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  Gestión de las Transformaciones Sociales - MOST
Documentos de debate - No. 25

CHILE Y MERCOSUR:
¿Hasta dónde queremos integrarnos?

Carolina Stefoni E.
Claudio Fuentes S.

INDICE


Introducción (1)

Chile inició hace algunas décadas un proceso de apertura e integración internacional que se ha profundizado ostensiblemente a partir de los años 80. Las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales que tienen lugar en las distintas naciones se refuerzan en un contexto de creciente interacción e interdependencia. El incremento en los niveles de exportación, el crecimiento de las inversiones nacionales en el extranjero, así como el mayor capital internacional en nuestro territorio, dan cuenta de ello, también hoy son cada vez más los turistas que visitan nuestro país y mayor la cantidad de personas chilenas que viajan y salen hacia el exterior. En las últimas décadas se ha producido una revolución en las comunicaciones, masificándose el acceso a los medios tradicionales como la radio y televisión y en los últimos diez años hemos sido testigos del surgimiento y expansión de una alta tecnología en materia comunicacional que nos ha permitido disfrutar de la televisión por cable, el uso del internet y recientemente televisión satelital (2).

Adicionalmente el retorno a la democracia (1990) trajo consigo una voluntad política por reinsertarse política y económicamente en el sistema internacional. El gobierno democrático promovió una imagen de país innovador, responsable, estable y que buscaba el desarrollo. Su principal carta de presentación, una economía sana y vigorosa, su mayor desafío, la equidad social.

A partir del año 91 se promovieron acuerdos de diversa índole - la mayoría de ellos de tipo comercial- con países y regiones disímiles como México, Costa Rica, Colombia, Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, la Unión Europea, Nafta, Apec y MERCOSUR , entre otros. Un país cuyo éxito dependía cada día más de sus exportaciones, requería romper las barreras comerciales a fin de intensificar el comercio bilateral o multilateral, asegurando las reglas de juego en los mercados.

El proceso de aproximación a MERCOSUR duró varios años. Los países integrantes invitaron a Chile a firmar el Tratado de Asunción de 1991, pero éste se negó, argumentando que las características del acuerdo le restarían libertad de acción y oportunidades para acceder a otros mercados. Los contactos continuaron hasta que en 1996 se logró un acuerdo especial de "asociación" de Chile, que excluía algunos temas y sectores, especialmente servicios, inversiones y sector automotriz. El acuerdo obligó a Chile a asumir el arancel externo común establecido por los países integrantes de la unión aduanera del MERCOSUR.

Pero es acaso posible pensar que a partir de este acuerdo de libre comercio, estamos participando de una real integración entre Chile y el MERCOSUR. Sin duda que es un tema complejo y que requiere como primer paso, conocer qué tipo de integración estamos experimentando con los países pertenecientes a este bloque.

¿Responde el caso chileno a una integración básicamente económica y comercial, o más bien a un proceso global que involucra aspectos no sólo económicos, sino políticos, sociales, culturales y territoriales? ¿Cuál es el verdadero impacto que tienen estos procesos? ¿Cómo se ven afectadas las sociedades ante la creciente interdependencia? ¿De dónde provienen las reacciones y oposiciones a este proceso?

En Chile existen dos experiencias no excluyentes, pero de distinta dimensión: desde una perspectiva general, nos encontramos insertos en un proceso de globalización que afecta a diversas sociedades y, en términos más particulares se da un proceso de creciente interdependencia con la región latinoamericana y especialmente con el MERCOSUR. Podemos imaginar la globalización como el anillo externo de un proceso de interacción particular que se está dando en la región. Uno y otro se retroalimentan, generando cambios en los procesos culturales de nuestras sociedades.

En este trabajo proponemos una mirada exploratoria sobre de las reacciones que en el ámbito interno ha tenido el MERCOSUR. La reflexión que anima esta investigación es que cualquier proceso de incremento en la interdependencia económica debiera implicar, necesariamente, transformaciones culturales y sociales más profundas. La movilización e intercambio de recursos económicos, bienes, servicios y personas provocaría alteraciones ya sea en las percepciones que los ciudadanos tienen del "otro" (sea un país o una región), como respecto de los propios patrones culturales o valóricos al enfrentar nuevas realidades, hasta hoy desconocidas. De no provocarse tal cambio, al menos se reflexionaría respecto del mismo.

Para concretar nuestra reflexión, nos propusimos sistematizar y dar cuenta del discurso presente en los medios de comunicación a partir de un hecho específico: las negociaciones sobre la asociación de Chile al MERCOSUR. ¿Qué contenidos aparecieron en los medios antes, durante y luego de la firma del acuerdo? ¿Cuáles fueron los énfasis? ¿Cuáles los temores? ¿Quiénes fueron los protagonistas? ¿Cuáles fueron los temas presentes y ausentes de la discusión?.

Comprendemos que nuestras fuentes de información - especialmente la revisión de prensa correspondiente al periodo de negociación - están quizá demasiado acotadas a la discusión en torno a la propia negociación, por lo que los análisis políticos y económicos terminan primando en el discurso que de allí se desprende. Por ello, hemos realizado una serie de entrevistas a actores claves, con el fin de enriquecer el análisis, incorporado sus visiones y opiniones respecto del proceso de integración desde una mirada distinta a la económica y política.

Nuestra hipótesis apuntaba a señalar la ausencia en estos discursos de respuestas globales al fenómeno de la interdependencia. Postulamos que se advertía una división de opiniones, centradas básicamente en dos discursos: el económico y el político. Desde el primero se veía el MERCOSUR como un acuerdo básicamente comercial; desde el segundo, en cambio, había una mayor inclinación a verlo como un paso dentro de un proyecto mayor de integración regional, más allá del ámbito económico. Sin embargo, estos discursos no permitían analizar aquello experimentado por la comunidad ajena a estos ámbitos. Es por ello que definimos dos niveles de análisis. En el primero se articularon los discursos y percepciones sobre MERCSOUR desde la mirada política y económica. El segundo busca dar cuenta de cómo la sociedad civil percibe la integración chilena en el contexto internacional.

En este segundo nivel advertimos un incipiente debate sobre el efecto de los procesos de globalización en la identidad nacional. La forma de este debate, sin embargo, era fragmentario: los militares reclamaban por la pérdida de valores, la Iglesia por la secularización, el campesino por la pérdida de las tradiciones, el político de derecha por rompimiento de la identidad nacional, el de centro por la crisis de la familia. Advertimos también, la ausencia de proyectos provenientes desde las instituciones (Estado, partidos políticos), y la fuerte preponderancia del mercado para guiar este proceso. En otras palabras, cuando comenzó a operacionalizarse un proceso de integración, ningún actor se atrevía a visualizar el acuerdo del MERCOSUR como el primer paso para un cambio más profundo en las relaciones vecinales.

Durante el desarrollo de la investigación advertimos que el título que dio origen a este trabajo no se condecía con la realidad, es decir, no alcanzaba a dar cuenta de cómo "los chilenos" estaban percibiendo la integración al MERCOSUR, sino cómo una determinada elite lo comprendía. Se trata de aquellos sectores políticos, sociales, culturales, económicos o militares que tienen acceso a los medios de comunicación, con capacidad de influir y generar opinión. De ahí que este trabajo no tenga una pretensión mayor que la de dar cuenta, no de lo que opinan "todos los chilenos" sobre el MERCOSUR, sino de algunos de ellos. Por lo general, los más cercanos a dicho proceso.

La anterior distinción nos lleva a remarcar el carácter de exploratorio del mismo. El interés es descubrir o develar la construcción de determinados discursos, tendencias generales, entregar algunas pistas, reconocer ciertos hitos que sirvan para futuros análisis enfocados hacia el estudio de los procesos culturales.

Estructuramos el trabajo en tres partes: en la primera analizamos la dualidad integración/identidad desde un enfoque teórico, en la segunda damos cuenta de la elaboración de los discursos que guiaron el debate en torno a MERCOSUR, desde el ámbito económico y político. Finalmente, en la tercera parte, exploramos cuáles son los efectos de la integración en la sociedad civil, cómo se perciben y experimentan.


Capítulo I

Construcción de identidades e integración en América Latina

La gran velocidad del proceso de modernización dificulta la reflexión sobre el impacto que éste tiene en nuestra sociedad y cultura. Poco tiempo queda para preguntarnos sobre lo que estamos viviendo y cómo lo estamos haciendo, preguntarnos sobre las transformaciones sociales y culturales, y sobre los posibles efectos de la globalización en nuestra identidad nacional.

Para estudiar estos temas proponemos construir el análisis en torno a la dicotomía integración e identidad. Los procesos de integración económica, social y política experimentados en los países europeos, así como la emergencia de movimientos nacionalistas que reclaman con vehemencia la defensa de una identidad nacional y cultural, son dos fenómenos que nacen de un mismo proceso, pero que empujan en direcciones contrarias. A partir de ello, nos preguntamos ¿hasta qué punto podemos esperar que situaciones como éstas se repitan en nuestros procesos de integración con los países vecinos? ¿es plausible acaso, que Chile experimente nacimientos de movimientos nacionalistas, defensores de una identidad? ¿afecta el proceso de integración a nuestra identidad nacional?

Este último tema cobra relevancia en un sentir que aparece en los últimos años, y que da cuenta de una aparente transformación en la clásica imagen del chileno "apocado" "tímido" "poco bullicioso" y enemigo de los grandes escándalos. Hoy nos encontramos con una nueva percepción que resalta las cualidades de un pueblo que hasta hace poco era escasamente conocido en el resto del mundo (y que en muchos casos sigue siéndolo); Imágenes como "el nuevo hombre de negocios" "los tigres de América Latina" y un cierto triunfalismo se comienzan a repetir y en algunos casos se transforman en actitudes que nuestros vecinos denuncian como arrogantes y presumidas. Pero hasta dónde es posible que el proceso de integración y crecimiento nacional puedan producir cambios y alteraciones en un campo tan profundo y sensible como lo es la identidad nacional.
 

1. Modernidad y post modernidad. Una discusión vigente

Para comprender la dicotomía entre integración e identidad es necesario hacer una breve referencia a una discusión actual que permite comprender el contexto histórico y alcance social y cultural que tienen ambos fenómenos. Nos referimos al cuestionamiento y la crisis del llamado paradigma de la modernidad por parte de las corrientes postmodernistas.

El paradigma de la modernidad ha sustentado la lógica y racionalidad del proceso de desarrollo experimentado por el mundo occidental en los últimos siglos. La modernidad por tanto, constituye una conceptualización de vida, del sujeto y de la historia que, si bien nació bajo el iluminismo, fue capaz de adecuarse y ajustarse continuamente a los nuevos requerimientos que surgieron en épocas posteriores. La modernidad hace referencia a estilos de vida sociales y organizacionales que emergieron en la Europa del siglo XVII y que se volvieron de algún modo universales, al ser incorporados por el resto del mundo en siglos posteriores (3).

A partir de dos ejes: el sujeto racional, auto consciente y la comprensión de la historia como un proyecto evolutivo, común a todas las culturas, podemos entender la clásica oposición entre comunidad y sociedad. Los pueblos debieron avanzar hacia un desarrollo progresivo que les permitiría convertirse en "sociedades", asegurando la libertad e igualdad a todos los individuos. El desafío de llegar a ser modernos exigió dejar atrás aquello que impidiera seguir avanzando, dejar atrás los antiguos modos de producción, romper con la comunidad, con aquellos vínculos primarios e identitarios, fundadores de la cultura. Ser modernos era dejar de ser tradicionales, dejar de ser comunidad.

Hoy asistimos a una de las mayores crisis que ha enfrentado este paradigma; cuestionado, criticado y defendido, el debate profundiza aquellos aspectos que ponen en duda la propia continuidad de la modernidad. La crítica vino del mundo de las artes, la pintura, la arquitectura y la cultura, luego los intelectuales se hicieron cargo y hoy son muchos los sectores que centran sus análisis hacia lo que algunos han llamado el fin de una época o el fin de la historia.

Hablar de la postmodernidad nos enfrenta necesariamente al problema mismo de la modernidad (4) y en el caso latinoamericano su análisis se vuelve aún más complejo ya que ambos procesos nacieron en Europa y fueron traídos más tarde a nuestro continente. El primer tema entonces es hasta qué punto podemos afirmar que somos modernos, más aún, ¿existe efectivamente una crítica postmodernista Latinoamérica concordante con la realidad que enfrenta nuestro continente? o más bien consiste en una imitación de lo que ocurre en Europa y América del Norte. En este sentido, Juan Enrique Vega señala que en América Latina, en cuanto a su difusión y extensión, la modernidad se ha implementado en forma desigual y heterogénea.

Desde la perspectiva de lo que Hopenhayn (5) llama los postmodernistas entusiastas, el quiebre que presenta la postmodernidad respecto de la modernidad, es radical. Desplaza a la racionalidad como elemento fúndante de la autoconciencia y del sujeto y proclama su descentramiento. El sujeto deja de constituirse en la razón y, como señala Laclau (6), sólo puede surgir dentro de una estructura discursiva, sin referencia al mundo material ni experiencial. El "otro" por tanto, deja de constituir al sujeto, puesto que ahora el sujeto se constituye en una estructura discursiva, o más bien el discurso lo interpreta y constituye. La realidad bajo este mismo argumento deja de ser un referente objetivo, desintegrándose en miles de imágenes que se suceden una tras otra sin lograr articularse bajo un sentido común.

La concepción y percepción de la historia sufre también duras críticas. Ya no es posible hablar de una historia de carácter lineal, un proceso evolutivo por el cual todas las naciones deberán pasar. Desde la perspectiva postmodernista la historia se concibe como una multiplicidad de historias que siguen cursos y caminos diferentes, partes de un proceso fragmentado, segmentado y discontinuo. Esta discontinuidad histórica lleva a concebir la identidad cultural de una manera a-histórica, una "esencia" (cultural o nacional) que marca diferencias irreconciliables entre los pueblos.

Jameson (7) por otra parte nos llama la atención sobre la desaparición del sentido de la historia. Argumenta que nuestro sistema social contemporáneo ha comenzado a perder la capacidad de retener su propio pasado y ha comenzado a vivir en un presente perpetuo y en un perpetuo cambio que arrasa con las tradiciones que fueron defendidas de una u otra manera por todas las formaciones sociales anteriores.

