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INDICE
Geopolítica, Yaciretá y el puente como proyecto Transformaciones sociales y económicas
La reencarnación del límite El bloqueo patriótico "Otra vez los paseros bloquearon el puente" El puente indeseado Una multiplicidad de estudios sobre la llamada "globalización" tienden a contraponer el desarrollo de nuevas identificaciones transnacionales a la crisis y desdibujamiento de las identidades nacionales. Desde su óptica, los procesos económicos y políticos de fin de siglo se "reflejan" en una pérdida de las "culturas tradicionales", entre la cuales se cuentan no sólo a los grupos étnicos sino también a las naciones. La afirmación es categórica y presenta llamativas similitudes con la de ciertos actores involucrados en estos procesos: "las fronteras se encuentran en vías de desaparición". Este trabajo, a través de un estudio de caso, busca aportar elementos al argumento contrario: la Nación persiste como una categoría central de percepción y acción en la "era global". Esa persistencia no implica un continuidad lineal, una "conservación" de un conjunto de rasgos preexistentes. Por el contrario, a través de una serie de reconfiguraciones la Nación se constituye como una posición relacional a los fenómenos globales y regionales. En ese proceso de redefinición de la Nación, los medios de comunicación -supuestos agentes únicamente de transnacionalización- cumplen un papel central. Los periodistas y los periódicos son considerados generalmente como fuentes secundarias en las ciencias sociales. Este trabajo, por el contrario, analizará a los periodistas y a los periódicos como un sector clave en la producción cotidiana de nacionalidad en las zonas de frontera. Es decir, no buscaré en ellos "datos" de la realidad, sino datos de cómo ayudan a construir la manera en que la percibimos, en particular en relación a las definiciones de nosotros y los otros en el marco de los "procesos de integración regional". Este artículo buscará mostrar que en el periodismo de frontera de Posadas (Argentina), vecina de Encarnación (Paraguay), la nacionalidad es determinante en la producción de noticias. Aunque pueden ser relativamente importantes otros modos de identificación existentes (local, regional, latinoamericano) la nación se instituye como parámetro hegemónico en la producción periodística de frontera. De esa manera, las fronteras políticas, tanto las nacionales como las provinciales, establecen líneas que transforman la percepción de los hechos de noticiables en no noticiables y viceversa, al tiempo que modifican su jerarquía y su significación. Este trabajo sugiere que al asumir las fronteras políticas como parámetro elemental de "noticiabilidad" los periodistas y los periódicos coadyuvan a producir a la frontera como límite identitario. La relación entre Posadas y Encarnación, o entre argentinos y paraguayos, es objeto de una multiplicidad de discursos diferentes a cada lado de la frontera: el origen común y la hermandad, el latinoamericanismo, el nacionalismo, entre otros. Aunque ellos están presentes en distintos momentos de nuestro análisis, decidimos hacer hincapié en un discurso que consideramos hegemónico en el momento actual: es el discurso cotidiano de la producción de noticias sobre los otros y la frontera que se encuentra determinado por la nacionalidad y que, en los momentos de crisis, vira en localismo o nacionalismo. Para comprender esta afirmación es necesario aclarar tres cuestiones. En primer lugar, el concepto de determinación no se entiende aquí como causa, sino como delimitación, como "un proceso de límites y presiones complejo e interrelacionado" (Williams, 1980:107). En ese sentido, la nacionalidad como determinante implica que esa categoría identitaria estructura un campo de posibilidades, de modos de pensamiento y de modos de acción. En segundo lugar, es necesario diferenciar y articular nacionalismo y nacionalidad. Aquí entendemos por nacionalidad una categoría de clasificación de grupos humanos que implica un sentimiento de pertenencia y un parámetro de percepción y acción. La nacionalidad, en general, es el resultado de la instrumentación de políticas identitarias de los estados articuladas por diversos mediadores. En cambio, el nacionalismo se sustenta en la nacionalidad para predicar una supuesta identidad cultural y moral de un "nosotros" contra un "los otros". Por eso, como dice Guber, "no es difícil encontrar ejemplos de cómo la nacionalidad puede virar rápidamente en nacionalismo y cómo el nacionalismo puede dormitar en la nacionalidad" (1997:62). El "nacionalismo" como discurso y estrategia geopolítica definida por el estado o distintos sectores políticos no es idéntico al viraje nacionalista de la producción de noticias. El periodismo puede ser parte de una estrategia nacionalista o, más habitualmente, encontrarse atravesado por esos discursos. Buscaré mostrar, entonces, que en la frontera de Posadas y Encarnación la producción de noticias se encuentra atravesada por la nacionalidad como sentido común que puede convertirse en nacionalismo en momentos de crisis. Para ello, en una primera sección analizaré al río Paraná como espacio de producción de discursos históricos, especialmente en su proceso de constitución de "límite internacional". En la segunda sección, me concentraré en el análisis de las noticias de los diarios de Posadas sobre la construcción e inauguración de un puente que une a esta ciudad con Encarnación, así como de los nueve "bloqueos" del puente realizados como modo de protesta por grupos sociales paraguayos y argentinos. Un análisis sistemático de la implicaciones en las noticias sobre el puente que une Posadas y Encarnación permitirá reconstruir una estructura de significación de la identificaciones. Los pre-supuestos de los periodistas se sustentan en los modos en que ellos mismos se representan "los modelos, guiones y actitudes del lector" (van Dijk, 1997:63). De esa manera, es posible dar cuenta del "filtro cognitivo" por el que atraviesa todo hecho social antes de convertirse en noticia. A través de ese "filtro" se producen cotidianamente significaciones que proponen un modo de lectura de la realidad social y, desde el enfoque de nuestro trabajo, de las relaciones interculturales. Si de este análisis no se podrá inferir el grado de aceptación por parte de los lectores de las propuestas categoriales y taxonómicas de los medios, sí podremos conocer las estructuras de significación con las cuales los lectores dialogan cotidianamente. Los "guiones culturales" a partir de los cuales los periodistas producen las noticias y hablan de nosotros y los otros se encuentran sujetos a transformaciones históricas. Los nuevos procesos sociales -como en la región de Misiones el Mercosur-, la inauguración de un puente y los nuevos conflictos que esto suscita, implican desafíos de transformación de viejos guiones a nuevas realidades que exigen nuevos modos de percepción. En ese sentido, el análisis de los conflictos del puente muestra el proceso de construcción de nuevos guiones que, reciclando antiguos materiales cognitivos, devienen fijados en una nueva etapa convirtiéndose en el sentido común. Por ello, me concentraré en el cambio de los sentidos adjudicados al espacio liminal que constituye el río Paraná que separa a las ciudades de Posadas y Encarnación, ya que los modos de significar la frontera y su transformación condensan simbólicamente la estructuración de las relaciones interculturales El trabajo de campo incluyó entrevistas etnográficas, observación con participación y el análisis de la principal práctica profesional de los periodistas: la producción de noticias. El corpus de noticias se encuentra compuesto por los materiales gráficos aparecidos en el diario posadeño El Territorio durante el mes de abril de 1990 (el puente se inaugura el 2 de abril de 1990), por una selección de noticias y notas de opinión relevantes de los años anteriores, y por los nueve bloqueos o cortes del puente desde 1990 hasta septiembre de 1997. Sobre este corpus se realizó un análisis etnográfico y semiológico para reconstruir las diferentes categorías y clasificaciones periodísticas utilizadas para producir noticias sobre esta dimensión de relación argentino-paraguaya. La decisión metodológica de focalizar la observación
y el análisis de las noticias fundamentalmente en El Territorio
se relaciona con diversos aspectos. En primer lugar, los archivos gráficos
permiten establecer comparaciones entre momentos históricos y analizar
procesos de cambio. Esta dimensión clave en esta investigación
no era viable en radio y televisión por la precariedad de los archivos
locales. El otro diario de Posadas, Primera Edición, fue
consultado y analizado, aunque en menor medida, ya que tiene pocos años
de existencia -menos que el puente- y cuenta con una circulación
menor. Según datos no oficiales, mientras El Territorio -fundado
en 1925- vende entre trece y catorce mil ejemplares, Primera Edición
vende entre dos y tres mil. Además, cabe mencionar que cerca de
la mitad de la población periodística se desempeña
en diarios, al igual que en otras partes del país. Por último,
es relevante considerar que el rol de la prensa en el sistema de medios
es central, ya que no se limita a la influencia sobre sus lectores, sino
que se amplifica por la reproducción de las noticias en radio y
en la televisión (ver Wolf, 1987). En Posadas, muchos periodistas
radiales utilizan los diarios -sobre todo los nacionales y El Territorio-
para producir y comentar información.
I) El Paraná: el río, el límite y el puente En la primera parte de analizaré el río Paraná
como espacio de imaginación y producción de sentidos. Me
concentraré en la construcción de la frontera entre Paraguay
y Argentina en el Paraná, y las transformaciones en Posadas-Encarnación.
En primer lugar, buscaré mostrar brevemente algunos de los principales
sentidos presentes y ausentes en los discursos periodísticos sobre
la historia de la frontera y sobre la relación entre las ciudades.
Para ello, además de considerar relatos de los diarios actuales,
analizaré crónicas y cartas de diarios antiguos (como La
Tarde de Posadas o La Tribuna Nacional de Buenos Aires). Además,
para completar un breve panorama del contexto histórico utilizaré
otras fuentes para referirme a algunos períodos "ausentes" en los
discursos actuales de los medios. En segundo lugar, me detendré
en la última transformación histórica de esa frontera,
la construcción de un puente que une físicamente ambas ciudades.
Analizaré la decisión política de construirlo y algunas
noticias periodísticas sobre el acuerdo entre ambos países
y el inicio de las obras. En ambos casos será necesario, sólo
contextualmente, rastrear algunas políticas estatales y algunas
producciones historiográficas sobre Misiones. (2)
En es marco, señalaré algunos de los impactos económicos
y sociales que produjo el viaducto en la relación entre ambas ciudades.
