Primera Parte
              CONCEPTOS BÁSICOS 
                VI. LOS EFECTOS DE LA ENSEÑANZA BÁSICA SOBRE LAS PRISIONES

                A. La relación entre la enseñanza, la reincidencia y el desempleo
                          1. Australia
                          2. Botswana
                          3. Canadá
                          4. China
                          5. Egipto
                          6. Francia
                          7. Territorio de Hong Kong
                          8. Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
                          9.Estados Unidos de América
                B. Los objetivos internos de la educación básica evaluados mediante
                     exámenes y pruebas
                C. Otros métodos de evaluar el éxito en la educación básica
                D. Los efectos de la educación sobre el comportamiento en los establecimientos
                     penitenciarios
                E. Factores de distorsión
                          1. Factores personales en el cambio de modo de vida
                          2. Medio social
                          3. Desempleo
                          4. Reincidencia


              VI. LOS EFECTOS DE LA ENSEÑANZA BÁSICA SOBRE LAS PRISIONES

               Hay varios modos distintos de enfocar la cuestión de la eficacia. La evaluació? clásica consiste en comparar los logros con las intenciones. Toda vez que, en general, la enseñanza en las prisiones tiene por objetivo prestar ayuda en la vasta tarea de reinserción social de los reclusos, es necesario juzgar la eficacia desde varios ángulos para hacer una evaluación siquiera provisional del logro de ese objetivo. La reintegración social se vincula no solamente con el empleo y el adelanto en materia de empleo, sino también con los cambios de comportamiento y la aplicación de la capacidad de comunicación para poder consolidar las relaciones personales y negociar con las autoridades y otros terceros.

               Los diferentes cursos, incluida la enseñanza básica, también tienen objetivos internos, como la progresión de un nivel de lectura a otro o la aprobación de un examen a un nivel básico. Sin embargo, excepto las tasas de éxito en los exámenes y, a veces, las cifras relativas al ingreso en puestos de trabajo después de la excarcelación, en general no se registran y ni siquiera se reúnen testimonios de la eficacia de los cursos. Hacerlo de manera coherente requeriría un programa periódico de seguimiento con la colaboración oficial de los organismos externos.

               Se ha reconocido que hay otros modos de medir los efectos de la enseñanza sobre los delincuentes mientras se encuentran recluidos, aparte de las pruebas o los exámenes oficiales, y que luego de la excarcelación es necesario el seguimiento de los delincuentes a fin de lograr una comprensión equilibrada de los efectos a más largo plazo. En una propuesta canadiense formulada en 1981 [218], si bien se señaló la necesidad de investigaciones durante el período posterior a la excarcelación, también se sugirieron modelos estadísticos para un servicio de seguimiento a nivel nacional que pudiera incluirse en las disposiciones existentes sobre la enseñanza en las prisiones, utilizando una gama de indicadores de las aportaciones, el contexto y los resultados.

               Algunos años después, Sachs ([225], pág. 15), sugirió que la enseñanza básica podría evaluarse en relación con los siguientes parámetros:

               a) El mejoramiento de los conocimientos básicos de lectura, escritura y cálculo;

               b) La adquisición de conocimientos básicos para la vida, como la capacidad de encontrar un empleo y realizar actividades recreativas;

               c) La formación profesional acompañada del aprendizaje de oficios en las prisiones, para asegurar que los conocimientos que se impartan se relacionen con las oportunidades de empleo existentes;

               d) La enseñanza de un curso oficial en el que se impartan conocimientos del programa de estudios de la escuela primaria y los primeros años de la escuela secundaria;

               e) La oportunidad de enseñanza superior para los reclusos que lo necesiten claramente y tengan la capacidad de completar el curso pertinente.

               En el presente capítulo se mencionan más adelante otras posibilidades de evaluación interna.

               A pesar de la falta, en general, de una supervisión coherente de la enseñanza en las prisiones y de la integración social luego de la excarcelación que responda a las sugerencias que se acaban de mencionar, existen pruebas de los efectos benéficos de la enseñanza de reclusos. Por ejemplo, en una encuesta de 220 reclusos de la prisión de Sing Sing en el estado de Nueva York, realizada por Stephens [240], se reveló que entre quienes asistieron a cursos de enseñanza (175 reclusos de un total de 220), el 91% estuvo de acuerdo en que el aprendizaje en la prisión los había ayudado. Además, entre los comentarios típicos estuvieron los siguientes: "Me ha mostrado que hay una alternativa", "Me dio la oportunidad de recibir la educación que había desdeñado antes" y "con una educación ahora puedo encontrar un puesto de trabajo bien remunerado" ([240], pág. 54).
               Una encuesta realizada por el Instituto de las Naciones Unidas de Asia y el Lejano Oriente para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (véase el anexo IV al presente Manual) provocó comentarios entre el personal de la prisión que rellenó los cuestionarios en el sentido de que la enseñanza sí daba resultados. Por ejemplo, se observó lo siguiente:

               Muchos reclusos han ganado premios, incluso medallas de oro en concursos a nivel nacional o internacional de conocimientos profesionales (República de Corea).

