El papel de las ciencias sociales en una Europa que está cambiandoFederico Mayor*Desearía exponer en este artículo algunas ideas sobre la función de las ciencias sociales en unos momentos en que el mundo experimenta transformaciones de vasto alcance a un ritmo sin precedentes. Transformaciones conceptuales e institucionales de tal alcance que obligarán a la adopción de nuevos enfoques y estrategias, y de más refinados sistemas de evaluación y decisión. Toda experiencia deberá ser aprovechada para, con los modernos medios de integración, disponer de descripciones apropiadas, sucintas y globales a la vez, que permitan proyectar perfiles más humanos -es decir, más complicados e impredictibles- en los diseños de futuro. Es indudable que existen responsabilidades históricas específicas. Pero lo más importante es que existe una responsabilidad conjunta para el futuro común. Tan común que muchas fronteras no conservan otra vigencia que la de demarcación terrestre y se impone, como en toda casa acristalada, el derecho a la injerencia, cuando graves y aparentes acontecimientos la reclaman. Nos hallamos, súbitamente, ante un nuevo panorama multidimensional en el que la economía -protagonista hasta ahora indiscutido- debe compartir laureles con la cultura, con la ecología, con la sociología, con la antropología, con la etnología. En las cuatro últimas décadas, la UNESCO ha desempeñado un activo papel en el ámbito internacional de las ciencias sociales, ha adquirido una considerable experiencia y ha realizado una labor útil de fomento de la enseñanza, la formación, la investigación, el desarrollo institucional y la cooperación en los planos regional y mundial. Como todas las demás organizaciones de las Naciones Unidas, la UNESCO es a la vez usuario y productor de ciencias sociales como base de conocimiento para sus acciones, mediante la investigación y el análisis, los datos estadísticos, la observación y la vigilancia en campos tales como la enseñanza básica y superior, las dimensiones culturales del desarrollo, el medio ambiente, la población, las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad, y la comunicación. No obstante, la Organización tiene otro mandato, único entre todos los organismos especializados: el de contribuir al desarrollo de las ciencias sociales como disciplina científica, fortaleciendo sus bases institucionales y profesionales, y al fomento de la investigación, la enseñanza y la capacitación, así como de los servicios de información y documentación. Este mandato, magistralmente formulado por los padres fundadores de la UNESCO hace 45 años, conserva hoy toda su actualidad. Al redactar el primer programa de la Organización en Londres en 1945-1946, los fundadores de la Organización recomendaron que la UNESCO "tratase de fomentar una perspectiva mundial de las ciencias sociales.1" Si bien reconocían que "...las ciencias sociales están íntimamente relacionadas con los modelos culturales...", su posición se basaba en la convicción de que "el campo de la experiencia humana, que las ciencias sociales analizan diversamente, es un campo indivisible, que se ha descrito acertadamente como el 'tejido inconsútil de la experiencia humana'.2" Según ellos, las ciencias sociales eran disciplinas positivo-empíricas y críticas a la vez, que operan fundamentalmente sobre cuestiones de conocimiento y sobre hechos. Sin evitar del todo las cuestiones de valor y de juicio, los métodos y técnicas de estas disciplinas permiten distinguir entre los hechos y los valores. Por esta razón se recomendó, desde un principio que "una de las principales funciones generales de la UNESCO fuera la de contribuir a mejorar la metodología de las ciencias sociales".3 Los dinámicos acontecimientos que están transformando completamente la faz de Europa desafían todo análisis y predicción. Ningún autor de política ficción se hubiese atrevido a imaginar un escenario de cambios de tal magnitud en tan breve espacio de tiempo. Presenciamos hoy la aparición de un espacio europeo unificado, que se extiende desde el Atlántico a los Urales y desde el Océano Artico al Mediterráneo y al Mar Negro, en el que pueblos de diferentes culturas, lenguas y trayectorias