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  Gestión de las Transformaciones Sociales - MOST

Documentos de debate - No. 24

GÉNERO Y NACIÓN EN EL MERCOSUR:
Notas para comenzar a pensar (1)

Elizabeth Jelin, Teresa Valdés & Line Bareiro (2)

Indice


Una de las transformaciones actuales más significativas en el Cono Sur de América Latina es el lanzamiento del MERCOSUR (Mercado Común del Sur), iniciativa de integración regional que incluye como socios plenos a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, en asociación con Chile y Bolivia a través de tratados de libre comercio. Los cuatro países firmaron un acuerdo en marzo de 1991, aunque Brasil y Argentina ya estaban comprometidos en un programa bilateral de cooperación e integración desde 1985. Los acuerdos de libre comercio con Chile y Bolivia fueron firmados en 1995 y 1996. (3) El proceso de negociación progresa aceleradamente y los resultados superan las previsiones. Al respecto, después de analizar los principales indicadores, Ferrer señala "que el Mercosur es mucho más que un fenómeno comercial o de inversiones. Se trata de un fenómeno histórico, cultural y político, de vasto alcance en el escenario latinoamericano e internacional" (Ferrer, 1996, p. 565).

La negociación de la "integración" es un proceso "de cúpula", con espacios limitados a la participación de funcionarios estatales, empresarios y sindicatos. Pero el proceso tiene efectos importantes en otras esferas de la vida social y cultural de la región. El objetivo de este trabajo es exploratorio. Se trata de indagar cómo incorporar una perspectiva de género en el análisis de estos procesos sociales y culturales. El punto de partida es claro: no hay una manera única o automática de hacerlo. De ahí que haya que revisar distintas perspectivas y abordajes posibles, o explorar algunos temas que, hasta ahora, han estado ausentes o invisibles, para llegar a plantear algunas preguntas de investigación prometedoras. Para qué hacerlo? El desafío académico se combina con el desafío y la urgencia política. En muchos campos de acción pública y política, los procesos de construcción institucional se han desarrollado sin prestar atención a las diferencias y desigualdades de género. Las mujeres, entonces, llegamos "tarde", a espacios y estructuras institucionales ya consolidados. La lucha por penetrar y conquistar esos espacios se hace muy difícil. Quizás, si la perspectiva de género es incorporada en las etapas iniciales de la construcción del MERCOSUR, la tarea sea más sencilla.
 

El contexto: el proceso del MERCOSUR

Formalmente, la estructura del MERCOSUR incluye un nivel de instancias institucionales intergubernamentales con capacidad decisoria (el Consejo del Mercado Común, el Grupo Mercado Común y sus Subgrupos de Trabajo, la Comisión de Comercio del Mercosur). También se desarrollaron instancias parlamentarias (la Comisión Parlamentaria Conjunta, órgano representativo de los Parlamentos de los países) y un Foro Consultivo Económico-Social (órgano consultivo con participación de sectores económicos y sociales de los países). Este espacio del Foro, que se constituyó en 1996, es el único lugar donde existe la posibilidad de participación de organizaciones de la sociedad civil. En un comienzo, la participación estuvo concentrada en representaciones de centrales empresarias y sindicales, a las que en Argentina y Brasil se agregaba la participación de organizaciones de consumidores. Otras instancias de la sociedad, especialmente en Uruguay y en menor medida en Brasil, están "golpeando" las puertas del Foro para reclamar su inclusión. Así, en setiembre de 1997 fue aprobada la incorporación de una organización de cooperativistas y una de universitarios de Uruguay entre los participantes del Foro, y estaban pendientes las solicitudes de dos asociaciones de organismos no gubernamentales (de Brasil y Uruguay).

Las tensiones y conflictos en el plano de la negociación de la institucionalidad formal son permanentes, y no podía ser de otra manera. En principio, hay dos ejes de tensión. Por un lado, quienes están instalados en el poder tienen dificultades en compartirlo con otros y especialmente con otras. Los grupos empresariales, por ejemplo, pueden resentir y cuestionar la incorporación de otras organizaciones y representantes de la sociedad civil en el Foro. Por otro lado, en tanto el MERCOSUR está definido a partir de cuatro (o seis) estados-naciones, afloran las rivalidades y tensiones entre identidades nacionales. En estos puntos, no todo es como lo presenta y describe el discurso oficial y el de muchos observadores, discurso que tiende a reafirmar la hermandad eterna y "esencial" entre los pueblos (Grimson, 1997). Más bien, imbricado en los temas explícitos de negociación hay otro nivel de significados, que hace referencia a dimensiones culturales y subjetivas de los procesos de integración. Aunque no se habla de esto, los estilos de liderazgo, las culturas empresariales, los estereotipos acerca de los otros, las rivalidades y desconfianzas, constituyen el marco dentro del cual las negociaciones se desarrollan, y pueden llegar a interferir y dificultar (o facilitar) los acuerdos. Hay acuerdos y desacuerdos, conflictos de intereses explícitos y choques de culturas, a menudo implícitos. (4)

