XIX. CONCLUSIONES Y CONSECUENCIAS PARA LA ACCIÓN
A.
Medidas para lograr una enseñanza eficaz en los establecimientos
penitenciarios
1. Medidas destinadas
a impulsar la motivación
2. Continuidad de la educación
3. Gama de actividades
4. Disposiciones administrativas
B. Esferas por determinar
1. La cuestión de la edad
2. Consecuencias de mayor
alcance
De los numerosos informes recibidos, de los estudios de casos y de otros trabajos encargados para el proyecto, así como del seminario celebrado en enero de 1994 para preparar un proyecto definitivo del presente Manual, pueden sacarse varias conclusiones acerca de las posibilidades que brinda la educación en las cárceles para ayudar a los delincuentes en su readaptación social. De hecho, parece que la educación es la actividad que más ayuda a los reclusos durante el encarcelamiento, que, de otro modo, puede producir un efecto negativo sobre las relaciones sociales y el comportamiento de los presos al ser puestos en libertad. En particular, cuando los reclusos han recibido muy poca instrucción antes de ser encarcelados, debe impartírseles una enseñanza elemental equivalente a la ofrecida fuera de la cárcel si es que realmente se desea alentar a esas personas a encontrar empleo fijo después de obtener la libertad.
No pueden dejarse de lado las experiencias educativas de presos
al entrar en la cárcel, ni tampoco sus antecedentes sociales y familiares,
su historial de empleo, su visión moral ni sus opiniones religiosas
o sobre el mundo. Los educadores tampoco pueden determinar el medio al
que volverán los ex reclusos cuando queden en libertad, el mercado
de trabajo, ni los vínculos sociales que constituyen elementos importantes
de ese medio. Sin embargo, la enseñanza en la prisión puede
proporcionar a los presos los medios para hacer frente a sus experiencias
y actitudes pasadas y futuras.
Entre muchos reclusos y los sistemas de justicia penal y penitenciario existen malentendidos y una actitud de alejamiento, que se refieren también a la educación. En estas circunstancias, cabe indicar algunos de los factores controlados por los sistemas penitenciarios como prerrequisitos para lograr los objetivos inmediatos y la meta de reinserción social de la enseñanza en las cárceles. Entre esos factores están las medidas destinadas a aumentar la motivación, la continuidad de la educación, la gama de actividades y las disposiciones administrativas. Pueden tomarse medidas en todas esas esferas.
La motivación es un elemento crucial para una participación educacional activa y para el logro de progresos. Son muchos los profesionales que subrayan la importancia que reviste para la motivación el sentimiento de haber logrado algo de mayor confianza en sí mismo, tanto en el contexto de la educación en las prisiones como en la educación y la formación fuera de ellas.
Las medidas que fomentan la motivación incluyen las siguientes:
a) Reconocimiento del avance de un nivel de realizaciones al siguiente;
b) Igualdad de trato, en cuanto a paga y otros beneficios, entre la educación, la capacitación y el trabajo;
c) Participación de los estudiantes en la evaluación de sus necesidades educativas, personales y en la evaluación permanente de sus progresos;
d) Carácter permanente y regularidad del acceso a la educación;
e) Oportunidades para el reconocimiento ulterior de los progresos mediante exposiciones y publicaciones de los trabajos hechos por los estudiantes.
Difícilmente puede sobreestimarse la importancia de la continuidad entre las instituciones, cuando se transfiere a los presos de una a otra, y de la coordinación entre el sistema penitenciario y las instituciones de enseñanza externas como parte de la reinserción social de los reclusos cuando quedan en libertad. La interrupción de la progresión de los estudios dentro del sistema penitenciario es contraproductiva, y con frecuencia se debe a que los reclusos son trasladados de un establecimiento a otro o son puestos en libertad antes de terminar un curso.
La enseñanza académica de la lectura, la escritura y la aritmética no es el único punto de partida de la educación. Hay otras actividades que también pueden alentar, reforzar e incluso enseñar a leer y escribir y los rudimentos de la instrucción.
