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  Gestión de las Transformaciones Sociales - MOST

Documentos de debate - Nº 1

Las sociedades multiculturales y multiétnicas

por

Henri Giordan

Las opiniones expresadas en esta colección incumben a los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de la UNESCO.

© UNESCO 1995


INDICE

INTRODUCCION

LOS DISTINTOS ENFOQUES

LA FUNCION DE LAS CIENCIAS SOCIALES

LOS TEMAS PRINCIPALES

METODOLOGIA Y ORGANIZACION DE LA INVESTIGACION

MAS ALLA DE LA INVESTIGACION

REFERENCIAS


INTRODUCCION

Este programa de la UNESCO trata de promover las investigaciones sobre la imbricación entre los problemas ligados a la identidad y el desarrollo de la democracia (1). La crisis de los dos grandes sistemas de pensamiento dominantes en la historia contemporánea -el universalismo liberal y el universalismo marxista- y la desintegración de los grandes imperios traen aparejada una proliferación de los nacionalismos, de los integrismos religiosos y de diversas actitudes racistas y xenófobas. Hoy día se considera que la influencia de estos fenómenos sobre la evolución de las sociedades es determinante. Ya han originado acontecimientos trágicos para la humanidad, desde las guerras entre naciones del siglo XIX hasta los regímenes totalitarios: fascismo, nazismo, estalinismo. Nos inquieta constatar que el retorno de los "valores" ligados a la identidad que presenciamos actualmente se inscribe -como en 1930- en un contexto mundial de profunda crisis económica. Las "identidades" normativas, al expulsar la alteridad y la diferencia, se sitúan en un marco totalitario. El contexto social y el entorno teórico en que se produce esta explosión de las "identidades" nos inclinan a temer una evolución análoga a la que desembocó en los sistemas totalitarios y la Segunda Guerra Mundial.

Aún más preocupante es comprobar que esta evolución está muy generalizada. Desde hace algunos años, se ha observado una gran difusión de los movimientos nacionalistas y xenófobos que contradice la tendencia a la integración de las economías y a la creación de zonas multinacionales de solidaridad económica. Estos movimientos se han fortalecido con la aparición de las nuevas formas de reivindicación de las minorías denominadas "étnico-nacionales" o "lingüístico-culturales" (2). Esta diferenciación se combina con un fenómeno social general que se da incluso dentro de los Estados-naciones desarrollados: la reivindicación de autonomía proclamada por los grupos sociales más dispares señala con claridad la creciente fragmentación de las sociedades modernas.

Sin embargo, no hay que olvidar el lado positivo de esta evolución. En muchos aspectos, los universalismos actualmente en crisis no eran más que falsos universalismos al servicio de determinados intereses ideológicos o geopolíticos. Es lícito esperar resultados muy positivos si se encuentra el camino hacia una autonomía que respete las aspiraciones del mayor número posible de grupos humanos. Esta es también la "edad de los derechos" (3). Por consiguiente, ¿no es legítimo incluir entre los derechos fundamentales el reconocimiento de la diversidad, que protege tanto la identidad de cada individuo como la existencia de las diferentes "identidades colectivas"?

Las sociedades multiculturales y multiétnicas plantean problemas que condicen a las cuestiones fundamentales de la organización de nuestras civilizaciones. La gravedad de la situación actual nos incita a reflexionar sin más tardar sobre las causas de esta evolución. Frente a la magnitud de tales fenómenos es indispensable someter a nuevo examen los métodos de las ciencias sociales a fin de dotarse de los medios intelectuales para luchar contra las regresiones que, aun bajo formas nuevas, amenazan la paz y el desarrollo. Sin embargo, para no dejar de lado lo esencial, nuestra manera de proceder no podrá limitarse a enjuiciar los excesos de las reivindicaciones ligadas a la identidad. Trataremos de forjar los instrumentos conceptuales que permitan dar respuesta al problema sin sacrificar por ello las exigencias universalistas que aseguran la protección y el desarrollo de los derechos humanos fundamentales (4).

LOS DISTINTOS ENFOQUES

Las distintas maneras de encarar estos fenómenos pueden ayudarnos a delimitar la complejidad de los mismos. Cabe describir su importancia para la comprensión de las sociedades modernas reflexionando desde un punto de vista histórico y filosófico sobre la evolución global de las sociedades, antes de volcarnos al enfoque geopolítico, que tiene la ventaja de estar más estrechamente relacionado con los movimientos sociales contemporáneos.

Un enfoque totalizador

Analizando la historia contemporánea de Europa, se puede descubrir la existencia de un movimiento de la historia que nos permite percibir la problemática fundamental de las sociedades multiculturales y multiétnicas. Sería necesario puntualizar esta hipótesis de trabajo sobre nuestra historia y preguntarnos si en otras regiones del mundo se produce, y cómo, el enfrentamiento entre las dos tendencias extremas conocidas en Europa:

La liberación respecto de las presiones de la identidad

En un principio, el progreso y la modernidad significaron la conquista de una libertad cada vez más amplia. Siguiendo esta lógica, las democracias modernas se construyeron a fuerza de duras luchas para lograr la autonomía del individuo frente a la estructura tradicional de la sociedad. Este movimiento fundamental de la civilización está caracterizado por el reconocimiento de la libertad de opinión y de prensa y por el derecho de crear asociaciones y partidos políticos y su punto culminante es la definición de los Derechos Humanos. Los individuos ya no se definen por su función en la sociedad -establecida por el poder social (la servidumbre, la dominación sexual), por el poder político (las relaciones de señorío) y, de manera más arraigada, por la influencia de la religión- sino que progresivamente se ha pasado a una concepción del sujeto que se realiza en la esfera privada. En esta larga historia el laicismo se puede percibir como la inserción social de ese movimiento hacia una mayor autonomía de los hombres y de las mujeres.