La postmodernidad se reconoce entonces, por dos acentos específicos: la fragmentación de la realidad y la exaltación y aceptación de la diferencia, es decir, el reconocimiento del otro como un ser con realidad propia.
 

2. Globalización, Integración e identidad

La globalización involucra transformaciones profundas en los ámbitos económico, político, social y cultural y probablemente el mejor ejemplo de ello sea la interdependencia nacional y la transnacionalización de las organizaciones económicas. Esto es una realidad en el mundo económico y político, ambos a su vez, estrechamente interconectados, razón por la cual las decisiones políticas de un país son cada vez menos autónomas, ya que determinan y son determinadas por la realidad política y económica de otros países.

Por otra parte, la globalización produce un efecto de secularización cultural; la influencia de modelos y estilos de vida liberales cuestionan hasta cierto punto, nuestros tradicionales modos culturales. La presencia de imágenes y símbolos pertenecientes a un contexto lejano al nuestro, comenzaron a ser asimilados por nuestra cultura, llegando a modificar las propias construcciones simbólicas, así como las tradiciones sociales y culturales. Al comparar los referentes simbólicos que poseen las distintas generaciones que conviven en nuestra sociedad, podemos constatar los cambios que éstos han experimentado.

La fragmentación de una realidad que parecía hegemonizante, la crisis y la caída de los metarrelatos, de las ideologías totalizantes junto con la exaltación de la diversidad, abren las puertas al reconocimiento de la pluralidad cultural. Las minorías se apropian legítimamente de un espacio social y de su derecho a la autonomía. Se reconoce en "el otro" un elemento diferenciador respecto al "si mismo", sin embargo, existe un riesgo cuando la comprensión y aceptación de la completa diferencia del otro, no deja cabida al reconocimiento de aquellos elementos comunes que permiten la identificación y el acercamiento. Esta situación conduce al enfrentamiento irreconciliable entre las culturas (8).

Entenderemos por identidad cultural aquella que nace del encuentro y las relaciones que se establecen entre los distintos sujetos, que a su vez, es objeto de múltiples y elaboradas interpretaciones que quedan expresados en discursos públicos o intelectuales. Estas interpretaciones influyen en los sujetos a través de los medios de comunicación y la educación. La efectividad y aceptación de estas interpretaciones dependerá de su capacidad para constituirse en puntos referenciales de los sujetos, de modo que sus experiencias estén mediadas por estas categorías identitarias.

Volviendo a la realidad latinoamericana, creemos que ésta enfrenta tres características esenciales. En primera instancia observamos la convivencia de dos experiencias inconclusas: la modernidad y la postmodernidad. En Latinoamérica el desafío por convertirse en modernos nos recuerda el atraso que tenemos en materia económica, social y política. Por otra parte participamos de un debate crítico y postmodernista, situado en niveles intelectuales y artísticos, y que difícilmente llega a traspasar las esferas económicas y políticas, lo que dificulta que se convierta en una crítica de mayor envergadura.

En segunda instancia la integración y los efectos de la modernización se nos presentan de manera alarmantemente heterogénea a lo largo de Latinoamérica. Se ha señalado, por ejemplo, que esta cohabitación de tiempos distintos se agudiza y magnifica todavía más en una región como la nuestra dada aquella fuerte heterogeneidad (9).

La incorporación de Latinoamérica al mercado mundial se inició con la conquista, sin embargo, tal como señala Canclini (10) esta integración histórica no contribuyó a impulsar un desarrollo económico que permitiera participar en forma competitiva en el mercado mundial. Sólo hace cincuenta años, argumenta Canclini, se observa una profundización real en la integración latinoamericana al mundo internacional, proceso que ha sido resultado del fenómeno de globalización que involucra a gran parte de la humanidad. Sin embargo, los altos niveles de pobreza, desempleo, inflación e inestabilidades políticas nos hablan de una modernidad que todavía no llega a todos.

La mencionada heterogeneidad se puede advertir en tres niveles. En primer término el comportamiento de los países no es similar en toda América Latina, verificándose zonas o países con dificultades para responder a los desafíos de una tendencia hacia la cooperación y compactación comercial. En segundo lugar, entre los países que han impulsado mecanismos más formales de asociación también se advierten diferencias importantes. En otros términos, no todos los países presentan un mismo ritmo para alcanzar los objetivos que un determinado conglomerado busca obtener. Finalmente, dentro de cada país se provocan diferencias importantes entre sectores de la población que alcanzan a participar de los beneficios de la cooperación intrazonal y/o de la globalización, y aquellos sectores de la ciudadanía que no tienen acceso a ellos (11).

La tercera característica se refiere a la presencia de dos fuerzas que en determinados casos asumen un considerable antagonismo. Por una parte observamos el predominio de fuerzas integradoras o de asociación que dan cuenta de los procesos de vinculación económico, social, cultural y político que tienen lugar entre los distintos países de la región: el aumento del intercambio de bienes, servicios y personas, así como los intercambios culturales y de orden político, son reflejo de esta realidad.

Por otra parte, se evidencia una tendencia que busca diferenciar lo propio de lo extranjero, una búsqueda de identidades, de aquellos símbolos identitarios que permitan una identificación cultural. En el caso chileno esta búsqueda o más bien esta preocupación comienza a darse de manera incipiente en círculos intelectuales y culturales, ya que a decir verdad, el resto de la sociedad tiene una actitud diferente. Autores como Bengoa (12) denuncian el olvido y la pérdida de memoria que enfrenta nuestro pueblo; pareciera ser que en el camino hacia el desarrollo hemos olvidado nuestras referencias al pasado, nuestro origen, nuestras tradiciones y nuestra historia. En Chile, pareciera ser cierto que ser modernos (modernidad compulsiva, señala el autor) exige dejar atrás los vestigios que hacen referencia al pasado, a la comunidad, a las raíces históricas.

En América Latina, entonces, la modernidad y postmodernidad aparecen como dos procesos inconclusos y la integración e identidad, como las dos caras de una misma moneda.


Capítulo II

El MERCOSUR a través de la prensa

El proceso negociador que inició Chile con el bloque MERCOSUR culminó el 24 de junio de 1996 con la firma del tratado suscrito entre ambas partes. Sus efectos, condiciones y dificultades fueron tratados por diversos medios de comunicación. Recogimos aquella información que apareció en los periódicos nacionales con el objetivo de analizar la configuración del discurso en torno a dicho acuerdo, entendiendo que el discurso se articula a partir de sujetos y de temáticas determinadas. Juntos conforman una agenda que es recibida por la opinión pública a través de los medios de comunicación y constituye, por ello, una de las principales fuentes de información para comprender lo que la ciudadanía está conociendo y entendiendo de lo que fue y es MERCOSUR.

El análisis de prensa utilizó la información recopilada por el Centro de documentación de Flacso durante el período abril de 1996 a abril 1997. El total de notas fue de 460 y los diarios revisados fueron: El Mercurio, La Epoca, La Segunda, Qué Pasa, La Nación y Estrategia.

La información fue sistematizada en una base de datos que incluyó, entre otras, las siguientes variables: actores, tema central de la noticia y ejes articuladores de las notas. En el caso de la variable "actores", definimos como tal a todos aquellos sujetos que emiten opiniones, entregan información o realizan un análisis y que son debidamente identificados en la nota periodística. En relación a la variable "tema central de la nota" consideramos básicamente el núcleo de la nota informativa, por ejemplo, el conflicto en torno a la agricultura, los beneficios que significa el acuerdo para el país, los cuestionamientos y desacuerdos en torno a MERCOSUR, el interés de otros países y/o bloques por MERCOSUR, etc. Junto a ello, definimos 6 ejes o dimensiones que articulan los diversos temas de la agenda. Estos ejes corresponden a lo económico, político, social, estratégico, cultural y técnico, este último corresponde a la definición de los términos de la negociación, es decir, las reglas del juego.

La revisión de prensa, así como las entrevistas realizadas, intentaran dar cuenta de la forma en que se abordó el tema del MERCOSUR, los principales actores que intervinieron y los temas que articularon la agenda, pero lo mas interesante será intentar comprender como se fue construyendo el discurso sobre la asociación chilena al bloque. ¿Existió acaso un proyecto de integración que guiara el proceso de negociación, o más bien fue un "construir sobre la marcha"? Existe un alineamiento político tradicional frente al tema del MERCOSUR , o se produce un quiebre y un reordenamiento de las fuerzas de poder político? Qué tipo de relación existe entre el discurso formal desde las autoridades encargadas de llevar adelante el proceso y el resto de la población?

Para responder estas preguntas, mantendremos dos niveles de análisis, en el primero se sitúan un discurso articulado desde la política y uno articulado desde la economía, es decir, Estado y mercado. Ambos constituyen el principal escenario de acción en torno a lo que fue la discusión sobre MERCOSUR. Desde aquí salieron distintas percepciones sobre los beneficios y desventajas que tendría el acuerdo para el país; se construyeron las principales posiciones respecto del proceso de integración que experimenta Chile y también surgieron ciertas percepciones sobre los países que componen MERCOSUR. Este primer nivel guiará la primera parte del análisis.

El segundo nivel corresponde a aquello que ocurre fuera del ámbito político y no necesariamente vinculado al mercado. Hablamos de la sociedad civil, del grupo de chilenos que viven una vida cotidiana, leen los periódicos, ven la televisión y experimentan una integración a través de experiencias directas, que alteran o modificar su espacio vital inmediato. Este segundo nivel será analizado con mayor profundidad en el tercer capítulo.

A lo largo del estudio, notamos que ciertos temas concentraron la atención de los medios, es por ello que diferenciamos tres períodos: el primero corresponde a la etapa previa a la firma del acuerdo (desde abril 1996 al 24 de junio de 1996), el segundo se ubica entre la firma del acuerdo y la entrada en vigencia del mismo (25 de junio al 1 de octubre de 1996) y el tercero corresponde a la etapa posterior al 1 de octubre (1 octubre a febrero 1997). A continuación examinaremos los antecedentes a partir del primer nivel recién descrito.
 

1. MERCOSUR desde la prensa. Construcción de un escenario

Durante todo el período de estudio los medios de comunicación, y en este caso la prensa, pasaron a ser un escenario virtual donde se fueron delimitando día a día, los temas que concertaron el interés de los propios actores encargados de representarlos. Sin el ánimo de ser tautológicos en esta definición, creemos que los distintos discursos en torno a MERCOSUR, fueron construyéndose en una interrelación dinámica a partir de los propios discursos y actores. Analizaremos entonces, cuáles fueron los temas más frecuentes en este período, quiénes fueron los actores encargados de representarlos y cuáles fueron los ejes que dominaron.

Del total de notas revisadas, el 77.66% de los sujetos que intervinieron directamente, ya sea como fuente de información o como analistas de noticias fueron los siguientes: (ver anexo N° 1):

El 22.34% restante se distribuyó principalmente entre representantes de Organizaciones internacionales privadas (3.13%), representantes de partidos políticos de derecha: Renovación Nacional y Unión Democrática Independiente, 2.71% y 1.46% respectivamente, Parlamentarios de comisiones mixtas (2.3%); gobiernos locales, alcaldes (1.88%), Presidente de al República (1.88%), senadores de oposición (1.46%), Comisiones mixtas internacionales (1.04%), entre otros.

Si dejamos de lado aquellas notas donde la fuente no fue identificada, podemos inferir que el discurso en torno a MERCOSUR se construyó básicamente desde tres sectores: el gobierno (a través de ministros y del canciller); personalidades provenientes de gobiernos de los países miembros (entre los que se cuentan a Presidentes de la República, ministros, voceros, etc.); y analistas debidamente acreditados y legitimados por los medios de prensa. Estos tres grupos constituyen los principales actores que configuran y delimitan los temas a ser expuestos en el escenario virtual que define la prensa. Aunque debemos recordar que la prensa en bastantes ocasiones asume un rol activo, dando mayor cobertura a determinadas notas o actores.

En cuanto a los temas que ocuparon la atención de los medios, el 47.46% del total de notas revisadas se concentró en 6 grandes temas:

El resto de las notas se distribuyó de manera bastante homogénea entre los intentos de aproximación y logro de acuerdos en torno a las medidas de protección a la agricultura nacional, las críticas y oposiciones que despertó en determinados sectores nacionales la asociación chilena, el apoyo de diversos sectores al acuerdo, algunos indicadores macro económicos nacionales, noticias de los países del MERCOSUR donde no intervenía Chile y la limitación de Chile a una mayor participación en las resoluciones de MERCOSUR.

Al analizar por períodos, estos temas muestran una clara concentración durante algunos meses, para luego decaer en los otros. Podemos ver aquellas noticias que relacionan directamente a Chile con MERCOSUR tuvieron una alta frecuencia durante el 2° y 3° período (15% y 20% respectivamente), no así en el primer período (3%). Las noticias referentes a la discusión en el Congreso, así como los beneficios que reportaría el acuerdo, tuvieron una gran cobertura durante el 1° y 2° período. En cambio, el interés de otros países o bloques por MERCOSUR aparece con fuerza durante la 3° etapa.

En cuanto a los ejes que articularon los temas, un 30% de las notas se inscriben dentro de la dimensión política, un 25% dan cuenta de información económica y un 15% hacen referencia a la definición de las condiciones de asociación, entre lo que cuenta la definición de aranceles, los productos con excepción, los plazos de degravación arancelaria, entre otros. Llama la atención el alto porcentaje de notas con referencia simultánea a los dos ejes principales -económico y político- (12.39). Además podemos observar que los restantes ejes aparecen vinculados la mayoría de las veces, con el económico. Esto nos permitiría señalar que gran cantidad de la información entregada a través de prensa gira en torno del tema económico y desde este centro se expande hacia otras áreas (como lo social, cultural y estratégico).

A primera vista, estos datos validan nuestra hipótesis de que en el primer nivel, es decir, en el discurso formal, el eje estaba dado por la integración económica, sin embargo, creemos necesario considerar como un sólo conjunto aquellas notas económicas y aquellas que informan sobre las condiciones de negociación, ya que ambas dan cuenta de un mismo tema, desde posiciones distintas. Con esto, nos queda un 30% de notas con carácter exclusivamente político y un 40% , con carácter económico.
 