Ya se ha señalado la importancia decisiva de fomentar ciertas formas de expresión de la personalidad no verbales. Un ejemplo de ello es el proyecto titulado "Arte en las Prisiones", ejecutado en los Países Bajos, que se describe en el presente Manual. Al formular observaciones acerca del informe provisional sobre el proyecto del Instituto de la UNESCO para la Educación (IUE), el Consejo Internacional para la Educación de Adultos insistió en la importancia del desarrollo de todos los aspectos de la personalidad, como ya habían hecho el Consejo de Europa y las Naciones Unidas en sus recomendaciones pertinentes.
Los deportes, los debates, la música y las nuevas esferas de trabajo y formación profesional pueden también ofrecer incentivos a los reclusos. Además, no puede defenderse la idea de que las personas que han fracasado en la escuela tendrán éxito en los estudios una segunda vez si se les ofrecen lo que ya se les brindó la primera vez.
También es importante la condición de los educadores en los sistemas penitenciarios, así como sus relaciones con otros protagonistas. En la práctica, los profesores no suelen poder tomar decisiones obligatorias en asuntos educacionales, sino que deben someter sus ideas a la consideración de las administraciones penitenciarias. Si se mantiene esta situación, es necesario que cada parte comprenda las prioridades de la otra.
El compromiso de asignar tiempo, equipo y dinero suficientes, así como buena voluntad, son elementos cruciales para el éxito de la educación en los sistemas cuyo primer objetivo es la seguridad. Sin embargo, algunas medidas administrativas pueden reducir al mínimo el costo de las innovaciones educativas y eliminar las barreras entre los distintos sectores del sistema de justicia penal, y entre el sistema y la sociedad. Esas medidas podrían incluir las siguientes:
a) En consulta con los interesados, pueden tomarse decisiones administrativas para modificar las funciones del personal. El trabajo en equipo puede sustituir las estrictas divisiones entre las distintas secciones del personal que trabaja en las prisiones;
b) Pueden organizarse la formación inicial y la reorientación profesional del personal penitenciario, con miras a que tenga una visión global del tratamiento del delincuente y participe en las actividades educacionales;
c) Pueden aumentarse los vínculos con los colaboradores externos, con el fin de contar con nuevos ayudantes remunerados y voluntarios;
d) Puede capacitarse a los reclusos para que actúen como profesores, y complementen al personal remunerado cuando escasean los recursos, motivándolos y dándoles la oportunidad de adquirir experiencia profesional.
Los servicios de libertad vigilada tienen la importante función de controlar a los reclusos puestos en libertad y de ocuparse de ellos directamente. Esto supone un aumento de los gastos de personal, pero pueden aprovecharse los vínculos con los servicios existentes de libertad vigilada sin que deban hacerse cambios estructurales importantes. También pueden contribuir bastante a la readaptación social de los reclusos las iniciativas voluntarias no gubernamentales, como las asociaciones de ex delincuentes y para ex delincuentes.
De los ejemplos recopilados se desprende claramente que, desde el punto de vista social y fiscal, conviene invertir en la educación en las cárceles, y que deben reforzarse las medidas adoptadas con ese fin. Sin embargo, no cabe esperar que la educación por sí sola prevenga la reincidencia y prepare a los delincuentes para llevar una vida útil y satisfactoria. No aparece clara la importancia relativa de la educación frente a otros factores en el cambio de valores y el modo de vida de una persona. La enseñanza en la cárcel es útil para algunas personas. De hecho, es posible que un antiguo desertor escolar encuentre por primera vez en la prisión un entorno estable en el que pueda desarrollar su talento y realizar su potencial de aprendizaje. Sin embargo, no se sabe a quién y cuándo ayudará la educación a aceptar las condiciones de la existencia. Por ello, la enseñanza debe estar disponible siempre y para todas las personas. La frustración experimentada por los educadores en algunos casos queda compensada cuando otros reclusos empiezan a fijar sus propios objetivos y a alcanzarlos.
