INFORME ORAL

preparado por la Sra. Suzy Halimi, Relatora General,
con motivo de la clausura de la Conferencia mundial sobre la educación superior
(viernes 9 de octubre de 1998)

 

Señoras y señores Ministros,
Señor Presidente de la Conferencia General,
Señor Presidente del Consejo Ejecutivo,
Señor Director General,
Excelencias,
Señoras y señores:

En mi calidad de Relatora General, me corresponde el honor de sintetizar las intervenciones que hemos escuchado y también de dar cuenta de los análisis y las reflexiones críticas manifestadas en las comisiones y en los debates temáticos, de las expectativas y las demandas formuladas, y finalmente, de los compromisos contraídos respecto de la nueva visión que juntos hemos forjado para la educación superior. Permítanme expresarles mi profundo reconocimiento por esta muestra de confianza.

En esta Conferencia participaron unos 4.000 delegados y observadores; desde luego, representantes de los Estados Miembros, pero también de organizaciones internacionales, instituciones y organismos diversos, y de todos aquellos que en la sociedad civil tienen relación con la educación superior, las universidades, los universitarios y los estudiantes, las colectividades territoriales, el sector privado, el movimiento asociativo, la empresa y el mundo del trabajo. Con este gran encuentro internacional ha culminado un ambicioso proyecto, un proceso que comenzó tímidamente pero que fue un incesante generador de esfuerzos durante toda su trayectoria movilizadora. Los interesantes documentos de trabajo que se nos sometieron, los elementos de debate que aportamos durante los trabajos, los proyectos de declaración y de marco de acción examinados y enriquecidos durante esta semana permitieron alcanzar un consenso crítico que es la impronta de la UNESCO. El hecho de que la Conferencia se haya celebrado al iniciarse el tercer milenio, con sus desafíos, sus incertidumbres y sus promesas, magnifica su alcance y aumenta las expectativas.

Quisiera en particular subrayar que nuestra Conferencia Mundial supo combinar ponencias sobre políticas, conocimientos especializados, participación democrática, expresiones de diversas sensibilidades culturales, en torno a cuatro grandes ejes que constituyen la pertinencia, el mejoramiento de la calidad, la gestión y la financiación de la educación superior en un afán de justicia y de equidad y, finalmente, la cooperación internacional.

Sendas comisiones analizaron estos cuatro ámbitos críticos para efectuar un balance y destacar los adelantos más recientes. Las comisiones permitieron enriquecer los enfoques, confrontar los puntos de vista y delimitar en común algunos aspectos prioritarios que requieren una intervención. Por otra parte, los principales agentes de la enseñanza superior y de la investigación reunieron, concibieron, organizaron y dirigieron grupos temáticos, en los que se manifestó la voluntad de consolidar el diálogo y reforzar su legitimidad. Se manifestaron fuertes expectativas y se plantearon demandas precisas. De esta manera la Conferencia tomó la forma de un espacio abierto de aprendizaje en el que, más allá de las actividades oficiales previstas en el programa, se propuso una gran cantidad de iniciativas que nos revela la riqueza de la educación superior en los albores del tercer milenio.

Para intentar dar cuenta de esta abundancia de ideas, sin olvidar las intervenciones de los Ministros, me referiré en primer lugar al contexto en el que se desenvuelve esta amplia concertación, y a continuación a los aspectos sobresalientes de nuestra reflexión común, reagrupándolos en torno a los cuatro ejes que estructuran el conjunto: pertinencia, calidad, gestión y cooperación internacional.

I. El contexto

El porvenir de la educación superior no puede analizarse seriamente sin haber efectuado previamente un balance, y establecido el contexto nacional, regional e internacional en el que ha de cumplir sus misiones, tanto las tradicionales como las nuevas.

a) La mundialización

Es preciso tener conciencia de que la educación superior ya no se puede concebir solamente a partir de situaciones y criterios nacionales. Ya no existe investigación o formación dignas de ese nombre en términos puramente locales.