Continuando esta lógica de liberación respecto de los arcaísmos humanos, observamos una extensión, teóricamente ilimitada, de la libertad del sujeto con respecto a la sociedad. A principios del siglo XX, Europa vivió la disolución de las identidades más sólidamente ancladas. Frente a esta situación, el sujeto aprende a construir su identidad y a dirigir su vida sin el auxilio del orden social ni de sus recetas. Jacques Le Rider, al meditar sobre la cultura vienesa de fines de siglo, ha podido señalar que "esta indeterminación puede resultar extremadamente fecunda y permitir una variedad y una riqueza insospechadas" (6). Ya hace tiempo que se comprendió claramente que ese movimiento constituye la esencia misma del progreso de la civilización. Pero hay otro fenómeno de magnitud comparable que lo contradice.

El restablecimiento de las identidades

En Europa, este movimiento de invención del yo individual fue brutalmente interrumpido durante el periodo entre las dos guerras mundiales. Los comienzos de las ideologías fascistas se caracterizan por la tendencia de las identidades nacionales a recluirse en sí mismas, tendencia que precede a la utilización de los temas de identidad que el nazismo llevará a sus extremos. Tanto el movimiento de emancipación femenina como la integración de los judíos en la sociedad alemana se verán bruscamente interrumpidos. En la visión nazi los comportamientos racistas y la implantación de la violencia están avalados por la bárbara "restauración" de las identidades. Crear una imagen caricaturesca de la "naturaleza femenina" permite someter a la mujer a la dominación sin límites del varón. La identidad deja de ser un atributo de la persona que ya no puede valorizarla o borrarla a su antojo. Para los judíos, aquella queda determinada desde el origen, inevitable y reducida a su más simple expresión: una marca en los documentos de identidad y en la propia persona la estrella amarilla, instrumento práctico de exclusión y pasaporte para los campos de exterminio.

A partir de 1950, la recuperación económica trae aparejada una reactivación del movimiento para liberarse de las ataduras de la identidad. Esto se manifiesta en una rica producción cultural y social: los aportes del existencialismo y de los diversos estructuralismos, las invenciones sociales de los años 1960-1970, desde las conquistas del feminismo hasta las luchas por la autonomía (7). A partir de fines de los años 70, estos movimientos en pro de la civilización fueron sistemáticamente desacreditados por un movimiento de regresión social que, hoy día, conduce a una concepción arcaica de las relaciones sociales. Recientemente, el filósofo Michel Serres no ha vacilado en definir esta concepción como "la más injusta, la más feroz y la más mortífera (...) de la historia" (8).

No podemos dejar de constatar que, desde hace unos 15 años, nos enfrentamos a un potente retorno de los "valores" ligados a la identidad, percibidos como antídoto contra la desesperación engendrada por el estado de las relaciones sociales. Esta tendencia puede limitarse a inofensivas apariciones de la nostalgia irrepresible de un pasado mítico. De manera más peligrosa, puede adoptar la forma de los nuevos integrismos triunfantes. Es prudente no olvidar que este retorno de los "valores" ligados a la identidad se produce, hoy como en los años 30, en un contexto de grave crisis económica. Somos conscientes de que la historia no se repite mecánicamente, pero hoy sabemos a qué extremos puede llevar la barbarie que se nutre de esta dialéctica no controlada entre liberación de la persona y restablecimiento de las identidades. ¿Bastará esto para encontrar soluciones que permitan vivir la liberación sin pagar el alto precio exigido por movimientos colectivos que no admiten la libertad tan anhelada por la persona? En la actualidad se trata de conciliar estas dos grandes tendencias y, en realidad, de inventar formas de organización de las sociedades humanas de las que no existen ejemplos en el pasado. Los estudios en curso deben permitir, a la larga, realizar esta aspiración teórica sin la cual las fórmulas políticas que se puedan improvisar resultarán probablemente inoperantes.

Un enfoque geopolítico

El fin de la guerra fría aceleró considerablemente el desarrollo de la democracia y produjo, en consecuencia, una transformación de la naturaleza de los conflictos. En la actualidad, éstos ya no se plantean exclusivamente entre los Estados y las rivalidades ideológicas ya no ocupan el centro de la escena internacional. Un número creciente de reivindicaciones locales, regionales o nacionales, que antes estaban controladas por los Estados o los imperios, pueden manifestarse abiertamente gracias a la democratización de las sociedades.

La naturaleza y las causas de los conflictos evolucionan muy rápidamente. No hace mucho Yves Lacoste señalaba dos eventos fundamentales directamente ligados a nuestra problemática: la proliferación en Europa de nuevos Estados constituidos a partir de 1989, año en que desapareció el telón de acero, y la multiplicación de conflictos que "prácticamente no tienen causas o justificaciones económicas directas dado que los adversarios no luchan por la posesión de valiosos recursos sino que se enfrentan sobre todo por motivos nacionales; el deseo de cada Estado-nación de liberar todo su 'territorio histórico' crece si los compatriotas que viven en las zonas anexadas por los otros Estados-naciones se encuentran oprimidos" (9). En estos conflictos, las realidades étnicas y culturales (principalmente las lingüísticas y religiosas) desempeñan un papel que nos es difícil evaluar.

El análisis de estas realidades y de sus interconexiones en la creación de las simbologías nacionales actuales es un esfuerzo intelectual indispensable para definir una organización de las sociedades contemporáneas orientada hacia la prevención o la resolución de este nuevo tipo de conflictos.

LA FUNCION DE LAS CIENCIAS SOCIALES

Debemos tener el coraje de admitir que hasta ahora -salvo raras excepciones- no hemos logrado proponer un modelo de organización de las sociedades desarrolladas que integre la dimensión de la identidad, en especial la ligada a la identidad étnico-nacional. Con demasiada frecuencia, las ciencias sociales analizan estas cuestiones con modelos concebidos en función del nacionalismo del siglo XIX que persisten en la idea de minimizar la importancia general de estos problemas a nivel mundial. La necesidad de elaborar nuevos modelos de análisis es la tarea fundamental de las ciencias sociales.

Efectivamente, la investigación abarca aquí dos grandes campos:

Hacia una teoría general de las sociedades multiétnicas

Dado el nivel general de conocimiento de las realidades relativas a las identidades y grupos étnico-nacionales, los sociólogos, investigadores y teóricos de las ciencias políticas no estaban preparados para elaborar tesis sobre el papel que esas formaciones sociales desempeñan en la sociedad global. El estudio de los fenómenos nacionales no está suficientemente libre del control ejercido por los intereses políticos de los Estados y de las naciones. Con harta frecuencia, en lo que respecta a las minorías étnico-nacionales, sólo cuando la violencia de sus reivindicaciones plantea problemas graves para una determinada sociedad financian los Estados encuestas de cierta envergadura.

