Nota biográfica
Yue-man Yeung es Catedrático de Geografía y director del Instituto de Estudios del Asia del Pacífico de Hong Kong (Hong Kong Institute of Asia-Pacific Studies), de la Universidad China de Hong Kong, Shatin, NT, Hong Kong. Ha trabajado en Singapur y en Canadá así como en Hong Kong. Sus publicaciones más recientes son: Pacific Asia in the 21st Century (1993) y, en colaboración con David Chu, Guangdong (1994); con F.C. Lo, Emerging World Cities in Pacific Asia, (1996), con Sung Yun-wing, Shanghai (1996) y Global Change and the Commonwealth (1996).
En la última mitad del siglo XX el mundo ha visto como su población humana crecía rápidamente y se concentraba en ciudades, especialmente en los países en desarrollo, dos procesos perfectamente conocidos en la actualidad. Entre 1950 y 1990 la población mundial aumentó en un 110%, de 2.513 millones a 5.289 millones, de los cuales 2.389 millones vivían en ciudades. Durante estos mismos cuatro decenios, la población urbana en los países desarrollados aumentó de 448 millones (el 53,8% de la población total) a 875 millones (72,6%), pero en los países en desarrollo, la población urbana se disparó desde los 286 millones (17,0%) hasta los 1.514 millones (37,1%). Por lo tanto parece claro que en este período estudiado el grueso del aumento en población urbana ha tenido lugar en los países en desarrollo. En 1990, a pesar de que el índice de crecimiento de las ciudades en estos países era algo inferior a la mitad del de los países desarrollados, la población urbana total de los primeros prácticamente doblaba a la de los segundos. Más aún, parece que estas tendencias persistirán, ya que se prevé que las ciudades de los países en desarrollo crecerán más rápidamente que las de los países desarrollados. Las megaciudades de crecimiento mas rápido se hallan todas en países en desarrollo, y muchas de ellas crecen a una tasa anual superior al 4 por ciento en el período que va de 1980 a 1990 (Tabla 1).
TABLA 1. Megaciudades del mundo, 1950-2000
|
Megaciudad |
Población (en millones) |
Índices de crecimiento medio anual, 1980-90 (%) |
Porcentaje
de la población total del país
1990 |
||||
| 1950 | 1980 | 1990 | 2000 | ||||
| Africa |
3,9 |
||||||
| El Cairo | 2,4 | 6,9 | 9,0 | 11,8 |
2,6 |
37,0 | |
| Lagos | 0,3 | 4,4 | 7,7 | 12,9 |
5,6 |
20,2 | |
| América Latina |
2,8 |
||||||
| Buenos Aires | 5,0 | 9,9 | 11,5 | 12,9 |
1,5 |
41,3 | |
| Lima | 1,0 | 4,4 | 6,2 | 8,2 |
3,4 |
41,3 | |
| México D.F. | 3,1 | 14,5 | 20,2 | 25,6 |
3,3 |
31,4 | |
| Rio de Janeiro | 2,9 | 8,8 | 10,7 | 12,5 |
2,0 |
9,5 | |
| Sao Paulo | 2,4 | 12,1 | 17,4 | 22,1 |
3,6 |
15,4 | |
| Asia |
3,3 |
||||||
| Bangalore | 0,8 | 2,8 | 5,0 | 8,2 |
5,7 |
2,2 | |
| Bangkok | 1,4 | 4,7 | 7,2 | 10,3 |
4,1 |
56,8 | |
| Beijing | 3,9 | 9,0 | 10,8 | 14,0 |
1,8 |
2,8 | |
| Bombay | 2,9 | 8,1 | 11,2 | 15,4 |
3,3 |
4,9 | |
| Calcuta | 4,4 | 9,0 | 11,8 | 15,7 |
3,3 |
4,9 | |
| Dhaka | 0,4 | 3,3 | 6,6 | 12,2 |
7,0 |
35,0 | |
| Delhi | 1,4 | 5,6 | 8,8 | 13,2 |
4,6 |
3,8 | |
| Estambul | 1,1 | 4,4 | 6,7 | 9,5 |
4,1 |
19,4 | |
| Karachi | 1,0 | 4,9 | 7,7 | 11,7 |
4,4 |
19,6 | |
| Manila | 1,5 | 6,0 | 8,5 | 11,8 |
3,5 |
31,9 | |
| Seúl | 1,1 | 8,3 | 11,0 | 12,7 |
2,8 |
35,7 | |
| Shanghai | 5,3 | 11,7 | 13,4 | 17,0 |
1,3 |
3,5 | |
| Teherán | 1,0 | 5,1 | 6,8 | 8,5 |
2,9 |
21,9 | |
| Tianjin | 2,4 | 7,3 | 9,4 | 12,7 |
2,5 |
2,5 | |
| Yakarta | 2,0 | 6,0 | 9,3 | 13,7 |
4,4 |
16,4 | |
| Regiones más
desarrolladas |
0,7 |
||||||
| Los Angeles | 4,0 | 9,5 | 11,9 | 13,9 |
2,2 |
6,4 | |
| Moscú | 4,8 | 8,2 | 8,8 | 9,0 |
0,8 |
4,7 | |
| Nueva York | 12,3 | 15,6 | 16,2 | 16,8 |
0,4 |
8,7 | |
| Osaka | 3,8 | 8,3 | 8,5 | 8,6 |
0,2 |
9,0 | |
| Paris | 5,4 | 8,5 | 8,5 | 8,6 |
-0,03 |
20,4 | |
| Tokio | 6,7 | 16,9 | 18,1 | 19,0 |
0,7 |
19,1 | |
Fuente: Naciones Unidas, Perspectivas
de Crecimiento Urbano 1990 (Nueva York, 1991).
En el año 2000, más de la mitad de la población mundial vivirá en ciudades, y poco antes del 2010 los países en desarrollo llegarán a un punto de inflexión por lo que hace a la distribución humana entre campo y ciudad, de modo que su población urbana superará el 50% (Naciones Unidas, 1991).
Con el telón de fondo de un mundo en desarrollo en rápido proceso de urbanización, el protagonismo de las grandes ciudades es impresionante. Entre 1950 y 1990 el número de ciudades de más de un millón de habitantes se ha triplicado. En 1950 sólo había 78 ciudades que superaran el millón de habitantes, pero en 1990 el número de ciudades de este tamaño pasaba de 276. En el año 2010 el número de ciudades de más de un millón de habitantes se espera que alcance las 511. Solamente en Asia pasaron de 24 a 115 en el período mencionado. En 1990, el 33% de la población urbana mundial vivía en ciudades de más de un millón de habitantes y el 10% vivía en enormes aglomeraciones urbanas de 8 millones de habitantes o más (Naciones Unidas, 1991). No cabe duda de que estas grandes ciudades han dominado la vida social y económica de muchos habitantes de nuestro planeta.