"La viceministra tiene que traer soluciones efectivas, porque de no ser así, vamos a cerrar con todos ustedes el puente por tiempo indeterminado y hasta las últimas consecuencias", dijo Francisco Bogado, presidente de la Asociación de Transportistas Remiseros y Autofleteros de Encarnación, en una asamblea realizada en el puente que une la ciudad paraguaya con Posadas (Argentina). Era el momento final del noveno "bloqueo" del viaducto internacional realizado en este caso por trabajadores paraguayos que viven del traslado de personas y mercadería a través de la frontera: los taxistas y las paseras. Era el 26 de agosto de 1997, pero la historia social y cultural del Paraná como límite y como cruce había comenzado mucho tiempo atrás. Tanto la historia como el presente implican tensiones permanentes entre la confraternidad y el conflicto. Para reconstruir las marcas contemporáneas de esa historia es necesario rastrear en un conjunto de personajes diversos, cuyas prácticas y discursos continúan incidiendo en los modos de percepción del Paraná: "Para nosotros es como una extensión de tierra, se cruza este río inmenso y hermosísimo que me encanta, que es el Paraná, desde época inmemoriales, ya lo cruzaban los indígenas, después los jesuitas, acá en Posadas lo cruzábamos con lancha, después se hizo el puente y uno lo cruza, hay gente que lo cruza 3 o 4 veces por día, entonces es algo tan natural" (Elsa, periodista radial, 30 años). La historia social y cultural guaranítica, previa a la llegada de los españoles, se presenta de manera difusa tanto en los diarios como en los discursos de los periodistas. Constituye únicamente un antecedente del verdadero principio: la fundación de las reducciones jesuíticas en tierras guaraníes que se inicia en 1609. Las Misiones resultan entonces de un complejo entramado de relaciones interétnicas en las que cumplen papeles decisivos los bandeirantes que desde el imperio lusitano buscaban esclavizar a los guaraníes. Más allá de la complejidad de la situación histórica, los jesuitas son recordados como aquellos que permitieron a través de la organización económica y militar la defensa de los nativos. Pero no sólo eso, también permitieron su "civilización". Los jesuitas habrían permitido conservar lo indígena a la vez que transformarlo a la civilización, hasta tal punto que el "indio reducido" es un paradigma identitario de la región: su rostro es el ícono del diario "El Territorio", el más antiguo y el de mayor difusión en la provincia de Misiones. Entre los héroes de esa historia jesuítica se destaca el padre Roque González de Santa Cruz, uno de los primeros jesuitas criollos nacido en Asunción en 1576. Además de ser recordado por su "dominio perfecto del idioma guaraní" y por su "tarea evangelizadora", Roque González fundó en 1615 "Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa" (en el sitio de la actual Posadas) trasladada luego a la otra orilla del Paraná con el nombre de Nuestra Señora de la Encarnación (hoy Villa Encarnación). Aunque el territorio donde actualmente se encuentra Posadas, fue abandonado por más de dos siglos, tanto los periodistas como los políticos tienden a considerar a este Santo paraguayo el fundador de ambas comunidades (ver p.e. El Territorio, 6-8-95). Por eso, el puente inaugurado en 1990 lleva su nombre. (3) La hermandad de las ciudades fronterizas, entonces, se remontaría a su fundación, así como en algunas versiones al "sustrato guaraní" que poblaba Itapúa -piedra fuerte en guaraní- "desde tiempos inmemoriales". Los relatos de la unidad aluden a una misteriosa obra jesuítica: "Se cuenta reiteradamente que debajo del río Paraná corre un túnel de dos kilómetros de extensión por el cual los jesuitas se comunicaban de una a otra orilla; lo que nadie sabe es dónde se puede encontrar la entrada, o la salida", dice Tomás Micó (1975:72). El autor narra una serie de sucesos que despertaron la curiosidad por los supuestos túneles y los diversos imponderables que habría deparado su búsqueda infructuosa. A pesar de los sucesivos fracasos, concluye: "Entre tanto, los túneles siguen ahí". Este relato refiere a una "unidad mítica" impulsada por los jesuitas que atravesaba el Paraná. Aunque los túneles sean inexistentes, el río no constituía en aquella época una frontera en ningún sentido y las reducciones jesuíticas se fundaron no sólo a ambos lados, sino atravesando también el Uruguay y en amplios territorios de la región. Los más de cien años que van desde la expulsión de los jesuitas (1767) hasta el fin de la Guerra de la Triple Alianza (1870) son los que menos aparecen en los diarios. Sin embargo, parecen fundamentales en el proceso de constitución de las fronteras. Aunque aquí no podemos profundizar una cuestión que excede el presente trabajo, señalaremos algunos puntos que consideramos particularmente relevantes como parte del contexto histórico. Después del Tratado entre España y Portugal en 1777 y de la conformación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, fue enviado al Paraguay -que ahora dependía del nuevo virreinato- el marino y naturalista Félix de Azara. Azara tenía como misión demarcar los límites de la provincia del Paraguay y el Brasil. En el transcurso de las frustradas negociaciones mantuvo una amplia correspondencia oficial con el Virrey en la cual pueden notarse al menos dos cuestiones relevantes para nuestro estudio. En primer lugar, en 1784 Azara pretende marcar dos líneas diferentes, una para España y otra para Portugal, "dejando competente espacio neutral entre ambas". Esa demarcación permitirá que quede "imposibilitada la comunicación de los vasallos de ambas coronas por esta parte, que es uno de los fines del tratado" (Azara, 1970:360). "El tratado quiere que los límites queden bien marcados y conocidos, lo que se consigue ciertamente, no haciéndolos pasar por ríos o montes, sino dejando los vasallos bien separados. Para lo primero, cualquier río o arroyo es suficiente, pero no lo es para separar los vasallos, como se desea en el artículo 6º del tratado". Es decir, el acuerdo entre ambas coronas ibéricas busca impedir la comunicación entre las poblaciones. Para ello no alcanzaba con encontrar una "frontera natural", sino que era necesario definir un territorio neutral. Sin embargo, por orden del Virrey debe cambiar su plan: "con la carta de V.E. y la lista de los ríos que me incluye, espero hallar alguno que evite la solicitud de terreno neutro". Por lo tanto, con cierta aparente resignación, "me contentaré con buscar un río", dice Azara (370). Esta búsqueda del río es la segunda cuestión. El problema de límites en el que Azara está enredado es una discusión sobre la existencia o no de ciertos ríos, y su ubicación. Esto es importante, ya que más allá de que no logre ponerse de acuerdo sobre estos aspectos ni siquiera con las autoridades españolas, en estas cartas subyace la presuposición de que se trata de encontrar los ríos que establezcan la distinción de los dos reinos. Ese presupuesto se vio materializado en amplias fronteras entre los países, fundamentalmente en las que dividen la Argentina del Paraguay, un límite inimaginable para Azara en ese entonces. Hasta tal punto, que llegó a concretarse su afirmación de que el río más caudaloso es "más adecuado para el límite". Los ríos definen el territorio en la región. "Misiones está enmarcada por dos hermosísimos ríos, no encerrada por ellos", dice una importante historiadora local que realiza un programa radial y asesora a ciertos medios en cuestiones históricas (producciones especiales, efemérides y otros). Según ella, el territorio actual es el resultado de la lucha de Andrés Guacurarí. Toma en sus manos una estatuilla de este héroe local, el aborigen defensor de las fronteras, "recuperado" en diversos momentos por el periodismo y dice: "Este es Andrés Guacurarí que está señalando en el momento en que se va a oponer a los portugueses y les dice: 'Estos pueblos son de los naturales misioneros a quienes le corresponde el derecho de gobernarlos'. (...) Desde 1815, él reconquista los pueblos del Paraná y después los ubicados en las márgenes del Uruguay que estaban en las manos de los portugueses. Es la cosa de la frontera, que ahora nosotros la vemos como abrazo, como integración, en aquel momento... era también eso, pero con nuestra gente, no con los representantes de los frentes de expansión colonial" (Alicia, 48 años). La actual Posadas debería atravesar una larga historia luego de la frustrada fundación de Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa. Al parecer, nada ocurrió en ese territorio hasta la expansión paraguaya a mediados del siglo XIX. En aquel momento, Rodríguez de Francia ordenó la construcción de una trinchera en el lugar. "Los paraguayos levantaron una muralla en forma de semicírculo, de 2.500 metros de extensión y 2,50 m de alto; sus extremos llegaban a la costa del Paraná" (Amable et al., 1996). La "Trinchera de los paraguayos" quedó terminada en 1838. Hacia fines del siglo pasado, el diario porteño La Tribuna Nacional publicada cartas de Alejo Peyret que, desde Misiones, relataba la historia de la región y describía su paisaje y vida cotidiana. Peyret cuenta la historia de "La Trinchera" y señala que la principal ventaja de los paraguayos era "conservar expeditas las comunicaciones con el Brasil", lo cual "prueba la importancia militar y económica de ese punto, conocido actualmente con el nombre Trinchera de San José o de Posadas". Esa posesión paraguaya, dice Peyret, duró hasta la guerra de 1865. "Fué recién entonces cuando los paraguayos evacuaron el territorio de las Misiones argentinas, que ellos consideraban suyo. (...) Fué, pues, necesario todo el poder de la Nación Argentina y de sus aliados, para recuperar esa estensa é importante fraccion del territorio nacional" (Peyret, 1881:34-35). En efecto, tres décadas después de su construcción un batallón de trescientos correntinos atacaba la Trinchera en el marco de la Guerra de la Triple Alianza. Al no poder resistir, los paraguayos cruzaron el río Paraná y se trasladaron a Encarnación. Los aliados también cruzarían el río continuando la persecución. Del ataque surgía la nueva fisonomía de la futura ciudad de Posadas. Diversos proveedores acompañaban al ejército brasileño que colaboraba en la lucha contra los paraguayos. Muchos de ellos decidieron instalarse en la Trinchera, donde llegaron vecinos de localidades aledañas en busca de trabajo. "Al poco tiempo se formó una calle de ranchos desde el portón de la Trinchera al puerto en forma diagonal" (Amable et al., 1996:114). Cuando comienza la guerra, entonces, los paraguayos ocupaban una parte del territorio actual de Misiones, cuando termina se establecen los límites actuales con Paraguay. De la Guerra de la Triple Alianza surge la ciudad actual de Posadas (4) y en 1876 se firma un Tratado que establece al Paraná como uno de los límites entre los estados. La guerra implicó la derrota del proyecto independiente paraguayo y un genocidio en el que murieron más de un millón de habitantes. Al finalizar sólo quedaban doscientas mil personas, treinta de las cuales eran hombres adultos (Albornoz, 1997:122). De aquella guerra ha quedado una marca indeleble en el lenguaje cotidiano de los paraguayos. Los argentinos son llamados "curepí" en referencia a las polainas de cuero de chancho que utilizaban los soldados argentinos que entraban al Paraguay. Esa designación se escucha cotidianamente tanto en Encarnación como en el puente, por ejemplo para hacer referencia a los aduaneros. Mitre en Posadas y Estigarribia y Solano López en Encarnación, generales y mariscales de los ejércitos de la guerra, constituyen algunas de las principales calles céntricas en ambos lados de la frontera. A fines de 1870 Peyret hacía referencia a un intenso tráfico comercial por la frontera del Paraná. El puerto de Posadas era utilizado para transportar animales al Paraguay, "remolcados en grandes chatas por unos vaporcitos". Por otra parte, tanto en las Misiones paraguayas como argentinas Peyret describe: "hombres indolentes que dejan a la mujer todo el trabajo de la casa, para dedicarse ellos a la ociosidad o a las diversiones. Las mujeres van y vienen constantemente de un lado á otro del rio, á llevar frutas, á negociar, á vender, á comprar. En el mercado no hay mas que mujeres descalzas, envueltas en su tipo y, con el cigarro en la boca, con el niño al pecho, agachadas al lado de sus montoncitos de naranjas, de mandioca, de caña de azúcar y otras fruslerías. Eso constituye indudablemente un vicio social: es necesario que Estado intervenga para hacerlo desaparecer" (164). Entonces, junto con Posadas aparecen las "paseras", las "mujeres van y vienen constantemente de un lado á otro del rio". Y junto con el pequeño pero constante "tráfico fronterizo" aparece el reclamo de la intervención del estado para hacerlo desaparecer. Otros viajeros han dejado testimonio de que las paseras paraguayas proveyeron constantemente desde aquel entonces de verduras y mandioca a la ciudad de Posadas. En 1883, Rafael Hernández decía: "De Villa Encarnación pasan diariamente a este lado mas de cuarenta mujeres, con cargueros de mandioca, naranjas, miel, batatas y raspaduras (mascote de azúcar y fariña); con esto abastecen a esta población, pues los naturales son tan holgazanes que no trabajan ni cultivan la fecunda tierra en que viven" (1973:48). Desde aquel entonces y hasta la actualidad, las paseras han provisto de múltiples alimentos a los posadeños, aunque su presencia en la ciudad fue permanentemente conflictiva, construida a la vez como ilegal y contaminante (Schiavoni, 1993). El contraste en la descripción que hace Peyret de Posadas y Encarnación es importante. El cronista estaba sorprendido por el dinamismo de la ciudad argentina y escribía sobre ella al diario porteño: "La población es cosmopolita; compónese de todas las naciones del mundo, pero todos tienen amor y entusiasmo por la localidad, que consideran hija suya" (1881:76). Estas características, junto a las posibilidades económicas y comerciales, impulsan a Peyret a reclamar el apoyo del gobierno central para el desarrollo de esta zona, así como a argumentar a favor de convertir a Misiones en Territorio Nacional. Para Peyret, Posadas "es yba creación de la espontaneidad social; háse formado al estilo norte-americano". En