Tratándose de teoría, la meta es elaborar una concepción global de la evolución de las sociedades teniendo en cuenta la importancia de la diversidad de los sentimientos de pertenencia nacional, étnica, religiosa y cultural. En el pasado nos faltó esta integración ya que, efectivamente, el pensamiento de inspiración liberal desarrolló generalmente sus teorías basándose en la hipótesis de que, a la larga, los sentimientos de pertenencia étnico-nacional se disolverían. Aunque con otro tipo de argumentación, las tradiciones del marxismo clásico tampoco logran integrar esta dimensión de la vida de las sociedades.

No cabe duda de que si queremos avanzar en esta dirección es indispensable comenzar por examinar nuevamente las teorías ya elaboradas sobre el tema, así como las experiencias históricas que han tratado de integrar estos fenómenos en una estructuración más o menos estable de las sociedades. En este punto, es interesante constatar que, hoy día, los textos esenciales existen pero no se ha podido elaborar una síntesis que aporte un poco de coherencia a los discursos sobre el tema. Ha llegado el momento de intentar alcanzar una síntesis que integre estas dimensiones en un análisis del funcionamiento de las sociedades complejas.

El conocimiento de las realidades étnico-nacionales

La necesidad de tener el conocimiento más objetivo posible de las realidades étnico-nacionales constituye un medio importante para luchar contra las desviaciones nacionalistas -o, con más frecuencia, pasionales- generadoras de conflictos. Los historiadores observan que la participación de la opinión pública en la guerra se consigue exacerbando las mitologías nacionales a menudo añejamente arraigadas en la memoria colectiva y que pueden reactivarse según la oportunidad del caso. El conocimiento científico es el mejor escudo para amparar al pueblo de estas manipulaciones. No obstante, la importancia social de los procesos de autoconocimiento en este campo dista mucho de ser admitida por la sociedad en general y por los propios miembros de las comunidades étnico-nacionales, a menudo ellos mismos en situación minoritaria. Para comprender este fenómeno, es conveniente tener en cuenta que la adquisición de un conocimiento crítico tropieza con obstáculos fundamentales. La propia identidad de las naciones y de las comunidades se construye alrededor de una serie de mitologías.

Un fenómeno muy reciente es el examen renovado de las mitologías nacionales que están emprendiendo algunos pueblos llevados por una voluntad de paz: es así como, sólo algunos lustros después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Francia comenzaron a reconsiderar su historia nacional. En lo que respecta a las minorías, este esfuerzo presenta dificultades aún más importantes dado que su situación está llena de inseguridad. Durante mucho tiempo, el conocimiento del propio pasado estuvo guiado por la prioridad de forjar una mitología minoritaria destinada a fortalecer su sentimiento de existir. Hoy día, estas mitologías -sin quitarles importancia y sin ignorar los aspectos positivos que presentan para la construcción de la identidad- son tan peligrosas como no hace mucho lo fueron las grandes mitologías nacionales puesto que, muy a menudo, desembocan en integrismos étnicos o en micronacionalismos ensimismados.

Evidentemente, es inconcebible que el programa de investigación de la UNESCO se dedique a reescribir la historia de la nación o de esta o aquella minoría. Sin embargo, en el marco de las encuestas regionales es posible establecer una lista de las situaciones que necesitarían particularmente que tal esfuerzo se llevara a cabo. Para favorecer una empresa de este tipo -cuya iniciativa debe por supuesto emanar de la responsabilidad de los interesados- se podría idear un apoyo de la comunidad internacional.

LOS TEMAS PRINCIPALES

Los ejes de la problemática están constituidos por el análisis del desarrollo de la democracia, de la función del Estado, de la aparición de nuevos nacionalismos y de nuevos comportamientos xenófobos y racistas, del papel desempeñado por las minorías "étnico-nacionales" o "lingüístico-culturales". Ahora bien, hay que tener en cuenta que la dificultad que presenta el estudio de las sociedades multiculturales y multiétnicas incita con toda naturalidad a despachar a ese campo una multitud de temas heteróclitos. Así se corre el riesgo de acabar haciendo una caricatura del análisis de la complejidad. Al elegir los temas del programa es indispensable no perder de vista el objeto central de la reflexión.

Aquí tocamos una cuestión cuya importancia no debe subestimarse. Con demasiada frecuencia, el campo insuficientemente delimitado y la vaguedad del concepto de lo "multicultural" se consideran como una autorización implícita para enturbiar la definición misma del objeto central de la investigación. Siguiendo esta tendencia, podemos sentirnos tentados de reproducir en el enfoque analítico la fragmentación de la sociedad. Al estudiar las formaciones "étnico-nacionales" es indispensable tener en cuenta la diferenciación de los grupos por sexo, edad, lengua, religión o cultura. Pero, por importante que sea cada uno de estos aspectos, aislar uno en particular no cuadraría con un estudio del carácter multicultural de las sociedades analizadas.

Los problemas de las reivindicaciones feministas, por ejemplo, asumirán toda su significación siempre que no las convirtamos en un objeto de estudio aislado sino que nos esforcemos en analizar su relación con las reivindicaciones de este o aquel grupo étnico-nacional. Así, es importante tomar en consideración el punto de vista de las mujeres indígenas de Quebec que denuncian "la mentira que pretende que sólo los derechos colectivos son importantes y que considera los derechos individuales -con frecuencia los derechos humanos fundamentales- como una enfermedad infecciosa transmitida por los blancos de origen europeo" (10). Considerar que estas mujeres son una minoría en sí nos impediría comprender tanto los problemas de las poblaciones indígenas como los problemas de las mujeres. Los ejemplos de este tipo abundan con respecto a la diferenciación ligada al sexo así como a la que surge del impacto de las religiones. Muchas veces, la importancia misma alcanzada por estas dimensiones en la evolución de los problemas de las sociedades multiculturales origina confusiones y desvíos frente a los cuales debemos actuar con firmeza.