Como ya se dijo más arriba, en el plano formal, el eje del proceso de "integración" está en las negociaciones económicas y comerciales entre los sectores de los países --el sector automotriz es posiblemente donde se concentran los mayores esfuerzos de negociación sectorial. Pero el proceso de "integración" ha generado también un enorme número de reuniones del más diverso tipo. Hay reuniones políticas, especialmente en los encuentros periódicos de los presidentes de los países, encuentros con gran cobertura de prensa en los cuales se reitera una y otra vez un discurso integrador, basado en la "hermandad" y el destino común de los pueblos. Hay reuniones y grupos intergubernamentales para negociar y acordar temas tales como las credenciales educativas, acuerdos sobre seguridad social y políticas de promoción del empleo, proyectos y programas de políticas culturales, etc.

Por otro lado, la enorme actividad ligada a la negociación formal por la integración provoca una activación importante de actores sociales tradicionalmente ajenos o excluidos de estas negociaciones. De hecho, toda la agenda de los contactos e intercambios culturales y sociales de la región está en proceso de revisión, y se está convirtiendo en tema de observación, de reflexión, de análisis y de acción.

Hay que recordar aquí que el camino hacia la integración regional en el MERCOSUR está recién en su etapa inicial en lo que hace a acuerdos gubernamentales, pero los vínculos entre las sociedades y los estados tienen hondas raíces históricas: tanto en términos sociales como culturales, las fronteras entre países han sido muy porosas, traspasadas permanentemente por corrientes migratorias (sea por razones económicas o por exilios políticos), por intercambios culturales de diverso tipo y por el turismo. Para ciertas actividades culturales, especialmente para la música pero también para alguna producción mediática, las fronteras prácticamente no existen. Las fronteras también han sido porosas para mantener los vínculos entre organismos militares y de seguridad, como quedó claramente demostrado en la perversa y horrenda experiencia de coordinación del terrorismo de estado durante las dictaduras de los setenta.

Además, hay un espacio donde la interacción es un modo de vida cotidiano: las áreas fronterizas. En esas áreas, las experiencias socioeconómicas y culturales son y han sido compartidas a lo largo de la historia, generando matrices regionales de complementariedad y conflicto, en las que se superponen estructuras sociales, económicas y culturales. En este sentido, las fronteras requieren atención especial. Simultáneamente marcan lo que une y lo que separa. Aunque a menudo las fronteras geográficas entre países han sido zonas militarizadas ancladas en políticas de estado que construyen la amenaza de la invasión externa y el desafío a la seguridad nacional, el flujo y la interacción entre gente de diferentes nacionalidades nunca se detuvo. En la interacción cotidiana, los límites son atravesados permanentemente por hombres y mujeres, por mensajes y por bienes de muy diverso tipo.

En el área del MERCOSUR, hay diferentes tipos de fronteras, en diferentes escalas. Por ejemplo, desde la época colonial Uruguay se vio a sí mismo como un territorio de frontera entre Brasil y Argentina, como la puerta de entrada a la Cuenca del Plata, articulando al mismo tiempo los vínculos con Río Grande do Sul. Una situación diferente es la del Alto Paraná (frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil). Allí, las misiones jesuíticas de la época colonial, la extracción forestal, la colonización agraria, la creación de proyectos agroindustriales, forestales e hidroeléctricos han contribuido a las densas redes de relaciones interpersonales, comerciales y de parentesco, oficiales y extraoficiales, que constituyen culturas de las fronteras, permitiendo a sus habitantes articular sus vidas en más de un estado-nación. Las fronteras son también espacios de conflicto, de estigmatizaciones y de producción de nacionalismos. Como señala Abínzano, "Paradójicamente, fue en las fronteras donde más se insistió en la aplicación práctica de la filosofía de la geopolítica dura, de la desconfianza y la hostilidad, y donde se dan las mejores condiciones para pensar en una integración de aspectos múltiples" (Abínzano, 1993, p. 76). En esa zona, hay una convergencia entre movimientos sociales argentinos, paraguayos y brasileños (especialmente campesinos) que enfocan la región como una unidad, y empujan las "fronteras" al interior de cada uno de los países. También existe una experiencia interesante de intercambios académicos a través de una red de universidades que promueve encuentros y diálogos.

