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  Gestión de las Transformaciones Sociales - MOST
Documentos de debate - No. 26

La producción mediática de nacionalidad en la frontera
Un estudio de caso en Posadas (Argentina)-Encarnación (Paraguay) (1)

Alejandro Grimson

INDICE

Una multiplicidad de estudios sobre la llamada "globalización" tienden a contraponer el desarrollo de nuevas identificaciones transnacionales a la crisis y desdibujamiento de las identidades nacionales. Desde su óptica, los procesos económicos y políticos de fin de siglo se "reflejan" en una pérdida de las "culturas tradicionales", entre la cuales se cuentan no sólo a los grupos étnicos sino también a las naciones. La afirmación es categórica y presenta llamativas similitudes con la de ciertos actores involucrados en estos procesos: "las fronteras se encuentran en vías de desaparición". Este trabajo, a través de un estudio de caso, busca aportar elementos al argumento contrario: la Nación persiste como una categoría central de percepción y acción en la "era global".

Esa persistencia no implica un continuidad lineal, una "conservación" de un conjunto de rasgos preexistentes. Por el contrario, a través de una serie de reconfiguraciones la Nación se constituye como una posición relacional a los fenómenos globales y regionales. En ese proceso de redefinición de la Nación, los medios de comunicación -supuestos agentes únicamente de transnacionalización- cumplen un papel central.

Los periodistas y los periódicos son considerados generalmente como fuentes secundarias en las ciencias sociales. Este trabajo, por el contrario, analizará a los periodistas y a los periódicos como un sector clave en la producción cotidiana de nacionalidad en las zonas de frontera. Es decir, no buscaré en ellos "datos" de la realidad, sino datos de cómo ayudan a construir la manera en que la percibimos, en particular en relación a las definiciones de nosotros y los otros en el marco de los "procesos de integración regional".

Este artículo buscará mostrar que en el periodismo de frontera de Posadas (Argentina), vecina de Encarnación (Paraguay), la nacionalidad es determinante en la producción de noticias. Aunque pueden ser relativamente importantes otros modos de identificación existentes (local, regional, latinoamericano) la nación se instituye como parámetro hegemónico en la producción periodística de frontera. De esa manera, las fronteras políticas, tanto las nacionales como las provinciales, establecen líneas que transforman la percepción de los hechos de noticiables en no noticiables y viceversa, al tiempo que modifican su jerarquía y su significación. Este trabajo sugiere que al asumir las fronteras políticas como parámetro elemental de "noticiabilidad" los periodistas y los periódicos coadyuvan a producir a la frontera como límite identitario.

La relación entre Posadas y Encarnación, o entre argentinos y paraguayos, es objeto de una multiplicidad de discursos diferentes a cada lado de la frontera: el origen común y la hermandad, el latinoamericanismo, el nacionalismo, entre otros. Aunque ellos están presentes en distintos momentos de nuestro análisis, decidimos hacer hincapié en un discurso que consideramos hegemónico en el momento actual: es el discurso cotidiano de la producción de noticias sobre los otros y la frontera que se encuentra determinado por la nacionalidad y que, en los momentos de crisis, vira en localismo o nacionalismo.

Para comprender esta afirmación es necesario aclarar tres cuestiones. En primer lugar, el concepto de determinación no se entiende aquí como causa, sino como delimitación, como "un proceso de límites y presiones complejo e interrelacionado" (Williams, 1980:107). En ese sentido, la nacionalidad como determinante implica que esa categoría identitaria estructura un campo de posibilidades, de modos de pensamiento y de modos de acción. En segundo lugar, es necesario diferenciar y articular nacionalismo y nacionalidad. Aquí entendemos por nacionalidad una categoría de clasificación de grupos humanos que implica un sentimiento de pertenencia y un parámetro de percepción y acción. La nacionalidad, en general, es el resultado de la instrumentación de políticas identitarias de los estados articuladas por diversos mediadores. En cambio, el nacionalismo se sustenta en la nacionalidad para predicar una supuesta identidad cultural y moral de un "nosotros" contra un "los otros". Por eso, como dice Guber, "no es difícil encontrar ejemplos de cómo la nacionalidad puede virar rápidamente en nacionalismo y cómo el nacionalismo puede dormitar en la nacionalidad" (1997:62). El "nacionalismo" como discurso y estrategia geopolítica definida por el estado o distintos sectores políticos no es idéntico al viraje nacionalista de la producción de noticias. El periodismo puede ser parte de una estrategia nacionalista o, más habitualmente, encontrarse atravesado por esos discursos. Buscaré mostrar, entonces, que en la frontera de Posadas y Encarnación la producción de noticias se encuentra atravesada por la nacionalidad como sentido común que puede convertirse en nacionalismo en momentos de crisis.

Para ello, en una primera sección analizaré al río Paraná como espacio de producción de discursos históricos, especialmente en su proceso de constitución de "límite internacional". En la segunda sección, me concentraré en el análisis de las noticias de los diarios de Posadas sobre la construcción e inauguración de un puente que une a esta ciudad con Encarnación, así como de los nueve "bloqueos" del puente realizados como modo de protesta por grupos sociales paraguayos y argentinos. Un análisis sistemático de la implicaciones en las noticias sobre el puente que une Posadas y Encarnación permitirá reconstruir una estructura de significación de la identificaciones. Los pre-supuestos de los periodistas se sustentan en los modos en que ellos mismos se representan "los modelos, guiones y actitudes del lector" (van Dijk, 1997:63). De esa manera, es posible dar cuenta del "filtro cognitivo" por el que atraviesa todo hecho social antes de convertirse en noticia. A través de ese "filtro" se producen cotidianamente significaciones que proponen un modo de lectura de la realidad social y, desde el enfoque de nuestro trabajo, de las relaciones interculturales. Si de este análisis no se podrá inferir el grado de aceptación por parte de los lectores de las propuestas categoriales y taxonómicas de los medios, sí podremos conocer las estructuras de significación con las cuales los lectores dialogan cotidianamente.

Los "guiones culturales" a partir de los cuales los periodistas producen las noticias y hablan de nosotros y los otros se encuentran sujetos a transformaciones históricas. Los nuevos procesos sociales -como en la región de Misiones el Mercosur-, la inauguración de un puente y los nuevos conflictos que esto suscita, implican desafíos de transformación de viejos guiones a nuevas realidades que exigen nuevos modos de percepción. En ese sentido, el análisis de los conflictos del puente muestra el proceso de construcción de nuevos guiones que, reciclando antiguos materiales cognitivos, devienen fijados en una nueva etapa convirtiéndose en el sentido común. Por ello, me concentraré en el cambio de los sentidos adjudicados al espacio liminal que constituye el río Paraná que separa a las ciudades de Posadas y Encarnación, ya que los modos de significar la frontera y su transformación condensan simbólicamente la estructuración de las relaciones interculturales

El trabajo de campo incluyó entrevistas etnográficas, observación con participación y el análisis de la principal práctica profesional de los periodistas: la producción de noticias. El corpus de noticias se encuentra compuesto por los materiales gráficos aparecidos en el diario posadeño El Territorio durante el mes de abril de 1990 (el puente se inaugura el 2 de abril de 1990), por una selección de noticias y notas de opinión relevantes de los años anteriores, y por los nueve bloqueos o cortes del puente desde 1990 hasta septiembre de 1997. Sobre este corpus se realizó un análisis etnográfico y semiológico para reconstruir las diferentes categorías y clasificaciones periodísticas utilizadas para producir noticias sobre esta dimensión de relación argentino-paraguaya.

La decisión metodológica de focalizar la observación y el análisis de las noticias fundamentalmente en El Territorio se relaciona con diversos aspectos. En primer lugar, los archivos gráficos permiten establecer comparaciones entre momentos históricos y analizar procesos de cambio. Esta dimensión clave en esta investigación no era viable en radio y televisión por la precariedad de los archivos locales. El otro diario de Posadas, Primera Edición, fue consultado y analizado, aunque en menor medida, ya que tiene pocos años de existencia -menos que el puente- y cuenta con una circulación menor. Según datos no oficiales, mientras El Territorio -fundado en 1925- vende entre trece y catorce mil ejemplares, Primera Edición vende entre dos y tres mil. Además, cabe mencionar que cerca de la mitad de la población periodística se desempeña en diarios, al igual que en otras partes del país. Por último, es relevante considerar que el rol de la prensa en el sistema de medios es central, ya que no se limita a la influencia sobre sus lectores, sino que se amplifica por la reproducción de las noticias en radio y en la televisión (ver Wolf, 1987). En Posadas, muchos periodistas radiales utilizan los diarios -sobre todo los nacionales y El Territorio- para producir y comentar información.
 

I) El Paraná: el río, el límite y el puente

En la primera parte de analizaré el río Paraná como espacio de imaginación y producción de sentidos. Me concentraré en la construcción de la frontera entre Paraguay y Argentina en el Paraná, y las transformaciones en Posadas-Encarnación. En primer lugar, buscaré mostrar brevemente algunos de los principales sentidos presentes y ausentes en los discursos periodísticos sobre la historia de la frontera y sobre la relación entre las ciudades. Para ello, además de considerar relatos de los diarios actuales, analizaré crónicas y cartas de diarios antiguos (como La Tarde de Posadas o La Tribuna Nacional de Buenos Aires). Además, para completar un breve panorama del contexto histórico utilizaré otras fuentes para referirme a algunos períodos "ausentes" en los discursos actuales de los medios. En segundo lugar, me detendré en la última transformación histórica de esa frontera, la construcción de un puente que une físicamente ambas ciudades. Analizaré la decisión política de construirlo y algunas noticias periodísticas sobre el acuerdo entre ambos países y el inicio de las obras. En ambos casos será necesario, sólo contextualmente, rastrear algunas políticas estatales y algunas producciones historiográficas sobre Misiones. (2) En es marco, señalaré algunos de los impactos económicos y sociales que produjo el viaducto en la relación entre ambas ciudades.
 
La frontera: algunas marcas de la historia

"La viceministra tiene que traer soluciones efectivas, porque de no ser así, vamos a cerrar con todos ustedes el puente por tiempo indeterminado y hasta las últimas consecuencias", dijo Francisco Bogado, presidente de la Asociación de Transportistas Remiseros y Autofleteros de Encarnación, en una asamblea realizada en el puente que une la ciudad paraguaya con Posadas (Argentina). Era el momento final del noveno "bloqueo" del viaducto internacional realizado en este caso por trabajadores paraguayos que viven del traslado de personas y mercadería a través de la frontera: los taxistas y las paseras.

Era el 26 de agosto de 1997, pero la historia social y cultural del Paraná como límite y como cruce había comenzado mucho tiempo atrás. Tanto la historia como el presente implican tensiones permanentes entre la confraternidad y el conflicto. Para reconstruir las marcas contemporáneas de esa historia es necesario rastrear en un conjunto de personajes diversos, cuyas prácticas y discursos continúan incidiendo en los modos de percepción del Paraná:

"Para nosotros es como una extensión de tierra, se cruza este río inmenso y hermosísimo que me encanta, que es el Paraná, desde época inmemoriales, ya lo cruzaban los indígenas, después los jesuitas, acá en Posadas lo cruzábamos con lancha, después se hizo el puente y uno lo cruza, hay gente que lo cruza 3 o 4 veces por día, entonces es algo tan natural" (Elsa, periodista radial, 30 años).

La historia social y cultural guaranítica, previa a la llegada de los españoles, se presenta de manera difusa tanto en los diarios como en los discursos de los periodistas. Constituye únicamente un antecedente del verdadero principio: la fundación de las reducciones jesuíticas en tierras guaraníes que se inicia en 1609. Las Misiones resultan entonces de un complejo entramado de relaciones interétnicas en las que cumplen papeles decisivos los bandeirantes que desde el imperio lusitano buscaban esclavizar a los guaraníes. Más allá de la complejidad de la situación histórica, los jesuitas son recordados como aquellos que permitieron a través de la organización económica y militar la defensa de los nativos. Pero no sólo eso, también permitieron su "civilización". Los jesuitas habrían permitido conservar lo indígena a la vez que transformarlo a la civilización, hasta tal punto que el "indio reducido" es un paradigma identitario de la región: su rostro es el ícono del diario "El Territorio", el más antiguo y el de mayor difusión en la provincia de Misiones.

Entre los héroes de esa historia jesuítica se destaca el padre Roque González de Santa Cruz, uno de los primeros jesuitas criollos nacido en Asunción en 1576. Además de ser recordado por su "dominio perfecto del idioma guaraní" y por su "tarea evangelizadora", Roque González fundó en 1615 "Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa" (en el sitio de la actual Posadas) trasladada luego a la otra orilla del Paraná con el nombre de Nuestra Señora de la Encarnación (hoy Villa Encarnación). Aunque el territorio donde actualmente se encuentra Posadas, fue abandonado por más de dos siglos, tanto los periodistas como los políticos tienden a considerar a este Santo paraguayo el fundador de ambas comunidades (ver p.e. El Territorio, 6-8-95). Por eso, el puente inaugurado en 1990 lleva su nombre. (3)

La hermandad de las ciudades fronterizas, entonces, se remontaría a su fundación, así como en algunas versiones al "sustrato guaraní" que poblaba Itapúa -piedra fuerte en guaraní- "desde tiempos inmemoriales". Los relatos de la unidad aluden a una misteriosa obra jesuítica: "Se cuenta reiteradamente que debajo del río Paraná corre un túnel de dos kilómetros de extensión por el cual los jesuitas se comunicaban de una a otra orilla; lo que nadie sabe es dónde se puede encontrar la entrada, o la salida", dice Tomás Micó (1975:72). El autor narra una serie de sucesos que despertaron la curiosidad por los supuestos túneles y los diversos imponderables que habría deparado su búsqueda infructuosa. A pesar de los sucesivos fracasos, concluye: "Entre tanto, los túneles siguen ahí". Este relato refiere a una "unidad mítica" impulsada por los jesuitas que atravesaba el Paraná. Aunque los túneles sean inexistentes, el río no constituía en aquella época una frontera en ningún sentido y las reducciones jesuíticas se fundaron no sólo a ambos lados, sino atravesando también el Uruguay y en amplios territorios de la región.

Los más de cien años que van desde la expulsión de los jesuitas (1767) hasta el fin de la Guerra de la Triple Alianza (1870) son los que menos aparecen en los diarios. Sin embargo, parecen fundamentales en el proceso de constitución de las fronteras. Aunque aquí no podemos profundizar una cuestión que excede el presente trabajo, señalaremos algunos puntos que consideramos particularmente relevantes como parte del contexto histórico. Después del Tratado entre España y Portugal en 1777 y de la conformación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, fue enviado al Paraguay -que ahora dependía del nuevo virreinato- el marino y naturalista Félix de Azara. Azara tenía como misión demarcar los límites de la provincia del Paraguay y el Brasil. En el transcurso de las frustradas negociaciones mantuvo una amplia correspondencia oficial con el Virrey en la cual pueden notarse al menos dos cuestiones relevantes para nuestro estudio.

En primer lugar, en 1784 Azara pretende marcar dos líneas diferentes, una para España y otra para Portugal, "dejando competente espacio neutral entre ambas". Esa demarcación permitirá que quede "imposibilitada la comunicación de los vasallos de ambas coronas por esta parte, que es uno de los fines del tratado" (Azara, 1970:360). "El tratado quiere que los límites queden bien marcados y conocidos, lo que se consigue ciertamente, no haciéndolos pasar por ríos o montes, sino dejando los vasallos bien separados. Para lo primero, cualquier río o arroyo es suficiente, pero no lo es para separar los vasallos, como se desea en el artículo 6º del tratado". Es decir, el acuerdo entre ambas coronas ibéricas busca impedir la comunicación entre las poblaciones. Para ello no alcanzaba con encontrar una "frontera natural", sino que era necesario definir un territorio neutral. Sin embargo, por orden del Virrey debe cambiar su plan: "con la carta de V.E. y la lista de los ríos que me incluye, espero hallar alguno que evite la solicitud de terreno neutro". Por lo tanto, con cierta aparente resignación, "me contentaré con buscar un río", dice Azara (370).

Esta búsqueda del río es la segunda cuestión. El problema de límites en el que Azara está enredado es una discusión sobre la existencia o no de ciertos ríos, y su ubicación. Esto es importante, ya que más allá de que no logre ponerse de acuerdo sobre estos aspectos ni siquiera con las autoridades españolas, en estas cartas subyace la presuposición de que se trata de encontrar los ríos que establezcan la distinción de los dos reinos. Ese presupuesto se vio materializado en amplias fronteras entre los países, fundamentalmente en las que dividen la Argentina del Paraguay, un límite inimaginable para Azara en ese entonces. Hasta tal punto, que llegó a concretarse su afirmación de que el río más caudaloso es "más adecuado para el límite".

Los ríos definen el territorio en la región. "Misiones está enmarcada por dos hermosísimos ríos, no encerrada por ellos", dice una importante historiadora local que realiza un programa radial y asesora a ciertos medios en cuestiones históricas (producciones especiales, efemérides y otros). Según ella, el territorio actual es el resultado de la lucha de Andrés Guacurarí. Toma en sus manos una estatuilla de este héroe local, el aborigen defensor de las fronteras, "recuperado" en diversos momentos por el periodismo y dice:

"Este es Andrés Guacurarí que está señalando en el momento en que se va a oponer a los portugueses y les dice: 'Estos pueblos son de los naturales misioneros a quienes le corresponde el derecho de gobernarlos'. (...) Desde 1815, él reconquista los pueblos del Paraná y después los ubicados en las márgenes del Uruguay que estaban en las manos de los portugueses. Es la cosa de la frontera, que ahora nosotros la vemos como abrazo, como integración, en aquel momento... era también eso, pero con nuestra gente, no con los representantes de los frentes de expansión colonial" (Alicia, 48 años).

La actual Posadas debería atravesar una larga historia luego de la frustrada fundación de Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa. Al parecer, nada ocurrió en ese territorio hasta la expansión paraguaya a mediados del siglo XIX. En aquel momento, Rodríguez de Francia ordenó la construcción de una trinchera en el lugar. "Los paraguayos levantaron una muralla en forma de semicírculo, de 2.500 metros de extensión y 2,50 m de alto; sus extremos llegaban a la costa del Paraná" (Amable et al., 1996). La "Trinchera de los paraguayos" quedó terminada en 1838.

Hacia fines del siglo pasado, el diario porteño La Tribuna Nacional publicada cartas de Alejo Peyret que, desde Misiones, relataba la historia de la región y describía su paisaje y vida cotidiana. Peyret cuenta la historia de "La Trinchera" y señala que la principal ventaja de los paraguayos era "conservar expeditas las comunicaciones con el Brasil", lo cual "prueba la importancia militar y económica de ese punto, conocido actualmente con el nombre Trinchera de San José o de Posadas". Esa posesión paraguaya, dice Peyret, duró hasta la guerra de 1865. "Fué recién entonces cuando los paraguayos evacuaron el territorio de las Misiones argentinas, que ellos consideraban suyo. (...) Fué, pues, necesario todo el poder de la Nación Argentina y de sus aliados, para recuperar esa estensa é importante fraccion del territorio nacional" (Peyret, 1881:34-35).

En efecto, tres décadas después de su construcción un batallón de trescientos correntinos atacaba la Trinchera en el marco de la Guerra de la Triple Alianza. Al no poder resistir, los paraguayos cruzaron el río Paraná y se trasladaron a Encarnación. Los aliados también cruzarían el río continuando la persecución. Del ataque surgía la nueva fisonomía de la futura ciudad de Posadas. Diversos proveedores acompañaban al ejército brasileño que colaboraba en la lucha contra los paraguayos. Muchos de ellos decidieron instalarse en la Trinchera, donde llegaron vecinos de localidades aledañas en busca de trabajo. "Al poco tiempo se formó una calle de ranchos desde el portón de la Trinchera al puerto en forma diagonal" (Amable et al., 1996:114).