cambio, Paraguay es descripto a partir de pequeñas incursiones a través de su pobreza y sus costumbres exóticas. Del otro lado del Paraná, encontró "una chosa miserable por toda habitación; niños que chupan caña de azúcar y mujeres que fuman cigarros. Háseme asegurado que el mayor placer de los paraguayos consiste en comer galleta con azúcar. Ese pueblo no es carnívoro como el de la Mesopotamia argentina". (105). De la parte baja de Encarnación, construida cerca de los pantanos que se anegan con la subida del río, llega a Misiones la plaga de la fiebre intermitente del chucho. Para Peyret Paraguay es "un pueblo de niños grandes, un pueblo incapaz de gobernarse a sí mismo y de comprender la libertad con que se quiso favorecerlo" (163). Peyret es parte de la época en la cual el Paraná se ha fijado como límite internacional. Desde entonces, los paraguayos serán "extranjeros" al Este del gran río. Sin embargo, la constitución jurídica del límite necesitaba ser complementada con su definición simbólica. En ese marco, Peyret junto a otros produce desde sus cartas al diario algunas de las distinciones identitarias más perdurables: Paraguay es un espacio de desorden y pobreza, de costumbres extrañas y de carencia de voluntad para el trabajo. El Estado debe hacerse presente en las Misiones argentinas para impulsar su desarrollo y terminar de conquistar este territorio, aun poblado por aborígenes, para la Nación. Entre sus tareas estará declarar una "guerra formal" al idioma de los aborígenes para que estas sociedades no estén tan distantes "de la sociedad moderna", ya que en Misiones "cuando no se oye portugués, se oye guaraní: el castellano es la escepcion" (164-165). Por ello, no es casual que cuando Peyret recorre el Paraná en un vapor, desde Itapúa hacia el norte y describe la "costa paraguaya" y la "costa argentina", por la noches entretenga a los pasajeros y a los hombres de servicio del barco con una lectura en voz alta a la que todos prestan "la atención más religiosa". Se trata del Martín Fierro de Hernández que ya se había transformado de folletín publicado en los diarios porteños a un libro de poemas. Mientras navegaba el Paraná, Peyret recitaba los versos de la obra que años después se convertiría en un símbolo de la argentinidad. La demarcación simbólica del límite político entre Argentina y Paraguay se desarrolla a partir de la guerra y después de ella. Su permanencia y su transformación se pondrán en juego en diversos momentos, hasta alcanzar el contexto actual vinculado a las redefinciones de los estados en función del Mercosur. Sin embargo, la demarcación no implica necesariamente enfrentamiento, también pueden producirse identidades diferenciadas en situaciones de solidaridad. En ese sentido, es importante hacer referencia a un relato local de la hermandad de los pueblos. En 1926 un ciclón destruyó una gran parte de la ciudad paraguaya, provocando centenares de muertos. El diario posadeño de la época, La Tarde, narra la importante ayuda que los argentinos les dieron en aquel momento a sus "hermanos paraguayos" y el inmenso agradecimiento de éstos. Aunque en el mes anterior al ciclón Paraguay o Encarnación no figuraron entre las principales noticias del diario local, durante la semana siguiente será la noticia central. Las sucesivas informaciones parecen organizarse en dos grandes series semióticas. Por una parte, el desastre provocado por el ciclón, la descripción de la destrucción y la víctimas, que provocan conmoción y dolor. Por otra parte, la inmensa solidaridad argentina para con los hermanos paraguayos, la ayuda incesante y desinteresada, que provoca el infinito agradecimiento del pueblo vecino. Por ejemplo, el 23 de septiembre de 1926 La Tarde titulaba "En torno a la terrible catástrofe de Encarnación" y decía en el copete: "La desolación, el dolor y la miseria de la zona desvastada por el ciclón. Elogioso comportamiento del cónsul argentino señor Arigós. La ayuda y solidaridad del pueblo de Posadas..." Además, La Tarde informa que el cónsul Arigós distribuía provisiones "entre los necesitados": "Es el único sitio donde los necesitados hallan algo para alimentarse y alimentar a sus pequeñuelos. Todo lo que allí había en materia de provisiones había sido enviado desde Posadas. A este respecto nos dijo el señor Arigós; La generosidad de los posadeños no tiene límites. Su cooperación en la noche de la catástrofe evitó la muerte de muchos heridos. Los médicos vinieron de Posadas y los particulares trabajaron con verdadero altruismo". De ese modo, "el desastre de lo que es la violenta devastación, el arrasamiento total de una ciudad" percibido como "algo inenarrable, que anonada y espanta" (22-9-26) se combina con la narración de la solidaridad en la que se reúne la Nación Argentina: la Iglesia, los médicos, los masones, la Sociedad de Beneficencia, el Gobierno Nacional, la tripulación de los ferrys, "los lancheros y peones de nuestro puerto", los "estudiantes de nuestra Escuela Normal", todas las organizaciones de colectividades migratorias, los sindicatos, entre otros. A esto se agregan los mensajes del gobierno paraguayo donde se expresa la "gratitud del Paraguay por la hidalga y generosa asistencia", así como la información de que "los diarios asuncenos elogian la generosidad del pueblo de Posadas" (24-9-26). En este episodio se desarrolla un proceso de consolidación de la identidad "argentina" y "posadeña" en el gesto mismo de aproximación y apoyo a los paraguayos. Por una parte, la narración de la generosidad argentina con el Paraguay consolida la imagen de asimetría entre los países. No es una solidaridad "entre iguales", sino una ayuda ineludible para con "nuestros hermanos pobres". En el relato del altruismo argentino se consolida un valor moral que los distingue de los otros, en la medida en que la situación impide que sea un acto recíproco. Por otra parte, quedará la incógnita acerca de si el episodio del ciclón no constituye, al menos para algunos de los posadeños, la oportunidad de saldar una deuda elemental con sus vecinos, originada en la guerra de la Triple Alianza. Una deuda recordada cotidianamente con la apelación curepí, un acto de generosidad recordado año a año en los diarios de Posadas. En efecto, casi todos los 20 de septiembre un artículo se publica recordando "el abrazo solidario de Posadas con Encarnación". El relato, según diversas circunstancias, puede mantener la línea de La Tarde, de producción de nacionalidad a partir de la generosidad, o bien puede hacer hincapié en la "integración" existente desde aquel entonces. En 1991, a los sesenta y cinco años, El territorio afirmaba: "Eran tiempos en que la vida de ambos pueblos, fundados por San Roque González de Santa Cruz, transcurría en apacible fraternidad. Había lazos familiares, comerciales, permanente intercambio, casi plena integración". Después de relatar brevemente el ciclón y la ayuda brindada durante los días sucesivos, explicita como moraleja: "Constituyó el inicio de una cadena solidaria que pasará a la historia como el abrazo efectivo de dos ciudades, por encima de la frontera". Por último, como ya es habitual, el relato culmina con la cita del poeta Manual Ortiz Guerrero que escribió el poema "Gratitud", en el cual "puso de manifiesto el sentimiento de su pueblo frente al gesto de los posadeños, que no dudaron en brindarse hacia los hermanos encarnacenos en la desgracia". Los medios de comunicación actuales se encargan de contar esta historia a ambos lados de las orillas, instituyéndolo como un hito de integración fundamental de las localidades. Asimismo, en la Estatua de la Libertad ubicada en la plaza central de Posadas, se han fijado dos placas: "La federación de Estudiantes del Paraguay, a la hidalga ciudad de Posadas" y "Homenaje de gratitud del Centro 'Estudiantes Católicos' a la ciudad de Posadas por los auxilios aportados a Encarnación en la noche trágica del 20 de septiembre de 1926". Múltiples relatos sobre los diversos momentos de la historia del Paraná y de las ciudades circulan habitualmente por los medios de comunicación, constituyendo un pasado de la cual puede seleccionarse momentos disímiles en función de los posicionamientos actuales. Estos relatos, y muchos otros que no podremos mencionar aquí, constituyen parte de los modos locales de percepción de los que están "del otro lado del río". Ese sentido común, reconstruido entre generaciones a través de la oralidad, los medios y la escuela, se encuentra entre los presupuestos de los periodistas locales en la producción de noticias. Estas narraciones locales se combinan con los modos en que el estado nacional imaginó y diseñó una política para las fronteras, interviniendo en la vida de la región. En 1979 el geógrafo Rey Balmaceda, reivindicando las medidas gubernamentales y el despertar de "una conciencia sobre la importancia, función y vulnerabilidad de nuestras fronteras", señalaba que "la acción argentinizante de la periferia del territorio nacional tiene tres nortes insoslayables: a) la urgencia de poblar las fronteras -vacías u ocupadas por extranjeros- con argentinos nativos que se arraiguen y constituyan un verdadero vallado humano a pretensiones extrañas; b) alcanzar una efectiva cohesión interna con un adecuado desarrollo de una infraestructura de circulación y de comunicaciones, y c) implantar un régimen educativo que abroquele a nuestro pobladores contra cualquier influencia foránea" (354-355). Para Balmaceda uno de los grandes "problemas de las fronteras" es que mientras la región de las Sierras Pampeanas "es el área que conserva el mayor acopio de elementos tradicionales del país, es evidente que todas las fronteras están alejadas de ese foco, del que debe irradiar, necesariamente, la más densa savia de argentinidad" (343). En ese marco, las fronteras con Chile y Brasil parecen ser las percibidas como de mayor riesgo para la Argentina. Por una parte, la denominada "cuestión Beagle" y el poblamiento de la Patagonia. Por otra, la falta de poblamiento y de presencia del estado argentino sobre el río Uruguay y la frontera seca con Brasil. En relación a este punto, el diagnóstico gubernamental sobre el "Area de frontera Bernardo de Irigoyen" (frontera seca) de 1978 señalaba: "situación de espacio vacío que soporta una presión demográfica externa de 20 a 1. (...) Adhesión local a ciertos usos, costumbres, vestuario y recreación ajenos a la modalidad argentina. Area de ambivalencia lingüística. (...) Fuerte irradiación radiofónica y televisiva del país limítrofe. (...) Importante presencia de no nacionales proveniente del país limítrofre" (Ministerio de Defensa, 1978; citado en Balmaceda, 1979). A diferencia de estas zonas fronterizas, el límite político con Paraguay no parece haberse organizado en las últimas décadas en función de posibles conflictos territoriales y militares. Más bien el Paraná como frontera política parece haber adquirido un significado eminentemente económico, aunque no estuvo exento de las preocupaciones por la "seguridad" y la migración ilegal. Por ello, Balmaceda enumera cuatro problemas fronterizos de la Argentina y marca las diferencias entre los dos límites en la provincia de Misiones. El portuñol en la frontera misionera con Brasil es el ejemplo de que "todos los comentarios que han hecho los tratadistas sobre la necesidad y conveniencia de que los caracteres nacionales sean exaltados en las franjas perimetrales -verdaderas epidermis del Estado- resultan superfluos cuando se pretende comprobar su vigencia" (345). La frontera con Paraguay contrasta con la brasileña en que no es hiperobservada como riesgosa en la estrategia geopolítica. Más bien, se trata de buscar cierta "unidad" con los paraguayos contra los brasileños. Por ello, Balmaceda afirma "los ríos Paraná y Paraguay han servido históricamente de nexo entre los territorios que hoy separan políticamente y junto con otros factores han determinado la existencia de una verdadera comunidad de intereses socioeconómicos y culturales". Estos cauces fluviales "más que separar, unen; más que aislar, comunican" (316). Sin embargo, a pesar de la "comunidad de intereses", hay un grave problema comercial en esta frontera. El límite político del Paraná es un ejemplo de los "problemas económicos" de las fronteras, ya que la diferencia de precios hace que "nuestros pobladores" acudan a otras naciones a "aprovisionarse, incluso de los artículos de consumo diario. En consecuencia, las localidades limítrofes argentinas vegetan y languidecen y el cierre de sus comercios en algunos casos es alarmante" (346). En ese marco, Balmaceda reivindica la resolución de la Administración Nacional de Aduanas por la cual se restringe el tráfico fronterizo con Paraguay entre Ituzaingó (Corrientes) y Puerto Rico (Misiones): "De este modo las denominadas 'paseras', mujeres residentes en Encarnación (Paraguay) que diariamente cruzan a Posadas portando todo tipo de mercaderías (muchas veces no sólo de origen paraguayo) y cuyo número ha sido estimado en 700, verán limitada su actividad" (347). La frontera argentino-paraguaya del Paraná es definida a partir del comercio y, nuevamente, las paseras se encuentran en el centro de la escena. En toda esta disputa geopolítica por la soberanía y la identidad nacional, los medios de comunicación se encuentran en el centro de la escena. Para Balmaceda (1979) la "penetración cultural no es producto de un azar sino el resultado de una política permanente, sagaz, en la que se utilizan todos los medios disponibles (potencias, frecuencias, programaciones, etc.) con el objeto de menoscabar y vulnerar la idiosincrancia del pueblo que vive más allá del límite internacional" (346). La cuestión de la "penetración cultural" en las últimas décadas se asoció a las disputas por el "control" de la frontera encontraron como protagonistas la cobertura de los propios medios de comunicación. En efecto, en el campo de las comunicaciones existe un concepto patriótico derivado de la identidad geográfica con el territorio nacional: el espectro radioeléctrico nacional. Existen convenciones internacionales sobre el uso del mismo, en tanto cada estado es soberano en su regulación. En ese marco, los medios cumplieron un papel clave en las disputas geopolíticas regionales, en la medida en que la "penetración" de la radio y la televisión de los países vecinos