Desde el espacio de la sociedad en su conjunto, se puede sentir el impacto y las consecuencias de las decisiones tomadas en el plano formal y de las prácticas culturales y sociales cotidianas. Los grupos sociales pueden ajustarse y adaptarse a las nuevas circunstancias y condiciones, pero no se constituyen en actores sociales explícitamente incluidos en el proceso, excepto, con carácter consultivo, los empresarios y centrales sindicales en las negociaciones económicas. Sin embargo, aunque no aparezcan de entrada en los titulares de los noticiosos y en las tapas de diarios, hay varios escenarios y protagonistas múltiples de estos procesos. Muchos actores y fuerzas sociales están incorporando el nivel regional en su accionar: las comunidades científicas y universitarias, los movimientos sociales (el feminismo, el ambientalismo, el indigenismo, el movimiento de derechos humanos, etc.), las organizaciones no gubernamentales de diverso cuño (desde las que promueven una ciudadanía activa hasta las federaciones de organizaciones de base o las que promueven microemprendimientos), las comunidades artísticas. Los periodistas y los medios de comunicación tienden, aunque con dificultades, a incorporar el nivel regional en su agenda, produciendo información acerca de lo que ocurre y proponiendo diversas interpretaciones del proceso mismo (Grimson, 1998). La programación ficcional de la televisión, que incluye películas y telenovelas, puede llegar a ser una fuerza crucial en la formación de imágenes y concepciones sobre "nosotros" y los "otros".

De hecho, las diversas lógicas de la interacción y la negociación coexisten en todas las esferas. Identidades, confianza y sentidos, al igual que consideraciones de poder, están presentes cuando se negocian acuerdos en la industria automotriz; hay intereses presentes cuando se acuerdan intercambios culturales. Los intercambios sociales, las redes culturales y los significados subjetivos pueden terminar afectando los resultados, facilitando o interfiriendo en las negociaciones, al tiempo que tienen un espacio propio y autónomo en el proceso de interacción y de (eventual) integración.

Es en este contexto dinámico y muy fluido de actividades y procesos, que planteamos las preguntas sobre la dimensión de género, que corta transversalmente los distintos escenarios y actores.
 

Abordajes para el análisis de género

Hay varias maneras de acercarse al ámbito regional con una perspectiva de género. Muchas veces se piensa al MERCOSUR (o a cualquier ámbito supra-nacional) como unidad, y lo que interesa es analizar alguna condición o situación en esa unidad. Se trataría entonces de presentar a la región como sumatoria de las sociedades de los diversos países que la componen, con el objetivo de contrastar esta situación con la de otras regiones. Esta es la manera habitual de presentación de datos en informes regionales e internacionales: América Latina –con el Caribe angloparlante incorporado o separado—es contrastada con África, Europa, el Medio Oriente, y otras regiones del mundo. Podríamos entonces, por ejemplo, mirar la desigualdad de género (en educación, empleo, salud, o cualquier otra variable) en el MERCOSUR en comparación con otras unidades regionales. La situación de las mujeres en el MERCOSUR, o la desigualdad de género en distintos ámbitos (educación, salud, mercado de trabajo, participación política, etc.), podría ser encarada desde esta primera perspectiva "sumaria".

Un segundo enfoque, el análisis comparativo interno, consiste en la comparación sistemática entre los países de la región para detectar diferencias y similitudes, sea en la desigualdad de género o en las estructuras e instituciones sociales y en los patrones culturales que la sostienen. Este análisis comparativo tiene su importancia, ya que los procesos de negociación de la integración parten de realidades nacionales y locales muy diversas, y no tienen (o mejor dicho, no debieran tener) como objetivo la igualación u homogeneización cultural. No sólo estamos frente a países diferentes; también hay una gran diversidad dentro de cada uno. En realidad, uno de los grandes riesgos al hablar de interacción e integración es comprenderlas como una integración entre naciones homogéneas, que irá en camino de una homogeneización global.