Cuando comienza la guerra, entonces, los paraguayos ocupaban una parte del territorio actual de Misiones, cuando termina se establecen los límites actuales con Paraguay. De la Guerra de la Triple Alianza surge la ciudad actual de Posadas (4) y en 1876 se firma un Tratado que establece al Paraná como uno de los límites entre los estados. La guerra implicó la derrota del proyecto independiente paraguayo y un genocidio en el que murieron más de un millón de habitantes. Al finalizar sólo quedaban doscientas mil personas, treinta de las cuales eran hombres adultos (Albornoz, 1997:122). De aquella guerra ha quedado una marca indeleble en el lenguaje cotidiano de los paraguayos. Los argentinos son llamados "curepí" en referencia a las polainas de cuero de chancho que utilizaban los soldados argentinos que entraban al Paraguay. Esa designación se escucha cotidianamente tanto en Encarnación como en el puente, por ejemplo para hacer referencia a los aduaneros. Mitre en Posadas y Estigarribia y Solano López en Encarnación, generales y mariscales de los ejércitos de la guerra, constituyen algunas de las principales calles céntricas en ambos lados de la frontera.

A fines de 1870 Peyret hacía referencia a un intenso tráfico comercial por la frontera del Paraná. El puerto de Posadas era utilizado para transportar animales al Paraguay, "remolcados en grandes chatas por unos vaporcitos". Por otra parte, tanto en las Misiones paraguayas como argentinas Peyret describe:

"hombres indolentes que dejan a la mujer todo el trabajo de la casa, para dedicarse ellos a la ociosidad o a las diversiones. Las mujeres van y vienen constantemente de un lado á otro del rio, á llevar frutas, á negociar, á vender, á comprar. En el mercado no hay mas que mujeres descalzas, envueltas en su tipo y, con el cigarro en la boca, con el niño al pecho, agachadas al lado de sus montoncitos de naranjas, de mandioca, de caña de azúcar y otras fruslerías. Eso constituye indudablemente un vicio social: es necesario que Estado intervenga para hacerlo desaparecer" (164).

Entonces, junto con Posadas aparecen las "paseras", las "mujeres van y vienen constantemente de un lado á otro del rio". Y junto con el pequeño pero constante "tráfico fronterizo" aparece el reclamo de la intervención del estado para hacerlo desaparecer. Otros viajeros han dejado testimonio de que las paseras paraguayas proveyeron constantemente desde aquel entonces de verduras y mandioca a la ciudad de Posadas. En 1883, Rafael Hernández decía:

"De Villa Encarnación pasan diariamente a este lado mas de cuarenta mujeres, con cargueros de mandioca, naranjas, miel, batatas y raspaduras (mascote de azúcar y fariña); con esto abastecen a esta población, pues los naturales son tan holgazanes que no trabajan ni cultivan la fecunda tierra en que viven" (1973:48).

Desde aquel entonces y hasta la actualidad, las paseras han provisto de múltiples alimentos a los posadeños, aunque su presencia en la ciudad fue permanentemente conflictiva, construida a la vez como ilegal y contaminante (Schiavoni, 1993).

El contraste en la descripción que hace Peyret de Posadas y Encarnación es importante. El cronista estaba sorprendido por el dinamismo de la ciudad argentina y escribía sobre ella al diario porteño: "La población es cosmopolita; compónese de todas las naciones del mundo, pero todos tienen amor y entusiasmo por la localidad, que consideran hija suya" (1881:76). Estas características, junto a las posibilidades económicas y comerciales, impulsan a Peyret a reclamar el apoyo del gobierno central para el desarrollo de esta zona, así como a argumentar a favor de convertir a Misiones en Territorio Nacional. Para Peyret, Posadas "es yba creación de la espontaneidad social; háse formado al estilo norte-americano". En cambio, Paraguay es descripto a partir de pequeñas incursiones a través de su pobreza y sus costumbres exóticas. Del otro lado del Paraná, encontró "una chosa miserable por toda habitación; niños que chupan caña de azúcar y mujeres que fuman cigarros. Háseme asegurado que el mayor placer de los paraguayos consiste en comer galleta con azúcar. Ese pueblo no es carnívoro como el de la Mesopotamia argentina". (105). De la parte baja de Encarnación, construida cerca de los pantanos que se anegan con la subida del río, llega a Misiones la plaga de la fiebre intermitente del chucho. Para Peyret Paraguay es "un pueblo de niños grandes, un pueblo incapaz de gobernarse a sí mismo y de comprender la libertad con que se quiso favorecerlo" (163).

Peyret es parte de la época en la cual el Paraná se ha fijado como límite internacional. Desde entonces, los paraguayos serán "extranjeros" al Este del gran río. Sin embargo, la constitución jurídica del límite necesitaba ser complementada con su definición simbólica. En ese marco, Peyret junto a otros produce desde sus cartas al diario algunas de las distinciones identitarias más perdurables: Paraguay es un espacio de desorden y pobreza, de costumbres extrañas y de carencia de voluntad para el trabajo. El Estado debe hacerse presente en las Misiones argentinas para impulsar su desarrollo y terminar de conquistar este territorio, aun poblado por aborígenes, para la Nación. Entre sus tareas estará declarar una "guerra formal" al idioma de los aborígenes para que estas sociedades no estén tan distantes "de la sociedad moderna", ya que en Misiones "cuando no se oye portugués, se oye guaraní: el castellano es la escepcion" (164-165). Por ello, no es casual que cuando Peyret recorre el Paraná en un vapor, desde Itapúa hacia el norte y describe la "costa paraguaya" y la "costa argentina", por la noches entretenga a los pasajeros y a los hombres de servicio del barco con una lectura en voz alta a la que todos prestan "la atención más religiosa". Se trata del Martín Fierro de Hernández que ya se había transformado de folletín publicado en los diarios porteños a un libro de poemas. Mientras navegaba el Paraná, Peyret recitaba los versos de la obra que años después se convertiría en un símbolo de la argentinidad.

La demarcación simbólica del límite político entre Argentina y Paraguay se desarrolla a partir de la guerra y después de ella. Su permanencia y su transformación se pondrán en juego en diversos momentos, hasta alcanzar el contexto actual vinculado a las redefinciones de los estados en función del Mercosur.

Sin embargo, la demarcación no implica necesariamente enfrentamiento, también pueden producirse identidades diferenciadas en situaciones de solidaridad. En ese sentido, es importante hacer referencia a un relato local de la hermandad de los pueblos. En 1926 un ciclón destruyó una gran parte de la ciudad paraguaya, provocando centenares de muertos. El diario posadeño de la época, La Tarde, narra la importante ayuda que los argentinos les dieron en aquel momento a sus "hermanos paraguayos" y el inmenso agradecimiento de éstos. Aunque en el mes anterior al ciclón Paraguay o Encarnación no figuraron entre las principales noticias del diario local, durante la semana siguiente será la noticia central. Las sucesivas informaciones parecen organizarse en dos grandes series semióticas. Por una parte, el desastre provocado por el ciclón, la descripción de la destrucción y la víctimas, que provocan conmoción y dolor. Por otra parte, la inmensa solidaridad argentina para con los hermanos paraguayos, la ayuda incesante y desinteresada, que provoca el infinito agradecimiento del pueblo vecino. Por ejemplo, el 23 de septiembre de 1926 La Tarde titulaba "En torno a la terrible catástrofe de Encarnación" y decía en el copete:

"La desolación, el dolor y la miseria de la zona desvastada por el ciclón. Elogioso comportamiento del cónsul argentino señor Arigós. La ayuda y solidaridad del pueblo de Posadas..."

Además, La Tarde informa que el cónsul Arigós distribuía provisiones "entre los necesitados":

"Es el único sitio donde los necesitados hallan algo para alimentarse y alimentar a sus pequeñuelos. Todo lo que allí había en materia de provisiones había sido enviado desde Posadas. A este respecto nos dijo el señor Arigós; La generosidad de los posadeños no tiene límites. Su cooperación en la noche de la catástrofe evitó la muerte de muchos heridos. Los médicos vinieron de Posadas y los particulares trabajaron con verdadero altruismo".

De ese modo, "el desastre de lo que es la violenta devastación, el arrasamiento total de una ciudad" percibido como "algo inenarrable, que anonada y espanta" (22-9-26) se combina con la narración de la solidaridad en la que se reúne la Nación Argentina: la Iglesia, los médicos, los masones, la Sociedad de Beneficencia, el Gobierno Nacional, la tripulación de los ferrys, "los lancheros y peones de nuestro puerto", los "estudiantes de nuestra Escuela Normal", todas las organizaciones de colectividades migratorias, los sindicatos, entre otros. A esto se agregan los mensajes del gobierno paraguayo donde se expresa la "gratitud del Paraguay por la hidalga y generosa asistencia", así como la información de que "los diarios asuncenos elogian la generosidad del pueblo de Posadas" (24-9-26).

En este episodio se desarrolla un proceso de consolidación de la identidad "argentina" y "posadeña" en el gesto mismo de aproximación y apoyo a los paraguayos. Por una parte, la narración de la generosidad argentina con el Paraguay consolida la imagen de asimetría entre los países. No es una solidaridad "entre iguales", sino una ayuda ineludible para con "nuestros hermanos pobres". En el relato del altruismo argentino se consolida un valor moral que los distingue de los otros, en la medida en que la situación impide que sea un acto recíproco. Por otra parte, quedará la incógnita acerca de si el episodio del ciclón no constituye, al menos para algunos de los posadeños, la oportunidad de saldar una deuda elemental con sus vecinos, originada en la guerra de la Triple Alianza. Una deuda recordada cotidianamente con la apelación curepí, un acto de generosidad recordado año a año en los diarios de Posadas. En efecto, casi todos los 20 de septiembre un artículo se publica recordando "el abrazo solidario de Posadas con Encarnación". El relato, según diversas circunstancias, puede mantener la línea de La Tarde, de producción de nacionalidad a partir de la generosidad, o bien puede hacer hincapié en la "integración" existente desde aquel entonces. En 1991, a los sesenta y cinco años, El territorio afirmaba:

"Eran tiempos en que la vida de ambos pueblos, fundados por San Roque González de Santa Cruz, transcurría en apacible fraternidad. Había lazos familiares, comerciales, permanente intercambio, casi plena integración".

Después de relatar brevemente el ciclón y la ayuda brindada durante los días sucesivos, explicita como moraleja: "Constituyó el inicio de una cadena solidaria que pasará a la historia como el abrazo efectivo de dos ciudades, por encima de la frontera". Por último, como ya es habitual, el relato culmina con la cita del poeta Manual Ortiz Guerrero que escribió el poema "Gratitud", en el cual "puso de manifiesto el sentimiento de su pueblo frente al gesto de los posadeños, que no dudaron en brindarse hacia los hermanos encarnacenos en la desgracia".

Los medios de comunicación actuales se encargan de contar esta historia a ambos lados de las orillas, instituyéndolo como un hito de integración fundamental de las localidades. Asimismo, en la Estatua de la Libertad ubicada en la plaza central de Posadas, se han fijado dos placas: "La federación de Estudiantes del Paraguay, a la hidalga ciudad de Posadas" y "Homenaje de gratitud del Centro 'Estudiantes Católicos' a la ciudad de Posadas por los auxilios aportados a Encarnación en la noche trágica del 20 de septiembre de 1926".

Múltiples relatos sobre los diversos momentos de la historia del Paraná y de las ciudades circulan habitualmente por los medios de comunicación, constituyendo un pasado de la cual puede seleccionarse momentos disímiles en función de los posicionamientos actuales. Estos relatos, y muchos otros que no podremos mencionar aquí, constituyen parte de los modos locales de percepción de los que están "del otro lado del río". Ese sentido común, reconstruido entre generaciones a través de la oralidad, los medios y la escuela, se encuentra entre los presupuestos de los periodistas locales en la producción de noticias.

Estas narraciones locales se combinan con los modos en que el estado nacional imaginó y diseñó una política para las fronteras, interviniendo en la vida de la región. En 1979 el geógrafo Rey Balmaceda, reivindicando las medidas gubernamentales y el despertar de "una conciencia sobre la importancia, función y vulnerabilidad de nuestras fronteras", señalaba que

"la acción argentinizante de la periferia del territorio nacional tiene tres nortes insoslayables: a) la urgencia de poblar las fronteras -vacías u ocupadas por extranjeros- con argentinos nativos que se arraiguen y constituyan un verdadero vallado humano a pretensiones extrañas; b) alcanzar una efectiva cohesión interna con un adecuado desarrollo de una infraestructura de circulación y de comunicaciones, y c) implantar un régimen educativo que abroquele a nuestro pobladores contra cualquier influencia foránea" (354-355).

Para Balmaceda uno de los grandes "problemas de las fronteras" es que mientras la región de las Sierras Pampeanas "es el área que conserva el mayor acopio de elementos tradicionales del país, es evidente que todas las fronteras están alejadas de ese foco, del que debe irradiar, necesariamente, la más densa savia de argentinidad" (343).

En ese marco, las fronteras con Chile y Brasil parecen ser las percibidas como de mayor riesgo para la Argentina. Por una parte, la denominada "cuestión Beagle" y el poblamiento de la Patagonia. Por otra, la falta de poblamiento y de presencia del estado argentino sobre el río Uruguay y la frontera seca con Brasil. En relación a este punto, el diagnóstico gubernamental sobre el "Area de frontera Bernardo de Irigoyen" (frontera seca) de 1978 señalaba:

"situación de espacio vacío que soporta una presión demográfica externa de 20 a 1. (...) Adhesión local a ciertos usos, costumbres, vestuario y recreación ajenos a la modalidad argentina. Area de ambivalencia lingüística. (...) Fuerte irradiación radiofónica y televisiva del país limítrofe. (...) Importante presencia de no nacionales proveniente del país limítrofre" (Ministerio de Defensa, 1978; citado en Balmaceda, 1979).

A diferencia de estas zonas fronterizas, el límite político con Paraguay no parece haberse organizado en las últimas décadas en función de posibles conflictos territoriales y militares. Más bien el Paraná como frontera política parece haber adquirido un significado eminentemente económico, aunque no estuvo exento de las preocupaciones por la "seguridad" y la migración ilegal. Por ello, Balmaceda enumera cuatro problemas fronterizos de la Argentina y marca las diferencias entre los dos límites en la provincia de Misiones. El portuñol en la frontera misionera con Brasil es el ejemplo de que "todos los comentarios que han hecho los tratadistas sobre la necesidad y conveniencia de que los caracteres nacionales sean exaltados en las franjas perimetrales -verdaderas epidermis del Estado- resultan superfluos cuando se pretende comprobar su vigencia" (345). La frontera con Paraguay contrasta con la brasileña en que no es hiperobservada como riesgosa en la estrategia geopolítica. Más bien, se trata de buscar cierta "unidad" con los paraguayos contra los brasileños. Por ello, Balmaceda afirma "los ríos Paraná y Paraguay han servido históricamente de nexo entre los territorios que hoy separan políticamente y junto con otros factores han determinado la existencia de una verdadera comunidad de intereses socioeconómicos y culturales". Estos cauces fluviales "más que separar, unen; más que aislar, comunican" (316).

Sin embargo, a pesar de la "comunidad de intereses", hay un grave problema comercial en esta frontera. El límite político del Paraná es un ejemplo de los "problemas económicos" de las fronteras, ya que la diferencia de precios hace que "nuestros pobladores" acudan a otras naciones a "aprovisionarse, incluso de los artículos de consumo diario. En consecuencia, las localidades limítrofes argentinas vegetan y languidecen y el cierre de sus comercios en algunos casos es alarmante" (346). En ese marco, Balmaceda reivindica la resolución de la Administración Nacional de Aduanas por la cual se restringe el tráfico fronterizo con Paraguay entre Ituzaingó (Corrientes) y Puerto Rico (Misiones):

"De este modo las denominadas 'paseras', mujeres residentes en Encarnación (Paraguay) que diariamente cruzan a Posadas portando todo tipo de mercaderías (muchas veces no sólo de origen paraguayo) y cuyo número ha sido estimado en 700, verán limitada su actividad" (347).

La frontera argentino-paraguaya del Paraná es definida a partir del comercio y, nuevamente, las paseras se encuentran en el centro de la escena.

En toda esta disputa geopolítica por la soberanía y la identidad nacional, los medios de comunicación se encuentran en el centro de la escena. Para Balmaceda (1979) la "penetración cultural no es producto de un azar sino el resultado de una política permanente, sagaz, en la que se utilizan todos los medios disponibles (potencias, frecuencias, programaciones, etc.) con el objeto de menoscabar y vulnerar la idiosincrancia del pueblo que vive más allá del límite internacional" (346).

La cuestión de la "penetración cultural" en las últimas décadas se asoció a las disputas por el "control" de la frontera encontraron como protagonistas la cobertura de los propios medios de comunicación. En efecto, en el campo de las comunicaciones existe un concepto patriótico derivado de la identidad geográfica con el territorio nacional: el espectro radioeléctrico nacional. Existen convenciones internacionales sobre el uso del mismo, en tanto cada estado es soberano en su regulación. En ese marco, los medios cumplieron un papel clave en las disputas geopolíticas regionales, en la medida en que la "penetración" de la radio y la televisión de los países vecinos implicaba serios riesgos de "aculturación" manifestada en el idioma y las costumbres.

En 1978 la política gubernamental para esta zona de frontera consideraba como una vulnerabilidad la "fuerte irradiación radiofónica y televisiva del país limítrofe" y planteaba entre los objetivos "contrarrestar los efectos de la irradiación externa mediante la adecuada instalación de medios de comunicación masivos complementados con un plan de acción psicológica" (Ministerio de Defensa, 1978). El gobierno de facto del "Proceso de Reorganización Nacional" elaboró mapas sobre el alcance de los medios nacionales y sobre las emisoras extranjeras de radio y televisión. Hasta tal punto era un "asunto de Estado" que a mediados de la década del '80 el gobierno constitucional de Misiones utilizaba esos mismo mapas en su fundamentación de la necesidad de aumentar la potencia de transmisión del Canal estatal y lo subtitulaba "Emisoras que penetran en territorio provincial registradas a 1982". El informe, titulado "Televisión Argentina en la frontera de Misiones", explicaba que el incremento de la potencia "consolida a través de un medio de comunicación fundamental, la presencia argentina en una delicada frontera, fuertemente influencia por emisoras extranjeras". Los sistemas de comunicación "constituyen elementos relevantes en la defensa del patrimonio nacional" y, de ese modo, "a través del empeño misionero se beneficia a la Nación en su conjunto".

Geopolítica, Yaciretá y el puente como proyecto

La relación entre Posadas y Encarnación sufre una transformación fundamental con la construcción de un puente que, atravesando el río Paraná, une físicamente a las dos ciudades. La decisión de construir el puente surge de arduas negociaciones entre el estado argentino y el paraguayo en el marco del acuerdo de Yacyretá. El Tratado de Yacyretá se firmó en diciembre de 1973 y es consecuencia de la estrategia geopolítica argentina en la región.

En efecto, "Paraguay, Argentina y Brasil tienen una larga historia de relaciones triangulares. (...) En los años 60 y 70, la hegemonía regional era una cuestión primordial para los gobiernos de Argentina y Brasil, y la cuenca del Plata su escenario" (Lins Ribeiro, 1991:59). El acuerdo para la construcción de Itaipú -una gigantesca central hidroeléctrica ubicada en la frontera brasileño-paraguaya- causó un profundo malestar en el Estado argentino, deteriorándose las relaciones con el Brasil. En ese contexto, la Argentina proyectó la construcción de Corpus, ubicada entre Yacyretá e Itaipú, creando una interdepedencia entre los tres embalses. De ese modo, fortaleció su posición y se firmó un acuerdo para regular las aguas del Paraná en 1979.

La decisión de construir Yacyretá está directamente vinculada con las interpretaciones geopolíticas de la influencia brasileña sobre Paraguay y el nordeste argentino. "Yacyretá fue una 'respuesta geopolítica' al crecimiento de la influencia brasileña", porque las obras hidroeléctricas son claves de la batalla por los usos de los recursos de la región" (idem). El origen de la represa no es tanto económico como político, ya que Argentina entiende que debe igualar a Brasil si no quiere tornarse un mero satélite. Los especialistas argentinos del sector energético admitían que la represa era un proyecto anti-económico, pero clave para la competencia regional con Brasil. "El área natural e histórica de esta confrontación es el territorio paraguayo" (idem).