históricas hacen suyos los mismos valores humanísticos que constituyen esencialmente la identidad europea. No puede decirse, en verdad, que el rasgo característico de Europa sea una configuración geográfica particular ni unos grupos étnicos, lingüísticos o religiosos, sino ciertos valores básicos, como la primacía de los derechos humanos individuales, la democracia y el equilibrio entre la libertad y la solidaridad, entre la eficacia y la equidad, así como la apertura al mundo. Lo que ocurra en Europa tendrá repercusiones importantes en otras partes de la Tierra. Hace 30 años, el historiador suizo Denis de Rougemont captó brillantemente la esencia de la vocación de Europa: "...Europa ejerció desde su nacimiento una función no sólo universal, sino, de hecho universalizadora.".4 Esta vocación universal, por la cual Europa ha aportado su ingente contribución a la civilización universal, tuvo también su aspecto negativo encarnado en el nacionalismo, la dominación y el colonialismo, así como en el constante enfrentamiento entre naciones europeas que culminó en las dos guerras mundiales. Afortunadamente, se puede decir con cierto grado de confianza que todo ello pertenece al pasado, y que el lado más positivo de la función universalizadora de Europa puede ahora desplegarse en beneficio del mundo entero. El establecimiento de un área más amplia de democracia, paz, seguridad y cooperación hará que Europa -a condición de que su voluntad no flaquee un instante- pueda desempeñar la función única de mediadora entre el Norte y el Sur, para establecer una asociación económica, política y cultural más equilibrada entre los países industrializados y los países en desarrollo. Por venturosos que sean, los cambios en Europa y en otras partes del mundo -como los progresos de la democratización y el afianzamiento de la seguridad y la cooperación- no deben ocultar varias situaciones que suscitan preocupación. En muchas regiones, las guerras, los conflictos, la pobreza y el hambre siguen siendo endémicos. En los países industrializados, se registra un aumento de la violencia, el consumo de drogas, el desempleo, la marginación, la pobreza y la intensificación de varias formas de fanatismo, como son el nacionalismo exacerbado, la exclusión social, la intolerancia y el racismo. Como señaló recientemente el Papa en la encíclica Centesimus Annus, las sociedades prósperas, dominadas por un afán puramente adquisitivo, parecen perder el rumbo, a medida que personas ambiciosas y despreocupadas ocupan el lugar de los ciudadanos diligentes y solícitos. Aunque la economía de mercado se considere universalmente el sistema más eficaz, en su forma desenfrenada genera desigualdades y desempleo. Estos cambios son perjudiciales para la democracia y los derechos humanos y, a la larga, para la paz y la seguridad. Estas transformaciones son de vasto alcance, urgentes y rápidas. Los problemas que entrañan -tales como las condiciones de una transición satisfactoria de las economías planificadas a economías de mercado en Europa Oriental, o el papel y condición cambiantes de las naciones-estado en Europa Occidental- son de extrema importancia. Es preciso observarlos, analizarlos y seguirlos de cerca. No obstante, los problemas inmediatos, no ya sólo en Europa sino en todo el mundo, como el desarrollo, el medio ambiente, la población y la seguridad y el gobierno mundiales, suelen rebasar las capacidades de observación y de análisis de los especialistas en ciencias sociales, que no pueden responder adecuadamente a las expectativas de los que deciden las políticas. Entramos aquí en un círculo vicioso: los especialistas en ciencias sociales necesitan más recursos e investigaciones en mayor escala para proporcionar las indicaciones que de ellos esperan los que deciden las políticas; éstos estarían probablemente dispuestos a aumentar de manera considerable los fondos destinados a las ciencias sociales, si estuviesen convencidos de la utilidad y la mayor importancia de las actividades de aquéllos, quienes, a su vez, no pueden proporcionar esos resultados si no obtienen nuevos recursos, etc. etc. Este círculo vicioso existe desde hace mucho tiempo, y yo creo que los especialistas