Una vez tomadas estas precauciones, las investigaciones orientadas hacia los temas centrales del programa se dividen en tres grandes categorías:

El estudio de los conceptos fundamentales

El estudio de las sociedades multiétnicas y multiculturales plantea problemas de una importancia capital para las sociedades contemporáneas. Si queremos responder al desafío con que se enfrenta actualmente la teoría, no conviene limitar el análisis al examen de problemas demasiado específicos. Es indispensable establecer con claridad las cuestiones teóricas y metodológicas generales que pueden guiar eficazmente el trabajo.

Se debería hacer un esfuerzo para definir los conceptos y la terminología, a fin de delimitar las realidades humanas que intervienen en la dimensión multicultural y multiétnica de muchas sociedades contemporáneas. Se han utilizado términos muy variados para designar este tipo de realidades. Sin la pretensión de enumerarlos exhaustivamente recordemos que tanto se habla de minorías lingüísticas como de minorías lingüístico-culturales, minorías étnicas, minorías étnico-culturales, minorías nacionales, comunidades nacionalitarias (de individuos unidos por una misma nacionalidad extranjera), naciones sin Estado, etnias, comunidades étnico-nacionales o movimientos regionales, autonomistas, independentistas, etc. Frecuentemente se designan las mismas realidades al hablar de individuos o de comunidades que utilizan los idiomas nacionales, los dialectos, las lenguas minoritarias, las lenguas reducidas a una minoría, las lenguas regionales, las lenguas "menos difundidas", las lenguas locales, las hablas locales, etc.

También se puede observar, por ejemplo, que las situaciones de contacto entre grupos conducen en general a la coexistencia dentro de una misma estructura política, como el Estado clásico principalmente, de grupos territorializados o no, diferenciados por las divergencias lingüísticas, religiosas, socioeconómicas y políticas, divergencias que se refuerzan mutuamente en todo o en parte. Las teorías de la dependencia, del colonialismo interno y del paradigma centro-periferia proponen a priori interpretaciones que integran los diferentes campos de los comportamientos sociales; estas teorías han sido formuladas en épocas y en contextos diferentes por investigadores pertenecientes a las distintas disciplinas de las ciencias sociales.

Creemos que es urgente hacer un balance del estado de la teoría que permita estudiar al mismo tiempo las condiciones en que se generan esos paradigmas, su uso científico pero también ideológico y político y, por supuesto, su validez actual con respecto al objeto de nuestro análisis.

Es realmente fundamental que un trabajo de clarificación de este tipo se extienda al conjunto de los conceptos y de la terminología. La prudencia nos recomienda no proponer nuevas definiciones cuya necesidad no haya sido cuidadosamente demostrada, a fin de evitar un aumento de la confusión reinante. Este examen científico de los conceptos y de la terminología debería efectuarse en dos niveles: el del uso social comprobado de los términos y el de su clarificación con fines científicos.

1. Para alcanzar esta meta, la propuesta es hacer una lista detallada de la terminología utilizada, evitando establecer una nómina apriorística y estudiando el contexto en el cual se utiliza una determinada noción para designar la pluralidad de las sociedades y sus componentes. En primer lugar, este estudio debería examinar con detenimiento el uso que se hace de una determinada terminología según las escuelas de pensamiento o las situaciones nacionales o regionales. Esto permitiría esbozar un panorama muy detallado de las realidades en cuestión a través de las representaciones que de ellas se hacen las diferentes sociedades, mayoritarias o minoritarias.

2. Al final de la primera fase del programa, este trabajo de señalización y de análisis permitirá disponer de una terminología con respecto a la cual se tratará de lograr el consenso más amplio posible. Evidentemente, este trabajo de clarificación, que tratará de liberar a la investigación de los presupuestos ideológicos o políticos que a menudo la aprisionan, no deberá sacrificar los aportes originales de los diferentes enfoques. De forma más modesta, permitirá especificar las referencias explícitas o implícitas y facilitar con ello la comprensión mutua en un terreno en el que los malentendidos terminológicos acarrean consecuencias particularmente graves.

El análisis de las sociedades contemporáneas

Es evidente que no se trata de proponer aquí una lista limitativa de temas de reflexión. Este temario se definirá con más pertinencia cuando se organicen las encuestas regionales (véase 4.1.). Las siguientes indicaciones son el resultado provisional de los debates habidos hasta el día de hoy.

1. Debemos examinar cuáles son los factores que explican este "retorno de las identidades" o esta creación de nuevas identidades. La primera impresión es que este fenómeno contradice la situación de los intercambios económicos que, por primera vez en la historia, se han universalizado verdaderamente. Esta realidad económica va acompañada por una multiplicación de las reivindicaciones de independencia o de autonomía. Aquí no podemos contentarnos con decir que este movimiento puede ser una manera de oponerse a los efectos de la universalización. El retorno a las identidades no puede analizarse como un simple movimiento de rescate de formas culturales tradicionales y reconfortantes. Es necesario ahondar en el análisis de estos fenómenos desde el punto de vista de la psicología social o, incluso, con referencia al estudio de los sistemas de comunicación. Se cree por lo general que el desarrollo de los medios de comunicación conduce a la homogeneización de nuestro universo, a la inserción de los individuos en una "aldea planetaria". En realidad, estamos en presencia de fenómenos mucho más complejos y contradictorios: en el plano mundial los sistemas de difusión de la información tienden efectivamente a imponer una uniformidad indiscutible pero, al mismo tiempo, la tendencia a la diversificación de las formas de expresión cultural experimenta también una progresión que se confirma cada día.

2. Otra forma de abordar los problemas de las sociedades multiétnicas es analizar el papel desempeñado por las instituciones estatales en la opresión, el mantenimiento o el despertar de las identidades nacionales o étnico-nacionales. Resulta sorprendente el auge actual de la teoría sobre la desaparición del Estado-nación cuando, en los hechos, el número de Estados aumenta de manera importante en varias regiones. En realidad, ¿no estaremos presenciando más bien una transformación de las relaciones internas entre las instituciones estatales y las minorías existentes en el territorio del Estado? El desarrollo de las reivindicaciones de autonomía regional y la proliferación de guetos dentro de las grandes metrópolis hacen que esta cuestión se plantee con una urgencia cada vez mayor. ¿No estaremos enfrentándonos con una crisis sin precedentes de las formas imperialistas del Estado que, bajo la forma de imperios o de seudofederaciones, mantenían alejadas de la opinión las aspiraciones de los grupos nacionales o étnico-nacionales? La accesión a la independencia de un número creciente de pequeñas naciones indica que nos encontramos frente a un fenómeno que plantea en otros términos los problemas de la seguridad y de la paz a nivel mundial.