En las negociaciones argentino-paraguayas para la construcción de la represa se destacaron como especialmente problemáticas las cuestiones relacionadas a la tasa de cambio y a las indemnizaciones por el territorio inundado. La definición de la ubicación del embalse, señala Ribeiro, se tornó crítica, desarrollándose un debate de gran intensidad. Mientras Paraguay argumentaba que su área inundada sería cinco veces mayor a la argentina, algo que un país de pequeñas dimensiones no podía soportar, la Argentina negaba la posibilidad de ningún cambio. "La prensa de los dos países comenzó una guerra de noticias". Entonces, apareció una posible solución a través de la indemnización por los territorios inundados y a fines de noviembre de 1979 se acordaron una serie de ventajas para Paraguay a través de obras de infraestructura y de una zona franca en Rosario. "Además de eso, este documento anunciaba que las medidas necesarias para iniciar la construcción del puente Posadas-Encarnación sobre el río Paraná habían comenzado. (...) Se afirmó más tarde que la Entidad Binacional Yacyretá financiaría esta 'obra complementar', considerada la principal ventaja inmediata que el Paraguay obtuvo de la indemnización por su territorio inundado" (Lins Ribeiro, 1991:66).

El puente "San Roque González de Santa Cruz", entonces, fue construido como la gran indemnización de la Argentina al Paraguay, la gran herramienta para poder avanzar en la construcción de Yacyretá. El puente nació así como una llave que habilitaba el inicio de las obras, constituyéndose en una de las claves de la estrategia geopolítica argentina a fines de los '70 y principios de los '80. El puente se acordó contra Brasil y se terminó de construir cuando Brasil asomaba en el horizonte como el nuevo socio de la Argentina.

En julio de 1977 los presidentes de dos gobiernos militares de Argentina y Paraguay se reunieron en Asunción. Sólo dieciocho años después un destacado periodista misionero que había cubierto el evento, revelaría el off the record del acontecimiento. Su prolongado silencio que cumplía el "compromiso de no decir nada", no se debió a una lealtad hacia los funcionarios de la época, sino a que una estrategia argentina contra Brasil se encontraba en juego en el proceso. El artículo se titula "La trama secreta de su construcción", frase impresa sobre fotos de Videla y Stroessner y que hace juego con la volanta "Puente Encarnación-Posadas".

El autor se sitúa a sí mismo como "testigo calificado de un acontecimiento histórico" y pedagógicamente ubica al lector en el contexto: dos generales en actividad representando a dos gobiernos militares "se reunieron tratando -cada uno por su lado- de sacar mejor partido en el delicado contexto geopolítico sudamericano". La Argentina es presentada en el artículo como obsesionada para "equilibrar el expansionismo del Brasil", situación de la que sacará provecho "el astuto Stroessner", quien "venía teniendo la manija" en los acuerdos sobre Yaciretá. En esta reunión entonces daría su próximo paso: exigir que se uniera "su ciudad natal con la capital misionera" y, además, que "los argentinos pagáramos toda la obra". Los "nosotros" aparecen fuertemente marcados para referirse al cargo argentino por un puente que era conveniente: "a costa de nuestro país".

El canciller argentino comentó off the record el temor a la influencia brasileña también en este proyecto. Esta es la revelación del periodista Sanchez Bonifato, justificada por él ya que "Videla equivocó el diagnóstico: sólo Paraguay quería la obra". La revelación periodística aparece en el artículo como una excusa para pintar la asimetría entre la inteligencia paraguaya y el error argentino. En el marco de la disputa argentino-brasileña "ni lento ni perezoso, Stroessner supo otra vez sacar provecho practicando la diplomacia pendular". En ese momento nadie imaginaba "cuánto iba a incidir [el puente acordado] en la vida de esta frontera".

Después de cinco años de haberse inaugurado el puente y de haber surgido nuevos problemas fronterizos, el periodista recuerda de este modo el acuerdo binacional. Sin embargo, en aquel momento (fines de los '70 y principios de los '80) la construcción del puente parece haber sido muy bien recibida en la provincia. Por ejemplo, en noviembre de 1980, cuando se pensaba que el inicio de la construcción era inminente, el diario El Territorio (de aquí en más ET) publicaba una noticia al respecto y -como sigue ocurriendo actualmente- daba la palabra in extenso a las autoridades. Es necesario comprender que el sentido de este recurso recurrente es un borramiento de la enunciación de cronista que produce un efecto de objetividad. Sin embargo, esa "objetividad" consiste básicamente en dar a conocer las voces de los funcionarios -o en otros casos de otros actores- posicionándose en un lugar de transmisión que refiere a una acuerdo no explicitado. Esto puede verse claramente por contraste: cuando los periodistas citan voces con las que buscan tomar distancia utilizarán diversas relativizaciones de las aserciones como supuestamente, admitió, reconoció, palabras que asumen diferentes distancias frente a las afirmaciones citadas.

En noviembre de 1980, luego de describir los acuerdos y pasos para el inicio de la construcción, el periodista le daba la palabra al gobernador Paccagnini para explicar el sentido del emprendimiento: "las grandes obras", equiparando el puente con Yaciretá, "van a producir un cambio en la provincia que ya es irreversible". "Un puente entre dos naciones -agregaba-, tanto en Brasil o Paraguay, hermana a dos naciones que ya lo son entre sí. El río Paraná, si bien nos separa, también nos une, de manera que este puente nos va a facilitar esa unión que siempre ha existido entre ambos países". Como puede observarse, el discurso citado habla de hechos que van a cambiar cosas que desde siempre fueron como van a ser en el futuro: el puente hermana a dos naciones que ya lo son; facilita esa unión que siempre ha existido.

De esa manera, comienzan a esbozarse en relación al puente ciertas categorías a través de las cuales percibir el cambio. La eterna hermandad se presenta como la figura que deshistoriza una relación profundamente conflictiva, atravesada por la guerra de la Triple Alianza y por rencores y desprecios persistentes, aunque nunca oficialmente reconocidos. Sin embargo, la inauguración diez años después mostraría que esa figura, así como otras que irían completando un modo de percepción, serían sistemáticamente cuestionadas no sólo por los "hechos" -en rigor, los hechos no garantizan en sí mismos el cuestionamiento de modos perceptivos- sino por las figuras del conflicto que aparecerían en el mismo diario con toda su intensidad.

El 29 de julio de 1981 dieron comienzo las obras de construcción del puente, con un plazo de 40 meses para su terminación. En febrero de 1982, El Territorio titulaba: "Puente Posadas-Encarnación: avanzan las obras" y hacía referencia al "sostenido ritmo" de las mismas. El artículo produce una imagen de progreso y modernidad, utilizando palabras como "avance" y "dinamismo". Esta imagen es reforzada por las fotografías del dispositivo tecnológico y las maquinarias, como la "moderna planta flotante de hormigón fabricada íntegramente en la Argentina". En este caso, el periodista emite directamente una opinión, aunque utilizando una figura de neutralidad: "Cabe recordar que la construcción del puente responde a la necesidad de contar con un enlace físico entre ambos países, en una región de dinamismo y progreso. Proyectado como vial y ferroviario, eliminará los servicios de ferrobarcos (inaugurados en 1913), lanchas y balsas, permitiendo el rápido paso de trenes y automotores que correrán por sobre el río Paraná, entre las capitales de Misiones e Itapúa" (ET, 27-2-82; bast. mía).

Aunque el "avance sostenido" debería haber culminado en la inauguración en noviembre de 1984, el puente no se habilitaría hasta el 2 de abril de 1990. La primera amenaza de atraso surgió de la Guerra de las Malvinas, que planteó restricciones presupuestarias. Más tarde, surgirían desacuerdos financieros entre autoridades argentinas de Obras Públicas y el consorcio contratista. Otras versiones periodísticas, sin embargo, hacen hincapié exclusivamente en la decisión política de Alfonsín de no entrevistarse con Stroessner, afirmando que sólo cuando cayó el presidente paraguayo y se alejó el argentino de su cargo pudo terminarse la obra y realizarse la inauguración.

Sin embargo, hay un detalle que no debería pasarse por alto: en mayo de 1988 el Papa Juan Pablo II visitó Asunción y Encarnación y, entre otras actividades, canonizó a Roque González de Santa Cruz. En aquella oportunidad se habilitó el puente y se permitió que los católicos de Misiones cruzaran por el viadcuto para asistir a la misa oficiada por el Papa.

Por cuestiones políticas, financieras o técnicas, casi trece años después de la reunión entre Videla y Stroessner en la que se acordó su realización, Menem y Rodríguez se reunirían en un palco ubicado en el límite mismo de las dos naciones sobre el puente, para realizar la inauguración oficial del "San Roque González de Santa Cruz". En ambos encuentros el clima estaba lluvioso y los periodistas se encargan de remarcarlo una y otra vez, como si la tormenta fuera un mal presagio de las aguas turbias que bajarían por el Paraná en el futuro.

Transformaciones sociales y económicas

Sobre este río bajo el cual se imaginan túneles jesuíticos, cruzado por batallones paraguayos y argentinos, navegado por viajeros que relataban las diferencias nacionales mientras leían el Martín Fierro, proyectado como recurso hidroélectrico y espacio geopolítico por los distintos estados, se ha construido un puente de dos kilómetros y medio de extensión que une físicamente a Posadas y Encarnación. La gran obra que atraviesa el Paraná provoca un transformación sustancial de las relaciones económicas y sociales entre ambas ciudades.

En primer lugar, con su inauguración se produce un incremento cualitativo de la circulación de personas y vehículos. Hasta abril de 1990 el cruce del río se realizaba a través de embarcaciones. Las lanchas de pasajeros tenían una frecuencia de treinta y dos viajes diarios y transportaban anualmente algo más de seiscientas mil personas en cada sentido del tránsito. Por su parte, las balsas realizaban ocho viajes diarios transportando alrededor de veinticinco mil vehículos (alrededor del 90% automóviles). La inauguración del puente implica que alrededor de tres millones de personas crucen el puente cada año en cada dirección, llegando a picos de 4 millones en 1994 y 1995. Además, la cantidad de vehículos oscila entre setecientos mil y algo más de un millón cada año en cada dirección. En otras palabras, la cantidad de personas que cruza el puente se incrementa por lo menos entre cinco y siete veces según los años, mientras que la cantidad de vehículos se multiplica entre treinta y cuarenta veces según los años. (5)

Esto transforma la vida de ambas ciudades, especialmente en el comercio, ya que la compra y venta es el motivo más importante que impulsa a la gente a atravesar el río. Las aduanas de Misiones han incrementado el tráfico, entre 1990 y 1996, a una tasa anual del 44% (Peirano y Burg, 1997). En la medida que Posadas y Encarnación, como la mayor parte de las ciudades limítrofes, constituyen un mercado único dividido por una frontera política, los habitantes aprovechan las diferencias de precios para maximizar su salario. En los últimos años, con diversas variaciones, los precios fueron inferiores en la ciudad paraguaya. Por ejemplo, en 1995 sobre treinta productos alimenticios, bebidas y de limpieza, veintitrés eran más baratos en Encarnación en un promedio del 16%. En los electrodomésticos había una diferencia de casi el 20%, mientras en artículos de vestir la diferencia a favor de Encarnación ascendía al 46%. La diferencia de precios más significativa se encontraba en los combustibles: la nafta común era en Argentina un 53% más cara, mientras la super alcanzaba el 89% (IIFCE-UNaM, 1995, citado en Peirano y Burg, 1997).

La importación privada de combustible, cargando los tanques en Encarnación, era prácticamente incontrolable para la Aduana Argentina, lo cual generó la multiplicación por tres de las estaciones de servicio de Encarnación entre 1992 y 1995. Éste constituyó uno de los "ganchos comerciales", que se agregaba a las diferencias de precios en otros productos. Según los habitantes de Posadas, cuando cruzaban a cargar el tanque, "de paso ibas al supermercado" y esto incrementaba los cruces que alcanzaron su pico entre 1994 y 1995. Desde 1997, el gobierno resolvió reducir en Posadas la incidencia impositiva en los combustibles, llegando a un precio similar al de Paraguay y logrando que la venta de combustibles se incrementara en un 66%. Sin embargo, es importante señalar que la disminución del cruce de personas y vehículos se produjo por razones distintas a la disminución del precio de las naftas. Como puede observarse en el Cuadro I, entre 1995 y 1996 el egreso de personas de la Argentina desciende casi el 25%, siendo poco significativo y estimativo el descenso entre 1996 y 1997. Las razones podrán vincularse a leves reducciones de las diferencias comerciales o a la crisis económica o a otras causas, pero son anteriores al cambio impositivo en las naftas.

Los cálculos sobre el gasto promedio de una persona que cruza la frontera son diversos y difíciles de constatar. La Aduana de Posadas afirma que cada persona que cruza a Encarnación gasta en promedio $ 83 en compras de bienes y servicios (ver Oviedo y Gortari, 1997:47). Si esos cálculos fueran ciertos, entre doscientos cincuenta y trescientos millones de dólares anuales "cruzarían la frontera" desde Posadas a Encarnación. Oviedo y Gortari estiman que los residentes misioneros gastan casi seiscientos millones de dólares anuales en las ciudades limítrofes y señalan que eso equivale a "tres veces lo que exporta la provincia en un año" (ibid.). Más allá de la imposibilidad de establecer precisiones al respecto, es relevante el hecho de que constituye una suma significativa. Para los consumidores implica mejorar el rendimiento de sus ingresos, para los comerciantes una pérdida de mercado.

Sin embargo, las "asimetrías" no parece implicar una disfuncionalidad absoluta en términos macroeconómicos y políticos. Por el contrario, "cualquier medida que eleve los costos o dificulte el comercio interfronterizo (restricciones, controles, prohibiciones), atenta también contra la sustentabilidad social del ajuste económico provincial: el 'rebusque' en el Paraguay es decisivo para estirar el jaqueado presupuesto familiar" (ibid.). Sin embargo, la reducción del consumo en Posadas implica tanto un golpe a los sectores medios, como una pérdida de la recaudación impositiva. Por lo tanto, los cruces del puente y los controles aduaneros se convierten en objeto de disputa atravesado por un complejo entramado de conflictos de intereses, al tiempo que ponen en escena un conjunto de categorías de percepción y acción de los diferentes sectores involucrados.

Las cámaras empresariales y comerciales de Posadas realizaron múltiples reclamos "contra las asimetrías" y la "competencia desleal" del comercio encarnaceno, exigiendo al gobierno nacional una excepción impositiva y un mayor control aduanero. Para el gobierno nacional constituye un problema secundario dado que la balanza comercial con Paraguay es favorable a la Argentina y argumenta que una excepción impositiva provocaría un gran descontrol fiscal (ver Oviedo y Gortari, 1997:48). Desde ese punto de vista, las "asimetrías comerciales" entre las ciudades se encuentran ampliamente "compensadas" por las "asimetrías" industriales, financieras y comerciales entre los países. Además de aceptar -después de una gran presión- la equiparación de los combustibles, la acción del estado nacional se limitó a ordenar un mayor control aduanero. De esa manera, la nueva revisión obsesiva y el trato despectivo de ciertos funcionarios de la frontera argentina para con los ciudadanos paraguayos que traían mercadería, terminaron prácticamente en un conflicto diplomático entre ambos países: el Canciller y el Presidente Paraguayo exigieron el alejamiento de un funcionario argentino.

El puente mismo, como frontera y paso material entre ambos países, redefine una serie de prácticas en el cruce fronterizo. Los recorridos y los paisajes, las tramitaciones y excepciones, las instituciones y las personas, plantean modos de construcción de modos de percepción y definición de lo "nativo" y lo "extranjero" a cada lado del río.

En este proceso de transformación de la relación entre ambas ciudades, de circulación de personas, automóviles, mensajes y mercaderías, también se desarrollan nuevos encuentros y nuevas relaciones. Hay reuniones de organizaciones sociales, de políticos o académicos con personas y grupos de ambos lados de la frontera. Mientras la interacción se ha incrementado de manera cualitativa, también se han planteado nuevos conflictos. En los siete años de existencia del Puente "San Roque González de Santa Cruz" las paseras, los taxistas, los taxifleteros y mesiteros encarnacenos y los comerciantes argentinos han interrumpido el tránsito en nueve oportunidades. Han elegido el bloqueo de la circulación en la frontera como modalidad de la protesta social. En ese proceso, los periodistas y los medios de comunicación se apresuraron a tomar partido por los de su propia tierra e iniciaron un proceso de redefinición de las percepciones y definiciones de las relaciones entre nosotros y los otros.
 

II) Cortes de puente o la producción mediática de nacionalidad

El proceso de transformación material del espacio fronterizo implica una apertura hacia nuevos sentidos sobre "el otro" y sobre "el límite". En la medida en que la "frontera natural" deja de ser percibida como un obstáculo y el puente se plantea como representación arquitectónica de la "unión de pueblos hermanos", la obra que atraviesa el Paraná se presenta como condensación simbólica de la relación entre paraguayos y argentinos en la región. De ese modo, constituye no sólo un "laboratorio" de interacción entre sociedades y culturas, sino un escenario que puede plantear la transformación de criterios de noticiabilidad y de posicionamientos enunciativos frente a los que -hasta ese entonces- aparecían como "los vecinos". Por lo tanto, en esta segunda sección me concentraré en el análisis de las noticias de los diarios de Posadas sobre la construcción e inauguración del puente que une a esta ciudad con Encarnación, así como de los nueve "bloqueos" del puente realizados como modo de protesta social.

La hermandad de la inauguración o el cortejo fúnebre de la frontera

La inauguración del puente se realizó el 2 de abril de 1990 y concentró las expectativas locales. El Territorio le dedicó un suplemento de diez y seis páginas clasificado como "integración argentino-paraguaya". La tapa del suplemento titulaba: "Puente Posadas - Encarnación. Un paso más hacia la integración Latinoamericana...". Las fotos de Menem y Rodríguez se imprimían sobre las banderas de ambos países. Más de la mitad de la página estaba ocupada por una foto del puente que más tarde sería utilizada de manera recurrente. La imagen de la obra era tomada desde Encarnación, permitiendo visualizar la estructura de los tensores que elevan el viaducto posibilitando el paso de embarcaciones de hasta 24 metros de altura.

El rito de inauguración estaba en marcha. Ambos presidentes se encontraron en el palco ubicado en la frontera internacional. En el límite mismo se "saludaron afectuosamente" y luego se abrazaron para ser registrados por fotógrafos y camarógrafos. ET publica la foto del "abrazo fraterno" con un epígrafe que dice: "Afectuosa demostración de ambos mandatarios. El motivo central lo justificaba plenamente". Luego se entonaron los himnos nacionales y hablaron ambos mandatarios. Entonces, los obispos de ambas ciudades bendijeron el puente de manera conjunta. Por último, los dos presidentes desataron la cinta con lo cual "dejaron inaugurado el puente internacional".

En el suplemento, una vez establecido el marco de significación positiva del acontecimiento, nuevamente se utiliza el procedimiento de borramiento de la enunciación, dando la palabra a las autoridades, los políticos y los empresarios que se encargan de explicar la relevancia del puente. Esto implica que el medio habla a través de aquellos a quienes les da la palabra y, por lo tanto, que es necesario analizar quiénes son los actores mediáticos y qué discurso enuncian.

El discurso de Menem apunta claramente a construir un sentido de hermandad y progreso: "Estamos concretando hoy el sueño de progreso de un hombre valeroso", dijo en referencia a Roque González, situando en la experiencia jesuítica el inicio de una historia común. El pueblo paraguayo "puede estar seguro de que la amistad de los argentinos encontrará en lo sucesivo, en este puente, un nuevo y privilegiado camino para la cooperación recíproca en beneficio de una región cuyo desarrollo deberá ser proyectado en común y sin fronteras ni distingos". Hasta su gobierno los dos países "habían perdido demasiado tiempo, distantes uno del otro", pero los "nuevos tiempos en América y en el mundo" reclaman una "creciente integración".

Aquí aparecen una serie de categorías sumamente relevantes: la relación se estructura en términos de pueblos nacionales (los argentinos y los paraguayos) que cooperarán entre ellos para la región. Esto implica que las tareas comunes exigen ser realizadas sin apelar a las distinciones nacionales y produciendo un borramiento de las fronteras. El mandato retórico del presidente expresa el sentido común del momento sobre el significado de un puente que, sin embargo, poco tiempo después replantearía los modos de diferenciación, exacerbaría expresiones nacionalistas y movilizaría a sectores sociales que exigirían demarcar fuertemente el límite entre los unos y los otros.

