Nota biográfica

Ajit Singh es Profesor de economía en la Universidad de Cambridge, CB3 9DD, UK, email: Ajit.singh@econ.cam.ac.uk. Se ha desempeñado como asesor económico de los gobiernos de México y Tanzania, y como consultor de las Naciones Unidas. Ha publicado libros y artículos sobre diversos temas de investigación económica, incluyendo las fusiones y adquisiciones de empresas y los mercados de valores, la política industrial y la economía del desarrollo. Bruce Weisse es alumno de Doctorado en la Facultad de Ciencias Económicas y Políticas de la Universidad de Cambridge. El tema de su tesis es el desarrollo financiero en el sudeste asiático.

El modelo Asiático: ¿una crisis anunciada?

Ajit Singh y Bruce A. Weisse

1. Introducción

Los países del este asiático han alcanzado un crecimiento extraordinariamente rápido durante los últimos cuatro decenios. De hecho, no sería exagerado decir que representaban el caso más exitoso de industrialización acelerada y crecimiento económico sostenido en la historia de la humanidad. Una economía como la de República de Corea estaba inequívocamente atrasada en su desarrollo industrial a mediados de los años 50. Su producto industrial per cápita era en aquella época de 8 dólares, comparado con los 7 dólares de la India y los 60 dólares de México. A mediados de los 90, el país era el quinto productor de coches más grande del mundo, el mayor productor de microchips DRAM y la sede de la industria de acero más eficiente del mundo. Su ingreso per cápita había aumentado de US$200 hasta casi 10.000 en un período de 35 años.

La historia de República de Corea y su rápida industrialización y actualización tecnológica no es, en ningún caso, única. Los otros tres países en la 'Banda de los cuatro' (Taiwán (China), Hong Kong y Singapur) también alcanzaron un éxito económico similar. Más recientemente, seguían a estos cuatro países Malasia, Tailandia e Indonesia, que también registraron un crecimiento rápido y sostenido del ingreso per cápita. Significativamente, estos países "milagro" no sólo se expandieron a un rápido ritmo, sino que también lo lograron sin empeorar la distribución del ingreso. Su reducción de la pobreza, que llegó a ser récord, ha sido realmente notable. Como señalaba el profesor Joseph Stiglitz, el Director Económico del Banco Mundial:

En 1975, seis de cada diez habitantes en Asia vivían con menos de un dólar al día. En Indonesia, la tasa de pobreza absoluta era incluso superior. Actualmente, dos de cada diez habitantes del este de Asia viven en la pobreza absoluta. Corea, Tailandia y Malasia han eliminado la pobreza e Indonesia está muy cerca de alcanzar ese objetivo. Estados Unidos y otros países occidentales que también han experimentado un sólido crecimiento a lo largo de los últimos veinte años, pero con escasa reducción de las tasas de pobreza, bien podrían aprender de la experiencia del este asiático (Stiglitz, 1998).

Estas economías "milagro", con un reconocido récord de éxitos económicos, han sufrido repentina y simultáneamente un extraordinario revés que justifica el término 'fundición económica'. Hasta la víspera de la crisis (que puede fecharse el 2 de julio de 1997, cuando las autoridades tailandesas dejaron que el valor del baht quedara flotante), la gestión económica de Indonesia, la economía más azotada, estaba siendo elogiada por el FMI y el Banco Mundial. También sería cierto decir que nadie había vaticinado el extraordinario giro de los acontecimientos en lo que había surgido como la región más dinámica de la economía mundial.1 Entre 1980 y 1995, las economías de los países desarrollados del este de Asia crecieron a un ritmo casi tres veces superior al de la economía mundial.