               Muchos aprenden a leer y continúan el programa de enseñanza escolarizada luego de su excarcelación. Quienes tomaron cursos para convertirse en carpinteros, plomeros, mecánicos y agricultores encontraron puestos de trabajo o establecieron sus propios pequeños negocios (Papua Nueva Guinea).

               Los maestros informan si los reclusos se benefician del programa de instrucción. Sin embargo, esos informes no son muy confiables (Sri Lanka).

               En varios foros, los especialistas de otros muchos países han hecho observaciones favorables similares sobre los resultados. Se ha aludido a algunas en el capítulo V y en los capítulos siguientes figuran ejemplos adicionales. Sin embargo, se necesitan indicaciones más precisas sobre los resultados positivos de la enseñanza en las prisiones, como lo sugiere la observación de Sri Lanka supra, ya que los gobiernos pueden no estar convencidos de que valga la pena invertir en la enseñanza básica, incluso si cumple el objetivo de instruir a los reclusos. Se tienen que buscar también pruebas de las reducciones de los costos financieros y sociales. Desde un punto de vista fiscal, la enseñanza en las prisiones resulta económica si reduce la reincidencia y hace aumentar el producto interno bruto mediante el empleo útil y remunerado de ciudadanos que, de lo contrario, podrían depender de la seguridad social o de subsidios del sistema de bienestar social o podrían constituir una carga para el Estado por conducto del sistema penal. En cambio, resulta cara si lo único que se logra es aumentar el nivel de instrucción de personas que siguen delinquiendo. Asimismo, si se hacen esfuerzos por educar a delincuentes que vuelven a delinquir, sus víctimas tienen motivo para quejarse. Por ello, los investigadores han examinado los efectos de la enseñanza sobre las pautas de empleo después de la excarcelación y de reincidencia.

              A. La relación entre la enseñanza, la reincidencia y el desempleo

               De los resultados de los estudios de investigación a pequeña escala se desprende que hay muchos indicios de que la educación, en particular la formación profesional, tienen un efecto positivo sobre la reincidencia y el empleo remunerado ulterior, entre los cuales existe una relación inversa. Aunque muchos factores sociales intervienen en esas evaluaciones y hay dudas respecto de la utilidad de la reincidencia como indicador y a pesar de la necesidad de mayor confirmación al respecto, existen pruebas de la reintegración satisfactoria. A continuación se examina una selección de esos estudios.

              1. Australia

               En 1992, se hizo una investigación en la prisión de Barwon sobre los efectos cuantificables de la iniciativa del estado de Victoria de vincular la enseñanza en las prisiones, la formación profesional y los programas de trabajo en las prisiones [230]. Se entrevistó a 46 reclusos varones participantes seis meses antes de ponerlos en libertad y, luego, poco antes de su excarcelación. Seis meses después de ésta se reunieron datos sobre la instrucción, la capacitación, el empleo y la reincidencia posteriores a la excarcelación. Los principales resultados fueron los siguientes:

               a) Los delincuentes primarios y los que tenían contacto personal con posibles empleadores tenían más posibilidades de lograr un empleo;

               b) La mitad del grupo se proponía buscar un empleo similar al que había tenido anteriormente, independientemente de la capacitación recibida en la prisión;

               c) Solamente 6 de un total de 46 personas obtuvieron empleo a jornada completa (más una a jornada parcial) seis meses después de su excarcelación, pero, durante ese tiempo, ninguno tuvo nuevos problemas con el sistema de justicia penal;

               d) Del resto, 21 no tuvo ningún problema con la justicia, mientras que a 19 de ellos se les revocó la libertad condicional, fueron deportados o extraditados, o estaban a la espera de que se los juzgara como reincidentes (solamente 8 en la última categoría).

               Como se observará más adelante en el presente capítulo, la capacidad de encontrar empleo no está determinada solamente por la preparación profesional. Sin embargo, la pequeña muestra mencionada antes confirma la creencia general de que tener un puesto de trabajo es un factor significativo para evitar una conducta delictiva.

              2. Botswana

               De las entrevistas realizadas en Botswana como parte del presente proyecto (Frimpong, capítulo XIII) se desprende que quienes consiguen integrarse con éxito en la sociedad después de su excarcelación han completado la enseñanza básica, incluida la adquisición de conocimientos útiles desde un punto de vista del empleo, o han logrado un nivel de instrucción que les permite ingresar en la enseñanza superior. El conjunto de experiencias personales acumuladas no es una muestra estadísticamente válida, pero tienen coherencia en el plano interno. En las entrevistas realizadas después de la excarcelación, quienes no habían logrado progresar en la vida gracias a la enseñanza básica eran las personas que repetidamente se encontraban en dificultades y resulta razonable decir que otras personas podrían haber retornado a la ilegalidad si no se les hubiera impartido instrucción.