Rodríguez, por su parte, apuntó en la misma dirección: el puente es "un hito de perpetua presencia en la vinculación de nuestros pueblos". Para que nadie sospechara que todo esto era pura retórica diplomática afirmó "sin demagógico verbalismo" que "nos asiste el derecho de volver simbólicos los límites de nuestros Estados para convertir nuestras naciones en una sola patria". La única diferencia significativa de la reproducción periodística del discurso de Rodríguez consiste en que a él le corresponde no sólo hacer referencia a la integración, sino también agradecer la generosidad argentina. Rodríguez agradece en nombre del pueblo paraguayo y su gobierno "al pueblo y gobierno de la República Argentina esta contribución invalorable", ya que "la Argentina nos brinda de esta manera la extensión generosa de su mano amiga para que Paraguay triunfe sobre sus dificultades geográficas".

De esa manera, los discursos políticos incluidos en el suplemento de ET se caracterizan por el augurio de la unión y la integración. En ellos se presenta una clara dimensión temporal de la relación de cooperación entre los pueblos: la categoría "siempre" refiere a la perpetuidad, la eternidad. Asimismo se desarrollan una superposición de afirmaciones espaciales que aluden a borrar el límite, uniendo la región.

Estos tópicos se vinculan al progreso, ya que el puente es al mismo tiempo alta tecnología y relaciones civilizadas entre las naciones. El puente permitirá que los países se acoplen al ritmo de las relaciones internacionales del mundo. El vicepresidente del Senado de la Nación Argentina afirmaba que la integración es una herramienta "para no quedar rezagados con relación a los grandes bloques económicos que existen".

Uno de los más cautos en el marco de euforia de entonces parecía ser el diputado Puerta, actual gobernador de la Provincia de Misiones. Puerta, en el marco del "júbilo" por "este hito histórico en el proceso de integración latinoamericano" afirmaba que el proceso de integración constituye un "desafío que debemos resolver entre todos en un sentido que favorezca a nuestros pueblos". Es decir, en su discurso no hay una apología de la integración en sí misma, sino que el proceso en definido como desafío, un problema que exige resolución. Sólo de esa manera, con una posición activa, se logrará darle un sentido positivo a la integración con Paraguay. En ese sentido, decía anhelar "que este puente consolide la integración de dos pueblos que, a pesar de la presencia del caudaloso Paraná y de los avatares de la historia, se han empeñado siempre en marchar unidos". Esta es una de las pocas referencias a la historia de las relaciones entre Argentina y Paraguay que aparecen en el suplemento de ET. Los protagonistas están mirando hacia adelante y por lo tanto las referencias al pasado hablan de una fraternidad desde tiempo inmemoriales. La categoría que organiza en los discursos esa eternidad -como ya señalamos- es el adverbio siempre, cuyo significado literal es "en todo tiempo". En ese marco, no hay un lugar para un "tiempo distinto" al que se pretende para un pasado, un presente y un futuro exento de conflictos. Si alguna referencia a los procesos de enfrentamiento podía ingresar, sólo era posible a través de una doble subordinación. En la construcción de Puerta, los "avatares de la historia" se encuentran supeditados a la construcción general de "consolidar la integración" a la vez que está entremezclado con la presencia de la frontera natural: "el caudaloso Paraná". La coherencia de esa doble subordinación de la frase con su presencia marginal en dieciséis páginas e incluso su sentido indefinido, muestran un trabajoso proceso de construcción para la invisibilización de conflictos latentes.

Otra nota levemente discordante la introducen los periodistas al citar de manera indirecta declaraciones del embajador argentino en Paraguay. Explicitando la existencia de un discurso social que podía afirmar que "el puente sólo beneficia a Paraguay", ET afirma que según las declaraciones del funcionario "no sólo resultarán favorecidos los paraguayos, (...) sino que los beneficios se extenderán a otros sectores de la población de ambas orillas, entre los que mencionó a los estudiantes, comerciantes y empresarios turísticos". La profecía pareció desmentirse muy poco tiempo después, cuando la Cámara de Comercio de Posadas comenzó una presión in crescendo para incrementar los controles fronterizos que iban a desdibujarse. Pero aquel 2 de abril nadie insinuó un sentido negativo para el puente.

Las otras voces incluidas en el suplemento son de empresarios de aduanas, de transporte y de comercio exterior. Es decir, el diario le da la palabra a sectores potencialmente favorecidos por la inauguración. Es difícil saber si en aquel momento los posteriormente perjudicados no sabían de sus futuros problemas, si no quisieron hablar o si nadie buscó recoger sus opiniones.

Antes de darles la palabra a quienes "están vinculados de antaño con la actividad del comercio de frontera" el diario editorializa fuertemente: "Dos ciudades, una sola aspiración". Con la inauguración "la aspiración de dos comunidades dejó de ser un anhelo", ya que los "lazos sanguíneos de antigua data" se acentuarán con el trato más cotidiano y se desarrollarán nuevos emprendimientos económicos. Estas dos cuestiones sintetizan los beneficios del puente que se desarrollan en las páginas del suplemento. Estos beneficios son tanto económicos como sociales, racionales y emotivos.

"Este puente será lo más maravilloso que se pueda imaginar porque permitirá concretar negocios que hasta ahora estaban vedados para los empresarios misioneros", dice un despachante de aduana que trabaja desde 1952. Otro ejecutivo señala que el puente marcará "un antes y un después" en la vida misionera, aunque plantea que con la habilitación del puente "no basta" ya que es necesario superar "crónicas barreras aduaneras" en la Argentina. Esas barreras para el ejecutivo permiten un comercio fronterizo que utiliza el servicio de las 'paseras', que debe ser reemplazado por un comercio de exportación realizado por las empresas. También el presidente de la Cámara de Autotransporte reclama "destrabar el sistema burocrático" en las tramitaciones aduaneras y de migraciones, señalando los beneficios que implicará que los camiones argentinos sacarán por el puente la soja paraguaya con destino a puertos del litoral atlántico. Asimismo la Cámara de Comercio exterior de pronunció en el mismo sentido, dando un significado positivo al puente pero considerándolo insuficiente, ya que las políticas centrales impiden el avance del comercio regional. El título de la nota es de carácter programático: "Exhortan a quitar escollos del camino a la integración".

Mientras para estas empresas y cámaras la inauguración del puente es una ocasión para reclamar nuevas medidas que hagan más permeables las fronteras como condición de nuevos emprendimientos, existe otro campo semántico que refiere la "hermandad" de los pueblos. El embajador argentino en Paraguay apuntaba que "para esta gran región del continente americano, un puente de alta tecnología significa además de un vínculo, un profundo abrazo fraternal entre dos países hermanos que avanzan hacia una integración real". Un comerciante de Posadas decía que el puente permitirá "concretar viejas aspiraciones, que por falta de un vínculo físico no se pudieron realizar hasta ahora".

Llevadas a la práctica estas palabras, aquel 2 de abril de 1990 la frontera pareció disolverse por unas horas:

"Con una euforia muy particular, numerosos vecinos de Posadas, empleando vehículos y colectivos, cruzaron a Encarnación, para 'estrenar el nuevo chiche' de la ingeniería moderna construido sobre el río Paraná, apreciándose similar comportamiento por parte de los habitantes de la otra orilla. Con motivo de la apertura de dicha unión física, denominada por algunos paseantes 'San Roque', no hubo mayores exigencias en los trámites aduaneros. Los automovilistas cruzaron con cédula del automotor, mientras que los que se trasladaron en ómnibus lo hicieron sin necesidad de documentación. Por su parte, un contingente de personas, muchos cargando equipos de mate, se concentró en la terminal de Posadas, donde aguardó el paso de la unidades que los llevaría en forma gratuita, en razón del especial acontecimiento. (...) Funcionarios de los organismos de control del lugar informaron que hoy la situación se normalizaría" (ET, 3-4-90, bast. mía).

En el marco de esta retórica festiva, la editorial de ET se titulada "Símbolo, estímulo y compromiso" (2-4-90). El puente es presentado como un "nuevo hito en el camino de la integración", en la unión de los dos países. La integración entre países vecinos "ha pasado a ser una necesidad estrechamente vinculada con la propia supervivencia". En el mundo se observan "áreas multinacionales que se proyectan hacia el desarrollo integrado" y "sólo América Latina y Africa han quedado rezagadas en esta tendencia". Si Latinoamérica no encuentra su propia vía de integración "no sólo estará caminando a la zaga de la historia sino que también estará hundiéndose, aún más en la servidumbre con respecto a las áreas desarrolladas del mundo". La inauguración del puente es parte del establecimiento de nuevos lazos físicos que "constituyen el empuje necesario para unir Latinoamérica por dentro". El nuevo puente es, entonces, un símbolo histórico de la "revigorización de aquellos lazos de amistad y fraternidad consolidados entre argentinos y paraguayos, entre posadeños y encarnacenos, por una historia y una tradición comunes".

"San Roque" condensa aquel 2 de abril todos los augurios de la nueva relación entre los países y la nueva posición regional frente al mundo.

La inauguración del puente implica sin duda modificaciones en la percepción de los otros. Una semana después de su inauguración, un enviado especial a Encarnación de ET escribía una nota de color titulada "Particularidades de una nueva relación, mucho más cercana". La ciudad a la que usualmente los posadeños se refieren despectivamente como "mugrienta" e "insegura" es nombrada en el artículo como la "conocida como la 'perla del sur' por lo paraguayos". Las cortinas de los negocios de la zona baja ya no se bajan con la última lancha hacia Posadas, mientras que los posadeños llegan poco a poco hasta la "Villa Alta" de la ciudad, informa el periodista. Y después comienza a jugar con otra formas de "integración" como el descubrimiento de las mujeres posadeñas por los comeciantes encarnacenos: "'La imagen anterior era de una mujer que peleaba siempre los precios y estaba siempre apurada, pero ahora, luego de años, veo que tienen un físico increíble'", cita el periodista. Aunque hace referencia a las protestas por un 'exceso de burocracia' de los controles aduaneros y migratorios, hace hincapié en que los encarnacenos "reconocen un sustancial mejoramiento en el trato por parte de los funcionarios" (9-4-90).

Sin embargo, el puente no significó un cambio en una sola dirección, una transformación de todas las relaciones humanas en el camino armónico de la integración. Más bien, el puente reorganizó los vínculos y las tensiones, constituyendo un contexto nuevo dentro del cual se desarrollarían nuevas alianzas y nuevos conflictos.

La reencarnación del límite

Sólo dos días después de inaugurado el puente, ET registraba "congestionamiento vehicular" en la cabecera argentina, aunque resaltaba las afirmaciones de los funcionarios argentinos acerca de que "todo marcha bien". "Se pudo verificar -decía el periodista- que en la oficina aduaneras y migratorias los trámites son ágiles, 'y esperamos optimizar más' el sistema, 'a fin de acelerar el tránsito', precisó el funcionario". Sin embargo, a pesar de ubicarse en un plano fuertemente subordinado los problemas ya habían comenzado: "'El único problema se suscita de mañana', se quejó un inspector del servicio internacional de pasajeros, perteneciente a la empresa capitalina, porque 'las paseras' paraguayas que ingresan en colectivo, 'se muestran un poco renuentes a la revisación de los bultos que traen, y esto provoca demoras', dijo" (5-4-90).

Ese "único problema" pasaría a ubicarse un tiempo después en el lugar central del escenario fronterizo y en un lugar clave de las disputas y negociaciones entre diferentes niveles políticos de ambos países. En cambio, la marca enunciativa de los periodistas de ET al asumir las afirmaciones de los funcionarios como la voz propia, argentina, se seguiría manifestando y cada vez con mayor claridad. Tres días después se planteaba la posibilidad de un "corredor turístico" sin trámites engorrosos ni pérdidas de tiempo entre ambas ciudades, aunque se señala el "contratiempo" de que la franquicia sea utilizada por el narcotráfico o el contrabando (8-4-90).

A pesar de la agilidad del cruce a partir del puente, comenzaban las noticias sobre el "intenso tránsito", sobre las colas y las esperas. En ese marco, el puente "San Roque" volvía a la agenda política de los mandatarios de ambos países que se encontrarían apenas un mes después de la inauguración.

Mientras tanto se iniciaban las protestas de los remiseros encarnacenos porque los taxistas posadeños hacen el viaje de ida y vuelta, quitándoles trabajo. En agosto de 1991, la revista TELSAT publicaba un artículo titulado "Un puente demasiado cerca" que brevemente sintetizaba los problemas que se estaban incubando. Bajo el subtítulo "Parto con complicaciones", el periodista mencionaba el "dinamismo notable" del intercambio comercial, "con balanza que favorece al vendedor guaraní". Además, de las "posibilidades que brinda el vivir en una 'frontera caliente'" surgió una "'industria', cuya acción se ubica en una delicada equidistancia entre lo legal y lo otro". Todo esto hace que el comerciante misionero vea "resentida su actividad en forma notoria", mientras en la cabecera argentina "son comunes las largas colas de vehículos". Sin embargo, desvanecida la ilusión del puente, comienza a surgir otra denominada Mercosur "cuyo marco operativo tiende a lograr una anhelada equidad comercial entre los países signatarios del acuerdo". Dicho en otras palabras, hay una luz encendida al final del túnel: que los paraguayos paguen impuestos, los precios de equiparen y los argentinos vuelvan a comprar de "este lado del río". Pasarían aún varios años para que esa ilusión también se desvaneciera.

La reconversión del límite con el nuevo puente transformó de manera múltiple la vida de ambas ciudades. No sólo se incrementó la circulación de personas y mercanías de manera significativa. Mientras algunos se animaban a instalar sus viviendas en la ciudad vecina, una gran cantidad de habitantes se encontraba con los vecinos en cualquiera de los dos territorios tanto como en la frontera misma.

De pronto, sin embargo, el tránsito fronterizo se interrumpió durante dos horas. El 27 de marzo de 1992, un grupo de taxistas de la ciudad de Encarnación bloqueó la ruta en la cabecera del lado paraguayo reclamando al Intendente de Encarnación la legalización de su servicio. Los diarios posadeños no se preocuparon en conocer la situación social de este grupo de trabajadores, sino que hicieron fuerte hincapié en las molestias: "Graves inconvenientes causó corte del puente por taxistas 'truchos'", titulaba al día siguiente el matutino Primera Edición (de aquí en más 1ºE). Es decir, la noticia del corte de puente podría haber sido enfocada desde distintos puntos de vista. En lugar, por ejemplo, de titular "reclamo de legalización de taxistas encarnacenos", el diario elige otro punto de vista: el de los automovilistas "en su mayoría residentes en Posadas". Es decir, narran la noticia desde lo que consideran el punto de vista de sus lectores.

En ese marco, el diario habla de los "taxistas que realizan el servicio clandestino entre ambas orillas", adjetivo que establece un fuerte parámetro de percepción sobre el grupo social. Además, una vez que el diario ha identificado a los manifestantes con la ilegalidad y con la generación de inconvenientes graves, se refiere a "la medida adoptada por los paraguayos", sustituyendo la referencia los taxistas por su nacionalidad. De manera didáctica, el diario termina explicitando el punto de vista para la interpretación de los hechos, citando a los automovilistas -nunca cita a los pasajeros de transporte público- que "expresaron su más unánime repudio a esta actitud, 'porque ninguna persona puede tomarse el derecho de cortar un camino público que pertenece a toda la población'".

El límite devino así no sólo zona de intercambio e interacción, sino espacio de conflicto. Este primer corte no sólo constituyó el primer ensayo de protesta social en el límite, sino también la primera prueba en el nuevo contexto de aplicación de criterios periodísticos definidos por nacionalidad y clase social. Aunque en los cortes posteriores los argumentos mediáticos iban a sofisticarse, es interesante resaltar que la primera noticia se inscribe claramente dentro de una tendencia general: el conflicto se observa como el de un grupo social pequeño, ilegal, que paradójicamente se identifica con (todos) "los paraguayos", al cual se lo critica desde el punto de vista de los sectores medios de nacionalidad argentina.

El 8 de agosto de 1992 uno de los titulares en la tapa de ET decía: "Taxistas paraguayos bloquearon el puente". La bajada agregaba: "El sindicato de taxista paraguayo bloqueó con vehículos el Puente Internacional, en protesta por el control aduanero argentino. Ocupantes de automóviles particulares y pasajeros del transporte internacional argentinos, permanecieron contra su voluntad en territorio paraguayo". Es el primer corte de puente motivado por el puente mismo. En el caso de marzo, los nuevos taxistas que habían surgido con el puente reclamaban la legalización a la Intendencia encarnacena. En agosto, el sindicato de los taxistas le reclama al gobierno argentino. Estamos en presencia de una práctica social profundamente novedosa: un grupo social hace reclamos a un estado nacional que no es el suyo. En ese marco, el diario local se declara dispuesto a encarar la batalla: define a todos los afectados por el corte como argentinos -lo cual es absolutamente imposible-, e insinúa una situación de privación de la libertad de nuestros compatriotas ("permanecieron contra su voluntad en territorio paraguayo").

Al mismo tiempo, la protesta social se confunde con la intervención de las fuerzas de seguridad y se estructura fuertemente en términos de nacionalidad:

"Con disparos de armas largas efectuados por elementos de las fuerzas de seguridad paraguayas, fue detenida una multitud que intentaba cruzar a pie el puente Posadas-Encarnación. (...) Los pasajeros que intentaban regresar a la Argentina en ómnibus resolvieron atravesar el Puente a pie encabezados por una mujer que enarbolaba una bandera argentina. (...) En medio de insultos, un conscripto de la Policía Militar arrebató la bandera argentina a la mujer que la portaba, acción que generó la reacción inmediata del gentío. Por orden de un superior de los uniformados paraguayos fue devuelta la Enseña y los ánimos se fueron calmando" (bast. mía).

En la frontera misma se disputan los derechos en términos nacionales. Al igual que unos años después ocurriría en las rutas argentinas, un grupo de trabajadores paraguayos -identificados por los argentinos como uno de los gremios del "contrabando hormiga"- decide interrumpir el tránsito para reclamar por lo que consideran sus derechos. En este caso, sin embargo, los que pretenden avanzar de todas formas por el camino están buscando transformar su lugar social, de extranjeros a nativos y viceversa. Porque en el puente al mediodía hay tanto argentinos que buscan regresar como paraguayos que quiere ir. Este último hecho es elidido por el cronista ya que desarmaría los campos de enfrentamiento definidos en términos nacionales para reorganizarlos de otra manera.

Por otra parte, cabe recordar que es muy común -sobre todo los días de mayor tránsito por el puente- que tanto argentinos como paraguayos se encuentren más de una hora "contra su voluntad en territorio paraguayo" por la lentitud con la que opera la aduana argentina. Sin embargo, en estos casos no se insinúa un secuestro sino que se da por supuesto el ejercicio de un derecho incuestionable.

A la construcción periodística se subordina el reclamo de los taxistas de que "se respete en la aduana argentina la franquicia de 100 dólares por persona para ingresar mercaderías autorizadas". Para el diario ese posible incumplimiento no es la noticia central, noticia que apuntaría contra toda la utopía integracionista construida en abril de 1990. Por ello el diario no realiza ninguna investigación propia sobre si esto sucede o no, limitándose a reproducir algunas denuncias a través de la voz no legitimada de los taxistas. ¿Qué dicen los taxistas? Que no se respetan los acuerdos, que hay mayores restricciones en la aduana argentina, que sufren malos tratos por parte de los funcionarios. En otras palabras, que "la integración no existe, solamente se lleva en la boca, pero en la práctica no".

La política editorial del diario tiene con este conflicto una peculiaridad que no volvería a repetirse: incluye un "despacho de la correponsalía de ET" en Encarnación para ofrecer una "interpretación distinta de los hechos realizada por un periodista encarnaceno". El artículo repone una cantidad de "información" que está ausente en gran parte del trabajo de los periodistas argentinos. Los protagonistas del corte del puente son identificados como "los sectores menos protegidos de la ciudadanía encarnacena" que son tratados de manera "hostil", "poco amigable y descortés" por parte de "los funcionarios de Aduanas y Gendarmería" (argentinas). En cambio, los argentinos son tratados de un modo muy diferente en el Paraguay. Sin embargo, aclara que la "reacción que se produce en la ciudad de Encarnación" no es contra la población, sino con el trabajo que se realiza en el centro de frontera, que "para muchos" se explica por una presión de "los sectores económicos del lado argentino". Aquí entonces el periodista encarnaceno completa de una manera distinta la dicotomía: propone reemplazar argentinos (que cumplen su deber) contra paraguayos (que violan la ley) por sectores más afectados de Paraguay contra sectores más poderosos de Argentina. En esa formulación se conjuga de un modo particular la clase con la nacionalidad. Si los acuerdos entre los países no pueden beneficiar circunstancialmente a los comerciantes paraguayos, "si este es el criterio de integración que se quiere utilizar en el marco del Mercosur en el trato a las personas, es mejor que todo vuelva como antes".