3. Este estudio de las funciones institucionales de los Estados plantea la necesidad de un análisis de las representaciones. La manera como las minorías o las identidades se ven a sí mismas y la forma en que son percibidas por la opinión internacional cumplen una función importante en la historia de esos grupos. Imagen de sí, imágenes vehiculadas por la sociedad mayoritaria: en este terreno la simple compilación de datos ocasiona grandes dificultades aun cuando la psicología social y la lingüística social, principalmente, ya hayan elaborado minuciosos métodos de indagación y a pesar de que los resultados de las encuestas realizadas con rigor puedan ser de extrema importancia para el desarrollo de los grupos considerados. Igualmente necesario es el análisis de las representaciones jurídicas: todo sistema jurídico arraiga en una mitología. Como mínimo se pueden distinguir dos polaridades. El modelo anglosajón y el de muchas sociedades no occidentales son evidentemente diferentes, pero se fundamentan en la imagen de una sociedad compuesta por comunidades y por grupos cuya cohesión se basa en la interdependencia. Estos modelos están influidos por las teorías del pluralismo jurídico, que se niegan a considerar al Estado como el único generador del derecho y valorizan la iniciativa de los agentes jurídicos, creadores de derechos locales. El modelo francés, por su parte, se organiza sobre la base de una representación de la sociedad que yuxtapone un Estado, único depositario del derecho, y un conjunto de individuos que se supone libres y responsables. El derecho es un factor de coherencia determinante para este tipo de organización: el Estado acepta someterse a él (teoría del Estado de derecho); los individuos obtienen garantías (sistemas de declaración de derechos) que hacen que su organización comunitaria y el reconocimiento de la existencia jurídica de las minorías, sobre todo bajo la forma de derechos colectivos, resulten inútiles y hasta nefastos. Esto explica la hostilidad de la doctrina francesa al pluralismo jurídico, su adhesión al principio explicativo de la jerarquía vertical de las normas y de las funciones normativas del Estado. Vistos así, estos modelos parecen difícilmente viables. La complejidad y heterogeneidad crecientes de las sociedades modernas exigen que simultáneamente se tracen los ejes de las nuevas solidaridades y se flexibilicen las posiciones demasiado rígidas de los esquemas unitaristas. A decir verdad, este programa invita a los juristas de tradiciones diferentes a un diálogo intercultural para que de común acuerdo lleven a cabo la nueva interpretación, inevitable, de sus mitologías.

4. Actualmente las sociedades multiétnicas y multiculturales comprenden varios tipos de minorías o de grupos étnico-nacionales. Junto a las minorías territoriales indígenas, tenemos que tener en cuenta las minorías no territoriales cuya presencia en un determinado Estado puede datar de tiempos más o menos lejanos: desde los gitanos hasta los inmigrantes y los refugiados. En particular, las nuevas minorías de inmigrantes y de refugiados constituyen un problema cada vez más difundido debido a los flujos de población que originan en varias regiones del mundo las fluctuaciones económicas, las conmociones políticas y las guerras. Los modos de reagruparse que tienen estas comunidades y su situación social dentro de las metrópolis engendran graves problemas y ponen en peligro la cohesión de un número importante de sociedades. En ciertos casos nadie podrá negar la necesidad urgente de un análisis tanto de las condiciones económicas y sociales como de las representaciones raciales y étnicas.

Perspectivas de organización de las sociedades multiétnicas y multiculturales

Tomando como base este tipo de análisis, se trata de proponer a los responsables perspectivas generales capaces de garantizar el reconocimiento social y político del movimiento en pro de la libertad de las personas, que fue el aporte esencial del Siglo de las Luces. Esto debe lograrse sin sacrificar, en una concepción uniformadora de los Estados-naciones, la voluntad colectiva expresada en la aparición de factores de diferenciación étnicos, religiosos y, más generalmente, culturales. Elaborar este tipo de propuestas significa reflexionar principalmente sobre tres series de problemas.

1. La primera serie se refiere a la concepción general de la sociedad y a las cuestiones teóricas que emanan de ella. Aquí, la cuestión central es sin duda la que se refiere a los problemas teóricos y prácticos de la concepción de un desarrollo de las sociedades fundadas en la noción de pluralismo cultural o multicultural. El tema del establecimiento de una sociedad multicultural está cada vez más difundido en el discurso de las ciencias sociales y, también, en el contexto periodístico corriente. No obstante, este término es muy impreciso y, a menudo, se utiliza para dar una idea falsa sobre la voluntad auténtica de tratar los problemas a cuyo propósito se emplea. Remitiéndose a una vaga generosidad, a una voluntad de apertura indeterminada, el multiculturalismo está generalmente marcado por una ambigüedad de fondo: por un lado, aborda con una perspectiva crítica la coexistencia de las diferencias culturales; por otro, funciona como un programa de integración para una sociedad en crisis. Esta concepción corre el riesgo de postular un nuevo tipo de hegemonía que absorba diferentes estilos de vida y visiones del mundo y asegure su poder manipulando las contradicciones, las tensiones y los conflictos que nacen de la dinámica social.

En esta primera serie conviene agrupar otros problemas fundamentales: las cuestiones ligadas al debate sobre el relativismo cultural y la asimilación-integración, las estrategias de información-desinformación sobre las minorías, los procesos de folklorización de las culturas y las condiciones de creatividad de las culturas minoritarias. Aquí se podría prestar una atención especial al estudio de la diversidad lingüística, factor de desarrollo económico o freno al intercambio. El dinamismo de los hombres y de las comunidades está directamente condicionado por el sentimiento de identidad que tengan. Un individuo perdido en una masa uniforme, simple comparsa de un conjunto cuya identidad no es inmediatamente perceptible, perdería el deseo de destacarse y le faltarían las fuerzas para ello. La diversidad cultural podría muy bien constituir un potente motor para impulsar el desarrollo de los individuos y de las sociedades.