Un estudio reciente de las Naciones Unidas ha definido
las megaciudades como aquellas ciudades que tendrán más de
8 millones de habitantes en el año 2000. Definidas así, existen
28 megaciudades, la inmensa mayoría de las cuales se encuentran
en países en desarrollo, con México D.F., Sao Paulo, y Tokio
a la cabeza (Naciones Unidas, 1991; véase la Tabla 1). El dominio
de ciertas megaciudades sobre la vida nacional de sus países también
se pone de manifiesto allí donde el 30 o 40% de la población
urbana de sus respectivos países se concentra en ellas. Bangkok
bate el récord al contener el 56'8% de la población de Tailandia.
La proliferación de ciudades de más
de un millón de habitantes y de megaciudades ha provocado una avalancha
de estudios sobre "ciudades gigantes", megaciudades (Brennan
y Richardson, 1989), ciudades mundiales (Friedmann, 1986) y ciudades globales
(Sassen, 1991). Mientras las megaciudades se definen primordialmente por
su peso demográfico, las ciudades mundiales y las ciudades globales
se caracterizan por los papeles vitales que desempeñan en la economía
en general. La lista de megaciudades que aparece en este artículo
difiere de la propuesta por Friedmann, con la cual sólo tiene 11
ciudades en común.1 Muchas de las ciudades que
figuran en ambas listas no coinciden. A pesar de su título, este
artículo tratará de dos grupos de ciudades al margen de las
diferencias que las separan en lo que concierne a su naturaleza, su orientación
y sus retos. Este artículo se concentrará sobre todo en el
aumento del número de megaciudades y de ciudades mundiales, examinará
su razón de ser como grupo así como los problemas y oportunidades
con que deben enfrentarse individualmente. El artículo concluirá
con una propuesta de previsión sobre el papel que desempeñarán
en el siglo XXI.
A medida que el siglo XX toca a su fin, el mundo se ha vuelto cada vez más urbano y los países en desarrollo han acusado la pronunciada concentración de megaciudades. Para situar en perspectiva la importancia de las megaciudades, en 1990 contenían el 12,1% de la población urbana mundial, o el 5,5% de la población total del planeta; en el año 2000, los respectivos porcentajes serán del 12,7 y 5,9%. Estas concentraciones de población pierden relevancia ante el dominio económico de algunas megaciudades sobre la vida económica nacional de sus respectivos países. Tokio, por ejemplo, concentraba el 27% de las ventas al por menor y al por mayor, el 60% de inversiones de capital y el 50% de estudiantes universitarios; Seúl acogía el 78% de las sedes de empresas, el 90% de grandes corporaciones, y el 65% de préstamos y depósitos bancarios de Corea del Sur (Yeung, 1988:162).
FIGURA 1 Megaciudades del mundo, hacia el año 2000
Las megaciudades han crecido de modo espectacular
en los últimos decenios pero con la excepción de Dhaka, Calcuta
y Bombay lo han hecho más rápidamente en los primeros veinticinco
años después de 1950 de lo que lo harán en el próximo
cuarto de siglo. Esta desaceleración de su crecimiento puede explicarse
por la ralentización de las tendencias demográficas nacionales,
los métodos de recogida de datos, las medidas políticas para
desacelerar el crecimiento de las grandes ciudades y un ambiente menos
favorable para el crecimiento en muchos países en desarrollo desde
la última crisis petrolífera de 1973 (Richardson, 1993).
En los cuatro decenios que van de 1950 a 1990 las megaciudades han experimentado
un crecimiento explosivo en los países en desarrollo; muchas aglomeraciones
urbanas, tales como Lagos, Lima, México D.F., Sao Paulo, Bangalore,
Bangkok, etc., como mínimo han cuadruplicado su población
durante este período (Tabla 1).
Se ha intentado explicar el crecimiento extraordinario
de las megaciudades en los países en desarrollo de modos distintos.
La dinámica demográfica relacionada con la coincidencia de
tasas de mortalidad en disminución y tasas de natalidad en aumento
junto con las inmigraciones masivas y continuadas del campo a la ciudad
han determinado poderosamente el proceso de urbanización sostenida
en los países en desarrollo. China quizás sea la única
excepción debido a su eficaz política de control del crecimiento
urbano y de haber mantenido a la población en las áreas rurales
mediante el empadronamiento y los sistemas de racionamiento de comida que
ha llevado a cabo durante decenios, al menos hasta la reciente relajación
de estas medidas con la adopción de una política de apertura
en 1978. Las megaciudades de estos países, al margen de sus distintas
situaciones económicas y sociales, se han encontrado con el tremendo
problema de tener que crear empleo, proporcionar servicios básicos
y mantener el equilibrio psicológico de sus multitudes humanas.
Otro motivo es el económico. Gilbert y Gugler
(1981) han calificado el proceso de urbanización en el Tercer Mundo
de desarrollo dependiente como resultado de la penetración capitalista
en esta zona del mundo por parte de las economías industriales avanzadas.
A consecuencia de ello, un proceso de urbanización dependiente ha
conducido a modelos de desigualdad y de pobreza, ya que si bien las ciudades
del Tercer Mundo han entrado a formar parte de la economía mundial,
sus habitantes no tienen un acceso igualitario a los recursos mundiales.
De modo parecido, Armstrong y McGee (1985) han definido las ciudades de
Asia y América Latina como escenarios de acumulación de capital.
Consideran las ciudades de estas regiones dentro de una estructura económica
y política mundial, donde sus estructuras institucionales proporcionan
un vehículo para la expansión del capital y su acumulación
a través de procesos de producción, circulación, y
consumo. En ambos estudios las ciudades del Tercer Mundo se sitúan
en el contexto de una nueva división internacional del trabajo,
donde las empresas transnacionales juegan un papel central dentro de la
economía global.