Sin embargo, en la medida en que el proceso de integración plantea objetivos mínimos comunes –y la no discriminación e igualdad de género son sin ninguna duda (o debieran ser) algunos de ellos-- estudiar comparativamente la situación de las mujeres en los distintos países se convierte en una necesidad para la formulación de políticas anti-discriminatorias comunes. Obviamente, las unidades nacionales no son suficientes, y se requieren análisis y diagnósticos más sutiles, basados en datos más desagregados, en términos espaciales o geográficos y en términos de categorías sociales pertinentes (clase social, etnicidad, edad, etc.).

Estas dos modalidades de análisis ya forman parte de una larga tradición de estudios de género en América Latina. El análisis presentado en Mujeres latinoamericanas en cifras. Volumen comparativo (Valdés et al., 1995) es, en este sentido, un esfuerzo comprehensivo de "mapear" los temas de desigualdad de condiciones y oportunidades en la región. Esfuerzos de este tipo todavía no han sido realizados específicamente para los países del MERCOSUR, tarea que deberá ser realizada como base para negociaciones y debates sobre la desigualdad. Sin duda, los temas de la igualdad de género y de oportunidades son importantes en los diversos niveles de la realidad social sobre las que trabajamos: en el nivel local, en el nivel nacional y ahora en el nivel regional.

Hay otro enfoque o perspectiva para el análisis de la dimensión de género en el MERCOSUR, que implica anclar el estudio en el propio proceso de interacción y diálogo. Es a él al que nos vamos a dedicar en el resto de este trabajo.

El estudio de la interacción y el diálogo implica varias miradas complementarias. Por un lado, cabe preguntarse sobre cómo y de qué manera la dimensión de género se manifiesta en la constitución de los escenarios de negociación, en la presencia (y ausencia) de actores, en los temas y las agendas. Indicaciones iniciales muestran que la negociación (especialmente la formal) del MERCOSUR se está haciendo de la misma manera y con una institucionalidad similar a la que viene gobernando la política y la economía de los países. Si esto es así, da pie a un bien fundado temor: que los temas de desigualdad de género estén ausentes y las mujeres como protagonistas se vean postergadas y "lleguen tarde" a los espacios y las mesas –especialmente cuando se trata de actores representantes de los estados (ministros de algún área de los países negociando acuerdos) o actores corporativos de la economía (representantes empresariales y/o sindicales). En este caso, "llegar tarde" significa que las reglas de la negociación y los criterios de representación –o sea la institucionalidad del proceso— están ya definidos de maneras "tradicionales" que excluyen y marginan a las mujeres. Será sólo a través de la demanda y la protesta de un movimiento social que se podrá lograr la transformación del escenario y de las reglas de juego. Por lo tanto, cuanto antes se llegue, más factible será participar en el propio proceso de formulación de las normas. De ahí la urgencia de observar y analizar el proceso de conformación de los diálogos y la normatividad institucional del MERCOSUR con una perspectiva crítica que alerte frente a exclusiones y silencios.

Por otro lado, el eje de indagación se puede orientar a estudiar el impacto de la presencia real y simbólica del MERCOSUR en la dinámica de la interacción entre actores sociales y movimientos preexistentes. La dinámica de esta interacción –sea cuando el movimiento de mujeres elabora una plataforma común o cuando los expertos en derecho internacional discuten y proponen criterios comunes para el medio ambiente-- seguramente se ve afectada por el hecho de que el proceso MERCOSUR se define como proceso de "integración" de países o naciones. Más específicamente, cabe preguntar qué efecto tiene esta nueva visibilidad de las naciones en los acuerdos, consensos, dificultades y diferencias en los procesos de diálogo e interacción.

En términos conceptuales, si estamos hablando del proceso MERCOSUR, las nacionalidades y los nacionalismos, las instituciones nacionales y las identificaciones nacionales, tienen un papel protagónico. En las mesas de diálogo y negociación de TODO tipo, cuando el contexto es MERCOSUR, los actores se definen en términos de nacionalidad. La nacionalidad legitima la presencia, y se convierte en visible y saliente. Así, es notorio el hecho de que cuando hay un encuentro sindical o académico en el marco del MERCOSUR, la nacionalidad de los participantes se vuelve un dato y una preocupación: están bien representados todos los países? cómo mantener el equilibrio? Antes, o en contextos que no están definidos en términos de MERCOSUR, estas preguntas no eran tan comunes.

