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Indice
Más allá de las tres esferas de acción que
figuran en su programa -la lucha contra la pobreza, la integración
social y la creación de empleos productivos- el cometido
fundamental de la Cumbre sobre Desarrollo Social de Copenhague
es dar un nuevo impulso, en las instancias políticas más
elevadas, al debate sobre el desarrollo. Este debate ya había
comenzado con la Cumbre para la Tierra, celebrada en Río
en junio de 1992, y la Conferencia Mundial sobre la Población
y el Desarrollo, que tuvo lugar en El Cairo en septiembre de 1994,
y proseguirá en la Conferencia Mundial sobre la Mujer y
el Desarrollo, prevista en Beijing en septiembre de 1995 y la
Cumbre sobre las Ciudades, que se reunirá en Estambul en
junio de 1996. Sin embargo, la reunión de Copenhague ofrece
el marco más apropiado para un nuevo análisis del
desarrollo en todos sus aspectos, con una perspectiva transectorial
y transdisciplinaria.
Si se observa la evolución del desarrollo desde hace 50
años, en el Norte, el Sur, el Este y el Oeste, sólo
alguien particularmente insensible a la realidad podría
aceptar actitudes rutinarias y fatalistas, y menos aún
la posición de que "no hay otra política posible".
Por el contrario, es necesario mostrar imaginación y determinación
para innovar, buscar nuevos paradigmas y aplicar nuevas estrategias
de desarrollo, pues existen en efecto otras políticas,
otras opciones y otras orientaciones posibles.
Sobre este aspecto versa precisamente el análisis del profesor
Ignacy Sachs, preparado con motivo de la Cumbre sobre Desarrollo
Social con el objeto de alimentar la reflexión y fundamentar
las propuestas de políticas de desarrollo que esperamos
figuren en el plan de acción de Copenhague. Ignacy Sachs,
uno de los principales especialistas internacionales en cuestiones
de desarrollo, desde hace 25 años participante activo en
los grandes acontecimientos internacionales, como la Conferencia
sobre el Medio Humano (Estocolmo, 1972), la Conferencia sobre
el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río de Janeiro, 1992)
y actualmente la Cumbre sobre Desarrollo Social, y buen conocedor
de las instituciones internacionales, tiene la perspectiva necesaria
para proponer nuevas pistas por explorar en la vía del
desarrollo.
Su texto se basa, evidentemente, en sus propios análisis,
pero también en los resultados de una serie de actividades
emprendidas por la UNESCO en preparación de la Cumbre de
Copenhague, a las que por lo demás estuvo estrechamente
asociado desde el otoño de 1993, en calidad de consultor
especial de la Organización.
Esas actividades, que demuestran la importancia que la Organización
asigna a las cuestiones de desarrollo y su voluntad de aportar
una contribución fundamental a la aplicación del
programa de acción de Copenhague, presentan varios aspectos.
En primer lugar, el Director General de la UNESCO convocó
un coloquio internacional titulado: ¿"Qué pasó
con el desarrollo"? que se celebró en París
en junio de 1994 y en el que se planteó el problema en
su conjunto.
En segundo lugar, se celebró una serie de coloquios regionales
con objeto de examinar las perspectivas regionales en materia
de desarrollo social; en noviembre de 1994, en América
Latina y Asia; en diciembre de 1994, en Africa occidental y en
enero de 1995 en Africa oriental y meridional. La mayoría
de estas reuniones regionales estuvieron precedidas por coloquios
nacionales.
Además, se organizaron dos conferencias internacionales.
La primera, que se celebró en Bolonia (Italia) en diciembre
de 1994, en colaboración con la Universidad y el Ayuntamiento
de esa ciudad, estuvo dedicada al tema "Políticas
públicas, acción popular y desarrollo social".
La segunda, organizada asimismo en diciembre de 1994 en Nueva
Delhi (India), en colaboración con el NISTADS (Instituto
nacional de los estudios sobre la ciencia, la tecnología
y el desarrollo) versó sobre "la ciencia y la tecnología
al servicio del desarrollo social".
Y más recientemente, en marzo de 1995, la UNESCO convocó
tres manifestaciones en el lugar de celebración de la Cumbre
sobre Desarrollo Social, a saber, una reunión en la Cumbre
de 9 de los países en desarrollo más poblados (Bangladesh,
Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, México, Nigeria
y Pakistán), en Copenhague; un importante coloquio internacional
titulado "De la exclusión social a la cohesión
social: hacia un programa de políticas", previsto
en Roskilde, cerca de Copenhague, como parte del Programa MOST
de la UNESCO, y en colaboración con el Instituto Internacional
de Estudios Sociales de la OIT, la Organización Mundial
de la Salud, la Comisión de la Unión Europea (D.G.XII),
el ORSTOM (Instituto Francés de Investigación Científica
para el Desarrollo en Cooperación) y la Universidad de
Roskilde. Este coloquio, síntesis de los trabajos de la
UNESCO con miras a la Cumbre sobre Desarrollo Social, cuyas enseñanzas
y recomendaciones han de inspirar las medidas futuras, deberá
examinar las siguientes cuestiones: de la exclusión social
a la justicia social; medidas para cambiar los estilos de vida
y pautas de consumo en los países del Norte y el Sur; del
Estado benefactor a una sociedad solidaria (caring society);
el sector público y el sector privado: las nuevas formas
de asociación entre los actores sociales y la vida en las
ciudades. Por último, una mesa redonda en Copenhague, sobre
"Pobreza y participación cívica", en colaboración
con el Programa CROP (Investigaciones comparadas sobre la pobreza)
del Consejo Internacional de Ciencias Sociales.
Francine FOURNIER
Subdirectora General para las Ciencias Sociales y Humanas
UNESCO, París, febrero de 1995
Las Naciones Unidas convocaron para marzo de 1995, en Copenhague,
una Cumbre de Jefes de Estado sobre el tema del desarrollo social.
La fecha de esta reunión es altamente simbólica;
en efecto, en 1995 se conmemora el 50º aniversario del lanzamiento
de la bomba atómica sobre Hiroshima, el final de la Segunda
Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas. Es,
por ende, una excelente oportunidad para hacer un balance en claroscuro
del medio siglo transcurrido y preguntarse si es posible cambiar
las perspectivas para los próximos cincuenta años
y lograr resultados más satisfactorios en lo que respecta
a la paz y el desarrollo, los dos objetivos fundamentales de las
Naciones Unidas.
El último medio siglo
En ese balance hay más de oscuro que de claro: en efecto,
durante todo el periodo que siguió a la Segunda Guerra
Mundial, se sucedieron conflictos sangrientos por causas políticas,
étnicas e incluso religiosas, actos de violencia institucionalizados,
múltiples atentados a los derechos fundamentales, la imposición
de regímenes autoritarios y de prácticas de democracia
aparente.
Durante la guerra fría, el equilibrio de terror entre las
dos superpotencias, permitió conjurar el peligro más
temible, es decir, un conflicto mundial que culminara en una hecatombe
nuclear. El final de la guerra fría no ha eliminado definitivamente
ese riesgo, pero lo ha tornado mucho menos probable. En cambio,
se han multiplicado los conflictos locales. Nuestro siglo concluye
una nueva ola de genocidios en Africa y en la propia Europa, que
ve así resurgir su larga secuencia de horrores: las dos
guerras mundiales, los campos de exterminio y los goulags.
Sin embargo, desde la perspectiva geopolítica, cabe señalar
dos transformaciones significativas: la descolonización
y la emancipación de los países colonizados y dependientes 1,
seguidas del derrumbamiento del socialismo real en 1989 y el desmembramiento
de la Unión Soviética. A ello se añade el
término del régimen del apartheid en Sudáfrica,
en 1994, y la esperanza siempre, aún viva, de una paz duradera
en el Oriente Medio.
La descolonización y el derrumbamiento del socialismo real
representan dos fracturas históricas irreversibles, cuyas
consecuencias y secuelas siguen pesando sobre nuestro presente.
Sin entrar en simplificaciones extremistas, por las que se pretende
sustituir el esquema bipolar de la guerra fría por un supuesto
choque de civilizaciones, la búsqueda de la identidad constituye
un terreno fértil para el desarrollo de los etnonacionalismos
y posiciones fundamentalistas peligrosamente anacrónicas.
El historiador polaco Witold Kula (1960) definía el subdesarrollo
como la coexistencia de asincronismos. En esta perspectiva
es posible referirse a una involución o un proceso de subdesarrollo
bastante generalizado y paralelo a los fenómenos de la
mundialización, cuyas repercusiones económicas y
sociales diferenciadas, positivas y negativas, es preciso evaluar
a fondo. Apreciarlos de manera uniformemente positiva es propio
de la teología del mercado y no de un análisis científico.