Hay otros motivos que explican el rápido crecimiento
de las megaciudades. El papel cultural de las ciudades, especialmente las
capitales de países recientemente independizados, su poder político,
la perspectiva de una educación mejor así como de otros servicios,
explicaría entre otras cosas el poder de atracción que las
megaciudades ejercen sobre la población, generando de este modo
un impulso mantenido de crecimiento. Las grandes ciudades continúan
creciendo por motivos económicos pero cuando superan un cierto tamaño
entran en juego lo que los economistas denominan factores externos negativos,
tales como la contaminación del aire y del agua, el caos de circulación,
la proliferación de barrios miserables y la ocupación ilegal
de viviendas, el mantenimiento del orden público, etc. De hecho,
el proceso de dispersión espontánea o "de inversión
de polaridad" parece que ya ha tenido lugar en megaciudades de América
Latina tales como Sao Paulo, México D.F. y Buenos Aires.
Naturalmente, el agravamiento de los problemas de
las ciudades del Tercer Mundo llegó a ser tan acusado que a principios
de los años setenta el Banco Mundial capitaneó una ofensiva
institucional e internacional concertada contra la pobreza urbana en los
países en desarrollo, elaborando programas de asistencia que al
principio se concentraban en el fomento de viviendas y en el desarrollo
regional, y que más tarde se fueron decantando hacia una lucha más
integrada contra la pobreza. El decenio de los noventa ha sido considerado
como un decenio de oportunidades, en el cual el Banco Mundial dará
apoyo a las políticas urbanas y nacionales correctas así
como a los desarrollos institucionales que mejoren la productividad urbana
y protejan el ambiente urbano (Banco Mundial, 1991). Del mismo modo el
PNUD ha propuesto una agenda programática para este decenio con
mayor énfasis en la ayuda a la gente, sin menoscabo de sus objetivos
económicos (PNUD, 1991). Ya adentrados en el decenio actual, se
ha registrado un notable incremento en los esfuerzos internacionales y
en los recursos movilizados para fomentar la investigación, el trabajo
en equipo y la difusión de la información. Entre 1991 y 1993
la Fundación Ford dio apoyo a un ambicioso proyecto sobre investigación
urbana en el Tercer Mundo con la participación de 12 equipos de
investigación distribuídos por todas las regiones en desarrollo.
Las conclusiones de la primera fase se han publicado en cuatro volúmenes
(Stren, 1994); la segunda fase del proyecto fue completada en 1995. Por
lo que hace a la creación de una conciencia real en políticos
y planificadores sobre los problemas urbanos y sus soluciones en los países
en desarrollo, ha tenido gran impacto en todas las regiones en desarrollo
un programa de gestión urbana de diez años de duración.
Este programa, avalado por el PNUD y por donantes bilaterales, incluye
la cooperación profesional de muchas instituciones líderes,
especialmente del Banco Mundial y Habitat, y ha fomentado activamente las
iniciativas y el avance tecnológico regional de muchos países
desde 1992 (Clarke, 1991).
Dentro del nuevo entorno global que ha propiciado
el crecimiento de megaciudades en países en desarrollo ha saltado
a primer plano una nueva clase de ciudades: las ciudades mundiales o ciudades
globales. Algunas de ellas pueden ser a la vez gigantes demográficos,
y por lo tanto megaciudades, pero se las considera ciudades mundiales debido
a su propio valor e importancia, principalmente por las funciones que desempeñan
en la nueva economía global. Las ciudades mundiales son centros
de control o de mando en un entramado mundial de ciudades similares, que
a menudo son a la vez los cuarteles generales de las transnacionales, de
los centros financieros, de los nudos de telecomunicación y transportes
y de emporios turísticos. ¿Qué factores han favorecido
el crecimiento de ciudades mundiales?
Dicho brevemente, tres factores han afectado profundamente a la economía global desde el principio de los ochenta, especialmente en lo que se refiere a la ventaja comparativa en producción económica y libre competencia. En primer lugar citaremos el colapso de los precios de los productos básicos y del petróleo al principio del decenio lo cual, junto con el largo declive en la producción de bienes materiales en las economías industrialmente avanzadas, ha dado como resultado la disminución de la importancia de los recursos primarios en la producción económica. Las industrias han tendido a pasar de un estilo basado en el trabajo intensivo a otro basado en la formación intensiva. En segundo lugar, junto con el declive en el papel de recursos materiales en el proceso de producción ha habido el aumento del capital, en particular del capital transnacional, como motor del crecimiento económico. La inversión extranjera directa se ha convertido ahora en un nuevo indicador de este crecimiento. A este respecto el acuerdo de Plaza de 1985, con su espectacular apreciación del yen frente al dólar americano, ha tenido un efecto a largo plazo en el modelo de inversión extranjera directa. La inversión japonesa ha buscado activamente nuevos destinos en el extranjero, siendo los Estados Unidos, Europa y los países de la zona del Pacífico asiático los que más se han beneficiado de esta exportación de capital japonés. Entre 1985 y 1987 la inversión extranjera directa japonesa aumentó en todo el mundo hasta triplicarse, alcanzando los 33,4 miles de millones de dólares americanos. En tercer lugar, las dos últimas tendencias se han visto favorecidas por los cambios tecnológicos que han sido rápidos, revolucionarios y globales desde el decenio de los ochenta. El alcance y la rapidez de las innovaciones que se han producido en la microelectrónica y en las comunicaciones han sido impresionantes. Parece que todo el mundo está de acuerdo en que se ha inaugurado una nueva era de telecomunicaciones, tecnología de la información y generalización de oportunidades. Estas grandes tendencias han transformado la esencia de la economía global en la cual las fronteras nacionales se han convertido en un obstáculo menor en muchos aspectos de la vida, especialmente en lo tocante a la producción industrial. Por consiguiente la vida urbana, la producción económica, las finanzas, la actividad bancaria y los servicios se han internacionalizado. Una economía sin fronteras ha caracterizado la nueva economía global dentro de la cual las ciudades mundiales han emergido para jugar sus papeles cruciales.
El orden económico internacional que había regido gran parte del período de posguerra quedó desbaratado a principio de los 70 y desde entonces ha surgido una economía global de nuevo cuño, donde una nueva división internacional del trabajo ha favorecido los países de reciente industrialización como centros de actividades productivas y, por consiguiente, como escenarios de acumulación de capital. Las fuerzas que empujan esta nueva división internacional del trabajo partían básicamente de cuatro puntos. En primer lugar había el fuerte deseo entre las empresas de utilizar mano de obra menos cara y de aprovechar situaciones más rentables para su producción. En segundo lugar, las empresas respondieron al creciente poder de oferta de ciertos países en desarrollo para estimular y desarrollar su industrialización. En tercer lugar, las empresas salieron de los países desarrollados para responder al reto de la creciente competencia internacional. Finalmente, las empresas se instalaron en el extranjero para contrarrestar el lastre que representaban unas regulaciones sindicales y gubernamentales mejor organizadas. Estas fuerzas, como parte de la nueva división internacional del trabajo, han dado nueva forma a la jerarquía espacial de actividades económicas así como a la relación y a la importancia relativa de las economías industrialmente avanzadas o recientemente industrializadas. La nueva economía global se caracteriza por la proliferación internacional de facilidades de producción y de servicios relacionados con las empresas, así como por la aparición de un sistema de mercados de capital internacional (Cohen, 1981).
