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Documentos de debate - Nº 3
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Las opiniones expresadas en esta colección incumben a los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de la UNESCO.
© UNESCO
MARCO Y PROPOSITOS DEL ANALISIS
Resultaría, por ende, insuficiente describir estos fenómenos como meras disfunciones económicas o sociales situadas en torno a esas "grandes líneas de fuerza" y que serían la progresión o la regresión de las economías internacionales. Sería simplista no ver en esas diferenciaciones más que la habilidad de los Estados para utilizar las restricciones resultantes de la mundialización de las economías o de la difusión de las hegemonías políticas o culturales o la incapacidad de esos mismos Estados para sustraerse a esas restricciones. Igual de ilusorio sería creer -como lo demuestra la incapacidad de la comunidad internacional para resolver los conflictos proclamando a priori un interés general- que acuerdos consensuales adoptados entre los países para dirigir el planeta o resolver conflictos son operacionales porque son decretados, cuando no toman en consideración las realidades de la diversidad social.
Esta realidad, producto de la historia larga y de las múltiples iteraciones entre lo global y lo local, sigue siendo de todas formas más reconocida que explicada por las ciencias sociales. El propósito de este trabajo es contribuir a aclarar los fundamentos y las transformaciones de esas diversidades sociales a fin de movilizarlas en las políticas y las estrategias de desarrollo. Para alcanzar ese objetivo se insistirá en el método comparativo y en los periodos largos, y se dará la prioridad a la observación y la comprensión de las situaciones y los momentos en que esa diversidad se modela y se expresa más netamente. De esa manera se hará hincapié en la descripción minuciosa de los fenómenos iterativos y progresivos que conducen a la creación de nuevos itinerarios de desarrollo.
Ahora bien, aunque parecen fáciles de detectar, las diferenciaciones económicas y sociales son, en cambio, mucho más difíciles de interpretar. Del mismo modo en que, gracias a lo que ha progresado, la genética es capaz de multiplicar injertos y modificaciones genéticas y no tantas veces capaz de controlar las condiciones en que se expresan, las ciencias sociales han demostrado su capacidad para detectar y describir situaciones particulares -hasta minimizar, por lo demás, "la amplitud de las repercusiones de los procesos mundiales en las situaciones locales y regionales"- y, al mismo tiempo, su dificultad para integrar esos conocimientos en los modelos globales.
Hacer de estas ciencias de la observación ciencias de la acción supone, ante todo, tomar distancia para no dejarse cegar, sin más, por la diversidad sino para comprender su origen y significado; supone asimismo seleccionar algunos campos particulares de observación que constituyen verdaderos envites sociales. Comprender los procesos de industrialización, entender el grado de autonomía o de dependencia de los países por lo que respecta a su propio desarrollo, y hacer resaltar los fundamentos de las orientaciones de la ordenación de los recursos naturales y de la reproducción social, he aquí tres temas capitales que están ora demasiado globalizados para explicarlos ora demasiado detallados para utilizarlos.
Las ciencias sociales, que deberían movilizarse y no reducir sus ambiciones, tendrían que ser capaces de tomar parte en la elección de estrategias referentes a las políticas de industrialización, las opciones tecnológicas o las alternativas económicas. Con una base común de experiencias destinadas a comprender la forma en que se expresan en los hechos contemporáneos, permitirían articular una teorización de la singularidad y la aplicación concreta de políticas de desarrollo. Ese procedimiento supone optar por el enfoque comparativo y la pluridisciplinariedad para el análisis de momentos y situaciones en que se manifiestan las realidades de la diferenciación.
la diferenciación de las actividades productivas, que marca una aceleración de la modificación de las formas de pensamiento, las referencias culturales o las organizaciones. La industrialización, por ejemplo, es una muestra de esa ruptura, verdadera aceleración del ritmo del cambio social;
la ampliación de las relaciones entre sociedades locales y mundiales con la internacionalización de los intercambios y la mundialización de las referencias sociales o culturales. Esta ampliación parece quebrar la noción de especificidad vinculada a la autarquía para rehabilitar las nociones de interconexión o interdependencia. La mundialización, expresión extrema de la pérdida de identidad cultural, parece oponerse a la localización más que combinarse con ella.
la nueva definición de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, con el desarrollo de la urbanización, las industrias de extracción y la modernización de las actividades agrícolas. La dislocación de las sociedades agrarias construidas en torno a la noción de reproducción o de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, la nueva definición de los modelos de consumo alimentario, el desmembramiento de los espacios o de las organizaciones rurales son otras tantas ilustraciones significativas del cuestionamiento de la noción de durabilidad.