A medida que la crisis se ha desarrollado, han surgido diversas teorías que la explican. Uno de los análisis más influyentes atribuye la crisis al modelo subyacente del capitalismo vigilado que la mayoría de estos países habían seguido de una u otra forma. El Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, una figura muy respetada, avanzó esta tesis de la siguiente manera:

[Durante la última década el mundo ha observado] un consenso hacia, a falta de un término más adecuado, la forma occidental del capitalismo de libre mercado como el modelo que debería dictar cómo los países individualmente deberían gestionar su economía... Hemos visto el derrumbamiento del muro de Berlín en 1989 y el amplio giro para abandonar la planificación centralizada hacia tipos de estructura de libre mercado capitalista. Como contrapunto de esto, se observaba un crecimiento drástico, muy sólido en lo que parecía ser un sistema de tipo capitalista competitivo en Asia. Como consecuencia de esto, había desarrollos de tipos de estructura que creo que, al fin y al cabo, eran defectuosos pero que no podía ser demostrado mientras el crecimiento fuera del 10% al año".2

La misma tesis ha sido expuesta más gráficamente por Richard Hornik en la revista Times:

...La verdadera causa de la crisis es el carácter de arriba a abajo del modelo asiático en sí mismo. Este modelo ha cultivado la complacencia, el favoritismo y la corrupción. Aislados de la opinión pública, así como los banqueros y empresarios se aíslan de las fuerzas del mercado, los tecnócratas ignoraron el clamor abrumador de las campanas de alarma que las fuerzas del mercado han estado tañendo durante años... La crisis financiera que afronta Asia actualmente es sólo un síntoma de un problema mucho más profundo. Los supuestos sociales y políticos en los que está basado el modelo asiático están absolutamente superados. La economía global es demasiado compleja y avanza a un ritmo demasiado rápido para que los burócratas puedan controlarla. El único milagro en Asia es que este enfoque haya funcionado tanto tiempo como hemos visto. (Time, 8 diciembre 1998)

De manera más significativa, estas opiniones son fundamentales para el análisis que el FMI hace de la crisis y para su programa de políticas. Como factor condicional para sus paquetes de reflotamiento de la economía con miles de millones de dólares que el fondo ha acordado, se les pide a estos países que inicien reformas fundamentales en sus sistemas económicos. Se les pide que cambien, entre otras cosas, sus sistemas de gobierno corporativo, su legislación laboral y sus leyes de competencia para que estas economías se desprendan del "capitalismo del favoritismo, de la "no transparencia" y de otras rigideces del mercado, como el empleo vitalicio en República de Corea.

Este artículo analiza esta tesis. En primer lugar, definirá las principales características del modelo capitalista asiático. Se dirá que esta tesis no sólo es incorrecta, sino que las recomendaciones de políticas en las que se basa probablemente prolongarán la crisis en lugar de aliviarla, a la vez que mina las perspectivas de un crecimiento a largo plazo. Por lo tanto, el artículo recomienda un cambio fundamental en la política analítica con la que el FMI enfoca la crisis.

2. El modelo asiático

¿Cuáles son las principales características del modelo del este de Asia? ¿Cuál es la relación causal entre éstas y la crisis?

El modelo asiático está quizá mejor ejemplificado por la experiencia de Japón en su fase de alto crecimiento durante el periodo 1950-1973. Durante este período, la economía japonesa alcanzó una transformación estructural y un crecimiento económico sin precedentes. Entre 1953 y 1973, la producción manufacturera creció a un ritmo del 13% anual, mientras el PIB crecía casi un 10% al año. A pesar de que empezó desde un nivel bajo, la participación de Japón en las exportaciones mundiales y manufacturas aumentaron en un colosal 10% durante este período.

La organización económica del país durante esta fase de alto crecimiento abarcaba una fuerte intervención estatal en todas las esferas de la economía (la intervención se produjo en gran medida y la economía japonesa se volvió mucho más abierta al convertirse en miembro de la OCDE en 1970). Había una estrecha relación entre el gobierno y las empresas y entre éstas y el sistema financiero. Además, la relación entre el sistema financiero y las empresas era de una naturaleza diferente a la que encontramos en Estados Unidos y en el Reino Unido.

El profesor Caves, de la Universidad Harvard y el profesor Uekusa, de la Universidad de Tokio, en su clásico estudio Industrial Organization in Japan, retrataban correctamente la relación entre el gobierno y las empresas en Japón de la siguiente manera:

Todos los sectores de la economía japonesa tienen una relación de clientela con un ministerio u organismo del gobierno. El ministerio, además de sus diversos medios estatutarios para tratar con el sector económico, tiene una responsabilidad administrativa tácita general y una autoridad que supera en mucho lo que se suele considerar normal en Estados Unidos y en otros países occidentales. Si bien el Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI) desempeña el papel primordial, sus operaciones no son distintivas. "En las oficinas industriales del MITI proliferan objetivos y planes sectoriales; conferencian, hacen declaraciones y luego exhortan. Se trata de una economía por recomendaciones hasta un grado que sería inconcebible en Washington o Londres. Las empresas apenas adoptan grandes decisiones sin consultar a la autoridad gubernamental apropiada; lo mismo sucede a la inversa" (Caves y Uekusa, 1976, p. 149).