El hecho de que la mayoría de los delincuentes son jóvenes es bien conocido, pero no suelen saberse las consecuencias que ello comporta. A veces se atribuye a la educación un cambio en el comportamiento que ocurrirá naturalmente a medida que una persona avanza en edad. De hecho, los ejemplos demuestran que son los reclusos de más edad los que responden mejor a la educación, pero no se sabe a qué edad se abandona la rebelión juvenil expresada mediante actos delictivos y una desconfianza hacia todos los aspectos del sistema social.
Tal vez sea simplista sostener que muchas sociedades carecen en la actualidad de ritos de transición para los jóvenes, que incluyen el empleo controlado de la fuerza física contra los enemigos del grupo social. Sin embargo, cabe decirse que el enfrentamiento con la policía, que representa el sistema, es un moderno rito de transición.
Un examen del lugar que ocupa la educación en el sistema penitenciario plantea cuestiones más amplias sobre la política de imposición de penas, en particular el tratamiento de los menores delincuentes. La educación puede ser la experiencia más positiva en la cárcel, pero es concebible que las alternativas a la prisión, junto con la educación, puedan ser útiles en determinados casos. Esta cuestión no puede separarse de la relativa a la finalidad de la pena de prisión y de otras penas. Si se hace hincapié en la compensación o la restitución, el primer deber del sistema penitenciario es hacia la víctima, sea una persona, varias personas, un grupo social o la sociedad en general. Si, en cambio, se pretende lograr la conciliación y restablecer la paz social, debe considerarse la posibilidad de crear una relación entre la víctima y el delincuente, así como la posibilidad de que los organismos de la comunidad controlen a los delincuentes. Sin embargo, en ningún caso es la readaptación social de los reclusos mediante la educación en las prisiones el componente más importante del sistema.
Aunque con frecuencia todavía se supone que el objetivo del encarcelamiento es la readaptación de los reclusos, va ganando adeptos la idea de que no es un buen medio de lograrlo y que la reclusión debe considerarse lo que siempre ha sido: en primer lugar una forma de castigo, y, en segundo, una forma de proteger a la sociedad. Persiste la confusión acerca del objetivo del sistema penitenciario. Si lo que se persigue es lograr la readaptación social a largo plazo de ciudadanos útiles, las alternativas al encarcelamiento parecen cada más atractivas, aunque no se ha demostrado que éstas son siempre más exitosas que la reclusión en cuanto a reducir la delincuencia.
Por último, hay consecuencias mucho más amplias en relación con la política social y las normas morales. Evidentemente, el aspecto que causa más preocupación es el de la política nacional de educación, porque las prácticas educacionales en las escuelas y en los centros de enseñanza superior no pueden dejar de guardar relación con el comportamiento delictivo subsiguiente de algunos de sus graduados. Esto no significa atribuir la culpa de la delincuencia a las escuelas. Ni mucho menos: las escuelas, como los servicios educacionales de las prisiones están expuestas a la influencia del clima moral imperante y de las estructuras sociales que rodean a sus estudiantes. Sin embargo, los objetivos de readaptación social de la educación en las cárceles son parecidos a los del sistema general de educación, y cada uno de los sistemas puede aprender del otro.
Otras cuestiones de importancia inmediata son la planificación
urbana, la salud y la vivienda, así como la actitud hacia la igualdad
entre hombres y mujeres y las relaciones entre ambos, sin dejar de mencionar
la imagen ofrecida por los medios de información y las leyes que
rigen la posesión de armas de agresión. Con frecuencia se
considera que el pleno empleo es un medio eficaz contra la delincuencia,
por lo que deben examinarse también la política laboral y
la fiscal. Es más, deben examinarse todas las cuestiones planteadas
que figuran en la introducción del presente informe. La política
social en su totalidad influye en la percepción del comportamiento
delictivo, de las funciones del encarcelamiento y del tratamiento de los
delincuentes, y a su vez se ve influida por ella.
A. Medidas para lograr una enseñanza eficaz en los establecimientos
penitenciarios
1. Medidas destinadas
a impulsar la motivación
2. Continuidad de la educación
3. Gama de actividades
4. Disposiciones administrativas
B. Esferas
por determinar
1. La cuestión de la edad
2. Consecuencias de mayor
alcance