La experiencia de educación básica de la prisión abierta de El Katta es la expresión de la cooperación nacional e internacional en la esfera de la prevención del delito y el tratamiento de los delincuentes. Representa la materialización práctica de conclusiones alcanzadas por estudios sobre política de prevención del delito llevados a cabo por autoridades universitarias o administrativas.
El proyecto de El Katta se remonta a 1983, cuando la Academia de Policía de El Cairo y el Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia, con sede en Roma, iniciaron conjuntamente un proyecto de investigación del delito en Egipto, centrándose en la amplitud del problema en dicho país y la política y prácticas penitenciarias. Mediante la evaluación de la situación del sistema existente se intentaba establecer una base sobre la que evaluar los cambios, así como proporcionar asesoramiento y asistencia al Ministerio del Interior con respecto al sistema penitenciario, de forma que pudieran determinarse medidas encaminadas a mejorar el tratamiento por medio de la capacitación y la realización de actividades lucrativas, para impedir la reincidencia y contribuir a reinsertar a los delincuentes en las estructuras del desarrollo económico [265].
Esta investigación inicial condujo a las conclusiones siguientes:
a) Las prisiones egipcias están abarrotadas ya que el número de presos supera en un 30% la capacidad oficial;
b) No obstante, existen grandes diferencias entre los establecimientos penitenciarios, ya que algunos están gravemente abarrotados y otros tienen un número de presos inferior a su capacidad;
c) La mayoría de los reclusos condenados tienen menos de 30 años, son analfabetos y han trabajado como peones sin especializar;
d) La mayoría de las condenas no llega a tres años;
e) Casi el 40% de los reclusos son prófugos del servicio militar;
f) Es preciso mejorar mucho la enseñanza y la rehabilitación social.
Sobre la base de estas conclusiones, el informe del Instituto Interregional y de la Academia de Policía recomendó entre otras cosas lo siguiente:
a) Que el tratamiento de rehabilitación se centrase en luchar contra el analfabetismo, sobre todo mediante la enseñanza básica formal, la formación profesional y la capacitación práctica para la vida social;
b) Que la labor de servicio social constituyera un elemento fundamental para la rehabilitación de los delincuentes;
c) Que se desarrollaran en prisión actividades productivas.
Las anteriores recomendaciones encontraron su aplicación práctica en la prisión abierta de El Katta que el Ministerio del Interior de Egipto eligió como proyecto experimental. Después de diversas consultas y reuniones de representantes del Ministerio del Interior con representantes del Instituto Interregional, el 22 de febrero de 1989 se firmó una carta de acuerdo. Posteriormente se estableció un plan maestro pormenorizado de los diversos planes agrícolas y de rehabilitación social.
El Gobierno de Egipto y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) compartieron la financiación del proyecto.
En Egipto se imparte enseñanza de conformidad con el artículo 28 y siguientes de la Ley 396 de 1956 y con el artículo 15 de la decisión 79 de 1961 del Ministerio del Interior. Todos los presos, habida cuenta de su edad, condena y nivel anterior de educación, tienen acceso a la enseñanza, que sin embargo no es obligatoria.
El director general de la administración central de prisiones, con ayuda del Departamento Social, decide los programas de educación. El Ministerio del Interior, por recomendación del director general, nombra los maestros, los cuales trabajan bajo la supervisión del director de prisiones y el funcionario principal encargado de la labor social en cada establecimiento.
Cada prisión tiene diversas dependencias con responsabilidades especiales, supervisadas directamente por el director en esferas como la administración, el control financiero, la seguridad, el empleo de los internos y la labor social, incluida la educación. La importancia de los diferentes componentes depende de muchos factores, entre ellos la situación geográfica y el grado de seguridad y la edad de los presos.
La prisión de El Katta es un establecimiento agrícola que abarca 600 hectáreas, situado a 50 kilómetros al oeste de El Cairo. El suelo es de arena pero puede aprovecharse. La región, regada por un canal que lleva agua de un afluente del Nilo, tiene huertos de naranjos y mangos, así como viñedos de propiedad privada, y constituye un ejemplo de la forma en que los seres humanos, con voluntad y fe en sus posibilidades, pueden transformar un desierto en tierras productivas. En 300 hectáreas de terrenos de la prisión ya se han plantado naranjos, olivos, viñas y legumbres y hortalizas.