Más específicamente, siguiendo a Singh (1997-1998b, 1998c), Amsden y Singh (1994), Amsden (1989) y Evans (1987), algunas de las características más importantes del modelo japonés, que más tarde serían emuladas en mayor o menor medida por otros países asiáticos, se pueden resumir de la siguiente manera:

    1. A pesar de que existía una estrecha relación entre gobierno y empresas y una amplia práctica de consulta a través de los llamados "Consejos de Deliberación", una característica importante que distinguió a los países del este de Asia de otros Estados dirigistas fue que el gobierno proporcionaba ayuda a las empresas sólo a cambio de una adhesión a unas normas de estricto cumplimiento.
    2. Las intervenciones se llevaban a cabo a través de un sistema de orientación administrativa en lugar de una legislación formal. Para que este sistema no se viera sujeto a la búsqueda de beneficios o al abuso social, era necesario otorgar cierta autonomía al organismo público que orientaba la economía. Esta autonomía relativa prevalecía en los Estados del este Asia de forma muy superior a la de Brasil, México o India.
    3. La relación entre la empresa y el sistema financiero en países como Japón y República de Corea también ha sido muy diferente a la de Estados Unidos y el Reino Unido. Los primeros han seguido, por ejemplo, el denominado sistema de principales bancos, lo cual implica relaciones a largo plazo entre las empresas y los principales bancos. Esto permite a los gestores japoneses o coreanos tener una perspectiva a largo plazo en sus decisiones de inversión. Los administradores no se ven limitados por la amenaza de adquisiciones hostiles en los mercados bursátiles, como sucede en los países anglosajones (Aoki y Patrick, 1992; Odagiri, 1994).
    4. Existen diferencias en la organización interna de las empresas del este de Asia con respecto a las de Estados Unidos y Reino Unido. Las primeras implican una relación de cooperación entre la gestión y el trabajo, ejemplificado en un sistema de empleo vitalicio en las grandes empresas. Esto implica considerables imperfecciones en el mercado laboral (Dore, 1986; Aoki, 1990).
    5. En lo que concierne a la competencia en los mercados de productos, las autoridades del este de Asia no ven esta competencia como un bien en sí. A diferencia de países como Estados Unidos, la filosofía económica en los países del este de Asia no acepta la máxima de que "cuanto más competencia, mejor". En estos países, los gobiernos han adoptado la perspectiva de que, desde el punto de vista de la promoción de las inversiones y el cambio tecnológico, el grado óptimo de competencia no es la competencia perfecta ni máxima. Por lo tanto, los gobiernos deliberadamente han gestionado y han orientado a la competencia, que ha sido estimulada, pero también restringida de diversas maneras (Amsden y Singh, 1994).
    6. Siguiendo esta filosofía económica básica señalada más arriba, los gobiernos del este de Asia no han intentado una integración "estrecha", sino lo que podría llamarse "estratégica" con la economía mundial, es decir, se han integrado hasta el punto en que ha sido útil para ellos hacerlo. Por lo tanto, durante sus fases de elevado crecimiento y desarrollo, Japón (entre 1950 y 1973) y República de Corea (en los años 70 y 80) se integraron en la economía mundial en relación con las exportaciones pero no con las importaciones; con respecto a la ciencia y tecnología pero no con respecto a las finanzas y las inversiones internacionales (Chakravarty y Singh, 1988).

Se observará que las características del modelo asiático definidas más arriba son de un tipo ideal. En algún nivel, cada país tiene sus especificidades, que son importantes. De forma más general, las economías del sudeste asiático de Malasia o Indonesia eran mucho más abiertas en términos de FDI y de otros flujos de capital que República de Corea. El grado y efectividad de la intervención estatal también ha variado entre países, y República de Corea se encuentra en el estrato superior mientras que Tailandia está en el estrato inferior. Sin embargo, hay una pronunciada similitud en la manera en que estos países realizan negocios y estructuran sus instituciones, que los diferencia de Estados Unidos, el Reino Unido u otras regiones en desarrollo.