Si esto es así, cabe plantear una hipótesis compleja, que deberá ser indagada en distintos contextos: el "efecto MERCOSUR" es paradojal. En un nivel, pensar en la "integración" regional implica, si no la disolución de las fronteras, el reconocimiento de un plano de unidad en la diversidad. En otro nivel, la nacionalidad y la identidad nacional no sólo está presente sino que se refuerza en los diálogos y en las negociaciones regionales. Al mismo tiempo que se intenta producir un nuevo "nosotros" colectivo y de alcance regional, se reafirman las identificaciones "parciales", nacionales, que resaltan las diferenciaciones entre un yo/nosotros y los "otros" –en este caso, nacionales de otros países. Cabe preguntar entonces cómo se hace manifiesta esta saliencia de la nacionalidad en la conformación de lo/as actore/as colectivo/as y en los movimientos de mujeres. Y, en tanto el proceso de diálogo e integración se desarrolla a lo largo del tiempo, preguntarse acerca de las transformaciones en las identificaciones nacionales en lo/as actore/as colectivo/as.

La hipótesis u orientación que guía esta indagación es que a partir de un movimiento de mujeres latinoamericano, donde el punto de identificación entre las actoras era el compromiso ideológico con la condición de las mujeres, se pasa a una mayor diversidad y diferenciación dentro del colectivo de mujeres, diferenciación basada en criterios de edad, etnia, opción sexual, compromiso ideológico o campo profesional. En este proceso, en la medida en que el diálogo y la negociación de la integración regional se hace desde actoras definidas por identidades nacionales, este criterio de diferenciación y rivalidad se vuelve más saliente. Es muy probable que en la medida en que el proceso continúe en el tiempo, las identificaciones nacionales dejen de tener la saliencia de esta etapa y entren en nuevas y complejas relaciones con otros criterios de formación de identidades colectivas y de alianzas sociales.

La preocupación por la relación entre género y nación en el proceso MERCOSUR parte de la constatación de que la dimensión de género está ausente en el plano de las negociaciones regionales, y muy poco presente en las investigaciones en curso sobre las negociaciones y la institucionalidad en el MERCOSUR. Una agenda de investigación debiera estudiar las condiciones en que, en la multiplicidad de agendas y mesas negociadoras, se genera una presencia de la dimensión de género, desde qué actora/es, con qué poder. Y dentro del movimiento de mujeres (que obviamente se define en términos de género), la pregunta complementaria es cómo actúa y qué impacto tiene la diferenciación nacional en su accionar en distintos escenarios. De ahí la importancia de detectar los espacios donde hay convergencias o divergencias (en la relación género-nación) en las agendas de actore/as y movimientos sociales y un conocimiento más profundo sobre los mecanismos de diálogo y negociación.
 

Algunas ideas y precisiones conceptuales sobre la identidad nacional, el "nosotros" y los "otros"

La historia de la humanidad es la de la sucesión de relaciones sociales y políticas entre sociedades y culturas. Hay guerras y luchas por dominar a otros; hay momentos de mutua comprensión, creatividad y enriquecimiento a través del contacto cultural. De hecho, se puede ver como la historia de diversas respuestas a la pregunta, "¿cómo se comportan los grupos sociales hacia otros que no pertenecen a la misma comunidad? ( y ¿cómo deberían comportarse?)". Esta preguntas se pueden hacer desde el plano interpersonal hasta el plano de los contactos internacionales e interculturales.

En todos los casos, hay un "yo" y un "otro/a", un "nosotra/os" y un "ello/as", una clasificación del mundo en dos categorías de personas. Esta distinción básica permea la vida "normal". Sin embargo, no hay nada en la naturaleza biológica de la humanidad que ubique a las personas o grupos en tales categorías diferenciadas. Los pueblos y las culturas definen y construyen esos "nosotros" y esos "otros" como parte de sus procesos históricos. Es bien sabido que lógicamente es imposible establecer un principio de identidad sin al mismo tiempo establecer un principio de diferencia. Pero quiénes están de un lado de la línea o del otro, y cuál es la actitud frente a esos otros, es variable y depende de circunstancias y contingencias históricas.