implicaba serios riesgos de "aculturación" manifestada en el idioma y las costumbres. En 1978 la política gubernamental para esta zona de frontera consideraba como una vulnerabilidad la "fuerte irradiación radiofónica y televisiva del país limítrofe" y planteaba entre los objetivos "contrarrestar los efectos de la irradiación externa mediante la adecuada instalación de medios de comunicación masivos complementados con un plan de acción psicológica" (Ministerio de Defensa, 1978). El gobierno de facto del "Proceso de Reorganización Nacional" elaboró mapas sobre el alcance de los medios nacionales y sobre las emisoras extranjeras de radio y televisión. Hasta tal punto era un "asunto de Estado" que a mediados de la década del '80 el gobierno constitucional de Misiones utilizaba esos mismo mapas en su fundamentación de la necesidad de aumentar la potencia de transmisión del Canal estatal y lo subtitulaba "Emisoras que penetran en territorio provincial registradas a 1982". El informe, titulado "Televisión Argentina en la frontera de Misiones", explicaba que el incremento de la potencia "consolida a través de un medio de comunicación fundamental, la presencia argentina en una delicada frontera, fuertemente influencia por emisoras extranjeras". Los sistemas de comunicación "constituyen elementos relevantes en la defensa del patrimonio nacional" y, de ese modo, "a través del empeño misionero se beneficia a la Nación en su conjunto". Geopolítica, Yaciretá y el puente como proyecto La relación entre Posadas y Encarnación sufre una transformación fundamental con la construcción de un puente que, atravesando el río Paraná, une físicamente a las dos ciudades. La decisión de construir el puente surge de arduas negociaciones entre el estado argentino y el paraguayo en el marco del acuerdo de Yacyretá. El Tratado de Yacyretá se firmó en diciembre de 1973 y es consecuencia de la estrategia geopolítica argentina en la región. En efecto, "Paraguay, Argentina y Brasil tienen una larga historia de relaciones triangulares. (...) En los años 60 y 70, la hegemonía regional era una cuestión primordial para los gobiernos de Argentina y Brasil, y la cuenca del Plata su escenario" (Lins Ribeiro, 1991:59). El acuerdo para la construcción de Itaipú -una gigantesca central hidroeléctrica ubicada en la frontera brasileño-paraguaya- causó un profundo malestar en el Estado argentino, deteriorándose las relaciones con el Brasil. En ese contexto, la Argentina proyectó la construcción de Corpus, ubicada entre Yacyretá e Itaipú, creando una interdepedencia entre los tres embalses. De ese modo, fortaleció su posición y se firmó un acuerdo para regular las aguas del Paraná en 1979. La decisión de construir Yacyretá está directamente vinculada con las interpretaciones geopolíticas de la influencia brasileña sobre Paraguay y el nordeste argentino. "Yacyretá fue una 'respuesta geopolítica' al crecimiento de la influencia brasileña", porque las obras hidroeléctricas son claves de la batalla por los usos de los recursos de la región" (idem). El origen de la represa no es tanto económico como político, ya que Argentina entiende que debe igualar a Brasil si no quiere tornarse un mero satélite. Los especialistas argentinos del sector energético admitían que la represa era un proyecto anti-económico, pero clave para la competencia regional con Brasil. "El área natural e histórica de esta confrontación es el territorio paraguayo" (idem). En las negociaciones argentino-paraguayas para la construcción de la represa se destacaron como especialmente problemáticas las cuestiones relacionadas a la tasa de cambio y a las indemnizaciones por el territorio inundado. La definición de la ubicación del embalse, señala Ribeiro, se tornó crítica, desarrollándose un debate de gran intensidad. Mientras Paraguay argumentaba que su área inundada sería cinco veces mayor a la argentina, algo que un país de pequeñas dimensiones no podía soportar, la Argentina negaba la posibilidad de ningún cambio. "La prensa de los dos países comenzó una guerra de noticias". Entonces, apareció una posible solución a través de la indemnización por los territorios inundados y a fines de noviembre de 1979 se acordaron una serie de ventajas para Paraguay a través de obras de infraestructura y de una zona franca en Rosario. "Además de eso, este documento anunciaba que las medidas necesarias para iniciar la construcción del puente Posadas-Encarnación sobre el río Paraná habían comenzado. (...) Se afirmó más tarde que la Entidad Binacional Yacyretá financiaría esta 'obra complementar', considerada la principal ventaja inmediata que el Paraguay obtuvo de la indemnización por su territorio inundado" (Lins Ribeiro, 1991:66). El puente "San Roque González de Santa Cruz", entonces, fue construido como la gran indemnización de la Argentina al Paraguay, la gran herramienta para poder avanzar en la construcción de Yacyretá. El puente nació así como una llave que habilitaba el inicio de las obras, constituyéndose en una de las claves de la estrategia geopolítica argentina a fines de los '70 y principios de los '80. El puente se acordó contra Brasil y se terminó de construir cuando Brasil asomaba en el horizonte como el nuevo socio de la Argentina. En julio de 1977 los presidentes de dos gobiernos militares de Argentina y Paraguay se reunieron en Asunción. Sólo dieciocho años después un destacado periodista misionero que había cubierto el evento, revelaría el off the record del acontecimiento. Su prolongado silencio que cumplía el "compromiso de no decir nada", no se debió a una lealtad hacia los funcionarios de la época, sino a que una estrategia argentina contra Brasil se encontraba en juego en el proceso. El artículo se titula "La trama secreta de su construcción", frase impresa sobre fotos de Videla y Stroessner y que hace juego con la volanta "Puente Encarnación-Posadas". El autor se sitúa a sí mismo como "testigo calificado de un acontecimiento histórico" y pedagógicamente ubica al lector en el contexto: dos generales en actividad representando a dos gobiernos militares "se reunieron tratando -cada uno por su lado- de sacar mejor partido en el delicado contexto geopolítico sudamericano". La Argentina es presentada en el artículo como obsesionada para "equilibrar el expansionismo del Brasil", situación de la que sacará provecho "el astuto Stroessner", quien "venía teniendo la manija" en los acuerdos sobre Yaciretá. En esta reunión entonces daría su próximo paso: exigir que se uniera "su ciudad natal con la capital misionera" y, además, que "los argentinos pagáramos toda la obra". Los "nosotros" aparecen fuertemente marcados para referirse al cargo argentino por un puente que era conveniente: "a costa de nuestro país". El canciller argentino comentó off the record el temor a la influencia brasileña también en este proyecto. Esta es la revelación del periodista Sanchez Bonifato, justificada por él ya que "Videla equivocó el diagnóstico: sólo Paraguay quería la obra". La revelación periodística aparece en el artículo como una excusa para pintar la asimetría entre la inteligencia paraguaya y el error argentino. En el marco de la disputa argentino-brasileña "ni lento ni perezoso, Stroessner supo otra vez sacar provecho practicando la diplomacia pendular". En ese momento nadie imaginaba "cuánto iba a incidir [el puente acordado] en la vida de esta frontera". Después de cinco años de haberse inaugurado el puente y de haber surgido nuevos problemas fronterizos, el periodista recuerda de este modo el acuerdo binacional. Sin embargo, en aquel momento (fines de los '70 y principios de los '80) la construcción del puente parece haber sido muy bien recibida en la provincia. Por ejemplo, en noviembre de 1980, cuando se pensaba que el inicio de la construcción era inminente, el diario El Territorio (de aquí en más ET) publicaba una noticia al respecto y -como sigue ocurriendo actualmente- daba la palabra in extenso a las autoridades. Es necesario comprender que el sentido de este recurso recurrente es un borramiento de la enunciación de cronista que produce un efecto de objetividad. Sin embargo, esa "objetividad" consiste básicamente en dar a conocer las voces de los funcionarios -o en otros casos de otros actores- posicionándose en un lugar de transmisión que refiere a una acuerdo no explicitado. Esto puede verse claramente por contraste: cuando los periodistas citan voces con las que buscan tomar distancia utilizarán diversas relativizaciones de las aserciones como supuestamente, admitió, reconoció, palabras que asumen diferentes distancias frente a las afirmaciones citadas. En noviembre de 1980, luego de describir los acuerdos y pasos para el inicio de la construcción, el periodista le daba la palabra al gobernador Paccagnini para explicar el sentido del emprendimiento: "las grandes obras", equiparando el puente con Yaciretá, "van a producir un cambio en la provincia que ya es irreversible". "Un puente entre dos naciones -agregaba-, tanto en Brasil o Paraguay, hermana a dos naciones que ya lo son entre sí. El río Paraná, si bien nos separa, también nos une, de manera que este puente nos va a facilitar esa unión que siempre ha existido entre ambos países". Como puede observarse, el discurso citado habla de hechos que van a cambiar cosas que desde siempre fueron como van a ser en el futuro: el puente hermana a dos naciones que ya lo son; facilita esa unión que siempre ha existido. De esa manera, comienzan a esbozarse en relación al puente ciertas categorías a través de las cuales percibir el cambio. La eterna hermandad se presenta como la figura que deshistoriza una relación profundamente conflictiva, atravesada por la guerra de la Triple Alianza y por rencores y desprecios persistentes, aunque nunca oficialmente reconocidos. Sin embargo, la inauguración diez años después mostraría que esa figura, así como otras que irían completando un modo de percepción, serían sistemáticamente cuestionadas no sólo por los "hechos" -en rigor, los hechos no garantizan en sí mismos el cuestionamiento de modos perceptivos- sino por las figuras del conflicto que aparecerían en el mismo diario con toda su intensidad. El 29 de julio de 1981 dieron comienzo las obras de construcción del puente, con un plazo de 40 meses para su terminación. En febrero de 1982, El Territorio titulaba: "Puente Posadas-Encarnación: avanzan las obras" y hacía referencia al "sostenido ritmo" de las mismas. El artículo produce una imagen de progreso y modernidad, utilizando palabras como "avance" y "dinamismo". Esta imagen es reforzada por las fotografías del dispositivo tecnológico y las maquinarias, como la "moderna planta flotante de hormigón fabricada íntegramente en la Argentina". En este caso, el periodista emite directamente una opinión, aunque utilizando una figura de neutralidad: "Cabe recordar que la construcción del puente responde a la necesidad de contar con un enlace físico entre ambos países, en una región de dinamismo y progreso. Proyectado como vial y ferroviario, eliminará los servicios de ferrobarcos (inaugurados en 1913), lanchas y balsas, permitiendo el rápido paso de trenes y automotores que correrán por sobre el río Paraná, entre las capitales de Misiones e Itapúa" (ET, 27-2-82; bast. mía). Aunque el "avance sostenido" debería haber culminado en la inauguración en noviembre de 1984, el puente no se habilitaría hasta el 2 de abril de 1990. La primera amenaza de atraso surgió de la Guerra de las Malvinas, que planteó restricciones presupuestarias. Más tarde, surgirían desacuerdos financieros entre autoridades argentinas de Obras Públicas y el consorcio contratista. Otras versiones periodísticas, sin embargo, hacen hincapié exclusivamente en la decisión política de Alfonsín de no entrevistarse con Stroessner, afirmando que sólo cuando cayó el presidente paraguayo y se alejó el argentino de su cargo pudo terminarse la obra y realizarse la inauguración. Sin embargo, hay un detalle que no debería pasarse por alto: en mayo de 1988 el Papa Juan Pablo II visitó Asunción y Encarnación y, entre otras actividades, canonizó a Roque González de Santa Cruz. En aquella oportunidad se habilitó el puente y se permitió que los católicos de Misiones cruzaran por el viadcuto para asistir a la misa oficiada por el Papa. Por cuestiones políticas, financieras o técnicas, casi trece años después de la reunión entre Videla y Stroessner en la que se acordó su realización, Menem y Rodríguez se reunirían en un palco ubicado en el límite mismo de las dos naciones sobre el puente, para realizar la inauguración oficial del "San Roque González de Santa Cruz". En ambos encuentros el clima estaba lluvioso y los periodistas se encargan de remarcarlo una y otra vez, como si la tormenta fuera un mal presagio de las aguas turbias que bajarían por el Paraná en el futuro. Transformaciones sociales y económicas Sobre este río bajo el cual se imaginan túneles jesuíticos, cruzado por batallones paraguayos y argentinos, navegado por viajeros que relataban las diferencias nacionales mientras leían el Martín Fierro, proyectado como recurso hidroélectrico y espacio geopolítico por los distintos estados, se ha construido un puente de dos kilómetros y medio de extensión que une físicamente a Posadas y Encarnación. La gran obra que atraviesa el Paraná provoca un transformación sustancial de las relaciones económicas y sociales entre ambas ciudades. En primer lugar, con su inauguración se produce un incremento cualitativo de la circulación de personas y vehículos. Hasta abril de 1990 el cruce del río se realizaba a través de embarcaciones. Las lanchas de pasajeros tenían una frecuencia de treinta y dos viajes diarios y transportaban anualmente algo más de seiscientas mil personas en cada sentido del tránsito. Por su parte, las balsas realizaban ocho viajes diarios transportando alrededor de veinticinco mil vehículos (alrededor del 90% automóviles). La inauguración del puente implica que alrededor de tres millones de personas crucen el puente cada año en cada dirección, llegando a picos de 4 millones en 1994 y 1995. Además, la cantidad de vehículos oscila entre setecientos mil y algo más de un millón cada año en cada dirección. En otras palabras, la cantidad de personas que cruza el puente se incrementa por lo menos entre cinco y siete veces según los años, mientras que la