El periodista encarnaceno termina su nota citando a un representante de los taxistas: "el puente es de todos o no es de nadie". A continuación, el diario presenta su nota editorial respondiendo con el título: "Los dueños del puente". ET marca el siguiente contrapunto: los taxistas encarnacenos son los dueños del puente -porque se lo han apropiado ilegalmente- pero "hablando en plata el vínculo físico pertenece a la nación argentina", cosa que "parece inamistoso recordar, aunque obviamente necesario". Los campos semánticos dicotómicos son transparentes: los taxistas paraguayos representan intereses sectoriales, hacen uso de su prepotencia, de la ilegalidad y permanecen impunes, poniendo en riesgo la vecindad. La Nación Argentina se identifica con sus autoridades que realizan procedimientos legales e impulsan la integración y buena convivencia de los pueblos.

De esa manera, los cortes de puente que constituyen la dimensión visible de un conflicto irresuelto y profundo, ponen en escena en los medios de comunicación un verdadero "diálogo de sordos". No hay ningún intento de comprender la lógica de los vecinos, sino de desarrollar los argumentos que posicionen de mejor manera a "nuestra orilla del río" en el inevitable enfrentamiento.

Al día siguiente, sin embargo, comenzaba a delinearse una dicotomía que ubicaba en un lugar secundario la nacionalidad. La tapa de ET titulaba "Paraguay investigará bloqueo del Puente". El presidente Rodríguez prometió que "si se identifican a los culpables, van a ser castigados" (ET, 9-8-92). La "investigación" y los "culpables" son categorías que aluden de manera confusa a los taxistas a la vez que a los militares paraguayos que dispararon al aire.

Un día después el Gobernador Puerta se reunía con funcionarios, comerciantes y empresarios de Encarnación. El cronista de ET comentaba que se analizarían "aspectos vinculados a la relación bilateral, particularmente conflictiva en los últimos tiempos como consecuencia de una mayor severidad en el control aduanero en la cabecera argentina". Aunque se admite que la causa del conflicto es el mayor control argentino, se comenzará a explicar que esto es "natural" ya que "sólo se cumple con la ley", tal como reclaman las cámaras empresarias "por el masivo ingreso de mercaderías de procedencia extranjera a nuestro territorio".

La tensión estaba en aumento y menos de dos semanas después volvió a ser bloqueado el puente. "Esta vez fueron los paseros los encargados de bloquear el puente por espacio de unos 30 minutos, en protesta por supuestos 'malos tratos' de la Aduana Argentina" decía ET (21-8-92). Los cortes de puente recién comenzaban, pero los periodistas ya hablaban de su recurrencia ("esta vez"), así como de una práctica habitual con "encargados" para cada ocasión. La foto de tapa focaliza más en los bolsos de las paseras que en la personas que están protestando con la interrupción del tránsito. La doble toma de distancia frente a la voz de las paseras, entrecomillada y advertida como "supuesta", es ratificada con la crónica interior titulada con las voces argentinas: "Desmienten los supuestos 'malos tratos' a paseros". Veamos el relato:

"El incidente se produjo alrededor de las 8:00 de ayer cuando los paseros, luego de que los funcionarios se la Aduana Argentina impidieran el ingreso de sus mercaderías al territorio argentino, regresaron a la cabecera paraguaya del Puente y produjeron el corte de tránsito".

Como puede observarse hay dos hechos sucesivos provocados por protagonistas diferentes: los funcionarios argentinos impiden el ingreso de mercadería, las paseras cortan el puente. Sin embargo, la acción argentina se encuentra entre comas parentéticas, subordinada a la acción de los paraguayos. En efecto, en el relato el incidente no se produce cuando se les impide entrar con sus mercaderías, sino cuando los paseros regresaron. La acción de la aduana argentina no requiere ninguna explicación, ya que su fundamento aparece como una evidencia del sentido común para los periodistas argentinos y, según ellos, para sus lectores. La crónica recoge testimonios de "los paseros" para demostrar que el corte contó con la colaboración de los agentes de la Aduana paraguaya que, además, añadieron "un elemento más al conflicto" al impedir "el paso de la prensa argentina para cubrir los acontecimientos". Nuevamente otras autoridades afirmaron que se trataría de un "malentendido por parte de la superioridad", dejando en suspenso los alcances de una alianza del estado paraguayo o de un sector de él con un grupo que realiza "acciones ilegales".

Por su parte, el Jefe de la Aduana argentina afirmó que los "controles se seguirán cumpliendo con rigurosidad, 'aunque algunos tengan que quedar en el camino y buscar otra forma de vida'. Además, negó terminantemente la existencia de 'malos tratos', explicando que solamente se trabaja con la severidad de la ley". En este punto aparece una cuestión que se repetiría también en los cortes sucesivos y que se vincula posiblemente con un doble funcionamiento de las denuncias de los paraguayos en torno al maltrato de los argentinos. Por una parte, se producen discusiones interminables sobre si los aduaneros desvistieron a las paseras, si les quitaron mercadería, si llegaron incluso a pegarles. Por otra parte, hay una asombrosa imposibilidad de los argentinos de percibir que la exigencia de que las paseras se busquen "otra forma de vida" puede resultar uno de los maltratos más intolerantes. Pero aquí no está en juego la "comprensión", sino profundos intereses articulados con un orgullo que se sustenta en un modo de narrar los "hechos".

En esta crónica se presenta otra cuestión crucial. El relato parece incluir una construcción dual de la relación entre nacionalidad y género de los manifestantes, que serían tanto hombres recios como mujeres quejosas. En efecto, cabe el interrogante sobre el sentido de la masculinización de las "paseras". Unos pocos hombres tienen el oficio y la proporción es abrumadoramente a favor de las mujeres. Por ello se las conoce popularmente como "las paseras". Aunque la presencia de unos pocos hombres puede ser excusa suficiente para el uso de un genérico, supuestamente asexuado, queda como incógnita si la construcción de la ileglidad y el peligro no requiere básicamente de una figura masculina, con fuerza y poder de provocar daños en una figura indefensa que requiere protección. En ese sentido, los controles aduaneros para evitar que penetren mercaderías paraguayas a través de los paseros constituye el cuidado que "nuestra patria" necesita. En otras palabras, frente al riesgo de la debilidad asociada a lo femenino, los controles estrictos parecen ser una operación de masculinización de la frontera argentina. Sin embargo, existe una dualidad, ya que la simultáneamente se produce una feminización de los paraguayos en una operación denigratoria. La nota de opinión publicada por ET afirma que el bloqueo realizado por "pacotilleras quejosas, de rica fuente de realismo mágico" corre el riesgo "de cristalizarse en costumbre". Es decir, produce una imagen de las mujeres como "chusma", "caterva", identificando a las personas con sus mercaderías como "de baja calidad" (de pacotilla).

Más allá de esta doble construcción, el bloqueo es definido como un "efecto no deseado del proceso de integración, la protesta por acción directa emprendida por interesados en asuntos de menor cuantía" (bast. mía). El primer corte, a pesar de su ilegalidad, "pudo haber sido explicado en términos pintorescos. Pero la falta de respuesta de autoridad frente a la recurrencia de una forma de desmadre sin precedentes" muestra que el gobierno paraguayo incumplió su promesa de castigo, ya que se presupone que un corte del lado argentino sería obviamente sancionado. Ya se verá más adelante que la posibilidad de un "bloqueo argentino" no era tan absurda como suponía el editorialista de ET, ya que se plantearía de manera contundente un tiempo después, olvidando las acusaciones sistemáticas de ilegalidad de la acción y con una similar "vista gorda" de las autoridades. Pero en 1992 los cortes eran "paraguayos" y por lo tanto una "gráfica manifestación fascista donde el hecho precede a la norma". (6)

A fines de 1992, el gobernador de Misiones visitó por primera vez en más de 15 años la delegación del gobierno de Itapúa. La agenda de las autoridades contemplaba la integración, el puente y el ferrocarril. En las declaraciones recogidas por ET se hace hincapié en que la "visita de cofraternidad" logró "limar las asperezas". "El puente ha sido desbordado por el éxito, (...) [y] esto produjo algunos roces, pero la inteligencia de los argentinos y paraguayos hizo que esto se corrigiera en un altísimo porcentaje", declaró el gobernador. Nuevamente, entonces, el abrazo de los pueblos hermanos oculta que la existencia de la frontera plantea un conflicto de intereses y que el "proceso de integración" se tradujo en un incremento significativo de los controles aduaneros del lado argentino. Sin embargo, las tensiones continuaron trabajando y se expresaron en cinco nuevos cortes de puente en los cinco años siguientes. (7)

Varios meses después, cuando parecía haberse encaminado la relación bilateral, se realizó el corte más prolongado del puente, quedando interrumpido el tránsito durante 8 horas el 22 de septiembre de 1993. Oscuridad nocturna es lo que transmite la imagen fotográfica de la tapa del diario ET. Bajo el título "Bloquearon ayer el puente" la bajada dice: "La actitud de paseras, mesiterios y taxistas paraguayos forzó la permanencia en el país vecino, de unos 2.500 argentinos durante 8 horas". Víctimas y víctimarios, secuestro: los paraguayos violentan a los argentinos. Los reclamos de los grupos paraguayos quedan subordinados a la "tragedia" vivida por los "argentinos". Sin embargo, lo más novedoso de este conflicto fue que su resolución se realizó a través de un "acta de compromiso" firmada entre otros por autoridades paraguayas, argentinas y los manifestantes donde se acordó en la necesidad de "'lograr la flexibilización en las tareas de control' que ejerce la Administración Nacional de Aduanas, en el lado argentino, así como el cese del 'maltrato al que son sometidos los ciudadanos paraguayos'". A pesar de lo novedoso de la situación el diario no sólo lo ubica en un segundo plano, sino que además cuestiona su legitimidad:

"El documento, que no habría contado con el aval de la cónsul Echeverry, pero sí de los legisladores radicales de Misiones, fue redactado en forma improvisada y, en parte, fue objeto de correcciones manuscritas que restaron seriedad al contenido".

Es decir, no fue firmado por la Nación (en condicional: "no habría"), sino por un partido político, y además no es el producto de un acuerdo racional sino del apuro. En otras palabras, lejos de resultar de una decisión meditada, el documento es oportunismo político. Todo esto se dice sólo en la "crónica objetiva de los hechos", aún queda por analizar la nota de opinión titulada: "¿Incompetencia o complicidad?". Allí se acusa a las autoridades paraguayas de haber alentado la "situación irregular" a través de su pasividad: las palabras utilizadas son ineficacia, incompetencia y complicidad. Además, se recuerda nuevamente el financiamiento argentino de la obra y se insiste en la gravedad del sometimiento de miles de personas diciendo que no es posible que "miembros de una colectividad tomen virtualmente como rehenes a miles de integrantes de otra nación". El bloqueo es denominado "la maniobra perpetrada por mercaderes paraguayos conformados por 'villenas' y 'taxistas'", remitiendo a un léxico policial. Se refiere a los grupos paraguayos como "'fenicios' preocupados solamente por el rigor de los controles". La causa de la acción de los "mercaderes" son "los controles que han comenzado a aplicarse del lado argentino para impedir la competencia desleal con el comercio local". Por último, cabe resaltar que el editorialista culmina afirmando que "ningún argentino que cruce el puente estará seguro de volver cuando lo desee" (ET, 23-9-93).

Al día siguiente el gobernador Puerta declaraba a la prensa que se mantendrían los controles necesarios y que "nosotros no pensamos parar absolutamente a ningún vecino ni de Encarnación, ni de Posadas, a ningún ciudadano del mundo que pase el puente" (ET, 24-9-93). En ese marco, ET comienza a dar cuenta cada vez más claramente de los intereses en juego, asumiendo como natural la posición de los "comerciantes posadeños". Por una parte, cita al funcionario a cargo de la Aduana explicando que "la aplicación estricta de la legislación es para resguardar al comercio de Posadas". Por otra, publica dos fotografías significativas. La primera, en la cabecera argentina, muestra a gendarmes hablando con un grupo de personas y su epígrafe dice: "Autoridades de Gendarmería Nacional explican a 'paseros' de Encarnación las limitaciones para el ingreso de mercadería a nuestro país". Es decir, vemos un diálogo civilizado, evidentemente asimétrico, que desmiente los "supuestos malos tratos". La segunda foto muestra un auto abierto y un grupo de personas colocando bolsos en su baúl: "En la cabecera paraguaya, taxistas y 'villenas' agudizan el ingenio para sortear controles de la Aduana Argentina". Las dos fotos, entonces, narran una historia: mientras los argentinos explican amablemente las reglas, los paraguayos se preparan para violarlas nuevamente.

El mismo 24 de septiembre llegaba a Posadas un enviado de la Cancillería argentina para conocer la situación. El funcionario se entrevistó con diversas autoridades y dijo de manera terminante que "el bloqueo no puede ni debe reiterarse" (ET, 25-9-93). Sin embargo, el bloqueo obviamente se reiteró.

"Revoltosos bloquean otra vez el puente. Hubo 'secuestro' de argentinos" decía ET el 20 de noviembre de 1993 mostrando una creciente "indignación". No era para menos, según su punto de vista, ya que "no más de un medio centenar de 'mesiteros' (...) copó ayer de mañana el acceso a la cabecera paraguaya" durante 8 horas "en nueva reiteración de un tipo de acción" que las autoridades de ambos países se habían comprometido "en desterrar para siempre". Esta vez la protesta se hacía en reclamo a un cambio de itinerario del servicio de transporte urbano resuelto por la Intendencia encarnacena que perjudicaba a algunos vendedores callejeros. A los ojos de los argentinos parecía un "conflicto interno". Sin embargo, para los mesiteros se trataba del recorrido que harían los compradores argentinos y su respuesta fue contundente: si no nos comprarán a nosotros, no le comprarán a nadie.

La construcción de la noticia de los periodistas misioneros mostraba que para ellos se había llegado "al colmo". Hacía referencia no sólo a los revoltosos y al secuestro -por primera vez explícito-, sino que hablaban de los "piquetes exaltados" que bloqueaban las "vías de escape secundarias", de los "revoltosos que trataban de impedir la fuga a la Argentina" y sugerían que las autoridades paraguayas deberían haber reprimido la acción: "medidas represivas sujetas a orden judicial previa que en ningún momento llegó para poner término al bloqueo"; "por los altavoces de los exaltados (...) se comunicó la orden de resistir la intervención de 'los cascos azules', la policía nacional, acción anticipada una y otra vez, pero sin que se concretara hasta el desbande de la concentración"; los "cautivos argentinos" "aguardaron durante horas bajo el sol que las autoridades intervinieran para restablecer el tránsito, pero esto no ocurrió" (ET, 20-11-93).

ET hacía referencia al enfrentamiento de argentinos y paraguayos señalando que los requerimientos de los argentinos que querían retornar a su país eran abucheados por los líderes paraguayos en términos de "curepa". A los misioneros y argentinos les disgusta profundamente la utilización de ese término por parte de los paraguayos, interpretándolo como discriminatorio y en algunas ocasiones como un insulto.

Hasta aquí la "crónica objetiva de los hechos". Sin embargo, las declaraciones de la cónsul argentina en Encarnación reproducidas en un recuadro muestran el origen de los posicionamientos del diario. En efecto, es la cónsul la que hace referencia al "secuestro", a que la protesta se originó en una "contingencia interna", y también a que existía un compromiso del gobierno paraguayo de reprimir estas acciones.

Más adelante, otras notas complementan la crónica del bloqueo. Enviados especiales a Encarnación explican los "motivos de protesta de los comerciantes", aunque a diferencia de aquella columna de la corresponsalía encarnacena en el primer corte lo hacen exclusivamente desde la "perspectiva argentina" comenzando por recordar quién financió la obra. Por otra parte, realizan una "nota de color" sobre lo vacía que estaba Encarnación gracias a la "irracional protesta de un grupo minúsculo". A su cargo queda la nota de opinión "Por poco, la jungla" que introduce una nueva operación identitaria: separar a los "revoltosos" de los "encarnacenos":

"Ciudadanos paraguayos y argentinos, por igual, que ayer nuevamente fueron arandela de ajuste entre sindicatos alzados y autoridades inoperantes, pasaron un buen rato en el borde de la jungla, sin querer creer -es decir, perplejos- que pisaban tierra de nadie por ausencia de ley. Vimos encarnacenos apesadumbrados, haciéndose cargo de vergüenzas ajenas. (...) Los posadeños parecían convencidos de que venir al Paraguay o salir de este país, se ha constituido en un albur. Y convencidos también de que, por ahí, será mejor no venir más, a pesar de todo. (...) ¿Hay alguna ventaja comparativa, acaso, que resuelva la decisión de la persona en favor de la inseguridad, el maltrato, la prepotencia facciosa? (...) ¿Hay razonabilidad en la exposición deliberada de la persona decente a la impunidad resultante de actitudes contemplativas, tolerantes y hasta ciertamente cómplices de la autoridad con la pillería?" (ET, 20-11-93).

La frontera, en el sentido de zona liminal, de no man's land, de espacio de peligro se ha extendido paulatinamente hasta abarcar a la ciudad de Encarnación. El problema no es con los "hermanos encarnacenos" o los pobres comerciantes perjudicados, sino con los "pillos", los "sindicatos alzados" y las autoridades que no ejercieron el poder de la represión. Los periodistas argentinos reclaman una "acción ejemplar" que termine con este trauma y de hecho convocan a la población a interrumpir el cruce diario hasta que no se resuelva la situación. Sin embargo, la propuesta no tuvo eco, ya que los bolsillos de los habitantes de Posadas volvieron a exigir trasponer los límites para lograr "estirar el sueldo". Al poco tiempo todo volvía a la normal "tensa calma".

Después de estos diversos cortes, los guiones culturales con los cuales los periodistas perciben el hecho social, clasifican a los actores y sus acciones, y producen las noticias sobre el puente se encuentran (re)organizados. Las primeras manifestaciones constituyeron no sólo una novedad, sino que también exigieron reorganizar los parámetros taxonómicos e identitarios previos en función de los nuevos sucesos. Sin embargo, como puede verse en el análisis de las noticias, la "cobertura" de cada bloqueo presenta variaciones menores en relación a un argumento que se despliega de manera creciente.

De ese modo, cuando se produce un nuevo bloqueo el 31 de agosto de 1994, la noticia parece estar escrita hace tiempo: "poco menos de un centenar de encarnacenos"; protestan "por supuestos 'malos tratos'"; el hecho detonante fue "una supuesta agresión a una 'pasera', que fue demorada cuando intentaba eludir el control aduanero"; "aparentemente, los funcionarios (...) tendrían un trato desigual con los ciudadanos paraguayos"; "argentinos retenidos en el vecino país"; "es un hecho delictivo". En otra palabras, una noticia similar a las anteriores en términos generales.

La novedad de que por primera vez -tal como exigían los periodistas y políticos argentinos- el levantamiento del bloqueo se realizó por una resolución judicial de Paraguay, ocupa un lugar claramente subordinado. Por el contrario, se señala que "la medida adoptada ayer no era desconocida por las autoridades paraguayas", después de lo cual se le da la palabra a un funcionario gubernamental de ese país que explica sus intentos fallidos por evitar el bloqueo. De manera confusa, el funcionario apela a una identidad regional contra las metrópolis ("lamentablemente los tratados y convenios se firman en Asunción y Buenos Aires, mientras nosotros somos meros espectadores"), al tiempo que sostiene de modo ambiguo que en este puente "por culpa del tráfico se entorpece el tránsito", siendo difícil establecer si el tránsito lo entorpece la aduana argentina o los vendedores paraguayos.

Entre las noticias sobre el bloqueo se incluye una entrevista a una pasera. En su relato cuenta que llevaba verduras y cigarrillos, y que como no los dejan pasar más mercadería "me escapé con los bolsos por el costado de la aduana, como hace todo el mundo", porque el funcionario argentino Mac Lean "da la orden para que nos saquen la mercadería y la tiren". Cuando los gendarmes la vieron en la vía del tren, la llamaron "pero yo les dije no me voy, (...) péguenme, mátenme, pero a la aduana no vuelvo. Entonces, me agarró, me torció el brazo, me pegó por la boca, me rompió el labio, me tiró y me dio una patada". Este testimonio, el diario lo incluye con una serie de modalizaciones que relativizan las aserciones de pasera. La primera, en el título mismo, es colocar la palabra víctimas entre comillas: "Una de las 'víctimas' del control aduanero". En el primer párrafo se anticipa que esta es "una de las 'paseras' supuestamente agredida" y la misma posición se observa en las preguntas del periodista (ET, 1-9-94). Estas relativizaciones nunca son utilizadas para hacer referencia a las acusaciones de las autoridades argentinas respecto a los paraguayos.