              3. Canadá

               Se hizo un estudio de 1.736 reclusos que participaron en el programa de enseñanza básica para adultos en 1988, a los que se excarceló ulteriormente y que fueron objeto de un seguimiento hasta octubre de 1990, la mayoría durante más de un año. De los resultados se desprende que quienes completaron la enseñanza básica tenían un 10% menos de probabilidades de reincidir que quienes se retiraron antes de completar el curso y un 5% menos que los reclusos a los que se excarceló antes de completar el curso [209]. Los autores admiten que algunos factores distintos de la enseñanza pueden haber influido en la terminación del curso y el bajo nivel de reincidencia, pero ello se tuvo en cuenta en la comparación estadística. Se puede inferir claramente que la enseñanza básica para adultos influye en el comportamiento inmediatamente posterior a la excarcelación, en el período más importante para reintegrarse en la sociedad y evitar la reincidencia. Aparentemente, es probable que los mayores efectos ocurran sobre quienes tienen antecedentes de empleo marginal por falta de conocimientos particulares, y, en consecuencia, corren el mayor riesgo de reincidir.

              4. China

               La tasa de reincidencia en China es inusitadamente baja, solamente del 6 al 8%. Yang (capítulo XI) hace referencia a un programa de instrucción que logró reducir aún más la tasa, a sólo un 1,9%. Aunque no se dice en cuánto tiempo se obtuvo ese resultado, ese logro es impresionante habida cuenta de la experiencia en otros países de que la reincidencia es más alta poco después de la excarcelación. Yang presenta más pruebas en el capítulo mencionado y estima que la baja reincidencia está vinculada a la importancia que se da en el sistema penal chino en la educación, que abarca la instrucción en materia jurídica, moral y cultural, así como las técnicas de alfabetización. El trabajo físico se considera también una forma de aprendizaje de la disciplina y el comportamiento social, de modo que puede argüirse que el componente educacional del encarcelamiento es la clave de la práctica en materia penal y reforma efectivamente el comportamiento de los delincuentes.
               
               
               

              5. Egipto

               Como ya se ha observado, los especialistas han reunido muchas pruebas indirectas de casos individuales de estabilidad y éxito laboral y social y en general puede inferirse que hay una fuerte relación entre esos casos y la educación. Por ejemplo, El-Augi (capítulo XVI) hace referencia a los antiguos delincuentes que retornan a la prisión de El Katta para expresar su agradecimiento por la rehabilitación social que han logrado, y los reclusos, el personal de la prisión y un equipo universitario visitante evaluaron de manera positiva el proyecto de El Katta.

              6. Francia

               En el caso de la formación profesional con expedición de diploma, es fácil presentar pruebas de eficacia a corto plazo. Por ejemplo, de los 10 participantes en un curso de diseño con ayuda de computadoras, impartido en la prisión de Fleury-Mérogis en Francia, 6 obtuvieron empleo en una oficina de ingeniería y de un 60% a un 80% de los participantes en un curso exhaustivo de ingeniería mecánica aprueba habitualmente el examen correspondiente luego de siete meses de capacitación [176].

              7. Territorio de Hong Kong

               En el territorio de Hong Kong, la instrucción y la formación profesional, cada una durante media jornada, son obligatorias para los menores recluidos en los centros de detención, a los que se los envía de uno a 12 meses. Después de su excarcelación, se encuentran bajo supervisión durante un año. En el Asia Crime Report ([142], pág. 46) se informa que el sistema de detención, acompañado de una estrecha supervisión durante un período de prueba, ha tenido un éxito notable en ayudar a los jóvenes delincuentes de 14 a 20  años y a los jóvenes adultos de 21 a 24 años a evitar reincidir:

               En total, 8.589 jóvenes delincuentes fueron excarcelados desde el establecimiento de los centros de detención en 1972. De los 8.177 delincuentes que completaron el período obligatorio de supervisión, 7.698 no fueron declarados nuevamente culpables de ningún delito durante ese período, lo cual representó una tasa de éxito del 94,1%. Desde que en 1977 se amplió a los jóvenes adultos el programa de detención, 805 han participado en él. De los 739 jóvenes delincuentes que completaron el período obligatorio de supervisión de un año, 704 no fueron condenados por ningún delito durante ese período, lo cual representó una tasa de éxito del 95,3%.