Los 250 internos de la prisión, todos de sexo masculino, viven en cuatro barracones restaurados recientemente que todavía no alcanzan los niveles convenientes. Dentro de poco se construirán nuevos edificios.
Los internos, la mayoría de los cuales son prófugos de las fuerzas armadas, cumplen condenas de seis meses a tres años. El trabajo es obligatorio.
El Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia se encargó de preparar un plan de rehabilitación social. El autor del presente informe, tras ser nombrado coordinador del proyecto, se trasladó al establecimiento penitenciario en octubre de 1989, examinó la situación, evaluó los medios disponibles y las capacidades del personal y llegó a la conclusión de que era preciso elaborar un plan de rehabilitación social y formar un equipo de trabajadores sociales capacitado en técnicas adecuadas.
Destacó desde el principio el estrecho concepto que de la educación básica tenía la administración de prisiones, ya que ésta consistía únicamente en enseñar a leer y escribir y en realizar algunas actividades deportivas y culturales. Era preciso ampliar este concepto de forma que abarcase el desarrollo de la personalidad del preso, su capacidad y habilidad profesional, y su integración social. Se trataba de un concepto hasta entonces desconocido.
Para determinar el contenido de este concepto más amplio de la educación básica, se utilizaron como referencia las normas y recomendaciones internacionales de las Naciones Unidas y del Consejo de Europa.
Se definió la educación básica como un amplio esquema de rehabilitación social que abarca la alfabetización, la formación profesional y el desarrollo de la personalidad. Se tomó como modelo el artículo 77 del Reglamento de Prisiones Europeo (recomendación 87) 3 del Consejo de Europa, de 12 de febrero de 1987). Esta norma prevé impartir un programa completo de educación en todas las instituciones penitenciarias, ofreciendo a todos los presos la posibilidad de cultivar por lo menos algunos de sus intereses. El logro de los objetivos del programa debería contribuir a su reinserción social, mantenerlos con buen ánimo, mejorar su conducta y ayudarles a proteger su dignidad. También se utilizó la recomendación R 89) 12 del Consejo de Europa, de 13 de octubre de 1989, sobre la educación en las prisiones, en la que en 17 puntos fija el concepto de educación en las instituciones penitenciarias, que incluye el desarrollo de la personalidad, la rehabilitación y reinserción social, la alfabetización y la enseñanza cultural, la formación profesional y las actividades recreativas y deportivas (véase el anexo III del presente Manual). En el curso de la aplicación del proyecto este amplio concepto se vio refrendado por el Comité de Prevención del Delito y Lucha contra la Delincuencia en su undécimo período de sesiones, celebrado en Viena del 5 al 16 de febrero de 1990 (E/AC/57/1990/L.5/Rev.1).
Sobre la base del concepto amplio de la educación básica convenido entre el Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia y la administración egipcia de prisiones, en 1989 se preparó un plan de rehabilitación social para la prisión de El Katta. Sus objetivos se definieron como sigue:
a) Desarrollo de la personalidad humana mediante el fortalecimiento y perfeccionamiento de la capacidad y las posibilidades individuales, y mediante la autorealización, fortaleciendo la autoconfianza, la apertura y la conformidad con las normas sociales y morales que rigen la vida civil;
b) Ayuda para modificar la conducta individual en la medida en que se requiera un cambio para ajustarse a normas sociales aceptables y abrir el camino a la integración social, ya que la aceptación de normas sociales positivas constituye un aspecto del proceso de socialización;
c) Desarrollo de la función social individual mediante la capacitación de los reclusos para que puedan asumir un papel constructivo en prisión y mantener relaciones sociales normales con el mundo exterior;
d) Desarrollo del sentido de la responsabilidad individual hacia uno mismo y hacia los demás y fomento de la conciencia de uno mismo y un adecuado raciocinio;
e) Realización de cursos intensivos de alfabetización y de ulterior educación escolar para presos con experiencia didáctica;
f) Realización de cursos de formación profesional en técnicas agrarias y conocimientos mecánicos y eléctricos conexos;
g) Organización de actividades deportivas y culturales con una dimensión de rehabilitación social.
Con ayuda de la administración de prisiones se contrató a siete trabajadores sociales que ya participaban en la administración penitenciaria y poseían por lo menos 10 años de experiencia en labores de índole social en esos establecimientos. Estuvieron dirigidos por otros dos trabajadores sociales muy experimentados. Se les dio a conocer el proyecto en un curso preliminar intensivo de tres semanas de duración que se centró especialmente en el nuevo concepto de la labor y rehabilitación social.