En el reciente periodo se ha observado un auge sin precedentes
del poder de la técnica, del volumen de los bienes y servicios
producidos y de los intercambios comerciales. Se ha comprobado
asimismo, una profunda transformación en las pautas de
consumo y modos de vida de una mayoría de los habitantes
de los países industrializados y una minoría de
los que viven en los países del Tercer Mundo; con todo
el progreso material, ilustrado por el aumento de las cifras medias,
no se ha generalizado. En un país tan rico como Francia,
una fractura social separa hoy a las dos terceras partes
de los triunfadores de la tercera parte de los perdedores, cada
vez más excluidos de la sociedad de consumo y privados
del ejercicio de su derecho fundamental al trabajo. En otras palabras,
Francia también tiene su "cuarto mundo", y el
Sur está en el Norte. La minoría rica de los países
del Tercer Mundo constituye, en cambio, un Norte dentro del Sur,
sin que se pueda hablar de enclaves delimitados desde el punto
de vista territorial. El Norte y el Sur coexisten y se mezclan,
especialmente, en las grandes ciudades.
Las distancias se han acortado con la revolución de los
transportes y, en mucho mayor grado aún, de las comunicaciones 2.
Estos adelantos técnicos han contribuido a los fenómenos
de la mundialización, ya mencionados, que se manifiestan
de forma desigual en esferas tan variadas como las finanzas, la
economía, la técnica y la cultura.
En la actualidad observamos una desvinculación entre
la economía financiera y la economía real (Drucker,
1986); como consecuencia, se establecen circuitos de especulación
financiera que atraen los capitales que habrían podido
financiar inversiones productivas y contribuir a la creación
de empleos. Las empresas transnacionales se han convertido en
los principales protagonistas de la economía y los intercambios
comerciales, al punto de que las estadísticas de producción
y comercio internacional badadas en la suma de las cifras nacionales
han quedado caducas.
Los medios de comunicación propagan en todas partes las
mismas representaciones de la "buena vida", fundada
en un consumo desenfrenado y sueños hollywoodianos. Una
escasa minoría de hombres y mujeres se desplaza con facilidad
por el planeta, con lo que el turismo y los viajes se han convertido
en un sector preponderante de la economía 3. Sin embargo,
la mayoría de los habitantes de nuestro planeta siguen
viviendo como si fuesen glebae adscripti. Hay un contraste
notable entre las restricciones impuestas a la movilidad de la
mano de obra en el plano internacional y la movilidad cada vez
mayor de los demás factores de producción.
El dominio de la ciencia y la técnica es imperfecto. Para
reproducir una metáfora de Jean-Jacques Salomon (1984),
Prometeo se ha embrollado 4. La potencia destructora de las técnicas,
que se utilizan sólo si reportan beneficios financieros
y económicos a corto plazo, se manifiesta además
en la degradación ecológica; la gestión racional
del medio ambiente se ha convertido en un imperativo mundial,
como quedó demostrado en la Cumbre para la Tierra reunida
en Río de Janeiro en 1992.
Por sobre todo, el progreso científico y técnico
no ha traído aparejado el bienestar generalizado prometido
al conjunto de la humanidad. En 1930 Keynes esperaba que el problema
económico de la humanidad quedara definitivamente resuelto
en un siglo. Por primera vez desde su aparición en nuestro
planeta, el ser humano podría entonces hacer frente a su
verdadero problema, a saber, cómo emplear esa libertad
arrancada a los imperativos económicos, cómo ocupar
de manera agradable, atinada y correcta el tiempo libre que le
habrán conseguido la ciencia y el disfrute de una renta
(Keynes, 1971, pág. 136).
El adelanto actual de la técnica bastaría ya para
ofrecer a todos comodidades materiales razonables. Según
datos del Banco Mundial, en 1992 el ingreso medio por habitante
en todo el mundo era de casi 4.300 dólares. Como comparación,
ese ingreso en el Reino Unido era de 4.593 dólares en 1990
y en los Estados Unidos, en la misma época, de 4.096 dólares
(Maddison, 1994).
Sin embargo, las desigualdades que caracterizan la distribución
del ingreso entre los países y en el interior de los países
quita toda significación a este promedio. En 1991 el quinto
más rico de la población mundial se apropiaba del
84,7% del PNB mundial, en tanto que el quinto más pobre
debía contentarse con el 1,4%. En 30 años la desigualdad
del ingreso entre esos dos grupos extremos pasó de 30:1
a 60:1.
Disparidades económicas mundiales
Fuente : PNUD - Informe sobre Desarrollo Humano, 1994, pág.
67
Figura 1. La copa de la vergüenza.
Hecho más importante aún, en las sociedades modernas
la exclusión prevalece sobre la explotación. Los
ricos ya no necesitan a los pobres, motivo sin duda por el que
tienden a olvidarlos 5.
La distribución cada vez más desigual de los beneficios
del progreso técnico y económico resulta de una
organización social y política deficiente, y no
de la escasez de bienes. Esa situación pone en tela de
juicio al poder político, incapaz de velar por una buena
utilización de las posibilidades de la técnica (Ruffolo,
1988). Nos encontramos frente al aspecto clave de la noción
de maldesarrollo (Sachs, 1984), que no es incompatible
con un crecimiento, incluso importante, de la economía.
En efecto, crecimiento y desarrollo no son sinónimos. Mientras
persistan las enormes disparidades sociales, el crecimiento será
una condición seguramente necesaria, pero no suficiente,
del desarrollo, pues no pueden pasarse por alto los aspectos distributivos
y cualitativos. Es falso afirmar que los costos sociales y ecológicos
exorbitantes que entrañan ciertas formas de crecimiento
económico constituyan los "daños ineluctables
del progreso".
¿A quién beneficia el progreso?
Esta problemática se abordará en la Cumbre de Copenhague,
al examinarse tres temas del programa de esta Conferencia: la
lucha contra la pobreza, la integración social y la creación
de empleos productivos. No es aceptable, ni ineluctable, que el
progreso financiero y económico deba alcanzarse a costa
del desempleo y el subempleo estructurales, con los consiguientes
fenómenos, cada vez más generalizados, de exclusión
social y pobreza.
La articulación del programa de la Cumbre de Copenhague,
al igual que la de la Cumbre para la Tierra de 1992, constituye
un rechazo implícito de las teorías economicistas
que sitúan al crecimiento como objetivo central, e incluso
único. Anuncia asimismo el fin de la creencia en la difusión
casi automática de los frutos del crecimiento económico
al conjunto de la sociedad. Según Louis Emmmerij (1994),
es indiscutible que el crecimiento económico es eficaz,
a largo plazo, para alcanzar los objetivos sociales y luchar contra
la pobreza, pero para ello podrían ser necesarias de tres
a cinco generaciones. En otras palabras, habría un periodo
de transición que sería insoportable desde el punto
de vista humano e irresponsable desde el punto de vista político.
Por ese motivo, es necesario abordar simultáneamente los
cinco temas que son la paz, la economía, el medio ambiente,
la justicia y la democracia, tomando las condiciones sociales
como punto de partida de los esfuerzos encaminados al desarrollo 6.
El presente texto tiene miras mucho menos amplias. Se limita a
analizar los aspectos de la problemática del desarrollo
que parecen merecer especial atención. A continuación
se analizará la crisis social que se ha generalizado en
el conjunto de los continentes, haciendo hincapié en la
inserción productiva a través del empleo y el empleo
por cuenta propia; se abordará luego la búsqueda
de nuevos paradigmas de desarrollo, a partir de los siguientes
elementos: la superación del economicismo, la necesidad
de una axiología universal, las relaciones entre los aspectos
económico, ecológico y social, la reglamentación
democrática de las economías mixtas, la redefinición
de la función del Estado, las nuevas formas de asociación
entre los actores sociales, la ciencia y la técnica al
servicio del desarrollo social y las reformas del sistema internacional.
La necesidad de un nuevo enfoque del desarrollo
"El desarrollo, hoy más que nunca, es el objetivo
común de la humanidad... Es cierto que hemos necesitado
varios decenios para aprehender la complejidad de ese proceso...
En primer lugar, el desarrollo debe permitir materializar todas
las posibilidades del primer protagonista y último destinatario
de ese proceso, es decir, el ser humano, no sólo el que
vive hoy, sino también el que vivirá mañana,
sobre la tierra. Un desarrollo humano sostenible: tal es la única
definición aceptable de nuestro objetivo común.
Desde hace mucho la UNESCO propugna una concepción menos
estrecha del desarrollo. Por ese motivo, acoge con gran satisfacción
los análisis contenidos en el Programa de paz publicado
el mes pasado, en que el Sr. Boutros Boutros-Ghali, Secretario
General de las Naciones Unidas, considera la paz como el "fundamento
del desarrollo", al que se suman otros aspectos como la economía,
el medio ambiente, la justicia social y la democracia... El desarrollo
es un proceso global, en que no puede descartarse ningún
elemento, y por eso es necesario un enfoque interdisciplinario
e intersectorial... En la propuesta que formulé con miras
a la Cumbre de Copenhague, he tratado de insistir en ... los medios
del "ajuste social" que será necesario. Entre
otras cosas, destaqué la necesidad de 1) fomentar la capacidad
endógena de cada país, especialmente por medio de
la educación y el intercambio de conocimientos, 2) estimular
la participación de la población en la vida colectiva,
la práctica de la democracia y la adhesión a los
valores de paz, justicia y tolerancia... 3) mejorar el desarrollo
y la calidad de vida de las poblaciones rurales... y 4) intensificar
todas las medidas de protección del medio ambiente... Si
bien anhelamos establecer la equidad entre los continentes, las
regiones y las categorías dentro de una misma generación,
no por eso debemos pasar por alto la equidad entre las generaciones,
que nos responsabiliza ante los que nos sucedan en la tierra...