Tal como Dicken (1992:1-4) ha puesto de relieve,
la actividad económica no sólo se está internacionalizando
sino que cada vez se globaliza más. El flujo comercial relativamente
simple de los decenios precedentes se ha vuelto mucho más complejo
y la producción económica se ha complicado y fragmentado
hasta extremos insospechados, implicando muchos procesos de producción
y conllevando una resituación geográfica a escala global
que trasciende las fronteras nacionales. Robert Reich ha ilustrado este
cambio global de un modo muy expresivo:
Consideremos algunos ejemplos. Un equipo
de precisión de hockey sobre hielo se diseña en Suecia, se
financia en Canadá, se monta en Cleveland y en Dinamarca para distribuirlo
en América del Norte y Europa, a partir de aleaciones cuyas estructuras
moleculares han sido investigadas y patentadas en Delaware y fabricadas
en Japón... Un microprocesador se diseña en California y
se financia en América y en Alemania, conteniendo memorias dinámicas
de acceso aleatorio fabricadas en Corea del Sur.2
Como resultado de estos tipos de procesos de producción
de alta precisión ha habido un cambio en la competitividad internacional
de un cierto número de industrias, conllevando el remodelamiento
de la jerarquía urbana mundial. Así pues, una nueva clase
de ciudades, la de las ciudades mundiales, ha surgido o resurgido a partir
de antiguas formas para tirar de la nueva economía global. El mayor
impacto se ha sentido en los centros urbanos de las naciones desarrolladas
y en las mayores ciudades de los países en desarrollo (Cohen, 1981:303).
De un modo más explícito, Sassen (1991) ha identificado cuatro funciones clave para las ciudades mundiales, a saber: (a) como puestos de mando en la organización de la economía global, (b) como sedes clave para las finanzas y las empresas de servicios especializadas, en sustitución de la producción industrial como sector económico líder, (c) como sedes de producción y de innovación en las industrias más avanzadas, y (d) como mercados para productos e innovaciones de nueva aparición. Estas múltiples funciones de las ciudades mundiales harán posible su vinculación con otras ciudades mundiales, tanto a nivel regional como global, de modo que se puedan articular entre ellas de un modo efectivo y funcional. Las ciudades mundiales son parte de la economía global que se caracteriza porque los flujos de capital, los mercados de trabajo, los mercados de productos básicos, la información, las materias primas, la gestión y la organización se hallan internacionalizadas y son plenamente interdependientes en todo el mundo, incluso en su expresión cotidiana (Castells, 1992:5).
La nueva economía global ha ejercido un impacto en las ciudades tanto de los países desarrollados como en desarrollo de varios modos distintos. En las economías industrialmente avanzadas, las ciudades que otrora fueron prósperas por razón de su producción industrial han perdido muchos empleos en sus fábricas y han debido reestructurar su economía, tal como demuestran las experiencias de Detroit, Chicago, Nueva York, Manchester y Osaka. Algunas ciudades han conseguido vencer estos nuevos retos, especialmente Los Angeles, Miami, Berlín y Viena. Las ciudades próximas a la Europa del Este, tales como Viena y Berlín, tienen más probabilidades de asumir nuevos papeles o revitalizar los antiguos, convirtiéndose en centros de negocios de la región centroeuropea. No obstante, los centros financieros dominantes del mundo continúan siendo por antonomasia Nueva York, Tokio y Londres. En 1994 sus bolsas eran las mayores, por lo que a la capitalización se refiere, en el orden citado. Nueva York tiene más sedes de empresas que aparecen en la revista Fortune 500 que cualquier otra ciudad, y a pesar de ello tiene dificultades para mantener su posición de líder tanto globalmente como a nivel estatal. Londres es comparable a Nueva York en lo que se refiere al declive absoluto de su población, a las pérdidas absolutas de empleos industriales y al lento crecimiento del empleo global (Markusen y Gwiadsa, 1994). La pretensión de Londres de erigirse en líder de las finanzas globales se ha visto muy reforzada por las desregulaciones de los mercados financieros en el Reino Unido durante los años ochenta. De hecho, el clima general que prevalece en todo el mundo es de menor regulación, mayor diversificación y más competencia, lo cual también ha beneficiado algunos mercados, en especial Hong Kong, Bangkok y Taipei. Comparado con Nueva York y Londres, el dominio de Tokio en la economía japonesa no tiene rival, ya que actúa de centro financiero, de innovacón y de comercio internacional dentro de una economía nacional en rápido crecimiento. Japón reúne casi la mitad del valor total de las mil mayores corporaciones transnacionales, a la vez que, de todas las empresas extranjeras radicadas en el país (1251), el 84,6% tienen sede en Tokio (Fujita, 1991).
Sassen (1994) remarca que en la nueva economía
global ha aparecido un número limitado de ciudades como sedes transnacionales
de inversión para las empresas, de producción de servicios
y de inversiones financieras, así como de distintos mercados internacionales.
Ha aparecido, pues, un nuevo proceso de urbanización y un nuevo
tipo de ciudad, la ciudad mundial. Así, en los años ochenta,
Nueva York, Londres, Tokio, París, Frankfurt, Amsterdam, Zurich,
Los Angeles, Hong Kong, Singapur y Sydney, entre otras ciudades, han descubierto
nuevos papeles que jugar y han visto cómo su importancia crecía
en la economía global emergente. Estas ciudades se encuentran en
los puntos focales de los procesos de globalización económica,
de migración internacional y de aparición de nuevos servicios
y finanzas de producción.
Al examinar el control y la coordinación del
intercambio internacional de capital y de productos básicos por
parte de intermediarios comerciales (financieros, mayoristas y sedes de
grandes empresas) con respecto a su influencia sobre el cambio en el sistema
mundial de ciudades, Meyer (1991) ha llegado a la conclusión de
que las reacciones de estos organismos ante la competencia -alterando los
costes de transacción, usando la diferenciación y la desdiferenciación
para controlar mercados y apelando a la fuerza- nos dan una interesante
visión sobre el cambio que se producirá a largo plazo. En
un estudio previo similar, Meyer (1986) exploró las relaciones entre
metrópolis financieras internacionales y ciudades suramericanas
y puso de manifiesto que el sistema mundial de ciudades se organiza independientemente
de las fronteras regionales, nacionales o mundiales.
