Conferencia Mundial sobre la Educación Superior

La Educación Superior en el Siglo XXI
Visión y Acción

Debate Temático:

Preparar para un Futuro Sostenible:
La Educación Superior y el
Desarrollo Humano Sostenible

 

 

UNESCO, París
5-9 de octubre de 1998

Dirección: La Universidad de las Naciones Unidas (UNU)

Redactado por: Prof. Hans van Ginkel
Rector, UNU
Tokyo

en colaboración con:

AIU

CRE-COPERNICUS

El proyecto de documento fue presentado para recabar observaciones a un gran número de organizaciones. Se recibieron observaciones de:
1. Consejo Internacional de Enfermeras (CIE).
2. Federación Mundial de Educación Médica (FMEM).
3. World Business Council for Soutainable Development
4. UNEP - State of the Environment Reporting Programme
5. UNESCO-Proyecto Interdisciplinario de Cooperación Interinstitucional: Educación e Información en Materia de Medio Ambiente y Población para el Desarrollo Humano (EPD).
6. UNDP - Bureau for Development Policy
7. Inter-university Conference on Agricultural and Related Science in Europe (ICA)
8. Soroptimist International
9. Consejo Internacional para las Iniciativas Medio Ambientales (ICLEI).
10. Indira Gandhi Institute of Development Research
11. Asociación de Universidades de Asia y el Pacífico (AUAP).
12. Asociación de Universidades Europeas (CRE).
13. Association of University Departments of Environmental Sciences in Europe (auDes)
14. Global Organization of Students for Environmental Action (GOSEA)

 

 

Resumen

La Conferencia Mundial sobre la Educación Superior procura lograr que la educación superior sea capaz de responder a las necesidades de la sociedad en el siglo XXI. Como parte de la Conferencia Mundial, el Debate Temático sobre "Preparar para un Futuro Sostenible: la Educación Superior y el Desarrollo Humano Sostenible" contribuirá a que la atención se concentre en la función de la educación superior en la preparación de las nuevas generaciones para un futuro sostenible. La ponencia que prepara el terreno para el Debate Temático se basa en los argumentos y los resultados de los debates celebrados en universidades y entre universidades en diversos lugares durante el pasado decenio, así como en la labor realizada por las Naciones Unidas luego de la Cumbre para la Tierra celebrada en Río de Janeiro en junio de 1992.

En la ponencia se examinan los nuevos conceptos del "desarrollo humano sostenible", observando que el desarrollo sostenible no es una noción fija, sino más bien un proceso de cambio en las relaciones entre los sistemas y procesos sociales, económicos y naturales. Esas interrelaciones nos plantean el desafío de conciliar el progreso económico y social con la salvaguardia de los sistemas mundiales de mantenimiento de la vida. Tal desafío se relaciona pues con la función de las universidades, y de todas las instituciones de educación superior, de ampliar nuestra comprensión de las cuestiones que están en juego, y las llama a dirigir y a desarrollar estrategias coherentes para el futuro y a intensificar la conciencia de los problemas y las soluciones en sus programas educativos. También señala a la atención la necesidad de que las universidades tomen la delantera dando ellas mismas buenos ejemplos en los planos local y regional.

La ponencia se refiere a la educación "superior" y el desarrollo humano sostenible, no a la educación en general. Plantea cierto número de preguntas concretas acerca de la mejor manera de fomentar programas de educación y de investigación interdisciplinarios y en colaboración, de promover redes de discurso interdisciplinario y de alentar a profesores y estudiantes a adoptar una perspectiva "ambiental" en cualquiera sea la esfera de estudio a que se dediquen. En la ponencia se expone el papel que empiezan a asumir las universidades de refinar el concepto y los mensajes clave de la educación para el desarrollo sostenible, integrando las preocupaciones ambientales, demográficas, económicas, sociales y varias otras, que son inherentes a la compleja noción de sostenibilidad. Indispensable para el éxito de las universidades al reorientar sus programas de investigación y sus planes de estudio es la capacidad que tengan para la cooperación interdisciplinaria flexible y para colaborar con las instituciones exteriores. Modificar la manera en que la gente funciona, fortalecer su "impulso interno" para contribuir al desarrollo sostenible se considera más importante que los cambios en la educación superior a nivel de sistema.

