Para realizar entrevistas se escogió al principio a reclusos que participaban en cursos de alemán para extranjeros. También se preguntó a los maestros e instituciones que organizaban esos cursos.
El proyecto de la Universidad de Düsseldorf también se ocupó de muchos problemas de los presos alemanes, interesándose especialmente en la situación de las mujeres reclusas y la producción de obras literarias en los establecimientos penitenciarios. Existe un informe completo sobre la investigación llevada a cabo acerca de estas cuestiones por los indicados grupos de estudiantes [241].
Sin embargo, el presente informe se limita a las necesidades en materia de aprendizaje del idioma alemán de personas no alemanas.
Alemania es una república federal que tiene 16 estados denominados Länder. Cada uno de ellos se encarga de la educación y la justicia, que pueden ser muy diferentes en cada Land. El presente informe se limita a Renania del Norte-Westfalia.
Antes de examinar la situación especial de los extranjeros en los establecimientos penitenciarios alemanes, conviene señalar las siguientes cifras que expresan la situación general con respecto a la población carcelaria de Renania del Norte-Westfalia:
a) A 31 de marzo de 1992, había 15.305 presos de ellos 508 mujeres y un 32% de extranjeros;
b) Un tercio de los 15.305 presos se encontraba en prisión preventiva;
c) Un tercio de los presos eran menores con edades comprendidas entre 14 y 21 años;
d) El 59% de los hombres, el 61% de las mujeres y el 94% de los menores carecía de oficio o profesión.
Según la declaración oficial del Ministerio de Justicia
del Land, la educación constituye la parte más importante
de la reinserción social. Esta afirmación se basa en que
la mayor parte de los presos poseen un bajo nivel de instrucción
ya que el 48% carece de certificado de estudios. Esta situación
se ve confirmada por la reducida cifra antes indicada en lo que respecta
a formación profesional.
Para reforzar la autoconfianza y personalidad de los internos, conseguir que puedan hacer frente con mayor facilidad a situaciones de conflicto y ayudarlos a conseguir y mantener un empleo a la salida de prisión, en el establecimiento penitenciario se puede impartir educación y formación escolar y profesional, efectuar los exámenes correspondientes y obtener los títulos pertinentes. En 1991 obtuvieron el certificado de estudios 1.431 internos, 2.426 hombres y 199 mujeres obtuvieron títulos de formación profesional, y 102 reclusos participaron en clases de alfabetización. Los establecimientos penitenciarios cuentan con maestros de enseñanza básica. Asimismo, organizan la enseñanza proporcionada por otras organizaciones sociales, religiosas o públicas, o por establecimientos locales de educación de adultos, en lo que se refiere a la formación profesional y social y a los problemas de drogas y alcohol.
La Internationaler Bund für Sozialarbeit (Federación Internacional de Trabajo Social), con sede en Wuppertal, se encarga de impartir clases de alemán a personas no alemanas en Renania del Norte-Westfalia. Se trata de una organización independiente apoyada por el Estado que fomenta las medidas de carácter social y educativo en favor de jóvenes desfavorecidos, extranjeros y personas de origen alemán recién llegadas al país.
Esta organización instruye todos los años a aproximadamente 1.000 internos, dos tercios de los cuales probablemente se encuentren en situación de prisión preventiva. Esta cifra representa aproximadamente un tercio de todos los presos extranjeros de Renania del Norte-Westfalia.
Las clases de alemán se dividen en tres niveles. Antes de participar en una clase, el alumno ha de someterse a una prueba para determinar un nivel adecuado. Cada curso dura aproximadamente tres meses. Tras alcanzar el tercer nivel (por consiguiente, en el caso de principiantes, transcurridas unas 40 semanas), los alumnos pueden examinarse de alemán o iniciar estudios de formación profesional.
Las clases de alemán son muy necesarias si se tiene en cuenta que el porcentaje de presos extranjeros crece sin cesar. En 1987 eran extranjeros el 17,7% de todos los imputados. En 1992 habían aumentado al 27,7%, incluidos miembros de las fuerzas armadas extranjeras (véase la figura I). La mayor parte procedía de Turquía, seguidos (como grupo) por Bosnia, Croacia, Eslovenia, Macedonia y Serbia (que en las cifras del Ministerio figuran como "ex Yugoslavia" -véase la figura II). Según datos del Ministerio, más de la mitad de los presos extranjeros son trabajadores procedentes de la Comunidad Europea o de países de emigración tradicional a Alemania (Filipinas, Marruecos, República de Corea, Túnez, Turquía y ex Yugoslavia). La otra mitad procede principalmente, en especial en los últimos años, de Europa oriental y suroriental y de África central y occidental.
La mayoría de los imputados extranjeros suelen ser procesados e ingresados en prisión. Esto significa que el porcentaje de extranjeros encarcelados es más elevado. También en este caso se ha registrado un aumento en los últimos años (véase la figura III). A 31 de enero de 1993, eran extranjeros el 38% de los internos de establecimientos penitenciarios.
Figura I. Porcentaje de extranjeros imputados
Figura II. Distribución por nacionalidades de
los imputados extranjeros
Fuente: Ministerio del Interior de Renania del Norte-Westfalia.
Figura III. Porcentaje de internos extranjeros en las instituciones penitenciarias de Renania del Norte-Westfalia
No obstante, debe distinguirse entre los presos preventivos y los ya condenados y entre los menores y los adultos. En 1993, el 50% de los presos preventivos no eran alemanes. El porcentaje de extranjeros entre los menores en prisión preventiva todavía es más elevado. En las instituciones correspondientes a las principales ciudades, esta cifra supera el 60%. Düsseldorf, con más del 80% de extranjeros, registra la situación más espectacular (véase la figura IV).