Se preparó un conjunto de directrices para los trabajadores sociales que iban a aplicar el plan. Los objetivos ya se han indicado anteriormente y se fijaron diversas tareas generales y concretas, así como los factores pertinentes que cabe resumir como sigue:
a) Capacitación en organización del tiempo, el dinero y las relaciones personales;
b) Desarrollo de la capacidad de tratar cuestiones de la vida diaria, en prisión y en el exterior;
c) Desarrollo de la capacidad de comunicación;
d) Detección de condiciones patológicas, su tratamiento y práctica de la medicina preventiva;
f) Prevención del desarrollo de sicosis, especialmente las relacionadas con el aislamiento, de sentimientos de culpabilidad e ideas de inutilidad, y de la atrofia intelectual;
g) Facilitación de educación básica adecuada, formación profesional y actividades productivas;
h) Facilitación de educación cívica y directrices morales, religiosas y sociales;
i) Desarrollo de facultades personales mediante la organización de actividades recreativas;
j) Desarrollo de un espíritu de grupo mediante el deporte y la prestación de servicios generales a los demás;
k) Aumento de la confianza entre los internos y entre ellos y la administración y los trabajadores sociales;
l) Facilitación de ayuda personal por parte de los trabajadores sociales para resolver problemas y conflictos;
m) Mantenimiento de estrechos vínculos familiares.
También se elaboraron los medios para alcanzar esos objetivos, los cuales abarcan los elementos siguientes:
a) Establecimiento de condiciones de vida humanas en la prisión;
b) Participación más activa que pasiva de los reclusos en el proceso de rehabilitación, conseguida como se indica a continuación:
i) Garantizando que el trabajador social haga entender a los reclusos los objetivos del plan;
ii) Logrando la aceptación por los reclusos del programa propuesto y que se interesen en debatir sus modificaciones;
iii) Asumiendo por parte de los reclusos responsabilidades específicas, por ejemplo la preparación de la comida del grupo;
iv) Mediante la participación de los reclusos en la evaluación de los progresos realizados;
v) Mediante la participación de los reclusos en la gestión diaria habitual y en la organización de las actividades sociales y culturales;
vi) Asumiendo por los reclusos parte de la responsabilidad de enseñar o capacitar a otros;
vii) Prosiguiendo los reclusos, siempre que sea posible, la práctica en prisión de su ocupación anterior;
viii) Mediante la participación de los reclusos en la redacción y preparación de boletines internos;
ix) Mediante la preparación sicológica a la liberación;
c) Selección de miembros compatibles del grupo, con un máximo de 35 personas, por parte de una comisión, basándose en los expedientes personales de los reclusos;
d) Composición invariable de cada grupo salvo los traslados por causa de incompatibilidad;
e) Tratamiento diferenciado de los miembros según su capacidad de dirección del grupo y de atención a necesidades especiales;
f) Establecimiento de un programa semanal de actividades colectivas con la aprobación del director del establecimiento;
g) Tratamiento especial, y separación en caso necesario, de las personas que tengan problemas médicos, siquiátricos y sicológicos;
h) Programas especiales para los delincuentes juveniles;
i) Establecimiento de un sistema de recompensas individuales y colectivas;
j) Atención especial a la contratación y selección de los trabajadores sociales, los cuales tienen que ser capaces de comprender a los reclusos y diagnosticar sus necesidades;
k) Tener presente que el objetivo de la rehabilitación es la puesta en libertad;
l) Importancia de mantener un registro interno y evaluar los progresos alcanzados en la rehabilitación social;
m) Actualización periódica de la capacitación de los trabajadores sociales.
Antes de aplicar el plan de rehabilitación fue preciso comprobar la capacidad de los trabajadores sociales de desempeñar sus obligaciones, evaluar su comprensión y asimilación de los nuevos conceptos y determinar la reacción de los internos. Con tal fin se escogió un grupo de 35 reclusos, algunos de los cuales cumplían condenas más largas, de dos o tres años, a los cuales se informó acerca de las finalidades y objetivos del plan. Se formaron grupos de control paralelos que sólo llevaron a cabo de forma esporádica actividades sociales. Un último grupo quedó totalmente fuera del plan con el fin de comprobar el deseo de incorporación de sus miembros.