2. MERCOSUR en un año

Primer período

Durante el primer período (1° de abril al 24 de junio) destacó el amplio respaldo que recibió el acuerdo por parte de diversos sectores económicos y políticos del país. En esta etapa los beneficios percibidos quedaron referidos a aspectos mayoritariamente económicos y sociales, tales como la disminución de precios, aumento de exportaciones, el aumento de las fuentes de empleo y del standard de vida. En cuanto a las desventajas, oposición y temores que manifestaron ciertos sectores, en términos generales podemos afirmar que no existió una oposición al acuerdo, más bien hubo discrepancias respecto de los efectos que éste produciría, y frente a los términos bajo los cuales se llevó a cabo la negociación. En relación a las críticas y oposiciones debemos diferenciar aquellas focalizadas en determinados temas, como fue el caso de la agricultura y sector textil y aquellas basadas en efectos macroeconómico, tales como el costo económico que significa para Chile asumir un arancel externo común, la política unilateral de rebaja de aranceles y la posible influencia negativa de la economía brasileña. Tales críticas provinieron básicamente de sectores académicos, instituciones de investigación económica y ciertos sectores políticos de derecha.

Una gran cantidad de información se refirió al desarrollo de la propia negociación que llevaron a cabo los distintos gobiernos. Temas como el sistema de preferencias arancelarias, las normas de origen y la definición de productos con exepciones, fueron objeto de discusión y análisis de los sectores involucrados.

Un tema que concertó amplio interés fue el efecto que produciría en la agricultura una competencia abierta a nivel internacional. Durante la primera y segunda etapa se organizaron movimientos y marchas con el objeto de presionar al gobierno para que adoptara medidas de protección al sector. Estos movimientos fueron liderados por la Sociedad Nacional de Agricultores (S.N.A.), involucrando posteriormente a otros actores relacionados directa o indirectamente con la agricultura (políticos, empresarios, pequeños, medianos y grandes agricultores). En estas movilizaciones el eje de la demanda fue la exigencia de condiciones para continuar el desarrollo de la actividad. Los efectos de la crisis agrícola se centraron en consecuencias no sólo de tipo económicas, sino sociales -pérdidas de fuentes de empleo- y políticas -condicionamiento de sectores de derecha a aprobación del acuerdo MERCOSUR en el congreso-, lo que significó un impacto en diversos ámbitos de la sociedad, cuestión que se vio reflejada en la prensa.

Durante este período quedaron definidas en materia agrícola, las condiciones y plazos para la degravación arancelaria y los productos que recibirían tratamientos preferenciales. También se expusieron las características de las medidas compensatorias que debería asumir el gobierno.

Se observaron también las primeras manifestaciones de interés sobre la asociación de Chile a MERCOSUR, por parte de otros bloques económicos. Además se resaltó la positiva relevancia, en términos estratégicos, económicos y políticos, de la asociación chilena, perfilándose nuestro país como un importante vínculo entre Asia-Pacífico y los países miembros de MERCOSUR.

Segundo período

Durante el segundo período (24 de Junio al 1° de Octubre) hubo un análisis más global respecto de los alcances de MERCOSUR, pese a que continuó primando un lenguaje preferentemente económico.

En cuanto a los beneficios que representaría para Chile la asociación con dicho bloque, se incorporaron efectos diferenciados según sectores económicos y territorios geográficos. Se mencionaron, por ejemplo, los efectos en materia portuaria, eléctrica, industrial, comercial y el acuerdo suscrito por los países para elevar la calidad de la vivienda, entre otros. En este punto el tema de la integración adquiere relevancia, ya que el análisis de los beneficios da cuenta no sólo del efecto sobre indicadores económicos, sino que incorpora temas de integración física de Chile con los países miembros y la proyección de nuestro país de convertirse en el vínculo entre Latinoamérica y Asia-Pacífico.

En cuanto a las desventajas, se observó una mayor diferenciación y especificación de las críticas, por ejemplo, la discrepancia en torno a los plazos de degravación, el temor a una centralización de la producción, los costos de una gradualidad y selectividad de la disminución de los aranceles, la viabilidad de la ley Arica frente a MERCOSUR, entre otros.

En relación a los efectos de MERCOSUR sobre la agricultura, el eje estuvo puesto en las medidas necesarias de adoptar para evitar el colapso del sector, entrando en juego con mayor fuerza la dimensión política, puesto que sectores de derecha condicionaron su ratificación al acuerdo en el congreso si es que el gobierno no asumía un compromiso de adoptar medidas compensatorias para el agro.

Por otra parte, destacó el aumento y ampliación progresiva de las noticias vinculadas a las relaciones entre Chile y los países miembros de MERCOSUR, en especial aquellos temas referidos a las implicancias, beneficios y ventajas que representa para los países del MERCOSUR la asociación de Chile, por ejemplo en Argentina se destacó que la asociación chilena reportaría importantes inversiones, aumentaría el flujo comercial y promovería la interdependencia de las economías. Resulta interesante constatar que estos temas trascienden el eje económico. De esta forma encontramos notas referidas a aspectos sociales y políticos que nos hacen pensar en un fortalecimiento de la interacción entre los países socios y miembros de MERCOSUR.

Tercer período

En la tercera etapa (1° octubre al 30 de abril, 1997) los efectos positivos y/o negativos que revistió para Chile suscribir el acuerdo, fueron menos mencionados que en los períodos anteriores, dando paso a un análisis sobre los efectos reales experimentados por los distintos sectores y las proyecciones de Chile respecto de MERCOSUR y de los futuros acuerdos económicos con otros bloques.

En esta etapa observamos la aparición de problemas que se suscitaron con posterioridad a la firma del acuerdo y que fueron argumentos para cuestionar la viabilidad de la integración económica. Las dificultades surgidas con Brasil y la pugna por capitales chilenos en Argentina, son ejemplos. Se mencionaron además problemas como el paro de los camioneros del MERCOSUR que afectaba al transporte de productos desde Chile y el hecho de que los consumidores aún no percibían los beneficios del acuerdo, situación que contradice una de las principales ventajas argumentadas por el gobierno, esto es, la disminución de los precios para los consumidores y el consecuente aumento del standard de vida de los chilenos, y que reafirma, por otra parte, los análisis de economistas que señalaron que los beneficios se percibirían en un largo plazo. La inmediatez del tiempo político se opone con la realidad más gradual que en este caso tiene el tiempo económico. Las promesas de la primera etapa no podrían cumplirse inmediatamente por lo que las expectativas de los actores comienzan a disminuir o ha hacerse más realistas.

En cuanto a los problemas de la agricultura, hubo una disminución en el número de notas vinculadas a este tema y sus contenidos estuvieron relacionados con la exigencia, por parte de la oposición, de respetar el compromiso asumido de entregar la ayuda económica. Por su parte el gobierno expresó su voluntad de respetar el acuerdo e incentivar el crecimiento del sector.

En esta etapa el interés de bloques comerciales y otros países sobre el MERCOSUR creció y se intensificó. Ejemplos de ello fueron la visita del Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, a la región; el interés de Francia por reforzar su comercio con MERCOSUR; el hecho de que Singapur buscará canalizar inversiones a MERCOSUR a través de Chile y finalmente el acuerdo suscrito entre MERCOSUR y Bolivia.

MERCOSUR, sin embargo, es un hecho consolidado y lo que queda en adelante son las evaluaciones necesarias de realizar en áreas económicas, políticas y sociales. Chile continuará con el debate sobre la política de apertura económica, sus proyecciones con Nafta, la compatibilidad entre ambos acuerdos, la necesidad de crear una "institucionalidad" en MERCOSUR, las posibilidades de ampliar y trascender una integración comercial hacia nuevos terrenos como en materia jurídica y en educación.

En resumen, al analizar el contenido del debate sobre MERCOSUR en un periodo de tiempo determinado, vemos que el discurso va modificándose de acuerdo a la particular coyuntura que predomine.

Considerando todo este marco, en la siguiente sección intentaremos mostrar cómo entran en juego los principales actores, elaborando discursos desde el terreno político y desde el económico.
 

3. Elaboración de los discursos

Vemos que en este primer nivel de análisis, la discusión en torno a los intereses económicos o políticos del acuerdo Chile-MERCOSUR es extensa y probablemente no habrá consenso al respecto. Al considerar el contenido de los discursos, aparecen con fuerza tres aspectos que están interrelacionados: el análisis de los costos y beneficios del acuerdo, el debate sobre la integración en el terreno político y económico, y la participación del Estado en este proceso de integración. A continuación analizaremos aquellos aspectos, tomando en cuenta las distintas posiciones de los actores.

a) Beneficios y costos del acuerdo Chile - MERCOSUR

Las razones que se esgrimieron para convenir el acuerdo MERCOSUR fueron básicamente las siguientes: (13)

a. Chile otorga la más alta prioridad a Latinoamérica en materia de relaciones económicas y comerciales. La asociación con MERCOSUR profundiza la internacionalización de la economía chilena y es clave para estrechar los lazos existentes con los países que lo integran.

b. El mayor acceso al mercado del MERCOSUR profundizará la apertura de la economía chilena, potenciando aquellas ventajas ya obtenidas en este proceso y mejorando la productividad y competitividad de los sectores exportadores chilenos.

c. La mayor competencia que supone MERCOSUR debe inducir a un mejoramiento de la competitividad de los productos nacionales que sustituyen importaciones y un abaratamiento a largo plazo de los precios de los productos que componen la canasta de consumo básico de los chilenos.

d. El mercado potencial de MERCOSUR es de 200 millones de habitantes, con un producto interno bruto (PIB) cercano a los US$ 800 mil millones y equivalente a la mitad del Producto de América Latina. Esto lo convierte en el tercer conglomerado económico a nivel mundial y uno de los que presenta mayores perspectivas de crecimiento.

e. El intercambio de Chile con los países miembros del MERCOSUR bordeó los US$ 5.000 millones, en 1995, lo que representa casi un tercio del intercambio que mantienen entre si los socios de este pacto.

f. Al conformar la Unión Aduanera, y con el propósito de minimizar las distorsiones en la aplicación de su arancel externo común, (AEC), el MERCOSUR estableció una fecha de término a la vigencia de las preferencias arancelarias negociadas con Chile y demás países de la ALADI. Productos con mayor valor agregado y que generan más empleo, de haber perdido sus preferencias negociadas en la ALADI, habrían visto seriamente dañadas sus posibilidades de crecimiento.

g. Un acuerdo con MERCOSUR profundiza las reducciones arancelarias hasta alcanzar cero gravamen, lográndose además, normas claras y no discriminatorias en el comercio recíproco.

h. Los nuevos elementos derivados de una mayor interrelación económica con MERCOSUR, tales como la liberalización del comercio, la facilitación del transporte y la integración física, generarán un gran potencial de beneficios mutuos.

i. Los plazos acordados para la desgravación de los productos más sensibles, son lo suficientemente largos como para que éstos productos se adapten a la competencia internacional.

Diversos sectores, sin embargo, ya sea con argumentos económicos o políticos, defendieron la tesis de que las ventajas de un acuerdo con MERCOSUR podrían resultar inferiores a los costos. Es por ello que se planteó la necesidad de continuar con una política de rebaja unilateral de los aranceles y compensaciones al sector agrícola.

Desde una perspectiva teórica, un acuerdo de libre comercio genera costos, cuando, más que crear nuevo comercio, da origen a una desviación de éste, es decir, cuando importaciones de bajo costo provenientes de países no miembros, son reemplazadas por importaciones de mayor costo provenientes de los países miembros, por el sólo hecho de que los aranceles son más bajos para éste último. Chile posee aranceles más bajos que los países miembros del bloque y la negociación con economías con aranceles más altos, resultaba económicamente, peligroso e inadecuado.

Otro argumento que cuestionó la viabilidad de la asociación de Chile a MERCOSUR fue lo que se denominó "efecto retaliación", lo que significa que Chile prefiera la importación de productos provenientes del MERCOSUR debido a la existencia de una arancel más bajo, lo que puede generar que otros países, no pertenecientes al bloque, adopten medidas contrarias a los intereses económicos chilenos, por ejemplo subir los aranceles a la importación de productos chilenos.

Un tercer costo mencionado, se relaciona con los inconvenientes derivados de una asociación con economías de mayor inestabilidad, propias de los dos países hegemónicos del MERCOSUR: Argentina y Brasil.

Finalmente, hay argumentos que señalan que es un error en las políticas de acuerdos bilaterales, potenciar acuerdos con países que tienen una estructura productiva agrícola similar a la chilena (con excepción de Canadá), ya que esto significa graves perjuicios para el sector.

b) Actores que apoyan y critican el acuerdo

A través de la prensa observamos satisfacción por parte de la gran mayoría de los sectores económicos y políticos. Hay un reconocimiento sobre la labor realizada y un claro acuerdo sobre los aspectos generales.

La mayoría de los representantes del sector empresarial manifestaron su conformidad con el actuar del Canciller y del Ministerio de Relaciones Exteriores. Hernan Somerville (Presidente de la Asociación de Bancos) destacó este paso "por la importancia de sus integrantes, por la vinculación histórica regional y, porque es donde nuestras empresas están invirtiendo y abre una posible participación del sector financiero". Por su parte, la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) "le expresaron al Presidente Eduardo Frei su más pleno respaldo por las negociaciones que está realizando Chile para ingresar al MERCOSUR". Es necesario mencionar, además la activa participación del sector empresarial durante el proceso de negociación.

Representantes del mundo político también expresaron su apoyo a la asociación de Chile y así lo expresaron en la ratificación que recibió el acuerdo en el parlamento, (en la cámara de diputados el MERCOSUR fue aprobado con 76 votos a favor, 26 en contra y tres abstenciones).

Si bien el acuerdo recibió el apoyo general de los principales actores, éste no estuvo exento de controversias. El principal motivo de desacuerdo fue el costo económico y social que revertiría el acuerdo para la agricultura tradicional. En el parlamento hubo una división donde sectores principalmente de derecha llegaron a condicionar la aprobación del acuerdo, exigiendo que el gobierno asumiera el costo que representaría para la agricultura.