En lo que respecta al medio ambiente, a la justicia social o a
la evolución demográfica, el cambio de orientación
supone un trabajo de reestructuración sustancial de las
mentalidades y de los sistemas de distribución de la riqueza,
los modos de producción y las pautas de consumo, con alcance
mundial... Ese trabajo exige tiempo y esfuerzo, razón de
más para empezar sin demora... Razón de más
para que ese cambio universal se inicie aquí y ahora en
el lugar donde vivo, en mi edificio, en mi barrio, mi aldea, mi
ciudad... Nos incumbe a todos juntos la responsabilidad de reunir
el saber y encontrar la sabiduría que salve a la nave Tierra
del naufragio."
(Extractos del discurso pronunciado por el Sr. Federico Mayor,
Director General de la UNESCO, en el simposio de reflexión
internacional: "¿Qué pasó con el desarrollo?",
UNESCO, París, 18 y 19 de junio de 1994).
La Conferencia de Copenhague deberá abordar la crisis social
generalizada que, bajo formas y con intensidad diversas, afecta
prácticamente a todos los países del Tercer Mundo,
Europa oriental y la ex Unión Soviética (hoy denominados
países en transición), e incluso a los países
industriales.
En el Tercer Mundo, a los antiguos pobres, víctimas del
subdesarrollo del aparato productivo, se han sumado los nuevos
pobres, víctimas de un concepto mimético de modernidad
construida mediante la transposición de las técnicas
más modernas procedentes de los países industrializados.
Sin duda alguna, la utilización selectiva de esas técnicas
se impone. Sin embargo, la apertura indiscriminada de las economías
del Sur puede intensificar los procesos de dualización
de la economía y de la sociedad que tienen por consecuencia
el aumento de la exclusión y, a largo plazo, la amenaza
del apartheid social.
Los países en transición deben hacer frente simultáneamente
a tres problemas; necesitan estabilizar sus economías,
crear desde el principio el conjunto de las instituciones indispensables
para el funcionamiento de las economías orientadas al mercado
y, por último, reestructurar a fondo los mecanismos de
producción para aumentar su eficacia, su competitividad
en los mercados internacionales y su calidad con respecto a la
gestión del medio ambiente. En muchos sentidos, los problemas
de los países en transición se asemejan pues a los
de los países del Tercer Mundo 7.
Esta transformación impone obviamente costos sociales elevados.
Sin embargo, la elección de una estrategia inspirada en
la ilusión de que el capitalismo y el imperio soberano
de la economía del mercado podían implantarse instantáneamente,
parecería haber hecho aumentar esos costos sociales, e
incluso haberlos hecho durar más de lo necesario. Entre
otros aspectos negativos que surgen del balance de la gran transformación,
al menos por el momento, pueden mencionarse la degradación
de las relaciones sociales, el deterioro de los servicios de salud,
educación y previsión social, la aparición
de un desempleo estructural elevado y difícil de enjugar,
la vulnerabilidad de los países en transición a
las soluciones radicales tales como una apertura demasiado brusca
de sus economías, así como la permisividad con respecto
a las prácticas del capitalismo desenfrenado.
Sin duda, el elemento más sorprendente de la crisis social
es la degradación de la situación en los países
industriales, tras decenios de un progreso económico y
técnico particularmente acelerado.
Casi se podría decir que se observa un proceso de "tercermundialización".
En efecto, los instrumentos analíticos creados en el pasado
para estudiar la dualización económica y social
de los países poscoloniales y explicar los fenómenos
de exclusión social y segregación espacial vuelven
a aplicarse con mucha frecuencia en el debate actual en la mayor
parte de los países industrializados. El desempleo, la
generalización del trabajo precario y las diferentes formas
de exclusión que resultan de esos fenómenos se han
convertido en problemas endémicos. El eufemismo de una
"sociedad que avanza a dos velocidades" ya no engaña
a nadie. Marshall Wolfe (1994) distingue entre varias formas de
exclusión: la que priva de los medios de subsistencia (livelihood);
de los servicios sociales, la protección y las redes de
seguridad; de la cultura del consumo; del proceso de elecciones
políticas; de las bases de organización popular
y de solidaridad y, por último, de la capacidad para comprender
qué sucede.
Todo ocurre entonces a la inversa de lo que permitían prever
las teorías optimistas del desarrollo. En lugar de la desaparición
del sector tradicional mediante la transferencia progresiva del
excedente de esa mano de obra hacia el sector moderno, se observa
una expulsión del excedente de trabajadores del sector
moderno hacia sectores de la economía informales, no declarados
o clandestinos, cuando no a la marginación, que los condena
al ocio forzado y a la condición de asistidos, en algunos
casos, durante toda la vida.
En el momento en que más lo necesitamos, el Estado benefactor
(Welfare State), es puesto en tela de juicio, e incluso parcialmente
desmantelado so pretexto de sus costos excesivos, la lentitud
burocrática que conlleva y la supuesta eficacia de fórmulas
de recambio que prevén una mercantilización de los
servicios sociales. Es cierto que las modalidades de funcionamiento
del Estado benefactor deben cambiar, pero no hay que olvidar que
es la única contribución realmente positiva que
Europa haya aportado al mundo en el siglo XX, tras un siglo y
medio de luchas sociales y también de competencia con el
socialismo real, cuando éste tenía todavía
cierta credibilidad para una parte importante de la opinión
pública occidental.
Más que nunca, los objetivos del pleno empleo y una protección
social generalizada y adecuada representan un elemento fundamental
de la identidad europea. En lugar de defender las conquistas sociales
en su forma actual, es necesario incluir en el orden del día
una reforma a fondo del Estado benefactor, lo que no significa
retirarle su responsabilidad y confiar únicamente en los
mecanismos del mercado. Esta reforma debe tener una orientación
clara, es decir, ayudar a las sociedades a que organicen mejor
su autogestión, con asistencia del Estado, mediante múltiples
formas de asociación para la prestación de servicios
sociales entre los usuarios, la sociedad civil representada por
las asociaciones y otros elementos de la economía social
(cooperativas y mutualidades), los poderes públicos en
todas las instancias locales y nacionales y, por último,
las empresas 8.
Los tres temas del programa de la Conferencia de Copenhague están
estrechamente relacionados. Sin embargo, parece lógico
dar prioridad a la aplicación de políticas proactivas
dirigidas a luchar contra las causas profundas del problema, mediante
la inserción productiva a través del empleo o el
empleo por cuenta propia. Las políticas de asistencia que
consisten en hacerse cargo de los pobres son, sin duda, necesarias
habida cuenta de la dimensión y urgencia del problema,
pero por sí solas no ofrecen una solución durable.
Las personas excluidas que reciben asistencia seguirán
estando excluidas, mientras no se les dé un lugar en la
economía.
Del mismo modo, la integración social que exige la intervención
de numerosos factores culturales y formas de organización
social depende, en gran medida, de que se pueda garantizar al
conjunto de diversos componentes de la población las condiciones
para ganarse decentemente la vida con su trabajo, con independencia
de sus diferencias sociales, étnicas o religiosas y su
nivel de educación.
A menudo se indica que la explosión demográfica
es la causa principal del grave subempleo y desempleo de los países
del Sur. Con todo, es necesario matizar esta proposición
analizando más atentamente la relación entre población
y desarrollo. Resultará difícil convencer a las
poblaciones del Sur de la legitimidad de las políticas
de control de natalidad mientras no tengan acceso a la seguridad
alimentaria y social, las tasas de mortalidad infantil sigan siendo
elevadas y la educación sea deficiente, en especial, en
lo que respecta a las niñas. La racionalidad parcial de
estas poblaciones, limitada al círculo familiar, seguirá
en pugna con la racionalidad global. No puede llegarse a una transición
demográfica si no hay un desarrollo social basado en una
inserción productiva.
La prioridad que hay que asignar al problema del empleo y el empleo
por cuenta propia, es tanto más elevada cuanto que el ocio
forzado 9 constituye una forma de destrucción irreversible
de vidas humanas, ya que el tiempo perdido no puede almacenarse
ni recuperarse. El verdadero problema consiste en quebrar la dinámica
del desempleo y la exclusión, y sustituirla por una dinámica
del empleo (Brunhes, 1993). La magnitud del problema se desprende
de las estadísticas y las proyecciones.