Se estableció un plan de rehabilitación social que incluyó lo siguiente: grupos de debate dos veces por semana, sobre la base de las técnicas de dinámica de grupo; clases de alfabetización; actividades deportivas; orientación religiosa, y actividades culturales o recreativas.
Se reservaron tres meses, de octubre de 1989 a enero de 1990, para comprobar la aplicación del plan, finalizado lo cual se procedió a evaluar los resultados utilizando lo que se denominó un método de evaluación cruzada con participación de los propios trabajadores sociales, los reclusos, la administración penitenciaria y el coordinador del proyecto.
Cada trabajador social recibió un cuestionario de evaluación cualitativa en el que entre otras cosas se pedía lo siguiente:
a) Descripción de la situación sicológica y social del grupo al hacerse cargo de él; actitudes, conducta, reacción, ánimo, observaciones, solidaridad, egoísmo, cooperación, etc. de los internos;
b) Explicación de los objetivos del plan de rehabilitación. Vocabulario utilizado, explicaciones, esperanzas, ejemplos, cuestiones planteadas por los internos y su comprensión, deseos, aprobación y desaprobación;
c) Manera en que había aplicado personalmente el plan: ritmo, ubicación, reunión de los internos, acción directiva, etc.;
d) Momento en que se registraron las observaciones y comentarios;
e) Hechos y conclusiones que llamaron especialmente la atención;
f) Consideración de la aceptación o rechazo del plan;
g) Evaluación personal del éxito o fracaso del plan. Actitud en el trabajo, debates colectivos, reuniones sociales, tiempo de ocio, actividades deportivas, otros indicadores, etc.;
h) Sugerencias para la continuación del plan. ?Opina que debe modificarse? En tal caso, ?cómo?
Los trabajadores sociales comunicaron sus observaciones en informes diarios y semanales. Asimismo, el director y los ayudantes de las operaciones sobre el terreno comunicaron regularmente sus observaciones al coordinador, el cual debatió y examinó con ellos los resultados y la ulterior adaptación del plan a las necesidades locales. También se evaluaron los comentarios de los internos.
Los resultados de la evaluación fueron alentadores. En lo que respecta al grupo experimental implicado plenamente en el plan hubo progresos en lo que respecta a la conducta de los presos, el respeto de sí mismos, la regularidad en asistir a las actividades de enseñanza colectiva, la calidad y cantidad de trabajo y el entusiasmo en la prosecución del plan en mayor escala.
Los grupos paralelos, incluido el que quedó totalmente fuera, pidieron su integración en el plan. En este último caso, tres miembros del grupo expresaron su disgusto al director de la prisión y a los principales trabajadores sociales, a los que dijeron que deseaban aceptar el plan de rehabilitación social, cuyos objetivos comprendían, además de saber lo que podrían conseguir gracias a él.
Sobre la base de las informaciones e informes de los trabajadores sociales se adoptaron las medidas siguientes:
a) La facultad de Labor Social de la Universidad Halwan de El Cairo organizó un nuevo curso intensivo de capacitación en dinámica de grupo, de un mes de duración, para los trabajadores sociales. El curso, dirigido por el decano, el vicedecano y dos profesores especializados en dinámica de grupo, se celebró en la universidad y en la prisión. Los profesores dieron clases prácticas en la prisión;
b) Posteriormente se invitó a la indicada Facultad a que destinara un profesor, un supervisor y seis alumnos para organizar en prisión reuniones de capacitación y participar en ellas. Estos alumnos, que debían graduarse en breve, asumieron algunas obligaciones de trabajadores sociales que flaquearon en el desempeño de sus obligaciones o que expresaron el deseo de abandonar el plan;
c) Se facilitó equipo deportivo y cultural para el plan;
d) Se pagaron cantidades suplementarias a los trabajadores sociales;
e) Se procedió a mejorar las condiciones de vida en la prisión suavizando las normas, lo que permitió conseguir una mayor limpieza de los dormitorios, mayor participación en las actividades culturales y sociales, mayor libertad de expresión de los internos, mejor calidad de los alimentos preparados por ellos, solidaridad en el desempeño de los trabajos comunitarios y un mayor espíritu colectivo en vez del egoísmo existente anteriormente;
f) Se informó al personal de seguridad -soldados sin armas y sin contacto directo con los internos pero que a veces compartían voluntariamente los trabajos agrícolas- acerca de los objetivos del plan. Se destacó su contribución.