              8. Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte

               La Asociación Nacional para la Atención y Rehabilitación del Delincuente declara que la enseñanza básica en las prisiones puede constituir la base de la instrucción y capacitación continuas después de la excarcelación, si bien admite que no se ha hecho ninguna investigación sistemática sobre la relación entre la enseñanza en las prisiones y la reintegración o la reincidencia ulteriores [42]. Sin embargo, se presentan pruebas en relación con los delincuentes y antiguos delincuentes a quienes la Asociación ha concedido recientemente subsidios benéficos para permitirles que continúen su instruccción y capacitación. En general son delincuentes reincidentes, que han cometido delitos graves, y los resultados obtenidos son los siguientes ([42], pág. 1): 

              Año Total de los subsidios  Antiguos reclusos  Delincuentes reincidentes Delincuentes peligrosos Terminación satisfactoria Reincidencia
              1989-1990 70 62% 60% 53% 74% 3%
              1988-1989  90 48% 54% 45% 77% 5%
               
               Estas cifras presentan ciertas pruebas generales de la eficacia de la instrucción continua, si bien no se sabe cuántos de los delincuentes en cuestión empezaron su rehabilitación educacional con la enseñanza básica en la prisión.
              9. Estados Unidos de América

               En una conferencia internacional sobre la enseñanza en los establecimientos penitenciarios, celebrada en Oxford en 1989, Jenkins presentó un resumen de las pruebas acumuladas hasta entonces en los Estados Unidos. Los estudios basados en lo que estimó que era una metodología rigurosa, ofrecían la siguiente imagen, a la que se ha agregado información actualizada.

               Estudio realizado en 1981 en el estado de Nueva York. Se reunieron datos acerca de casi 300 antiguos reclusos que habían tomado cursos de nivel universitario. Tres cuartas partes de ellos tenía un empleo ([143], pág. 7). En un estudio similar, realizado diez años más tarde, se presentaron resultados similares (Jenkins, Pendry y Steurer, capítulo XV).

               Estudio realizado en 1988 en Illinois. En un estudio complementario de 12 meses de duración, sobre antiguos reclusos adultos seleccionados al azar, se examinó la relación entre el empleo y la participación en la formación profesional o la enseñanza secundaria durante el encarcelamiento. Los resultados mostraron una correlación positiva ([143], págs. 6 y 19).

               Estudios realizados en 1988 y 1989 de las industrias Use en el estado de Maryland. Los reclusos que habían trabajado para las industrias del Estado fueron objeto de un seguimiento durante tres años. Después de un año, hubo tasas de reincidencia del 17,9% al 22,4% y después de tres años, del 41,9% al 51% ([143], págs. 8 y 19). Las industrias Use del estado de Maryland han observado a sus "graduados" luego de su excarcelación durante un decenio y los resultados siempre han sido positivos. El estudio realizado en 1992 mostró una reducción sustancial de la reincidencia entre los reclusos que, durante por lo menos un año, habían aprendido un oficio o se habían capacitado en el empleo (Jenkins, Pendry y Steurer, capítulo XV).

               Estudio realizado en 1988 por la Figgie Corporation. Se entrevistó a adultos encarcelados por delitos contra la propiedad. Estimaron que el desempleo era un factor capital de su actividad delictiva y que la capacitación para el empleo era la medida de rehabilitación más importante ([143], pág. 7).

               Estudio de la reincidencia realizado en 1993 por la Dirección Federal de Prisiones de los Estados Unidos. Los resultados de un análisis muy complejo de la reincidencia entre los reclusos de las prisiones federales excarcelados en 1987 se completaron en 1993 [123]. La conclusión más importante con miras a justificar la enseñanza es que quienes completaron un curso tuvieron una tasa de reincidencia ligeramente reducida del 35,5%, mientras que la tasa fue de un 44,1% en el caso de otras personas. Esa conclusión se relativiza por relaciones basadas en el grado de instrucción anterior al encarcelamiento, la edad, la raza, la toxicomanía, el alcoholismo y los antecedentes penales del recluso.

               La Asociación de Enseñanza Correccional, como parte del proyecto del Instituto de Educación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha hecho una encuesta sobre el comportamiento de 112 delincuentes, que habían tomado diversos cursos de instrucción, después de su excarcelación. La información obtenida del personal pertinente de la División de Libertad Condicional y Libertad Vigilada indica resultados inicialmente satisfactorios, con tasas más altas de empleo y más bajas de reincidencia entre quienes tomaron cursos de instrucción (Jenkins, Pendry y Steurer, capítulo XV).

               En el estado de Illinois, recientemente se ha reconocido la importancia de la atención posterior a la excarcelación para ayudar a los delincuentes a conseguir empleo inmediatamente después de su puesta en libertad. Un programa experimental de orientación anterior a la excarcelación y de seguimiento posterior a cargo de un coordinador, sobre el cual informó Denton [72], abarcó la capacitación en autoevaluación de la
               motivación, los valores y los objetivos. De los 45 varones que participaron en el programa, 7 estaban aún encarcelados cuando se presentó el informe; de los 38 restantes, 28 encontraron empleo y ninguno de éstos reincidió en el primer año de ejecución del programa.

               En el estudio realizado por Jenkins, Pendry y Steurer, que figura en el capítulo XV, se presenta información adicional sobre las investigaciones en los Estados Unidos.

              B. Los objetivos internos de la educación básica evaluados
               mediante exámenes y pruebas
               Dado que la educación básica por sí sola no garantiza el empleo, no se presta totalmente al tipo de evaluación presentado supra, que se relaciona con las tasas de empleo y reincidencia. No se sabe cuántos graduados de los cursos de formación provisional que encuentran empleo y se reintegran con éxito en la sociedad han tomado parte en cursos de educación básica. Sin embargo, queda claro que la enseñanza es parte indispensable de la instrucción en las prisiones y la capacitación preprofesional para aquellos cuyo nivel de instrucción es muy bajo y que no pueden tener acceso directamente a un curso que presupone conocimientos que no poseen aún.