En la ponencia, además de determinarse las cuestiones fundamentales que se han de discutir durante el debate temático, se presenta una estrategia de acción futura con seis medidas clave que han de aplicarse para colmar la brecha entre la teoría y la práctica, los ideales y la realidad, al preparar a las generaciones futuras para un desarrollo sostenible.

Índice

1. Introducción

2. Desarrollo Humano Sostenible

3. Las Universidades: Puntales Intelectuales

4. La Educación Superior y el Debate sobre el Desarrollo Sostenible

5. La Realidad Rebelde: Centro del Debate Temático

6. Reorientar la Educación Superior

7. Estrategia para la Acción Futura

Anexo 1: Documentos de Base

Anexo 2: Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, sexto período de sesiones, 20 de abril a 20 de mayo de 1998,

Documento final

 

 

PREPARAR PARA UN FUTURO SOSTENIBLE:

LA EDUCACIÓN SUPERIOR Y EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE

..."La clave de un desarrollo sostenible e independiente es la educación, educación que llega hasta todos los miembros de la sociedad, a través de nuevas modalidades, nuevas tecnologías a fin de ofrecer oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos... Debemos estar dispuestos, en todos los países, a remodelar la educación de forma de promover actitudes y comportamientos conducentes a una cultura de la sostenibilidad". (Federico Mayor, Director General de la UNESCO, junio de 1997).

1. Introducción

La Conferencia Mundial sobre la Educación Superior apunta muy alto. Su objetivo máximo es "volver a pensar", incluso "volver a crear" la educación superior, para garantizar que será capaz de responder a las necesidades de la sociedad en el siglo XXI. El centro de las discusiones no será lo que "es", si no lo que "debería ser". No sólo deberían indicarse las direcciones que se han tomar, deberían formularse metas, esperanzas y recomendaciones, sino que además deberían trazarse planes de acción claros.

Un sistema de educación superior de ese tipo, un sistema que se ajuste a las necesidades de la sociedad en el siglo XXI en cuyos umbrales nos encontramos, debería ser mucho más amplio de lo que el concepto de la universidad de investigación tradicional permite. La diferenciación del sistema de educación superior es ya una tendencia importante en muchos países, cuando no un hecho en algunos. Pero pasará a ser universal, porque la educación superior en todo el mundo deberá atender a grupos de estudiantes cada vez más heterogéneos. Heterogéneos en cuanto a contextos culturales, motivación, edad y experiencia, fines, perspectivas de trabajo, etc.

Las instituciones de educación superior deberán, por consiguiente, diferir en las maneras y grados en que combinen la enseñanza, la formación y la investigación, transfieran innovaciones y reflexiones innovadoras en aplicaciones y a la sociedad, así como en las maneras en que estimulen a los estudiantes para estudiar, para buscar conocimiento. Por lo tanto, se diferenciarán en el contenido y la estructura de sus programas y en las formas en que éstos serán tratados, así como en la preparación y el perfil del personal docente: educadores y directores de estudios. Juntas, estas instituciones, en formas y combinaciones variables, a menudo explicables sólo por procesos históricos culturalmente diversos, habrán de facilitar la amplia gama de posibilidades de estudio que pueda satisfacer una demanda cada vez más diferenciada.

Ahora bien, lo que no cambiará es la necesidad que estas instituciones tendrán de preparar a las nuevas generaciones para el futuro, un futuro que, hoy en día, está cambiando de manera más rápida y trascendente que nunca antes. Tal perspectiva no debería, empero, causar temor, sino verse más bien como un desafío. Es hora de que el cambio entre en una nueva etapa de la humanidad en la cual muchas de las ambiciones sobre la paz y el progreso de los pueblos en todo el mundo consignadas en la Carta de las Naciones Unidas, podrían realizarse, si se aprovechan las oportunidades. Preparar a las nuevas generaciones para ese desafío, darles los medios para que puedan cambiar las cosas, es una tarea estimulante para todos aquéllos que participan directamente o se interesan en la educación superior en la actualidad.