Los problemas generales que fueron inventariados, principalmente en el marco de las intervenciones de los ministros y de los jefes de delegación, demuestran, más allá de la heterogeneidad de las situaciones propias de países determinados o de conjuntos de países, que existe una creciente mundialización de los problemas caracterizada por la extrema complejidad de las situaciones.

"Tal vez la mundialización, pese a las diferencias de opinión que la rodean, se ha convertido en una realidad insoslayable", planteaba el príncipe Talal Bin Abdul Aziz en la sesión inaugural de nuestra Conferencia. "Podría también constituir un desafío ético y un amplio campo de solidaridad internacional", añade el Sr. Portella, Presidente de la Conferencia General de la UNESCO.

Hay que destacar que la mundialización no se refiere únicamente a la economía, es también la internacionalización de los intercambios humanos y de la circulación de ideas. El Sr. Pal Pataki, Presidente del Consejo Ejecutivo, observó que esta Conferencia constituía un testimonio vivo de esa situación, tanto por el número como por la calidad de los participantes.

Se plantean a la humanidad un conjunto de problemas que no pueden hallar una solución en el marco de políticas aisladas. Esta es la razón por la cual el Primer Ministro de Francia se refirió al "contexto nuevo y estimulante" en el que la educación superior debe llevar a cabo hoy en día sus múltiples tareas y asegurar su mutación.

b)  La democratización

También hay que recordar, como lo hizo el Director General, que la educación superior se halla frente a un auge de la democratización y a un reforzamiento del Estado de derecho en casi todas las sociedades. Es indiscutible la función que cumplen la educación en general y la superior en particular en el progreso y la preservación de la democracia, y en la formación de los jóvenes y los adultos en materia de ciudadanía democrática.

Esta evolución se caracteriza también por el lugar que ocupa la mujer en los procesos de decisión. La lucha por el reconocimiento de una igualdad completa no tiene lugar sin dificultades e inclusive sufrimientos, pero se trata de un gran desafío para la educación superior en el siglo XXI. Se refirieron a esta cuestión numerosos participantes, especialmente en el grupo dedicado a este tema, que insistió en la responsabilización de las mujeres, y en la necesidad de tomar medidas que les permitan conciliar el acceso a las responsabilidades en la carrera profesional con la vida familiar.

c)  El progreso de la ciencia y la tecnología

También plantea un reto el progreso de la ciencia, que es la condición de un desarrollo sostenible, como lo subrayaron en particular Irán y Suiza, lo que no debe hacer olvidar que el desarrollo de los países puede ser también un requisito del desarrollo de la ciencia. Los problemas de orden ético que plantean las investigaciones científicas y sus aplicaciones ofrecen a la enseñanza superior un vasto campo de estudio y prospectiva. Estos aspectos tuvieron gran resonancia en las deliberaciones del segundo grupo temático, que ve en ellos una respuesta para afrontar la complejidad y los cambios de nuestro fin de siglo.

Lo mismo puede decirse –cuestión abundantemente mencionada- del lugar que han tomado las tecnologías de la comunicación en nuestras sociedades, con las consecuencias que la invasión del mundo virtual tiene sobre la ampliación de la brecha entre los países industrializados y postindustrializados y los países en desarrollo. Sería conveniente, midiendo bien los profundos trastornos que acarrean las tecnologías en la sociedad y por lo tanto en la educación, abstenerse de un excesivo optimismo.

d)  El medio ambiente

Tampoco sería oportuno ser optimistas en cuanto al estado del planeta que vamos a dejar a las generaciones futuras. La educación superior no puede replegarse sobre sí misma e ignorar los atentados al medio ambiente que deploramos sin ser capaces de reparar cabalmente. Desde luego, el crecimiento demográfico y la urbanización desenfrenada no son ajenas a este grave problema del porvenir ecológico de nuestro planeta. Estos problemas suscitaron ecos en varias delegaciones, entre ellas la de Côte d’Ivoire.