               El mejoramiento de los conocimientos básicos de lectura, escritura y cálculo puede demostrarse con las estadísticas de los resultados de los exámenes y las pruebas de lectura. El proyecto en el estado de Maryland (Estados Unidos), en el que los reclusos se enseñaron unos a otros a leer, fue evaluado para estimar la eficacia de esa metodología, pero de los resultados también se desprende que, en general, la educación básica responde eficazmente a sus propios objetivos. Se ha informado de que, como promedio, los estudiantes en un curso de alfabetización ganan aproximadamente tres meses de capacidad de lectura, por cada mes de instrucción, utilizando como criterio la prueba de enseñanza básica de adultos.

               En Irlanda del Norte, se alienta a los mejores alumnos de la enseñanza básica a que se presenten a exámenes de capacidad de comunicación y conocimientos básicos de cálculo. La tasa de aprobados en el año académico 1988/1989 fue alta: 120 de un total de 143 estudiantes ([242], pág. 14).

               En algunos países, los cursos y exámenes de educación de adultos están estrechamente vinculados con el sistema de enseñanza escolarizada, tanto para los reclusos como para la población en general. Según un comunicado de prensa [14], aproximadamente una cuarta parte de todos los reclusos en los establecimientos penitenciarios en el estado alemán de Baden-Württemberg recibía algún tipo de enseñanza para una "segunda oportunidad" escolar en 1990, con el objetivo de obtener los certificados que normalmente hubieran obtenido al finalizar un curso de la enseñanza escolarizada. De 1.700 participantes, 315 obtuvieron algún tipo de certificado final de estudios, incluidos 153 reclusos que obtuvieron un certificado de nivel secundario inicial (Hauptschulabschluß), 133 que obtuvieron un certificado de una escuela de artes y oficios
              (Berufschulabschluß), 21 que obtuvieron un certificado de una escuela técnica (Realschulabschluß) y 8 que obtuvieron un certificado de nivel secundario superior (Abitur). Otros 2.963 presos siguieron un curso de formación profesional y 419 de ellos obtuvieron un certificado.

               En otros países, como los Estados Unidos, se hace hincapié en pruebas especiales que se preparan para los adultos. La prueba para obtener el General Equivalency Diploma (GED) equivale a un certificado final de la escuela secundaria y en ella se hace hincapié en la capacidad de lectura y los conocimientos básicos de cálculo, que son objetivos de la enseñanza básica. El supuesto que subyace al GED y los certificados de una "segunda oportunidad" escolar es que el diploma de la escuela secundaria es el requisito básico para obtener casi cualquier puesto de categoría baja. Las personas que están por debajo de ese nivel frecuentemente tienen graves dificultades para obtener un empleo y realizar tareas cotidianas ([266], pág. 1). Si se acepta ese supuesto, la certificación de que se ha superado un nivel básico de competencia es prueba axiomática de los efectos benéficos de la enseñanza. Cuando la enseñanza básica es obligatoria, se la puede considerar eficaz y eficiente si lo que se considera un número suficiente de participantes alcanza el nivel deseado y si se los asciende a un grado superior de estudios o empleo en la prisión.

               Esos resultados solamente se pueden demostrar cuando existen exámenes y pruebas adecuados y sólo en el caso de los alumnos que alcanzan el nivel pertinente. En Francia, más del 60% de los participantes en la enseñanza salen de la prisión sin ningún reconocimiento adecuado, el 42% sin ningún certificado y el 20% sólo con un certificado de asistencia ([3], pág. 16).

              C. Otros métodos de evaluar el éxito en la educación básica

               Otro medio oficioso de evaluar el éxito es el de los programas de arte, que pueden estar vinculados con la enseñanza básica. Se ha hecho referencia a la publicación de escritos de los reclusos y a exposiciones de artes visuales. Por ejemplo, en la ciudad de Hamburgo (Alemania) se han instalado en las calles escultura hechas por los reclusos y Yang (capítulo XI) alude a las exposiciones organizadas en Shanghai y Beijing. Gatti [111], al informar sobre la redacción y representación de obras de teatro, considera un éxito el hecho de que los evaluadores del grado de competencia de los aprendices de tramoyistas se sienten en primera fila como espectadores pasivos, a los que los reclusos se dirigen con confianza. El hecho de que sean posibles estos éxitos artísticos demuestra que los reclusos incluso analfabetos, pueden expresarse cuando se les permite que lo hagan.