3. La crisis y el modelo asiático

El Cuadro 1 indica los perfiles de la crisis financiera. En él se aprecia el colapso de las bolsas y los mercados de divisas en los países afectados por la crisis. Desde el 1 de julio de 1997 hasta el 18 de febrero de 1998, la bolsa en el país más golpeado, Indonesia, disminuyó en más de un 80% y el tipo de cambioen relación al dólar de Estados Unidos en casi un 75%. Es evidente que los mercados de divisas y la bolsa interactuaron en un bucle de retroalimentación negativo como respuesta a los impactos externos.

Aquellos que atribuyen la crisis fundamentalmente al modelo subyacente de capitalismo en las economías asiáticas tienen una dificultad para relacionar los dos fenómenos. Porque la pregunta más importante es: Si el modelo era deficiente, ¿por qué fue tan extraordinariamente exitoso durante tanto tiempo? ¿Qué causó el súbito colapso? Para dar una respuesta satisfactoria, una teoría de la crisis debe dar cuenta de ambos aspectos.

Krugman había sostenido en un importante artículo (1994) que el éxito de estas economías no era sostenible durante un período largo. Utilizando el marco de análisis del crecimiento, citó pruebas de Alwyn Young y otros para indicar que el milagro económico asiático se basaba en un mayor uso de los insumos más que en un uso productivo de ellos. Puesto que había límites evidentes al crecimiento de los insumos de trabajo y capital, pensó que estas economías inevitablemente se ralentizarían. Sin embargo, este análisis no fue aceptado universalmente. Los críticos tomaron posiciones tanto con respecto a las pruebas como con su interpretación. También señalaron las limitaciones del marco de análisis del crecimiento, que volvía a sus conclusiones sumamente dependientes de una metodología muy estrecha. En cualquier caso, incluso si la tesis de Krugmam era correcta, esto no puede explicar lo repentino del colapso asiático. La ralentización del crecimiento predicho por el análisis habría ocurrido progresivamente y asintomáticamente, en lugar de inmediata y simultáneamente.

También es paradójico, como señala Stiglitz, que las instituciones financieras internacionales que actualmente atribuyen las causas de la crisis a la excesiva intervención gubernamental, hace poco negaban que hubiese cualquier tipo de intervención gubernamental en todas estas economías. Cuando tenía éxito, el modelo se interpretaba como el de un Estado minimalista en el que el gobierno únicamente proporcionaba el marco general para que las empresas privadas pudieran florecer. Ahora que estos países han sufrido una crisis, se cree conveniente sostener que ésta es debida a una intervención estatal demasiado amplia (Banco Mundial, 1991; para una crítica, ver Singh, 1994, 1998c).

Otros intentos más serios para relacionar el modelo asiático con la crisis, como el del FMI (1998), incluyen la noción de sobreinversión, negligencia en el uso de los beneficios y falta de competitividad en estas economías. Se sugiere que las estrechas relaciones entre gobierno y empresas condujeron a un "capitalismo de nepotismo" que a su vez condujo a una inversión excesiva en proyectos no rentables o marginales. Este análisis puede explicar una debilidad del sistema que podría conducir a una ralentización en el crecimiento económico, pero ¿por qué habría de suceder tan repentinamente? Aquí, los críticos del modelo asiático esgrimen dos argumentos importantes. En primer lugar, que la combinación de interrelaciones gobiernos-empresas-finanzas generaba un sector empresarial altamente endeudado. Este alto endeudamiento hizo al sector empresarial financieramente frágil y vulnerable a los impactos de las tasas de interés. Krugmam sugiere que el "capitalismo de favoritismos" contribuyó a la fragilidad financiera a través de su generalización en el sector financiero crítico. El sector financiero estaba subregulado, y el favoritismo político le permitía sobreinvertir en áreas como la propiedad inmobiliaria, y además estaba sujeto a unas garantías implícitas que el gobierno lo apoyaría si surgían problemas graves (Krugmam, 1998).

El otro argumento se formula en términos de transparencia. Los mercados no tenían información adecuada acerca de la verdadera posición financiera de las empresas y los bancos. Cuando los mercados comenzaron a evaluar los verdaderos hechos, se produjo un colapso en la confianza. Como señalaba el Director del FMI, Michel Camdessus.