Esta ponencia sirve para introducir el debate temático sobre el papel de la educación superior en la preparación de las nuevas generaciones para un desarrollo sostenible. Se basa en los argumentos y resultados de debates celebrados en universidades y entre universidades en diversos lugares durante el último decenio, así como en la labor realizada por las Naciones Unidas, sus organizaciones y organismos desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992. En particular, la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y la UNESCO, con su Proyecto Transdisciplinario "Educación para un futuro sostenible", y en su calidad de director de tareas de esa Comisión en relación con el capítulo 36 del Programa 21, "Sensibilización del Público y Capacitación", han contribuido apreciablemente a un enfoque claro y preciso de nuestro tema. Esta ponencia presenta las cuestiones que están en juego y los temas centrales del debate.

2. Desarrollo Humano Sostenible

Recientemente, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan (1998), presentó los desafíos de la Nueva Era Mundial, con las siguientes palabras:

..."Tanto a nivel internacional como nacional, fuerzas fundamentales están reconfigurando las pautas de la organización social, las estructuras de oportunidades y limitaciones, los objetos de aspiración, y las fuentes de temor. La mundialización envuelve el mundo al mismo tiempo que la fragmentación y la afirmación de las diferencias van en aumento. Las zonas de paz se amplían en tanto que se intensifican los estallidos de horrible violencia; se está creando una riqueza sin precedentes, pero en grandes zonas la pobreza sigue siendo endémica; cada vez más, la voluntad del pueblo y sus derechos integrales se ven tanto respetados como violados; la ciencia y la tecnología favorecen la vida humana al tiempo que sus subproductos amenazan los sistemas mundiales de mantenimiento de la vida"...

Es posible que la Universidad de las Naciones Unidas haya actuado precozmente cuando en 1976 nombró al primer vicerrector de "Desarrollo Humano y Social" e incluyó los sistemas mundiales de mantenimiento de la vida como uno de los principales temas de sus programas de investigación, poco después. El concepto de desarrollo humano y el concepto afín de seguridad humana, empero, han suscitado interés y aplausos generalizados desde que se publicó por primera vez, en 1993, el innovador "Informe sobre desarrollo humano". De hecho, en el período transcurrido desde entonces han tenido lugar cambios importantes. En especial, el final de la era de la rivalidad entre las superpotencias y el enfrentamiento militar ha desencadenado un número y una variedad sin precedentes de procesos de transformación internacional de índole económica y política, pero también social y cultural. La mundialización, inicialmente un concepto económico, ha pasado ahora a entenderse en un sentido mucho más amplio como un proceso poderoso y omnipresente que, de hecho, abarca todos los aspectos diferentes de la vida y la sociedad. Ofrece grandes oportunidades de bienestar sostenido, pero también plantea numerosos desafíos de política. Estos guardan relación con los riesgos inmanentes creados por los mercados financieros que carecen de salvaguardias de regulación críticas, así como por una falta de comprensión, o una comprensión insuficiente, del desarrollo y los intereses a largo plazo de los seres humanos. Tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados, es completamente evidente que el Estado, aunque no sea un creador de riqueza en sí mismo, tiene funciones cruciales que desempeñar en cuanto a proporcionar un medio ambiente habilitante para el desarrollo sostenible. El Informe sobre el Desarrollo Mundial (1997) del Banco Mundial demuestra claramente cuán esencial es un "Estado" eficaz en este aspecto. Sin embargo, se está tornando una tarea cada vez más compleja encontrar un equilibrio adecuado, en particular cuando la sociedad civil es débil y las fuerzas transnacionales aplastantes.