               La evaluación de todas las tareas educacionales tiene bastante demanda. Los posibles indicadores de éxito no se limitan a los resultados de los exámenes. Recientemente, el Servicio de Prisiones del Reino Unido ha preparado un documento para utilizarlo en la evaluación de todos los programas de enseñanza y bibliotecas en las prisiones [256]. Debe mucho a la cultura de la evaluación de las empresas comerciales, ya que en esencia se pregunta si un servicio cumple los objetivos estipulados en los contratos concertados entre el Servicio de Prisiones y los encargados de impartir instrucción, tanto pública como privada.

              D. Los efectos de la educación sobre el comportamiento
               en los establecimientos penitenciarios

               Durante el cumplimiento de la condena es posible observar los efectos de la enseñanza en las prisiones sobre el comportamiento. Ello puede no ser una guía exacta del comportamiento posterior, pero tiene valor dentro de la institución. Las pruebas estadísticas pueden acumularse teniendo en cuenta la frecuencia de los informes o las audiencias disciplinarios. El curso de capacitación sobre el control de la cólera, impartido en una prisión en el Reino Unido [180], dio los siguientes resultados, que demostraban claramente la reducción del número de ocasiones en que se señalaban al director de la prisión faltas disciplinarias de los alumnos, sobre la base de la participación de 18 estudiantes en el curso: tres meses antes del curso se señalaron al director 21 casos de faltas disciplinarias, tres meses después sólo se señalaron 11.

               No es sorprendente que, en una investigación realizada en los Estados Unidos, se haya demostrado también [266] que los reclusos que trabajan o se capacitan en las prisiones muestran un "mejor ajuste institucional", en otras palabras, la frecuencia con que se los acusa de mala conducta es menor que en el caso de los reclusos con antecedentes educacionales y sociales similares pero que no participan en esas actividades. Costa ha confirmado ([63], pág. 10) que, en aras del orden, la instrucción puede ser un medio tan útil de ocupar a los reclusos como el trabajo en la prisión. El director de una prisión en Portugal ha dicho que los reclusos que asisten a la escuela contribuyen a la estabilización en la prisión.

               Los cuestionarios rellenados por los trabajadores sociales y los reclusos en la evaluación del proyecto de rehabilitación social en El Katta mostraron siempre mejoras notables en el comportamiento, la alfabetización y la participación en actividades en grupo (El-Augi, capítulo XVI). Aumentó también la producción agrícola.

               Los profesionales conocen numerosos casos de mejora del comportamiento social en las prisiones. En general, las pruebas se encuentran a nivel de las impresiones subjetivas, pero hay otros métodos posibles de registrar los logros. Esos métodos están implícitos en la siguiente lista combinada de indicadores pertinentes para la enseñanza básica, en la que se incorporan las propuestas de Sachs [225]:

               a) Tasas de asistencia a los cursos;

               b) Resultados de pruebas y exámenes;

               c) Registros de los cursos de instrucción y capacitación iniciados y completados;

               d) Frecuencia de informes disciplinarios;

               e) Niveles de actividad personal, incluidos la participación en actividades deportivas, culturales y religiosas, las solicitudes de información sobre capacitación profesional y oportunidades de empleo, la frecuencia de las visitas a la biblioteca, etc.;

               f) Pautas de actividad individual durante la libre interacción entre los reclusos;

               g) Mantenimiento de los contactos con los familiares.

               En otras palabras, se puede considerar que los informes sobre el comportamiento social constituyen una medida válida de algunos de los efectos de la educación, a pesar de que la relación entre un determinado curso y un cambio en el comportamiento no sea directa.

               Esa incertidumbre no debilita el argumento en favor de que se imparta la educación apropiada. Si bien puede resultar imposible demostrar que la educación provoca o refuerza el mejoramiento del comportamiento social, no existe ningún argumento convincente según el cual con otro elemento del sistema penal se tengan más probabilidades de lograr el resultado deseado. Sin embargo, es cierto que muchos de los reclusos que tienen buen comportamiento en la prisión no participan en los programas de instrucción y que algunos de los que sí lo hacen pueden tener a veces un comportamiento negativo. Incluso así, debe ser contraproducente negar a un recluso su derecho a instruirse cuando, debido a un cambio ocasionado por otros estímulos, lo solicita después de evaluar su situación y sus necesidades.

               Algunos elementos de la lista anterior de indicadores pueden ser subjetivos, pero no más que los informes escolares o universitarios o las recomendaciones o referencias de los empleadores que influyen en cierto grado en las carreras de la población en general. Se pueden considerar criterios cualitativos más que cuantitativos de los resultados de la educación, pero ello no significa que tengan menos validez. En efecto, en el debate sobre la evaluación de la enseñanza fuera de las prisiones existe una opinión según la cual las medidas cualitativas o naturalistas son un complemento necesario de las cuantitativas.