la combinación o la sucesión de las actividades productivas en los procesos de industrialización en el plano local o regional. Este tema remite a un viejo debate y es el que, en las teorías de desarrollo, opone la ineluctabilidad de las visiones centradas en las etapas a la de la variedad comprobada de los procesos de industrialización (véase la Sección 2.1);
los efectos inducidos por la mundialización de la crisis económica. Este tema permite poner de relieve las diferenciaciones registradas por lo que hace a la autonomía -la resistencia a los efectos de la crisis e inclusive la utilización de la crisis misma- o la dependencia -las condiciones de transmisión de los efectos de la crisis del centro a la periferia- (véase la Sección 2.2) de los Estados con respecto a los grandes choques económicos o los grandes conflictos bélicos.
la degradación de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza y las opciones relativas a la ordenación de los recursos renovables y el medio ambiente. Este proceso ilustra la variedad y los límites de las prácticas de conservación y, más aún, las antinomias entre los regímenes de crecimiento y la voluntad frecuentemente expresada de instituir modelos de economía sostenible (véase la Sección 2.3).
Cada uno de estos temas es objeto de debates científicos. El programa contribuiría a nutrirlos y renovarlos. Más aún, en estos temas reposan las grandes opciones contemporáneas en materia de política de desarrollo: elección de las prioridades por lo que se refiere a la actividad productiva, elección de las opciones tecnológicas con respecto a la energía o a la gestión de los recursos renovables, elección de los acuerdos y las alianzas internacionales de política económica.
Una interpretación rápida de estas realidades contrastadas podría llevar a decir que el segundo movimiento sólo es, en una escala más local, una imagen desfasada en el tiempo de un movimiento ineluctable inducido por el primero. Así como el frío genera calor o la gran marejada entre dos olas da una impresión de calma momentánea, los regímenes de crecimiento se diversificarían pero permanecerían estrechamente ligados. Las diferenciaciones en cuanto a la industrialización no serían entonces sino el producto de un mismo fenómeno verificado en momentos diferentes de la historia. Las opciones en materia de industrialización se limitarían a estimar en qué momento de la historia de la transformación de los sistemas productivos, tomando en consideración un periodo largo, se encontraría el país.
Los países que antes comenzaron su crecimiento industrial deberían encontrar un nuevo impulso en los resortes de una sociedad postindustrial y una nueva división internacional del trabajo. En cambio los que salieron más tarde en esa carrera reproducirían, con algunos años o incluso con siglos de retraso, las mismas trayectorias: la destrucción de su agricultura para construir su industria (o la acogida de las industrias de los primeros que se trasladan a sus territorios) y la racionalización de la industria para ingresar en la sociedad de servicios. El comercio internacional se podría utilizar para desacelerar el proceso general o saltar etapas, pero habría cierta ineluctabilidad en el movimiento general, representada en sus formas más completas en las teorías de Rostov.
En esta perspectiva, la historia se moviliza para detectar en la escala del tiempo el trayecto recorrido o por recorrer y para medir las diferencias entre países. Las fórmulas que se deben seguir son, por lo tanto, fáciles de imaginar. Sabiendo que para todas hay una trayectoria única que recorrer, lo que hay que saber es qué vagón poner sobre los carriles para recorrer el máximo de camino en el mínimo de tiempo. Es ésta una visión simplista por cierto sobre la cual podría ser útil documentarse para cuestionar nuevamente las estrategias de industrialización. El recurso a la observación de larga duración debe servir para identificar las variables esenciales que se mantienen con el transcurso de los años y caracterizan los procesos de desarrollo.
Se podrían considerar prioritarios algunos temas como los siguientes:
Aunque actualmente se reconoce su lugar en la dinámica social, muy a menudo su presencia sigue siendo considerada menos como una expresión de la dinámica particular de sociedades en recomposición o como la ilustración de "otro camino de crecimiento", para utilizar la expresión de Hernando de Soto, que como una mera etapa de la concentración industrial, comercial o bancaria. En otros términos, para muchos autores la concentración de las actividades productivas sigue siendo inevitable y las demás formas de organización no hacen más que precederla o seguirla.
Un análisis de la función de las PME en diferentes momentos de la industrialización permitiría progresar en la comprensión de los fundamentos y las relaciones que unen estas formas de organización a los mecanismos particulares del crecimiento local.
¿La movilidad de los capitales y la de la información se opone sencillamente a la inercia de las inversiones productivas al reforzar únicamente el poder de los que manejan los primeros en detrimento de los que materializan las segundas? ¿Son los sistemas financieros y los sistemas de información solamente nuevos vectores de la hegemonía cultural y política o remiten a nuevas formas de organización de las sociedades? ¿Llevan sólo a reforzar la concentración y la uniformización o, por el contrario, son los instrumentos indispensables de un desarrollo descentralizado? ¿Pueden concebirse de otra manera para satisfacer objetivos diferentes de los de la globalización?