Un tercio de los presos con condena firma son extranjeros. No obstante, este porcentaje es más bajo, el 15,6%, en los establecimientos penitenciarios de alta seguridad (las llamadas prisiones de categoría C). Es lógico llegar a la conclusión que, debido a que presuntamente existe un mayor riesgo de huida, el porcentaje de presos preventivos extranjeros sea considerablemente superior al de presos con condena firme. Esta cuestión no es de interés directo para los autores del presente trabajo en su calidad de educadores. No obstante, se plantea la cuestión de si estos presos serán expulsados. El número de extranjeros es alto y tienen que ser considerados seres humanos con derecho a la educación.
Para recibir la máxima información posible el grupo de investigación se puso en relación con casi todos los 40 establecimientos penitenciarios del Land. Habida cuenta de la difícil situación de los internos extranjeros, resultó difícil conseguir respuestas válidas y sistemáticas a las preguntas formuladas acerca de la idea que tenían sobre sus necesidades de aprendizaje y las posibilidades existentes. No obstante, los datos obtenidos durante las visitas permiten establecer el variopinto panorama que se describe a continuación.
Es difícil encontrar el personal docente necesario porque
muchos posibles maestros imaginan que las prisiones están llenas
de violencia, drogas y guardias fuertemente armados. No es así,
aunque no es fácil trabajar en un establecimiento penitenciario
y la labor del personal docente es complicada. Las condiciones materiales
son relativamente poco atractivas, especialmente en los establecimientos
más antiguos. Las aulas suelen encontrarse en condiciones penosas.
Se carece de registradores de casetes y de proyectores de diapositivas
y sólo se dispone de pizarras. En algunas prisiones los maestros
no están autorizados a tener llaves. Por consiguiente, tienen que
pedir a los funcionarios de seguridad que les dejen entrar y salir. El
ambiente general (sin flores ni fotografías, únicamente acero,
hormigón y barrotes) causa gran tensión sicológica,
sobre todo al principio. El reto especial con que se enfrentan los maestros
es que no están allí
únicamente en calidad de docentes sino que a menudo tienen
que ser también interlocutores, trabajadores sociales o, simplemente,
personas que escuchan. Los internos extranjeros, debido a su conocimiento
deficiente del alemán, no pueden hablar con el sicólogo,
el trabajador o el capellán.
La presión sicológica que soportan los alumnos reclusos es muy elevada, especialmente cuando se encuentran en prisión preventiva. La inseguridad de no saber qué pena les espera provoca desesperación en muchos casos. Muchos alumnos están muy preocupados por su inminente juicio ante el tribunal o por sus familias en su país. Muchos internos juveniles proceden de reformatorios, por no tener padres o por haber cometido anteriormente algún delito. Esto tiene por consecuencia una propensión a la mentira y al robo y problemas relacionados con las drogas y las subculturas institucionales. Por consiguiente, los alumnos tienen que aprender en primer lugar a comportarse de forma aceptable socialmente. En la mayoría de casos su paso por la escuela terminó en fracaso. A pesar de ello, la mayoría se sienten muy motivados en las clases de alemán. En muchos establecimientos hay largas listas de espera, a veces de hasta dos meses. Sólo en prisión muchos se dan cuenta de que carecen de esperanza de encontrar trabajo en Alemania si no conocen bien el idioma. En tales casos, la mayoría reconoce que la falta de capacitación profesional les ha llevado entre rejas. A esta reflexión también contribuye sin duda la presión que supone pasar solo 21 horas al día en una celda de ocho metros cuadrados.
Por supuesto, algunos internos extranjeros poseen formación profesional obtenida en su país de origen, pero esta capacitación no se reconoce en Alemania y por consiguiente no pueden trabajar en su oficio o profesión.
La situación de los internos extranjeros es más difícil que la de los alemanes. Son extranjeros, con las consiguientes dificultades de adaptación que todavía hace más problemático el entorno carcelario. Muy a menudo sus familias siguen en sus países de origen, de tal forma que su aislamiento se ve aumentado por la falta de visitas.
El conocimiento del alemán constituye un requisito indispensable para la supervivencia de los extranjeros en los establecimientos penitenciarios porque sólo los que pueden hacerse comprender pueden participar en las actividades diarias. Incluso para cuestiones tan sencillas como conseguir una pastilla de jabón o papel de escribir, o para cuestiones más importantes como organizar una reunión con un trabajador social, es necesario llenar un formulario.
El objetivo previsto del encarcelamiento es impedir o disminuir la posibilidad de que un ex delincuente recaiga en el delito, permitiéndole desarrollar aptitudes profesionales y sociales necesarias para la reinserción social. Por esta razón, los establecimientos penitenciarios de Renania del Norte-Westfalia, al igual que todos los demás, ofrecen tantas oportunidades para que se instruyan los internos. Sin embargo, como es lógico, las personas que no hablan alemán tienen que aprender lo suficiente esa lengua para poder participar. Esto requiere cierto tiempo antes de que puedan aprovechar plenamente las oportunidades de que disponen los que saben alemán.
Por consiguiente, es lógico llegar a la conclusión
de que en un futuro previsible seguirá siendo muy necesario enseñar
alemán a las personas que no lo tienen como lengua materna o de
uso habitual.
A. El sistema penitenciario de Renania del Norte-Westfalia
B. Educación
en prisión
C. Enseñanza del alemán a presos no alemanes
D. Proporción de extranjeros en la población reclusa
E. Conclusiones a que se ha llegado después de celebrar entrevistas
en los centros
penitenciarios
1. Situación
de los maestros invitados
2. Situación
de los internos no alemanes
F.
Importancia de aprender alemán