2. Una aplicación particularmente importante de estas reflexiones la encontramos en los debates que hoy tienen lugar en el plano internacional acerca de las formas como el derecho puede definir normas de gestión de las realidades de las minorías étnico-nacionales. Puede así plantearse un debate esencial entre la tesis que sostiene que "el derecho de las minorías es una trampa para los Derechos Humanos, y en particular para los derechos culturales, porque reduce la noción de identidad cultural" (11) y la progresiva definición de los derechos fundamentales de las minorías y de los pueblos indígenas que llevan a cabo las instituciones internacionales o regionales. Se deben considerar con especial atención los derechos de los pueblos indígenas que por el momento no ha captado suficientemente la reflexión científica sobre las minorías, debido en parte a los indígenas mismos que rechazan ser calificados de minoría. Esto no impide que el proceso por el cual los indígenas -principalmente en América del Norte- consiguen ser progresivamente reconocidos como nación, gozar del derecho de autodeterminación y de autonomía gubernamental (diferentes del derecho de secesión) pueda, de rebote, avivar la reflexión sobre las minorías y constituir una de las formas de organización de las sociedades multiculturales. Además, la noción de indígena comienza a implantarse en el contexto europeo; aunque Francia, por ejemplo, se niegue a reconocer la existencia jurídica de autóctonos o indígenas en su territorio, ésta tiene efectos políticos importantes (12). Por ejemplo, examinar las diferentes tradiciones jurídicas nacionales frente a los problemas de la diversidad cultural es un enfoque especialmente útil para evitar el escollo de una definición in abstracto de derechos que no tendrían muchas posibilidades de ponerse en práctica. Hay mucho trabajo por hacer si se quieren inventar fórmulas realmente eficaces que permitan un ejercicio de estos derechos adaptado a las diferentes situaciones regionales y locales.

3. En una palabra, el estudio de las posibilidades de organización política de este tipo de sociedades multiétnicas y multiculturales ocupa un lugar destacado. No es en modo alguno evidente que la noción de Estado esté perdiendo actualmente o deba de perder en adelante parte de su importancia; en cambio, es indudable que el Estado debe transformarse necesariamente si no quiere fracasar en la gestión de la actual explosión de las identidades. Conforme deseaba Anthony D. Smith, (13) cada vez se plantea con más claridad la cuestión de una transformación del Estado tendiente a hacer que sus élites tecnocráticas se abran a las culturas étnicas locales. No se trata tanto de adaptar el hombre al Estado sino más bien de preguntarse qué estructura conviene al hombre.

En esta perspectiva, es indispensable someter a examen las soluciones políticas propuestas para regir las diferencias étnico-culturales según una lógica territorial teniendo en cuenta las formas de autonomía personal. Esta reflexión podría hacerse a partir fundamentalmente de los análisis y de las propuestas de autores tan distintos como Otto Bauer, Karl Kautsky, Karl Renner y Arend Lijphart (14).

Por supuesto, el examen de estas teorías no debería limitarse a un estudio histórico sino orientarse hacia la adaptación de determinadas ideas a la situación actual. Por ejemplo, se podría plantear de forma nueva la relación entre la necesidad de autonomía de las formaciones nacionales de reducidas dimensiones y la realidad de las agrupaciones supranacionales que organizan el intercambio económico y controlan los problemas de seguridad.

Recientemente, la vigencia de este tema fue subrayada en el transcurso de un debate muy interesante -organizado por el Centro Universitario de Valores de la Universidad de Princeton- sobre los principios filosóficos que han dado origen a los distintos modelos de organización liberal de las sociedades (15). Este debate demuestra que es bastante fácil ponerse de acuerdo sobre un punto: la necesidad de velar por las condiciones sociales de la conservación de la identidad de los grupos en situación minoritaria no contradice los principios de la protección de los derechos individuales fundamentales. Es más: esa necesidad es postulada por el principio liberal de la igualdad de respeto para todos, principio en virtud del cual, para no discriminar al individuo perteneciente a un grupo minoritario, es necesario reconocer las identidades colectivas minoritarias. Así, la democracia liberal se identifica tanto con la protección de los derechos universales como con el reconocimiento público de las culturas particulares. La profundidad alcanzada por la indagación filosófica e histórica que se llevó a cabo durante el referido debate contrasta de manera significativa con la inconsistencia de las perspectivas políticas esbozadas en ese mismo marco, pese al valor de las proposiciones de Charles Taylor (16). Esta dificultad pone claramente de relieve la necesidad urgente de iniciar una reflexión sobre este tema (17).

METODOLOGIA Y ORGANIZACION DE LA INVESTIGACION

A nuestro juicio, un programa de investigación tan ambicioso puede llevarse a cabo con eficiencia si se organiza con precisión una sinergia entre los equipos encargados de analizar en profundidad los problemas que se presentan en algunos casos regionales, particularmente significativos para la investigación, y uno o varios grupos encargados de abordar de manera transversal y sintética las cuestiones esenciales planteadas por el programa.

Tanto en las encuestas regionales como en la elaboración de conceptos y teorías, parece particularmente necesario, dado el tipo de problemas estudiados, elaborar principios precisos de deontología. Sobre todo, si se trata de naciones pequeñas o de minorías "étnico-nacionales", es esencial prever, en cada etapa de la investigación, la participación de representantes de los grupos interesados (18). La necesidad de elaborar conocimientos con objeto de establecer comparaciones no debe ser un pretexto para imponer métodos y encuestas que no tengan en cuenta las realizaciones efectuadas por los interesados en su propio campo.

Encuestas regionales

La problemática que abarca este programa tiene un carácter global y universal. Ahora bien, esta constatación no basta para garantizar la eficacia de las investigaciones en curso. Nos enfrentamos con un problema muy difícil que hay que abordar de manera pragmática teniendo en cuenta dos consideraciones particularmente relevantes:

1. La ambición intelectual que hemos esbozado nos obliga a escoger un enfoque lo más general posible, que establezca comparaciones entre las sociedades más dispares y más alejadas entre sí. La investigación debe ser realmente internacional y comparativa en la forma más amplia posible. Debe enfocar determinados problemas fundamentales en su dimensión filosófica y teórica más lata.