El efecto que produciría en la agricultura una competencia abierta a nivel internacional concertó el interés de los medios de opinión. Durante la primera y segunda etapa se organizaron movimientos y marchas con el objeto de presionar al gobierno para que adoptara medidas de protección. Estos movimientos estuvieron liderados por la Sociedad Nacional de Agricultores quienes llevaron el tema al terreno político, al involucrar a senadores y diputados de distintas colectividades. Lo novedoso de las movilizaciones organizadas por la S.N.A fue la referencias a símbolos propios de la cultura campesina; el escenario fue en la medialuna de San Carlos, lugar donde se realiza un tradicional rodeo, actividad propia del hombre de campo. Los participantes (entre 20.000 y 25.000) eran no sólo socios de la S.N.A, sino grandes, medianos y pequeños agricultores. Con ello, se vinculó la crítica situación económica que enfrenta la agricultura con la población directamente afectada y que constituye el marco de una cultura agraria tradicional en nuestro país. Detrás de las reivindicaciones hay referencias socioculturales, pues la muerte del sector agrícola tradicional conlleva el término de una cultura campesina que ha sido uno de los elementos en la formación identitaria nacional.

Tanto sectores de gobierno como de oposición y representantes de la SNA, plantearon al gobierno propuestas para la elaboración de políticas tendientes a proteger al agro. Las principales estuvieron referidas al reforzamiento en la innovación tecnológica, eliminación de aranceles de insumo y de maquinarias agrícolas, mayores recursos para la investigación y extensión agropecuaria, entre otros. "Parlamentarios de Renovación Nacional propusieron al gobierno un paquete de medidas destinadas a atenuar el impacto que la entrada en vigencia del acuerdo de complementación económica con el MERCOSUR tendrá para la agricultura". (14) Finalmente, a fines de agosto, el gobierno fijó su política para compensar a este sector.

El origen del problema sin duda que estaba en las precarias condiciones económicas en que quedaba la agricultura frente a una apertura comercial. Las exigencias fueron contar con las condiciones y recursos necesarios para continuar desarrollando su actividad. Estas exigencias iban dirigidas al principal actor político, el presidente de la República y se realizaron apelando a elementos propios de la cultura campesina chilena. Finalmente la resolución del conflicto se trasladó al escenario político y aquí los actores políticos asumieron un rol protagónico, condicionando su aprobación al acuerdo MERCOSUR en el congreso.

Se podría pensar que las discrepancias frente al acuerdo se constituyeron desde la clásica diferenciación política entre sectores de izquierda y derecha, sin embargo, creemos que esta categorización no permite un análisis más profundo del fenómeno que enfrentamos. Las principales críticas y cuestionamientos hacia la asociación de Chile con MERCOSUR se centraron en dos grandes temas y fueron esgrimidas por distintos tipos de actores. El primero, como ya lo señalamos, fue de carácter político y social que nació en el conflicto del agro. Aquí la discusión se planteó desde actores políticos, definiendo con ello, un campo de acción político, esto es el Congreso.

Este argumento rompe la alineación política tradicional (izquierda - derecha), razón por la cual encontramos senadores y diputados de todas las colectividades asumiendo una actitud defensora del la agricultura tradicional y exigiendo medidas compensatorias al gobierno para este sector. La postura de los parlamentarios fue en este sentido, un apoyo ‘condicionado’ al acuerdo económico. "Parlamentarios por la X Región de la Concertación y oposición se comprometieron a ejercer ‘presión política’ e interceder ante el gobierno para que corrijan los aspectos del acuerdo entre Chile y MERCOSUR" (15); "Los senadores de la UDI condicionan la aprobación en el Congreso del Tratado de MERCOSUR a tres medidas compensatorias; en tanto Renovación Nacional también pide un compromiso político". (16)

El segundo argumento se enmarcó dentro de un análisis básicamente macro económico, llevado a cabo por especialistas en la materia, quienes plantearon el costo económico que significa para Chile el arancel externo común, no sólo porque éste es más alto que el chileno, sino porque la política de MERCOSUR es escalonada, mientras que la chilena es neutral en el sentido de que tiene un arancel único, donde no se favorece p protege a un determinado sector. Otros análisis señalaron la menor incidencia de un acuerdo como MERCOSUR en comparación a los beneficios que reporta una política unilateral de rebaja de aranceles, ; las discrepancias en torno a los plazos de degravación, el temor a una centralización de la producción, la desviación de comercio y los riesgos de asociarse con economías más inestables que la nuestra y con mayores protecciones.

c) Percepciones en torno a la integración desde el terreno político y económico

Pese a las limitaciones que se le impusieron a Chile en la participación de decisiones trascendentes de MERCOSUR, cuestión que se tradujo en tener sólo derecho voz y no a voto, son múltiples las declaraciones de los altos mandatarios sobre la necesidad de profundizar la integración, llevándola más allá del terreno económico. El propio Presidente de la República, Eduardo Frei, con ocasión de un encuentro entre empresarios uruguayos y chilenos, señaló "Para poder consolidar un desarrollo comercial y económico, para poder hablar de temas sociales obviamente, tenemos que comenzar hablando sobre temas políticos; hablar de democracia, estabilidad y crecimiento" (17). Meses más tarde, y con ocasión de la XI Cumbre de jefes de Estado del MERCOSUR, volvió a plantear "Creo que todos los que estamos sentados aquí, a la mesa, cuando estamos hablando del MERCOSUR estamos hablando de integración económica, política y cultural. Son nuestros pueblos los que quieren integrarse" (18). Así mismo, el vicepresidente de Brasil, Marco Antonio Maciel, señalo tres meses mas tarde, "creemos que la integración no puede quedarse sólo en lo económico; se debe pasar a la integración social, cultural, y a una integración política" (19).

Por otra parte, las declaraciones del canciller chileno, después de que la aspiración de Chile para integrarse plenamente a las instancias políticas del bloque subregional fuera cuestionada por las autoridades económicas del Paraguay son necesarias de considerar. El Canciller señaló estar "aburrido que los burócratas reevalúen y rediscutan lo que deciden los presidentes" (20). Creemos que en estas declaraciones, el Canciller hace referencia a los tecnócratas.

Aquí se nos plantean dos visiones. Por una parte están los actores principalmente políticos que buscan consolidar una integración más allá de los acuerdos comerciales, y que manejan la visión de una integración regional en el futuro, incluso pensando en la posibilidad de una integración estratégica que involucre a las Fuerzas Armadas. En este contexto se inscriben las declaraciones del Canciller chileno, quien remarcó que "para Chile el acuerdo con MERCOSUR es más que un mero tratado que permita liberalizar el comercio, sino que hay un proyecto que también tiene dimensiones geopolíticas y que tiene por finalidad la integración regional" (21). Dentro de este proyecto de integración regional, el eje político asume un rol no sólo de coordinador, sino también de promoción.

Esta perspectiva, sin embargo, pareciera no ser compartida por aquellos actores defensores del modelo liberal de mercado y asociados políticamente a la derecha liberal. Así se desprende de la actitud que tendrían los llamados "burócratas", pero también lo encontramos en las declaraciones de economistas liberales nacionales. Conocidos economistas señalaron en El Mercurio que MERCOSUR conlleva un retroceso importante en una estrategia económica cuya esencia es el traspaso masivo de las decisiones económicas al mercado (22). A su vez, en una editorial de El Mercurio, se plantea que este retroceso conduce a "discriminaciones entre países, empresas y mercaderías; produce desviaciones de comercio; altera la asignación de los recursos; supone encarecimiento y trabas de la administración burocrática del comercio, y es fuente de presiones de grupos de intereses para obtener privilegios. Otros aspectos negativos son la inestabilidad de algunos países del MERCOSUR, que se agravan por el proteccionismo y por la ausencia de mecanismos definitivos para solucionar las disputas que se produzcan (23). En otras declaraciones, los senadores de derecha Larraín y Prat mencionaron los riesgos de la sobrevaluación de la moneda brasileña y de las inestabilidades que exhibe Argentina. Por su parte, el Instituto Libertad y Desarrollo, también de derecha, en publicaciones periódicas, señaló que "No se puede dejar de mencionar, que los países integrantes del MERCOSUR poseen una disciplina macroeconómica más débil y una cultura de menos respeto por la libertad de comercio. Ello es una realidad que nuestro país no debe minimizar. Luego, son muy importantes las fórmulas jurídicas, los mecanismos de solución de controversias y la institucionalidad que Chile utilice para hacer realidad el acuerdo con el MERCOSUR. Cabe recordar que hace pocos años el país decidió que el arancel aduanero, al igual que todos los impuestos, debe estar normado por una ley de la república. Es por ello que es necesario que el gobierno tenga presente y busque los mecanismos adecuados para que se reduzcan sustancialmente los riesgos de cambios en las reglas del juego de tal forma que el sector privado posea la claridad y la estabilidad necesarias para desarrollar todo su potencial". (24)

En estos argumentos encontramos referencias al costo que significa para Chile asociarse con economías más inestables. Desde esta perspectiva surge una imagen de Argentina y Brasil como países inestables en el ámbito económico particular, aunque no exclusivamente. Se habla de economías que aún no han profundizado sus procesos de reformas estructurales, también hay implícito un temor a las inestabilidades políticas, pero también se asume una superioridad chilena en estos mismos términos. Lo interesante es que al situar la discusión en este primer nivel, donde las leyes del mercado son claras y los indicadores económicos son verdades comunes, el análisis se cierra. Resulta difícil criticar u oponerse a lo que indica la teoría económica. Ahora, recordemos que estas críticas vienen de la oposición de derecha. Los sectores oficialistas resaltan, dentro del mismo contexto económico, las ventajas del acuerdo, pero no se aprecia un refutamiento o aclaración de las inquietudes de los opositores. Más bien observamos una discusión donde unos defienden los aspectos positivos y los otros realzan los costos y peligros.

d) Rol del Estado y la ausencia de un proyecto de integración

La estrategia de integración seguida por el gobierno de la concertación generó múltiples críticas desde los sectores opositores y uno de los temas que suscitó gran controversia, preocupación y crítica es justamente la falta de garantías que aseguraran las estabilidad de las reglas del juego y la ausencia de un proyecto claro de integración. Sin duda que para todo empresario, mientras mayores sean las garantías, más cómodo y seguro será su ánimo de negociación, pero en este tipo de acuerdos resulta extremadamente complejo e incierto el camino que puede adoptar el tratado mas adelante. Esto es uno de los problemas presentes en toda relación de interdependencia, la pérdida de autonomía en materia económica y política. Lo anterior deriva en una percepción de improvisación en materia de integración. Se critica la ausencia de una coordinación entre las diversas áreas involucradas en el proceso (defensa nacional, sector agrícola, políticas macroeconómicas, entre otras).

En el caso particular de Chile la ausencia de un proyecto global queda reflejado, a juicio de los sectores más críticos, en dos puntos centrales: la ausencia de un proyecto coherente y articulado en materia de integración que involucre el ámbito político, económico y cultural y en las contradicciones internas entre el modelo macroeconómico chileno y las políticas de apertura y desarrollo. Se reconocen los avances en materias separadas, por ejemplo en el ámbito de defensa nacional, pero no hay acuerdos integrados entre las distintas materias. Por otra parte, se argumenta, el país refleja en su política internacional una estrategia de desarrollo hacia afuera, pero esta situación carecería de consistencia con los principales lineamientos de la política macroeconómica interna. Desde el sector privado se expresaba que "ha habido una falta de atención de los equipos técnicos respecto de los problemas del sector exportador. No se ha visualizado la imperiosa necesidad de mantener un sistema exportador fuerte y competitivo". (25)

La ausencia de un proyecto o al menos de acuerdos sobre los principales objetivos y mecanismos para lograrlos, se traduce en una percepción de permanente improvisación percibida por los sectores más críticos. "Si uno mira este proceso muy a la pasada, vemos que no hay una política coherente en materia de acuerdos bilaterales. Si te das cuenta, con Colombia estábamos pensando hacer un acuerdo para el azúcar, que está en las listas de excepción. Con Venezuela pensábamos en un acuerdo para el petróleo, pero la ENAP se opuso. Con MERCOSUR el grano, el trigo y el petróleo, están protegidos". (26)

La sensación de que "se va construyendo en el camino" no hace más que alertar a los sectores involucrados, generando acusaciones de contradicción en los organismos responsables de guiar el proceso. Al hablar de una integración económica no podemos pensar en una autorregulación, ya que la cantidad de intereses y complejidad de los mismos son tales, que requieren de una articulación para evitar justamente contradicciones y conflictos. A diferencia de lo que podría ocurrir con otros modelos de promoción de las exportaciones (los países asiáticos por ejemplo), en Chile esta fórmula descansa en la centralidad del mercado por sobre el intervencionismo del Estado. Este último entrega ciertas herramientas básicas para dejar que los actores se muevan en el mercado (nacional y extranjero) y reduce el intervencionismo porque se considera negativo. Esto, sin embargo, no deja de ser paradójico, ya que por una parte se argumenta que la intervención estatal genera desequilibrios que atentan contra el libre mercado, pero por otra, son justamente las políticas estatales las llamadas a resolver los desequilibrios y las crisis económicas que enfrentan algunos sectores.

Finalmente podríamos señalar que hay un reconocimiento de la importancia del modelo económico chileno que se sustenta en su apertura al mundo, pero también existe un interés o preocupación por una intermediación positiva del Estado en términos de cambiar las percepciones que existen sobre el vecino. En otros términos, esta posición indicas que el Estado podría jugar un papel significativo en la reformulación de las percepciones históricas negativas que existirían entre los vecinos, transformando dichas percepciones en factores de reconocimiento y aceptación del otro. Esta posición aparece por ejemplo, en las iniciativas tales como el proyecto de "encuentro de historiadores" entre Argentina y Chile y que tiene el propósito de reconstruir la historia entre ambos países focalizándose en los puntos de encuentro y no en los hechos conflictivos a lo largo de nuestra historia. Acá la intermediación del Estado está limitada a la de promotor de una nueva forma de interacción entre la sociedad civil. El Estado facilita puntos de encuentro para que la sociedad civil construya nuevas formas de relación.

Resumiendo, este primer nivel se ha ido constituyendo como el escenario desde el cual se articulan los dos principales discursos que abordan MERCOSUR: el discurso economisista y el político. Ambos estrechamente vinculados entre si, se disputan en muchos casos el protagonismo. Desde el eje economisista, se entiende el MERCSOUR como un acuerdo básicamente de integración comercial inscrito dentro de una política de apertura nacional. Desde aquí se refuerza la idea de un mercado que requiere gozar de garantías políticas y económicas que aseguren la libertad de comercio.