cantidad de vehículos se multiplica entre treinta y cuarenta veces según los años. (5) Esto transforma la vida de ambas ciudades, especialmente en el comercio, ya que la compra y venta es el motivo más importante que impulsa a la gente a atravesar el río. Las aduanas de Misiones han incrementado el tráfico, entre 1990 y 1996, a una tasa anual del 44% (Peirano y Burg, 1997). En la medida que Posadas y Encarnación, como la mayor parte de las ciudades limítrofes, constituyen un mercado único dividido por una frontera política, los habitantes aprovechan las diferencias de precios para maximizar su salario. En los últimos años, con diversas variaciones, los precios fueron inferiores en la ciudad paraguaya. Por ejemplo, en 1995 sobre treinta productos alimenticios, bebidas y de limpieza, veintitrés eran más baratos en Encarnación en un promedio del 16%. En los electrodomésticos había una diferencia de casi el 20%, mientras en artículos de vestir la diferencia a favor de Encarnación ascendía al 46%. La diferencia de precios más significativa se encontraba en los combustibles: la nafta común era en Argentina un 53% más cara, mientras la super alcanzaba el 89% (IIFCE-UNaM, 1995, citado en Peirano y Burg, 1997). La importación privada de combustible, cargando los tanques en Encarnación, era prácticamente incontrolable para la Aduana Argentina, lo cual generó la multiplicación por tres de las estaciones de servicio de Encarnación entre 1992 y 1995. Éste constituyó uno de los "ganchos comerciales", que se agregaba a las diferencias de precios en otros productos. Según los habitantes de Posadas, cuando cruzaban a cargar el tanque, "de paso ibas al supermercado" y esto incrementaba los cruces que alcanzaron su pico entre 1994 y 1995. Desde 1997, el gobierno resolvió reducir en Posadas la incidencia impositiva en los combustibles, llegando a un precio similar al de Paraguay y logrando que la venta de combustibles se incrementara en un 66%. Sin embargo, es importante señalar que la disminución del cruce de personas y vehículos se produjo por razones distintas a la disminución del precio de las naftas. Como puede observarse en el Cuadro I, entre 1995 y 1996 el egreso de personas de la Argentina desciende casi el 25%, siendo poco significativo y estimativo el descenso entre 1996 y 1997. Las razones podrán vincularse a leves reducciones de las diferencias comerciales o a la crisis económica o a otras causas, pero son anteriores al cambio impositivo en las naftas. Los cálculos sobre el gasto promedio de una persona que cruza la frontera son diversos y difíciles de constatar. La Aduana de Posadas afirma que cada persona que cruza a Encarnación gasta en promedio $ 83 en compras de bienes y servicios (ver Oviedo y Gortari, 1997:47). Si esos cálculos fueran ciertos, entre doscientos cincuenta y trescientos millones de dólares anuales "cruzarían la frontera" desde Posadas a Encarnación. Oviedo y Gortari estiman que los residentes misioneros gastan casi seiscientos millones de dólares anuales en las ciudades limítrofes y señalan que eso equivale a "tres veces lo que exporta la provincia en un año" (ibid.). Más allá de la imposibilidad de establecer precisiones al respecto, es relevante el hecho de que constituye una suma significativa. Para los consumidores implica mejorar el rendimiento de sus ingresos, para los comerciantes una pérdida de mercado. Sin embargo, las "asimetrías" no parece implicar una disfuncionalidad absoluta en términos macroeconómicos y políticos. Por el contrario, "cualquier medida que eleve los costos o dificulte el comercio interfronterizo (restricciones, controles, prohibiciones), atenta también contra la sustentabilidad social del ajuste económico provincial: el 'rebusque' en el Paraguay es decisivo para estirar el jaqueado presupuesto familiar" (ibid.). Sin embargo, la reducción del consumo en Posadas implica tanto un golpe a los sectores medios, como una pérdida de la recaudación impositiva. Por lo tanto, los cruces del puente y los controles aduaneros se convierten en objeto de disputa atravesado por un complejo entramado de conflictos de intereses, al tiempo que ponen en escena un conjunto de categorías de percepción y acción de los diferentes sectores involucrados. Las cámaras empresariales y comerciales de Posadas realizaron múltiples reclamos "contra las asimetrías" y la "competencia desleal" del comercio encarnaceno, exigiendo al gobierno nacional una excepción impositiva y un mayor control aduanero. Para el gobierno nacional constituye un problema secundario dado que la balanza comercial con Paraguay es favorable a la Argentina y argumenta que una excepción impositiva provocaría un gran descontrol fiscal (ver Oviedo y Gortari, 1997:48). Desde ese punto de vista, las "asimetrías comerciales" entre las ciudades se encuentran ampliamente "compensadas" por las "asimetrías" industriales, financieras y comerciales entre los países. Además de aceptar -después de una gran presión- la equiparación de los combustibles, la acción del estado nacional se limitó a ordenar un mayor control aduanero. De esa manera, la nueva revisión obsesiva y el trato despectivo de ciertos funcionarios de la frontera argentina para con los ciudadanos paraguayos que traían mercadería, terminaron prácticamente en un conflicto diplomático entre ambos países: el Canciller y el Presidente Paraguayo exigieron el alejamiento de un funcionario argentino. El puente mismo, como frontera y paso material entre ambos países, redefine una serie de prácticas en el cruce fronterizo. Los recorridos y los paisajes, las tramitaciones y excepciones, las instituciones y las personas, plantean modos de construcción de modos de percepción y definición de lo "nativo" y lo "extranjero" a cada lado del río. En este proceso de transformación de la relación entre
ambas ciudades, de circulación de personas, automóviles,
mensajes y mercaderías, también se desarrollan nuevos encuentros
y nuevas relaciones. Hay reuniones de organizaciones sociales, de políticos
o académicos con personas y grupos de ambos lados de la frontera.
Mientras la interacción se ha incrementado de manera cualitativa,
también se han planteado nuevos conflictos. En los siete años
de existencia del Puente "San Roque González de Santa Cruz" las
paseras, los taxistas, los taxifleteros y mesiteros encarnacenos y los
comerciantes argentinos han interrumpido el tránsito en nueve oportunidades.
Han elegido el bloqueo de la circulación en la frontera como modalidad
de la protesta social. En ese proceso, los periodistas y los medios de
comunicación se apresuraron a tomar partido por los de su propia
tierra e iniciaron un proceso de redefinición de las percepciones
y definiciones de las relaciones entre nosotros y los otros.
II) Cortes de puente o la producción mediática de nacionalidad El proceso de transformación material del espacio fronterizo implica una apertura hacia nuevos sentidos sobre "el otro" y sobre "el límite". En la medida en que la "frontera natural" deja de ser percibida como un obstáculo y el puente se plantea como representación arquitectónica de la "unión de pueblos hermanos", la obra que atraviesa el Paraná se presenta como condensación simbólica de la relación entre paraguayos y argentinos en la región. De ese modo, constituye no sólo un "laboratorio" de interacción entre sociedades y culturas, sino un escenario que puede plantear la transformación de criterios de noticiabilidad y de posicionamientos enunciativos frente a los que -hasta ese entonces- aparecían como "los vecinos". Por lo tanto, en esta segunda sección me concentraré en el análisis de las noticias de los diarios de Posadas sobre la construcción e inauguración del puente que une a esta ciudad con Encarnación, así como de los nueve "bloqueos" del puente realizados como modo de protesta social. La hermandad de la inauguración o el cortejo fúnebre de la frontera La inauguración del puente se realizó el 2 de abril de 1990 y concentró las expectativas locales. El Territorio le dedicó un suplemento de diez y seis páginas clasificado como "integración argentino-paraguaya". La tapa del suplemento titulaba: "Puente Posadas - Encarnación. Un paso más hacia la integración Latinoamericana...". Las fotos de Menem y Rodríguez se imprimían sobre las banderas de ambos países. Más de la mitad de la página estaba ocupada por una foto del puente que más tarde sería utilizada de manera recurrente. La imagen de la obra era tomada desde Encarnación, permitiendo visualizar la estructura de los tensores que elevan el viaducto posibilitando el paso de embarcaciones de hasta 24 metros de altura. El rito de inauguración estaba en marcha. Ambos presidentes se encontraron en el palco ubicado en la frontera internacional. En el límite mismo se "saludaron afectuosamente" y luego se abrazaron para ser registrados por fotógrafos y camarógrafos. ET publica la foto del "abrazo fraterno" con un epígrafe que dice: "Afectuosa demostración de ambos mandatarios. El motivo central lo justificaba plenamente". Luego se entonaron los himnos nacionales y hablaron ambos mandatarios. Entonces, los obispos de ambas ciudades bendijeron el puente de manera conjunta. Por último, los dos presidentes desataron la cinta con lo cual "dejaron inaugurado el puente internacional". En el suplemento, una vez establecido el marco de significación positiva del acontecimiento, nuevamente se utiliza el procedimiento de borramiento de la enunciación, dando la palabra a las autoridades, los políticos y los empresarios que se encargan de explicar la relevancia del puente. Esto implica que el medio habla a través de aquellos a quienes les da la palabra y, por lo tanto, que es necesario analizar quiénes son los actores mediáticos y qué discurso enuncian. El discurso de Menem apunta claramente a construir un sentido de hermandad y progreso: "Estamos concretando hoy el sueño de progreso de un hombre valeroso", dijo en referencia a Roque González, situando en la experiencia jesuítica el inicio de una historia común. El pueblo paraguayo "puede estar seguro de que la amistad de los argentinos encontrará en lo sucesivo, en este puente, un nuevo y privilegiado camino para la cooperación recíproca en beneficio de una región cuyo desarrollo deberá ser proyectado en común y sin fronteras ni distingos". Hasta su gobierno los dos países "habían perdido demasiado tiempo, distantes uno del otro", pero los "nuevos tiempos en América y en el mundo" reclaman una "creciente integración". Aquí aparecen una serie de categorías sumamente relevantes: la relación se estructura en términos de pueblos nacionales (los argentinos y los paraguayos) que cooperarán entre ellos para la región. Esto implica que las tareas comunes exigen ser realizadas sin apelar a las distinciones nacionales y produciendo un borramiento de las fronteras. El mandato retórico del presidente expresa el sentido común del momento sobre el significado de un puente que, sin embargo, poco tiempo después replantearía los modos de diferenciación, exacerbaría expresiones nacionalistas y movilizaría a sectores sociales que exigirían demarcar fuertemente el límite entre los unos y los otros. Rodríguez, por su parte, apuntó en la misma dirección: el puente es "un hito de perpetua presencia en la vinculación de nuestros pueblos". Para que nadie sospechara que todo esto era pura retórica diplomática afirmó "sin demagógico verbalismo" que "nos asiste el derecho de volver simbólicos los límites de nuestros Estados para convertir nuestras naciones en una sola patria". La única diferencia significativa de la reproducción periodística del discurso de Rodríguez consiste en que a él le corresponde no sólo hacer referencia a la integración, sino también agradecer la generosidad argentina. Rodríguez agradece en nombre del pueblo paraguayo y su gobierno "al pueblo y gobierno de la República Argentina esta contribución invalorable", ya que "la Argentina nos brinda de esta manera la extensión generosa de su mano amiga para que Paraguay triunfe sobre sus dificultades geográficas". De esa manera, los discursos políticos incluidos en el suplemento de ET se caracterizan por el augurio de la unión y la integración. En ellos se presenta una clara dimensión temporal de la relación de cooperación entre los pueblos: la categoría "siempre" refiere a la perpetuidad, la eternidad. Asimismo se desarrollan una superposición de afirmaciones espaciales que aluden a borrar el límite, uniendo la región. Estos tópicos se vinculan al progreso, ya que el puente es al mismo tiempo alta tecnología y relaciones civilizadas entre las naciones. El puente permitirá que los países se acoplen al ritmo de las relaciones internacionales del mundo. El vicepresidente del Senado de la Nación Argentina afirmaba que la integración es una herramienta "para no quedar rezagados con relación a los grandes bloques económicos que existen". Uno de los más cautos en el marco de euforia de entonces parecía ser el diputado Puerta, actual gobernador de la Provincia de Misiones. Puerta, en el marco del "júbilo" por "este hito histórico en el proceso de integración latinoamericano" afirmaba que el proceso de integración constituye un "desafío que debemos resolver entre todos en un sentido que favorezca a nuestros pueblos". Es decir, en su discurso no hay una apología de la integración en sí misma, sino que el proceso en definido como desafío, un problema que exige resolución. Sólo de esa manera, con una posición activa, se logrará darle un sentido positivo a la integración con Paraguay. En ese sentido, decía anhelar "que este puente consolide la integración de dos pueblos que, a pesar de la presencia del caudaloso Paraná y de los avatares de la historia, se han empeñado siempre en marchar unidos". Esta es una de las pocas referencias a la historia de las relaciones entre Argentina y Paraguay que aparecen en el suplemento de ET. Los protagonistas están mirando hacia adelante y por lo tanto las referencias al pasado hablan de una fraternidad desde tiempo inmemoriales. La categoría que organiza en los discursos esa eternidad -como ya señalamos- es el adverbio siempre, cuyo significado literal es "en todo tiempo". En ese marco, no hay un lugar para un "tiempo distinto" al que se pretende para un pasado, un presente y un futuro exento de conflictos. Si alguna referencia a los procesos de