e)  La exclusión social

La disminución de la actividad agrícola e industrial, variable según los países, y el desarrollo del sector de servicios, que fueron mencionados en el debate sobre "responder a las exigencias del mundo del trabajo" plantean otro problema relacionado con la evolución de la economía y de la estructura de los empleos. Son cada vez más numerosos los sectores de la población que se enfrentan a la exclusión social, y los propios jóvenes diplomados son también víctimas del paro; es sin duda el problema más agudo que tenemos hoy en día. En efecto, una de sus consecuencias es que afecta a todos los esfuerzos de democratización y a los valores de nuestras sociedades. Hay que atreverse a compartir, nos invita el Director General de la UNESCO. En este caso también la enseñanza superior tiene sin duda una misión que cumplir, desarrollando capacidades nuevas de adaptación a las evoluciones económicas, en la perspectiva de una mejor cohesión social y de un refuerzo de la ciudadanía democrática. Compartir en los países, y entre ellos, exige ciertas condiciones previas: la decisión de promover y respetar los derechos humanos fundamentales, una voluntad política de apostar al desarrollo humano, un profundo sentido de la solidaridad y una movilización de todos los agentes institucionales y financieros, públicos y privados.

f)  El éxodo de profesionales

El éxodo de profesionales constituye para numerosos países en desarrollo un grave problema. Aunque sea conveniente mantener la movilidad que es fuente de enriquecimiento intelectual, hay que tomar medidas que favorezcan el retorno al país de origen y la participación en su desarrollo económico, social y cultural. Los estudiantes abordaron ampliamente esta dimensión en su mesa redonda y en el grupo temático dedicado a su concepto sobre lo que debería ser la nueva sociedad.

g)  Los conflictos armados

Nuestras sociedades son atravesadas por numerosos conflictos, de los cuales los más graves son las guerras regionales o nacionales. Las violencias registradas dentro de numerosos países son un síntoma de la dificultad que tienen los ciudadanos, entre ellos numerosos jóvenes, para entrar en una nueva sociedad, de la que han desaparecido la mayor parte de los antiguos puntos de referencia, donde los valores ya no son perceptibles. Como lo señalaran en particular Costa Rica y la India, la universidad tiene una función que cumplir en la instauración de una cultura de paz. Confiar en la juventud, y dentro de ella, en los estudiantes, es sin duda un reto al que la enseñanza superior debe responder en nuestros países.

Este es el contexto, complejo, en el que se nos invita a elaborar una nueva visión de la educación superior y, desde un comienzo, se plantea una pregunta: ¿puede la educación superior responder a nuevas misiones, sin cambiar de naturaleza? Este interrogante fue planteado por Brasil y fue objeto de los trabajos del grupo temático Nº 6. ¿Cuáles son los desafíos que se plantean al iniciarse el tercer milenio?

II. Las grandes tareas de la educación superior en el siglo XXI

¿Cómo no aprovechar este gran encuentro internacional para observar en las constataciones formuladas, en las iniciativas tomadas en diversos lugares, tanto en los éxitos como en los fracasos, los principales interrogantes que se plantean a la educación superior de hoy y de mañana? En este punto encontramos los cuatro grandes ejes que sirvieron de articulación a esta Conferencia Mundial y a las diversas actividades que la precedieron.

a) La pertinencia

Nos enfrentamos en primer término a la necesidad de instaurar una enseñanza masiva integrada en una educación a lo largo de toda la vida. En varias intervenciones, entre ellas la de Chile, se señaló y apreció el interés general que se manifiesta actualmente respecto de la educación superior, inclusive entre los más importantes donantes de fondos, lo que es un signo de un cambio de estado de ánimo. Se reconoce que la enseñanza superior es un factor de desarrollo en una sociedad y una economía fundada en el conocimiento. Empero, hay que estar en condiciones de impartir una formación pertinente y de calidad al mayor número posible de jóvenes, para darles acceso al mercado del empleo y permitirles actualizar ulteriormente sus conocimientos.

