La población, los ingresos y el capital

Simon Kuznets*

En este artículo, (a) los datos empíricos se limitan al periodo1750-1950; (b) se abarcan todos los países posibles; (c) la unidad de observación es el Estado nación. Es imposible ofrecer una cobertura mundial para un periodo de dos siglos. Para algunos fines, se incluyen varios Estados juntos. Sin embargo, es importante dar una cobertura temporal y espacial apropiada. Las discusiones sobre la literatura en este tema manifiestan demasiado a menudo una gran brecha entre los estrechos fundamentos empíricos del autor y sus proclamas de universalidad.

Para nuestros objetivos de medición, definimos el crecimiento económico como un aumento sostenido del ingreso o producto nacional total, a precios constantes; de la población total y del ingreso o producto per capita. Los países donde la población y los ingresos per capita han aumentado manifiestan como regla varias características: una creciente aplicación de la ciencia a la producción y la organización; un proceso de industrialización; un cambio de la producción agrícola a una industria secundaria y, más recientemente, a una industria terciaria; una proporción creciente de la población que vive en comunidades urbanas cada vez más grandes; un progreso generalizado en los niveles de vida materiales; una vida más larga, más tiempo de ocio, una penetración más profunda de la cultura secular, mayor movilidad económica y social, y familias cada vez más pequeñas. Definimos el progreso económico como un aumento sostenido en los ingresos per capita y una mejora de los niveles de vida, con estos importantes corolarios.

La poblacion

Ninguna discusión de este tipo puede dejar de lado las tendencias demográficas. Comenzamos con las datos empíricos sobre población, básicamente porque estos datos nos permiten dibujar un cuadro más amplio.

La población mundial aumentó de unos 700 millones en 1750 a unos 2.400 millones en 1950, es decir, un crecimiento superior al 300%. A comienzos de la era cristiana, se calcula que la población mundial era de 200 a 300 millones de habitantes. Antes de 1750, la tasa de crecimiento se situaba por debajo del 7% cada cien años. Después de 1750, era del 8,6%. Este ritmo no disminuyó: entre 1750 y 1850 aumentó hasta el 4,6% cada diez años; desde 1850 a 1950 aumentó hasta un 8,2% cada diez años; 7,6% desde 1850 hasta 1900 y 8,9% desde 1900 hasta 1950. 1

Con algunas excepciones (Irlanda desde 1850, y quizá China) este aumento de población ha sido generalizado, sobre todo desde 1850. Desde 1850 hasta 1950, la población de Asia (sin la Unión Soviética) y África casi se duplicó; el crecimiento de Europa (incluyendo las regiones asiáticas de la Unión Soviética) fue más del doble; en América Latina, casi llegó a quintuplicarse; y en América del Norte, sobre todo en Estados Unidos y Canadá, el crecimiento fue de más de 600%. A pesar de evidentes diferencias en las tasas de crecimiento en los grupos continentales a lo largo del último siglo, es significativo observar que incluso en las regiones donde el ingreso per capita es ahora bastante bajo, el crecimiento demográfico desde 1850 ha sido sustancial.

Este crecimiento demográfico amplio y sostenido desde 1750 se debe a una brusca disminución de las tasas de mortalidad que siguieron a los avances revolucionarios en la tecnología médica, económica y social y, en segundo lugar, a un retraso en la disminución de las tasas de natalidad que normalmente acompañan a una mayor urbanización y a niveles superiores de vida. Además, durante unos 75 de los 200 años contemplados, los movimientos de migraciones internacionales aumentaron a una escala sin precedentes. El ritmo del crecimiento de la población de un país en cualquier período reciente ha dependido de: (a) sus tasas de natalidad y mortalidad cuando comenzó el periodo; (b) la rapidez con que disminuyó la tasa de mortalidad; (c) el retraso en la disminución de su tasa de natalidad; (d) la importancia de las migraciones.

No cabe aquí hacer un análisis detallado de los países aisladamente basándose en tasas de crecimiento demográfico seculares y en combinaciones específicas de tasas de natalidad, mortalidad y migraciones. Sin embargo, analizando las tasas de aumento del ingreso total y, especialmente, per capita, podemos esbozar algunas distinciones amplias. En los países con un crecimiento demográfico sumamente alto, las rápidas disminuciones de las tasas de mortalidad y una inmigración sustancial fueron los principales determinantes (pese a importantes disminuciones de las tasas de natalidad (Estados Unidos, Canadá, Australia, etc.). En otros países, una rápida disminución de las tasas de mortalidad fue, en cierta medida, contrarrestada por la disminución de las tasas de natalidad y por la emigración (Europa occidental, países escandinavos, partes de Europa del este y meridional). Algunos países experimentaron un crecimiento demográfico importante porque las altas tasas de natalidad y la emigración limitada compensaban de sobra las leves disminuciones de la tasa de mortalidad (India, Indonesia, Indochina y partes de África). Finalmente, había países en que la disminución de las tasas de mortalidad habitualmente no eran compensadas por disminuciones importantes de la tasa de natalidad, y en algunos casos el crecimiento también se vio estimulado por la inmigración (América Latina).