enfrentamiento podía ingresar, sólo era posible a través de una doble subordinación. En la construcción de Puerta, los "avatares de la historia" se encuentran supeditados a la construcción general de "consolidar la integración" a la vez que está entremezclado con la presencia de la frontera natural: "el caudaloso Paraná". La coherencia de esa doble subordinación de la frase con su presencia marginal en dieciséis páginas e incluso su sentido indefinido, muestran un trabajoso proceso de construcción para la invisibilización de conflictos latentes. Otra nota levemente discordante la introducen los periodistas al citar de manera indirecta declaraciones del embajador argentino en Paraguay. Explicitando la existencia de un discurso social que podía afirmar que "el puente sólo beneficia a Paraguay", ET afirma que según las declaraciones del funcionario "no sólo resultarán favorecidos los paraguayos, (...) sino que los beneficios se extenderán a otros sectores de la población de ambas orillas, entre los que mencionó a los estudiantes, comerciantes y empresarios turísticos". La profecía pareció desmentirse muy poco tiempo después, cuando la Cámara de Comercio de Posadas comenzó una presión in crescendo para incrementar los controles fronterizos que iban a desdibujarse. Pero aquel 2 de abril nadie insinuó un sentido negativo para el puente. Las otras voces incluidas en el suplemento son de empresarios de aduanas, de transporte y de comercio exterior. Es decir, el diario le da la palabra a sectores potencialmente favorecidos por la inauguración. Es difícil saber si en aquel momento los posteriormente perjudicados no sabían de sus futuros problemas, si no quisieron hablar o si nadie buscó recoger sus opiniones. Antes de darles la palabra a quienes "están vinculados de antaño con la actividad del comercio de frontera" el diario editorializa fuertemente: "Dos ciudades, una sola aspiración". Con la inauguración "la aspiración de dos comunidades dejó de ser un anhelo", ya que los "lazos sanguíneos de antigua data" se acentuarán con el trato más cotidiano y se desarrollarán nuevos emprendimientos económicos. Estas dos cuestiones sintetizan los beneficios del puente que se desarrollan en las páginas del suplemento. Estos beneficios son tanto económicos como sociales, racionales y emotivos. "Este puente será lo más maravilloso que se pueda imaginar porque permitirá concretar negocios que hasta ahora estaban vedados para los empresarios misioneros", dice un despachante de aduana que trabaja desde 1952. Otro ejecutivo señala que el puente marcará "un antes y un después" en la vida misionera, aunque plantea que con la habilitación del puente "no basta" ya que es necesario superar "crónicas barreras aduaneras" en la Argentina. Esas barreras para el ejecutivo permiten un comercio fronterizo que utiliza el servicio de las 'paseras', que debe ser reemplazado por un comercio de exportación realizado por las empresas. También el presidente de la Cámara de Autotransporte reclama "destrabar el sistema burocrático" en las tramitaciones aduaneras y de migraciones, señalando los beneficios que implicará que los camiones argentinos sacarán por el puente la soja paraguaya con destino a puertos del litoral atlántico. Asimismo la Cámara de Comercio exterior de pronunció en el mismo sentido, dando un significado positivo al puente pero considerándolo insuficiente, ya que las políticas centrales impiden el avance del comercio regional. El título de la nota es de carácter programático: "Exhortan a quitar escollos del camino a la integración". Mientras para estas empresas y cámaras la inauguración del puente es una ocasión para reclamar nuevas medidas que hagan más permeables las fronteras como condición de nuevos emprendimientos, existe otro campo semántico que refiere la "hermandad" de los pueblos. El embajador argentino en Paraguay apuntaba que "para esta gran región del continente americano, un puente de alta tecnología significa además de un vínculo, un profundo abrazo fraternal entre dos países hermanos que avanzan hacia una integración real". Un comerciante de Posadas decía que el puente permitirá "concretar viejas aspiraciones, que por falta de un vínculo físico no se pudieron realizar hasta ahora". Llevadas a la práctica estas palabras, aquel 2 de abril de 1990 la frontera pareció disolverse por unas horas: "Con una euforia muy particular, numerosos vecinos de Posadas, empleando vehículos y colectivos, cruzaron a Encarnación, para 'estrenar el nuevo chiche' de la ingeniería moderna construido sobre el río Paraná, apreciándose similar comportamiento por parte de los habitantes de la otra orilla. Con motivo de la apertura de dicha unión física, denominada por algunos paseantes 'San Roque', no hubo mayores exigencias en los trámites aduaneros. Los automovilistas cruzaron con cédula del automotor, mientras que los que se trasladaron en ómnibus lo hicieron sin necesidad de documentación. Por su parte, un contingente de personas, muchos cargando equipos de mate, se concentró en la terminal de Posadas, donde aguardó el paso de la unidades que los llevaría en forma gratuita, en razón del especial acontecimiento. (...) Funcionarios de los organismos de control del lugar informaron que hoy la situación se normalizaría" (ET, 3-4-90, bast. mía). En el marco de esta retórica festiva, la editorial de ET se titulada "Símbolo, estímulo y compromiso" (2-4-90). El puente es presentado como un "nuevo hito en el camino de la integración", en la unión de los dos países. La integración entre países vecinos "ha pasado a ser una necesidad estrechamente vinculada con la propia supervivencia". En el mundo se observan "áreas multinacionales que se proyectan hacia el desarrollo integrado" y "sólo América Latina y Africa han quedado rezagadas en esta tendencia". Si Latinoamérica no encuentra su propia vía de integración "no sólo estará caminando a la zaga de la historia sino que también estará hundiéndose, aún más en la servidumbre con respecto a las áreas desarrolladas del mundo". La inauguración del puente es parte del establecimiento de nuevos lazos físicos que "constituyen el empuje necesario para unir Latinoamérica por dentro". El nuevo puente es, entonces, un símbolo histórico de la "revigorización de aquellos lazos de amistad y fraternidad consolidados entre argentinos y paraguayos, entre posadeños y encarnacenos, por una historia y una tradición comunes". "San Roque" condensa aquel 2 de abril todos los augurios de la nueva relación entre los países y la nueva posición regional frente al mundo. La inauguración del puente implica sin duda modificaciones en la percepción de los otros. Una semana después de su inauguración, un enviado especial a Encarnación de ET escribía una nota de color titulada "Particularidades de una nueva relación, mucho más cercana". La ciudad a la que usualmente los posadeños se refieren despectivamente como "mugrienta" e "insegura" es nombrada en el artículo como la "conocida como la 'perla del sur' por lo paraguayos". Las cortinas de los negocios de la zona baja ya no se bajan con la última lancha hacia Posadas, mientras que los posadeños llegan poco a poco hasta la "Villa Alta" de la ciudad, informa el periodista. Y después comienza a jugar con otra formas de "integración" como el descubrimiento de las mujeres posadeñas por los comeciantes encarnacenos: "'La imagen anterior era de una mujer que peleaba siempre los precios y estaba siempre apurada, pero ahora, luego de años, veo que tienen un físico increíble'", cita el periodista. Aunque hace referencia a las protestas por un 'exceso de burocracia' de los controles aduaneros y migratorios, hace hincapié en que los encarnacenos "reconocen un sustancial mejoramiento en el trato por parte de los funcionarios" (9-4-90). Sin embargo, el puente no significó un cambio en una sola dirección, una transformación de todas las relaciones humanas en el camino armónico de la integración. Más bien, el puente reorganizó los vínculos y las tensiones, constituyendo un contexto nuevo dentro del cual se desarrollarían nuevas alianzas y nuevos conflictos. Sólo dos días después de inaugurado el puente, ET registraba "congestionamiento vehicular" en la cabecera argentina, aunque resaltaba las afirmaciones de los funcionarios argentinos acerca de que "todo marcha bien". "Se pudo verificar -decía el periodista- que en la oficina aduaneras y migratorias los trámites son ágiles, 'y esperamos optimizar más' el sistema, 'a fin de acelerar el tránsito', precisó el funcionario". Sin embargo, a pesar de ubicarse en un plano fuertemente subordinado los problemas ya habían comenzado: "'El único problema se suscita de mañana', se quejó un inspector del servicio internacional de pasajeros, perteneciente a la empresa capitalina, porque 'las paseras' paraguayas que ingresan en colectivo, 'se muestran un poco renuentes a la revisación de los bultos que traen, y esto provoca demoras', dijo" (5-4-90). Ese "único problema" pasaría a ubicarse un tiempo después en el lugar central del escenario fronterizo y en un lugar clave de las disputas y negociaciones entre diferentes niveles políticos de ambos países. En cambio, la marca enunciativa de los periodistas de ET al asumir las afirmaciones de los funcionarios como la voz propia, argentina, se seguiría manifestando y cada vez con mayor claridad. Tres días después se planteaba la posibilidad de un "corredor turístico" sin trámites engorrosos ni pérdidas de tiempo entre ambas ciudades, aunque se señala el "contratiempo" de que la franquicia sea utilizada por el narcotráfico o el contrabando (8-4-90). A pesar de la agilidad del cruce a partir del puente, comenzaban las noticias sobre el "intenso tránsito", sobre las colas y las esperas. En ese marco, el puente "San Roque" volvía a la agenda política de los mandatarios de ambos países que se encontrarían apenas un mes después de la inauguración. Mientras tanto se iniciaban las protestas de los remiseros encarnacenos porque los taxistas posadeños hacen el viaje de ida y vuelta, quitándoles trabajo. En agosto de 1991, la revista TELSAT publicaba un artículo titulado "Un puente demasiado cerca" que brevemente sintetizaba los problemas que se estaban incubando. Bajo el subtítulo "Parto con complicaciones", el periodista mencionaba el "dinamismo notable" del intercambio comercial, "con balanza que favorece al vendedor guaraní". Además, de las "posibilidades que brinda el vivir en una 'frontera caliente'" surgió una "'industria', cuya acción se ubica en una delicada equidistancia entre lo legal y lo otro". Todo esto hace que el comerciante misionero vea "resentida su actividad en forma notoria", mientras en la cabecera argentina "son comunes las largas colas de vehículos". Sin embargo, desvanecida la ilusión del puente, comienza a surgir otra denominada Mercosur "cuyo marco operativo tiende a lograr una anhelada equidad comercial entre los países signatarios del acuerdo". Dicho en otras palabras, hay una luz encendida al final del túnel: que los paraguayos paguen impuestos, los precios de equiparen y los argentinos vuelvan a comprar de "este lado del río". Pasarían aún varios años para que esa ilusión también se desvaneciera. La reconversión del límite con el nuevo puente transformó de manera múltiple la vida de ambas ciudades. No sólo se incrementó la circulación de personas y mercanías de manera significativa. Mientras algunos se animaban a instalar sus viviendas en la ciudad vecina, una gran cantidad de habitantes se encontraba con los vecinos en cualquiera de los dos territorios tanto como en la frontera misma. De pronto, sin embargo, el tránsito fronterizo se interrumpió durante dos horas. El 27 de marzo de 1992, un grupo de taxistas de la ciudad de Encarnación bloqueó la ruta en la cabecera del lado paraguayo reclamando al Intendente de Encarnación la legalización de su servicio. Los diarios posadeños no se preocuparon en conocer la situación social de este grupo de trabajadores, sino que hicieron fuerte hincapié en las molestias: "Graves inconvenientes causó corte del puente por taxistas 'truchos'", titulaba al día siguiente el matutino Primera Edición (de aquí en más 1ºE). Es decir, la noticia del corte de puente podría haber sido enfocada desde distintos puntos de vista. En lugar, por ejemplo, de titular "reclamo de legalización de taxistas encarnacenos", el diario elige otro punto de vista: el de los automovilistas "en su mayoría residentes en Posadas". Es decir, narran la noticia desde lo que consideran el punto de vista de sus lectores. En ese marco, el diario habla de los "taxistas que realizan el servicio clandestino entre ambas orillas", adjetivo que establece un fuerte parámetro de percepción sobre el grupo social. Además, una vez que el diario ha identificado a los manifestantes con la ilegalidad y con la generación de inconvenientes graves, se refiere a "la medida adoptada por los paraguayos", sustituyendo la referencia los taxistas por su nacionalidad. De manera didáctica, el diario termina explicitando el punto de vista para la interpretación de los hechos, citando a los automovilistas -nunca cita a los pasajeros de transporte público- que "expresaron su más unánime repudio a esta actitud, 'porque ninguna persona puede tomarse el derecho de cortar un camino público que pertenece a toda la población'". El límite devino así no sólo zona de intercambio e interacción, sino espacio de conflicto. Este primer corte no sólo constituyó el primer ensayo de protesta social en el límite, sino también la primera prueba en el nuevo contexto de aplicación de criterios periodísticos definidos por nacionalidad y clase social. Aunque en los cortes posteriores los argumentos mediáticos iban a sofisticarse, es interesante resaltar que la primera noticia se inscribe claramente dentro de una tendencia general: el conflicto se observa como el de un grupo social pequeño, ilegal, que paradójicamente se identifica con (todos) "los paraguayos", al cual se lo critica desde el punto de vista de los sectores medios de nacionalidad argentina. El 8 de agosto de 1992 uno de los titulares en la tapa de ET decía: "Taxistas paraguayos bloquearon el puente". La bajada agregaba: "El sindicato de taxista paraguayo bloqueó con vehículos el Puente Internacional, en protesta por el control aduanero argentino. Ocupantes de automóviles particulares y