De la entrevista surge otra cuestión relevante: las paseras acusan a Mac Lean de todos sus pesares: "Desde que entró Mac Lean no pueden pasarse las cosas para vender"; "cuando él no estaba nosotros trabajábamos muy bien"; "ahora no se puede pasar ni mercadería paraguaya (...) porque está el señor Mac Lean". Es decir, la figura del funcionario condensa todas las prohibiciones y controles aduaneros, los maltratos y la discriminación. Mac Lean se convertiría en el aduanero argentino más odiado por las paseras y ellas comenzarían a exigir su separación del cargo, logrando paulatinamente el apoyo de las autoridades paraguayas.

En se momento, las cuestiones planteadas en el conflicto parecían bastante para los periodistas posadeños, así como el carácter inadmisible de las medidas que "violaban" tratados internacionales. Fue entonces que se planteó entre los comerciantes argentinos la posibilidad de bloquear el puente para "hacer escuchar" sus reclamos.

El bloqueo patriótico

El bloqueo argentino del puente, visualizado reiteradas veces como un absurdo y un imposible visto el "imperio de la ley" que reina en el país, llegó a fines de 1995. Aquello que aparecía subordinado y matizado por múltiples relativizaciones y tomas de distancia, las razones que impulsaban a los grupos sociales paraguayos a realizar el bloqueo, es la manera en que se presentan las noticias acerca de la "movilización" que realizarán el 20 de noviembre los comerciantes posadeños. "Será en protesta por la falta de respuesta del gobierno nacional a los pedido de reintegro o eliminación de impuestos a los bienes que se comercializan en los pasos fronterizos con el vecino país, a efectos de diminuir las marcadas diferencias de precios que promueve el ingreso clandestino de mercaderías, muchas de origen nacional" (ET, 20-22-97). "Se realizará hoy 'la marcha en defensa de las fuentes de trabajo, contra las asimetrías', en solicitud de una baja en los impuestos y precios en Misiones", decía Primera Edición.

"Toda la comunidad" parecía sumarse a la protesta que incluía "dirigentes y afiliados de la Confederación Económica de Misiones, Cámaras de Comercio de la provincia, Cámaras de Estaciones de Servicio del Nordeste, Asociación de Viajantes de Misiones y Centro de Empleados de Comercio" (Primera Edición, 20-11-95). Esas organizaciones convocaban en solicitadas en los diarios a los "misioneros" al cierre de comercios y movilización: "Embanderemos nuestros negocios", afirmaban mostrando que se trataba de otorgarle un sentido patriótico al reclamo. Además de las firmas de los convocantes, se destacaba la adhesión de la institución que se había encargado una y otra vez de explicar la ilegalidad de todo corte del puente, el carácter de jungla que implicaba la falta de intervención de las autoridades frente a las acciones de los "revoltosos". En efecto, El Territorio declaraba en una solicitada su adhesión a la convocatoria y, evidentemente, desde esa posición realizaría las "crónicas objetivas de los hechos". Algunos periodistas recuerdan que no fue fácil tomar la decisión y que la posición pública de El Territorio generó cierto debate en el diario. Sin embargo, consideran que era imposible no adherir al corte de puente ya que se trataba de "una situación límite". También Primera Edición ayudaba en la búsqueda de establecer los mejores argumentos en favor de la convocatoria. Admitía que la medida del corte del puente fue discutida, pero afirmaba que "al verse interrumpida de algún modo la libre circulación", la intención es que "el clamor de la protesta llegue hasta los despachos de los funcionarios que desde la Capital Federal tienen en sus manos resolver o al menos paliar la afligente situación de las asimetrías con los países vecinos".

No sólo los diarios y los periodistas invirtieron la perspectiva sobre el bloqueo cuando la protesta atravesó el río. Incluso un "alto oficial de Gendarmería Nacional" explicó que la medida "afecta los derechos de los demás, pero los comerciantes reclaman un derecho". Surgía así un nuevo relativismo sobre las reglas, cuando las "infracciones" las cometemos "nosotros". El corte, decía el Gendarme, "puede ser una infracción o un delito, pero hay que considerar también el ejercicio de un derecho. Todo depende del cristal con que se lo mire". Cristal indiscutible, en cambio, cuando el corte proviene de la otra orilla.

La protesta de los comerciantes de la provincia se realizó simultáneamente en las cabeceras de los dos puentes más importantes de la zona: el de Posadas-Encarnación y el de Puerto Iguazú-Foz de Iguazú, en una demostración de que el problema estaba definido precisamente por la circulación en los límites del estado nacional. Marcar los límites era el mejor modo que encontraron para que las autoridades de ese estado, ubicadas a más de mil kilómetros de distancia, los escucharan.

"Comercio exigió atención nacional" era el titular principal de El Territorio del 21 de noviembre. La crónica se realiza desde el punto de vista de los organizadores afirmando que "el paro parcial de actividades resumió el verdadero espíritu de la protesta y fue tomada por la dirigencia empresarial como señal de que la gente se concientizó de la gravedad del problema del comercio interfronterizo. Según los organizadores, la jornada de reclamo por las asimetrías existentes con los países limítrofes (...) logró amplia repercusión nacional" (ET, 21-11-95).

A lo largo de las noticias, no aparecen críticas a la clausura del puente. Sin embargo, es necesario considerar un elemento significativo: el mismo día que los comerciantes de Misiones realizaron su manifestación, las organizaciones sindicales opositoras al gobierno convocaron a una Jornada Nacional de Protesta y los docentes realizaban su segundo día de huelga. En Posadas, entonces, hubo dos movilizaciones simultáneas contra el oficialismo. Aunque los comerciantes eligieron el mismo día para manifestar su reclamo, nunca hicieron referencia a la protesta sindical, marcando su distancia. A pesar de convocar a todos los "misioneros" no realizaron ningún gesto de apoyo con los sindicatos. El Territorio, que adhirió a la protesta de los comerciantes, siguió la misma línea.

Un primer indicio de la situación se encuentra en un recuadro: "Puerta justificó reclamos". Es decir, el gobernador de la provincia -del mismo partido del gobierno nacional- no sólo no instrumentó contra los comerciantes la represión que políticos y periodistas exigían a las autoridades paraguayas contra las "paseras" que bloquearon el puente, sino que consideraba "ampliamente justificado" el reclamo y lo hacía propio: "'es muy difícil administrar una provincia que cuando paga a sus empleados ve cómo hacen sus compras del otro lado de la frontera' con la consiguiente pérdida impositiva". Puerta desarrolla los argumentos conocidos contra las asimetrías fronterizas y afirma que la gente compra en Encarnación incluso cuando los productos tienen el mismo valor que en Posadas "porque se trata de una forma de vida de nuestro pueblo, hay una cultura de compra que para ser corregida requerirá de muchos esfuerzos de los formadores de opinión" (ET, 21-11-97). Es decir, que el reclamo se construye como provincial contra nacional incorporando a las cámaras empresarias y comerciales, a los empleados de comercio, a las autoridades y a los diarios. Asimismo, su objetivo es "bajar los precios" en la provincia, interés común a todos los misioneros. De esa manera, la protesta se distingue y busca hacerlo del reclamo nacional de los trabajadores agrupados de los sindicatos opositores, que critican tanto a los gobiernos nacionales como provinciales del oficialismo. Por supuesto, las organizaciones convocantes no son monolíticas y algún orador critica a las autoridades de la provincia. Sin embargo, el conjunto de las críticas apuntan a las autoridades de la Capital Federal advirtiendo que "cerraremos el puente las veces que sea necesario".

De esa manera, los comerciantes se postulan para representar a todos los misioneros llegando a decir, mientras a unas pocas cuadras se organizaba otra manifestación, que "exigimos que toda la provincia se movilice en apoyo nuestro". "Estamos todos unidos", la dilapidación de dinero que se va a Paraguay se trata de un problema común: no hay divisiones entre comerciantes y consumidores, o entre argentinos y brasileños o paraguayos: "el responsable de esto es el gobierno nacional". Un dirigente admitió que al "interrumpir el tránsito en el viaducto se transgreden normas 'pero también la Nación lo hace con nosotros'". "Estamos perdiendo la soberanía económica" dijo un dirigente del interior que convocaba a luchar "para no quedar fuera del modelo". En el acto realizado en Iguazú también un dirigente afirmó que "nos tienen que escuchar para bien del país, de los comerciantes y de todos los trabajadores argentinos que queremos una patria grande" (ET, 21-11-95).

Soberanía económica, patria grande. Misiones se enfrenta a las autoridades nacionales en defensa de una nación vapuleada por medidas porteñas que no contemplan las necesidades de la región. Los comerciantes identifican sus intereses con el interés de todos los trabajadores misioneros y argentinos, olvidando que sus permanentes reclamos por un mayor control fronterizo no coincide precisamente con el interés de los trabajadores que buscan "estirar el sueldo" en la otra orilla. Por eso, ese reclamo se disuelve en la protesta, haciendo hincapié en la "baja de los precios" a través de la excepción impositiva que se torna imprescindible para evitar que continúe el cierre de negocios.

La Nación también fue invocada esa misma tarde por los docentes en huelga cuando entraron a la Plaza 9 de Julio, ubicada frente a la gobernación, en el acto convocado por la Congreso de Trabajadores Argentinos y el Movimiento de Trabajadores argentinos "contra el modelo económico nacional y su correlato en Misiones". Uno de los oradores centrales del acto sindical convocó a "recomponer el poder popular a través del camino de la unidad", afirmando que "así debe ser y no como hicieron los comerciantes que salieron a cacarear porque nos vemos obligados a comprar enfrente para valorizar nuestro salario" (ET, 21-11-95). Es decir, los sindicatos opositores buscaron explícitamente tomar distancia del reclamos "provincial".

El bloqueo del puente no tuvo el éxito esperado. El gobierno dilató medidas en negociaciones y reuniones sin ninguna promesa concreta más allá de "intentar resolver la cuestión". El 6 de diciembre los comerciantes anunciaban que volverían a "golpear" antes de fin de año y El territorio mantenía la enunciación favorable a los reclamos de los comerciantes. En una asamblea de 11 de diciembre decidieron cerrar el puente los días anteriores a las fiestas de navidad y año nuevo para reclamar y evitar que la gente cruce a hacer sus compras a Encarnación. El territorio acompaña el anuncio con una nota de opinión donde se critica duramente al gobierno nacional por sus demoras con supuestas "cuestiones técnicas" y se afirma que quienes crean que no es otra cosa que despreocupación son vítcimas de una "candidez imperdonable" (ET, 12-12-95).

Sin embargo, algo comenzó a cambiar a mediados de diciembre. De pronto, comenzó a percibirse desde los medios una creciente presión hacia los comerciantes para que no corten el puente. "'La gente les pasará por encima', advirtió Puerta" titulaba la noticia ET el 17 de diciembre. Además, el gobernador afirmaba que el bloqueo no se concretará y, cambiando su discurso del 22 de noviembre, decía:

"Nuestro pueblo, en medio de la crisis, tiene derecho a comprar donde es más barato y en Misiones hay libertad de desplazamiento".

En ese marco, hizo alusión al tópico de que los comerciantes tienen razón en los reclamos, pero se equivocan en la metodología.

Desde El Territorio también se convocaba a sustituir la "ira" por la "reflexión". La editorial del 18 de diciembre señala que "los tiempos del Mercosur en los papeles, en los tratados y convenios, no coinciden con los de la realidad cotidiana", pero "todo intento por querer forzar los tiempos sería inútil". Tomando distancia de los comerciantes y aproximándose a los "economistas" reflexivos: las relaciones de la Argentina con el Paraguay se sustentan en el "respeto recíproco de intereses nacionales". Esa consideración, junto con los tiempos propios del Mercosur, "deberían ser un llamado al realismo a la hora de enfrentar el problema de las asimetrías con los vecinos". Por o tanto, "la Argentina puede y debe tomar decisiones importantes para atenuar el conflicto": básicamente incrementar el "control del contrabando" e intentos de los comerciantes para "mejorar sus ventas" (esto es, reducción de precios y ganancias). Aunque se considera comprensible la reacción de los comerciantes de Misiones "es conveniente observar un poco más lejos": estamos todos en el barco del Mercosur.

Uno de los adherentes al bloqueo del puente, el antiguo diario El Territorio, ahora convocaba a construir juntos el Mercosur y "dar tiempo al tiempo". Las causas del giro son difícil de comprobar, aunque no puede dejar de señalarse un acompañamiento de los cambios en las posiciones políticas, así como el incremento de la presión del gobierno nacional. En ese marco, ET informaba el 22 de diciembre: "No serían viables los reclamos por las asimetrías". En una reunión del Ministro del Interior con los representantes de los comerciantes, el gobierno ofreció incrementar los controles aduaneros y aplicar un peaje al puente, medida discutida en diversas oportunidades que buscaría incrementar los costos de comprar en Encarnación.

Aunque no se tomaron medidas concretas, el 28 de diciembre se anunciaba el levantamiento de la medida de los comerciantes declarando que no querían afectar "la reunión de numerosas familias de ambas márgenes del río Paraná". Desde ese entonces, las organizaciones de los comerciantes continuaron reclamando, aunque ya no volvieron a realizar bloqueos en la frontera.

Las opiniones de la gente recogidas por los diarios sobre el eventual corte de puente eran diversas. A mediados de diciembre, Primera Edicción publica una serie de entrevistas callejeras. Algunos dicen que es "una payasada porque la mayoría de los comerciantes van a comprar allá", mientras otros opinan que "el dinero que se va al frente son cifras muy elevadas, es un dinero que sacamos de circulación y que nos falta para educación, para salud" y que "somos víctimas porque los encarnacenos no pagan impuestos". Las opiniones son variadas, pero quizás en las últimas líneas se esboza una clave:

"Alguien de Paraguay dijo que el puente no tiene la culpa, por supuesto que no, pero es el nexo, si no existiera ese puente creo que la gente no cruzaría por más que no tenga plata".

De esa manera, en el marco de una situación social sumamente compleja, comienza a sedimentarse una significación negativa sobre el puente para un sector de la población de Posadas. "San Roque González de Santa Cruz" empieza a ser visualizado como "la causa de nuestros problemas".

"Otra vez los paseros bloquearon el puente"

Este es el título del ET del 27 de agosto de 1997. Después del corte patriótico argentino, los grupos sociales paraguayos bloquearon dos veces más el puente. La acción "de clasura" de los comerciantes en 1995 no parece haber modificado de manera notoria los guiones de los periodistas. El bloqueo del puente es el "octavo corte protagonizado por paraguayos" (ET, 27-8-97). La acción "para protestar por los controles aduaneros" es explicada por el diario en términos de menor corrupción en la aduana argentina y controles más estrictos que "limitaron significativamente la actividad de las paseras paraguayas". Nuevamente, un juez de Encarnación pide a los manifestantes que desbloqueen el puente y la resolución queda en manos de autoridades paraguayas. El cónsul argentino en la zona de conflicto declaró que "el Mercosur cambió 'las reglas comerciales' entre los países, y hasta tanto no se establezcan acuerdos, 'se mantendrán estas diferencias fronterizas'".

La vicecanciller de Paraguay viajó ese mismo día a Encarnación y se reunió con los manifestantes, y se informó de los reclamos dirigidos contra los funcionarios argentinos. "Aclaró que las quejas serán puestas a consideración del presidente Wasmosy y al término de la reunión expresó a la prensa que el episodio de ayer fue protagonizado 'por gente necesitada que quiso llamar la atención de autoridades de ambos países'".

Tres recuadros juegan como comentarios sobre el hecho. Uno incluye las denuncias de las paseras, aclarando que "algunas paseras comentaron ayer los que dicen que les ocurre". Otra es la denuncia del gobernador de Itapúa que afirma que el bloqueo del puente "es el resultado de internas políticas que se viven acá". El recuadro central se titula "Ocho cortes en siete años" y repasa cada uno de los bloqueos que protagonizaron los grupos paraguayos, agregando que con "la clausura de tres horas de los comerciantes posadeños" suman nueve los cortes del puente.

Una nota de opinión presentada como crónica apela nuevamente al topos de la legalidad: "La legislación argentina no permite que residentes fronterizos de países vecinos traigan productos consigo, con finalidad de venta. (...) El cruce en las actuales condiciones se permitió durante décadas, pero al crearse el Mercosur las condiciones cambiaron aunque no la legislación". Es decir, hasta el Mercosur había menores controles aduaneros y mayor fluidez del pequeño comercio fronterizo. Con el Mercosur se comenzó a aplicar la legislación nacional que antes se pasaba por alto y esto se tradujo en que quienes vivían cotidiamente de llevar mercaderías en pequeña cantidad de uno a otro lado se enfrentaran a la nueva realidad. El diario continúa argumentando sobre las condiciones del comercio interfronterizo y concluye que "no puede admitirse ninguna presión de ningún sector del Paraguay o de otro país fronterizo para que el comercio argentino se perjudique. La competencia debe hacerse con bases parejas para todos y el consumidor elegirá qué comprar en función del servicio, la calidad y aun del precio, pero no a expensas de perjudicar a otros" (ET, 27-8-97). Al ubicar en ese orden los criterios de elección del consumidor, el periodista alude a las características generalmente más reconocidas a los productos y comercios argentinos -servicio y calidad- colocando en último lugar relativizado el precio, que favorece al comercio paraguayo.

Al mismo tiempo, ET reproduce el comunicado de la Cámara de Comercio. La institución que dos años antes pedía una excepción provincial para la reglas impositivas nacionales, ahora le solicita al mismo gobierno nacional que "no ceda ante presiones ejercidas por el vecino país, pues las mismas no surgen como reclamo genuino sino que implícitamente son dirigidas al quebrantamiento de nuestras leyes soberanas". Agrega que "en este momento en que se ha comenzado a visualizar el cumplimiento de las reglamentaciones vigentes, solicitadas en oportunidad de su visita a esta ciudad, resulta inadmisible que nuestro país ceda ante presiones de esta naturaleza".

Por último, la nota de opinión del diario insiste en que el puente no puede ser utilizado como elemento de presión para que determinados sectores "impongan sus intereses en desmedro del conjunto de la sociedad". "Los cortes del Puente serán progresivamente más dañinos, afectarán a más gente... (...) De modo que la práctica de cortar el puente debe terminarse y ésta tendría que ser la última vez que ocurra. No se puede transformar un bien público en un bien privado de determinados sectores sociales y sujeto a sus caprichosas reacciones" (ET, 27-8-97).

Sin embargo, para el grupo de paraguayos son las acciones de la aduana y la gendarmería argentina las "caprichosas reacciones", "progresivamente más dañinas" y que "afectan a más gente". Por lo tanto, el dirigente de los remiseros y autofleteros convocó a desbloquear el puente, pero advirtió que de no obtener "una solución definitiva cerraremos el puente por tiempo indeterminado".

El puente indeseado

Los conflictos planteados en el puente y a partir del puente no sólo modificaron la producción de noticias sobre las relaciones entre Argentina y Paraguay. Al tiempo que crecía la cantidad de personas y vehículos que transitaban por el viaducto y que se exacerbaron los resquemores entre posadeños y encarnacenos, los periodistas construían instancias reflexivas que le otorgaban nuevos sentidos al puente y a su propia práctica de fabricación de noticias.

En primer lugar, es necesario considerar que los discursos públicos sobre los otros parecen presentar límites de lo que es posible decir. Incluso en aquellas situaciones en las que se hacen referencias sistemáticamente negativas existe el trabajo de una doble pinza: un cierto dejo diplomático y una cierta "moral" que previene de posteriores acusaciones de discriminación. Por ello, para completar la reconstrucción de las estructuras taxonómicas y significativas acerca de la relación entre misioneros (argentinos) y paraguayos, me referiré brevemente a algunos diálogos que mantuve con los periodistas posadeños. Espero poder mostrar que en estas entrevistas, los periodistas argentinos dan cuenta del marco a partir del cual se producen cotidianamente las noticias.