En Corea, por ejemplo, la opacidad se ha vuelto sistemática. La falta de transparencia de las operaciones del gobierno y del sector empresarial y financiero ocultó la dimensión de los problemas en Corea, de tal manera que la acción correctiva se produjo demasiado tarde y, finalmente, no pudo impedir el colapso de la confianza de los mercados, ni que el FMI fuera autorizado a intervenir sólo días antes de la bancarrota potencial.3

Resumiendo, los críticos del modelo asiático pueden explicar plausiblemente tanto la ralentización como su carácter repentino invocando la falta de transparencia, la fragilidad financiera y un sistema financiero inadecuadamente regulado, poco sólido y dominado por el favoritismo político.

4. La crisis financiera: consideraciones analíticas y empíricas preliminares

El análisis descrito más arriba, donde se vincula la crisis financiera al modelo asiático puede ser plausible, pero ¿acaso es empírica y analíticamente correcto?

El primer punto importante es el de los fundamentos. Los Cuadros 2 y 3 presentan información sobre las variables relevantes para los países asiáticos directamente afectados por la crisis, así como los tres países no directamente afectados por la crisis (India, México y Brasil). Comparadas con las de estos últimos tres países, las economías asiáticas tenían todas sólidas bases, como indican las siguientes variables:

  • Altas tasas de crecimiento del PIB a mediano y largo plazo
  • Tasas bajas de inflación (de un solo dígito).
  • Tasas de ahorro y de inversión doméstica muy altas.
  • Solidez fiscal, con una baja deuda pública en relación al PIB.
  • Orientación hacia la exportación y altas tasas de crecimiento de las exportaciones.

Sin embargo, como señala el Cuadro 2, los déficits de la cuenta corriente actuales de los países asiáticos tendían a ser algo superiores a los de India, México y Brasil. Esto en parte reflejaba el hecho de que países como Malasia eran receptores importantes de FDI. Sin embargo, en todos los casos los déficits eran sostenibles y no habían limitado un crecimiento económico rápido en años anteriores. Además, antes de la crisis las cuentas corrientes de los países asiáticos habían estado mejorando generalmente. Por ejemplo, el déficit en Malasia había disminuido de un 10% del PIB en 1995 a un 5-6% en 1996-1997.

Para resumir, como señala Singh (1998d), todos los países asiáticos afectados tenían sólidas "bases", en el sentido de que habían demostrado ser capaces de sostener un rápido crecimiento económico. Debido a su orientación a la exportación, tenían también la capacidad de pagar sus deudas a mediano y largo plazo. No obstante, sufrían diversos desequilibrios a corto plazo, tales como tipos de cambio sobrevalorados, así como activos a corto plazo del sector financiero que superaban el valor de las reservas del Banco Central. Esto requería ciertos ajustes macroeconómicos y una reestructuración de las deudas. En otras palabras, estos países tenían problemas de liquidez, más que de solvencia. Finalmente, las observaciones de Wolf sobre el país más afectado por la crisis, Indonesia, son muy acertadas:

Pensemos por un momento en Indonesia: su déficit de cuenta corriente fue menor al 4% del PIB a lo largo de los años 90; su presupuesto estaba equilibrado; su inflación se situaba por debajo del 10%; a finales de 1996, el tipo de cambio real (según estimaba J.P. Morgan) era sólo un 4% superior a la de finales de 1994; y la proporción de los créditos bancarios domésticos al sector privado en relación al PIB había aumentado solamente de un 50% en 1995 a un 55% en 1996. Es verdad que el sistema bancario tenía deudas incobrables importantes, pero los préstamos extranjeros a las empresas indonesias habían hecho caso omiso de aquello. ¿Hay alguien que esté dispuesto a afirmar que éste era un país cuyos tipos de cambio podían depreciarse en un 75%? Algún ajuste era ciertamente necesario; pero lo que ha sucedido es inverosímil (Wolf, 1998).