Una de las funciones esenciales que el "Estado" tiene que desempeñar es garantizar la seguridad humana en los planos local, nacional y, -en cooperación- dentro de asociaciones regionales y las Naciones Unidas, en los planos regional y mundial. Garantizar la seguridad humana sin la cual el desarrollo humano sostenible no será posible. Nuestro futuro sostenible dependerá en gran medida de las maneras en que podamos vincular con éxito las esferas de la vida diaria (social) en el plano individual y local y de la vida económica en el plano regional y mundial. Esto es especialmente cierto en un momento en que una revolución notable de la tecnología de la información y la comunicación permite las transmisiones de voz y de datos en tiempo real en gran volumen y de gran calidad. En esas circunstancias:

..."el adjetivo mundial se refiere menos a un lugar que a un espacio definido por corrientes electrónicas y un estado de ánimo"... (Kofi Annan, 1998).

Ahora bien, el desarrollo humano sostenible no se basa sólo en la economía, la organización y la comunicación. Esencial para un desarrollo sostenible es velar por la utilización y la administración apropiadas del patrimonio que fue otorgado a la humanidad bajo la forma de la tierra. Esta tierra no sólo nos provee del terreno firme en que vivimos y de los recursos naturales que utilizamos en una gran variedad de procesos de producción y consumo, sino también del aire que respiramos y del agua que bebemos. Más que ninguna otra cosa, nuestra tierra común representa un interés público y una responsabilidad compartida. Compartida no sólo aquí o en un lugar específico, ya que la tierra y el aire se mueven libremente, compartida también, no sólo ahora o en un período de tiempo específico, ya que lo que utilizamos ahora -en especial los recursos agotables- no estarán disponibles para las generaciones futuras.

En su documento de base para la Conferencia Internacional sobre "Medio ambiente y Sociedad: Educación y Sensibilización en materia de Sostenibilidad" (Tesalónica, 1997), la UNESCO determinó algunos factores importantes e interrelacionados que contribuyen a las crecientes preocupaciones por la "sostenibilidad" entre los pueblos en todo el mundo. Estas preocupaciones van desde el rápido crecimiento y la distribución cambiante de la población mundial, pasando por la persistencia de la pobreza generalizada y de la degradación ambiental, hasta la propia noción de "desarrollo": qué ha llegado a significar y cómo se mide.

Como consecuencia de su carácter multidimensional, el desarrollo sostenible ha sido definido y caracterizado de maneras diversas. El concepto se mencionó por primera vez en el Principio 1 de la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano:

..."El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar, y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio para las generaciones presentes y futuras".

Y en los Principios 1 y 3 de la Declaración de Río de Janeiro sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo se afirmó al respecto, destacando más el derecho al desarrollo:

..."Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza".

..."El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras".

Estas formulaciones vinculan claramente los derechos humanos y la protección ambiental, reconociendo los derechos humanos como una meta fundamental y la protección ambiental como un medio esencial de alcanzar las "condiciones adecuadas" para "llevar una vida digna y gozar de bienestar" que son garantizadas. Puede considerarse que los vínculos entre los derechos humanos y el medio ambiente derivan del hecho de que la salud y la existencia humanas, protegidas jurídicamente como el derecho a la salud y el derecho a la vida, dependen de las condiciones ambientales.

El concepto de desarrollo sostenido fue presentado en 1987 en el informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo ("Informe Brundtland"), en el cual se definió de la siguiente manera:

..."es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades" y como "un proceso de cambio en el cual la explotación de los recursos, la orientación de la evolución tecnológica y la modificación de las instituciones están acordes y acrecientan el potencial actual y futuro para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas".