A medida que las ciudades mundiales se orientan de
un modo más internacional, cada vez están más sujetas
a las fuerzas de la migración internacional de la población.
Por ejemplo, las ciudades mundiales europeas, tales como París y
Frankfurt, se hallan en el centro de las grandes redes de transporte y
de inmigración. Parece que Berlín y Viena están recuperando
su antiguo papel y se ven favorecidas como puntos de destino de los grandes
movimientos migratorios regionales (Sassen, 1994). Tokio ha experimentado
por primera vez y de modo similar la inmigración tanto legal como
ilegal procedente de los países asiáticos vecinos, incluyendo
los de Asia del Sur. La inmigración se ha convertido en un nuevo
factor en la vida urbana japonesa, proporcionando mano de obra imprescindible
para trabajos de segunda categoría y que ocasionalmente se ve involucrada
en el oscuro mundo del delito. Incluso en Hong Kong, como resultado de
su mayor orientación internacional en los últimos años,
el aumento de la población extranjera ha sido muy rápido.
Entre 1980 y 1992 los filipinos, los tailandeses y los canadienses han
triplicado, como mínimo, su población (Yeung, 1995).
A fin de que las ciudades mundiales puedan cumplir
debidamente sus funciones deben hallarse inmersas en el proceso que podríamos
definir brevemente como Formación de Ciudad Mundial. Necesitan,
de entrada, una sólida infraestructura física y social. Los
edificios de oficinas de distintos estilos arquitectónicos transmiten,
por ejemplo, una imagen de poder y de prestigio; los grandes aeropuertos,
los trenes de alta velocidad y las autopistas de la información
avalan la proyección global de una ciudad mundial. Los entramados
sociales se nutren de una gran variedad de actividades culturales y de
ocio (Dieleman y Hamnett, 1994:358). A título de ejemplo, el área
metropolitana de Los Angeles ha aumentado su superficie en más de
ocho veces, partiendo de las 4.070 millas cuadradas que ocupaba en 1985.
Muchos aeropuertos gigantes de Asia, tales como Osaka, Seúl y Hong
Kong, se han construído o se están construyendo sobre tierras
ganadas al mar. La desecación y la construcción intensiva
de edificios verticales constituyen dos métodos usuales de expansión
de la superficie urbana hacia el mar para las ciudades globales asiáticas,
a fin de crear un nuevo espacio y poder satisfacer sus necesidades funcionales.
Hasta ahora, en esta sección del articulo
el debate se ha centrado en las ciudades globales y en la economía
global emergente. Algunas de estas ciudades mundiales, al haber alcanzado
un cierto nivel de población, son también megaciudades. No
obstante, y en su mayor parte, las megaciudades se definen por su número
de habitantes, y por lo tanto pueden ser clasificadas, o no, como ciudades
mundiales. Calcuta, Beijing, Shangai y Lagos tienen grandes concentraciones
humanas, si bien no son todavía ciudades mundiales porque su orientación
social y económica es fundamentalmente nacional y regional. Naturalmente
muchas megaciudades del mundo están avanzando en su crecimiento
y evolución gracias a las fuerzas que se generan dentro de sus economías
nacionales y regionales. Para muchas de ellas, especialmente para aquéllas
situadas en países en desarrollo, los distintos problemas que las
aquejan son más perentorios y difíciles de solucionar. Serán
estos problemas los que se debatirán en el apartado siguiente.
Ya que las megaciudades son un fenómeno que,
según se ha visto, va en aumento en los países en desarrollo,
una descripción de las megaciudades actuales se centrará
principalmente en esta parte del mundo. Cabe decir que la sección
de Política de Población de la División de Población
de las Naciones Unidas ha impulsado un proyecto de investigación
sobre megaciudades que incluye veinte ciudades de este tipo situadas en
países en desarrollo. Hasta el momento se han publicado trece informes
(Bangkok, Bombay, El Cairo, Calcuta, Dhaka, Delhi, Yakarta, Karachi, Madras,
Manila Metropolitana, México D.F, Sao Paulo y Seúl) y algunos
de los puntos más destacados de estos estudios pueden resumirse
como se verá a continuación (Brennan, 1994; también
Brennan y Richardson, 1989):
En primer lugar, ¿son económicamente eficientes las megaciudades? Richardson (1993) se hizo esta pregunta y elaboró datos para demostrar que a pesar de que las grandes ciudades tienen algunas ventajas que podrían hacerlas atractivas para ciertos tipos de industria, la evidencia empírica no es concluyente. Las concentraciones espaciales de industria en las megaciudades, según defiende este estudio, pueden reportar menos ventajas de productividad inherente que los efectos intencionados o no de las políticas gubernamentales. Hamer (1994) fue más allá y se cuestionó la importancia del tamaño como factor en el impacto económico de las megaciudades del Tercer Mundo. Alegó que:
"el tamaño por sí mismo no es la cuestión principal; lo es en cambio su mala gestión tanto a niveles locales como regionales, así como las políticas de urbanización nacional equivocadas defendidas por urbanistas con una visión geográfica óptima pero con muy poco sentido común en cuanto a la economía" (Hamer, 1994:175).
En cualquier caso la mayoría de megaciudades llevan a cabo funciones económicas nacionales o internacionales tales como el gobierno, la actividad bancaria, los seguros y las finanzas, según su grado relativo de conexión con la economía global. Las cifras de empleo industrial, especialmente en las megaciudades asiáticas, van desde un 23% en Manila y Dhaka a un 30% en Bangkok, Madras, Delhi y Karachi, y alcanzan un máximo de 35 ó 40% en Bombay, Calcuta y Seúl. El empleo sumergido constituye una proporción considerable del empleo total, llegando al 37,5% en Manila y al 65% en Dhaka.