en ciencias sociales podrían, con su acción, convertirlo en un círculo virtuoso. Veamos lo que está en juego exactamente. El mundo de hoy necesita más que nunca ideas innovadoras, así como políticas eficaces y criterios adecuados de evaluación. Toda innovación, toda hipótesis implica un cierto grado de heterodoxia No hay progreso en el dogmatismo ni transiciones desde la arrogancia. No hay sociedad ni ciudadanía sin democracia, sin libertades públicas. Una vez más, sólo desde la libertad todo se vivifica y hace posible. "Libertas perfundit omnia luce". Es la libertad la que lo ilumina todo, incluyendo las ciencias sociales muy en primer término. Las nuevas ideas y las políticas y criterios de evaluación deben basarse en datos de alta calidad y en conocimientos derivados de la investigación, el análisis y el seguimiento de las ciencias sociales. Si se me permite, en mi condición de biólogo tomaré una metáfora de la teoría de la evolución: las ciencias sociales han de ser el "eslabón perdido" entre la reflexión y la acción. Este eslabón perdido explica, por lo menos en parte, el fracaso de muchas políticas, por ejemplo en relación con el desarrollo económico y la transferencia de tecnologías, o bien con el medio ambiente. Los fundadores de la UNESCO, a quienes me referí anteriormente, se habían percatado claramente del problema en 1946 y recomendaron que "las ciencias sociales ocupen una posición central en los programas de la UNESCO... [y] garanticen la unidad esencial de la misión de la UNESCO".5 Me temo que ni la Organización, ni la comunidad de especialistas en ciencias sociales en general, hayan desempeñado hasta ahora con mucho éxito este papel de eslabón perdido. No obstante, pienso que las ciencias sociales han alcanzado un grado suficiente de madurez para cumplir esa misión, la cual exigirá que se haga especial hincapié en determinadas orientaciones de la investigación. En primer lugar, deben fomentarse con decisión y de manera amplia los enfoques tanto interdisciplinarios como comparados. Y a la inversa, las fragmentaciones y debates unidisciplinarios, paradigmáticos, epistemológicos y ontológicos, por importantes que sean, deben desalentarse. En último término, más allá de todos estos debates, no hay más que dos tipos de ciencia social: la buena y la mala, la basada en el rigor, y la que resulta del oportunismo o del apresuramiento. La finalidad es hacer que las ciencias sociales sean más operativas y más pertinentes desde el punto de vista de los datos y las pruebas, y que constituyan una base de conocimientos para la formulación de políticas. Ello no significa que las ciencias sociales tengan que sacrificar su autonomía. La investigación autónoma y fundamental es necesaria en todas las ramas científicas y hay que apoyarla vigorosamente, no sólo porque la búsqueda del conocimiento es un fin en sí mismo, sino también porque los resultados que proporciona mejoran decisivamente las capacidades operativas de las ciencias. En segundo lugar, la investigación interdisciplinaria y comparada debe basarse en datos estadísticos de buena calidad. Esto es absolutamente fundamental para que las ciencias sociales puedan progresar. Otras ciencias, como las naturales y las biológicas, crean sus propias bases de datos. Para las ciencias sociales, sobre todo la economía y la demografía, y en menor medida, la sociología y las ciencias políticas, los datos provienen en gran parte de las series estadísticas oficiales. Incluso cuando estos datos son de buena calidad, los gobiernos los recogen con fines administrativos y de política, en esquemas, formas y niveles de agregación que pueden o no ser apropiados para los fines de la investigación científica. Muchas áreas importantes se omiten y los nuevos procesos no se definen ni se siguen. De esto último sólo podremos ocuparnos con una investigación sociológica independiente que identifique y conceptualice nuevas variables y procesos, y acopie, almacene y analice datos estadísticos comparándolos en el tiempo y en el espacio. Este tipo de investigación es, tanto conceptual como metodológicamente, difícil y también costosa, pero es el único medio de mejorar las capacidades de observación y de