En el escenario internacional contemporáneo, resulta urgente comprender las relaciones con los "otros". Los procesos de globalización en curso crean oportunidades para el contacto cultural y la creatividad. Al mismo tiempo, se crean nuevas formas de intolerancia. El racismo y la xenofobia, las guerras étnicas, el prejuicio y el estigma, la segregación y la discriminación basadas en nacionalidad, raza, etnicidad, género, edad, clase, condición física, son fenómenos muy extendidos y llevan a niveles de violencia muy altos. Todos ellos constituyen casos de no reconocer a los otros como seres humanos plenos, con los mismos derechos que los propios. Son casos en que la diferencia genera intolerancia, odio, y la urgencia de aniquilar al otro. Sin embargo, esas mismas diferencias, puestas en un contexto de tolerancia y apertura, de responsabilidad y cuidado hacia el otro, ofrecen la oportunidad de explorar nuevos horizontes y enriquecer las experiencias vitales.

Históricamente, la esclavización sistemática y la dominación estuvieron basadas en ideologías de la superioridad racial o cultural. Las así llamadas razas o pueblos "inferiores" podían ser eliminadas (como en la "solución final" Nazi) o podían ser sometidas bajo condición de que sirvieran a sus superiores. Sólo gradualmente (y no de manera universal), se ha ido generando una visión de la igualdad básica de la humanidad, codificada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Proclamada en el contexto de la postguerra, la Declaración representó un intento de prevenir nuevos horrores, más que una expresión de consenso universal. Esto está explícito en las Consideraciones de la Declaración: "Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad..."

El reconocimiento y la identificación de los derechos humanos universales no implican la uniformidad y homogeneidad de la humanidad. El derecho de las colectividades e individuos a elegir su propio modo de vida, es decir, el reconocimiento del derecho a la diferencia, es parte del paquete de los derechos humanos. Pero, ¿no son éstos contradictorios? ¿Cómo puede la universalidad de los derechos coexistir con el pluralismo cultural, de género, de grupos, que expresan su diversidad? ¿Cómo conciliar o convivir con estas contradicciones y tensiones?

Estas cuestiones generales han sido, y siguen siendo, el núcleo del debate y de luchas sociales concretas acerca de la definición de la ciudadanía dentro de estados-naciones, acerca de los derechos colectivos de las minorías, acerca de los derechos de los migrantes y acerca del multiculturalismo. Las posiciones cubren el espectro total, desde el relativismo cultural extremo (para el cual "todo vale" y no es posible juzgar o evaluar) hasta la búsqueda de raíces biológicas universales del comportamiento humano basada en supuestos criterios "científicos" de la humanidad, posición que en última instancia produce jerarquías y promueven la exclusión. En este debate, la propia noción de etnocentrismo debe ser reanalizada, no sólo como concepto analítico sino en sus implicancias políticas y morales (entre otros, Geertz, 1984; Rorty, 1986; Todorov, 1991; Benhabib, 1996).

Los procesos de negociación regional y los intentos de construir acuerdos supranacionales generan mayores controversias y tensiones en estas cuestiones. La tendencia a la transnacionalización económica, política y cultural implica cambios irreversibles en conceptos y unidades de análisis y de gestión, fundamentalmente en el estado-nación. En efecto, el estado-nación se fue construyendo durante los últimos dos siglos como foco "natural" de la lealtad y solidaridad de los ciudadanos, como unidad "natural" del poder autónomo y de la soberanía.

Esta naturalidad simbólica no contradice el hecho de que las comunidades e identidades nacionales son construcciones históricas, contingentes e "imaginadas". Pero a lo largo de su historia, desarrollan estados y estructuras institucionales que se erigen como autoridad para ejercer el poder y la violencia legítima, con impactos concretos en la vida cotidiana de sus habitantes. Ese proceso de conformación de los estados nacionales implica también un proceso de institucionalización de límites y fronteras con otros estados. Esto implica que las identidades nacionales adquieren significados en contraste con otras naciones, en una dinámica que involucra siempre a las fronteras, sean éstas las políticas o las simbólicas.

En la actualidad, la centralidad del estado-nación está fuertemente cuestionada: los límites internacionales del estado son permeables a la globalización de la producción, el comercio, la cultura, las finanzas, de lo cual resulta una pérdida de control de los estados sobre sus destinos. Al mismo tiempo y de manera intencional, la soberanía de los estados se ve comprometida por los cambios en los patrones de alianzas y federaciones regionales. (5) Además, en el nivel sub-nacional, el estado se ve desafiado por la revitalización de grupos solidarios basados en diversos criterios --regionales, lingüísticos, religiosos, étnicos, de género o estilo de vida. También por innumerables movimientos sociales que generan sus propias solidaridades.