El plan de rehabilitación social se aplicó en toda la prisión en noviembre de 1990. Los internos se dividieron en grupos, cada uno de los cuales contaba con 35 miembros dirigidos por un trabajador social.
Se estableció un expediente personal de cada interno en el que figuraba su historial, situación en prisión, capacidad educativa y profesional, conducta individual y colectiva, aspiraciones y planes futuros, etc. Tras informarles acerca de la finalidad del expediente, se les invitó a que proporcionaran la información personal que desearan, pudiendo no dar la que considerasen de carácter privado.
Se pidió a los trabajadores sociales que registraran toda la información disponible sobre la labor de su grupo, sus actitudes, participación, progresos, producción laboral, etc. Se estableció un programa semanal de rehabilitación social que se aplicó con la aprobación del director. Se efectuó periódicamente una evaluación personal y colectiva. Habida cuenta de los resultados se procedió a modificar y adaptar el programa.
Religiosos y sacerdotes procedentes del exterior siguieron proporcionando semanalmente educación religiosa.
El programa tuvo los mismos componentes que el proyecto experimental. No obstante, la labor social se completó a tres niveles complementarios. El primero consistió en la presencia del trabajador social en la labor de los presos. Hubo conversaciones oficiosas, evaluaciones, orientaciones y comentarios al respecto entre el trabajador social y los internos.
El segundo nivel consistió en organizar debates colectivos sobre temas sugeridos por el trabajador social o por los internos. Estos debates se llevaron a cabo con arreglo a las técnicas de dinámica del grupo centrándose en el desarrollo de la personalidad del interno, su autoconfianza para expresar opiniones y examinarlas con sus iguales, aceptando las de los demás, sometiéndose a la disciplina y decisiones del grupo, realizando las obligaciones del grupo en interés de todos sus miembros, aceptando y asumiendo las responsabilidades del grupo, organizando reuniones sociales, culturales y deportivas, y reforzando su función entre sus iguales -dicho de otro modo, haciendo hincapié en la participación en la vida colectiva y en la rehabilitación social.
El tercer nivel consistió en consultas privadas del trabajador social con los internos que pidieran ayuda y consejo para resolver problemas personales, familiares o relacionados con el trabajo.
Para erradicar el analfabetismo se estableció un programa intensivo, dirigido por maestros capacitados en métodos especiales de educación de adultos, los propios trabajadores sociales y algunos internos formados al respecto. Estos últimos se mostraron complacidos por asumir una función que los rehabilitaba en su propia opinión y en la de los demás internos.
La alfabetización se consideró parte integrante del plan y no se impartió de la misma forma en que se enseñaba a leer y escribir en la escuela, a pesar de que fue preciso utilizar libros escolares facilitados por la administración penitenciaria, debido a la falta de materiales adecuados para adultos. No obstante, estos libros no presentaron ninguna dificultad.
Los cursos de alfabetización se organizaron basándose en la disponibilidad de los grupos. Se siguieron respetando las horas de trabajo agrícola de tal manera que se estableció un horario flexible para las actividades de alfabetización y culturales. Por ejemplo, el equipo de regadío realizó sus tareas a primeras horas de la mañana y últimas de la tarde con lo cual pudo seguir las clases de alfabetización entre las 10.00 y las 12.00 y entre las 14.00 y las 16.00 horas.
Aproximadamente 200 de los 250 internos (el 80%) siguieron un curso de alfabetización. Muchos de ellos habían admitido su analfabetismo cuando se estableció su historial personal. Su tasa inicial de asistencia fue del 85%. Los demás, o bien no tenían confianza en su capacidad de aprender o no creían en la utilidad del aprendizaje, o bien ya estaban satisfechos con su nivel de alfabetización. Con el tiempo y con los progresos registrados por sus compañeros, abandonaron su renuencia y empezaron a asistir a clase con mayor o menor entusiasmo. Esta actitud se refleja en las respuestas de los internos al cuestionario de evaluación subsiguiente, que se examina más adelante.
3. Actividades deportivas y culturales
El tiempo de ocio se dedicó a actividades deportivas y culturales. El personal administrativo, tras perder su desconfianza inicial, participó activamente. Algunos funcionarios prefirieron incluso pasar los fines de semana con los internos en actividades de esta clase, iniciativa que tuvo notables efectos sobre el ánimo de los reclusos.