seguimiento necesarias para que las ciencias sociales puedan aplicarse a la formulación y a la evaluación de políticas, o recurriendo de nuevo a la metáfora de antes, para que constituyan el eslabón perdido entre el pensamiento y la acción. En apoyo de este planteamiento desearía citar, si me lo permiten, a Herbert Simon, Premio Nobel de Economía, en su intervención de septiembre de 1989 ante el Subcomité para la Ciencia, la Tecnología y el Espacio, del Senado de los Estados Unidos de América: "La insuficiencia de datos básicos es hoy el obstáculo más grave a la investigación de las ciencias sociales en la mayoría de los campos... La economía, la sociología y las ciencias políticas necesitan recoger, de manera más o menos continua, un mayor número de datos concretos sobre el funcionamiento de nuestra sociedad y sobre el comportamiento de sus actores humanos. La psicología necesita más oportunidades para estudiar el comportamiento en el laboratorio, y la teoría de la organización y la economía comercial necesitan una observación más amplia y detallada del funcionamiento cotidiano de los mecanismos de toma de decisiones de las empresas comerciales y las organizaciones gubernamentales". Puedo muy bien prever las objeciones epistemológicas a lo que precede. Seamos claros: no se trata de fomentar cierto tipo de ingeniería social, de sugerir fórmulas que pretendan provocar cambios sociales al por mayor. Lo que se desea más bien es generar conocimientos, y organizar el seguimiento, de periodos suficientemente largos, series delimitadas de variables y sus relaciones mutuas, que posibiliten la articulación de teorías válidas y apoyen la formulación de políticas. Como todos sabemos, una teoría científica sólida es una guía para la acción. El psicólogo social francés Abraham Moles llama a las ciencias sociales "las ciencias de lo impreciso"6, en el sentido de que los ámbitos del ser humano y la sociedad se caracterizan por una amplia indeterminación, pero no absoluta, que haría que las ciencias humanas y sociales fuesen prácticamente imposibles. Los elementos indeterminados se relacionan entre sí con regularidades aproximadas, pero nunca son completamente aleatorios. Parte de ellos por lo menos pueden someterse a la investigación científica y a la medición rigurosa, y permiten ciertas predicciones vagas, pero útiles. Moles sostiene con razón que estas dificultades no justifican el abandono de las actividades de ciencias sociales y que una ciencia, por imprecisa que sea, es mejor que la ausencia total de ciencia. En tercer y último lugar, este tipo de ciencias sociales requiere dispositivos institucionales y de organización apropiados. Más allá del grupo de investigación tradicional, individualista o muy restringido, hacen falta equipos más numerosos que trabajen en colaboración, instituciones bien equipadas y dotadas, archivos de datos abundantes y de alto rendimiento e investigadores capacitados tanto en la teoría como en los métodos y técnicas empíricos modernos. Interdisciplinariedad, solidez estadística, organización institucional adecuada. ¿Cómo obtener, para este tipo de investigación en ciencias sociales, el nivel de financiación pública y privada que hasta ahora tan pocas veces, o nunca, se ha concedido a las ciencias sociales? Para empezar, los especialistas en ciencias sociales y sus organizaciones deben ponerse de acuerdo sobre la prioridad que conviene dar a este tipo de investigación sociológica ambiciosa, para persuadir a los gobiernos y a las empresas y crear una mayor conciencia pública de que la asignación de mayores recursos es en interés de todos, y que la sociedad en general saldrá beneficiada, por la mejora de las políticas y de la gestión de la cosa pública. Los especialistas en ciencias sociales deben también encontrar los medios de salvar la brecha que separa a las llamadas "dos culturas", o sea la universidad y el mundo de los gerentes y los que deciden las políticas. La investigación universitaria debe entablar una relación mucho más estrecha con el sector privado, como hicieran las ciencias naturales y biológicas con la industria y el sector empresarial en general (no olvidemos la creciente importancia del