Esta clasificación a grandes rasgos pone de relieve la diversidad que produjeron las combinaciones de diferencias en los niveles iniciales, en la evolución de las tasas de natalidad y mortalidad y en las tasas de emigración. Estas combinaciones de variables demográficas son sumamente importantes en el análisis del crecimiento económico. Todas tienen un impacto directo en el tamaño de la población, en su estructura de sexo y edad, en la proporción productores/empleados, en la adaptabilidad de la fuerza laboral, a través de su estructura de edad, y en la movilidad interna, a través de tasas desproporcionadas de aumento vegetativo, de aumento de las oportunidades económicas y de otra índole. Más intrincada, pero importante, es la relación entre población y crecimiento económico, a través de la estabilidad o la inestabilidad de la sociedad humana, y la libertad o falta de libertad para emigrar. Al parecer, el tipo de movimiento de poblaciones premoderno, con altas tasas de natalidad y mortalidad, limitaban el horizonte temporal del individuo y conformaban un marco de organización familiar, de respuesta cultural e ideología social menos favorable a la independencia individual. Sin embargo, esta última fue un factor importante del crecimiento económico durante los dos últimos siglos, al menos hasta 1914. De la misma manera, la libertad de los trabajadores en plena juventud para emigrar a países que ofrecían mejores oportunidades, a pesar de constituir una pérdida directa para su países de origen, puede que incluso haya beneficiado a éstos.

Debido al impacto de las tendencias demográficas en el crecimiento económico nacional, ninguna teoría del crecimiento económico podría soslayarlos. El hecho de que estas tendencias demográficas y sus condicionantes se ven, a su vez, afectadas por los procesos económicos, constituye una razón más para incorporarlas como elementos integrales en una teoría del crecimiento económico. Por desacreditadas que estén las leyes de población, la inclusión de dichas leyes en el análisis del crecimiento de los países o del capitalismo parece razonable. La actual distinción entre demografía y análisis económico difícilmente conducirá a una teoría solvente del desarrollo económico.

Los ingresos

Sólo unos catorce países, casi todos económicamente desarrollados, disponen de estudios que recogen cálculos de los ingresos nacionales durante un periodo lo bastante largo como para permitir una observación del proceso de crecimiento. Afortunadamente, para el periodo más reciente, existen cálculos para unos 70 países. Aunque a veces son sólo estimativos, estos datos, conjugados con los pocos disponibles para periodos más largos, permiten formular deducciones razonables sobre las tendencias del último siglo.

De los 2.080 millones de habitantes del mundo que comprenden los cálculos de ingreso nacional en 1949, más del 30% tenían un ingreso per capita de menos de 50 dólares; otro 25% tenía un ingreso entre 50 y 100 dólares.2 Son países de Asia y el sudeste asiátio, África, Oriente Medio y América Central y del Sur. Estados Unidos, el Reino Unido, la mayoría de los países escandinavos, Suiza, Canadá, Australia, con el 11% de la población mundial, tenían ingresos per capita de 600 dólares o más. Es probable que los 400 millones de personas no cubiertas por estas estadísticas se encontraran en las franjas de ingreso inferiores. Por lo tanto, más del 60% de la población mundial tenía ingresos per capita inferiores a 100 dólares. Menos del 10% tenía 600 dólares o más. El resto se distribuía en una gama de ingresos, con los países de Europa occidental más antiguos y algunos países de América del Sur entre los primeros, y los países de Europa del Este y del Sur y Japón en los estratos inferiores.

Con la excepción de Italia y Japón, los registros de ingresos nacionales de larga data pertenecen a países ricos. Allí, el aumento del ingreso per capita real tiene tasas muy altas, que oscilan entre 10% y más de 20% por decenio, excepto durante períodos de guerras destructivas, y hay tasas notablemente altas (aunque algo dudosas) en Japón (en la variante de Ohkawa). Una tasa de crecimiento de 10% por decenio significa que el ingreso per capita aumenta más de 2,5 veces su valor original en un siglo; una tasa de 20% por decenio equivale a un aumento de más de 6 veces. En la práctica, el aumento del ingreso per capita varía entre cerca de 2,5 veces en un siglo y, en un caso, hasta más de 7 veces.

