas zonas climáticas que van desde el bosque subtropical hasta el páramo. A la llegada de los conquistadores españoles predominaba una tupida vegetación selvática, que en la actualidad ha desaparecido en su mayor parte, debido a la adecuación de las tierras para la agricultura y la ganadería.

En Tierradentro se encuentran varios asentamientos de indígenas Paeces, organizados como resguardos, unidades territoriales de propiedad comunal, que ocupan casi el 80% de la superficie total de la zona arqueológica. Estos indígenas son descendientes de quienes ocupaban el territorio a la llegada de los españoles, y al parecer no tienen nada que ver con los constructores de las tumbas monumentales. Se trata de un pueblo orgulloso y altivo, que en la época de la conquista opuso una fiera resistencia a los españoles. En la actualidad conservan casi intactas sus tradiciones y su lengua, tienen su propia forma de gobierno y de organización territorial y, aunque en su mayoría practican la religión católica, aún conservan muchas de las creencias de sus antepasados.

El principal centro urbano es el municipio de Inzá. También están las poblaciones de San Andrés de Pisimbalá con su hermosa capilla doctrinera construida en la época colonial, San Francisco, Belalcázar, Toez y Mosoco.

 

Poblamiento

Poco se sabe acerca de los antiguos habitantes de Tierradentro. La alta humedad y acidez de los suelos no ha permitido recuperar restos óseos en buenas condiciones de conservación que puedan dar una idea exacta de su apariencia física. Se presume que los indígenas habitaban sobre todo en las laderas de las montañas, donde construían casas sencillas sobre terrazas.

La economía se basaba fundamentalmente en la agricultura de especies como el maíz, la yuca, la papa y el frijol, entre otras, complementada por la caza, la pesca y la recolección de frutos. Su producción debió tener excedentes importantes para permitir que buena parte de la población se dedicara a la alfarería, la construcción de las tumbas subterráneas y la elaboración de tejidos. Sobre esta base se organizó la división jerárquica de la sociedad, de la cual dan buena cuenta el tamaño, forma , decoración y disposición de los hipogeos.

La alfarería alcanzó un alto nivel de desarrollo, orientado, sobre todo, en función de las creencias y ritos funerarios. Las piezas de cerámica más elaboradas y decoradas corresponden a urnas funerarias y a gran cantidad y variedad de objetos encontrados en los hipogeos. Destaca en estas piezas la representación de figuras antropomorfas y zoomorfas de gran valor artístico, que se cree tenían un significado simbólico relacionado con la fertilidad. También se han encontrado diversos objetos como metates de piedra para moles el maíz, herramientas y piezas ornamentales o con atributos mágico-religiosos elaborados en cerámica en piedra y en concha.

 

El culto a los antepasados

En todas las culturas humanas desde la más remota antigüedad ha existido la preocupación fundamental por saber cuál es el significado de la vida y de la muerte. El advenimiento de la agricultura significó un hito trascendental en el ordenamiento cosmogónico del universo: la tierra entregaba sus frutos según unos ciclos bien establecidos; de ella dependía la vida de los hombres y a ella iban a parar los restos de los muertos, quienes desde el más allá, se convertían en figuras tutelares que aseguraban la renovación permanente de las cosechas y los nacimientos. Todas las culturas agrarias, incluida la de Tierradentro, elaboraron complejos rituales funerarios destinados a favorecer y asegurar el buen tránsito de esta vida a la vida de la muerte.

Los hipogeos

Gracias a extensas investigaciones arqueológicas en las que, sin embargo aún quedan muchos interrogantes por contestar, se ha podido reconstruir el ritual funerario de los habitantes de Tierradentro. Se sabe que tenía dos fases fundamentales: en la inicial, el cuerpo era colocado en una sepultura sencilla acompañado por un ajuar funerario consistente en recipientes con alimentos, bebidas y ofrendas con objetos mágico-religiosos. En la segunda fase -entierro secundario- se desenterraban los restos y se los colocaban dentro de urnas funerarias especiales que se depositaban, con su ajuar funerario, en entierros colectivos con otras urnas, en tumbas de mayor tamaño y más elaboradas. Son los denominados hipogeos.