2. No obstante, la naturaleza de los fenómenos que tenemos que estudiar nos incita a tomar en consideración las particularidades regionales y nacionales. Todo parece indicar que la dimensión más pertinente a este respecto se sitúa a nivel regional, combinando indicadores espaciales e indicadores económicos, sociales y políticos. De esta forma, podríamos imaginar equipos que efectúen estudios en los países de la región América del Norte-Europa, o también en zonas más restringidas como Europa central y oriental, o bien en la región del Mediterráneo. Evidentemente, esta doble entrada espacial es válida para las otras regiones, Africa, Asia, América del Sur, etc.

Las reflexiones transversales

Las investigaciones que atañen a los conceptos fundamentales (véase 3.1) y a las "perspectivas de organización" (véase 3.3.) requieren un tratamiento que no se limite a un espacio regional. La dimensión comparativa del programa cobrará plenamente sentido cuando se examine de qué manera un determinado aspecto se presenta en las distintas regiones. La puesta en práctica de esta dimensión puede imaginarse del siguiente modo:

1. En una primera etapa, relativamente breve, un grupo reducido de cinco o seis expertos, en relación con sus colegas de los equipos regionales, podría establecer una lista de las principales cuestiones (informe colectivo multidisciplinario). Esto permitiría obtener un panorama general de la cuestión en un tiempo relativamente breve.

2. Ya en la verdadera etapa de realización del programa, un equipo podría encargarse, siempre en estrecha colaboración con los equipos regionales, del análisis de los conceptos fundamentales según la problemática definida con anterioridad en 3.2.

3. También en esta etapa de realización propiamente dicha, uno o varios equipos diferentes podrían dedicarse a la elaboración del análisis de ciertos aspectos del problema a nivel más general (concepción general de la sociedad, modelos políticos, cuestiones de derecho internacional, etc.).

MAS ALLA DE LA INVESTIGACION

En este terreno tan delicado, el aporte de las ciencias sociales debería contribuir a forjar soluciones que aseguraran la promoción de la democracia y la prevención de los conflictos originados por los enfrentamientos inherentes al fortalecimiento del carácter multicultural y multiétnico de la mayoría de las sociedades contemporáneas. Esta afirmación no debe quedar como una petición de principio o una simple expresión de deseos. En la elaboración misma de la investigación, debemos reflexionar sobre las condiciones que deben reunirse para alcanzar la meta.

En la etapa de implantación de este programa parece necesario reflexionar sobre el modo de utilizar los medios de difusión de la información disponibles actualmente en las sociedades democráticas. Por ejemplo, en países como Canadá y Australia comprobamos que grupos humanos muy reducidos (indios, aborígenes o esquimales) reivindican sus derechos sobre grandes superficies de tierra y comienzan a obtenerlos, con el apoyo de la opinión pública y de varias organizaciones internacionales.

Tanto los conflictos entre los Estados-naciones como los que involucran a las minorías étnico-nacionales ponen en marcha importantes procesos de desinformación en cuyo desarrollo desempeñan un papel esencial las mitologías nacionales y las imágenes deformadas de los antagonistas. A los investigadores incumbe la tarea de ayudar a las sociedades democráticas a procurarse los medios para evitar esta desinformación. Siguiendo estos lineamientos, la UNESCO podría fijarse como misión la elaboración y la difusión de informaciones democráticamente supervisadas sobre los distintos componentes de las sociedades multiculturales y multiétnicas, naciones o minorías "étnico-nacionales" o "lingüístico-culturales".

En este campo, efectivamente, la falta de información es considerable tanto dentro de los Estados como en el plano internacional. En realidad, sólo algunas organizaciones no gubernamentales con recursos a menudo escasos cumplen en parte esta función esencial. Para atenuar ese vacío sería conveniente favorecer la implantación regional de organismos encargados de compilar, tratar y difundir la información sobre los elementos que constituyen el fondo multicultural y multiétnico de la región, de las naciones pequeñas o de las minorías. Por ejemplo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa expresaba recientemente el deseo de crear un "instrumento de mediación", una de cuyas funciones sería la de servir de "observatorio permanente de la evolución de la situación de las minorías en los distintos Estados europeos" (19). Por su parte, la CSCE ha atribuido la misión de tomar en consideración todos los datos relativos a la cuestión a la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de Varsovia y al Alto Comisionado de la CSCE para las Minorías Nacionales. Con este objetivo, la Oficina de Varsovia organizó en mayo de 1993 un seminario sobre las "experiencias positivas" en materia de protección de las minorías nacionales y el Alto Comisionado acaba de proponer la organización de un nuevo seminario dedicado a los gitanos o cíngaros. En el mismo sentido, el Coloquio Internacional de Derechos Lingüísticos/Derechos Humanos, que tuvo lugar del 15 al 17 de noviembre de 1990 en el Consejo de Europa, formuló la idea de crear un Observatorio de los Derechos Lingüísticos de las Minorías (20). Los organismos de este tipo deberían abarcar zonas geopolíticas bastante amplias pero cuyos puntos en común sean irrefutables. Europa, por ejemplo, considerada en toda su magnitud, del Atlántico a los Urales y del Mediterráneo al Gran Norte, parece imponerse como el marco ideal para una acción eficaz.

Cabe esperar que el programa lanzado por la UNESCO contribuya a la instalación de estos organismos regionales. Continuando en la línea de su misión fundamental, la UNESCO podría participar en la prevención de numerosos conflictos. Procurarse los medios para luchar contra la desinformación representa ciertamente una contribución importante a la elaboración de una cultura de la paz que vele por el desarrollo de la humanidad respetando su diversidad.

París, 24 de febrero de 1994.


REFERENCIAS (21)

Asociación de Mujeres Indígenas de Quebec, 1993, Prendre la place qui nous revient: mémoire présenté à la Commission royale sur les peuples autochtones. Montreal, mayo de 1993.