Podemos formular tres deducciones provisionales.

  1. En los países con ingresos actuales de menos de 100 dólares per capita, cualquier aumento apreciable de los ingresos durante el último siglo es poco probable. Resulta difícil imaginarse un crecimiento de incluso 100%. Bajo las condiciones médicas y sanitarias existentes, la gente apenas podría haber sobrevivido incluso con las tres cuartas partes del ingreso per capita atcual.
  2. En los países más viejos y pobres, salvo algunas excepciones (por ejemplo, Java bajo la dominación holandesa), el crecimiento de la población durante el último siglo, si bien fue importante, fue mucho más lento que en países con ingresos per capita en rápido aumento. Los ingresos nacionales totales también tienen que haber aumentado mucho más lentamente en la mayoría de países que aún estaban en vías de desarrollo que en los países más ricos.
  3. Cien años atrás, las diferencias internacionales en los ingresos per capita tienen que haber sido más estrechas que actualmente, tanto en términos absolutos como proporcionales.

Una cuarta deducción, algo menos sólida, está relacionada con los ingresos per capita en los países menos desarrollados hoy en día, comparados con los países más desarrollados antes de la industrialización. El contraste actual parece deberse sólo en parte a diferencias en las tasas de crecimiento del ingreso durante el último siglo. En parte, se debe a diferencias ya existentes en tiempos anteriores. Las cifras estimativas de Colin Clark ilustran, si no demuestran, este punto. Sus cálculos de los ingresos por trabajador en los países desarrollos antes de su industrialización (Gran Bretaña, en 1800, o incluso en 1688, Estados Unidos en 1830, Suecia en 1860, etc.), se encuentran todos por encima de las 300 unidades internacionales de valor, comparado con 138 para China en 1935; 230-250 para la India británica en 1830 y los años 40 de este siglo; 100 para Japón en 1887, y sólo 190 para el mismo país incluso en1920. En otras palabras, el ingreso per capita en una gran parte del mundo actualmente es significativamente inferior al de los países desarrollados antes de la industrialización. El estudio de los registros históricos demuestra que países como China e India ocupaban posiciones económicas relativamente avanzadas en los primeros tiempos. 3 ¿Es posible que los problemas actuales de estos países hayan surgido porque su superioridad económica en el pasado dio lugar a grandes poblaciones y mecanismos sociales que hoy son obsoletos y que constituyen serios obstáculos para la adopción de tecnologías sociales y económicas modernas?

Para volver a los ingresos nacionales (y a la población), en la mayoría de los países económicamente desarrollados observamos una disminución de las tasas porcentuales de crecimiento demográfico, ingreso nacional total, e ingreso per capita. Si nos atenemos a los registros históricos que se remontan lo bastante en el tiempo, encontraríamos un período de aceleración en las tasas de crecimiento. En los países más viejos, como el Reino Unido, esta afirmación afectaría a la población, al ingreso total y al ingreso per capita (ya que el aumento simultáneo de las tasas de crecimiento de la población y del ingreso per capita son fenómenos modernos). En los países de más reciente creación e inicialmente no poblados, como Estados Unidos, afectaría al ingreso per capita, pero no necesariamente al crecimiento de la población y de los ingresos totales, porque las tasas de crecimiento demográfico pueden haber sido elevadas desde sus inicios. El cuadro para los países que ya estaban poblados hacia 1750 es el de una oscilación secular, desde bajas tasas en todas nuestras variables hasta tasas mucho más altas, que luego volvían a disminuir) y para los países relativamente no poblados en sus inicios, una oscilación truncada en la tasa de crecimiento de la población (y, quizá, de los ingresos nacionales), que inicialmente eran altos y luego disminuyeron; y una oscilación absoluta en la tasa de crecimiento del ingreso per capita, baja al comienzo, aumentando durante la industrialización, y luego disminuyendo progresivamente. Hay escasas estadísticas sobre las primeras oscilaciones. Si bien existen datos sobre los ingresos en Estados Unidos, Suecia, Australia y Japón, hay diversas pruebas que demuestran una oscilación en la tasa de crecimiento demográfico en los países más antiguos y poblados de Europa. Pero no hay datos para estudiar el retraso en la aceleración en el aumento de los ingresos per capita más allá de las oscilaciones en el crecimiento demográfico (en países poblados hacia 1750).