Los flujos externos de capital a los países afectados resumidos en el Cuadro 4 indican que la causa inmediata de la crisis financiera fue la súbita inversión de los flujos de capitales externos. De 1994 a 1996, el flujo de capital privado al interior de los países asiáticos aumentó en más del doble (de 40.500 millones de dólares a 90.300 millones de dólares). No obstante, en 1997 se produjo un flujo neto hacia el exterior de 12.000 millones de dólares, un desvío de alrededor de 100.000 millones de dólares, el equivalente a aproximadamente el 10% del PIB de estos países. A pesar de que los flujos de cartera eran oscilantes (una cifra positiva de 12.000 millones en 1996 se convirtió en una cifra negativa de 11.600 millones en 1997), los principales culpables eran los bancos comerciales: sus préstamos a los países afectados habían aumentado de 24.000 millones en 1994 a 55.000 millones en 1996. Pero en 1997 se produjo una retirada neta de fondos por parte de los bancos hasta el equivalente de 21.300 millones de dólares.

En general, las pruebas apoyan el argumento de Radelet y Sachs (1998) de que se trataba de un clásico caso de pánico en los bancos, donde cada banco sólo consideró la falta de liquidez a corto plazo de los países implicados y, consecuentemente, retiró sus fondos, exacerbando la falta de confianza y empeorando la crisis para prestatarios y acreedores. En términos más técnicos, ambos autores sugieren que en los mercados financieros puede haber múltiples equilibrios y que, ante la ausencia de coordinación, los agentes económicos en este caso específico acabaron en un equilibrio altamente subóptimo. Feldstein (1998) señala que la insistencia del FMI de que la crisis fue causada por la existencia de un defecto fundamental intrínseco en estas economías pueda haber contribuido a este desequilibrio, al asustar a los inversores, ya de por sí nerviosos. En lugar de optar por paquetes de ayuda de varios miles de millones de dólares con condiciones muy draconianas, estos dos análisis sugieren que la política más útil para el FMI sería enfatizar los fundamentos sólidos de esos países, su fenomenal éxito en los mercados de exportaciones, su gran capacidad de incentivos y su habilidad para pagar a medio y largo plazo sus obligaciones de la deuda. En otras palabras, el FMI debería haber actuado como un coordinador entre los acreedores y los prestamistas para contribuir a hacer coincidentes la estructura de vencimiento de la deuda con las habilidades del país para pagarla y, por lo tanto, ayudar a generar un equilibrio mucho más óptimo.

5. ¿Ha sido el modelo asiático el responsable de la crisis?

Ahora nos centraremos en los temas específicos que se han suscitado con relación a los aspectos del modelo asiático que pueden haber contribuido a la crisis, empezando por la idea de que la razón de la exagerada reacción del mercado fue la falta de transparencia en los sistemas empresariales y financieros de los países asiáticos. Este tema requiere un serio análisis y hay que considerar diversos puntos.

En primer lugar, en Alemania los bancos también han sido tradicionalmente menos que transparentes en las cuentas que mantienen con las reservas ocultas y con provisiones ocultas en caso de pérdidas. De hecho, muchos profesionales opinarían que la transparencia en el sistema bancario no es un principio especialmente virtuoso. Como observaba el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, Wim Duisenberg, en el primer discurso pronunciado tras su nombramiento, más que transparencia, lo que se requiere es rendición de cuentas.

En segundo lugar, se observará que las crisis bancarias son endémicas del capitalismo y pueden ocurrir con o sin transparencia. Por ejemplo, ya a comienzos de los años 90 los países escandinavos, que tendrían una alta puntuación en la liga de transparencia internacional, sufrieron una crisis bancaria abierta con graves repercusiones en la economía real.

En tercer lugar, a propósito del tema de la disponibilidad de la información financiera, el profesor Lamfalussy, el ex Director de Economía del Banco de Pagos Internacionales ha señalado en una carta al FinancialTimes:

El informe BIS (1998), por lo tanto, señala acertadamente que la información y la transparencia no serán suficiente para eliminar las crisis financieras, sino más bien "lo que también se necesita es la visión para imaginar las crisis y la voluntad de actuar con antelación".(FinancialTimes, 13 de febrero 1998)

Finalmente, en relación con esto, no deja de tener interés observar que los bancos internacionales habían prestado, en el caso de República de Corea, enormes cantidades de dinero a bancos mercantiles recientemente establecidos, ninguno de los cuales tenía un registro suficientemente solvente y muchos gestionados deficientemente (Chang, 1998). En circunstancias normales, con o sin transparencia, estos préstamos serían considerados imprudentes o temerarios; a menos que, desde luego, los bancos tuvieran razones para creer que el gobierno o un aval del FMI les pagaría su dinero.