Podría recurrirse a los análisis existentes de la difusión internacional de los sistemas informáticos de gestión o de las consecuencias de las políticas de ajuste estructural y, como contrapartida, al análisis de los fracasos de estos sistemas uniformadores en determinados contextos multiculturales, de economía informal o de gran voluntad política en favor de un desarrollo autocentrado.
Esta aparición confirmaba la importancia de lo no mercantil en las relaciones sociales en las sociedades de los países del Sur, ponía de relieve, en las economías del Norte, el retroceso de valores estructurantes como el trabajo -ya en 1970 Yves Barel se refería a la desvalorización de este "gran organizador" en las sociedades occidentales- o las ideologías de progreso o de enriquecimiento material, y hacía manifiesta, en cambio, la importancia de estas formas de organización en la vitalidad de algunas sociedades urbanas o rurales o en las capacidades de adaptación de algunas actividades productivas a lo inmediato y a la incertidumbre.
Un análisis detenido y comparativo de estos modelos sociales constituye sin duda alguna un medio de renovar los modelos de interpretación de las dinámicas mundiales enriqueciéndolas con observaciones sobre la diversidad así como un medio de interrogarse sobre la capacidad de las políticas locales y sectoriales para integrar estas nuevas vías de crecimiento. Se podría, por ejemplo, estudiar el desarrollo y el significado de los siguientes fenómenos:
Pero, mientras en todo el mundo se van ampliando los efectos desestructurantes inducidos por la inestabilidad y la creciente incertidumbre, también parece instaurarse una gran variedad de comportamientos y ajustes nuevos que son "verdaderos amortiguadores sociales" de los choques mencionados anteriormente. Frecuentemente pasados por alto en los análisis globales, éstos constituyen indudablemente una base del funcionamiento de las economías afectadas por la crisis económica, y podrían ser asimismo el punto de partida de nuevas organizaciones. Merecería profundizarse el análisis de tres de ellos:
el comportamiento de los consumidores en las situaciones de gran inestabilidad monetaria o financiera: comportamiento de los asalariados en los periodos de hiperinflación; comportamiento de los inversores en los periodos de gran especulación financiera; comportamiento respecto al sobreendeudamiento, y comportamiento respecto al ahorro;
la instauración de nuevas formas de solidaridad entre individuos que a menudo forman parte de un universo no mercantil: intercambios y cesión de conocimientos técnicos, despliegue de la solidaridad familiar, nuevo impulso a las relaciones entre la ciudad y el campo, recaudación colectiva de fondos para la financiación de proyectos;
la adaptación de las técnicas predominantes a las especificidades locales y sectoriales: nuevas formas de aprendizaje, incorporación de las técnicas tradicionales en técnicas nuevas, nuevas utilizaciones y finalidades de las técnicas existentes, rechazo de técnicas inadaptadas a los contextos locales, etc.
El objetivo de esta parte podría ser, en primer lugar, reunir el material necesario para estudiar detenidamente las relaciones existentes entre el desarrollo económico y las especificidades étnicas y culturales. Parece oportuno alejarse del economicismo ambiente a fin de evaluar la función que desempeñan, en particular:
las manifestaciones de solidaridad étnica. Parecen haber facilitado ya la circulación de bienes y servicios o la financiación de operaciones industriales y comerciales. Valgan los ejemplos de la función de la diáspora china en los buenos resultados obtenidos por las pequeñas y medianas empresas industriales localizadas en Asia sudoriental en materia de exportaciones o el de los comerciantes yorubas o hausas en las transacciones fronterizas en Africa occidental;
las capacidades de sincretismo cultural. Estas capacidades serían un elemento importante de la asimilación de culturas exteriores y de las transferencias y adaptaciones de técnicas existentes a contextos locales;
las ideologías, las creencias o las prácticas religiosas. Más o menos abiertas hacia la modernidad y el espíritu de empresa, desempeñan una considerable función en los cambios tecnológicos y las reestructuraciones de las actividades productivas.
En términos más generales, multiplicando ejemplos y monografías sobre estos temas particulares se procurará evaluar mejor las relaciones existentes entre los ritmos y las formas de desarrollo y las tradiciones étnicas y culturales.
Desde los informes del Club de Roma, publicados en época de plena crisis petrolera, pasando por el ulterior planteamiento de los problemas de la contaminación del mar, del agua y de la atmósfera, hasta la Conferencia de Río sobre el futuro de nuestro planeta, estas medidas globalizantes parecen haber querido pasar por alto que cuestiones tan graves como las del control de la biosfera o el aprovechamiento de la geosfera se plantean ante todo en el plano de los Estados. Naturalmente la consecuencia ha sido que se ha tratado de lograr la adhesión a textos a menudo dictados por los más poderosos o a proclamar normas universales de protección ambiental antes de considerar la capacidad de cada Estado para aplicarlas y respetarlas.