Las megaciudades reconocen la necesidad de adoptar estrategias espaciales que les permitan ajustarse a su tamaño creciente y al mayor número de funciones que asumen. Un objetivo de planificación casi universal es evolucionar hacia una estructura policéntrica mediante la promoción de centros secundarios. Calcuta y Madras han llevado a cabo estrategias de descentralización muy ambiciosas aunque en gran parte ineficaces. De modo similar El Cairo y Yakarta han intentado reorientar sus ejes de crecimiento cambiándolos de su orientación norte-sur actual a una dirección este-oeste, con muy poco éxito hasta el presente. Dhaka también adoptó una estrategia de desarrollo en dirección norte en 1981, pero desde entonces su urbanismo no se ha ajustado a este proyecto. Solamente Seúl parece haber conseguido una cierta dosis de control del crecimiento y de estrategia direccional adoptando diversas medidas físicas, tales como nuevas ciudades, zonas industriales y un cinturón verde, complementadas con políticas sociales y contributivas (Yeung, 1986). Un motivo importante que explica que muchas megaciudades del Tercer Mundo no sean capaces de llevar a cabo una reestructuración espacial es la falta de mecanismos para hacer cumplir las leyes urbanísticas, de lo cual resulta una diferencia muy importante entre el crecimiento real y los planes urbanísticos previstos. En Manila, Bangkok y Dhaka los informes ponen de manifiesto que no han existido medidas eficaces de control urbanístico. A consecuencia de ello el precio del suelo ha aumentado rápidamente, a tasas mucho mayores que el índice de precios al consumo, y es víctima de la manipulación y la especulación. La cuestión principal es que las megaciudades aprendan cómo, dónde y cuándo intervenir para fomentar estructuras policéntricas eficaces esenciales para su crecimiento, en vez de limitarse a impedir su formación.
En términos de servicios urbanos, el estudio
sobre megaciudades de las Naciones Unidas arroja perspectivas comparativas
muy interesantes. La vivienda aparece como problema en todas las megaciudades
debido a que el crecimiento de la población siempre va por delante
de la oferta de vivienda y los esfuerzos realizados por los sectores públicos
y privados no se hallan bien coordinados. Una demostración palpable
de que la política de vivienda resulta inadecuada en las megaciudades
del Tercer Mundo es la gran proporción de sus habitantes que viven
en barrios pobres y con ocupaciones ilegales (por ejemplo, el 40% en México
D.F.; en Manila, el 32%; en Bogotá, el 50%; y en Karachi, el 37%).
En El Cairo, la "Ciudad de los muertos" (la necrópolis)
acoge a cientos de miles de habitantes, mientras que en Calcuta medio millón
de personas viven y duermen en la calle. El agua también es un gran
problema en las megaciudades, especialmente en Bombay, Madras, Karachi,
Dhaka y Yakarta. Beijing y Tianjin, que no figuran en el estudio, padecen
el mismo problema. Bombay raciona el agua de dos a ocho horas cada día;
Karachi suministra agua corriente a solamente el 40% de su población,
también racionándola a unas pocas horas diarias; más
o menos la mitad de la población de Yakarta obtiene el agua de vendedores
ambulantes a un precio que llega a ser trece veces el del agua corriente.
Con respecto a los servicios básicos que afectan más directamente
al entorno, la mayor parte de megaciudades adolecen de un sistema de alcantarillado
anticuado y de deficientes sistemas de eliminación de residuos sólidos,
así como de agua y aire contaminados. El porcentaje de la población
metropolitana conectada al sistema de alcantarillado sólo alcanza
el 11% en la Manila Metropolitana, 18% en Dhaka, 20% en Karachi, 80% en
México D.F. y 86% en Seúl. La proporción de residuos
sólidos recogidos es del 25% en Yakarta, 33% en Karachi, 55% en
Calcuta, 70-80% en Madras, la Manila Metropolitana, México D.F.
y Bangkok, y casi del 100% en Seúl. Debe tenerse en cuenta que un
proyecto de investigación reciente ha examinado sistemáticamente,
de modo retrospectivo y prospectivo a la vez, las innovaciones en la política
de suministro de servicios infraestructurales básicos en Asia, África
y América Latina (Menendez, 1991; Yeung, 1991).3
Más allá del estudio sobre megaciudades realizado por las Naciones Unidas, la Tabla 2 presenta de un modo más sistemático y global una comparación entre megaciudades de todo el mundo desde el punto de vista de varios indicadores clave.4 En cualquiera de los cinco indicadores seleccionados, las megaciudades situadas en países en desarrollo obtienen peores resultados, con algunas excepciones, que las que se encuentran en países desarrollados. Así, en la puntuación resumida de nivel de vida urbano, sólo las megaciudades de los países desarrollados se clasifican con una mención de buena o muy buena, y todas las megaciudades de los países en desarrollo se hallan clasificadas, sin excepción, de pasable a mal. La distancia que separa el nivel de vida de los dos grupos de ciudades no puede ser más evidente.
TABLA 2, Niveles de vida en las megaciudades
| Megaciudad | Seguridad
Pública |
Coste de
la comida |
Calidad de
la vivienda |
Educación | Densidad
del tráfico |
Calidad
de vida |
| El Cairo | 56,4 | 47 | 94 | 53 | 12,4 | 36 |
| Lagos | - | 58 | 50 | 31 | 17,4 | 19 |
| Buenos Aires | 7,6 | 40 | 86 | 51 | 29,8 | 55 |
| Lima | - | 70 | 82 | 55 | 3,7 | 33 |
| México D.F | 27,6 | 41 | 94 | 62 | 8,0 | 38 |
| Rio de Janeiro | 36,6 | 26 | 92 | 55 | 18,6 | 51 |
| Sao Paulo | 26 | 50 | 100 | 67 | 15 | 50 |
| Bangalore | 2,8 | 62 | 67 | 60 | 16 | 37 |
| Beijing | 2,5 | 52 | 89 | 97 | 25,7 | 55 |
| Bombay | 3,2 | 57 | 85 | 49 | 10,4 | 35 |
| Calcuta | 1,1 | 60 | 57 | 49 | 13,3 | 34 |
| Dhaka | 2,4 | 63 | 73 | 37 | 21,4 | 32 |
| Delhi | 4,1 | 40 | 66 | 49 | 14 | 36 |
| Estambul | 3,5 | 60 | 89 | 67 | 11,2 | 42 |
| Karachi | 5,7 | 43 | 75 | 65 | 17,6 | 36 |
| Manila | 30,5 | 38 | 91 | 57 | 7,2 | 43 |
| Seúl | 1,2 | 34 | 100 | 90 | 13,8 | 58 |
| Shanghai | 2,5 | 55 | 95 | 94 | 15,3 | 56 |
| Teherán | - | - | 84 | 58 | 7,5 | 39 |
| Tianjin | 2,5 | 52 | 82 | 71 | 20,2 | 51 |
| Yakarta | 5,3 | 45 | 85 | 77 | 16,3 | 40 |
| Los Angeles | 12,4 | 12 | 94 | 90 | 19 | 69 |
| Moscú | 7,0 | 33 | 100 | 100 | 31,5 | 64 |
| Nueva York | 12,8 | 16 | 99 | 95 | 8,7 | 70 |
| Osaka | 1,7 | 18 | 98 | 97 | 22,4 | 81 |
| Paris | 2,4 | 21 | 99 | 99 | 8,5 | 72 |
| Tokio | 1,4 | 18 | 100 | 97 | 28,0 | 81 |
Nota
Seguridad Pública: asesinatos por 1.000 habitantes
Coste de la comida: procentaje de los ingresos destinado a alimentación.