Nos hemos referido a la apertura de la educación superior a un mayor número de estudiantes. Esto supone, según el representante de Indonesia y otros oradores, que haya posibilidades reales de respuesta a la creciente demanda de educación superior en los diferentes países del mundo. Sin duda, la enseñanza superior masiva es ya una realidad en algunos países, en tanto que otros ya han emprendido la marcha hacia ese objetivo que exige cooperación y solidaridad. En la última parte del presente informe volveremos a referirnos a este aspecto.

Para todos, la experiencia de la democratización de la enseñanza superior choca con la exigencia de pertinencia. Los debates demostraron que la pertinencia es un concepto dinámico, que difiere según los contextos y según los públicos; sin duda, hay que atender particularmente a los grupos minoritarios. El problema de determinar quién decide acerca de la pertinencia se analizó tanto en la Comisión II como en plenaria. Los oradores de Canadá, Colombia, Egipto e Irán insistieron especialmente en esta dimensión. A nuestro juicio, los trabajos indican que la pertinencia sólo puede ser resultado del diálogo y de la concertación con los diferentes interesados, entre ellos los estudiantes.

b)  La calidad y su evaluación

La calidad de la enseñanza superior se reconoce sobre todo por el tenor de sus principios éticos y pedagógicos. La atraviesan varios conflictos y paradojas: la paradoja entre la expansión y la dispersión de la demanda por una parte, y el paro que afecta a un número cada vez mayor de diplomados, por otra; entre el deber de igualdad y de justicia y los límites financieros de una masificación de esta forma de educación; finalmente, entre la obligación ética y moral y las diversas tentaciones de abuso de los conocimientos y los descubrimientos. Frente a estas tensiones y paradojas, la educación superior debe elaborar una nueva ambición, recurrir a su adaptabilidad, su flexibilidad y su imaginación para desarrollar capacidades de resolución de problemas y de anticipación, armarse de un espíritu crítico constante, y promover el trabajo de equipo, sin abandonar jamás su filtro ético.

El reto de la calidad no puede disociarse de la búsqueda del rendimiento y del establecimiento de criterios de evaluación. Es conveniente que esas normas y criterios tomen en cuenta la variedad de las situaciones. La necesidad de desarrollar una cultura de la evaluación es inseparable de la noción de calidad, que a su vez está íntegramente vinculada a una democratización efectiva del sistema de educación superior.

c)  Gestión y financiación

La Comisión III tenía la misión de examinar estos problemas particulares.

La educación ya no puede estar (y de hecho no lo está, en muchos casos) replegada en una torre de marfil. Es indispensable compartir las responsabilidades con el conjunto de los interlocutores, tanto dentro como fuera del establecimiento.

Dentro del establecimiento, las responsabilidades incumben al conjunto de los usuarios, formadores e investigadores, estudiantes, funcionarios administrativos y, en general, a todos los que cumplen funciones de gestión o de asesoramiento. Se deben instaurar nuevas formas de gestión que fortalezcan el trabajo colegiado y la transparencia.

En el exterior es notoria la multiplicación de interlocutores: empresas, colectividades territoriales en el marco de procedimientos de descentralización, establecimientos de investigación científica independientes de la universidad, etc. La educación superior ha desarrollado sus relaciones con el mundo económico; los dos universos han dejado de ignorarse y de criticarse. Pero en esta asociación, la educación superior debe evitar adoptar una actitud mercantil; como lo subrayó vigorosamente el Primer Ministro de Francia, sin duda el mercado es una realidad insoslayable, pero no hay que dejarse determinar por sus exigencias. Esta problemática parece particularmente aguda en los países en transición.