Estas preocupaciones por la conservación también han contribuido a confirmar la dependencia de las sociedades industriales respecto de los ecosistemas naturales y a rehabilitar, de esa manera, el concepto de reproductibilidad que, paulatinamente, ha conducido a la noción de economía sostenible.
Más allá de la aparición paradójica, en pleno periodo de inestabilidad, de conceptos relacionados con la permanencia y la estabilidad, podría ser oportuno destacar las relaciones existentes, en periodos largos, entre la permanencia y el cambio, el desequilibrio y el nuevo equilibrio, los choques y el retorno a la estabilidad, a fin de apreciar mejor las condiciones en que tiene lugar la reproducción social. Sugerimos tres campos de observación: las condiciones de producción y transmisión de las prácticas de conservación; la permanencia de las costumbres en los patrones de consumo, y la función de las normas y los reglamentos en el redespliegue de las actividades productivas.
La rehabilitación de técnicas de conservación como la agricultura orgánica, que maneja mejor los recursos naturales al igual que las industrias de reciclado o las nuevas tecnologías que economizan energía o son menos contaminantes, es una reacción de la modernidad ante el descontrol de las sociedades industriales. A menudo estas reacciones no hacen más que volver a utilizar prácticas productivas heredadas de la tradición o la autarquía. Se las podría calificar de "conservacionistas" sin considerar por ello que no evolucionen. Abundan los ejemplos en todas las prácticas de aprovechamiento del medio natural: administración de los perímetros forestales, de los territorios de pesca y caza, de los calendarios de cultivos, ordenación del agua y de las tierras. Todas esas prácticas tienen en común la preocupación por la reproducción y se esfuerzan por conciliar el aprovechamiento y la restitución mediante el uso o las reglas sociales. No por ello son algo rígido, como lo demuestran las selecciones de variedades animales o vegetales, la modificación de las prácticas de cultivo, la extensión de los territorios cultivados o de las zonas irrigadas. Uno de los intereses del análisis que podría tomar como punto de partida los muchos inventarios elaborados en estos diferentes campos sería mostrar bajo qué influencias y por qué medio evolucionan en el tiempo estas técnicas de conservación: ¿cómo se transmiten de un periodo a otro? ¿cuáles son sus límites y sus posiciones hoy dentro de la gama de técnicas disponibles? o si pueden o no ser "reactivadas" en el marco de nuevos conjuntos de técnicas que respeten la naturaleza y el medio ambiente.
Más que en los cambios relacionados, entre otras cosas, con la urbanización y con el paso a la monetarización, que han sido objeto de muchos estudios, convendría hacer hincapié en la permanencia o la inercia relativas de los modelos de consumo, con dos objetivos: por una parte, estas conductas son rehabilitadas o inventadas nuevamente en las situaciones de crisis o de dificultad económica en que se halla un número de países y, como conductas remanentes, inclusive pueden aparecer a veces como una expresión extremada de modernidad. Por otra parte, saber exactamente cómo operan estos comportamientos constituye una ventaja para volver a definir políticas no convencionales que permitan cubrir las necesidades esenciales de bienes o servicios, y un medio de diversificación de las estrategias comerciales o industriales de los agentes económicos del sector privado.
Se podría, por ejemplo, evaluar la permanencia de los hábitos y los patrones de consumo alimentario tradicionales para hacer coincidir mejor los objetivos de las políticas mundiales - política agrícola, política de importación de productos agroalimentarios, o política de seguridad alimentaria- con las exigencias inducidas por el crecimiento demográfico o el aumento de la renta urbana. En términos más generales, pero siempre atentos a las especificidades regionales, históricas y culturales, y con el mismo propósito, se podría tratar de identificar las variables que sustentan esta inercia relativa del comportamiento de los consumidores.
Innegablemente los criterios utilizados, por ejemplo, para definir la calidad alimentaria influyen en la aparición de algunos procedimientos en detrimento de otros considerados peligrosos para la salud humana y toman parte en la reorientación de los aparatos de transformación hacia alimentos más seguros y más sanos, pero también se movilizan para reforzar las estrategias monopolistas y los regímenes proteccionistas. De la misma manera se puede hacer referencia a las medidas que tienden a hacer pagar a precios reales lo que hasta ahora se consideraba como bien común de la humanidad: la pureza del aire, la del agua o la diversidad de las especies genéticas. En el campo industrial, la creciente necesidad de reciclado o de la destrucción de los desechos corresponde a nuevas restricciones pero también abre nuevos campos de diversificación.
Más allá de los casos particulares, sería útil ahondar, mediante inventarios y nuevas tipologías, el análisis de las diferenciaciones en materia de desarrollo inducidas por esas reglamentaciones.
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