La OIT ha elaborado proyecciones de la población económicamente
activa (PEA) correspondientes al periodo 1985-2025, que serán
útiles para evaluar aproximadamente el número de
empleos que deberán crearse y que harán falta para
absorber a los que ingresen en el mercado de trabajo durante el
presente decenio y los dos siguientes, sin tomar en cuenta la
necesidad de enjugar el desempleo existente (OIT, 1986).
En efecto, como indica el Cuadro 1, se estima que de 1990 al año
2000 en la población activa se observará un aumento
de 389 millones y, durante los dos primeros decenios del siglo
XXI, de 394 y 351,5 millones.
Los nuevos empleos deberían crearse, fundamentalmente,
en las regiones menos desarrolladas, a las que corresponderá
el 92,5% del crecimiento total entre 1990 y el año 2000,
el 97% entre el 2000 y el 2010, y más del 100% entre el
2010 y el 2020, dado que en este último periodo se observará
una reducción de 400 millones de personas en la población
económicamente activa de las regiones más desarrolladas.
Cuadro 1. Crecimiento de la PEA (proyecciones de la OIT, en
millones).
. 1990 2000 2010
Regiones menos 360 383 352
desarrolladas
Regiones más 29 11 -0,4
desarrolladas
Mundo 389 394 351,5
En estos datos no se incluyen los desempleados y subempleados
ya existentes, que representan un 30% de la población activa
del mundo, según las estimaciones de las Naciones Unidas.
La absorción de estas personas exigiría la creación
de numerosos empleos adicionales. Según la Comisión
Internacional para la Paz y la Alimentación, para alcanzar
el pleno empleo sería necesario crear mil millones de nuevos
empleos durante el presente decenio (1994, pág. 71).
Con arreglo a los datos de la OIT, la situación de las
regiones más desarrolladas parece a primera vista satisfactoria,
pues el índice anual de crecimiento de su PEA es apenas
de 0,49% durante el presente decenio y se estima en 0,34% para
el próximo. Por consiguiente, no debería resultar
muy difícil crear unos 3 millones de puestos de trabajo
por año, si se tiene en cuenta que, según los datos
del Banco Mundial, en esos países con ingresos elevados
la formación bruta del capital ascendía en 1991
a 3,75 billones de dólares (en relación con 1,01
billones de dólares para el resto del mundo).
Sin embargo no es así. En lugar de crear empleos, las inversiones
productivas tienden a reemplazar a los hombres por las máquinas.
En numerosos sectores industriales el crecimiento y el empleo
están en relación inversa. En la búsqueda
desenfrenada de la competitividad, los índices de crecimiento
de la productividad son superiores a los del crecimiento de la
producción. Un ejemplo particularmente instructivo es el
de España que, entre 1980 y 1992, duplicó su PIB
sin crear un solo empleo adicional. Nos encontramos en una situación
nueva desde el punto de vista estructural, resultante de la conjunción
de diversos factores. A continuación se mencionan cuatro
de estos factores.
Los hechos han defraudado las expectativas optimistas de los partidarios
de la búsqueda permanente de la innovación tecnológica
(Riboud, 1987), que prometían en el sector de servicios
modernos un crecimiento del empleo superior al número de
empleos directos suprimidos en las fábricas a causa de
la automatización. Los últimos adelantos de la burótica
se han reflejado igualmente en una sustitución de los hombres
por las máquinas en el sector terciario.
El nexo entre la producción y el empleo se está
aflojando y el crecimiento intensivo sustituye al crecimiento
extensivo. En el caso de Francia, E. Malinvaud vislumbra dentro
de un tiempo un índice de crecimiento del 3% acompañado
de un aumento del empleo del 1% anual y una disminución
del desempleo de un 0,5% por año 10.
Esta tendencia marcada de la fase actual del progreso técnico
va acompañada de una desconexión entre la economía
real y la economía financiera, que muestra un auge espectacular
al final de este siglo XX (Drucker, P., 1986). Como ya hemos dicho,
ante la perspectiva de los beneficios de la especulación,
los capitales que habrían podido invertirse en la producción
se desvían hacia el gran casino de los mercados financieros.
Esa neutralización aminora el ritmo de crecimiento de la
economía real.
Las sociedades industriales, dominadas por la ideología
del consumismo, no han aprovechado los aumentos de productividad
para proceder a una reducción drástica del tiempo
de trabajo socialmente necesario. Es cierto que al final del siglo
XIX se dedicaban al trabajo doscientas mil horas de la vida de
un francés, en tanto que actualmente se le consagran sólo
setenta mil horas (Rigaudiat, 1993). Con todo, hoy existen condiciones
objetivas para acelerar esta evolución. Numerosos pensadores,
de Kropotkine a Gorz e Illich, pasando por Bertrand Russell y
Keynes, han formulado propuestas tendentes a una revolución
del tiempo libre y una reorganización de la sociedad que
permita trabajar menos a fin de que todos trabajen, para citar
el título de una obra reciente (Aznar, 1993).
La crisis actual parece propiciar una reanudación de ese
debate, cuyos aspectos éticos y culturales no se limitan
a las modalidades técnicas para la reducción concreta
del tiempo de trabajo. La aplicación de una política
de redistribución equitativa del trabajo socialmente necesario
exige una verdadera revolución cultural y transformaciones
institucionales profundas 11. Sin embargo, es posible mejorar la
situación modificando las políticas fiscales y parafiscales
que aumentan el costo de la mano de obra, debido a las cargas
sociales; estas cargas podrían financiarse de otra manera,
por ejemplo, mediante un impuesto sobre el equipo o un impuesto
al valor agregado debidamente modulado.
La evolución reciente del pensamiento económico,
dominado por las teorías neoliberales, explica la insuficiencia
de las políticas de empleo y, más generalmente,
de las políticas públicas de desarrollo.
La decadencia y luego el desmoronamiento del socialismo real se
interpretaron como una venia para restablecer un capitalismo estricto,
cuyos resultados se miden por la progresión de los índices
de la bolsa y el volumen de beneficios, y no por la creación
de empleos. El FMI y el Banco Mundial decretaron reglas drásticas
de ajuste de los equilibrios macroeconómicos y monetarios
y de liberalización, en protección de los intereses
de los acreedores de los países endeudados. Aunque esas
instituciones no lo reconocen, sus políticas de austeridad
impusieron duros sacrificios a las clases sociales más
desasistidas 12. So pretexto de combatir los excesos del estatismo,
se utilizaron la derreglamentación, la privatización
y la austeridad presupuestaria para reducir el ámbito de
acción de los Estados y fortalecer la posición de
las grandes empresas privadas, nacionales y extranjeras. La misma
estrategia, con muy pocas diferencias, se propuso a los países
en transición hacia la economía de mercado.
Si los países industrializados, pese a los medios financieros
de que disponen, han fracasado en los intentos de reducir el desempleo,
es posible imaginar la enorme problemática que se plantea
a los países menos desarrollados. Durante el presente decenio
esos países, sólo para absorber a los recién
llegados al mercado de trabajo, deberían multiplicar por
doce el número de puestos de trabajo creados, con una formación
bruta de capital fijo que es cuatro veces inferior. La conclusión
inmediata es la imposibilidad de reproducir los modelos del Norte
en los países del Sur. Estos países tampoco pueden,
en nombre de la competitividad y la inserción en la economía
global, someterse al ritmo infernal de la "destrucción
creadora", que incluso los países más ricos
soportan con dificultad.
No obstante, es la vía que han elegido las élite
del Tercer Mundo. Se comprende así por qué, en la
obra citada, Kothari formula críticas tan vehementes y
propone que la India adopte un enfoque de desarrollo fundado en
el fortalecimiento de las capacidades de la sociedad civil (social
empowerment), la planificación descentralizada, y la
promoción del empleo, más que en el crecimiento
propiamente dicho, en el fomento de las zonas rurales y el mercado
interno, más que en una prioridad excesiva a las exportaciones.
La clave de esas propuestas es la necesidad de considerar el empleo
como una variable indispensable de las estrategias de desarrollo.
Una política elaborada de empleo, basada en datos empíricos,
aparece pues como un aspecto fundamental de las políticas
oficiales de desarrollo, que se examinarán ulteriormente 13.
Si bien reconocemos la gravedad de la situación, a nuestro
juicio hay cierto margen de maniobra en ese campo, a condición
que se reconsideren íntegramente los objetivos y modalidades
del desarrollo. Cuando Alicia, en el País de las Maravillas,
preguntó amablemente al gato cómo salir del lugar
en que estaba, el gato le respondió: "en gran parte
depende del lugar al que quieras ir".
En el citado informe de la Comisión Internacional para
la Paz y la Alimentación (1994) se estima, con razón,
que la búsqueda de nuevos paradigmas de desarrollo es una
de las principales prioridades del momento. Aunque el estatismo
de Europa oriental se haya desmoronado, tampoco hay cabida para
un capitalismo estricto. "Más que buscar el vencedor
y el vencido, es imperioso encontrar un sucesor que combine y
sintetice los valores esclarecidos de ambos sistemas" (pág.