pasajeros del transporte internacional argentinos, permanecieron contra su voluntad en territorio paraguayo". Es el primer corte de puente motivado por el puente mismo. En el caso de marzo, los nuevos taxistas que habían surgido con el puente reclamaban la legalización a la Intendencia encarnacena. En agosto, el sindicato de los taxistas le reclama al gobierno argentino. Estamos en presencia de una práctica social profundamente novedosa: un grupo social hace reclamos a un estado nacional que no es el suyo. En ese marco, el diario local se declara dispuesto a encarar la batalla: define a todos los afectados por el corte como argentinos -lo cual es absolutamente imposible-, e insinúa una situación de privación de la libertad de nuestros compatriotas ("permanecieron contra su voluntad en territorio paraguayo"). Al mismo tiempo, la protesta social se confunde con la intervención de las fuerzas de seguridad y se estructura fuertemente en términos de nacionalidad: "Con disparos de armas largas efectuados por elementos de las fuerzas de seguridad paraguayas, fue detenida una multitud que intentaba cruzar a pie el puente Posadas-Encarnación. (...) Los pasajeros que intentaban regresar a la Argentina en ómnibus resolvieron atravesar el Puente a pie encabezados por una mujer que enarbolaba una bandera argentina. (...) En medio de insultos, un conscripto de la Policía Militar arrebató la bandera argentina a la mujer que la portaba, acción que generó la reacción inmediata del gentío. Por orden de un superior de los uniformados paraguayos fue devuelta la Enseña y los ánimos se fueron calmando" (bast. mía). En la frontera misma se disputan los derechos en términos nacionales. Al igual que unos años después ocurriría en las rutas argentinas, un grupo de trabajadores paraguayos -identificados por los argentinos como uno de los gremios del "contrabando hormiga"- decide interrumpir el tránsito para reclamar por lo que consideran sus derechos. En este caso, sin embargo, los que pretenden avanzar de todas formas por el camino están buscando transformar su lugar social, de extranjeros a nativos y viceversa. Porque en el puente al mediodía hay tanto argentinos que buscan regresar como paraguayos que quiere ir. Este último hecho es elidido por el cronista ya que desarmaría los campos de enfrentamiento definidos en términos nacionales para reorganizarlos de otra manera. Por otra parte, cabe recordar que es muy común -sobre todo los días de mayor tránsito por el puente- que tanto argentinos como paraguayos se encuentren más de una hora "contra su voluntad en territorio paraguayo" por la lentitud con la que opera la aduana argentina. Sin embargo, en estos casos no se insinúa un secuestro sino que se da por supuesto el ejercicio de un derecho incuestionable. A la construcción periodística se subordina el reclamo de los taxistas de que "se respete en la aduana argentina la franquicia de 100 dólares por persona para ingresar mercaderías autorizadas". Para el diario ese posible incumplimiento no es la noticia central, noticia que apuntaría contra toda la utopía integracionista construida en abril de 1990. Por ello el diario no realiza ninguna investigación propia sobre si esto sucede o no, limitándose a reproducir algunas denuncias a través de la voz no legitimada de los taxistas. ¿Qué dicen los taxistas? Que no se respetan los acuerdos, que hay mayores restricciones en la aduana argentina, que sufren malos tratos por parte de los funcionarios. En otras palabras, que "la integración no existe, solamente se lleva en la boca, pero en la práctica no". La política editorial del diario tiene con este conflicto una peculiaridad que no volvería a repetirse: incluye un "despacho de la correponsalía de ET" en Encarnación para ofrecer una "interpretación distinta de los hechos realizada por un periodista encarnaceno". El artículo repone una cantidad de "información" que está ausente en gran parte del trabajo de los periodistas argentinos. Los protagonistas del corte del puente son identificados como "los sectores menos protegidos de la ciudadanía encarnacena" que son tratados de manera "hostil", "poco amigable y descortés" por parte de "los funcionarios de Aduanas y Gendarmería" (argentinas). En cambio, los argentinos son tratados de un modo muy diferente en el Paraguay. Sin embargo, aclara que la "reacción que se produce en la ciudad de Encarnación" no es contra la población, sino con el trabajo que se realiza en el centro de frontera, que "para muchos" se explica por una presión de "los sectores económicos del lado argentino". Aquí entonces el periodista encarnaceno completa de una manera distinta la dicotomía: propone reemplazar argentinos (que cumplen su deber) contra paraguayos (que violan la ley) por sectores más afectados de Paraguay contra sectores más poderosos de Argentina. En esa formulación se conjuga de un modo particular la clase con la nacionalidad. Si los acuerdos entre los países no pueden beneficiar circunstancialmente a los comerciantes paraguayos, "si este es el criterio de integración que se quiere utilizar en el marco del Mercosur en el trato a las personas, es mejor que todo vuelva como antes". El periodista encarnaceno termina su nota citando a un representante de los taxistas: "el puente es de todos o no es de nadie". A continuación, el diario presenta su nota editorial respondiendo con el título: "Los dueños del puente". ET marca el siguiente contrapunto: los taxistas encarnacenos son los dueños del puente -porque se lo han apropiado ilegalmente- pero "hablando en plata el vínculo físico pertenece a la nación argentina", cosa que "parece inamistoso recordar, aunque obviamente necesario". Los campos semánticos dicotómicos son transparentes: los taxistas paraguayos representan intereses sectoriales, hacen uso de su prepotencia, de la ilegalidad y permanecen impunes, poniendo en riesgo la vecindad. La Nación Argentina se identifica con sus autoridades que realizan procedimientos legales e impulsan la integración y buena convivencia de los pueblos. De esa manera, los cortes de puente que constituyen la dimensión visible de un conflicto irresuelto y profundo, ponen en escena en los medios de comunicación un verdadero "diálogo de sordos". No hay ningún intento de comprender la lógica de los vecinos, sino de desarrollar los argumentos que posicionen de mejor manera a "nuestra orilla del río" en el inevitable enfrentamiento. Al día siguiente, sin embargo, comenzaba a delinearse una dicotomía que ubicaba en un lugar secundario la nacionalidad. La tapa de ET titulaba "Paraguay investigará bloqueo del Puente". El presidente Rodríguez prometió que "si se identifican a los culpables, van a ser castigados" (ET, 9-8-92). La "investigación" y los "culpables" son categorías que aluden de manera confusa a los taxistas a la vez que a los militares paraguayos que dispararon al aire. Un día después el Gobernador Puerta se reunía con funcionarios, comerciantes y empresarios de Encarnación. El cronista de ET comentaba que se analizarían "aspectos vinculados a la relación bilateral, particularmente conflictiva en los últimos tiempos como consecuencia de una mayor severidad en el control aduanero en la cabecera argentina". Aunque se admite que la causa del conflicto es el mayor control argentino, se comenzará a explicar que esto es "natural" ya que "sólo se cumple con la ley", tal como reclaman las cámaras empresarias "por el masivo ingreso de mercaderías de procedencia extranjera a nuestro territorio". La tensión estaba en aumento y menos de dos semanas después volvió a ser bloqueado el puente. "Esta vez fueron los paseros los encargados de bloquear el puente por espacio de unos 30 minutos, en protesta por supuestos 'malos tratos' de la Aduana Argentina" decía ET (21-8-92). Los cortes de puente recién comenzaban, pero los periodistas ya hablaban de su recurrencia ("esta vez"), así como de una práctica habitual con "encargados" para cada ocasión. La foto de tapa focaliza más en los bolsos de las paseras que en la personas que están protestando con la interrupción del tránsito. La doble toma de distancia frente a la voz de las paseras, entrecomillada y advertida como "supuesta", es ratificada con la crónica interior titulada con las voces argentinas: "Desmienten los supuestos 'malos tratos' a paseros". Veamos el relato: "El incidente se produjo alrededor de las 8:00 de ayer cuando los paseros, luego de que los funcionarios se la Aduana Argentina impidieran el ingreso de sus mercaderías al territorio argentino, regresaron a la cabecera paraguaya del Puente y produjeron el corte de tránsito". Como puede observarse hay dos hechos sucesivos provocados por protagonistas diferentes: los funcionarios argentinos impiden el ingreso de mercadería, las paseras cortan el puente. Sin embargo, la acción argentina se encuentra entre comas parentéticas, subordinada a la acción de los paraguayos. En efecto, en el relato el incidente no se produce cuando se les impide entrar con sus mercaderías, sino cuando los paseros regresaron. La acción de la aduana argentina no requiere ninguna explicación, ya que su fundamento aparece como una evidencia del sentido común para los periodistas argentinos y, según ellos, para sus lectores. La crónica recoge testimonios de "los paseros" para demostrar que el corte contó con la colaboración de los agentes de la Aduana paraguaya que, además, añadieron "un elemento más al conflicto" al impedir "el paso de la prensa argentina para cubrir los acontecimientos". Nuevamente otras autoridades afirmaron que se trataría de un "malentendido por parte de la superioridad", dejando en suspenso los alcances de una alianza del estado paraguayo o de un sector de él con un grupo que realiza "acciones ilegales". Por su parte, el Jefe de la Aduana argentina afirmó que los "controles se seguirán cumpliendo con rigurosidad, 'aunque algunos tengan que quedar en el camino y buscar otra forma de vida'. Además, negó terminantemente la existencia de 'malos tratos', explicando que solamente se trabaja con la severidad de la ley". En este punto aparece una cuestión que se repetiría también en los cortes sucesivos y que se vincula posiblemente con un doble funcionamiento de las denuncias de los paraguayos en torno al maltrato de los argentinos. Por una parte, se producen discusiones interminables sobre si los aduaneros desvistieron a las paseras, si les quitaron mercadería, si llegaron incluso a pegarles. Por otra parte, hay una asombrosa imposibilidad de los argentinos de percibir que la exigencia de que las paseras se busquen "otra forma de vida" puede resultar uno de los maltratos más intolerantes. Pero aquí no está en juego la "comprensión", sino profundos intereses articulados con un orgullo que se sustenta en un modo de narrar los "hechos". En esta crónica se presenta otra cuestión crucial. El relato parece incluir una construcción dual de la relación entre nacionalidad y género de los manifestantes, que serían tanto hombres recios como mujeres quejosas. En efecto, cabe el interrogante sobre el sentido de la masculinización de las "paseras". Unos pocos hombres tienen el oficio y la proporción es abrumadoramente a favor de las mujeres. Por ello se las conoce popularmente como "las paseras". Aunque la presencia de unos pocos hombres puede ser excusa suficiente para el uso de un genérico, supuestamente asexuado, queda como incógnita si la construcción de la ileglidad y el peligro no requiere básicamente de una figura masculina, con fuerza y poder de provocar daños en una figura indefensa que requiere protección. En ese sentido, los controles aduaneros para evitar que penetren mercaderías paraguayas a través de los paseros constituye el cuidado que "nuestra patria" necesita. En otras palabras, frente al riesgo de la debilidad asociada a lo femenino, los controles estrictos parecen ser una operación de masculinización de la frontera argentina. Sin embargo, existe una dualidad, ya que la simultáneamente se produce una feminización de los paraguayos en una operación denigratoria. La nota de opinión publicada por ET afirma que el bloqueo realizado por "pacotilleras quejosas, de rica fuente de realismo mágico" corre el riesgo "de cristalizarse en costumbre". Es decir, produce una imagen de las mujeres como "chusma", "caterva", identificando a las personas con sus mercaderías como "de baja calidad" (de pacotilla). Más allá de esta doble construcción, el bloqueo es definido como un "efecto no deseado del proceso de integración, la protesta por acción directa emprendida por interesados en asuntos de menor cuantía" (bast. mía). El primer corte, a pesar de su ilegalidad, "pudo haber sido explicado en términos pintorescos. Pero la falta de respuesta de autoridad frente a la recurrencia de una forma de desmadre sin precedentes" muestra que el gobierno paraguayo incumplió su promesa de castigo, ya que se presupone que un corte del lado argentino sería obviamente sancionado. Ya se verá más adelante que la posibilidad de un "bloqueo argentino" no era tan absurda como suponía el editorialista de ET, ya que se plantearía de manera contundente un tiempo después, olvidando las acusaciones sistemáticas de ilegalidad de la acción y con una similar "vista gorda" de las autoridades. Pero en 1992 los cortes eran "paraguayos" y por lo tanto una "gráfica manifestación fascista donde el hecho precede a la norma". (6) A fines de 1992, el gobernador de Misiones visitó por primera vez en más de 15 años la delegación del gobierno de Itapúa. La agenda de las autoridades contemplaba la integración, el puente y el ferrocarril. En las declaraciones recogidas por ET se hace hincapié en que la "visita de cofraternidad" logró "limar las asperezas". "El puente ha sido desbordado por el éxito, (...) [y] esto produjo algunos roces, pero la inteligencia de los argentinos y paraguayos hizo que esto se corrigiera en un altísimo porcentaje", declaró el gobernador. Nuevamente, entonces, el abrazo de los pueblos hermanos oculta que la existencia de la frontera plantea un conflicto de intereses y que el "proceso de integración" se tradujo en un incremento significativo de los controles aduaneros del lado argentino. Sin embargo, las tensiones continuaron trabajando y se expresaron en cinco nuevos cortes de puente en los cinco años siguientes. (7) Varios meses después, cuando parecía haberse