La primera evaluación en gran escala de los efectos del plan se llevó a cabo en mayo de 1991, después de seis meses de funcionamiento, durante los cuales se habían realizado evaluaciones y ajustes periódicos bajo la supervisión del coordinador del proyecto.
Realizaron la evaluación en gran escala los trabajadores sociales, la administración de prisiones, el coordinador del proyecto y los internos. La evaluación de los trabajadores sociales y de los funcionarios se llevó a cabo sobre la base de la observación y el análisis personal, al mismo tiempo que se distribuyeron cuestionarios entre los internos. Al igual que en el proyecto experimental, el coordinador reunió y comprobó los resultados con el fin de establecer un panorama general y elaborar un informe mixto.
Las opiniones expresadas por el personal penitenciario y los trabajadores sociales fueron en general positivas. Indicaron una mejora notable de la conducta individual en relación con los compañeros, los trabajadores sociales, los instructores y el personal administrativo. La asistencia a las actividades colectivas se consideró muy satisfactoria, y la participación constructiva. También se señalaron progresos en alfabetización.
En lo que respecta a la cantidad y calidad del trabajo agrícola, el director de producción dijo que había aumentado gracias a una mayor regularidad del riego y a los cuidados dados a las plantaciones. Los internos dejaron de considerar su trabajo como una obligación ineludible para considerarlo una expresión de sus propios conocimientos y prestigio. La competencia entre los grupos también alentó a todos los internos a aumentar la producción y la calidad de la cosecha de las plantaciones.
Los trabajadores sociales y los estudiantes que desempeñaban funciones análogas registraron las respuestas de los internos a los cuestionarios distribuidos. Se informó a los internos de que podían dejar de contestar alguna o todas las preguntas y que sus respuestas no saldrían del anonimato.
Los resultados reflejaron la satisfacción de los internos por el esquema de rehabilitación social. Consideraron que se registraba un cambio notable del ambiente sicológico de la prisión y de sus propias actitudes y conductas. También consideraron que los cursos de alfabetización les habían permitido aprender a leer y escribir mejor. También observaron una mejora en su higiene personal, apariencia, limpieza, disciplina y relaciones sociales con otros internos, así como un reforzamiento de sus vínculos familiares.
Los resultados fueron suficientemente satisfactorios para que el plan de rehabilitación social pudiera proseguir en la dirección prevista. Los funcionarios confirmaron las evaluaciones positivas de los internos y señalaron que había disminuido en general la tensión y aumentado el entendimiento dentro de la comunidad penitenciaria.
El equipo estuvo compuesto por un profesor de la Facultad de Labor Social de la Universidad Halwan, un monitor y seis estudiantes destacados a El Katta durante tres meses en 1991. Su finalidad fue organizar demostraciones de dinámica de grupo, evaluar los resultados de los trabajadores sociales y proporcionarles orientaciones, observar y evaluar los progresos del plan, integrar la formación de los estudiantes presentes en el equipo, y preparar un informe final.
Sus conclusiones pueden resumirse como sigue:
a) El equipo universitario tuvo en primer lugar que ganarse la confianza de los funcionarios de prisiones para poder realizar sin obstáculos administrativos sus funciones;
b) El entendimiento mutuo entre el equipo universitario y los trabajadores sociales permitió establecer una cooperación alentada por el deseo de adquirir más conocimientos por parte de estos últimos;
c) En lo relativo a los internos, el equipo destacó los progresos alcanzados regularmente en los diversos componentes de la rehabilitación social. Los debates colectivos registraron una participación más activa. La conducta individual se consideró satisfactoria. El desempeño de las obligaciones se vio acompañado de cierta dignidad. Los internos se hicieron más comunicativos entre sí. La alfabetización progresó de conformidad con el programa previsto.
La administración central de prisiones del Ministerio del Interior distribuyó en otros establecimientos penitenciarios informes sobre la marcha del proyecto, con el resultado de que los funcionarios de esos otros establecimientos pidieron permiso para visitar la prisión de El Katta, aplicar planes similares de rehabilitación social en sus establecimientos y conseguir capacitación en las nuevas técnicas. La administración central de prisiones prometió adoptar medidas en este sentido en un próximo futuro.