154). La política social debe basarse en el bienestar de
todos los hombres y las economías de mercado deben comprometerse
a garantizar el derecho de todos los ciudadanos al empleo.
En el informe se reproduce la opinión del Secretario General
de las Naciones Unidas de que la problemática intelectual
más importante de los próximos años será
renovar la reflexión sobre el desarrollo. Se ha reunido
en el mundo suficiente experiencia e información para formular
una teoría integrada del desarrollo, percibido como un
proceso social y centrado en el ser humano en su globalidad y
en la humanidad en su conjunto. La Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Social de Copenhague debería ser el punto de partida de
este proceso.
La tarea no es fácil. Es preciso, por una parte, reconocer
la existencia de una crisis social generalizada que, como ya hemos
dicho, afecta con diversas modalidades e intensidad a todos los
países, incluidos los países industriales.
Una teoría de desarrollo general centrada en el ser
humano: en la reflexión sobre el desarrollo se ha observado
un cambio importante, de una concepción basada principalmente
en el crecimiento económico, hacia otra más orientada
al bienestar y el desarrollo de la población. Con todo,
el desarrollo no es únicamente la consecución de
una serie de objetivos o realizaciones materiales, sino un proceso
social que permite a los seres humanos mejorar progresivamente
sus capacidades y liberar su energía para alcanzar niveles
más elevados de éxito material, de progreso social
y cultural y de plenitud psicológica. En efecto, es necesario
una nueva teoría que subraye la función dinámica
de la información, las actitudes, las instituciones sociales
y los valores culturales en el proceso de desarrollo. De la Cumbre
sobre Desarrollo Social de las Naciones Unidas debería
surgir una nueva concertación internacional de esfuerzos
encaminados a elaborar una teoría del desarrollo individual
y social centrada en el ser humano, que conduzca a la formulación
de estrategias más eficaces para acelerar el proceso de
desarrollo".
Extracto traducido de Uncommon Opportunities: An Agenda
for Peace and Equitable Development. Informe de la Comisión
Internacional para la Paz y la Alimentación, Londres, Zed
Books, 1994, pág. 201.
Por otra parte, la tarea exige superar el economicismo, corriente
de pensamiento todavía dominante, basada en la aceptación
explícita o implícita de la teoría del goteo
(trickle down theory). Según esta reoría,
la economía es el factor de mando. Por ende, lo esencial
es velar por que los controles macroeconómicos permitan
un crecimiento razonable, y el resto será automático.
Los beneficios resultantes de este crecimiento terminarán
por distribuirse en todo el tejido social y se propagarán
hasta la propia base de la pirámide. Es cierto que el programa
de la Cumbre para la Tierra, y sobre todo, el de la Cumbre sobre
Desarrollo Social, implícitamente impugnan el "trickle
down", pero muchos gobiernos, en la práctica,
siguen basándose en esta teoría, y las corrientes
ultraneoliberales la propugnan abiertamente.
Otro aspecto de esa corriente de pensamiento consiste en sobreestimar
la importancia de la competitividad, a la que se da el
rango de una verdadera ideología, fundada en una teoría
superficial de la mundialización, de la que se presentan
sólo los aspectos positivos, como si el aumento de las
corrientes financieras, comerciales y técnicas redundara
siempre en beneficio de todos los copartícipes, incluso
los más débiles. Con frecuencia se invoca el concepto
de interdependencia para eludir un análisis del grado de
asimetría, cuando no de dominación, que caracteriza
las relaciones entre copartícipes fuertes y copartícipes
débiles. El Grupo de Lisboa, en su informe (1993), impugna
la ideología de la competitividad y muestra sus limitaciones 14.
En lo que respecta a la mundialización, se observará
en primer lugar que este proceso avanza de manera desigual en
los diferentes ámbitos. Según han demostrado los
historiadores, la unificación microbiana del mundo tuvo
lugar antes del nacimiento del mercado mundial.
Como ya se ha indicado, los mercados financieros funcionan todos
los días y a toda hora y generan una circulación
de masas de dinero totalmente desproporcionada en relación
con las necesidades de la economía real; así pues,
el afán de obtener beneficios fáciles, aunque con
algunos riesgos, acaba por neutralizar una parte importante de
recursos que habrían podido dirigirse a inversiones productivas.
Se estima en la actualidad que las operaciones realizadas en los
mercados monetarios internacionales ascienden a un billón
de dólares diarios. La atinada propuesta formulada por
James Tobin ya en 1978, de gravar las operaciones de cambio hasta
el 0,5%, permitiría obtener anualmente más de 1,5
billones de dólares que podrían destinarse a fines
internacionales. Pese a sus ventajas evidentes y a estar reiterada
en el influyente Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD (1994,
pág. 75) esa propuesta tiene pocas posibilidades de que
se la tome en cuenta seriamente en Copenhague o en otros foros.
Se han hecho asimismo importantes progresos en la mundialización
de las comunicaciones. Los mismos programas de televisión
llegan a los cuatro puntos cardinales y se observa una tendencia
a la homogenización de la cultura que plantea problemas
(véase R. Ortiz, 1994) y, lo que es más grave, allana
la vía para la "telecracia", término inventado
por el periódico Le Monde al día siguiente
del triunfo de Silvio Berlusconi en las elecciones de Italia.
El periodo de la posguerra se caracterizó por un aumento
espectacular de los intercambios comerciales y técnicos
superiores a las tasas de crecimiento económico, con la
consiguiente apertura de las economías. Una vez más
es necesario precisar que el grado de apertura fue muy diferente
de un país a otro. En particular, los países de
extensión continental pueden compensar el nivel relativamente
bajo de su comercio exterior con su comercio interno. La influencia
de los Estados Unidos en los intercambios internacionales no se
basa en un alto grado de apertura, sino en el volumen de su PIB.
Algunos ideólogos de la mundialización, como John
Naisbitt (1995), tratan de demostrar que el progreso de ese fenómeno
aporta una ventaja cada vez más significativa a las redes
de pequeños copartícipes, dotadas de una flexibilidad
que los Estados y las grandes empresas no tienen. El razonamiento
de Naisbitt es parcialmente cierto cuando indica que el Estado-nación,
en un esfuerzo de recuperación de identidad, vuelve al
concepto de "tribu". Según el autor, uno de los
aspectos paradójicos de la mundialización es que
precisamente, "cuanto más avanzamos hacia la universalidad,
más nos comportamos de forma tribal" (pág.
24). Más adelante Naisbitt subestima la función
cada vez más importante de las empresas transnacionales
en la economía mundial, cuyo poder aumenta constantemente
en tanto que se debilita la influencia de los Estados y que las
instituciones internacionales no tienen prácticamente ningún
ascendiente sobre las prácticas de esas empresas.
Con todo, su libro apunta, en definitiva, a exaltar de manera
insólita la aparición de la era del individualismo,
que marca el final de la política tal como se concibe actualmente
y, de esa manera, a minimizar e incluso descartar la responsabilidad
social del Estado, en especial en materia de empleo. "En
la actualidad, con la revolución electrónica, la
democracia representativa y las economías de escala han
perdido vigencia. Todos pueden hoy en día ejercer una democracia
directa eficaz" (pág. 47). De esto se encargarán
las redes de comunicaciones. Ahora bien, como subraya Olivier
Dollfus (1994), el sistema que produce el espacio-Mundo crea a
la vez formas de participación y de exclusión con
respecto al proceso de mundialización 15. Además,
la mundialización se basa en un proyecto que pasa por alto
la diversidad de la historia y la pluralidad de la humanidad.
Por ese motivo, genera en todas partes el efecto contrario, es
decir, un auge de los particularismos. En realidad, como demuestra
con perspicacia Bertrand Badie (1994; véase asimismo Badie
y Smouts, 1992), nos encaminamos hacia un Nuevo Desorden Mundial,
provocado por una triple ruptura: la mundialización, la
crisis del Estado-nación y el fin de la bipolaridad. Las
oposiciones actuales ya no son ideológicas, sino culturales.
El mundo actual se caracteriza por el fracaso de tres conceptos
fetiches de las relaciones internacionales modernas: la soberanía,
la territorialidad y la seguridad. En la medida en que el nacionalismo
se debilita, fomentando los esquemas microcomunitarios y las estructuras
de solidaridad macrosociales (entre otras, de tipo religioso),
el orden "inter-nacional" entra en crisis.
Otra característica del pensamiento económico dominante
es que se atribuye una validez universal, lo cual le confiere
en realidad un carácter ahistórico y atópico.
En los hechos, esto equivale a denegar un ámbito propio
a las teorías del desarrollo y a mantener contra viento
y marea que la transposición mimética de
las experiencias de los países industriales al resto del
mundo, constituye el buen camino hacia el desarrollo. Los costos
sociales exorbitantes del ajuste estructural, aplicado uniformemente
en todo el planeta, acaban de desmentir una vez más ese
supuesto, sin que se perciba un cambio en las prácticas
de las organizaciones internacionales fundadas en el "consenso
de Washington" 16.