Volviendo a la cuestión de la sobreinversión y la mala asignación de recursos, resulta extraño observar que se culpa a éstos del fracaso del modelo asiático. Puesto que, en un funcionamiento normal del modelo asiático, el gobierno habría controlado la inversión a sectores desfavorecidos, como el sector inmobiliario. También habría coordinado la actividad de inversión de forma a matener los beneficios (Singh, 1998b). Fue precisamente al abandonar los principios fundamentales del modelo asiático a través de la liberalización financiera que se permitió que se produjeran los desequilibrios actuales.

La liberalización financiera también fue un factor de primer orden en el hecho de que se debilitara el sector empresarial tradicional en los países asiáticos. Como demuestra el Cuadro 5, el sector empresarial de República de Corea era el más endeudado de los nueve mercados emergentes que se muestran (según aparece medido por los coeficientes de endeudamiento). Después de República de Corea, el sector empresarial de India es el segundo más endeudado, con un coeficiente más alto que Malasia o Tailandia. Sin embargo, India no sufrió una crisis financiera (por razones que discutiremos más abajo).

Antes de la liberalización financiera en República de Corea, los altos coeficientes de endeudamiento no eran un problema significativo. Estos altos coeficientes de endeudamiento surgen del hecho de que el chaebol coreano se expandió a un ritmo muy rápido con la ayuda de préstamos proporcionados por bancos controlados por el Estado. Esto permitió a familias con una pequeña base de capital convertirse en propietarios y controlar empresas muy grandes. Estas chaebol eran en sí mismas una creación del gobierno, que las utilizó como un vehículo para su empuje hacia la rápida industrialización y la actualización tecnológica. Debido a la naturaleza de los riesgos involucrados en grandes inversiones, nuevos productos y procesos en un país en desarrollo, dejadas a sí mismas las empresas privadas no habrían emprendido actividades tan arriesgadas. No obstante, con el estímulo del gobierno y su voluntad de compartir los riesgos involucrados en la empresa, y dada la feroz competencia con otros chaebol, se estaba dispuesto a asumir tales riesgos. Los riesgos tecnológicos fueron así socializados y el sistema que esto produjo trajo consigo una rápida industrialización del país, lo cual permitió a República de Corea conquistar los mercados mundiales con un espectro cada vez más amplio y sofisticado de productos.

Como ha señalado Lee (1992), lo que el gobierno hacía, de hecho, era gestionar un mercado interno de capitales. Dicho mercado, como señaló Williamson (1975) en su análisis seminal de la asignación interna del capital por parte de los conglomerados, en muchas circunstancias puede ser más eficaz que un mercado de capitales externo. Este último muchas veces está sujeto a la especulación, a la información asimétrica y a otras deficiencias del mercado. Los precios en las bolsas que esto produce no pueden ser eficaces en el sentido de evaluación fundamental de Dobin (es decir, pueden estar sujetos a influencias especulativas, rumores y modas).

Sin embargo, la liberalización financiera fundamentalmente cambió este sistema. Los altos coeficientes de endeudamiento, sin la participación activa del gobierno, que no asumió riesgos, debilitó al sistema empresarial. Además, esto se agudizaba por el hecho de que el gobierno no sólo abandonó el control abierto sobre los préstamos y las inversiones en las empresas (especialmente en el exterior), sino que tampoco lo reemplazó por una regulación prudencial adecuada.

El hecho de que el principal factor de la crisis financiera de los países afectados ha sido la precipitada liberalización financiera, más que el modelo asiático, también se ha expresado en la experiencia de India y China. Las bases de India, como sugiere el Cuadro 3, son considerablemente peores que las de los países asiáticos golpeados por la crisis, y sin embargo India ha sido capaz de mantener una relativa estabilidad de su moneda, así como evitar el pánico de los mercados bursátiles, a pesar del hecho de que el país, en el último período, ha sido objeto de una considerable incertidumbre de políticas debido a la inestabilidad de sus gobiernos. La principal razón es que, a pesar de que se ha introducido cierta liberalización en las cuentas de capital, mantiene un control amplio y global, especialmente sobre los préstamos en el extranjero por parte de individuos, empresas o bancos (Singh, 1998a).

