Los docentes, constructores de la paz,

configuran el futuro

 

 

 

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Poner los cimientos para la paz plantea un reto tan serio a los maestros como a los signatarios de los tratados de paz. La solución de los conflictos y la aplicación de acuerdos de paz aparecen periódicamente en las noticias, pero hoy, en el Día Mundial del Docente, deberíamos preguntarnos hasta dónde se llegaría con estos esfuerzos en favor de la paz sin la contribución anónima de los 50 millones de docentes de la paz en el mundo. Día tras día y año tras año los docentes sientan las verdaderas bases de la paz. Transmiten conocimientos, valores y actitudes, las capacidades y los comportamientos que hacen posible que la paz no sea tan sólo la ausencia del conflicto sino que se transforme en una forma de vida para todos, y ponen diariamente en práctica la idea de que la justicia social es esencial para lograr una paz universal y duradera.

Millones de niños de todo el mundo viven hoy en día en un clima de violencia y también se cuentan por millones los que han conocido los horrores de un conflicto a gran escala. Otros son víctimas de la explotación en condiciones de trabajo infantil u otras formas de abuso. Por todo el mundo, los niños llegan a la escuela con la lección de la agresión aprendida. Además de su trabajo en la clase, los maestros se encuentran cada vez más a menudo con que tienen que resolver problemas de intimidación y acoso, encarar los síntomas del trauma y crear y transmitir un ambiente de cooperación donde las diferencias se pueden resolver dialogando.

En las escuelas, donde los niños reproducen las tensiones y las divisiones del mundo exterior, los maestros han de ayudar a sus alumnos para que aprendan lo importante que es tomar decisiones con fundamento, tener un espíritu crítico y restar importancia a las diferencias para poder convivir en armonía.

Cada vez que un maestro logra crear en clase un ambiente de tolerancia y apoyo, cada vez que un maestro hace posible que los niños desarrollen su confianza en sí mismos, capacidad de comunicar y resolver problemas, contribuye de modo decisivo a la consolidación de la paz.

Hoy rendimos un homenaje especial a los esfuerzos de los docentes comprometidos con esta faceta de su trabajo, sin disponer, las más de las veces, de una formación, un asesoramiento, unos seminarios o un material de consulta específicos. Desempeñan esta función de consolidación de la paz, tantas veces desapercibida y sin embargo esencial, a pesar de todos los problemas ocasionados por el escaso reconocimiento, el bajo salario, los recursos inadecuados y las malas condiciones de trabajo. Pero no basta con encomiar su labor. No se puede consentir que los que realizan una de las funciones de más vital importancia para nuestra sociedad no reciban un apoyo mayor. Tenemos que preguntarnos qué podemos hacer para que las condiciones de los docentes mejoren sustancialmente. El tamaño idóneo de las clases, la mejor formación del docente y las mayores posibilidades de promoción profesional, los salarios equiparados a los de profesionales con un nivel de preparación equivalente, el acceso a material didáctico actualizado y a las nuevas tecnologías de la información constituyen prioridades fundamentales.

La Recomendación de la UNESCO y la OIT relativa a la situación del personal docente sigue siendo un punto de referencia a este respecto. Aumenta en el mundo la voluntad de erradicar la pobreza; hay que dar prioridad en esa lucha a la función de la educación y colocar a los docentes en el centro de la reconstrucción social. Estos han de convertirse ahora en interlocutores activos en la planificación de la educación y los sistemas educativos, conforme a los derechos establecidos en la reglamentación internacional del trabajo en lo tocante a la libertad sindical y la negociación colectiva.

En esta quinta celebración del Día Mundial del Docente, hacemos un llamamiento a la comunidad mundial, los gobiernos, los parlamentarios, las autoridades municipales, los medios de comunicación, los empresarios, los padres y los líderes de la comunidad para dar a los docentes el apoyo que necesitan y el reconocimiento a la función esencial que desempeñan. Suele decirse que el conflicto es, en su origen, un problema de educación; si invertimos en el proceso de educación y en los docentes, que son quienes configuran el futuro, entonces por fin empezaremos a invertir de lleno en la paz y en un futuro mejor para todos los niños del mundo.

 

 

Federico Mayor

UNESCO

 

 Michel Hansenne

OIT

James Gustave Speth

PNUD

Carol Bellamy

UNICEF

                                                                                         

                                                                                       

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