La asociación con la industria y con otros sectores de la sociedad puede por otra parte favorecer una mayor profesionalización de la educación superior. En muchos países son ya habituales las prácticas profesionales en empresas, mientras que numerosos profesionales de empresas participan en la enseñanza superior. En otro plano, se pueden establecer estructuras consultivas que permitan a las empresas participar en la gestión de la universidad, las universidades y las empresas pueden mancomunar sus esfuerzos en proyectos de investigación, se pueden contemplar conjuntamente ayudas para la búsqueda de empleo, etc. Todo esto exige un cambio de comportamiento en las empresas, del mismo modo que en las universidades se ha tomado conciencia de la necesidad de cambio.

En el marco de esta gestión delicada, exigente, hay que respetar la autonomía de los establecimientos y el ejercicio de las libertades académicas. En el plano nacional, la creciente cantidad de establecimientos muy diversos que se necesitan para hacer frente a la evolución de la demanda no puede administrarse convenientemente sin mecanismos flexibles y sin un cierto grado de descentralización.

La función de tutela debiera ejercerse mediante una política que estimule y apoye y no una política que restrinja. Es la única manera de lograr que se desarrollen formas de enseñanza superior mejoradas adaptadas a la demanda: universidades abiertas, prestatarios privados de diversos tipos, modalidades de educación a distancia, campus virtuales, redes comunes a varios lugares, etc.

Desde luego, los grupos de trabajo exploraron los recursos que para estos fines ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, por ejemplo la posibilidad de crear universidades virtuales como la Universidad de las Naciones Unidas. En torno a este tema giró un nutrido debate que dio lugar a interesantes propuestas. Una ilustración por videoconferencia mostró los cambios fundamentales que el paso de lo tradicional a lo virtual suscita en esos tres pilares de la enseñanza superior que son los cursos, los laboratorios y las bibliotecas. Los oradores subrayaron la repercusión de esas nuevas técnicas, sin perder de vista las dimensiones ética, cultural y geopolítica relacionadas con el acceso a esos instrumentos, a la generación de conocimientos y a su difusión. Se recomendó que se instaurara una cooperación Norte-Sur y Sur-Sur para facilitar el acceso generalizado a esas tecnologías, fortalecer las capacidades endógenas y poner los conocimientos así producidos a disposición de todos.

Sin embargo, las tecnologías no pueden resolverlo todo. Como lo señaló el representante de Argelia, hay que hacer esfuerzos particulares en favor de las mujeres, que en numerosos países siguen estando al margen de la educación superior y de los procesos de decisión en la sociedad. Las tecnologías pueden ser un instrumento, pero una auténtica democratización de la educación superior exige también que se eliminen los obstáculos socioeconómicos, culturales y políticos que se oponen a su acceso pleno a la educación y a su perfecta integración social.

La financiación de la educación superior sigue siendo un problema crucial al iniciarse el siglo XXI. La flexibilidad deseada por las universidades, y ya ampliamente obtenida, no es un motivo para abstenerse de rendir cuentas; habrá que encontrar, según algunos oradores, entre ellos el de Swazilandia, modalidades que respeten la autonomía de los establecimientos y que permitan al mismo tiempo obtener cuentas; la financiación basada en el rendimiento es una de las numerosas vías que permitirían lograr este fin. De todas maneras, no se debe en ningún caso atentar contra las libertades académicas y los principios fundamentales relacionados con ellas.

Habida cuenta del desarrollo de la enseñanza superior, el Estado no puede esperar ser la única y ni siquiera la principal fuente de financiación de todo el sector. Comparten esta opinión varios oradores, por ejemplo Marruecos. Sin embargo, ello no reduce su deber de velar por que la enseñanza superior sea adecuadamente financiada. La fórmula de contratos como se practica en Francia, que vinculan por cuatro años los establecimientos de enseñanza superior y el ministerio de tutela, puede permitir a éste definir su participación financiera, pero no excluye que el establecimiento busque otros asociados. Muchos participantes, como los de Cabo Verde y Malí, manifestaron su preocupación por el alejamiento del Estado. Sin duda, es evidente que éste no puede hacerse cargo de toda la financiación. Conviene por lo tanto crear, en el nivel en que se adoptan las decisiones, un entorno favorable a una diversificación creciente de las fuentes de financiación de la educación superior. Las soluciones serán variadas y numerosas. De todas maneras, conviene alentar el espíritu empresarial en los establecimientos que procuran obtener ingresos no sólo mediante actividades tradicionales de investigación y formación, sino también por medio de operaciones comerciales o de producción. En otros casos, esto se traduce en un desarrollo siempre creciente de un sector privado de la enseñanza superior. Aparecen sin cesar nuevas modalidades de diversificación de recursos, que son necesarias por diferentes presiones y posibilidades; la UNESCO y otras redes podrían desempeñar una útil función ocupándose de difundirlas.