La pluralidad de las vías de desarrollo es de más
actualidad que nunca. En las estrategias tendentes al desarrollo
se deben tener en cuenta algunas características específicas
comunes a varios países (por ejemplo, los países
grandes y ricos en recursos naturales, por oposición a
los países pequeños y con pocos recursos), que permiten
concebir determinadas tipologías heurísticas 17.
Lo mismo se aplica a las peculiaridades de cada país:
- el marco histórico y cultural, puesto que el desarrollo
debe concebirse en la dinámica de su proceso 18;
- el marco ecológico, pues la diversidad climática
y biológica, si se interpreta correctamente, ofrece un
potencial de recursos que puede ponerse al servicio del desarrollo,
sin destruir demasiado el capital de la naturaleza, ya que el
nexo entre la diversidad natural y la diversidad cultural es sumamente
estrecho; después de todo, un aspecto importante de la
cultura es que una sociedad conozca su medio natural 19;
- por último, el marco institucional, en sentido
amplio, que refleja la organización de la sociedad humana.
¿Qué puede esperarse de la teoría del desarrollo,
ante la multiplicidad de trayectorias pasadas, presentes y futuras,
como no sea un análisis comparado de las experiencias acumuladas,
positivas y negativas, que estimule la imaginación social,
pero sin imponer modelos elaborados?
A nuestro juicio, es indispensable un discurso normativo que permita
precisar un proyecto nacional movilizador, fundado en una
axiología explícita que tenga en cuenta el pasado
pero se oriente hacia el futuro. Ese proyecto tiene accesoriamente
la función sumamente importante de criterio de evaluación
de las políticas propuestas y las trayectorias seguidas.
Las nociones de racionalidad y eficacia son imprecisas si se carece
de una planificación estratégica orientada a mediano
y largo plazo. No se trata de reproducir una vez más los
errores de la planificación exhaustiva que ponen en práctica
las economías dirigidas, sino por el contrario, de iniciar
una planificación flexible, basada en el diálogo 20,
contextual y contractual, aprendiendo de los fracasos pasados.
Cabe preguntarse si, siendo que los particularismos culturales
cobran cada vez más importancia en el mundo, es posible
construir una axiología en torno a determinados principios
universales.
A nuestro juicio es posible, a la luz del debate inaugurado por
la Conferencia de Estocolmo en 1972 y que cobró nuevo impulso
en la Cumbre para la Tierra, celebrada en Río de Janeiro
en 1992. Estimamos que el desarrollo, en el verdadero sentido
del término, debe tener una finalidad social justificada
por el postulado ético de solidaridad intrageneracional
y equidad, y que se materialice en un contrato social. En un momento
en que las disparidades sociales se agravan constantemente entre
las naciones y dentro de las naciones, es necesario hacer todo
lo posible por reducirlas, y para ello es indispensable que los
privilegiados establezcan "qué consideran bastante" 21.
El desarrollo del ser humano en su integridad y de toda la humanidad
sólo podrá generalizarse a través de la
construcción de una civilización del ser en la que
se comparta de manera equilibrada el tener, según la
fórmula lapidaria de L.J. Lebret 22. La extrapolación
de las tendencias actuales marcadas sólo puede, en cambio,
acentuar la deriva hacia el apartheid social.
Por si fuera poco, el desarrollo debe ser racional desde el
punto de vista ecológico, en nombre de la solidaridad
entre las generaciones, plasmada en un "contrato natural"
(Serres, 1990).
Por último, en el plano instrumental, se impone el principio
de la eficacia económica; con todo, esta eficacia debe
medirse en relación con un parámetro macrosocial
y no únicamente a nivel de rentabilidad de la empresa.
Accesoriamente, pueden mencionarse otros dos principios: la aceptabilidad
cultural, que no significa renunciar al cambio por respeto a la
tradición, y el equilibrio territorial 23.
El desarrollo surge así como un concepto pluridimensional 24,
lo cual se refleja en la utilización abusiva de los adjetivos
que lo acompañan: económico, social, político,
cultural, sostenible o viable, por último, humano 25, etc.
Es hora de prescindir de todos estos atributos y concentrarse
en la redefinición del contenido de la palabra "desarrollo"
a partir de la jerarquización propuesta: el elemento social
como factor dominante, el elemento ecológico como una obligación
asumida y el elemento económico reducido a su función
intrumental.
Dejando de lado la semántica, un problema mucho más
grave desde el punto de vista práctico es la armonización
de objetivos que, a primera vista, pueden parecer contradictorios
y llevar así a arbitrajes dolorosos.
Así pues, el debate sobre el desarrollo y el medio ambiente
se ha centrado fundamentalmente en las situaciones características
de un juego suma cero. Durante el proceso no se han explorado
suficientemente las situaciones en que se pueda ganar por partida
doble; esas situaciones existen y habrían podido multiplicarse
si la investigación se hubiera orientado en ese sentido.
Pueden mencionarse como ejemplo los diferentes casos de reciclado,
la llamada agricultura regenerativa y, sobre todo, las estrategias
energéticas, que permiten a la vez reducir considerablemente
el consumo de energías fósiles y ahorrar recursos
financieros 26. El mismo razonamiento se aplica a otros recursos.
Por ese motivo los fundadores del Club Facteur 10 prevén
con fundamento una multiplicación por diez de la productividad
media de los recursos en las economías industriales en
los próximos 50 años, como condición indispensable
para asegurar el desarrollo sostenible a escala mundial 27.
Figura 2.
El origen 0 corresponde a una situación "normal"
de régimen estabilizado, con una tasa de crecimiento económico
moderadamente positivo y la correspondiente tasa de degradación
del medio ambiente. Lo que nos interesa son las variaciones entre
esas dos tasas.
En la Figura 2 se resume la situación general. El cuadrante
D simboliza "el infierno". Los cuadrantes A y C corresponden
a juegos suma cero. En el cuadrante A el mejoramiento de la situación
del medio ambiente genera costos económicos que se reflejan
en una desaceleración del crecimiento. El cuadrante B corresponde
al juego suma positiva en que se encuentran las hipótesis
de ganancias por partida doble. En un momento determinado, habida
cuenta de los conocimientos técnicos y de organización,
el conjunto de ganancias por partida doble puede representarse
por una curva TT'. El problema consiste en desplazar la curva
TT' hacia la derecha y en sentido ascendente.
En el programa de la Conferencia de Copenhague se ha incluido
la relación entre el factor económico y el factor
social, mientras que la figura anterior se basaba en el supuesto
tácito de que esos factores mantienen el mismo nivel. Ante
la importancia que cobra actualmente el crecimiento sin empleo
y los consiguientes fenómenos de exclusión, se presenta
en la Figura 3 la relación entre el factor económico
y el factor social. El cuadrante D, que lamentablemente corresponde
a la situación actual, es el caso en que la reducción
del crecimiento conlleva una degradación social marcada.
El cuadrante C corresponde al crecimiento acompañado de
la reducción del empleo y la consiguiente degradación
social. El cuadrante A representa las raras situaciones en que
la degradación económica no destruye el tejido microsocial,
caracterizado por una gran cohesión. Una vez más,
el cuadrante B ilustra un juego suma positiva, dentro del cual
se encuentran las hipótesis de ganancias por partida doble.
Figura 3.
Es necesario, empero, examinar las hipótesis de ganancias
por partida triple, que permitan progresar simultáneamente
en tres sectores: el económico, el social y el ecológico,
y dan como resultado un verdadero desarrollo.
Proponemos que el término "desarrollo" se reserve
a estos casos, por oposición a las diversas formas de "maldesarrollo"
o de desarrollo defectuoso. En el cuadro 2 se resume el conjunto
de los casos pertinentes.
Cuadro 2
. Factor económico Factor social Factor ecológico
1. crecimiento
desenfrenado + - -
2. crecimiento
socialmente
benigno + + -
3. crecimiento
sostenible + - +
4. desarrollo + + +
Para llegar a soluciones que permitan ganar en los tres aspectos,
se debe reflexionar nuevamente sobre el marco institucional
en que se concibe y se realiza el desarrollo. Una vez que se descartan
los dos extremos, es decir, la economía de mercado en estado
puro (una utopía liberal, en el verdadero sentido del término)
y la economía dirigida, todas las situaciones reales que
existen en el mundo pertenecen a la categoría de economías
mixtas, y se caracterizan por mercados múltiples de
trabajo, bienes y servicios, en los que operan las empresas privadas
con fines lucrativos, las empresas públicas y más
generalmente el Estado, en sus diversas instancias, de central
a local, los diferentes actores de la economía social (cooperativas,
mutualidades, asociaciones y organizaciones privadas sin fines
lucrativos) y el conjunto de la población que se dedica
parcialmente a actividades económicas fuera del mercado,
realizadas en el sector doméstico 28. Según Shigeto
Tsuru (1993), la economía mixta es el único modo
de producción que sigue vigente. Jean Saint-Geours (1992)
va más allá e indica que la condición de
"mixto" es una característica de nuestras sociedades
que supera el ámbito económico.