Hay un tipo de discurso sobre la relación entre ambas ciudades que sostiene que los conflictos existen sólo en términos comerciales y políticos, pero que los pueblos, los habitantes son "verdaderos hermanos". Este discurso, entonces, sostiene que los pueblos no serían "afectados" por esos conflictos

"La relación entre Posadas y Encarnación se da a través de los años. El movimiento entre las personas, entre la gente, hay parientes acá y allá, siempre hubo una relación. Lo que nunca se pudieron compatibilizar son las cuestiones comerciales o gubernamentales. Pero el pueblo en sí esta comunicado y entrelazado con Encarnación. Aun comercialmente porque va a hacer su diferencia del otro lado, o el encarnaceno que sabe de calzado sabe que el calzado argentino es superior al calzado paraguayo, entonces viene y compra su calzado acá. Pero la relación entre la cultura entre los vecinos, es una cultura que siempre ha habido, que nunca se ha cortado, que se ha intensificado con el puente. (...) Lo que ha chocado son las políticas determinadas por el gobierno nacional y aplicadas por los organismos de frontera. (...) Esa política va en contra de los intereses de la provincia, pero es una ley nacional y los controles no son los suficientemente efectivos para impedir que entre ese contrabando, esa leche, esa cubierta, esos electrodométicos, electrónicos (...) que produce a veces el colapso en distintos negocios" (María, periodista gráfica, 50 años).

Este discurso utilizado por los periodistas podría ser considerado "culturalista". Es decir, la cultura común sigue hermanando a los pueblos, aunque los intereses parezcan muchas veces contrapuestos. En este caso, esto es llevado al extremo de afirmar que el conflicto se origina porque los controles (argentinos) no son suficientemente efectivos. Otros periodistas afirmarán exactamente lo contrario, aunque difícilmente puedan escribirlo en un diario: son pueblos hermanos y el conflicto se origina porque no se controlan los contenedores y sí se controla a las paseras. En general, este discurso busca circunscribir los conflictos a una cuestión meramente comercial, absolutamente ocasional. Por eso, no pueden explicar la persistencia de los cortes de puente y menos aún el uso cotidiano de las categorías de curepí y de paragua.

En algunas de sus formulaciones, este "culturalismo" puede relacionarse con el hecho de que los conflictos vinculados al puente son novedosos en términos históricos. En efecto, los crecientes controles argentinos se relacionan con políticas como el Mercosur:
"no pasa por una cuestión de bronca, lo que pasa es que es una cuestión más que nada que se da en el ámbito del comercio. O sea, es el comercio que protesta contra lo que entiende el contrabando encubierto que hacen las paseras y los taxistas. Cuando comienza el tema del Mercosur y se comienza con los controles, a cerrar un poco más los controles aduaneros, a ser más estrictos, la norma siempre estuvo, lo que pasa es que nunca se aplicó, siempre fue permeable ese sistema" (Juan, periodistas televisivo, 35 años).

Aunque en la época de la Doctrina de la Seguridad Nacional existieron fuertes políticas de control fronterizo, los periodistas recuerdan el pasado con fronteras más porosas que en el presente. O sea, hasta el Mercosur el sistema fue permeable y con el acuerdo de libre comercio se incrementaron los controles aduaneros, se aplicó la "normativa vigente". El puente y el Mercosur producen modificaciones en una situación "tradicional":

"El tema de las paseras es algo tradicional, siempre existió, existió antes de que ni se pensara en un puente, siempre ellos vinieron, trajeron su producción hortícola y vendían acá en la ciudad. Te hablo de tomates y de verduritas, y de zapallos, se empezó así y después le agregaron la botella de whisky, cuando comenzó eso a crecer la botella de whisky, y después se sumaron los taxis con el puente, entonces con el puente ya te traían el televisor, la heladera, lo que vos querías. Cuando se comienza a controlar eso, de que no pase nada, ni las paseras ni la que pasa tomates, ni la que pasa la botella de whisky ni la que pasa con el taxi, ahí bueno, se rompe, entonces ahí ellos cortan el tránsito, entonces qué es lo que piden que se vuelva a lo que era antes, y a eso no se vuelve" (Juan, periodista televisivo, 35 años).

Juan describe tres momentos de "contrabando hormiga" simbolizados por tres productos: verduras, whisky y televisor. La secuencia no sólo aumenta el precio, sino que entre las verduras y el whisky se pasa de lo "necesario" a lo "lujoso". Entonces, el crecimiento del comercio que se desarrolla por el puente lleva a implementar los controles y a impedir que se continúe con la "tradición de las paseras".

El Mercosur, sin embargo, parece tener un impacto más amplio en la región: "A partir del Mercosur, se habla de la necesidad de crear infraestructura para poder satisfacer con servicios a esa gran movilización de carga y Misiones puede convertirse en el epicentro del movimiento. Hay políticas que adopta el gobierno como el tendido de puentes, la pavimentación de rutas, creo que como sentido estratégico", me decía un importante periodista misionero que tiene algo menos de 60 años. Entonces, yo le pregunté si un ejemplo de este avance podría ser el puente que une Posadas-Encarnación.

"No, no. El puente con Encarnación no benefició tanto a la Argentina. Te diría que hay puentes con Brasil que quizá benefician más a la Argentina. Pero el puente Posadas-Encarnacion sacando el elemento cultural, lo que ha significado en términos económicos es lo que los comerciantes posadeños denuncian como la gran debacle económica".

Los puentes, entonces, no tienen un significado unívoco en sí mismos. Por el contrario, existen puentes que benefician más, otros que lo hacen menos, e incluso hay puentes -como el de la ciudad de Posadas- que adquieren un significado negativo: ha producido "la debacle". Los periodistas tienden a significar positivamente "los puentes" en general, pero a significar de manera fuertemente negativa justamente "este puente", el que une la ciudad en la que viven con el Paraguay. Un periodista radial de unos 30 años, considerado "estrella" por sus colegas decía:

"El común de la gente no nota el Mercosur, lo nota quizás en el proceso integrador que se da a través de los puentes. El Mercosur impone medios de comunicación, se están haciendo puentes por todas partes, sobre el río Uruguay, sobre el río Paraná. Esos puentes también generan un cambio cultural también y en las costumbres, especialmente con Brasil porque con Paraguay nadie quiere hacer puentes, porque nadie quiere que los misioneros vayan a dejar su plata del lado paraguayo, que es mucho más barato, entonces prefieren hacer puentes con Brasil donde el nivel de comercio es otro".

Entonces yo le pregunté por qué si nadie quiere hacer puentes con Paraguay se hizo el de Posadas Encarnación que es tan grande.

"Es una buena pregunta, yo no sé por qué se hizo este puente, yo creo que se hizo porque había que hacerlo, porque Posadas y Encarnación son dos ciudades grandes y había que hacer un puente. Las variables económicas han hecho que por este puente se vayan 60 millones de dólares por mes, que es plata argentina que se va para otro lado. Lo que pasa que este puente ahora se ha convertido en un vía crucis para el comercio de Posadas que ha decaído notablemente porque la gente hace todo del lado paraguayo".

Una clave del significado de los puentes se refiere al río que atraviesan, al país que unen a la provincia. Brasil se presenta como "mercado potencial", como lugar de salida de los productos misioneros, aunque no por ello deja de provocar ciertos temores en relación a su "inmenso poderío económico". La relación con Brasil parece atravesada por una dualidad racionalista, entre el interés económico y el temor al "gigante". En cambio, la relación con Paraguay parece atravesada por una dualidad emotiva: se presenta como disputas de familia. Sin embargo, mientras en la relación con Brasil prevalece la imagen positiva sustentada en la "esperanza" de conquistar nuevos mercados, con Paraguay prevalece la imagen negativa sustentada en la "competencia comercial desleal". Por eso, los puentes que debe hacer el Mercosur son puentes con Brasil y, en cambio, "con Paraguay nadie quiere puentes".

"Los puentes con Brasil están sirviendo, en tanto que Paraguay lo que hace con los puentes es sacar su producción o recibir, pero no está sirviendo de canal de salida".

Los puentes con Paraguay atentan contra la Nación, ya que sirven para que los misioneros dejen la "plata argentina" del otro lado. El periodista desconoce la compleja historia geopolítica que dio origen al puente y simplemente entiende que "no quedaba otra", que hubo que resignarse a hacer un puente que devino vía crucis del comercio. Para la mayor parte de los periodistas el puente sólo ha beneficiado a Paraguay, ya que por allí se va el dinero argentino y eso impulsó el "gran crecimiento de Encarnación" contra el estancamiento de Posadas. Por eso, incluso teniendo en cuenta el fuerte crecimiento del movimiento de personas y mercaderías entre ambas orillas, el efecto más profundo del puente ha sido de mayor distanciamiento entre ambas ciudades. Así lo formulaba un conocido periodista de televisión:

"El puente lejos de aproximarnos a una región importante que tiene un origen común, nos distanció. El puente San Roque González Santa Cruz puso en evidencia que nosotros no queremos a los paraguayos y que quizás los paraguayos tampoco nos querían al nosotros, el puente es como el muro de Berlín después que se cayó. Cuando se cayó el muro de Berlín descubrieron que los primos alemanes de occidente no querían saber nada con los primos alemanes de oriente. En el caso de paraguayos y argentinos mientras podíamos cruzar el río con una lancha estaba bien, cuando nos dieron las 24 horas la posibilidad de poner un contacto ahora todo está mal. Antes del puente no había conflicto. (...) El puente permitió al paraguayo ver exactamente como funcionaba la cosa acá, y reproducirse con la misma velocidad y quizás con mejor criterio comercial, porque tienen menos impuestos, porque no pagan los salarios como corresponde, porque tienen menos cargas sociales, todos los defectos de una economía informal, pero beneficioso para el crecimiento de una población informal. Aquí fue todo al revés, entonces los sentimientos de envidia y egoísmo se hicieron más fuertes con este sentimiento discriminatorio que reside en nosotros".

En este relato se superponen dos niveles: una instancia reflexiva sobre los modos en que opera la distinción de los paraguayos, en términos de discriminación, y esa misma distinción operando de manera efectiva, por ejemplo, a través del colectivo de identificación "población informal" para referirse a los paraguayos. El puente es considerado un punto de inflexión, que modifica sustancialmente el modo de relacionarse entre ambas ciudades, instituyendo el desarrollo del conflicto. Es particularmente relevante considerar la manera en que una experiencia considerada "global", como la caída del Muro de Berlín, se localiza en el discurso de manera específica: el Paraná actuaba como Muro a cada lado del cual viven parientes; cuando no se veían había relaciones ocasionales, ya sea en términos folklóricos o de admiración; ahora que se relacionan cotidianamente renacen la envidia y el egoísmo. Y esa discriminación actúa a pesar del "origen común".

El desarrollo del conflicto en el puente implicó también la constitución de una instancia reflexiva también en los diarios y los medios que se plasmó en editoriales, notas de opinión y cartas de lectores. Una de las primeras cartas -importantes de analizar ya que son seleccionadas por los diarios- fue escrita poco después de que los comerciantes argentinos bloquearan el viaducto y se titulaba "El puente que no es puente". Decía:

"Todo puente se construye con un fin bien concreto: unir y agilizar la comunicación entre dos partes. Pues bien: después de más de cinco años de haber sido inaugurado oficialmente, el puente internacional Posadas-Encarnación se está convirtiendo en todo lo contrario de lo que es y debe ser un puente. Porque está desuniendo a posadeños y encarnacenos a través de peleas y discusiones estériles, y porque la comunicación, que debería ser más fluida y ágil, se está llenando de trabas y dificultades" (ET, 5-6-95).

El lector protesta porque cada vez hay más trabas burocráticas a pesar de las metas del Mercosur y afirma que, de seguir así, "llegará el día en que lamentaremos no contar más con las viejas lanchas". Es decir, el lector analiza el cambio en el sentido del puente y critica que los estados no agilicen la comunicación.

Sin embargo, el conflicto continuaría creciendo, llegando a un punto clave en el corte de mayo de 1996, cuando el Intendente encarnaceno encabeza la clausura. El 29 de mayo de 1996, en el marco del nuevo bloqueo, El Territorio publicaba una editorial y una nota de opinión en la misma página que, convocando a terminar con los incidentes en el puente, apuntaban sus argumentaciones en sentidos distintos: mientras la editorial hace un llamado al fin del conflicto en nombre "los lazos culturales entre ambos pueblos, que vienen desde el fondo de la historia", mientras la nota de opinión sostiene que los inconvenientes permanentes ponen en duda la continuidad de Paraguay como socio del Mercosur. Entonces, el mismo día y en la misma página el diario plantea la imperiosa necesidad de terminar con el conflicto, ya se por el camino de la unidad, ya sea por el camino de la separación.

La editorial se titula "Este no es el camino" y olvidando su adhesión al bloqueo del puente de los comerciantes argentinos afirma de manera contundente: "la interrupción del paso en un puente internacional, del lado que fuere, realizada por la fuerza y sin que medie una decisión expresa de las autoridades pertinentes, es un acto subversivo". En ese marco, considera "absurdo" que se clausure el puente para reclamar la remoción de Mac Lean, el funcionario aduanero argentino, ya que esa es una cuestión interna de la Argentina: "qué dirían los hermanos paraguayos si, por alguna causa, los argentinos bloquean el puente para exigir, por ejemplo, la remoción de su Intendente". Intendente que, en aquel momento, encabezaba el nuevo bloqueo. Después de haber concretado el "ataque" retórico, el editorialista busca contemporizar posiciones en el marco de la unidad histórica y cultural, aunque manteniendo inflexible las posiciones "argentinas":

"No se puede cometer la ligereza de convertir en una cuestión de soberanía esta disputa menor, alejando así una solución amigable que contemple los intereses de ambos pueblos. La soberanía no reside ni en un cargamento de verduras, ni en la compraventa de mercaderías. Reside, en cambio, en el respeto internacional a las leyes que se acuerden y se dicten al respecto, privilegiando los sanos intereses de dos pueblos profundamente vinculados. (...) Son múltiples las ataduras entre posadeños y encarnacenos, Como lo son, también, los lazos culturales entre ambos pueblos, que vienen del fondo de la historia. De una historia común para ambas márgenes del río, ya hasta más vieja que las ciudades que hoy afrontan este problema. Todo nos unes en esa historia; incluso nuestras antiguas discrepancias, que son como disputas de familia".

Por último, dice que aunque esas disputas no estarán exentas de pasión, la pasión no debe dominar "las pautas de fraterna convivencia", así como debe respetarse el imperio de la ley: "Porque si bien se trata de una anécdota más, en ese mismo punto recurrente debe dejarse en claro que no pueden aceptarse tales hechos de fuerza".

El editorialista de El Territorio argumenta a través de un doble movimiento: por un lado el "imperio de la ley" (argentina) y el fin de los bloqueos (paraguayos), por el otro el llamado a la "hermandad" de los pueblos. A lo largo del artículo avanza y retrocede con la "ley" y la "fraternidad", dejando en claro que la primera es una condición ineludible para la continuidad de la segunda. Y que si los encarnacenos pretenden imponer su propia concepción de soberanía (en la cual tiene importancia lo que el editorialista denomina despectivamente "un cargamento de verduras") y no respetan la ley argentina, estarán destruyendo una historia anterior a las ciudades mismas. De esa manera, esta editorial se constituye en un ejemplo de el uso instrumental de la historia, en particular de la historia como amenaza.

La editorial titulada "Este no es el camino" dialoga con la nota de opinión titulada "El puente que nos separa". En ella el periodista comienza directamente con una advertencia. Si los paraguayos pretenden "reemplazar el comercio formal por el informal" habrá quienes "magnificando el problema, se pregunten si podrá continuar el Paraguay como socio en el Mercosur". Dicho esto, el periodista se dedica él mismo a plantear argumentos en esa dirección. Las "grescas" entre aduaneros y paseras, así como otros hechos "en apariencia intrascendentes", dice, "van creando la sensación que el Paraguay se está transformando en un socio difícil, al menos para la Argentina". ¿Qué nos separa del país vecino? Allí prevalece "el comercio informal" que contrasta con "el creciente ordenamiento fiscal, aduanero y migratorio que impulsa nuestro país". Es decir, ellos no controlan nada mientras la Argentina controla cada vez más. El Mercosur, nuevamente, no reduce sino que incrementa los controles en la frontera, al menos para el "tráfico de pacotilla". Entonces, dice el periodista, si Paraguay persiste en actuar como "un Hong Kong sudamericano" está claro que

"su continuidad en el mercado común se verá gradualmente comprometida, porque entonces los episodios fronterizos de poca monta terminarán convertidos en problemas nacionales".

Ningún criterio regional aparece en esta argumentación. El único parámetro analítico corresponde a la Nación. La soberanía nacional apunta contra los reclamos de los encarnacenos, cuyos planteos "son ociosos o implican una intromisión en asuntos de exclusiva incumbencia de nuestro país". De esa manera, las relaciones argentino-paraguayas penden de un hilo. Mientras los encarnacenos bloquean el puente, el periodista concluye:

"Porque es una ironía que un puente construido para unir a dos pueblos, a dos países, termine siendo un elemento de permanente discordia. Obviamente, así no puede ser".

Al día siguiente se publicaba en el diario la carta de un lector verdaderamente indignado por los reclamos y las acciones de los paraguayos. Su carta va directamente al punto: "Con la inauguración del puente, la situación aduanera se complicó para los argentinos". La causa, el puente; las víctimas, los argentinos. Aquí está ausente el incremento de controles aduaneros y la posibilidad de algún nuevo problema para los paraguayos. Por supuesto, nada se dice de los beneficios de "estirar el salario" comprando en Encarnación. Pero no es sólo eso: también los camiones que van o vienen de Paraguay "destruyen calles, avenidas, alcantarillas". Es decir, los camiones para este lector no representan "exportaciones argentinas", sino comercio paraguayo. Para él, el colmo de la situación es que, encima, los encarnacenos -beneficiarios de puente- reclamen la salida de Mc Lean, "como si la designación de un funcionario de la Argentina fuera cosa de ellos". De esa manera, expresa toda su indignación: "Como argentino me siento avasallado, vejado". Y convoca a defender la Nación: "Defendamos, entonces, nuestras fronteras y nuestra economía. Así estaremos defendiendo nuestra patria, que allí comienza: en la frontera" (ET, 30-5-96).

Sin fronteras ni distingos, había enunciado el presidente argentino cuando el 2 de abril de 1990 inauguró el puente desde el límite internacional entre ambos países. Desde entonces, pasaron más de seis años y corrió mucha agua bajo el puente. Los sentidos de la unión y la hermandad entre ambas ciudades devinieron conflictos y resentimientos crecientes. Los bloqueos constituyeron el escenario a partir del cual los periodistas y los medios redefinieron la producción de significaciones sobre nosotros y los otros.

Desde Posadas, el puente comenzó a ser visualizado por los productores identitarios como "la causa de nuestros problemas". Ese sentimiento se plasmó en fórmulas como "el puente que no es puente" o "el puente que nos separa". De esa manera, "Roque González" resultó no sólo un nuevo espacio de interacción, sino un nuevo ámbito donde se exacerbaron las disputas entre aquello que los periodistas de frontera identificaron como posadeños y encarnacenos, argentinos y paraguayos. Mientras tanto, desde el otro lado del río, otros periodistas de frontera narraban otros hechos, construían otros modos de percepción y acción, invirtiendo las relaciones entre víctimas y victimarios.
 

A modo de conclusión (8)

El último corte de puente, hasta ahora, ocurrió en septiembre de 1997, un mes antes de que terminara la primera versión de este trabajo. Prever que en el futuro los acontecimientos tenderán a repetirse no parece una arriesgada profecía científica. Más bien, el análisis debe servir para comprender el proceso de transformación de los significados en una zona fronteriza en el marco de las dinámicas de encuentro y conflicto entre dimensiones globales, regionales, nacionales y locales.

Mientras el puente "Roque González" se originó en el marco de estrategias geopolíticas en base a hipótesis de conflicto entre Argentina y Brasil, los actuales procesos de regionalización como el Mercosur plantean la construcción de una nueva infraestructura de comunicación a través del transporte terrestre que puede unir pequeñas localidades y avanzar en el objetivo político económico del corredor bioceánico.. La planificaciones nacionales y binacionales parten del presupuesto de que la pavimentación de rutas y la construcción de puentes implican, simultáneamente, un avance de la civilización y un progreso en la interconexión y unión de los pueblos.