Desde el eje político, en cambio, se percibe el acuerdo MERCOSUR como un paso fundamental dentro de un proyecto más global de integración regional que va más allá de lo meramente económico. Se refuerza la necesidad de una integración política, social y cultural. En este contexto se entienden los proyectos e inquietudes en cuanto a legislación laboral y la cláusula democrática suscrita entre los países miembros de MERCOSUR, entre otras. Desde este eje, el Estado, aparece como un ente promotor y patrocinador de la integración, sin embargo este rol no queda lo suficientemente definido en cuanto a funciones y delimitaciones, lo que se traduce en la percepción de ausencia de un proyecto claro de integración, señalado por diversos sectores políticos y económicos.

En la siguiente sección intentaremos profundizar un segundo nivel de análisis y que se aparta de lo que es propiamente el ámbito político y económico. En este segundo nivel el tema central es el efecto del MERCOSUR en la identidad y los protagonistas dicen relación con la sociedad civil, los chilenos que están fuera del ámbito político y económico que recién analizamos.


Capítulo III

La integración desde la sociedad civil

El discurso que ocupó el segundo capítulo nació desde el interior del mundo político y económico, razón por la cual sus términos y alcances quedaron enmarcados necesariamente dentro de los límites de esos enfoques. Ahora corresponde prestar atención a las consecuencias de una integración con las características previamente descritas, en el nivel sociocultural. Para esto, debemos centrarnos en aquellos elementos ubicados en la vida cotidiana, en el mundo al cual tienen acceso la gran mayoría de chilenos. Es aquí donde podemos encontrar la respuesta a la pregunta sobre qué tan presente es MERCOSUR en Chile y cuáles son los reales alcances de la integración. Preguntarnos además, hasta dónde estos cambios y procesos lograrán modificar la cotidianeidad de nuestras vidas.

Si bien nuestras primeras intenciones fueron dar cuenta de la percepción que tienen los chilenos sobre MERCOSUR, la recolección de información para este objetivo resultó extremadamente compleja. La escasa información sistematizada dificultó la realización del presente capítulo, por lo que tuvimos, en ciertos casos, que modificar y redefinir algunos de los objetivos. Sin embargo, y más allá de estas dificultades, hemos querido contribuir al estudio de lo que ocurre más allá de la integración económica y política y como estos niveles se relacionan entre sí.
 

1. La experiencia de la integración desde la vida cotidiana

Las reformas económicas y políticas llevadas a cabo históricamente en Chile se han caracterizado por su fuerte verticalismo en la imposición de los modelos propuestos. Las decisiones usualmente se tomaban y concentraban en las cúpulas de poder y desde allí se imponían hacia el resto de la colectividad y hacia quienes resultaran afectados.

El proceso de integración de los últimos años, en cambio, ha seguido un curso diferente. Las transformaciones económicas han sido lideradas por el sector privado, generando un ritmo propio que hace cada vez más difícil su control. El Estado, entonces, ha debido asumir una función reguladora extremadamente cuidadosa para no frenar el desarrollo natural de la economía. Lo interesante es que el Estado no es el organismo encargado de llevar adelante los procesos de cambio, sino por el contrario, es el propio dinamismo de la economía quien obliga al Estado a plantear las políticas de apertura y liberalización económica , ya que sin ellas, el país firma su sentencia a la automarginación frente a la creciente integración que están experimentando el resto de los países. Ello significa asumir una responsabilidad política en defensa de un proyecto de país en el marco del MERCOSUR, cuidando cuestiones claves como la inflación, aranceles, políticas monetarias y cambiarias.

El crecimiento de las inversiones en el extranjero y el aumento de los capitales internacionales, así como el mayor intercambio comercial con los países del MERCOSUR (anexo 2) implica necesariamente un intercambio social cuyos efectos recién comienzan a ser evaluados y que sin duda están afectando intensamente a nuestra sociedad. Al respecto, un empresario de una gran compañía nacional con inversiones en el extranjero, señala: "Los trabajadores y empresarios salen hacia afuera y conocen gente, hay más intercambio. En el caso de esta empresa (ENERSIS), hay gente que tuvo que ir a Brasil y para eso tuvieron que aprender portugués, hicieron cursos hasta de samba. Se fueron con sus familias y allá se han instalado e integrado. La gente se ha ido integrando en los distintos países; se va produciendo una natural integración humana. Uno debe adaptarse a la cultura de los países a los que se va a trabajar". (27)

Al parecer, junto a la integración económica se produce de manera natural una integración cultural y social. Hoy los chilenos viajan con mayor facilidad a países vecinos y vemos habitualmente un mayor número de extranjeros en nuestras ciudades. Estos intercambios abren las puertas a un conocimiento humano que puede llegar a transformarse en un gran motor para la integración regional. Un mayor intercambio a nivel cultural que podría facilitar la integración en los niveles económico y político.

Un buen ejemplo de este mayor intercambio lo encontramos en la televisión por cable. En 1996 existían aproximadamente 590.000 hogares en Chile con televisión por cable, correspondiendo el 56.3% a estratos medios, el 22.8% a estratos altos y un 20.9% a estratos bajos de la población. Desde 1993 a 1996 creció en más de un 100% la cobertura de TV cable en el país. Mientras que en Santiago, el 12% de los hogares poseía este sistema en 1994, en 1996 dicho porcentaje se elevó a 26.1%. En regiones la situación varió en los mismos años de un 10.6% a 28.1%. Lo interesante para nuestro análisis es que de las señales procedentes del extranjero, los países del MERCOSUR (específicamente Argentina, Brasil y Uruguay) ocupan el segundo lugar (30.1%) después de Estados Unidos (37.8%). Esto nos lleva a pensar que paulatinamente la población está más informada acerca de los vecinos de MERCOSUR.

Otro aspecto interesante de considerar y que ha constituido una de las tradicionales formas de intercambio cultural es lo que ocurre con el turismo. Dentro de los países de MERCOSUR, Argentina es con quien históricamente Chile ha tenido mayor afluencia turística. De acuerdo con lo que señala el director de SERNATUR (28) (Servicio Nacional de Turismo), durante todo el año 1996 visitaron el país 696 mil transandinos y en 1997 esta cifra subió a 730 mil. De acuerdo a las proyecciones, se espera para el año 1998, un incremento de 5%. El director precisó que la actividad turística generó para el país, divisas en una cifra superior a los mil 50 millones de dólares, de los cuales, los argentinos contribuyen con alrededor del 30 y 33 por ciento. El 70% restante de los ingresos totales del sector turístico corresponde a Brasil , Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania.

Encontramos aquí, formas de interacción experimentadas desde el propio sujeto, inscritas en la vida de la gente común y corriente, que poco sabe de indicadores macroeconómicos, que poco le interesan las discusiones políticas y que probablemente no tiene mucha claridad sobre lo que significa MERCOSUR. Podemos asumir que ellos tienen un mayor conocimiento sobre países como Argentina, Brasil, México, así como de otros países Latinoamericanos y de otros continentes, de lo que tenían hace 10 ó 20 años atrás. El turismo y los programas de televisión por cable se transforman en experiencias directas de intercambio cultural que va creando una nueva forma de ver al "otro".

Los tradicionales modelos de integración latinoamericana se basaban en la necesidad de comprender que Latinoamérica estaba unida por una misma cultura, un mismo origen y un mismo lenguaje. Sobre esta realidad se construiría el sueño de Bolívar, la gran integración americana. Sin embargo, las nuevas corrientes de pensamiento que nacen en el modernismo y postmodernismo, nos plantean un desafío distinto: pensar y construir la integración desde en el aprendizaje y la aceptación de aquello que justamente, nos diferencia. Es precisamente en este punto que surgen las primeras divergencias o dificultades. Frente a un creciente proceso de integración que vivimos día a día ¿Somos los chilenos capaces de aceptar aquello que se aleja de lo convencionalmente establecido? ¿Cuál es nuestro grado de tolerancia hacia lo diverso, hacia lo distinto?

Una reciente encuesta realizada en Santiago por Fundación Ideas (29) deja al descubierto una sociedad en que llama la atención los niveles de intolerancia hacia determinados temas como son el homosexualismo y origen étnico o racial. De acuerdo al estudio, el 21 por ciento de los encuestados señalaron que Chile es más avanzado que sus países vecinos debido al infinitesimal número de ciudadanos con descendencia africana que existiría en nuestro país. El 60 por ciento señaló rechazar la homosexualidad y un 45.2 por ciento declaró que la homosexualidad debería ser prohibida porque contradice la naturaleza humana. Por otra parte, uno de cada cinco encuestados afirmaron que no se debería entregar cargos de responsabilidad a judíos. Un 53.5 por ciento declaró que la censura en televisión es aceptable en algunos casos y un 17 por ciento señaló que las personas con discapacidades físicas no deberían ser admitidas en el metro, con el objeto de no incurrir en los costos que significaría instalar ramplas y ascensores.

A juicio de algunos analistas Chile tiene un alto "primitivismo" cultural, lo que impide aceptar la diversidad, las diferencias y nuevas ideas. Estaríamos frente a una sociedad conservadora, cerrada a transformaciones culturales y con fuertes sentimientos nacionalistas. Las anteriores aseveraciones ciertamente requieren de un estudio más detallado a nivel de opinión pública y de elite.

Sin embargo, lo que sí es un hecho cierto es que la expansión de los medios de comunicación han abierto un canal de información más allá de lo imaginable. Hoy tenemos acceso a los códigos sociales presentes en otras culturas. Sabemos más de la manera de ser del argentino, vemos sus programas de entrevistas, los temas de discusión. Tenemos mayor posibilidad de contacto físico con los trasandinos, brasileños, americanos y extranjeros en general, sin embargo, pareciera existir un obstáculo en este proceso: la aceptabilidad de aquello que nos diferencia, la aceptabilidad del otro.

Esta situación se torna más crítica cuando se trata de culturas cercanas a la chilena pero que por razones históricas o por una especie de "racismo cultural" o "social" se produce un distanciamiento. Nos referimos especificamente a casos como Perú y Bolivia. Esto cobra forma en acontecimientos sociales y cotidianos como los partidos de fútbol jugados en aquellos países, donde las ofensas van más allá del campo de juego, aludiendo a la raza, la historia o una supuesta superioridad histórica. Un conocido actor y dramaturgo chileno, que en el último tiempo ha realizado diversas giras con su compañía de teatro a Perú y Bolivia, señala que el gran desconocimiento que tenemos sobre estos países contradice la tendencia de apertura y modernidad que tanto defendemos. (30) Entonces se nos plantea la pregunta sobre la relación entre un mayor conocimiento, producto de la apertura, y el nivel de aceptabilidad que tiene nuestra cultura hacia culturas extranjeras.

En la siguiente sección, abordaremos algunos aspectos de la discusión en torno a la relación entre integración internacional e identidad social.
 

2. Identidad Nacional. Una construcción dinámica y abierta al cambio

Un aspecto interesante de ser abordado en este análisis, es aquello que dice relación con la conformación de nuestra identidad en el marco de la integración. Al hablar de identidades, es necesario aclarar el concepto y para ello es preciso diferenciar entre identidad individual e identidad cultural. Dado el enfoque de este trabajo, nos centraremos en la identidad cultural y recogeremos el aporte que Pedro Güell (31) hace al respecto.

Entenderemos por identidad la demanda por el reconocimiento o realización de una suerte de esencialidad que comunica entre sí las diferencias y que le da consistencia temporal y espacial; "la noción de identidad es la tematización de una experiencia y del fundamento del sentido revelado en ella; la precariedad de ser que resulta de concebir al espacio y al tiempo de modo absoluto y la certeza de la existencia de un fundamento que trasciende (...) Identidad es el resultado de ese fundamento en un orden histórico que permite una integración de las diferencias reales que lo constituye y una legitimidad de su existencia histórica" (32) En este sentido, si bien las características identitarias dadas quedan suscritas a las contingencias históricas, siempre serán construidas sobre la afirmación de un principio que trasciende esa contingencia y logra integrar las diferencias.

La identidad cultural nace del encuentro y las relaciones que se establecen entre los distintos sujetos. Esta a su vez, es objeto de múltiples interpretaciones elaboradas - tales como los discursos públicos e intelectuales - las cuales influyen en los sujetos a través, por ejemplo, de los medios de comunicación y la educación. La efectividad y aceptación de estas interpretaciones dependerá de su capacidad para constituirse en puntos referenciales de los sujetos, de modo que sus experiencias estén mediadas por estas categorías identitarias.

La identidad cultural por tanto es una construcción cultural y social que permite la identificación y el reconocimiento de los sujetos y actúa por ello, como referente y ordenador de las experiencias cotidianas. Responde a una elaboración histórica que sufre transformaciones y modificaciones determinadas por las contingencias. Es por ello que la discusión en torno a la identidad chilena rescata precisamente aquellos acontecimientos históricos que han determinado particularidades nuestra identidad. Temas como la conquista española, la colonia, la tradición agraria, el ideal republicano, la dictadura militar y más recientemente, la transición a la democracia, son hechos históricos que van configurando nuestro sello identitario. De ahí la pregunta por las transformaciones experimentadas producto de los cambios sociales, políticos, económicos y culturales experimentados durante los últimos años.

La identidad, entonces, corresponde a una constante y dinámica construcción social, es una elaboración histórica que sufre transformaciones y modificaciones determinadas por las propias contingencias. Recibe influencias externas e internas, las que se procesan y asimilan de acuerdo a criterios y parámetros propios. ¿Es nuestra cultura capaz de absorber aquello que viene del exterior y reeditarlo de manera que tenga alguna relación con nuestros elementos culturales e identitarios? ¿Tenemos la capacidad de convivir con las diferencias? ¿Puede una mayor integración y globalización llevarnos a la pérdida de nuestra identidad?