Obviamente, la combinación de elementos del sector público
y privado puede adoptar formas múltiples. Lo más
notable es que actualmente la búsqueda de nuevas formas
de articulación entre los protagonistas sociales ocupa
prácticamente al conjunto de los países del planeta,
a raíz del vacío dejado por el derrumbamiento del
socialismo real, la crisis del Estado benefactor y el balance
más que dudoso del desarrollo, sobre todo, del maldesarrollo
en el Sur.
El problema radica en lo que Paul Streeten (1989) denomina la
mesoeconomía, derivada entre otras cosas de que
las teorías neoliberales sobreestimaron, por una parte,
el papel de los controles macroeconómicos (que son, por
cierto, necesarios, pero no suficientes) y, por otra parte, el
de la actividad microeconómica de los empresarios. Ahora
bien, en varios lugares las cosas ocurren aun hoy a la inversa
del esquema propuesto por Schumpeter: el Estado asume la iniciativa
y los riesgos, y a continuación la privatización
a bajos precios redunda en beneficio de una clase de empresarios
que no responde en aabsoluto a ese esquema. Las preguntas fundamentales
que se plantean son las siguientes:
- ¿qué Estado es necesario, y para qué tipo
de desarrollo?
- ¿cuál es el contenido de la democracia, más
allá del simple respeto de las reglas de juego de la democracia
representativa en el plano político?
- ¿cómo crear nuevas formas de asociación entre
el Estado, la sociedad civil y los empresarios para valorizar
todo el potencial de las iniciativas locales y de las actividades
de los ciudadanos?
Examinemos cada una de estas preguntas por separado.
El debate actual sobre el Estado está mal planteado desde
el principio por varios motivos. Se parte de una oposición
entre el Estado y el mercado, siendo que todo mercado debe estar
regulado por el Estado, especialmente si se quiere que la economía
de mercado cumpla también una función social. Las
críticas del estatismo, que reprueban con razón
sus excesos y el peso de la burocracia, simplifican demasiado
el problema, al propugnar que el Estado intervenga menos, cuando
en realidad se trata de que sea más eficaz y cueste menos.
Está bien visto criticar constantemente los defectos del
Estado y pasar por alto los defectos, a veces igualmente numerosos,
del mercado, que hace caso omiso de las consecuencias a largo
plazo y el interés social. En general, se considera legítimo
propugnar la reducción de la función del Estado
empresario, sobre todo cuando el sector público está
compuesto de empresas nacionalizadas en el momento en que se encontraban
en bancarrota y el Estado, al intervenir, privilegió los
intereses particulares de algún grupo allegado al poder.
Pero quedan las funciones del Estado-promotor (developmental
State), como en el caso del Japón, Corea del Sur y
Taiwán 29 y sobre todo, las del Estado-regulador. El envite
en los próximos años será encontrar formas
verdaderamente democráticas de regular las economías
mixtas.
Esto nos lleva a la segunda pregunta.
El respeto de los derechos políticos no basta, por sí
solo, para definir una democracia en todo el sentido del término.
El ejercicio efectivo de todos los derechos políticos,
cívicos, sociales, culturales y económicos debe
extenderse al conjunto de la población, y especialmente
a los que en la actualidad están excluidos. Esos derechos
comprenden el derecho al desarrollo individual y colectivo y,
obviamente, el derecho al trabajo o al trabajo por cuenta propia,
que asegure una vida decente y digna. Como ya hemos indicado,
por ahora sólo la inserción productiva puede combatir
las causas profundas de la exclusión. Las políticas
de asistencia son, evidentemente, muy necesarias, dado el estado
de privación de los desempleados y excluidos, pero un excluido
asistido sigue siendo un excluido. Si bien no se trata de renunciar
a las políticas de redistribución del ingreso, lo
que tenemos que abordar en primer lugar es la distribución
del ingreso inscrito en el modo de producción.
Además de las medidas relativas al empleo, es imperioso
dar a las poblaciones desasistidas y marginadas los medios para
que puedan reivindicar mejor sus derechos. Este objetivo puede
alcanzarse fomentando la educación para la ciudadanía 30,
es decir:
- sensibilizar al conjunto de la población (niños,
jóvenes y adultos), y en particular a los grupos víctimas
de discriminación (mujeres, niños, en algunos casos,
minorías culturales), a sus derechos y deberes;
- enseñarles cómo proceder en caso de desconocimiento
o violación de sus derechos; ello implica enseñarles
a organizarse, a buscar apoyos eficaces, a recurrir a determinadas
fuentes de asistencia en el plano práctico y moral, y a
movilizar a la opinión pública.
Paralelamente, para asegurar que la población participe
real y cotidianamente en los procesos de decisión y de
gestión, hay que efectuar un análisis a fondo de
los contextos institucionales y las relaciones entre los actores
sociales interesados: la sociedad civil organizada (asociaciones
de ciudadanos y movimientos sociales), la economía social,
las autoridades públicas en todos sus niveles y el mundo
de la empresa. Más especialmente, es necesario examinar:
- las instituciones de mediación entre la población
y el Estado, fuera de las instituciones de la democracia representativa
("ombudsman", foros y consejos consultivos, advocacy
planning, formas de cooperación institucionalizada
entre los poderes públicos y asociaciones de ciudadanos);
- las prácticas de la democracia directa (referendos, encuestas
de opinión, utilización de medios de comunicación
interactivos);
- las políticas de promoción de grupos relegados
(y sus efectos, a veces perversos).
Desde el punto de vista retórico, el tema de la participación
se trata extensamente en el discurso sobre el desarrollo. En la
realidad, con frecuencia se imponen estrategias elaboradas en
las instancias centrales. Es preciso rehabilitar el enfoque inverso,
dando más importancia a las iniciativas procedentes de
la base, en particular cuando se trata de definir las necesidades
reales de la población y la jerarquía de las medidas
urgentes 31. Para lograr este objetivo es necesario fortalecer
la capacidad de la población para asumir una gran parte
de las decisiones que les incumben, concepto que en inglés
se conoce con el término empowerment.
Es preciso evitar dos escollos.
Por una parte, existen ambigüedades sutilmente manipuladas
en torno a ese concepto. John Friedman (1992) lo considera, con
razón, la piedra angular de la búsqueda de nuevas
estrategias de desarrollo. Sin embargo, no hay que olvidar que
el Presidente Reagan utilizaba con frecuencia la misma palabra,
para significar que el Estado debía delegar algunas de
sus responsabilidades en las colectividades locales. Una interpretación
superficial del concepto sirve de base al programa comunitario
que recomienda A. Etzioni (1993). Igualmente ambiguo es el concepto
de subsidiaridad, tan apreciado por la Comisión Europea.
Una decisión que pueda adoptarse en las instancias inferiores
no debería plantearse en las superiores. Pero ¿quién
lo decide?
Por otra parte, habida cuenta de la complejidad del mundo actual,
no puede esperarse que una simple yuxtaposición de múltiples
estrategias locales sea suficiente. La articulación de
los espacios del desarrollo del plano local al regional, al nacional
y al transnacional es un tema reservado en prioridad a la política.
Dado el desequilibrio actual en favor de las instancias centrales
y la incapacidad de éstas para concebir estrategias bien
adaptadas a los contextos locales, es menester estimular las iniciativas
de la base. Pero estas iniciativas deben recibir del exterior
la anuencia y los recursos indispensables que no pueden movilizarse
en el lugar.
En otras palabras, es preciso armonizar las políticas públicas
y las actividades de los ciudadanos. Este tema, que ocupará
un lugar importante en la Cumbre sobre Desarrollo Social, se examinó
en una conferencia organizada en diciembre de 1994 por la UNESCO,
en colaboración con el Ayuntamiento y la Universidad de
Bolonia. En esa conferencia se estudiaron varios ejemplos concretos
de articulación entre los movimientos de ciudadanos y las
políticas del Estado, en particular, el programa de lucha
contra el hambre y promoción de los ciudadanos, en el Brasil 32,
el programa "Solidaridad", en México y la función
de las organizaciones de ciudadanos en la lucha contra la exclusión,
en Polonia. En la reunión se examinaron además las
perspectivas tras la erradicación del apartheid en Sudáfrica
y las investigaciones en Europa sobre la reforma del Estado benefactor,
o incluso el establecimiento de una sociedad basada en la solidaridad
(caring society) 33, mediante la asociación de los
interesados. Hay un vasto margen para nuevas formas de asociación
entre los usuarios, las asociaciones, las colectividades locales
y las empresas, con respecto a temas como el desarrollo de los
servicios sociales, de educación y de salud, así
como de los servicios de esparcimiento para la utilización
del tiempo libre que ha podido sustraerse al trabajo.