Los procesos de integración regional plantean la necesidad de repensar la relación entre la ciudadanía y la nacionalidad/el nacionalismo. Si las sociedades multiétnicas y multiculturales cuestionan una noción de ciudadanía que supone homogeneidad e igualdad intra-nacionales, la creación de esferas públicas supranacionales requiere el desarrollo de nuevas formas de ciudadanía. (6) ¿Qué implicancias tienen para el proceso de integración regional las diferencias entre países en los derechos ciudadanos? ¿Qué derechos son transportables por la gente cuando se cruzan fronteras? ¿Qué derechos se adquieren en ese movimiento? La cultura de los derechos y de la ciudadanía "desde abajo", es decir desde la perspectiva de los grupos subordinados en cada sociedad, a menudo implica el desarrollo de nuevas voces, actores y movimientos sociales, que pueden manifestar altos grados de creatividad cultural, sea que esté anclada en viejas o nuevas identidades étnicas, nuevas identidades colectivas, o nuevos compromisos con valores alternativos (Jelin y Hershberg, 1996; Jelin, 1997). Al mismo tiempo, renacen con vigor símbolos de nacionalismo y el debate ideológico acerca de la nacionalidad.

Sabemos muy poco sobre los procesos de diálogo e integración en el nivel de las sociedades y culturas. Cada nación, y los diferentes grupos sociales dentro de ellas, se acerca a las otras naciones con un bagaje de valores culturales, de tradiciones, de hábitos de relación y de imágenes sobre los otros, y este bagaje influye en la manera en que se irá desarrollando el diálogo. Hay miedos de los chicos frente a los grandes; miedos y rivalidades en el mercado de trabajo; sentidos históricamente construidos de confianza y desconfianza mutua; formas de discriminación y xenofobia. Se hace necesario entonces descubrir estos patrones subyacentes, y estudiar cómo se manifiestan en las prácticas de interacción que se están desarrollando en el plano de las relaciones sociales cotidianas y de la construcción de la nueva institucionalidad regional.
 

El movimiento de mujeres y el MERCOSUR. Algunos datos, algunas ideas.

En el marco del proceso internacional pre- y post-Beijing, se han fortalecido los intercambios en el movimiento de mujeres en la región. Esto ocurre dentro de una tradición histórica (común a los movimientos sociales en general) de contactos y de fuerte comunicación en el plano internacional. (7) Este diálogo y comunicación tiene diversos sentidos. Convocados por las organizaciones internacionales –a menudo como resultado de presiones anteriores de los movimientos sociales— estos procesos de deliberación y de resolución responden, en realidad, a la lógica de acción de lo que Keck y Sikkink (1998) denominan "redes defensoras internacionales" (international advocacy networks). Estas redes incluyen actores estatales, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, organismos y funcionarios del sistema internacional, ligados entre sí por valores compartidos, que están en un permanente intercambio de información, de servicios y de actividades y estrategias. En el plano internacional, el resultado de este tipo de red y de los encuentros, cumbres y conferencias es la aprobación de documentos y convenciones, que establecen parámetros para la acción futura.

La investigación social más reciente está mostrando que este nivel de las relaciones internacionales (inclusive las Declaraciones, Convenciones, etc.) puede tener efectos en el plano nacional. Pero para ello, para volverse efectivas, se requiere la presencia de un movimiento local o nacional que se haga cargo de la demanda social y utilice las convenciones y acuerdos internacionales como recurso para la acción política local. De otra manera, los convenios internacionales se convierten en "letra muerta". De ahí el interés en indagar el impacto del plano internacional en las actividades del movimiento de mujeres en el plano regional y nacional. (8)

Por otro lado, cabe preguntarse si el proceso MERCOSUR está impulsando la conformación de un movimiento de mujeres definido en el nivel regional, a partir de los movimientos nacionales y las tradiciones de diálogo y acción conjunta en el plano internacional. En este nivel, una pregunta novedosa, que sólo hace su aparición con la puesta en marcha del proceso formal de negociación para la integración, es el papel de las rivalidades y tradiciones de solidaridad ancladas en los nacionalismos en ese proceso "interno" de conformación del movimiento. Asimismo, es muy probable que la profundización del proceso de institucionalización del movimiento, que puede ocurrir frente al estímulo de las múltiples actividades y encuentros regionales, plantee nuevos desafíos a los vínculos entre activistas y líderes del movimiento, que tradicionalmente estaban anclados en relaciones de cercanía personal y de hitos históricos y biográficos compartidos, más que en identificaciones nacionales.