Aunque generalmente los nuevos puentes dinamizan los intercambios económicos y el movimiento de personas, en las actuales condiciones sociales y políticas pueden no ser visualizados meramente como una unión. Por el contrario, la reorganización de las formas de circulación puede terminar articulándose con una visualización de los puentes como "causa" de una nueva división, de nuevos rencores y disputas. Los procesos de "integración" plantean el desarrollo de nuevos conflictos que ponen en cuestión retóricas "románticas" provenientes no sólo del campo político y periodístico, sino también del académico.

La inauguración del viaducto que cruza el Paraná es un impulsor de nuevas relaciones y nuevas prácticas. Esas nuevas realidades se insertan necesariamente en contextos más amplios que delimitan también nuevos conflictos de intereses y nuevos significados para la frontera. En ese marco, la categoría de Nación es fundamental en la producción del sentido de las acciones y de los actores sociales, en la estructuración de la relación entre "nosotros" y "los otros".

En algunas ocasiones la figura del funcionario condensa para los grupos sociales paraguayos todas las prohibiciones y controles aduaneros que son nuevos en la región. Sin embargo, como se ha visto en el análisis, esos controles fueron anteriores por ejemplo a la gestión de Mac Lean, el funcionario que más críticas y denuncias ha reunido. Más bien, el régimen fronterizo es parte de una nueva política aduanera de la Argentina. Los funcionarios argentinos declaran que "la Aduana está más estricta en el control del ingreso de mercadería por disposición del Ministerio de Economía". Y esa política global existe, como se ha visto en otras zonas fronterizas con viejas costumbres de "contrabando hormiga" y se vincula a la expansión de las fronteras del estado-nación a partir del Mercosur. O sea que los conflictos son una consecuencia de las políticas estatales frente a un crecimiento muy amplio del flujo de personas y mercaderías.

Esa nueva política parece implicar mayores facilidades para tráfico comercial "grande" y mayores dificultades para el tráfico cotidiano realizado por las "paseras", al implementarse la prohibición de ingresar productos fabricados fuera de Paraguay. Al articularse con diferencias socioeconómicas notorias entre los países genera un fuerte conflicto de intereses.

En los periódicos el conflicto aparece planteado y discutido por ambas partes en términos de legalidad: si el bloqueo es o no constitucional, si viola los tratados internacionales, si existe o no contrabando, si los funcionarios son "coimeros", si hay violencia física o verbal. Uno de los argumentos más repetido por los periodistas argentinos consistió justamente en afirmar que no puede concebirse una acción que interrumpa el tránsito por el puente internacional y cada bloqueo constituyó un ejemplo del "caos institucional" paraguayo por la falta de intervención de sus autoridades. Sin embargo, a fines de noviembre de 1995 los comerciantes argentinos fueron los encargados de bloquear el puente internacional.

Las percepciones de los periodistas sobre "nosotros" y "los otros" y sobre el conflicto mismo se transforman en los siete años analizados. De manera esquemática, pueden señalarse cuatro etapas diferenciadas. En una primera etapa, condensada en la inauguración del viaducto, los periodistas despliegan un discurso propio junto a las voces de actores mediáticos que producen significados sobre el puente en términos de "hermandad" de los pueblos y las naciones. Aquí aparece ciertos elementos de latinoamericanismo, pero en el periodismo de Posadas la habilitación del puente se encuentra atravesada por su impacto en el crecimiento regional. En ese marco, el puente condensa el progreso de una zona históricamente periférica y es recibido con augurios de futuras inversiones y crecimiento comercial. En la línea de los periodistas que plantean que las noticias sobre éxitos locales son importantes para el fortalecimiento cotidiano de la identidad, el puente se presenta como un hecho extraordinario. Esta línea en la que lo local y lo regional se confunden, se mantiene como dominante hasta los primeros bloqueos del viaducto, con un hito particular cuando el puente adquiere el premio del Príncipe de Asturias a la obra pública más importante de los últimos dos años.

A los pocos días de la inauguración comienzan a esbozarse algunos problemas en el tránsito fronterizo -controles aduaneros, trámites, demoras- que insinúan que el puente no sería una camino de rosas hacia la integración. Sin embargo, el posicionamiento positivo de las noticias parece continuar predominando hasta los primeros bloqueos, en 1992.

En la primera etapa predomina un uso polisémico de "región". Construcciones como "crecimiento de nuestra región" pueden remitir tanto a una sustitución de "ciudad" o "provincia", a la región "nordeste" de la Argentina, o a la zona de la Misiones jesuíticas que incluye parte de Paraguay y Brasil. Este uso ambiguo se mantiene posteriormente, pero las noticias sobre el puente comienzan a adquirir una marca enunciativa fuertemente nacional. Al iniciarse la percepción de ciertos conflictos inesperados, los periodistas tienden a apelar a las más básicas categorías de percepción para la fabricación de las noticias. De ese modo, se parte de la "obviedad" que no se permitirá que los paraguayos utilicen el puente para perjudicar a "nuestro" país.

Esta situación continúa in crescendo a medida que se desarrollan los conflictos y que cada vez adquieren mayor grado de confrontación. En las disputas comienzan a involucrarse no sólo las instituciones fronterizas y los grupos sociales paraguayos, sino que poco a poco se incorporan los comerciantes posadeños, las autoridades políticas locales, hasta alcanzar a los presidentes de ambos países. Los periodistas de El Territorio, así como en diferentes grados en otros medios, comienzan a considerarse a sí mismos protagonistas directos del conflicto. En la medida en que se trata no sólo de transmitir información, sino de explicar y analizar los hechos, al tiempo que utilizar a los medios para fortalecer las identidades locales respectivas, el diario se convierte en un instrumento cultural y político de una disputa internacional.

En esta etapa el acuerdo del Mercosur aún no se había implementado. Mientras muchas de la ilusiones generadas alrededor del puente comienzan a desvanecerse y a transformarse en problemas y temores, el acuerdo aparecía como una posible solución en el mediano plazo. Algunas de las noticias en Posadas sobre el puente de estos años (desde 1991 en adelante) señalan que el Mercosur producirá la "equidad comercial" que tenderá a igualar los precios en ambas orillas, logrando que los argentinos vuelvan a comprar de "este lado del río". Además, para los diarios posadeños la implementación del Mercosur podía implicar que se cumpliera la ley vigente, incrementando los controles aduaneros. En la medida en que esa convicción se convirtió en una creencia compartida por diversos sectores sociales implicados en el conflicto, no es casual que los comerciantes posadeños bloquearan el puente recién un año después de que entrara en vigencia el tratado.

Sin embargo, a partir del bloqueo de septiembre de 1993 se produce un cambio en la situación. No sólo se utiliza la nacionalidad como criterio en la producción de la noticia, sino que el bloqueo mismo es percibido como un atentado contra la Nación. Los periodistas ya no sólo se posicionan desde el lugar "evidente" de argentinos, sino que desde ese bloqueo comienzan a manifestar una indignación absoluta: por primera vez hablan de secuestro de argentinos, de posibilidades de fuga a la Argentina, solicitaban represión del estado paraguayo y convocan a dejar de cruzar a Encarnación. El único elemento que relativizaba el enfrentamiento era la distinción propuesta en un artículo entre "hermanos encarnacenos" y "revoltosos" se perdería a partir del próximo bloqueo en 1994. Al construir la imagen de una alianza entre los grupos sociales y las autoridades políticas paraguayas contrapuesta a la identificación de los intereses de los comerciantes posadeños con "intereses superiores de la Patria" -tal como definió su tarea la editorial de El Territorio el 7 de junio de 1997-, la producción de noticias que asumía la nacionalidad como criterio autoevidente había virado en nacionalismo. Se estaba desarrollando una clara confrontación y los periodistas que escribían las crónicas aparecían dispuestos a asumir su puesto como guardianes de la frontera. Por ello, desarrollaban en las crónicas las interpretaciones de los funcionarios aduaneros y políticos argentinos.

Sin embargo, el bloqueo de los comerciantes argentinos reabrió las grietas entre los "defensores de la Patria" y el estado nacional dirigido desde Buenos Aires. Misiones quedaba aislada, afectada por las "asimetrías comerciales" y vapuleada por las medidas porteñas que no contemplan las necesidades de la provincia. Misiones, decían los comerciantes, reafirmaba con su adhesión El Territorio, reforzaban con su escritura los periodistas, defiende la soberanía económica, defiende las fronteras de la patria, defiende a la Nación frente a la falta de intervención del estado argentino.

El sorprendente viraje posterior de la línea editorial convocando a acompañar los tiempos acordados del Mercosur y a confiar en que el tratado realmente consiga implementar la legislación, invitando a no realizar nuevos cortes de puente, muestra las fuertes contradicciones que plantean las tensiones entre estado, nación, frontera y Mercosur. Pocos meses después, con los bloqueos que reclaman la remoción del funcionario aduanero Mc Lean, la defensa de la soberanía nacional para designar a las autoridades volvería a plantearse. Además, en este caso las exigencias provenientes desde la otra orilla se visualizaron claramente en términos nacionales ya que en ellas coincidían los grupos sociales, las autoridades municipales y el mismo Presidente del Paraguay.

Después del traslado de McLean, la nuevas noticias sobre el puente parecen mostrar síntomas de acostumbramiento, naturalización y resignación. Se mantiene un perspectiva fuertemente crítica, que incluye una mirada despectiva hacia el "caos" y el "contrabando" de los "paraguayos" y eventualmente puede incluir denuncias contra las autoridades políticas. Sin embargo, los momentos culminantes de la lucha parecen haber quedado atrás, retornando a relatos que asumen la nacionalidad como sentido común. De todos modos, esa nacionalidad producida cotidianamente en las noticias puede transformarse nuevamente en nacionalismo en un nuevo momento de crisis.

En un dimensión fundamental, la nación se produce a través de la construcción narrativa de la actualidad del riesgo en la frontera. Los relatos de los bloqueos del puente constituyen el modo de narrar la lucha para impedir la violación de la soberanía, el imperio de las leyes en el territorio, el respeto a las autoridades del estado, la dignidad de las personas asociada a los comerciantes. Las crónicas de los cortes de puente delimitan espacio-temporalmente a la nación: hablan de una actualidad riesgosa situada en el límite del territorio.

En los bloqueos la producción mediática de nacionalidad argentina trabaja en el contraste con los paraguayos. Mientras en el contraste entre misioneros y porteños las autoridades son definidas como conocedoras de la realidad regional o prepotentes que ignoran los problemas de la región, en la contraposición entre argentinos y paraguayos "nuestras" autoridades son activas y responsables, mientras las de "ellos" son pasivas y cómplices de los desmanes. La dicotomía entre argentinos y paraguayos se continúa en relación a los grupos sociales: de una parte, las víctimas, los secuestrados, los comprometidos con la legalidad, que se identifican con "la población"; de otra parte, los victimarios, los delincuentes, que se identifican con "pequeños grupos". En ese marco, las protestas son fuertemente distinguidas: mientras las acciones de los paraguayos son violentas, sectoriales, caprichosas e ilegales, la protesta argentina es pacífica, general, masiva y justa.

La identidad, como es sabido, se construye a través del contraste con las "características peculiares" del grupo que es definido como "otro". El nosotros, en este caso misioneros y argentinos, es intrínsecamente comparativo. Los paraguayos condensan una serie de características negativas que los convierten en el discurso periodístico en indeseables e innecesarios, hasta el punto de ser fuertemente estigmatizados en aquellas ocasiones en que no es posible directamente ignorarlos. En ese sentido, la manera en que los misioneros hablan de los paraguayos presenta notables similitudes con los modos en que definen los nativos de un poblado inglés llamado de Wanet definen al "outsider": a través de un absolutismo simbólico (Rapport, 1997). (9)

De manera particular, las paseras y los taxistas son construidos como seres liminales, cuya vida y acciones sólo son relevadas en torno a la frontera. Si en alguna ocasión no conflictiva puede ser imaginados como seres pintorescos, cercanos al realismo mágico, esa exotización es útil para organizar la batería de adjetivaciones vinculadas a la delincuencia y el peligro. Es decir, las paseras y los taxistas son ubicados simultáneamente en el límite material, el puente, y en un límite imaginario, el que define socialmente la categoría de persona (ver Mauss, 1991) y de ciudadano. Esa doble liminalidad constituye una base para la definición de la misioneridad y la argentinidad.

El análisis de la frontera muestra de qué modo los "otros" se encuentran implicados en "nuestros" rituales (Baumann, 1992). En el puente esto es evidente de manera múltiple: no sólo en los ritos de pasaje, sino en los ritos de interrupción del pasaje. El rito de la protesta es un momento clave de la construcción identitaria. Por eso es importante comparar la definición de alteridades nacionales con otras internacionales. Una gran parte de las acciones de protesta en el puente por grupos sociales paraguayos se dirige al modo de operar de las instituciones estatales argentinas, mientras que una menor parte se refiere a "problemas internos" que tienen como interlocutor a autoridades de ese país, aunque fuertemente relacionadas con el comercio fronterizo. Los grupos sociales argentinos, en cambio, critican constantemente a las autoridades paraguayas, pero en ningún momento insinuaron la realización de una protesta social contra ellas. Mientras el estado argentino aparece como un interlocutor posible y necesario para los paraguayos, las autoridades y los grupos sociales paraguayos no aparecen de ese modo entre los argentinos.

Esto se vincula con la centralidad histórica de Buenos Aires como referencia política tanto para misioneros como para paraguayos. Los comerciantes posadeños le exigen al gobierno nacional una excepción impositiva y mayor control aduanero. Los grupos paraguayos le reclaman al gobierno argentino mayor flexibilidad mientras que junto a los periodistas de Encarnación critican que los aduaneros son enviados desde Buenos Aires y desconocen las tradiciones de la región. De ese modo, ambos sectores construyen un mismo interlocutor, reconocen la existencia de un poder sobre la vida de la zona centralizado en la Capital argentina. Un poder y un accionar que ambos perciben como perjudicial para sus propios intereses, aunque no encuentran otra solución que instituirlo como árbitro.

Si el debate sobre los peligros de la frontera es posible es porque los interlocutores comparten una serie de presupuestos y categorías: hay una frontera que marca el inicio de controles distintos y de afectados diferentes y que, por lo tanto, establece derechos diferenciales. En la discusión sobre la frontera existe el acuerdo implícito de la Nación que, al ser asumida como obviedad, deviene necesariamente incuestionable.

Las paseras y los taxistas desarrollan un trabajo que es exclusivamente consecuencia de la fabricación cotidiana de la frontera. Por ello, los primeros registros de las paseras datan del momento en el que se define la frontera y que Posadas se desarrolla como ciudad. Paradójicamente, sus empleos son un producto de la Nación, así como la Nación se convierte a través de sus controles en un límite -muchas veces traumático- de sus trabajos. En el contexto social actual, por lo tanto, el conflicto se presenta como inevitable, así como una instancia fundamental del proceso de producción de identidades.

Incluso más allá de las reiteradas denuncias de violencia física y verbal, una clave puede encontrarse en la verdad que contiene una ironía formulada por un funcionario a cargo de la Aduana argentina: "si maltratar es requerir el pago de impuestos por el cargamento que intentan ingresar o bien hacerlos retornar a Encarnación en casos de negativa, entonces los estamos maltratando por cumplir con nuestras obligaciones". En efecto, la ley aduanera misma implica un maltrato para las personas que viven del paso fronterizo. Esto no es una novedad, sino que por esa razón -y porque los argentinos necesitan esos productos que traen los paraguayos- esa ley pocas veces se cumplió de manera rigurosa. Por eso, mientras algunos autores auguran el fin de las fronteras por la globalización o la integración, las fronteras en esta región se han tornado más reales y concretas, tanto en términos materiales como simbólicos. La llamada "globalización" no parece solamente hacer desaparecer o desdibujar las fronteras nacionales, sino en muchos casos puede extender hasta ellas a los estados nacionales que antes las alcanzaban de manera más difusa. En la medida que los "procesos de integración" generan nuevos conflictos entre grupos sociales de diferentes países, esas disputas se desarrollan sin un espacio público compartido. De ese modo, la frontera misma se presenta para los actores sociales como el mejor, sino el único ámbito desde el cual reclamar para lograr que sus voces sean audibles en las dos orillas del río.


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Medios gráficos utilizados

El Territorio, Posadas, 1980-1997
Primera Edición, Posadas, 1993-1997
La Tarde, Posadas, 1926


Notas

1. Este artículo fue preparado en el ámbito del proyecto MOST "Mercosur : espacios de interacción, espacios de integración". Para informaciones más detalladas, consultar la Secretaría de MOST o la página www.unesco.org/most .

2. Quiero insistir en que las referencias históricas señaladas en la primera parte de este capítulo tienen en el trabajo una función meramente contextual. Estas cuestiones forman parte de debates abiertos entre los historiadores de la región y aquí utilizo algunos elementos que son indispensables para comprender la frontera como proceso histórico.

3. Por lo menos otros dos nombres fueron propuestos para el puente. Un ex gobernador militar de Misiones propuso el nombre de "Coronel Félix Bogado", "en homenaje al valiente oficial de los granaderos oriundo del Paraguay, que acompañó la gesta libertadora del general José de San Martín y peleó por la independencia americana" (ET, 3-4-90). También se consideró la posibilidad de bautizarlo "Juan Bautista Alberdi" recordando al estadista argentino que impulsó "un acercamiento efectivo argentino-paraguayo tras la tragedia que constituyó la Guerra de la Triple Alianza" (ibidem). Bogado y Alberdi implicaban referencias a otros dos momentos clave de la historia regional y latinoamericana, y ambos parecen asumir una posición diferente en torno a las fronteras que la tendencia a la que apuntan la relación entre las naciones americanas. Tanto en Bogado como en Alberdi parecen estar ausentes las referencias a los "nativos", cuestión decisiva en la construcción de la identidad local, en particular en su proceso civilizatorio. Roque González condensaba así una multiplicidad de elementos locales, no sólo como "fundador de ambos pueblos", sino como "sacerdote mártir" que "desarrolló una fecunda tarea evangelizadora entre los nativos" (ET, 3-4-90). El nombre entonces "se erige como una herencia de tal realidad" (ET, 2-4-90). Sin embargo, también cabe señalar Andrés Rodríguez, presidente paraguayo en 1990, manifestó que su pueblo sentía el nombre como una ofrenda de la Argentina, ya que alude al Santo paraguayo canonizado por Juan Pablo II en Asunción en 1988 (ABC Color, Asunción, 3-4-90).

4. En 1876, Peyret escribía al llegar a Posadas: "trepamos a una colina desde la cual se apercibe la nueva ciudad de Posadas (Trinchera de San José). Un compañero de viaje me asegura que en realidad no tiene mas de cinco años de existencia" (1881:68). En una carta posterior afirma contudentemente: "La ciudad de Trincheras debe, pues, su existencia a una ocupación militar" (73).

5. Fuente: Gendarmería Nacional de la República Argentina. Ver también diario El Territorio 3-4-90.

6. Si se sospecha que el diario ET puede expresar de manera excepcionalmente exacerbados los sentimientos de argentinidad, no sólo no debe olvidarse su importancia en el sistema de medios local, sino que puede consultarse la similitud que presenta la crónica de Primera Edición del 21-8-97.

7. Veinte días después, el 11 de diciembre, los taxistas encarnacenos amenazaron con bloquear el puente exigiendo que las autoridades paraguayas sacar de circulación a los taxis "truchos" (ET, 12-12-92).

8. Dado que este trabajo es parte de una investigación en curso propondremos algunas consideraciones finales de carácter provisorio.

9. Por supuesto, existen múltiples casos en Misiones en los cuales personas de nacionalidad paraguaya son respetados por los argentinos. Sin embargo, en términos generales una precondición para esa actitud es que el otro no adquiere su "identidad paraguaya" en esa relación. En efecto, lo "paraguayo" no es una peculiaridad de los nacidos en Paraguay. Algunos de ellos pueden ser "cooptados" y no ser "verdaderamente paraguayos". De manera inversa, ciertos comportamientos o modos de hablar que implican sanciones sociales son consideradas "aparaguayadas".


El autor

Alejandro Grimson, becario y docente de la Universidad de Buenos Aires. Miembro del Programa de Investigaciones Socioculturales en el Mercosur (IDES). Este trabajo es parte de una investigación en curso que involucra a los periodistas de ambas ciudades.


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