Bauer, Otto, 1907, La question des nationalités et la social-démocratie, introducción de Claudie Weill, traducción de Nicole Brune-Perrin y Johannès Brune revisado por Claudie Weill, notas de Alain Le Guyader y Claudie Weill, Montreal, París, Guérin, Arcantère, 1987, 2 vol., ed. orig.: Die Nationalitätenfrage und die Sozialdemokratie, Viena, 1907.

Bobbio, Norberto, 1992, L'età dei diritti. Turín, Einaudi, 1992.

Camartin, Iso, 1985, Nichts als Worte?: Ein Plädoyer für Kleinsprachen, Zurich-Munich, Artemis-Verlag, 1985. - Ed. fr.: Rien que des mots? Plaidoyer pour les langues mineures, Ginebra, Éditions Zoé, 1989.

Giordan, Henri, 1992 a, "Droits des minorités, droits linguistiques, Droits de l'Homme", en Les minorités en Europe: droits linguistiques et Droits de l'Homme, ed. Henri Giordan, París, Kimé (difusión PUF), 1992, págs. 9-39.

------ 1992 b, "Minorités de tous les pays: Les espoirs déçus du régionalisme", en Panoramiques, París, Arléa, Corlet (dif. Le Seuil). - 3er trimestre 1992, Nº 10, págs. 67-73.

------ 1993, "Chaque homme a droit à sa culture", en Migrations: Société, París, CIEMI, noviembre-diciembre 1993, Vol. 5, Nº 30, págs. 41-51.

Haupt, Georges, Lowy, Michael y Weill, Claudie, 1974, Les marxistes et la question nationale, 1848-1914: études et textes, París, Maspero, 1974.

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Lefebvre, Henri, 1937, Le nationalisme contre les nations, prefacio de Paul Nizan (1937), presentado por Michel Trebitsch / nota final de Henri Lefebvre (1988), París, Méridiens Klincksieck, 1988, (Análisis Institucional), ed. orig.: París, 1937.

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Yaari, Arieh, 1978-1979, Le défi national, París: Anthropos, 1978-1979, Vol. 1: Les théories marxistes sur la question nationale à l'épreuve de l'Histoire; Vol. 2: Les révolutions éclatées.


NOTAS

1. Este trabajo se ha inspirado mucho en los debates de la reunión internacional del programa MOST organizada en Ottawa del 11 al 14 de diciembre de 1993 por la Comisión Nacional Canadiense de la UNESCO y la División del Desarrollo Internacional de las Ciencias Sociales de la UNESCO. Para su redacción han sido muy útiles las observaciones y sugestiones de las Sras. Nadia Auriat y Elisabeth Barot y del Sr. Ali Kazancigil. Agradezco los consejos y observaciones de los miembros del Consejo científico del Programa Mercator de investigación sobre las minorías etnolingüísticas (Comisión de las Comunidades Europeas - Maison des Sciences de l'Homme), Emmanuel Decaux, Hervé Guillorel y Norbert Rouland, así como los de la Sra. Michèle Rivet y los de mis colegas y colaboradores André Bourgeot, Claudio Cratchley, Robert Lafont, Elise Marienstras, Paul Siblot, Raymond Verdier y Live Yu Sion.

2. Con respecto a los problemas de terminología, véase, entre otros, Melucci, 1983 y Camartin, 1985.

3. Bobbio, 1992.

4. Un excelente panorama del alcance mundial de los problemas de las sociedades multiétnicas puede encontrarse en la reciente encuesta realizada por Stavenhagen, 1990.

5. Aquí resumo análisis que he desarrollado en un artículo reciente: Giordan, 1993.

6. Le Rider, 1990, pág. 357.

7. Véase Giordan, 1992 b.

8. Serres, 1993.

9. Lacoste, 1994, pág. 35; véase igualmente Lacoste, 1993.

10. Asociación de Mujeres Indígenas de Quebec, 1993, pág. 28.

11. Véase Meyer-Bisch, 1992 y 1993. Ver igualmente las aportaciones esenciales de Rouland, 1991.

12. Véase la evolución de las normas de la CSCE (Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa) y el referéndum sobre la independencia de Nueva Caledonia, previsto para 1998.

13. Smith, 1981. Véase también el excelente estudio de Henri Lefebvre que conserva su vigencia (Lefebvre, 1937).

14. Los materiales para el estudio de las teorías marxistas han sido parcialmente reunidos por Haupt, 1974, y Yaari, 1978-1979. Véase también Weill, 1987, así como la excelente edición de Otto Bauer facilitada por Claudie Weill (Bauer, 1987). Cada día hay más autores de "inspiración liberal" que se dedican a estudiar este ámbito, principalmente en los Estados Unidos y en los países de Europa del Norte: véase el libro clásico de Rothschild, 1981.

15. El debate entre Amy Gutman, Susan Wolf, Steven C. Rockefeller y Michael Walzer sobre un estudio fundamental de Charles Taylor se publicó en Taylor, 1992.

16. Véase principalmente Taylor, 1979 y 1988.

17. William Safran ha establecido recientemente una lista muy completa de las soluciones institucionales practicadas en las diferentes regiones del mundo para llevar a cabo la "integración nacional" de las minorías étnicas (Safran, 1994).

18. Es muy interesante a este respecto el código de ética de la investigación, definido por la Comisión Real de Estudio de los Pueblos Indígenas de Canadá; su objetivo es garantizar que se respeten tanto las culturas, lenguas, conocimientos y valores de las poblaciones indígenas como las normas que utilizan para establecer la legitimidad de los conocimientos.

19. Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, Recomendación 1177 relativa a los derechos de las minorías, adoptada el 5 de febrero de 1992.

20. Véase Giordan, 1992 a, págs. 33-36.

21. La bibliografía sobre los temas abordados en este artículo es muy vasta y está extremadamente dispersa. Las referencias aquí mencionadas corresponden exclusivamente a los estudios citados en el texto.


El autor

Henri Giordan, Director de Investigaciones en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), Centro de Derecho y Cultura (Universidad de París X-Nanterre), dirige la sección Minorías - Investigaciones generales en el Banco Europeo de Datos Mercator (Comisión Europea - Maison des Sciences de l'Homme, París). Autor de numerosas investigaciones sobre las minorías lingüísticas en Francia y en Europa, dirigió recientemente una importante publicación sobre Las minorías en Europa: derechos lingüísticos y derechos humanos.


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