Calidad de la vivienda: porcentaje de casas con agua y electricidad.
Educación: porcentaje de niños que cursan enseñanza secundaria.
Densidad del tráfico: millas por hora en hora punta.
Calidad de vida, con puntuación de 0 a 100: 100-75: muy buena; 74-60: buena; 59-45, pasable; 44 o menos, deficiente.
Fuente: "Cities: Life in the World's 100 Largest Metropolitan Areas", Population Crisis Committee, Washington, D.C., 1991,
Desde otro punto de vista, la patología de
la ciudad ha afectado a las megaciudades dondequiera que se encuentren.
Laquian (1994:201) ha descrito muy bien la situación:
Los atentados con bomba y los asesinatos relacionados con drogas infestan Bogotá, mientras que las bandas organizadas pelean entre ellas para hacerse con el control en Miami, Boston y Toronto. En Berlín, Amsterdam y Londres hay algaradas callejeras cuando los ocupantes ilegales de los edificios abandonados son evacuados por la fuerza o cuando estallan conflictos étnicos entre asiáticos y caucasianos. Un estudio ha mostrado que más de las dos terceras partes de los neoyorquinos encuentran poco seguro salir de noche; miles de familias han abandonado el centro de la ciudad para buscar la seguridad de los suburbios.
El orden público se ha convertido en un problema
en algunas megaciudades, y los actos terroristas realizados al azar pueden
afectar a cualquier ciudad del mundo, tal como ocurrió con el envenenamiento
por gas nervioso en el sistema de metro de Tokio, o con la explosión
de una potentísima bomba en un edificio gubernamental de Oklahoma
City en 1995. Todo ello pone de manifiesto, de un modo bien cruento, la
vulnerabilidad de la vida urbana.
El principal reto de los legisladores de los países
en desarrollo, tanto en el decenio de los noventa como en el futuro, es
cómo lograr que en este entorno de pobreza creciente y en un número
cada vez mayor de megaciudades puedan suministrarse los servicios urbanos
básicos y fomentar el crecimiento económico. Las proporciones
de la pobreza urbana en el Tercer Mundo son estremecedoras. En 1988, unos
329 millones de ciudadanos, que representaban el 27,7% del total de la
población urbana en los países en desarrollo, se hallaban
por debajo del nivel de pobreza. Mathur (1994) nos recuerda que la incidencia
de la pobreza en las megaciudades es cuantitativamente enorme y cualitativamente
compleja y diferente, y que estos dos factores conjuntamente considerados
presentan el reto urbano más grave y apabullante para este tipo
de ciudades, tanto hoy como en el futuro. Los programas para erradicar
la pobreza, a la vista de la experiencia acumulada, deben concebirse cuidadosamente
y dirigirse a los pobres en un ambiente general de crecimiento económico
saneado.
Si el informe anterior sobre las megaciudades en
el mundo no ha revelado demasiados puntos optimistas, un repaso breve de
algunas ciudades mundiales sí que lo hará, gracias sobre
todo a que su situación concreta les permite articularse con la
nueva economía global basada en la tecnología, la formación,
las finanzas y las telecomunicaciones, tal como ha ocurrido con algunas
aglomeraciones urbanas tradicionales: Nueva York, Londres, Tokio y París
han encontrado nuevos papeles que jugar y funciones que cumplir. Estas
ciudades se han transformado con éxito para afrontar nuevos retos
y aprovechar nuevas oportunidades; han respondido positivamente transformando
su zona urbanizada y reestructurando sus dimensiones espaciales, económicas
y sociales, cooperando más estrechamente con el sector público
y privado en pos del desarrollo y del crecimiento (Beauregard, 1991; Machimura,
1992). No obstante también se ha visto que el nuevo desarrollo ha
conducido a una polarización tanto ocupacional como de ingresos
y social (Sassen, 1991), a pesar de que esta hipótesis debe confirmarse
todavía en otras ciudades globales además de las que se han
estudiado. Por ejemplo, Hamnet (1994) ha demostrado, al menos por lo que
se refiere a las ciudades holandesas, el decisivo papel jugado por el sistema
de protección social holandés en la mejora de las desigualdades
sociales.
Otras ciudades mundiales relativamente nuevas han
experimentado períodos de crecimiento rápido en épocas
recientes y presentan señales prometedoras de un futuro mejor. Los
Angeles, por ejemplo, ha pasado por cuatro períodos de transformación
hasta convertirse en un centro de producción de servicios y financiero
de primer orden en la costa oeste de América del Norte, rivalizando
con Nueva York en prácticamente todos los campos. Frankfurt ha encontrado
una nueva prosperidad en su capacidad de combinar las políticas
locales con la economía global. La formación de una ciudad
mundial en Frankfurt se ha basado tanto en el capital internacional como
en los intereses de los habitantes locales (Kell, 1992). De un modo parecido,
Miami ha florecido recientemente al transformarse del enclave turístico
que era en una potencia caribeña impulsada por la inmigración
cubana y su crecimiento en transacciones comerciales internacionales, especialmente
con América Latina, cuyas economías se han abierto cada vez
más al comercio exterior y a la inversión extranjera (Sassen
y Portes, 1993). Incluso algunas ciudades holandesas -Amsterdam, La Haya
y Rotterdam- se han agrupado para formar el Randstad Holland, con objeto
de fortalecer su posición y convertirse en un elemento clave en
la nueva economía global, puesto que individualmente serían
demasiado pequeñas para alcanzar un peso significativo en el desarrollo
del comercio mundial (Shachar, 1994). El refortalecimiento y la renovación
de los papeles que juegan Berlín y Viena a la vista de la situación
rápidamente cambiante en Europa Central y del Este ya se han discutido
antes (Sassen, 1994). Finalmente existen muchas ciudades en el mundo en
desarrollo que ya se han beneficiado del reciente interés general
en la transnacionalización del capital, la producción y los
servicios. Algunas ciudades globales situadas a lo largo de la cuenca del
Pacífico Occidental tales como Seúl, Taipei, Hong Kong, Manila,
Bangkok, Kuala Lumpur, Singapur y Yakarta, han conseguido un éxito
considerable. Johannesburgo, situado en una África del Sur multiracial
de nuevo cuño figuraría como la única ciudad mundial
de África por lo que se refiere a su crecimiento acelerado dentro
de la economía global. A medida que se liberalicen más y
más el comercio y el desarrollo económico en América
Latina, las ciudades mundiales de México D.F., Caracas, Río
de Janeiro, Sao Paulo y Buenos Aires deberán descubrir nuevas funciones
y ocupar otros lugares dentro de la economía global.