Todas estas posibilidades de diversificación presentan no obstante peligros que es indispensable evitar. El más grave es el de atentar contra la igualdad de acceso a la educación superior. La enseñanza privada, por ejemplo, que contribuye a ampliar un acceso que sin ella no sería posible, tiene cierta tendencia a hacer pagar los estudios y por lo tanto recluta menos estudiantes desfavorecidos. El compromiso del Estado y el mantenimiento de un servicio público siguen siendo los garantes de la igualdad de oportunidades y de la democratización de la educación superior.

d)  La cooperación internacional

En este punto del análisis de las grandes mutaciones de la educación superior consideramos necesario, y a ello nos invitan los textos que vamos a aprobar, prestar mayor atención a la experiencia internacional, a la colaboración y a la solidaridad en favor de la cual se pronunciaron varias delegaciones, entre ellas la de Sudáfrica.

Los documentos de trabajo en los que se presentaron experiencias institucionales, nacionales y regionales insisten en la contribución de la cooperación a una mayor solidaridad y una paz genuina. Esta cooperación es necesaria no solamente para fortalecer la calidad, la pertinencia y la eficacia interna de la educación superior, sino también para tender puentes entre los asociados locales y nacionales y entre las naciones.

Los participantes en la Comisión IV apoyaron las ideas expuestas en el documento de trabajo que se les había sometido, y pidieron claramente, por iniciativa de la Asociación Internacional de Universidades, que la educación superior comprendiera entre sus misiones principales la cooperación internacional y la necesidad de promover la pluralidad de las culturas, una conciencia mundial de los problemas y un desarrollo durable en todo el mundo.

En el plano internacional, se señaló que la constitución de redes de instituciones de enseñanza superior e investigación en el marco de programas como por ejemplo el de UNITWIN-Cátedras UNESCO, constituía una metodología innovadora en el fortalecimiento de las capacidades nacionales e institucionales de los países en desarrollo.

Para numerosos Estados en desarrollo, varias organizaciones no gubernamentales y fundaciones, el espacio abierto de aprendizaje y formación que favorece la movilidad académica es privilegio exclusivo de los países industrializados. Los países en desarrollo sufren el éxodo de competencias que es una forma de exilio de las inteligencias, así como sus consecuencias nefastas sobre sus capacidades para reforzar sus instituciones y formar ciudadanos críticos y creativos. La Conferencia no estableció una relación automática entre estos fenómenos, pero hizo suya esta preocupación y formuló un llamamiento para que se propicie la movilidad, y al mismo tiempo se ayude a los países privados de sus especialistas a preservar y motivar a sus expertos en el país o a incitarles al retorno, estableciendo ejes de cooperación institucional Norte-Sur y creando centros de excelencia en los países en desarrollo. En este sentido, TOKTEN y TALVEN, presentados durante nuestros trabajos, constituyen ejemplos interesantes.

Varios participantes apoyaron la propuesta de "universitarios sin fronteras" expuesta en el documento de trabajo, y pidieron que se explorara esa posibilidad.