Podemos formular otros dos comentarios. En primer lugar, para estos catorce países no hay una clara relación entre las tasas de crecimiento demográfico y el ingreso per capita. Algunos países (por ejemplo, Estados Unidos) tienen altas tasas de crecimiento tanto de población como de ingreso per capita; otros, altas tasas de crecimiento demográfico y bajas tasas de ingreso per capita (Holanda); otros tienen bajas tasas de población y altas tasas de ingreso per capita (Suecia); otros tienen bajas tasas de crecimiento en ambos (Francia). En segundo lugar, no deberíamos sobrestimar la importancia de las tendencias seculares de las tasas, o de sus modelos. Para ilustrar esto, el retraso observado en el crecimiento económico de los países, según se refleja en nuestras variables, es inevitable sólo como abstracción algebraica. No refleja la acción de fuerzas que pueden funcionar fuera de control. Es poco probable que las relaciones de competencia imperantes entre los países permitan que estas tendencias se expresen en toda su dimensión. Un país que pierde su posición económica debido a una disminución del crecimiento recibirá un empuje gracias a una guerra, ya sea caliente o fría, que puede cambiar la tendencia de forma irreconocible; un país que lleva un ritmo sostenido de crecimiento sobre unos fundamentos poco sólidos puede verse limitado por choques con sus vecinos. Estas fuerzas se reflejan en los rupturas que observamos en los registros seculares del ingreso nacional en Alemania, Japón, Rusia, Austria, Italia, etc. Una cuestión candente en la teoría del crecimiento económico es el lugar que corresponde a los principales conflictos internacionales relacionados con disparidades en las tasas de desarrollo por país.

El capital

Antes de 1930, la literatura económica y los estudios empíricos ponen de relieve la riqueza o el capital de las naciones más que los ingresos. En parte, esto puede haber sido para facilitar los cálculos, o se habrá debido a la importancia asignada a la acumulación de capital real como factor del progreso económico. Sin embargo, este enfoque cayó en desuso y sólo ha conocido un nuevo auge recientemente. Las últimas informaciones sobre el capital nacional son mucho más escasas que los datos sobre el ingreso nacional. 4 Utilizando los datos limitados de nuestros propios estudios para Estados Unidos y de la recopilación de Colin Clark para otros países, podemos formular tres conclusiones provisionales:

En los pocos países para los que existen registros de crecimiento de capital reproducible (incluyendo viviendas pero excluyendo bienes personales) la tasa de crecimiento primero supera y luego es inferior a la del ingreso nacional. Por lo tanto, la relación capital-producto neto aumenta al principio, luego se estabiliza o disminuye. En Estados Unidos, aumentó desde 2,8 en 1880 hasta aproximadamente 3,9 en 1929, y luego disminuyó a 3,2 en 1944; en Gran Bretaña, aumentó de aproximadamente 4,5 en 1865 a más de 6 en 1895, y permaneció relativamente constante hasta 1913; en Francia aumentó desde algo menos de 4 hacia 1850, a aproximadamente 6 hacia 1900 y a casi 7 hacia 1913. Esta estabilidad o disminución en la relación capital-producto neto es aún más significativa puesto que las tasas de ingreso nacional disminuyeron. Al parecer, en algunas fases de la acumulación capitalista fue especialmente rápida. Sería interesante dar un marco cronológico y analizar aquella fase, si bien los datos son demasiado escasos. La impresión es que hay una oscilación secular (en este caso, en la tasa de crecimiento del capital) relacionada con las oscilaciones seculares de las tasas de crecimiento de población, ingresos totales e ingresos per capita.

Para fechas relativamente similares (pero excluyendo la Primera Guerra Mundial y años posteriores) las relaciones de capital-producto en los países más desarrollados fueron notablemente superiores a la de los países de más reciente creación con un ingreso per capita incluso superior. Alrededor de 1913, las proporciones eran de más de 6 en Francia y Gran Bretaña, 5 en Holanda y más de 4,5 en Alemania. En Estados Unidos, Canadá y Australia se situaba cerca de 3. Esta diferencia se explica sólo en parte por las inversiones en el extranjero de los países europeos más antiguos, inversiones que, con su alta proporción de beneficios, servían para aumentar la relación de capital total/ingreso nacional. Es aún más significativa la relación funcional entre capital reproducible acumulado, la relación entre formación de capital neto e ingreso nacional, y la tasa de crecimiento de éste. Cuanto mayor es la relación de los ahorros, mayor será la proporción de capital acumulado frente al ingreso nacional. Cuanto más alta la tasa de crecimiento del ingreso nacional, más bajo el cuociente capital-producto. En los países europeos más antiguos, la proporción capital-producto aumenta gracias a ahorros relativamente altos (tal vez debidos a mayores desigualdades de ingreso, menor movilidad social y otros factores) y por tasas más bajas del aumento del ingreso nacional. En los países de más reciente creación, la relación ahorros-ingreso se mantuvo baja debido a una mayor igualdad de los ingresos, mayor movilidad social y altas tasas de crecimiento del ingreso nacional. Estas aseveraciones no son incompatibles con tasas de crecimiento superiores del capital reproducible por trabajador o per capita en los países más recientes, que contribuye a un tasa más alta de crecimiento de los ingresos por trabajador, o per capita.