sector servicios). Las consideraciones que preceden no agotan por supuesto el debate ni abarcan la totalidad del inmenso, casi infinito, campo de las ciencias sociales y humanas, que adopta también otras formas igualmente válidas, en particular las interpretativas. No obstante, como señalé antes, lo que está en juego hoy es la capacidad de las ciencias sociales de mejorar su capacidad de análisis, observación y vigilancia para responder adecuadamente a los desafíos con que se enfrentan hoy Europa y el mundo. Estas consideraciones son el fruto de cuatro décadas de acción y experiencia de la UNESCO en el terreno de las ciencias sociales a nivel internacional, y de las lecciones que hemos aprendido sobre el papel que dichas ciencias deben desempeñar frente a la sociedad en general. Ningún otro campo del saber puede contribuir tan decisivamente a establecer un puente entre la reflexión y el pensamiento sobre los asuntos humanos, por una parte, y por la otra las políticas y la acción destinadas a mejorar la vida de los seres humanos. Los programas actuales y futuros de la UNESCO en el campo de las ciencias sociales y humanas están orientados hacia esta meta. La dimensión cultural del desarrollo y la dimensión humana del cambio global constituyen dos de los grandes temas interinstitucionales actuales. Más concretamente, en los países en desarrollo nos proponemos fortalecer la capacidad de los institutos de investigación para el acopio de datos y el análisis y seguimiento del cambio social, la mejora de la enseñanza universitaria, el perfeccionamiento de la formación de los jóvenes investigadores y la creación de sistemas de apoyo a la investigación, como servicios de información y documentación y archivos de datos. Un programa importante que se encuentra todavía en una fase preliminar se refiere al establecimiento de una red internacional de estaciones de investigación para la observación, análisis y vigilancia del cambio social, mediante la cooperación entre los países del Norte y del Sur. Habida cuenta de la magnitud de los problemas que es preciso afrontar, debemos ser ambiciosos para las ciencias sociales y proceder a establecer un importante programa internacional de ciencias sociales** en la UNESCO administrado por un comité intergubernamental, a semejanza de otros programas, ya existentes como "El Hombre y la Biosfera", o los relativos a la oceanografía. Esta posibilidad, estudiada en esta Conferencia me parece una fórmula muy prometedora para proporcionar a las ciencias sociales el vigor y el relieve que merecen. Otra acción de la UNESCO en favor del desarrollo institucional, que viene a sumarse al apoyo prestado a las organizaciones no gubernamentales, internacionales y regionales, es el establecimiento de redes interuniversitarias Norte-Sur y Sur-Sur, mediante el hermanamiento de facultades o departamentos de ciencias sociales y la creación de Cátedras UNESCO de enseñanza e investigación, que constituyen poderosos instrumentos de transferencia de conocimientos. Notas * El artículo que publicamos a continuación era un extracto de un discurso que Federico Mayor Zaragoza, Director General de la UNESCO, pronunció en la Conferencia Europea de Ciencias Sociales, organizada entre los días 24 y 28 de junio de 1991, en Santander (España), por la Comisión Española de Cooperación con la UNESCO, en colaboración con otras comisiones europeas y el secretariado de la Organización. Publicado en RICS, Vol.XLIV, No.2, 1992. 1. Documento de la UNESCO, Comisión Preparatoria sobre Ciencias Sociales, Com. 2, 4 de junio de 1946, pág. 3. 2. Documento UNESCO. Comisión Preparatoria sobre Ciencias Sociales, Com. 2, 4 de junio de 1964, pág. 2. 3. Informe del Programa de la UNESCO, UNESCO C/2, 15 de septiembre de 1946, págs. 105-106. 4. Denis de Rougemont, Vingt-huit siècles d'Europe. La conscience européenne à travers les textes d'Hésiode à nos jours, París, Payot, 1961. 5. Informe sobre el Programa de la UNESCO, op. cit., pág. 106. 6. Abraham Moles, Les sciences de l'imprécis, París, Seuil, 1990. ** Nota del Redactor-Jefe: la UNESCO creó el Programa Gestión de las Transformaciones Sociales (MOST) posteriormente a la publicación de este artículo. |