               La subjetividad puede reducirse mediante la participación de los reclusos. No hay razón para que al menos algunos criterios de evaluación del comportamiento, como los niveles de actividad personal, no se evalúen conjuntamente. Hartl ([124], pág. 1) informa que en la evaluación de los grupos de discusión en la antigua Checoslovaquia, que dio resultados positivos, se utilizaron los siguientes criterios:

               a) Las declaraciones de los propios participantes;

               b) El análisis de todo el material escrito y los diarios de los participantes;

               c) Las grabaciones de las sesiones de grupo;

               d) Las técnicas sociométricas;

               e) Las escalas de actitudes;

                f) Los cuestionarios dirigidos al personal;

               g) Las observaciones del jefe del grupo, sus colegas y el personal.

              Estas técnicas podrían agregarse a la lista combinada anterior.

              E. Factores de distorsión

               Hay muchas influencias sobre los efectos de la educación que los educadores no pueden controlar en las prisiones ni en otros lugares. Esos efectos pueden verse limitados por otros elementos del sistema penal cuyos objetivos son diferentes y que, de manera ya sea deliberada o involuntaria, impiden que los delincuentes adopten un programa de estudios coherente.

               Sin embargo, la educación no puede garantizar la reintegración satisfactoria, ya que el medio social y el mercado de mano de obra, entre otros factores, siempre tendrán una influencia importante sobre la reincidencia.

              1. Factores personales en el cambio de modo de vida

               No existe una medida exacta del papel que desempeñan las actividades educacionales en la decisión consciente o inconsciente de un delincuente de cambiar su modo de vida. Esa incertidumbre aumenta por numerosos informes anecdóticos acerca de la influencia de determinadas personas y de la conversión religiosa que conduce a un cambio en el modo de vida. Es notable con cuánta frecuencia los especialistas, los delincuentes y los antiguos delincuentes formulan observaciones sobre la influencia de determinadas personalidades en el comportamiento, la motivación o los progresos en la instrucción de los reclusos. Esas personas pueden ser educadores, pero también otros reclusos o miembros de otros grupos del personal de la prisión.

              2. Medio social

               Cuando se excarcela a una persona, ésta ingresa o retorna a un medio social concreto. Si ese medio se caracteriza por la violencia, la codicia, el empleo irregular, las relaciones personales inestables y la desconfianza hacia la información escrita y la educación, el recluso recientemente instruido debe rechazar los valores de la educación recibida, introducir nuevos valores en el medio social y, así, cambiarlo, o abandonar ese medio e ingresar en uno nuevo sin familia ni amigos. Las dos últimas opciones requieren mucha tenacidad y carácter, así como apoyo posterior a la excarcelación y contactos externos.

               Si el medio es menos hostil, los valores culturales más amplios vinculados con el material didáctico utilizado en la prisión pueden diferir de los del exterior, lo cual conduce a relaciones inesperadamente inestables.

               Solamente cuando los familiares brindan apoyo, cuando se evita el uso de drogas y cuando se tienen asegurados unos ingresos y una vivienda adecuados -en general mediante un empleo-, existe una posibilidad genuina de reintegración social. El término "reintegración social" es en sí mismo equívoco, si significa un retorno a la situación anterior a la reclusión.

              3. Desempleo

               Existen dudas en cuanto a la fiabilidad del empleo como indicador de los efectos de la educación. Como se demostró anteriormente, los ex reclusos tienen en general una formación educacional y profesional limitada y, en consecuencia, pocas posibilidades de lograr un empleo, situación que empeora por el estigma de la reclusión y sus efectos sobre la personalidad. Además, encontrar y mantener un empleo es solamente un indicador neutro en condiciones de pleno empleo, así como la probabilidad de conseguir un empleo y conservarlo luego de la excarcelación depende no solamente de la educación recibida y de la capacitación profesional, sino también de las condiciones del mercado laboral. En ese contexto, el constante aumento en las calificaciones que se exigen para empleos relativamente mecánicos y la disminución del número de puestos disponibles para actividades manuales aumenta cada vez más la presión sobre los no capacitados.

               Cuando la demanda de trabajadores no especializados es menor, los efectos de la enseñanza básica o preprofesional sobre el empleo son apenas perceptibles. Además, cuando las prisiones solamente cuentan con las instalaciones o el personal necesarios para ofrecer capacitación preprofesional o plenamente profesional para empleos en industrias en extinción, los efectos de la formación sobre las posibilidades de empleo de los antiguos reclusos pueden ser negativos más que positivos. Por último, cualquiera que sea la situación legal en materia de discriminación, los propios empleadores frecuentemente colocan a los antiguos reclusos al final de la lista de candidatos a un puesto, a menos que algún servicio de apoyo dé seguridades y aliento.

               En los planes de creación de empleos para los desempleados desde hace tiempo, incluidos muchos antiguos reclusos, la contratación no solamente depende de los niveles de instrucción anteriores, sino también de la seguridad financiera de muchos de los propios planes. Generalmente se conceden fondos por un período limitado de uno o dos años, tras lo cual no hay garantía de empleo para los diplomados, ni siquiera en los oficios que han desempeñado durante la experiencia de creación de empleos. No es sorprendente que los delincuentes no vean con buenos ojos la capacitación para empleos que saben que están mal pagados o no están disponibles.