Las respuestas a estas interrogantes nacen desde dos posiciones, que si bien comparten un primer supuesto, difieren en cuanto a la valoración y análisis de sus efectos. Ambos reconocen que Chile es una sociedad relativamente joven, sin un peso histórico como los países europeos o algunos países Latinoamericanos. Esta condición permite una mayor apertura y adaptabilidad hacia las nuevas tendencias. Sin embargo, las valoraciones sobre esta característica, difieren sustancialmente. Por una parte se resalta y valora positivamente el hecho de que Chile sea una sociedad joven, nueva y sin grandes tradiciones socioculturales, ya que estas condiciones permiten la apertura a las nuevas tendencias y la capacidad de incorporar lo que proviene de afuera. Por otra parte, hay una posición que valora negativamente estas características, argumentando que nuestra identidad corre graves peligros, ya que cada vez resulta más difícil identificar qué es ser chileno. La intromisión de elementos, modas y modelos en nuestra vida cotidiana, logran (o lograrán) terminar con nuestra, cada vez más débil, identidad.

Si centramos nuestra atención en este común punto de partida, debemos preguntarnos ¿Qué es lo que motiva esta permeabilidad? Para algunos es una característica propia del "ser chileno". Una sociedad que nace en el mestizaje, en el sincretismo de una cultura indígena y española, cuya clase dirigente desde muy temprano buscó asimilarse a lo extranjero. En el siglo XIX a Francia o Inglaterra, más tarde Alemania y finalmente Estados Unidos.

Hay quienes plantean además que la vertiginosidad de lo moderno lleva al olvido del pasado, por lo que se vuelve necesario el desprendimiento de las herencias para abrazar el futuro, cerrando los ojos a un pasado histórico a veces no tan feliz. Puestos en la coyuntura específica de la transición, hay quienes sostienen que el trauma social, cultural y político vivido en Chile en los últimos treinta años ha sido tan doloroso que se prefiere encerrar dicha memoria en un baúl o caja de recuerdos (33). Un análisis más crítico hablaría de una suerte de ahistoricismo en la que se pretende construir un consenso social sobre el presente y futuro, desde el mercado, evitando cualquier referencia al pasado. La "revolución capitalista modernizadora" del régimen de Pinochet que nos menciona Moulián, habría transformado el tradicional concepto de ciudadanía. Hoy la integración del ciudadano a la sociedad se da a través del intercambio comercial (el mercado) más que a través de la esfera del estado o la política (34).

Pero volvamos sobre las diferencias entre las dos visiones. La primera ve en el fenómeno de la globalización una oportunidad para el desarrollo y la otra tiene una visión negativa pues las tendencias del exterior afectarían los valores y la identidad nacional. Lo interesante es que estas posiciones no responden a criterios políticos tradicionales, se observa no sólo una transversalidad en este sentido, sino que se incorporan diversos actores que poco tienen que ver con el mundo político, como son intelectuales y artistas.

Es así como encontramos que la primera posición, que llamaremos "aperturista", está liderada por sectores liberales, vinculados a actividades económicas y comerciales, por políticos provenientes de distintas tendencias (derecha, centro e izquierda), personas del mundo de las artes y del espectáculo, agricultores pertenecientes a un sector de gran dinamismo asociado a su crecimiento y capacidad exportadora (frutícola, vitivinícola), etc. Desde esta postura, la disposición al cambio se asocia a una condición necesaria para profundizar el proceso de modernización. Se plantea que no existiría entonces, una gran tradición social y cultural que impida avanzar y continuar con los cambios necesarios, como es el caso de culturas más tradicionales que cuestionan seriamente toda posible modificación que signifique ponerlas en peligro. Esta permeabilidad hacia lo nuevo, es, a juicio de sus defensores, un elemento constituyente de nuestra identidad nacional.

Los aperturistas ven la modernización como un desafío de la sociedad chilena y esto queda definido no sólo por el mejoramiento de los indicadores macroeconómicos y de la equidad social, sino por el acceso que tiene la población a aquellos símbolos asociados a la modernidad (modas, autos de última generación, viajes, cultura, etc.). Hemos visto que para profundizar el crecimiento nacional ha sido requisito abrir nuevos mercados en el exterior e incorporarse al esquema de creciente integración e interdependencia económica. Ello exige por su puesto, abandonar los antiguos modelos de intervencionismo estatal o estado benefactor y abrazar el modelo neoliberal que sitúa al mercado como centro articulador del equilibrio nacional. El libre mercado se convierte así en el camino que nos conducirá a la modernidad. La libertad del sujeto y la promesa de igualdad se hacen posibles (aparentemente posibles) en el mercado, aquel espacio donde pareciera que se igualan las diferencias y donde el hombre realiza un acto que le hace sentir libre, esto es, la posibilidad de elección.

Este panorama se refuerza en la percepción que tenemos sobre nuestra identidad y que está presente de alguna manera en nuestra conciencia colectiva. Chile es una sociedad nueva y joven, lo que determina y facilita su apertura a influencias externas y la gran adaptabilidad al cambio. Posee la capacidad de asimilar nuevas tendencias y modelos y sitúa en el futuro su proyecto de sociedad, desvalorizando las experiencias del pasado. Ello facilita el accionar de una economía que perpetúa la existencia en constante y aparente cambio y que se empeña por dejar atrás toda referencia al pasado.

Dentro de esta tendencia aperturista se produce un clivaje entre aquellos que fomentan una apertura unilateral y centralmente económica sin la presencia del Estado (o reduciendo su presencia al mínimo), de aquellos que ven al Estado en un rol activo (moderador o promotor) de los efectos este proceso de integración. Tal como vimos en el capítulo anterior, el rol que le cabe al Estado no queda bien definido en el discurso de los actores. Algunos reclaman por una intervención en asuntos solo económicos, otros actores van mas allá y demandan una intervención del Estado como promotor de una integración cultural. En cambio otros sólo demandan el rol del Estado como facilitador de un conocimiento entre los ciudadanos. La reciente iniciativa de la embajada de Chile en Argentina del "encuentro de historiadores" por ejemplo, que pretende promover escribir la historia chilena y argentina centrándose en los aspectos positivos de la interacción es una muestra de esta segunda visión que reclama un Estado que vele por cambiar las percepciones que se tienen del otro. Se define así una postura "aperturista-economicista" y una postura "aperturista-intervencionista", siendo el rol del Estado el elemento diferenciador entre una y otra postura.

En la segunda posición, que llamaremos "tradicionalista", sus defensores ven con mayor cautela esta facilidad para adoptar modas, tradiciones y elementos provenientes del extranjeros. Sectores de corte más tradicional (conservadores, fuerzas armadas), pero también personas vinculadas a las artes, críticos intelectuales, medios de comunicación y algunos sectores de la iglesia, están detrás de esta postura; podemos incluso encontrarnos con políticos ya sea de izquierda, centro o de derecha.

Aquí el argumento enfatiza la presencia de una permeabilidad que facilita la incorporación de los elementos extranjeros, pero la fuerte y cada vez mayor influencia de éstos, constituye un peligro y un debilitamiento de nuestra identidad. Para prevenir estas influencias foráneas (principalmente seculares) se demanda la participación de un Estado que proteja o que vele por mantener los valores que constituyen "la esencia de la chilenidad". De acuerdo a esta postura, la proteccion de la familia, el reforzamiento de valores a través del sistema educativo, la existencia del servicio militar, la censura "preventiva" en televisión y cine son medios para cumplir tal objetivo.

Dentro de esta crítica encontramos posiciones extremas que ven en la modernidad una real amenaza a nuestros valores patrios. Un ejemplo de esta visión la encontramos en un reciente artículo publicado en el principal medio informativo del Ejército: "Resultan preocupantes las tendencias a la disgregación y desnaturalización de la familia, núcleo fundamental de la sociedad, como también a la aceptación de los derechos de los homosexuales, a la legalización del divorcio vincular, por mencionar las más evidentes, como consecuencia del impacto que producen otras realidades culturales a través de los medios de comunicación, particularmente de la televisión por cable (...) Por otra parte, los modelos de la negociación, el acuerdo y la cooperación, han adquirido preeminencia por sobre las tradicionales relaciones de poder entre los estados aún cuando los conflictos armados mantengan su vigencia como forma legítima de solucionar las diferencias entre ellos. En este contexto, influenciados por la economía, han pasado a constituir, en la práctica, el medio más importante para enfrentar la competencia comercial y el desarrollo, por lo que (...) los lleva a no considerar la importancia de la seguridad y la defensa nacional en las negociaciones y acuerdos que se adopten". (35)

Otro sector que podemos situar en esta segunda posición es el sector agrícola tradicional, quienes se han visto fuertemente afectados por la incorporación de Chile al MERCOSUR. Detrás de las implicancias económicas, hay un planteamiento sobre el efecto cultural y social en el campo. La especialización en la producción agrícola a nivel internacional, según criterios de eficiencia económica, altera las tradicionales estructuras productivas campesinas, asociadas a un sistema cultural propio. Históricamente la orientación de la producción agrícola ha sido satisfacer la demanda y el consumo interno, sin embargo, producto de la especialización e importación con precios más bajos, los cultivos tradicionales dejan de ser rentables, por lo que tienden a desaparecer y con ello, su mundo sociocultural; "Hace años la manera de pensar era básicamente producir nuestros alimentos, proteger nuestra producción para el autoconsumo. Esto permitía una identificación muy fuerte. Pero hoy el pensamiento es otro, es producir lo que más convenga (...) y uno de los problemas de la alta productividad de las grandes empresas, es que generan daños en las tierras y en el ecosistema, lo que afecta directamente a los pequeños agricultores, porque los grandes se van a otras tierras. Las empresas grandes no tienen identidad, no son cuidadosas ni del país, ni del sector, sólo son productividad y ganancia". (36)

El ya clásico dilema vuelve a repetirse. ¿Es factible modernizarse sin afectar ciertas estructuras tradicionales? ¿Cuánta resistencia existe al cambio? Así, vemos que el mito idealizado del campesino chileno trabajador de la tierra, criador de animales tiende a desaparecer, siendo reemplazado por un asalariado que trabaja contratado por temporadas para grandes compañías de exportación de fruta fresca. Sergio Gómez en un reciente trabajo nos ilustra muy bien este punto, ya que al campesinado se le asocia con la reserva cultural, símbolo de identificación nacional. Lo rural también es lo minero, la pesca, el transporte, el comercio, la pequeña manufactura, la artesanía. Gómez nos cita a un obispo de reconocido prestigio en una zona de alta ruralidad, quien señala que el modelo económico chileno está ante "la tentación de sacrificar la agricultura y a quienes viven del agro para obtener mejores negocios internacionales" (37). En este marco, Chile se encontraría ante la alternativa de sacrificar el campo o establecer algún sistema de defensa del mundo rural, y la tendencia sería favorecer la primera. Otra autoridad religiosa, en este mismo sentido había declarado que "no se puede deshacer el campo porque aquí se encuentra el alma misma de la nación y una reserva moral para el país". (38)

Esta situación la volvemos a observar en el discurso gubernamental de reconversión en dos sectores de larga tradición en nuestro país, como son los pescadores artesanales y los mineros del carbón. Ambos se ven enfrentados a una crítica situación de sobrevivencia debido a que los niveles de productividad y competitividad no permiten su desarrollo ni reproducción futura. Las políticas que se hacen cargo de esta situación señalan la urgencia de la reconversión, sin embargo éstas no apunta a mejorar las condiciones de producción y comercialización para asegurar así una mayor competitividad, sino que generan nuevas fuentes económicas orientadas a absorber la desesperada situación que enfrenta la población, pero que poco tienen que ver con las tradicionales actividades de estos sectores.

Para el sector agrícola chileno, una integración con países como Argentina, representa un grave peligro, no sólo por sus implicancias económicas, sino por la pérdida irreparable de la cultura campesina. Ahora bien, hay que reconocer que la apertura tarde o temprano enfrentaría a la agricultura con los problemas de eficiencia y retraso tecnológico.

De cualquier manera -agrega Gómez- "la visión de antaño, de un campo plácido de rulo, con animales pastando y con un arroyuelo con aguas cristalinas (...) se encuentra superado en la actualidad. Hoy el agricultor se vuelve empresario, que debe manejar una empresa moderna: empresa integrada, relaciones laborales modernas, sistema de formación profesional: sistemas de remuneración con incentivos y donde debe producir lo que demande el mercado mundial" (39). Sin embargo, la demanda por mantener una ruralidad sigue teniendo eco y fuerza en amplios sectores de la sociedad moderna.

Mientras unos pretenden detener aquel proceso de des-ruralización, otros señalan que es inevitable ¿cuál ha de ser el justo medio, si es que aquel justo medio existe?

En síntesis, el proceso de integración de Chile ha estado guiado por un eje económico y delimitado por decisiones políticas. Ambos generan efectos sobre las dimensiones culturales y sociales, las que a su vez refuerzan y posibilitan la profundización de la integración. Si bien integración e identidad no son necesariamente dos fuerzas en oposición, ello depende de los niveles en que estemos hablando y la profundidad que asuman dichos procesos. Sin duda que hablar de integración económica genera un debate distinto a al que surge frente a la integración cultural. La sensibilidad, al parecer está puesta en el terreno cultural, ya que es allí donde la identidad se reconstruye constantemente. En el caso chileno es allí -en el debate sobre la identidad- donde encontramos los principales clivajes o divisiones de la sociedad. Vemos surgir dos grandes corrientes de pensamiento -aperturistas y tradicionalistas- pero que al mismo tiempo se subdividen cuando se especifican ciertos temas como el rol que le cabe al Estado en este proceso.


Capítulo IV

Conclusiones

En los últimos treinta años Chile se ha visto enfrentado a grandes transformaciones. Desde el exterior resonó con fuerza el proceso creciente de globalización y la desestructuración del debate ideológico producto del colapso de los socialismos. Desde el interior advertimos transformaciones políticas, sociales y económicas con trascendentales consecuencias.

El discurso de los actores chilenos frente a MERCOSUR nos revela mucho de lo que es la discusión sobre modernidad y postmodernidad a que hicimos referencia en la primera parte. Los rasgos del debate sobre la modernidad aparecen, por ejemplo, en aquella polémica entre sectores "tradicionales" y "aperturistas" de la sociedad. Al existir una modernización de Chile (económica, social, cultural y hasta valórica) se evidencia con claridad la ruptura que se produce entre lo tradicional y lo nuevo. Lo tradicional queda anclado en el agro, lo rural, los valores relacionados con la familia y la nación. Lo moderno viene a representar la secularidad, la tolerancia frente a lo foráneo, la ciudad, el desapego a las tradiciones. Mientras los tradicionales refuerzan el peso de la historia, los aperturistas enfatizan las perspectivas del futuro.