encaminado la relación bilateral, se realizó el corte más prolongado del puente, quedando interrumpido el tránsito durante 8 horas el 22 de septiembre de 1993. Oscuridad nocturna es lo que transmite la imagen fotográfica de la tapa del diario ET. Bajo el título "Bloquearon ayer el puente" la bajada dice: "La actitud de paseras, mesiterios y taxistas paraguayos forzó la permanencia en el país vecino, de unos 2.500 argentinos durante 8 horas". Víctimas y víctimarios, secuestro: los paraguayos violentan a los argentinos. Los reclamos de los grupos paraguayos quedan subordinados a la "tragedia" vivida por los "argentinos". Sin embargo, lo más novedoso de este conflicto fue que su resolución se realizó a través de un "acta de compromiso" firmada entre otros por autoridades paraguayas, argentinas y los manifestantes donde se acordó en la necesidad de "'lograr la flexibilización en las tareas de control' que ejerce la Administración Nacional de Aduanas, en el lado argentino, así como el cese del 'maltrato al que son sometidos los ciudadanos paraguayos'". A pesar de lo novedoso de la situación el diario no sólo lo ubica en un segundo plano, sino que además cuestiona su legitimidad: "El documento, que no habría contado con el aval de la cónsul Echeverry, pero sí de los legisladores radicales de Misiones, fue redactado en forma improvisada y, en parte, fue objeto de correcciones manuscritas que restaron seriedad al contenido". Es decir, no fue firmado por la Nación (en condicional: "no habría"), sino por un partido político, y además no es el producto de un acuerdo racional sino del apuro. En otras palabras, lejos de resultar de una decisión meditada, el documento es oportunismo político. Todo esto se dice sólo en la "crónica objetiva de los hechos", aún queda por analizar la nota de opinión titulada: "¿Incompetencia o complicidad?". Allí se acusa a las autoridades paraguayas de haber alentado la "situación irregular" a través de su pasividad: las palabras utilizadas son ineficacia, incompetencia y complicidad. Además, se recuerda nuevamente el financiamiento argentino de la obra y se insiste en la gravedad del sometimiento de miles de personas diciendo que no es posible que "miembros de una colectividad tomen virtualmente como rehenes a miles de integrantes de otra nación". El bloqueo es denominado "la maniobra perpetrada por mercaderes paraguayos conformados por 'villenas' y 'taxistas'", remitiendo a un léxico policial. Se refiere a los grupos paraguayos como "'fenicios' preocupados solamente por el rigor de los controles". La causa de la acción de los "mercaderes" son "los controles que han comenzado a aplicarse del lado argentino para impedir la competencia desleal con el comercio local". Por último, cabe resaltar que el editorialista culmina afirmando que "ningún argentino que cruce el puente estará seguro de volver cuando lo desee" (ET, 23-9-93). Al día siguiente el gobernador Puerta declaraba a la prensa que se mantendrían los controles necesarios y que "nosotros no pensamos parar absolutamente a ningún vecino ni de Encarnación, ni de Posadas, a ningún ciudadano del mundo que pase el puente" (ET, 24-9-93). En ese marco, ET comienza a dar cuenta cada vez más claramente de los intereses en juego, asumiendo como natural la posición de los "comerciantes posadeños". Por una parte, cita al funcionario a cargo de la Aduana explicando que "la aplicación estricta de la legislación es para resguardar al comercio de Posadas". Por otra, publica dos fotografías significativas. La primera, en la cabecera argentina, muestra a gendarmes hablando con un grupo de personas y su epígrafe dice: "Autoridades de Gendarmería Nacional explican a 'paseros' de Encarnación las limitaciones para el ingreso de mercadería a nuestro país". Es decir, vemos un diálogo civilizado, evidentemente asimétrico, que desmiente los "supuestos malos tratos". La segunda foto muestra un auto abierto y un grupo de personas colocando bolsos en su baúl: "En la cabecera paraguaya, taxistas y 'villenas' agudizan el ingenio para sortear controles de la Aduana Argentina". Las dos fotos, entonces, narran una historia: mientras los argentinos explican amablemente las reglas, los paraguayos se preparan para violarlas nuevamente. El mismo 24 de septiembre llegaba a Posadas un enviado de la Cancillería argentina para conocer la situación. El funcionario se entrevistó con diversas autoridades y dijo de manera terminante que "el bloqueo no puede ni debe reiterarse" (ET, 25-9-93). Sin embargo, el bloqueo obviamente se reiteró. "Revoltosos bloquean otra vez el puente. Hubo 'secuestro' de argentinos" decía ET el 20 de noviembre de 1993 mostrando una creciente "indignación". No era para menos, según su punto de vista, ya que "no más de un medio centenar de 'mesiteros' (...) copó ayer de mañana el acceso a la cabecera paraguaya" durante 8 horas "en nueva reiteración de un tipo de acción" que las autoridades de ambos países se habían comprometido "en desterrar para siempre". Esta vez la protesta se hacía en reclamo a un cambio de itinerario del servicio de transporte urbano resuelto por la Intendencia encarnacena que perjudicaba a algunos vendedores callejeros. A los ojos de los argentinos parecía un "conflicto interno". Sin embargo, para los mesiteros se trataba del recorrido que harían los compradores argentinos y su respuesta fue contundente: si no nos comprarán a nosotros, no le comprarán a nadie. La construcción de la noticia de los periodistas misioneros mostraba que para ellos se había llegado "al colmo". Hacía referencia no sólo a los revoltosos y al secuestro -por primera vez explícito-, sino que hablaban de los "piquetes exaltados" que bloqueaban las "vías de escape secundarias", de los "revoltosos que trataban de impedir la fuga a la Argentina" y sugerían que las autoridades paraguayas deberían haber reprimido la acción: "medidas represivas sujetas a orden judicial previa que en ningún momento llegó para poner término al bloqueo"; "por los altavoces de los exaltados (...) se comunicó la orden de resistir la intervención de 'los cascos azules', la policía nacional, acción anticipada una y otra vez, pero sin que se concretara hasta el desbande de la concentración"; los "cautivos argentinos" "aguardaron durante horas bajo el sol que las autoridades intervinieran para restablecer el tránsito, pero esto no ocurrió" (ET, 20-11-93). ET hacía referencia al enfrentamiento de argentinos y paraguayos señalando que los requerimientos de los argentinos que querían retornar a su país eran abucheados por los líderes paraguayos en términos de "curepa". A los misioneros y argentinos les disgusta profundamente la utilización de ese término por parte de los paraguayos, interpretándolo como discriminatorio y en algunas ocasiones como un insulto. Hasta aquí la "crónica objetiva de los hechos". Sin embargo, las declaraciones de la cónsul argentina en Encarnación reproducidas en un recuadro muestran el origen de los posicionamientos del diario. En efecto, es la cónsul la que hace referencia al "secuestro", a que la protesta se originó en una "contingencia interna", y también a que existía un compromiso del gobierno paraguayo de reprimir estas acciones. Más adelante, otras notas complementan la crónica del bloqueo. Enviados especiales a Encarnación explican los "motivos de protesta de los comerciantes", aunque a diferencia de aquella columna de la corresponsalía encarnacena en el primer corte lo hacen exclusivamente desde la "perspectiva argentina" comenzando por recordar quién financió la obra. Por otra parte, realizan una "nota de color" sobre lo vacía que estaba Encarnación gracias a la "irracional protesta de un grupo minúsculo". A su cargo queda la nota de opinión "Por poco, la jungla" que introduce una nueva operación identitaria: separar a los "revoltosos" de los "encarnacenos": "Ciudadanos paraguayos y argentinos, por igual, que ayer nuevamente fueron arandela de ajuste entre sindicatos alzados y autoridades inoperantes, pasaron un buen rato en el borde de la jungla, sin querer creer -es decir, perplejos- que pisaban tierra de nadie por ausencia de ley. Vimos encarnacenos apesadumbrados, haciéndose cargo de vergüenzas ajenas. (...) Los posadeños parecían convencidos de que venir al Paraguay o salir de este país, se ha constituido en un albur. Y convencidos también de que, por ahí, será mejor no venir más, a pesar de todo. (...) ¿Hay alguna ventaja comparativa, acaso, que resuelva la decisión de la persona en favor de la inseguridad, el maltrato, la prepotencia facciosa? (...) ¿Hay razonabilidad en la exposición deliberada de la persona decente a la impunidad resultante de actitudes contemplativas, tolerantes y hasta ciertamente cómplices de la autoridad con la pillería?" (ET, 20-11-93). La frontera, en el sentido de zona liminal, de no man's land, de espacio de peligro se ha extendido paulatinamente hasta abarcar a la ciudad de Encarnación. El problema no es con los "hermanos encarnacenos" o los pobres comerciantes perjudicados, sino con los "pillos", los "sindicatos alzados" y las autoridades que no ejercieron el poder de la represión. Los periodistas argentinos reclaman una "acción ejemplar" que termine con este trauma y de hecho convocan a la población a interrumpir el cruce diario hasta que no se resuelva la situación. Sin embargo, la propuesta no tuvo eco, ya que los bolsillos de los habitantes de Posadas volvieron a exigir trasponer los límites para lograr "estirar el sueldo". Al poco tiempo todo volvía a la normal "tensa calma". Después de estos diversos cortes, los guiones culturales con los cuales los periodistas perciben el hecho social, clasifican a los actores y sus acciones, y producen las noticias sobre el puente se encuentran (re)organizados. Las primeras manifestaciones constituyeron no sólo una novedad, sino que también exigieron reorganizar los parámetros taxonómicos e identitarios previos en función de los nuevos sucesos. Sin embargo, como puede verse en el análisis de las noticias, la "cobertura" de cada bloqueo presenta variaciones menores en relación a un argumento que se despliega de manera creciente. De ese modo, cuando se produce un nuevo bloqueo el 31 de agosto de 1994, la noticia parece estar escrita hace tiempo: "poco menos de un centenar de encarnacenos"; protestan "por supuestos 'malos tratos'"; el hecho detonante fue "una supuesta agresión a una 'pasera', que fue demorada cuando intentaba eludir el control aduanero"; "aparentemente, los funcionarios (...) tendrían un trato desigual con los ciudadanos paraguayos"; "argentinos retenidos en el vecino país"; "es un hecho delictivo". En otra palabras, una noticia similar a las anteriores en términos generales. La novedad de que por primera vez -tal como exigían los periodistas y políticos argentinos- el levantamiento del bloqueo se realizó por una resolución judicial de Paraguay, ocupa un lugar claramente subordinado. Por el contrario, se señala que "la medida adoptada ayer no era desconocida por las autoridades paraguayas", después de lo cual se le da la palabra a un funcionario gubernamental de ese país que explica sus intentos fallidos por evitar el bloqueo. De manera confusa, el funcionario apela a una identidad regional contra las metrópolis ("lamentablemente los tratados y convenios se firman en Asunción y Buenos Aires, mientras nosotros somos meros espectadores"), al tiempo que sostiene de modo ambiguo que en este puente "por culpa del tráfico se entorpece el tránsito", siendo difícil establecer si el tránsito lo entorpece la aduana argentina o los vendedores paraguayos. Entre las noticias sobre el bloqueo se incluye una entrevista a una pasera. En su relato cuenta que llevaba verduras y cigarrillos, y que como no los dejan pasar más mercadería "me escapé con los bolsos por el costado de la aduana, como hace todo el mundo", porque el funcionario argentino Mac Lean "da la orden para que nos saquen la mercadería y la tiren". Cuando los gendarmes la vieron en la vía del tren, la llamaron "pero yo les dije no me voy, (...) péguenme, mátenme, pero a la aduana no vuelvo. Entonces, me agarró, me torció el brazo, me pegó por la boca, me rompió el labio, me tiró y me dio una patada". Este testimonio, el diario lo incluye con una serie de modalizaciones que relativizan las aserciones de pasera. La primera, en el título mismo, es colocar la palabra víctimas entre comillas: "Una de las 'víctimas' del control aduanero". En el primer párrafo se anticipa que esta es "una de las 'paseras' supuestamente agredida" y la misma posición se observa en las preguntas del periodista (ET, 1-9-94). Estas relativizaciones nunca son utilizadas para hacer referencia a las acusaciones de las autoridades argentinas respecto a los paraguayos. De la entrevista surge otra cuestión relevante: las paseras acusan a Mac Lean de todos sus pesares: "Desde que entró Mac Lean no pueden pasarse las cosas para vender"; "cuando él no estaba nosotros trabajábamos muy bien"; "ahora no se puede pasar ni mercadería paraguaya (...) porque está el señor Mac Lean". Es decir, la figura del funcionario condensa todas las prohibiciones y controles aduaneros, los maltratos y la discriminación. Mac Lean se convertiría en el aduanero argentino más odiado por las paseras y ellas comenzarían a exigir su separación del cargo, logrando paulatinamente el apoyo de las autoridades paraguayas. En se momento, las cuestiones planteadas en el conflicto parecían bastante para los periodistas posadeños, así como el carácter inadmisible de las medidas que "violaban" tratados internacionales. Fue entonces que se planteó entre los comerciantes argentinos la posibilidad de bloquear el puente para "hacer escuchar" sus reclamos. El bloqueo argentino del puente, visualizado reiteradas veces como un absurdo y un imposible visto el "imperio de la ley" que reina en el país, llegó a fines de 1995. Aquello que aparecía subordinado y matizado por múltiples relativizaciones y tomas de distancia, las razones que impulsaban a los grupos sociales paraguayos a realizar el bloqueo, es la manera en que se presentan las noticias acerca de la "movilización" que realizarán el 20 de noviembre los comerciantes posadeños. "Será en protesta por la falta de respuesta del gobierno nacional a los pedido de reintegro o eliminación de impuestos a los bienes que se comercializan |