En cuanto a los trabajos que se podrían realizar en común sobre la calidad, recordemos que numerosos países pidieron que se elaboraran normas internacionales indispensables para la evaluación de la calidad, que respetaran la diversidad y la especificidad de los países. De manera más general, así como seis comités intergubernamentales se dedican con determinación al ámbito del reconocimiento de los estudios, diplomas y títulos de la enseñanza superior, se consideró conveniente que otras instancias análogas analizaran la evaluación de la cooperación internacional. Recogiendo algunas observaciones formuladas por el representante de Marruecos, parece necesario que la UNESCO suscite un informe de evaluación sobre las formas de esta cooperación y sobre sus prácticas en función de las necesidades específicas de cada región.

Conviene también subrayar la misión de peritaje, de ayuda al fortalecimiento de las capacidades que la UNESCO debe cumplir en el ámbito de la enseñanza superior, así como en sus demás esferas de competencia. En materia de libertad académica, los participantes pidieron que la UNESCO continuara su acción. Insistieron particularmente en el seguimiento de la Recomendación relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior, aprobada por la Conferencia General de la UNESCO en 1997. También mencionaron la idea de establecer un grupo permanente de reflexión cuyo mandato consistiría en elaborar una carta universal de las libertades académicas.

Conclusión: Incitación a la acción

Hemos llegado al término de los trabajos de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior.

Los textos que hemos aprobado constituyen para nuestros Estados, para nuestros establecimientos de enseñanza superior, para las organizaciones no gubernamentales y para todos los presentes, pistas de trabajo que nos comprometemos a explorar a fondo en cada uno de los países y en el marco de la cooperación internacional.

Sin embargo, este ejercicio, que adoptó la forma de numerosas consultas y culminó en este encuentro internacional, sería vano si concluyera esta tarde.

La primera tarea consistirá en explicar y defender, enseguida en convencer. Para ello conviene que la Declaración y el Marco de Acción sean ampliamente difundidos entre los responsables de la enseñanza superior, los universitarios, todos los especialistas pertinentes, las numerosas instituciones interesadas de la sociedad civil, etc. En nuestros países tendremos que organizar encuentros de reflexión, establecer grupos de trabajo para estudiar a fondo diversos aspectos de la Declaración y del Marco de Acción, y estudiar la aplicación de reformas.

Nuestros textos no se detienen aquí. Incitan a una cooperación regional e internacional reforzada y a una solidaridad activa con los países cuyo desarrollo experimenta retrasos. Habría que evitar que, dentro de algunos años, comprobemos con pesar que las diferencias y las brechas han aumentado aún más, que las competencias de los países del Sur han seguido marchando al exilio, pervirtiendo la función de una movilidad necesaria y estimulante, que en numerosos países la enseñanza superior no está en condiciones de contribuir eficazmente al desarrollo del sistema educativo en su conjunto y a la calidad de la educación básica.

Esta es la razón por la cual debemos forjar una nueva generación de modelos de cooperación que se apoyen en las necesidades locales, que tengan en cuenta las realidades económicas y sociales y las especificidades culturales, que ofrezcan servicios consultivos y conocimientos especializados sin imponer nada ni imponerse. Cooperar es actuar juntos para llevar a cabo una acción coordinada. Esto es lo que se nos propone.

Al término de los trabajos de la Conferencia Mundial, es imprescindible evitar que el telón caiga para siempre sobre esta visión de la enseñanza superior en el siglo XXI. La Declaración final y el Marco de Acción Prioritaria que hemos aprobado tienen por objeto incitar a la acción a todos los agentes que durante esta semana de octubre de 1998 se han desempeñado de manera tan activa y constructiva. Les corresponde, cada uno en su lugar, cada uno con sus responsabilidades, esforzarse por su aplicación, a fin de hacer frente todos juntos a los desafíos del próximo milenio.

Por mi parte quisiera, al terminar este informe, agradecer al Grupo de Redacción, a los miembros de la Secretaría de la UNESCO y a todos los que me han acompañado durante esta semana de trabajo. Por su abnegación, su apoyo, la pertinencia de su participación, la confianza que me demostraron al confiarme la exaltante tarea de Relatora General de la Conferencia, reciban todos mi profundo reconocimiento.

Suzy HALIMI