Los rasgos de la post-modernidad también se hacen presentes en esta polémica. Vemos que aparecen discursos fragmentarios, una realidad que se va construyendo en el presente y que hace cada vez más difícil idear proyectos de largo plazo. Por otra parte, también se verifica un intento de algunos sectores de exaltar las diferencias que existen respecto del "otro". No es de extrañar entonces que un mayor proceso de apertura de Chile, podría incrementar un mayor nacionalismo al existir sectores que defienden tal visión sobre lo que constituye lo foráneo.

La presencia de dos macro-niveles desde los cuales se construyen los discursos sobre la integración chilena, es quizás una de las principales conclusiones de esta investigación. Ambos niveles están estrechamente vinculados, aunque no siempre se reconozca. Sin embargo, desde la mirada de los actores, cuesta encontrar respuestas globales sobre la integración que incluyan las dimensiones política, económica, social y cultural. Se observa, incluso en ciertos casos, un intento de reduccionismo del proceso de integración hacia lo económico o político.

En el desarrollo del presente trabajo, hemos encontrado ciertas situaciones de interés analítico que dan cuenta de los distintos discursos frente al tema de la asociación chilena al MERCOSUR.

1. Reconocemos dos niveles de análisis del fenómeno del MERCOSUR en Chile. Un primer nivel del discurso formal en la que priman los discursos económico y político. El segundo nivel es el de la sociedad civil, que en esta investigación entregamos sólo algunas pistas generales, pero en la que vemos emerger el debate sobre la identidad.

2. En el primer nivel (del discurso formal) se desprenden dos visiones sobre MERCOSUR. Para los primeros la integración responde a una realidad exclusivamente económica y comercial. Para los segundos, en cambio, es el camino hacia un proyecto de integración regional, más allá de lo económico. En estas dos visiones, el rol que debiera asumir el Estado es distinto. En el primer caso, el Estado debiera reducir su interferencia en la sociedad civil y actuar como facilitador de la interacción economicista. En el segundo caso, el Estado asume el rol de patrocinador en un proyecto de integración más global, aunque no queda suficientemente definido su rol específico.

La racionalidad del debate sobre MERCOSUR llevó a que éste fuese visualizado en una primera etapa como un hecho económico, con consecuencias básicamente económicas, pero enmarcado dentro de una negociación política. Esto marca el debate interno, centrándolo en aspectos técnicos, muchas veces incomprensible para el común de la gente. Se habla de preferencias arancelarias, barreras, reducción de distorsiones, efectos de retaliación, costos y desviaciones. Al tratarse de un debate específico, pocos son los actores con capacidades para participar de éste. No obstante, la propia dinámica de la negociación y su componente político, permitió que el debate evolucionara desde un enfoque primordialmente económico hacia posturas que comienzan a destacar -todavía con timidez- consecuencias sociales, estratégicas o culturales.

3. En el segundo nivel encontramos una percepción sobre la integración que nace desde la sociedad civil. Lo interesante es que se está produciendo a nivel de la ciudadanía común y corriente experiencias de integración con los países vecinos y ello se refleja en cifras de turismo o el acceso a información sobre los países vecinos. Detectamos experiencias propias de la cotidianeidad donde, en la interrelación con los "otros", se produce el diálogo y una eventual transformación de percepciones. ¿Cuánto refleja el espacio institucional estas transformaciones de lo cotidiano? ¿Existe una diferencia de percepciones respecto de los vecinos -en este caso MERCOSUR- en el ámbito institucional y en el ámbito de cotidiano? Resultaría de interés poder comparar las percepciones en uno y otro sector a fin de conocer los estereotipos vigentes y las imágenes que tiene la sociedad respecto del "otro". Asimismo, seria de interés conocer el la aceptabilidad de la diferencia y el grado de tolerancia de la sociedad chilena frente a lo foráneo.

En nuestro estudio sólo dimos cuenta de la visión que una determinada elite de la sociedad chilena tiene sobre MERCOSUR. Al evaluar esta dimensión se abren interrogantes sobre los efectos que ésto tiene en nuestra sociedad. Sobre este punto, existen dos visiones que comparten la opinión de que Chile es una sociedad joven, abierta al cambio y las nuevas tendencias. Las diferencias, son embargo, se producen en la evaluación de esta realidad. Por una parte, se cuestiona esta característica y se teme que la profundización de la globalización afecte negativamente nuestro sustrato identitario (postura tradicionalista). Otros en cambio, plantean que esto es justamente nuestro potencial para continuar el desarrollo (postura aperturista). En esta segunda postura el rol del Estado es la principal fuente de divisiones internas. No hay respuestas claras sobre cuánto, cómo y dónde debe actuar el Estado. Resulta interesante constatar como estas diferencias han superado los tradicionales criterios políticos (derecha, centro, izquierda), planteando un reordenamiento de posiciones que involucra tanto a políticos, empresarios, gobiernos internacionales, artistas, etc.

Si bien esta división polar está presente en el análisis integración / identidad, se podría inferir que estas mismas corrientes de opinión se podrían repetir en la discusión de temas coyunturales como son el aborto, el divorcio, la droga, la familia, la seguridad o la libertad de expresión.

4. Quizás la principal paradoja está en aquellos que impulsaron y defendieron el modelo de apertura externa y que ahora reclaman por los efectos de esa apertura en la secularización y en la pérdida de ciertos "valores nacionales". Nos referimos a los militares y a civiles que apoyaron su proyecto político y económico. Para ellos la situación es compleja ya que por una parte destacan como legado central el restablecimiento de la economía nacional, y por otra, ven con preocupación la pérdida de valores que enfrenta la sociedad nacional (consumismo, individualismo, pérdida de sentido de lo nacional, pérdida de lo colectivo). Ahora militares, empresarios del agro, pequeños agricultores, políticos más conservadores (en oposición a los más liberales), algunos sacerdotes, y otros actores establecen un implícito pacto por la defensa de la "chilenidad".

5. La discusión sobre el cambio en rol tradicional del Estado aparece como un tema central. Hasta comienzos de los setenta prevaleció un Estado central y planificador que fue reemplazado por un Estado mínimo o subsidiario en el período de Pinochet. Hoy asume una función ni controladora ni totalmente ausente, sino que reguladora; "en lugar de la antinomia entre el Estado omnipotente y libre mercado, la creciente diferenciación y complejidad de la sociedad chilena, ha obligado a desarrollar redes de negociación e intercambio, a través de las cuales el Estado acuerda con los actores sociales y políticos las reglas del juego". En efecto, el Estado viene a marcar la cancha de un proceso ya en curso y que ha sido motivado principalmente por los agentes económicos. Su intervención entonces se ve limitada a la de articulador de ciertas normas básicas para permitir el libre flujo de la economía.

6. En este contexto, la centralidad del mercado determina nuevas formas de interacción y encuentro social, así como el tipo de integración de Chile con la región. "La política, y en particular el Estado, ya no son la instancia de articulación social a la cual está acostumbrada la sociedad chilena (...) Así, tiene éxito la ofensiva neoliberal en Chile. En neoliberalismo fracasa como "modelo": no es factible hacer del mercado el principio constitutivo de la organización social. Sin embargo, el discurso neoliberal es exitoso en ofrecer el mercado como una instancia alternativa de coordinación de las relaciones sociales" (40).

El análisis del discurso de los actores frente al MERCOSUR refleja lo que Lechner destaca como la expansión del mercado hacia áreas no económicas tales como la privatización de las actitudes, expectativas y preferencias individuales. Al respecto, advertimos la fragmentación de los discursos, la persistencia de visiones individualistas por sobre las colectivas. El MERCOSUR es visto por los empresarios y los negociadores, más como "negocio" que como un proyecto de integración global. Se mira el acuerdo en términos de eficiencia y rentabilidad. Cada actor saca cuentas de los posibles perjuicios o beneficios de una particular medida. La inmediatez reduce las posibilidades de un análisis global. La poca claridad sobre el rol del Estado en este proceso, refleja precisamente esta situación.

Detrás de la fragmentación de los discursos queda al desnudo la ausencia del Estado gestor de un proyecto nacional. El proceso de integración, hemos dicho, ha sido guiado por criterios economicistas, sin embargo se advierte el pesar y la crítica por la falta de coherencia y coordinación que caracterizan este proceso. ¿Quién asume entonces, el desafío de articular y dar sentido a una integración fragmentada? Nos encontramos frente a una encrucijada, ya que el Estado aparece con grandes dificultades, debido precisamente al mantenimiento y profundización de su rol subsidiario, para enfrentar una labor de estas características.

7. Lo anterior nos lleva a sugerir que el inicio de un acercamiento de Chile con MERCOSUR dinamiza un debate que pudo pasar inadvertido en otros acuerdos. Si bien con Nafta, la Unión Europea o Asia Pacífico se podrían firmar muchos tratados, el impacto de la firma de acuerdos con los vecinos se hace más palpable y tiene efectos más directos sobre la sociedad en su conjunto. No es sólo una rebaja de aranceles, o el aumento de productos extranjeros en el país, se trata también de redes camineras, puertos, apertura de pasos, aumento del número de personas que transitan de un lado a otro, inversiones, etc. Si el efecto cuantitativo podría no ser demasiado, el cualitativo sí lo es. De ahí que es en torno a este tipo de acuerdos cuando se dinamizan estos debates entre la sociedad chilena.

¿Es entonces factible pensar en la relación Chile-MERCOSUR desde una óptica que transcienda lo meramente económico y que se aproxime al análisis de los cambios culturales que éste provoca? La respuesta es sí. Básicamente porque la relación Chile-MERCOSUR supera con creces la vinculación entre estados. Existen lazos económicos, culturales y sociales lo suficientemente fuertes como para seguir indagando en los cambios que aquella nueva situación está provocando. En el caso chileno, el acuerdo con MERCOSUR ha dinamizado un debate que dice relación con lo que queremos ser, con la forma en que queremos diferenciarnos o parecernos a nuestros vecinos. MERCOSUR ha puesto en agenda el tema de la identidad nacional.

Pero este debate se da en dos muy distintos niveles, a nivel de la elite y de la ciudadanía. En este trabajo esbozamos la percepción de la elite sobre el acuerdo y sus repercusiones en la identidad. Interesante sería por ejemplo investigar más sobre los espacios de interacción cotidiana, el grado de tolerancia frente al "otro", estudiar las percepciones de quienes mantienen relaciones con regiones vecinas, frente a aquellos que no las tienen. De interés resulta también analizar el fenómeno de las migraciones temporales y permanentes hacia y desde el MERCOSUR. Otro campo se refiere al impacto de los medios de comunicación en la formación de opinión pública. ¿Qué pasa con la información sobre los países que integran MERCOSUR? ¿Qué contenidos se difunden? ¿Se ha incrementado el espacio noticioso respecto de la región?

Este trabajo pretendió entregar un diagnóstico general acerca de los contenidos presentes en el discurso público sobre la asociación con MERCOSUR. El acento de lo económico y la carencia de contenidos socio-culturales y políticos en el debate abren más interrogantes que respuestas. Valdría la pena comprobar si se trata de un hecho particular o bien es una manifestación más de esta "cultura del mercado" que nos inunda y que nos hace privilegiar la esfera individual por sobre la pública.


Notas

1. Este artículo fue preparado en el ámbito del proyecto MOST "Mercosur : espacios de interacción, espacios de integración". Para informaciones más detalladas, consultar la Secretaría de MOST o la página www.unesco.org/most .

2. A modo de ejemplo, el número de periódicos, revistas y boletines se incrementó en un 70% entre 1990 y 1994. La cantidad de radios aumentó en un 100% entre 1991 y 1996. El turismo creció en 10 puntos entre 1991 y 1996. Compendio Estadístico, Instituto Nacional de Estadísticas, 1996.

3. Giddens, A. The consequences of modernity. Stanford University Press, Stanford, California. 1990 p.64

4. Vega, Juan E. "Signos y desgnios en la sociedad Latinoamericana" En: Imágenes desconocidas. La modernidad en la encrucijada postmoderna. CLACSO. 1998 pp. 25-31.

5. Hopenhayn, M. "El debate post-moderno y la dimensión cultural del desarrollo" En: Imágenes desconocidas. La modernidad en la encrucijada postmoderna CLACSO 1998 pp. 59-61.

6. Laclau, E and Mouffe, C. Hegemony and socialist strategy (London: Verso, 1985) p.115. citado por Jorge Larraín: "El post modernismo y el problema de la identidad" En rev. Persona y Sociedad, ILADES, abril 1996 pp. 57-76.

7. Jameson, Frederic "Postmodernismo y sociedad de consumo" En: La postmodernidad. Editorial Kairos, Barcelona, 1985.

8. Larraín Jorge "El post modernismo y el problema de la identidad" En Rev. Persona y Sociedad, ILADES, abril 1996 pp.57-76

9. Arenas, Nelly "Globalización e identidad en América Latina", en Nueva Sociedad, Caracas, Venezuela, N° 147, ene-feb, 1997.

10. Canclini, N. "Políticas culturales e integración norteamericana: Una perspectiva desde México" En: Culturas en globalización, América Latina, Europa, Estados Unidos: Librecomercio e integración. Ed. Nueva Sociedad, 1996, pp.13-40.

11. Desde distintos puntos de vista se ha analizado este fenómeno. Ver por ejemplo Augusto Varas: La seguridad hemisférica cooperativa de post-guerra fría. Area de Relaciones Internacionales y Militares, FLACSO-Chile, Santiago, 1994 y Ricardo French-Davis "Alcances económicos de la globalización. En: Nueva Sociedad, Caracas, ene-feb. 1997.

12. Bengoa, José. La comunidad perdida. Ensayos sobre identidad y cultura: Los desafíos de la modernización. Ed. Sur. Santiago, 1996.

13. Acuerdo de Complementación Económica Chile - Mercosur. Ministerio de Relaciones Exteriores. Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales. 25 de Junio de 1996.