La relación capital-producto en los países menos desarrollados puede ser más alta que en los países desarrollados más recientes, y al menos tan alta como en los países europeos desarrollados más antiguos antes de 1914. Con estas bajas tasas de crecimiento del ingreso nacional, estos países menos desarrollados pueden mantener una alta relación capital-producto con una pequeña formación de capital. Si el ingreso nacional crece en 0,5% al año, se puede mantener una relación capital-producto de 6 con una formación de capital neto equivalente a sólo el 3% del ingreso nacional. Dada la desigualdad de los ingresos en los países menos desarrollados, no es irrazonable pensar en una tasa de ahorros de 3%. La pregunta consiste en saber si estos ahorros, generados en los niveles superiores de ingreso, se integran en el flujo de formación del capital productivo.

La definición de capital reproducible utilizada más arriba comprende la construcción, los equipos duraderos de los productores (y del gobierno), los inventarios y la balanza de activos en el exterior. Si pensamos en el capital como en todos los instrumentos para una mayor productividad en aras del crecimiento económico, esta definición es demasiado estrecha; debería incluir todos los bienes que pertenecen a los consumidores y todos los recursos (por ejemplo, la educación y la formación) que constituyen una fuerza laboral más eficiente, una sociedad más capaz de comprender las potencialidades del progreso técnico. Sin embargo, si pensamos en el capital como en las herramientas de la empresa económica definida más estrechamente (empresas comerciales y corporaciones comerciales del gobierno) tendríamos que excluir la construcción de viviendas y todos las acciones en manos del gobierno propiamente dicho. Según las definiciones alternativas de capital que hemos utilizado, habrá grandes diferencias en el nivel y en las tendencias de formación de capital y de capital social en relación al producto nacional.

Para el estudio del crecimiento económico, es más conveniente la definición más amplia de capital (que incluye gran parte de lo que se suele calcular como gasto de los consumidores). La definición más estrecha, la única que actualmente proporciona datos, es más adecuada para analizar problemas cíclicos de corto plazo. Si se define el capital de esta manera, la relación capital-producto puede cambiar apreciablemente en dos o tres decenios a escala nacional, e incluso más rápido para ciertos sectores industriales específicos. Estos cambios revelan que idénticos valores de capital, en la definición más estrecha, pueden contribuir a cantidades del producto sumamente diferentes. La clave no reside en la existencia física de instalaciones y equipos. En gran medida, reside en el capital invertido en las personas y en el conjunto de la estructura económica y social que condiciona el uso de las instalaciones y los equipos.

Traducido del inglés

Notas

* En la fecha de preparación de este artículo para la ISSB, Vol.VI, No.2, 1954, Simon Kuznets era profesor en la Universidad del Pennsylvania, E.E.U.U.

1. Todos los datos de la sección sobre población provienen de la División de Población de Naciones Unidas, Findings of Studies on the Relationships Between Population Trends and Economic and Social Factors (en prensa). Los cálculos de Wilcox han sido utilizados para el periodo anterior a 1900, si bien los cálculos de Carr-Saunders arrojarían resultados similares.

2. Los cálculos actuales se basan en el U.N. Statistical Paper, Serie E, Nº 1, National and Per Capita Incomes, Seventy Countries, 1949 (Nueva York, 1950). Los cálculos para periodos largos provienen de diversas fuentes, desde estudios monográficos de algunos países hasta recopilaciones como las de Colin Clark, pero básicamentede estudios detallados para países por separado.

3. Es mucho menos sostenible la explicación alternativa de que los países actualmente desarrollados no "surgieron" sino que aquellos que anteriormente habían sido potencias económicas, por ejemplo, antes del siglo XVIII, se "hundieron".

4. Una evaluación detallada y crítica de la literatura del siglo XIX, que no hemos podido abordar en este artículo, podría arrojar más datos sobre el capital nacional, así como sobre los ingresos.