Estos se han clasificado según su forma y tamaño. Los más sencillos consisten en fosas cilíndricas de poca profundidad; luego están aquellos formados por un pozo con escalera y cámara lateral de forma ovalada y sin techo; en éstos las urnas funerarias están totalmente cubiertas por la tierra de relleno. Siguen los hipogeos con pozo escalonado y cámara lateral de planta ovalada, con techo plano o convexo, y algunos con dos o tres nichos laterales separados por pilastras talladas en las paredes; aquí la tierra de relleno sólo ocupa el pozo de entrada.

Por último están los monumentales hipogeos con columnas centrales; son los más profundos pues algunos descienden hasta ocho metros bajo tierra. El pozo de entrada forma una espiral de varias vueltas con escalones de alturas caprichosas. La amplia cámara lateral tiene planta ovalada, techo convexo sostenido por dos o tres columnas y alrededor hay tres, cinco o siete nichos laterales. Las paredes, techo y columnas de las más grandes están ricamente decorados: primero se recubrían con una capa de tierra blanca y sobre ésta se dibujaban cuadros y rombos concéntricos con pinturas roja y negra en la columnas y las pilastras laterales aparecen figuras antropomorfas, casi todas con los mismos rasgos. Se cree que estas figuras representaban a los ancestros o a seres míticos relacionados con el mundo ultraterreno.

Los tres colores usados en la decoración de las tumbas tenían un significado simbólico: el rojo significaba la sangre y la vida, el negro la muerte y la oscuridad y el blanco la luz y el nacimiento, de manera que su integración representa la indisoluble unidad entre la vida y la muerte.

Las necrópolis con hipogeos de entierro secundario, que se excavaban sobre el fijo de las montañas, se encuentran en cuatro sitios ubicados alrededor de la hoya de la quebrada de San Andrés: la Loma de Segovia, donde se localizó el mayor de los cementerios del Parque Arqueológico; el Alto del Duende, donde se encuentra una tumba única en su estructura, con planta rectangular y techo a dos aguas, que semeja la construcción exacta del interior de una vivienda: el Alto de San Andrés, con tumbas que tienen figuras antropomorfas pintadas en las paredes y la Loma del Aguacate, desde donde pueden admirarse un hermoso paisaje y donde está la llamada Tumba de las Salamandras, decorada de modo diferente a las demás tumbas de Tierradentro.

 

La estatuaira

Otra manifestación cultural de gran importancia en Tierradentro es la escultura. Hasta el momento se han encontrado cerca de cuarenta figuras humanas talladas en bloques de roca de origen volcánico, que al parecer fueron hechas por una comunidad diferente de la que construyó los hipogeos. Muchas de las esculturas fueron agrupadas en el sitio denominado El Tablón cerca del corregimiento de San Andrés de Pisimbalá. La mayor parte de ellas se encontraron enterradas en profundas cañadas o entre las raíces de grandes árboles, algunas desfiguradas sin duda por la acción de los hombres, lo cual sugiere el enfrentamiento entre dos grupos enemigos.

Por diferencias de tamaño y estilo, las estatuas se clasifican en dos grupos; el primero está integrado por piezas de menos de un metro de altura, talladas de manera muy rudimentaria, que representan figuras humanas en las que apenas están indicados los rasgos más sobresalientes. El segundo grupo lo constituyen figuras de más de dos metros de altura en las que se evidencia un notable dominio de la técnica escultórica, sobre todo en la magistral representación de los rasgos de la cabeza, adornada con una rica variedad de tocados, orejeras y collares. Esta precisión en los detalles va disminuyendo en el cuerpo, pero el conjunto general de las esculturas presenta una gran solemnidad, como testigos inmutables del paso del tiempo, que infunden un gran respeto en quienes las admiran.

El gran conjunto arqueológico de Tierradentro es un testimonio de excepcional valor cultural e histórico. Vida y muerte quedaron para siempre ligadas a estas tumbas, y desde su profundidad los hombres de Tierradentro nos hablan a nosotros, los hombres del siglo XXI, para que aprendamos de nuevo a convivir con la tierra.