14. Centro de Documentación, Flacso. El Mercurio 07-04-96.

15. Centro de Documentación, Flacso. El Mercurio 01-04-96.

16. Centro de Documentación, Flacso. La Epoca 02-06-96

17. Centro de Documentación, Flacso. La Epoca. 22-08-96

18. Centro de Documentación, Flacso. La Epoca. 18-12-96

19. Centro de Documentación, Flacso. La Epoca. 18-03-96

20. Centro de Documentación, Flacso. La Epoca. 24-04-96

21. Centro de Documentación, Flacso. El Mercurio 13-12-96

22. Centro de Documentación, Flacso. El Mercurio. 27-08-96

23. Centro de Documentación, Flacso. El Mercurio. 10-09-96

24. Instituto Libertad y Desarrollo. "Libre Comercio y Mercosur" En: Temas Públicos. 4 de abril, 1996

25. Entrevista a Jaime Alé. Gerente Asuntos Corporativos. Enersis. Santiago, 1997

26. Entrevista a William Diaz. Sociedad Nacional Agrícola S.N.A. Santiago, 1997.

27. ibidem

28. La Epoca, Domingo 04 de enero, 1998.

29. Resultados publicados en La Tercera, 21 de noviembre, 1997.

30. Entrevista a Hector Noguera. Actor y director de "Teatro el Camino". Santiago, 1997

31. Güel, Pedro "Historia cultural del programa de identidad". En: Rev. Persona y Sociedad. Ilades, 1996, pp. 9-28.

32. Ibidem, p.27

33. Steve Stern. Conferencia dictada en FLACSO-Chile sobre el tema de los derechos humanos en Chile, 12 de junio, 1997.

34. Tomás Mulián, Chile actual. Anatomía de un mito, Dolmen editores, Santiago, 1997.

35. Gutiérrez, Julio. "Los valores de la sociedad chilena: Una aproximación". En: Memorial del Ejército de Chile. N° 452, 1997 p.169

36. Entrevista a Raúl Aravena. Dirigente sindical, Confederación Nacional de Sindicatos Agrícolas Unidad Obrero Campesina. Santiago, 1997.

37. Citado por Sergio Gómez "Nuevas formas de integración y conflicto en el campo chileno" En: Chile 96. Análisis y Opiniones. FLACSO-Chile, 1997.

38. ibidem

39. ibidem, p.149

40. Ibidem, p.11.


Anexo 1: ANALISIS DE PRENSA

ETAPA 1 
(1° Abril al 24 de Junio, 1996)

Medio Comunicación Frecuencia Ejes Frecuencia
abs. % abs. %
El Mercurio 102 60.71 Económico 30 17.86
La Epoca 64 38.10 Político 39 23.21
La Segunda 1 0.60 Social 2 1.19
Qué Pasa 1 0.60 Estratégico 4 2.38
La Nación 0 0.00 Cultural 0 0.00
Estrategia 0 0.00 Económico-Político 20 11.90
Económico-Social 10 5.95
Económico-Estratégico 0 0.00
Frecuencia Técnico 54 32.14
Temas abs. % Político-Social 1 0.60
Conflicto Agricultura 13 7.43 Político-Estratégico 1 0.60
Resolución Conflicto Agricultura 0 0.00 Social-Estratégico 1 0.60
Acercamientos en Agricultura 14 8.00 Social-Cultural 0 0.00
Mercosur: benef. grales. Chile 7 4.00 Económico-Técnico 1 0.60
Mercosur: benef. sectoriales Chile 11 6.29 Económico-Polít.-Social 1 0.60
Mercosur: desvent. grales. Chile 7 4.00 Econ.-Polít.-Estratégico 0 0.00
Mercosur: desvent. sect. Chile 3 1.71 Político-Técnico 3 1.79
Mercosur: oposiciones nacionales 4 2.29 Social-Técnico 1 0.60
Mercosur: noticias países miemb. 7 4.00
Mercosur: noticias relac. con Chile 6 3.43
Particip. chilena en Cumbres  0 0.00
Problemas en la integración 0 0.00
Resolución problemas integración 1 0.57
Apoyo nacional al Acuerdo 7 4.00
Interés externo hacia Mercosur 7 4.00
Debate Parlamentario 14 8.00
Firma del Acuerdo 19 10.86
Conflictos Chile-otros países 4 2.29
Acercamientos Chile-otros países 4 2.29
Indicadores económicos nacionales 6 3.43
Definición términos del Acuerdo 17 9.71
Desacuerdos sobre términos 16 9.14
Proyecciones sobre Acuerdo 1 0.57
Apoyo condicional al Acuerdo 4 2.29
Críticas del exterior hacia Mercosur 1 0.57
Otros 1 0.57
Actores Frecuencia
abs. %
Presidente República 2 1.09
Ministros 28 15.22
Senadores Concertación 0 0.00
Senadores Oposición 1 0.54
Diputados 0 0.00
Canciller 27 14.67
Gobiernos locales 3 1.63
P.P. UDI (derecha) 4 2.17
P.P. RN (derecha) 10 5.43
P.P. DC (gobierno) 3 1.63
P.P. PS, PPD, PR (gob.) 2 1.09
Dirigentes Sindicales 3 1.63
Dirigentes Gremiales Agr. 13 7.07
Dirigentes Gremiales Ind. 10 5.43
Gobiernos Mercosur 23 12.50
Expertos 15 8.15
No identificados 21 11.41
Gobiernos No Mercosur 5 2.72
Parlamentarios 1 0.54
Comis. Mixtas Congreso 7 3.80
Org. Mixtas nacionales 3 1.63
Org. Mixtas internac. 3 1.63
Dirigentes Grem. Internac. 0 0.00
 

 
ETAPA 2   

(24 de Junio al 1° de Octubre, 1996)

Medio Comunicación Frecuencia Ejes Frecuencia
abs. % abs. %
El Mercurio 96 54.55 Económico 59 33.52
La Epoca 79 44.89 Político 52 29.55
La Segunda 0 0.00 Social 13 7.39
Qué Pasa 0 0.00 Estratégico 3 1.70
La Nación 1 0.57 Cultural 0 0.00
Estrategia 0 0.00 Económico-Político 21 11.93
Económico-Social 14 7.95
Económico-Estratégico 1 0.57
Técnico 6 3.41
Político-Social 0 0.00
Frecuencia Político-Estratégico 0 0.00
Temas abs. % Social-Estratégico 0 0.00
Conflicto Agricultura 12 6.09 Social-Cultural 0 0.00
Resolución Conflicto Agricultura 3 1.52 Económico-Técnico 1 0.57
Acercamientos en Agricultura 9 4.57 Económico-Polít.-Social 3 1.70
Mercosur: benef. grales. Chile 5 2.54 Econ.-Polít.-Estratégico. 1 0.57
Mercosur: benef. sectoriales Chile 20 10.15 Político-Técnico 2 1.14
Mercosur: desvent. grales. Chile 2 1.02 Social-Técnico 0 0.00
Mercosur: desvent. sect. Chile 11 5.58
Mercosur: oposiciones nacionales 3 1.52
Mercosur: noticias países miemb. 0 0.00
Mercosur: noticias relac. con Chile 30 15.23
Particip. chilena en Cumbres  0 0.00
Problemas en la integración 0 0.00
Resolución problemas integración 0 0.00
Apoyo nacional al Acuerdo 14 7.11
Interés externo hacia Mercosur 7 3.55
Debate Parlamentario 27 13.71
Firma del Acuerdo 1 0.51
Conflictos Chile-otros países 2 1.02
Acercamientos Chile-otros países 8 4.06
Indicadores económicos nacionales 10 5.08
Definición términos del Acuerdo 4 2.03
Desacuerdos sobre términos 1 0.51
Proyecciones sobre Acuerdo 14 7.11
Apoyo condicional al Acuerdo 13 6.60
Críticas del exterior hacia Mercosur 0 0.00
Otros 1 0.51
Actores Frecuencia
abs. %
Presidente República 5 2.73
Ministros 22 12.02
Senadores Concertación 5 2.73
Senadores Oposición 4 2.19
Diputados 4 2.19
Canciller 22 12.02
Gobiernos locales 2 1.09
P.P. UDI (derecha) 3 1.64
P.P. RN (derecha) 3 1.64
P.P. DC (gobierno) 0 0.00
P.P. PS, PPD, PR (gob.) 3 1.64
Dirigentes Sindicales 2 1.09
Dirigentes Gremiales Agr. 13 7.10
Dirigentes Gremiales Ind. 13 7.10
Gobiernos Mercosur 17 9.29
Expertos 23 12.57
No identificados 23 12.57
Gobiernos No Mercosur 4 2.19
Parlamentarios 1 0.55
Comis. Mixtas Congreso 3 1.64
Org. Mixtas nacionales 4 2.19
Org. Mixtas internac. 0 0.00
Dirigentes Grem. Internac. 7 3.83
 

 

 
ETAPA 3 (1° de Octubre, 1996 al 30 de Abril, 1997)
Medio Comunicación Frecuencia Ejes Frecuencia
abs. % abs. %
El Mercurio 66 56.90 Económico 26 22.41
La Epoca 48 41.38 Político 47 40.52
La Segunda 0 0.00 Social 6 5.17
Qué Pasa 0 0.00 Estratégico 5 4.31
La Nación 1 0.86 Cultural 1 0.86
Estrategia 1 0.86 Económico-Político 16 13.79
Económico-Social 3 2.59
Económico-Estratégico 0 0.00
Técnico 9 7.76
Frecuencia Político-Social 1 0.86
Temas abs. % Político-Estratégico 0 0.00
Conflicto Agricultura 0 0.00 Social-Estratégico 0 0.00
Resolución Conflicto Agricultura 2 1.61 Social-Cultural 2 1.72
Acercamientos en Agricultura 1 0.81 Económico-Técnico 0 0.00
Mercosur: benef. grales. Chile 0 0.00 Económico-Polít.-Social 0 0.00
Mercosur: benef. sectoriales Chile 6 4.84 Econ.-Polít.-Estratégico 0 0.00
Mercosur: desvent. grales. Chile 0 0.00 Político-Técnico 0 0.00
Mercosur: desvent. sect. Chile 1 0.81 Social-Técnico 0 0.00
Mercosur: oposiciones nacionales 0 0.00
Mercosur: noticias países miemb. 10 8.06
Mercosur: noticias relac. con Chile 25 20.16
Particip. chilena en Cumbres  5 4.03
Problemas en la integración 16 12.90
Resolución problemas integración 19 15.32
Apoyo nacional al Acuerdo 0 0.00
Interés externo hacia Mercosur 17 13.71
Debate Parlamentario 0 0.00
Firma del Acuerdo 0 0.00
Conflictos Chile-otros países 1 0.81
Acercamientos Chile-otros países 3 2.42
Indicadores económicos nacionales 4 3.23
Definición términos del Acuerdo 0 0.00
Desacuerdos sobre términos 0 0.00
Proyecciones sobre Acuerdo 5 4.03
Apoyo condicional al Acuerdo 4 3.23
Críticas del exterior hacia Mercosur 2 1.61
Otros 3 2.42
 

 
Actores Frecuencia
abs. %
Presidente República 2 1.72
Ministros 12 10.34
Senadores Concertación 0 0.00
Senadores Oposición 1 0.86
Diputados 0 0.00
Canciller 14 12.07
Gobiernos locales 4 3.45
P.P. UDI (derecha) 0 0.00
P.P. RN (derecha) 0 0.00
P.P. DC (gobierno) 0 0.00
P.P. PS, PPD, PR (gob.) 0 0.00
Dirigentes Sindicales 0 0.00
Dirigentes Gremiales Agr. 1 0.86
Dirigentes Gremiales Ind. 3 2.59
Gobiernos Mercosur 30 25.86
Expertos 7 6.03
No identificados 23 19.83
Gobiernos No Mercosur 8 6.90
Parlamentarios 0 0.00
Comis. Mixtas Congreso 1 0.86
Org. Mixtas nacionales 0 0.00
Org. Mixtas internac. 2 1.72
Dirigentes Grem. Internac. 8 6.90


ANEXO 2: Información económica Chile-MERCOSUR
Intercambio Comercial de Chile con los Países del MERCOSUR: 1990-1995
(Cifras en miles de dólares)

País Período Exportaciones Importaciones Balanza Intercambio
Comercial Comercial
Argentina 1990 113.515 503.098 -389.583 616.613
1991 257.417 553.790 -296.373 811.207
1992 461.557 633.603 -172.046 1.095.160
1993 588.965 580.855 8.110 1.169.820
1994 637.100 954.736 -317.636 1.591.836
1995 585.611 1.384.524 -798.913 1.970.135
Brasil 1990 487.431 564.182 -76.751 1.051.613
1991 447.622 697.560 -249.938 1.145.182
1992 450.944 996.158 -545.214 1.447.102
1993 407.080 1.060.207 -653.127 1.467.287
1994 604.669 999.777 -395.108 1.604.446
1995 1.056.808 1.194.691 -137.883 2.251.499
Paraguay 1990 24.014 40.373 -16.359 64.387
1991 37.838 59.434 -21.596 97.272
1992 42.627 61.378 -18.706 104.050
1993 48.579 68.107 -19.528 116.686
1994 57.628 55.593 2.035 113.221
1995 75.965 57.997 17.968 133.962
Uruguay 1990 27.061 16.273 10.788 43.334
1991 27.106 20.966 6.140 48.072
1992 35.302 49.312 -14.010 84.614
1993 44.571 51.782 -7.211 96.353
1994 52.927 43.994 8.933 96.921
1995 56.295 39.941 16.354 96.236
Total 1990 652.021 1.123.926 -471.905 1.775.947
MERCOSUR 1991 769.983 1.331.750 -561.767 2.101.733
1992 990.475 1.740.451 -749.976 2.730.926
1993 1.089.195 1.760.951 -671.756 2.850.146
1994 1.352.324 2.054.100 -701.776 3.406.424
1995 1.774.679 2.677.153 -902.474 4.451.832


Los autores

Carolina Stefoni es socióloga de la Universidad Católica de Chile y actualmente se desempeña como investigadora asociada de FLACSO-Chile. Claudio Fuentes profesor-investigador de FLACSO-Chile y actualmente realiza estudios de doctorado en el departamento de Ciencias politicas de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, Estados Unidos. Ambos son miembros de la red MOST "Mercosur : espacios de interacción, espacios de integración".


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