Son millones las personas recluidas en prisiones y otros establecimientos correccionales en todo el mundo(*1). La mayoría de ellas carecen de formación profesional superior u otros estudios avanzados, y en los países en que se garantiza el derecho universal a diez años o más de escolaridad, una importante minoría -en general entre el 25 y el 40 por ciento- tiene problemas de lectura, escritura, cálculo y comunicación social. Se ha demostrado que el derecho a una educación básica en las prisiones es un requisito indispensable para lograr el objetivo reconocido internacionalmente de garantizar un nivel básico de educación para todos.
El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en su resolución 1990/20 de 24 de mayo de 1990, recomendó, entre otras cosas, que todos los reclusos debían gozar de acceso a la educación, con inclusión de programas de alfabetización, educación básica, formación profesional, actividades creadoras, religiosas y culturales, educación física y deportes, educación social, enseñanza superior y servicios de bibliotecas. En la misma resolución, el Consejo pidió al Secretario General de las Naciones Unidas que, a reserva de la disponibilidad de fondos extrapresupuestarios, elaborase un manual sobre la educación en establecimientos penitenciarios que sería la base necesaria para una ulterior organización de la educación en dichos establecimientos y facilitaría el intercambio de conocimientos especializados y experiencia en este aspecto de la práctica penitenciaria entre los Estados Miembros.
En 1991, el Instituto de Educación de la UNESCO (UIE), que es el centro especializado de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en investigaciones y desarrollo en materia de educación de adultos y educación continua, puso en marcha un proyecto de investigación y promoción de la educación básica en los establecimientos penitenciarios. Como esta iniciativa del UIE respondía a la petición formulada al Secretario General de las Naciones Unidas, la Subdivisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de la Secretaría de las Naciones Unidas se ofreció a colaborar en la preparación de una publicación conjunta. En el Manual resultante se examinan algunas de las formas en que puede abordarse el problema de promover la educación en los establecimientos penitenciarios y se analizan las prácticas actuales en algunos países a través del mundo. El Manual se destina a los responsables de adoptar decisiones, administradores, educadores y organizaciones no gubernamentales a fin de ayudarles a planificar y organizar la educación en el entorno especial de los establecimientos penitenciarios.
Los autores desean expresar su reconocimiento a todos los que han contribuido a los estudios de casos, especialmente a los servicios de educación penitenciaria del Estado de Maryland, que asumieron la tarea de publicar la edición inglesa del presente Manual. Este Manual no podría haberse preparado sin la colaboración de otras muchas organizaciones, dos de las cuales merecen una mención especial: el Consejo Internacional de Bienestar Social y el Consejo Internacional de Educación de Adultos. Además, los autores han recibido una gran ayuda durante la preparación de la parte primera del Manual de particulares e instituciones que facilitaron documentación, una gran parte de la cual se cita en la bibliografía. Los profesionales de muchos países también han aportado ideas estimulantes en conversaciones oficiosas. A todos ellos se les debe expresar un sincero agradecimiento.
La investigaciones en que se basa el Manual fueron coordinadas por el UIE bajo la dirección de Peter Sutten. En el seno del UIE desempeñaron un importante papel Bettina Bochynek, quien preparó el seminario para el proyecto final celebrado en enero de 1994, y Christa Hategan, Chiara Imperio y Britta Niemann, quienes se encargaron de analizar muchos de los informes recibidos. En la Subdivisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de las Naciones Unidas, Ralph Krech coordinó el proyecto.
Tanto la Secretaría de las Naciones
Unidas como el UIE se han comprometido a trabajar en favor de la educación
para todos, reconociendo las necesidades tanto de los adultos como de los
niños y los jóvenes. En consecuencia, ofrecen su colaboración
a todos aquellos que tratan de promover el valor e importancia de la educación
para los reclusos.
*1
Según Human Rights Watch ([125], pág. xxxi) el número
total de personas recluidas en todo el mundo en un momento dado de cualquier
año es de decenas de millones.