A medida que se acerca rápidamente el siglo
XXI, las megaciudades se convierten en una fuerza dominante al dirigir
procesos globales y modelar la economía global. Un factor clave
es el crecimiento de las propias megaciudades en los años venideros.
A lo largo del tiempo el crecimiento de estas aglomeraciones urbanas se
ha moderado, pasando de una tasa de crecimiento anual del 3,9% para todas
las megaciudades en el período de 1950 a 1960 a un 3% en el decenio
siguiente. Desde el decenio de los setenta hasta el año 2000 la
tasa media de crecimiento anual se ha estabilizado alrededor del 2,5%,
y luego en un 2,4%. No obstante todavía hay excepciones, tales como
Lagos, Bangkok y Dhaka que son las megaciudades de crecimiento más
rapido en el mundo, ya que se estima que su crecimiento anual es del 5,1%,
el 5,0% y el 6,0%, respectivamente, entre 1990 y el año 2000 (Naciones
Unidas, 1991). En la era de las megaciudades, su crecimiento está
impulsado por fuerzas globales sobre las cuales ni las ciudades ni los
estados tienen pleno control. Estas fuerzas, que subyacen a la industrialización
y a la urbanización a nivel mundial y que minan los modelos tradicionales
de ocupación humana, se están globalizando más y más
(Knight, 1993:38).
En la era de las megaciudades enmarcadas en una economía
global, el objeto de estudio de la geografía está cambiando.
Lo que importa a la geografía es dónde, cómo y cuándo
los seres humanos tienen éxito en lo que se proponen y ´consiguen
alcanzar un buen nivel de vida. La nueva geografía ya no tiene tanto
que ver con la localización, los flujos de productos básicos,
la geopolítica y el comercio internacional tradicional sino que
se interesa más por los recursos culturales y humanos, los flujos
de información, la infraestructura de conocimientos, la tecnología
y el ocio (Knight, 1989:328-329). Todos estos factores se hallan entretejidos
en modelos globales, redes y procesos que son tan intrigantes como complejos
de desentrañar. La geografía de la ciudad y del Estado debe
situarse en el contexto de esta nueva globalidad si aspira a explicar fehacientemente
el significado del cambio.
Para que una ciudad pueda superar el reto de una
nueva era, Knight (1993) ha argumentado que el desarrollo urbano debe estar
cada vez más sometido a una planificación intencionada. El
desarrollo basado en el conocimiento ofrece la posibilidad de que la ciudad
decida su propio desarrollo y recupere el control sobre su destino. Singapur,
por ejemplo, se cita frecuentemente como el típico caso de una ciudad
que, desde su independencia en 1975, ha planificado y dirigido deliberadamente
su desarrollo progresivo a lo largo de los años. Durante el decenio
de los ochenta luchó para construir una economía industrial
moderna basada en la ciencia, la tecnología, las habilidades profesionales
y la formación humana; y en el presente decenio aspira a convertirse
en una economía plenamente desarrollada.
Anticipando cuál será la situación
deseada de una megaciudad o de una ciudad global en el futuro, Knight (1989:326)
dice lo siguiente:
Dada la naturaleza y el poder de las
fuerzas globales que en este momento las modelan, todas las ciudades deben
redefinir su papel en el contexto de una sociedad global en expansión.
Las ciudades globales... no se definirán por consideraciones de
situación o geopolíticas sino por su capacidad de acomodarse
al cambio y de ofrecer continuidad y orden en un entorno turbulento.
para acabar afirmando:
...con el advenimiento de la economía global la formación de naciones se está convirtiendo en sinónimo de formación de ciudades (Knight, 1989:332).
Traducido del inglès
Notas
1.En el estudio sobre ciudades
mundiales de Friedmann (1986), aparece la lista jerarquizada siguiente:
Tokio, Seúl, Taipei, Hong Kong, Bangkok, Manila, Singapur y Sydney
(Asia y Australia); San Francisco, Los Angeles, Chicago, Toronto, Nueva
York, Houston, Miami, México D.F., Caracas, Río de Janeiro,
Sao Paolo y Buenos Aires (América del Norte y del Sur); Londres,
París, Madrid, Viena, Milán y Johannesburgoooooooo (Europa
Occidental y África). En esta lista sólo diez ciudades coinciden
con la lista de megaciudades citada anteriormente: Tokio, Seúl,
Bangkok, Manila, Los Angeles, Nueva York, Río de Janeiro, Sao Paolo,
Buenos Aires, Londres y París.
2. Esta cita está extraída
de una conferencia pronunciada por el profesor M.I. Logan en la Conferencia
sobre Ciudades y Nueva Economía Global de Australia-OECD celebrada
en Melbourne del 20 al 23 de noviembre de 1994.
3. El Banco Mundial encargó
tres ambiciosos estudios regionales y los resultados se debatieron en un
taller de discusión mantenido en Harper's Ferry, West Virginia,
del 4 al 8 de Julio de 1990. Lo esencial de aquellos debates puede encontrarse
en Menendez (1991). El estudio sobre Asia corrió a cargo de Yeung
(1991).
4. Un estudio de dos años de duración realizado por el Comité de Crisis de Población con sede en Washington describió la vida en las cien mayores áreas metropolitanas del mundo. En 1989 se compilaron datos referidos a diez indicadores de los cuales sólo cinco se hallan reflejados en la Tabla 2 de este artículo. Los otros indicadores no utilizados aquí son: espacio habitable (personas por habitación), comunicaciones (teléfonos por 100 personas), salud pública (muertes infantiles por 1000 nacimientos vivos), tranquilidad y silencio (niveles de ruido ambiental) y limpieza del aire (medidas anticontaminantes alternativas).
Traducido del inglés
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