               Entre algunos reclusos y antiguos reclusos, la falta de realismo también influye en su actitud con respecto al empleo. Tras su primera experiencia continua de enseñanza y el primer diploma jamás conseguido, a veces piensan que están capacitados para empleos que exigen calificaciones mucho más altas. Por ello, no pueden responder a las necesidades del mercado. Resulta claro que la orientación laboral debe formar parte de la preparación profesional, en la que se debe prestar atención a la necesidad de fiabilidad, puntualidad, conformidad con los requisitos del empleador, etc., así como a los conocimientos profesionales específicos.

               Los contactos personales con los futuros empleadores reviste mucha importancia para los antiguos reclusos y las posibilidades de empleo de los delincuentes más peligrosos son muy reducidas [230].

              4. Reincidencia

               Las experiencias mencionadas vinculan el empleo y el cambio de comportamiento con mayores posibilidades de evitar la reincidencia en el caso de ciertos reclusos, lo que avala la utilidad de la enseñanza en los establecimientos penitenciarios.

               Sin embargo, hay que reconocer que las personas no pueden restaurarse o renovarse como si fueran objetos y que el desempleo no es una causa directa de las actividades delictivas. Si lo fueran, la población en los establecimientos penitenciarios sería aún mayor. Asimismo, a juzgar por la experiencia de los educadores y otras personas que participan en los sistemas de justicia penal, probablemente hay una cantidad de delincuentes a los que no se puede rehabilitar y entre gran número de ellos todo cambio es frágil y depende mucho de las circunstancias. Hamm [122] compara el abandono de las actividades delictivas con la toxicomanía y dice que nadie espera que todos los toxicómanos puedan dejar de serlo en el primer intento. Si un delincuente ha cometido un delito que se relaciona con la toxicomanía y sigue dependiendo de las drogas, es razonable suponer que las posibilidades de que reincida son proporcionalmente mayores.

               Sin embargo, otros factores reducen la fiabilidad de la reincidencia como indicador de la eficacia de la educación. En primer lugar, no hay un criterio uniforme para evaluar la reincidencia. En algunos casos, los delitos cometidos anteriormente en una provincia o Estado diferente no se tienen en cuenta. En otros casos diferentes tipos de delitos se retiran de los registros después de cierto tiempo, en particular en el caso de los menores. En el caso de un primer delito, en algunos sistemas se prefiere hacer una amonestación, más bien que dictar una sentencia propiamente dicha, y no hay acuerdo sobre el período de tiempo en el cual debe medirse la reincidencia tras la excarcelación (que no es lo mismo que el cumplimiento de la condena, ya que parte de ella puede pasarse en libertad bajo palabra).

               En segundo lugar, se observa en general que en las prisiones no solamente se enseña lo que pretende enseñar el sistema, sino también la delincuencia y la alienación del sistema social. Hasta cierto punto, las medidas internas pueden paliar esta situación separando los reclusos en detención preventiva de los reclusos convictos y a los delincuentes primarios de los reincidentes y limitando el número de reclusos en una celda al previsto inicialmente. Sin embargo, si quiere lograrse la reintegración social, se debe permitir una cierta libertad de interacción.

               En tercer lugar, en general, las posibilidades en la vida pueden verse reducidas por los efectos totales de la reclusión, en vez de aumentar por el contenido educacional de esa experiencia, y algunos comentaristas insisten en que así ocurre necesariamente (Cosman, capítulo VIII del presente Manual, y [293]). Las posibilidades de empleo, la relación ininterrumpida con otra persona, la seguridad de la vivienda y la estabilidad emocional resultan empobrecidas por la permanencia en el establecimiento penitenciario. Lo mejor que puede hacer la enseñanza en las prisiones es contrarrestar algunos de esos efectos, pero no sería razonable culparla de que no se superen las consecuencias de la privación de la libertad impuesta por la sociedad. Si la sociedad realmente pretende que la permanencia en el establecimiento penitenciario sea más punitiva que educativa, la retórica de la mayor parte de los sistemas acerca de la rehabilitación resulta hipócrita.

               En cuarto lugar, las probabilidades de ser detenido nuevamente por uno o más delitos aumentan. En teoría, ello no debería afectar las posibilidades de una nueva condena, pero es razonable deducir de la experiencia práctica que resulta más fácil resolver un caso cuando el delito ha sido cometido por una persona conocida por la policía que cuando su autor es desconocido. pasado este punto se entra en el terreno de la especulación sobre la culpa o la inocencia, lo cual queda fuera del ámbito del presente informe.

               Esas preocupaciones plantean cuestiones sociales y morales muy amplias y los intentos de resolverlas quedan al margen de la cuestión inmediata de ofrecer una educación básica. Sin embargo, se deberán tener en cuenta cuando se estudien los efectos de esa enseñanza.



              © United Nations and UNESCO-Institute for Education

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                A. La relación entre la enseñanza, la reincidencia y el desempleo
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                C. Otros métodos de evaluar el éxito en la educación básica
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                E. Factores de distorsión
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