De la misma manera, China ha sido capaz de evitar la crisis financiera manteniendo controles amplios sobre los movimientos de capital. Esto es particularmente notable debido al hecho de que, en el período más reciente, en China ha disminuido el crecimiento económico y se ha producido una ralentización considerable del crecimiento de sus exportaciones. También resulta interesante observar que, a pesar de los controles sobre el capital, durante el último decenio, el país ha sido el receptor más grande de flujos de FDI hacia el interior entre los países en desarrollo.

6. Conclusión e implicaciones para las políticas

En este artículo, hemos sostenido que la influyente tesis del gobierno de los Estados Unidos y del FMI de que las causas fundamentales de la crisis financiera asiática residen en el modelo dirigista del capitalismo supervisado seguido por estos países es una posición gravemente errónea. La crisis ha surgido en gran medida por la rápida liberalización financiera que implicaba el abandono de los principios esenciales del modelo.

Lamentablemente, en el caso del FMI, el diagnóstico erróneo ha conducido inevitablemente a unas recetas de políticas también erróneas que han exacerbado la crisis en lugar de aliviarla. Además de atribuir la crisis "fundamentalmente" al modelo asiático, al comienzo el FMI la interpretó como una tradicional crisis de la balanza de pagos producida por los excesos fiscales del gobierno. Sus recetas implicaron, por lo tanto, los típicos remedios de contracción monetaria y fiscal y unas altas tasas de interés. Para lidiar con las causas estructurales fundamentales de la crisis (es decir, el modelo dirigista), el FMI recomendaba una mayor liberalización financiera junto a cambios de gran alcance en las instituciones sociales básicas.

Las consecuencias de este diagnóstico erróneo y las políticas que se siguieron han sido catastróficas. El FMI inicialmente calculó que, como resultado de sus ayudas y condiciones, el PIB en los países afectos se contraería, pero sólo en cantidades relativamente pequeñas. No apreció plenamente que la crisis asiática no era del tipo tradicional, sino que era una crisis provocada por una negligencia privada, no pública, y que era una crisis de la cuenta de capitales más que de la cuenta corriente.4 En estas circunstancias, la política del FMI de elevar las tasas de interés y de austeridad fiscal han conseguido efectivamente llevar a la bancarrota a los sectores empresariales y bancarios y, por lo tanto, generar una profunda depresión en las economías afectadas. Lejos de la pequeña contracción que el FMI había anunciado, Goldman Sachs ahora predice que, en 1998, el PIB real disminuirá en un 15% en Indonesia, un 8% en Tailandia y en un 7% en República de Corea.

Para restablecer la salud económica en las economías asiáticas, se requeriría un cambio radical en los análisis y recetas de política del FMI. A nivel de economía política, una de las importantes implicaciones de este artículo para las políticas es que la profunda crisis hace mucho más necesario que los países afectados no sólo mantengan las estrechas relaciones entre gobierno y empresa característica del modelo asiático, sino que también las amplíen para abarcar a los sindicatos y a los grupos de la sociedad civil. La solución de la crisis requiere unas políticas creíbles que necesariamente deben basarse en la cooperación y en la distribución equitativa del peso del ajuste.

Traducido del inglés

Notas

1. Se podría argumentar que existían ciertas inquietudes acerca de que el mercado inmobiliario en Tailandia subiera y sobre la debilidad de su sistema financiero antes de la crisis. Sin embargo, esto no con otros países. Incluso en el caso de Tailandia, el gobierno estaba llevando a cabo reformas para mejorar el sistema bancario.

2. Citado en el International Herald Tribune, 13 de febrero de 1998.

3. Discurso pronunciado ante Transparency International, recogido en el Estudio FMI, 9 de febrero de 1998.

4. Hay quienes argumentarán que, incluso si el FMI hubiese analizado el problema correctamente, se hubiese aplicado el mismo remedio tradicional, pero que, en ese caso, al menos se habría tenido que presentar una justificación diferente. Ésta podría haberse basado en el discurso de que el mercado demanda políticas de austeridad para que se restablezca la confianza.

Referencias

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