El desarrollo sostenible no es una noción fija, sino más bien un proceso de cambio en las relaciones entre los sistemas y los procesos sociales, económicos y naturales. La UNESCO, en la publicación antes mencionada (página 16), prosigue:

..."Acaso las definiciones usadas con más frecuencia son las que se concentran en la relación entre el desarrollo social y la oportunidad económica, por un lado, y las exigencias del medio ambiente por otro, es decir en el mejoramiento de las condiciones de vida para todos , especialmente para los pobres y los carentes, dentro de los límites de la capacidad de sustento de los ecosistemas. Esto no fija, necesariamente, límites para el "desarrollo" sino que, más bien, reconoce que las nociones y definiciones del desarrollo predominantes, deben evolucionar en relación con los cambios de exigencias y posibilidades... La sostenibilidad requiere un equilibrio dinámico entre muchos factores, incluidas las exigencias sociales, culturales y económicas de la humanidad y la necesidad imperiosa de salvaguardar el entorno natural del cual forma parte esa humanidad. Lo que se procura es lograr, para todos, la condición de "seguridad humana"."

Los procesos de transformación indicados en los párrafos precedentes han intensificado las interdependencias ambientales mundiales. De allí la importancia del proceso relativo al Programa 21, iniciado oficialmente en la CNUMAD en Río de Janeiro en 1992. En esa ocasión, la comunidad internacional refrendó el concepto de desarrollo sostenible como la clave para conciliar el progreso económico y social, salvaguardando al mismo tiempo los ecosistemas del planeta. El intenso interés público en la reciente Conferencia de las Partes en la Convención General de las Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos (Kyoto, 1997) constituyó una buena ilustración del apoyo generalizado al desarrollo sostenible. Los progresos logrados desde la Conferencia de Río de Janeiro, sin embargo, han sido hasta ahora decepcionantes, con unas pocas excepciones, como las iniciativas para aplicar el Programa 21 local. Las discusiones celebradas en Kyoto demuestran, además, que existe aún una gran incertidumbre en cuanto a qué medidas habrán de adoptarse exactamente, hasta qué niveles deberemos elevarnos para hacer frente a los desafíos que se nos plantean y, también, cómo compartir las responsabilidades comunes de manera justa.

Es aquí donde incumbe una gran responsabilidad a las universidades, de hecho a todas las instituciones de enseñanza superior, de preparar a las nuevas generaciones para un futuro sostenible. Es preciso que ampliemos nuestra comprensión de las cuestiones que están en juego. Mediante la reflexión que tiene lugar en las universidades y la investigación fundamental que realizan, deberían no sólo advertir, e incluso dar la alarma, sino también encontrar soluciones válidas. Deberían asimismo tomar la delantera y mostrar posibles maneras de actuar formulando planes de acción coherentes para el futuro. Deberían, por otra parte, fomentar la conciencia de los problemas y las soluciones en sus programas educativos y dar buenos ejemplos ellas mismas.

3. Las Universidades: Puntales Intelectuales

Este debate se centrará en la Educación Superior y el Desarrollo Humano sostenible; no en la educación en general. Entonces, ¿qué tiene que ver el desarrollo sostenible con la educación superior, en particular con las universidades? La respuesta de David L. Johnston, el entonces Director y Vicecanciller de la McGill University del Canadá y miembro del Consejo de Administración de la AIU en la Novena Mesa Redonda de la AIU (Kyoto, 19 de noviembre de 1993), fue sumamente clara:

..."Todo, diría yo, porque las universidades están singularmente equipadas para mostrar el camino. Por su misión especial de enseñar y formar a los dirigentes de mañana; por su rica y cada vez más extensa experiencia en la realización de investigaciones transdisciplinarias, superando de ese modo las fronteras tradicionales entre departamentos basados en disciplinas, y por su índole fundamental de motores del conocimiento, las universidades tienen un papel importante que desempeñar en un mundo cuyos límites nacionales se están disolviendo cada día para formar entidades regionales cada vez más pequeñas. De hecho, "papel importante" es comprender. Las universidades tienen un papel indispensable"...

Los dirigentes universitarios presentes en esta Mesa Redonda llegaron a la conclusión de que las universidades tiene una contribución singular que aportar, una contribución implícita en su misión y totalmente conforme con ella, de fomentar el saber mediante la investigación y la enseñanza. En el centro de todo esfuerzo por comprender y promover el desarrollo sostenible se encuentran cuatro elementos clave:

Esta contribución singular no es, empero, evidente. Harán falta planes de acci&oacut