La participación de personal universitario y de estudiantes resultó beneficiosa tanto para ellos como para la administración central de prisiones. Sobre la base de la experiencia del profesor interesado y del coordinador del proyecto, la Facultad de Labor Social de la Universidad Halwan estableció un centro de rehabilitación social en las instituciones penitenciarias y un programa de estudios especializado en esta esfera.
La administración de prisiones, por su parte, decidió contratar a los estudiantes recién titulados como trabajadores sociales en las instituciones penitenciarias egipcias. Había que cubrir 300 vacantes. Habida cuenta de que el mercado laboral es muy escaso y los titulados tienen enormes dificultades para encontrar empleo en la administración de prisiones o en el sector público o privado, esta iniciativa tuvo por resultado indirecto crear nuevas oportunidades laborales.
El plan de rehabilitación social empezó en octubre de 1989, como proyecto de duración limitada, pero aún continúa actualmente. Después de la evaluación final del equipo del proyecto, realizada en mayo de 1991, se aplazó la ulterior ampliación del proyecto hasta que las autoridades centrales y locales de prisiones evaluaron e integraron plenamente sus diferentes componentes.
En julio de 1992 el director de la prisión de El Katta informó por carta al autor del presente informe de que el plan de rehabilitación social seguía llevándose a cabo de forma satisfactoria. Los trabajadores sociales continuaban siguiendo las directrices del proyecto y se había construido un edificio cubierto para desarrollar las actividades sociales y culturales, al mismo tiempo que se estaba estudiando la posibilidad de construir otros edificios nuevos. El director expresó su satisfacción por los resultados del programa de alfabetización. Al mismo tiempo, los internos que ya sabían leer y escribir o que habían aprendido en prisión acudían a cursos de grado superior. Se entiende que el director de la prisión ha mantenido correspondencia con el Ministerio del Interior al que ha pedido que renueve su apoyo al proyecto del Instituto Interregional.
El autor no sabe que se hayan llevado a cabo estudios para el seguimiento de los ex internos después de salir de la prisión de El Katta. No obstante, existen diversas indicaciones de que los resultados han sido positivos.
En los 36 meses que duró la experiencia ningún preso intentó huir. Aunque ninguno de los que vivían en regiones alejadas volvió después de ser liberado, algunos que viven más cerca de El Katta y que pueden permitirse costearse el viaje han vuelto para informar acerca de su nueva situación o llevar regalos a sus ex compañeros de prisión.
Se observó con claridad que la educación básica, en su concepto amplio de rehabilitación social, puede tener efectos positivos sobre los presos. La experiencia obtenida mediante el proyecto da a entender que programas intensivos de corta duración, de tres a seis meses, pueden considerarse beneficiosos si su preparación y aplicación corre a cargo de personal experimentado y técnicos competentes.
Estos programas de breve duración tienen la ventaja de que constituyen un incentivo que activa los diversos componentes de un plan de educación. Cabe señalar que ningún plan de rehabilitación social o de educación básica puede proseguir indefinidamente con los mismos participantes. Por consiguiente, el ciclo de repetición dependerá de la duración de las condenas de los internos de una institución determinada y de la rapidez de sus progresos.
A. Antecedentes del proyecto
B. Enseñanza en establecimientos penitenciarios con arreglo al derecho
egipcio
y la estructura de las prisiones
C. Situación en la prisión de El Katta
D. Plan de rehabilitación social
1. Concepto
de plan de rehabilitación social
2. Elaboración
del plan de El Katta de rehabilitación social
y educación básica
3. Contratación
de trabajadores sociales
4. Directrices
para aplicar el plan de rehabilitació
E. Proyecto experimental
1. Evaluación
del proyecto experimental
2. Ajuste llevado
a cabo a raíz de los resultados del proyecto experimental
F. Siguiente fase: aplicación completa del plan de rehabilitación
social
1. El elemento de la
labor social
2. Alfabetización
G.
Evaluación de los efectos del plan de rehabilitación social
1. Evaluación
llevada a cabo por los funcionarios
2. Evaluación
llevada a cabo por los internos
3. Evaluación
llevada a cabo por el personal universitario
H.
Resultados del proyecto en lo que respecta a otras instituciones penales
I.
Seguimiento del proyecto
J. Indicadores de los efectos a largo plazo de la rehabilitación
social
K. Conclusiones