Finalmente, cabe preguntarse acerca de los logros, las dificultades y obstáculos en el proceso de empoderamiento del movimiento de mujeres en relación a los escenarios socio-políticos regionales en los que le toca actuar (o en los que es silenciado). Como sabemos, hay una ausencia notoria de la dimensión de género en los procesos de negociación. Hay también una ausencia relativa de representantes de las demandas de las mujeres, aunque están comenzando a aparecer algunas presiones de mujeres por cambiar esta situación. El análisis estratégico de diversos escenarios, incluyendo los procesos de interacción (alianzas y oposiciones) con actores poderosos en dichos escenarios, permitirá comenzar a problematizar y a contestar algunas de estas preguntas.


Referencias bibliográficas

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Notas

1. Este artículo fue preparado en el ámbito del proyecto MOST "Mercosur : espacios de interacción, espacios de integración". Para informaciones más detalladas, consultar la Secretaría de MOST o la página www.unesco.org/most.

2. Elizabeth Jelin, socióloga, Universidad de Buenos Aires (elijelin@mail.retina.ar); Teresa Valdés, socióloga, FLACSO-Chile (agenero@flacso.cl); Line Barreiro, socióloga, CDE, Asunción (line@cde.una.py).

3. A partir de 1995, los cuatro países siguen un cronograma de aranceles externos convergentes, que llevarán a un patrón común en aproximadamente cuatro años (dependiendo del tipo de producto). El libre comercio dentro de la región deberá ser alcanzado en dos años. El proceso de negociación está desarrollándose con gran rapidez, y los resultados comerciales son notorios: el comercio intra-regional se incrementó a una tasa del 22% anual entre 1985 (cuando se firmó el acuerdo bilateral entre Argentina y Brasil) y 1994 (un aumento de 575% en un período de 10 años). Los programas de inversiones, las empresas comunes, las negociaciones administrativas entre gobiernos para lograr normas y prácticas convergentes, están progresando a pesar de los avatares económicos y políticos que marcan las relaciones entre los países (Ferrer, 1996).

4. El análisis de un caso de las dificultades de encontrar un código espacio-temporal común entre empresarios brasileños y argentinos que encararon una joint-venture es presentado en Ruben, 1995.

5. El crecimiento de la economía global, sin embargo, no implica la desaparición del estado. En palabras de Calhoun, "States remain the organisations of power through which democratic movements have the greatest capacity to affect economic organisation... [S]tates remain the highest level of institutional structure at which programmes of democratisation themselves can consistently be advanced. And states remain the most crucial objects and vehicles of efforts to achieve ‘self-determination’ or autonomy as a political community" (Calhoun, 1993, p. 390).

6. Esta es una cuestión de enorme importancia internacional, tanto en el plano de las discusiones académicas como en la discusión de alternativas de políticas. El informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, Nuestra diversidad creativa, incluye una discusión en profundidad de este tema (Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, 1996). El European Forum del European University Institute (Florencia, Italia) ha desarrollado recientemente un proyecto muy grande sobre Ciudadanía, con seminarios y conferencias dedicadas a temas tales como "Multiculturalismo, minorías y ciudadanía", "Ciudadanía social y política en un mundo de migraciones", o "La ciudadanía europea: un desafío institucional" (European University Institute, 1996).

7. "En 1910 se llevó a cabo el Primer Congreso Feminista Internacional de la República Argentina, con participación de delegadas de numerosos países. En 1923 y 1924 se realizaron congresos panamericanos de mujeres en Chile y Perú, y en 1930 se constituyó, con una primera reunión en La Habana, la Comisión Interamericana de Mujeres". (Teresa Valdés et al., Mujeres latinoamericanas en cifras. Tomo comparativo. Santiago de Chile, FLACSO, 1995).

8. Un análisis del desarrollo del movimiento de mujeres latinoamericano en las últimas décadas se encuentra en Alvarez, 1998.


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