MOST/Gestión de las transformaciones sociales:
un nuevo programa de la UNESCO
MOST (Gestión de las Transformaciones Sociales) fue creado
por la UNESCO en 1994 con miras a favorecer la investigación
comparada internacional de las transformaciones sociales y el
desarrollo. Su objetivo es contribuir al mejor conocimiento de
este proceso y, al mismo tiempo, destacar la pertinencia de las
investigaciones en ciencias sociales para la adopción de
decisiones y la formulación de políticas.
Las actividades en el marco del MOST se centran en la gestión
del cambio en las sociedades multiculturales y multiétnicas;
la ciudad, como lugar de transformación social acelerada
y la gestión de las transformaciones económicas,
tecnológicas y ambientales en el plano local. Como seguimiento
de la Cumbre sobre Desarrollo Social, se añadirá
un nuevo ámbito centrado en cuestiones vinculadas a la
lucha contra la exclusión social y las políticas
de cohesión social.
El programa está dirigido por un Consejo Intergubernamental
compuesto de 33 Estados y un Comité Científico Directivo
formado por 9 investigadores internacionales nombrados a título
individual.
Esta opción es particularmente interesante para los países
del Sur y del Este, en que el nivel general de los sueldos por
el momento es poco elevado. En efecto, como la "productividad"
de los maestros, enfermeros o asistentes sociales es aproximadamente
la misma en todos los países del mundo, en términos
absolutos, los servicios que prestan esos profesionales en esos
países son baratos en relación con los países
en que el nivel medio de los sueldos es elevado. Una pequeña
modificación en el margen de asignación de recursos
en favor de los servicios sociales, en el sentido amplio del término,
permitiría un mejoramiento sensible de la calidad de vida
en los países pobres. No hay que esperar la prosperidad
para comenzar a desarrollar los servicios sociales, sino apresurarse
a hacerlo de inmediato.
La mesa redonda final de Bolonia, dedicada a las experiencias
urbanas en Italia, puso de manifiesto la riqueza, variedad e importancia
de las experimentaciones concretas en el plano municipal. La diversidad
casi infinita de las ciudades, tan bien descrita por Italo Calvino
(1974), es, en efecto, el crisol en que se generan y precisan
las nuevas formas de ciudadanía, pues en esa esfera Italia
funciona desde hace siglos como un prodigioso laboratorio. Si
realmente se desea mantener condiciones de vida soportables en
las ciudades del siglo XXI, es necesario desarrollar plenamente
la ciudadanía urbana. Este objetivo no tendría más
consecuencias en nuestra economía, en particular en los
países industrializados, que la construcción de
las catedrales en la Edad Media. La crisis urbana exige un tratamiento
prioritario. Además, la ciudad es el marco en que se plantea
con mayor agudeza la cuestión de las relaciones interétnicas,
interculturales e interreligiosas, fuente de numerosos conflictos
y de violencia endémica, sobre todo cuando la situación
de coexistencia cultural y social se superpone a fenómenos
de exclusión social 34.
La técnica es una variable fundamental para la armonización
de las políticas sociales, económicas y ambientales.
Cabe preguntarse si es posible poner coto a la marcada tendencia
actual, de que el progreso técnico se refleje en un crecimiento
sin empleo y, en ese caso, qué papel podría desempeñar
la reorientación de la investigación científica.
Esta pregunta se formuló a los investigadores reunidos
en un coloquio internacional celebrado en Nueva Delhi, en diciembre
de 1994, y organizado por la UNESCO y el National Institute for
Science, Technology and Development Studies. Se les preguntó,
en particular, cuál era la contribución que podían
aportar la ciencia y la tecnología a los tres componentes
de una posible estrategia de desarrollo basada en la exploración
de tres yacimientos de empleos, que se describen a continuación:
Número especial de la Revista Internacional de Ciencias
Sociales, Nº 143, marzo de 1995.
Medir y evaluar el desarrollo
Este número de la Revista Internacional de Ciencias Sociales,
publicación trimestral y temática de la UNESCO que
presenta el estado de la investigación internacional en
diferentes disciplinas y ámbitos interdisciplinarios de
las ciencias sociales, se preparó con motivo de la Cumbre
sobre Desarrollo Social de Copenhague.
Algunos especialistas internacionales, como P. Streeten, I. Sachs,
D. McGranahan, R. Petrella, M. Rose, M. Cernea, S. El Serafy,
M. Popovic y P. Pinheiro responden a las siguientes preguntas:
¿Cómo medir y evaluar el desarrollo? ¿Cómo
tomar en cuenta las dimensiones sociales y culturales? ¿Qué
importancia cobra el aspecto cuantitativo y el aspecto cualitativo?
¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de los indicadores
resumidos y las baterías de indicadores desglosados? ¿Cuál
es la función de la contabilidad ecológica? Estas
cuestiones se analizan en relación con el medio ambiente,
las políticas sociales, los derechos humanos y la democratización.
1. El funcionamiento de las economías se caracteriza actualmente
por un despilfarro más o menos grave de la energía,
el agua y otros recursos naturales. Se deben aún mejorar
bastante las técnicas de reciclado de desechos y materiales.
Además, podría economizarse capital si se hiciera
un mantenimiento más metódico del equipo, las construcciones
y las infraestructuras que prolongase su vida útil. Esas
actividades, que constituyen una importante fuente de creación
de empleo, pueden autofinanciarse, al menos parcialmente, gracias
a las economías de recursos físicos y de capital
que permiten.
2. En el ámbito rural, la lucha decisiva en favor del empleo
ha de girar en torno al futuro de la explotación agrícola
de pequeña escala. Este tipo de empresa está destinada
a desaparecer con el tiempo, si se extrapolan las marcadas tendencias
actuales de aplicación de los adelantos técnicos
a la agricultura. Con todo, si esta nueva fase de la revolución
verde estuviera bien administrada, la modernización de
la agricultura podría redundar en provecho del pequeño
explotador agrícola. Cabe añadir que a los países
industrializados también les conviene utilizar mejor las
superficies agrícolas disponibles, si no quieren convertirse
en un archipiélago urbano en medio de un desierto rural.
Por otra parte, es necesario asimismo, tratar de crear empleos
rurales no agrícolas, objetivo que puede alcanzarse de
dos maneras:
- mediante la promoción de las agroindustrias de transformación
de la biomasa y la sustitución de las energías fósiles
por las bioenergías;
- mediante la reorganización de las industrias y actividades
terciarias, gracias a los progresos de las telecomunicaciones
y la importancia que ha cobrado la especialización flexible.
3. Por último, conviene mencionar el ejemplo clásico
de las obras públicas, sector en que la elección
de las técnicas no está sujeta a la competencia
internacional. Las necesidades de infraestructura son particularmente
apremiantes en los países en que la competitividad sistémica
deja mucho que desear. En la medida que esta competitividad no
mejore, se perderán en gran parte las inversiones puntuales
que se hagan para aumentar la productividad en el plano de la
empresa.
Los debates de la reunión de Delhi se centraron sobre todo
en los primeros dos aspectos. De las ponencias presentadas por
los participantes, se desprendió la importancia que la
India y China, los dos países más poblados del mundo,
asignan a la formulación de estrategias de desarrollo orientadas
francamente a crear empleos rurales, agrícolas e industriales
y, al mismo tiempo, a economizar recursos escasos como los suelos
agrícolas y el agua. En ambos casos, el objetivo era reducir
en lo posible las migraciones entre la ciudad y el campo. Un fenómeno
de hiperurbanización, semejante al de América Latina,
podría causar un desastre económico, social y ecológico.
Numerosos estudios efectuados en la India, así como las
experiencias sobre el terreno del grupo ASTRA, del Indian Institute
of Science of Bangalore, la Fundación Swaminathan, en Madrás,
y el grupo Development Alternatives, en Delhi, para citar sólo
algunos, demuestran que es posible utilizar las biotécnicas
en las granjas familiares sumamente pequeñas 35, concebir
sistemas integrados a nivel de aldea para la producción
de alimentos y energía a partir de la biomasa 36 y crear
empleos industriales en las campañas, con muy poca inversión
y una productividad razonable. Las experiencias innovadoras, todavía
poco numerosas, llevadas a cabo por Development Alternatives han
permitido la creación de empleos viables en pequeñas
empresas, en la construcción de represas y en la ordenación
de la tierra y los recursos hídricos, con una inversión
en algunos casos, de sólo 200 a 300 dólares por
empleo creado.
El programa de difusión de la ciencia y la tecnología
moderna en medio rural, aplicado en China bajo la denominación
de "Chispa", según la comunicación transmitida
por su representante, había contribuido desde el comienzo
a la creación de un centenar de millones de empleos rurales
no agrícolas. Ashok Jain, Director del NISTADS, presentó
un análisis sumamente elaborado de las perspectivas de
industrialización descentralizada en la India, teniendo
presente las experiencias de la "terza Italia" 37.
La reunión de Delhi fue importante porque mostró
la existencia de una corriente de pensamiento y de acción
opuesta a las tendencias marcadamente predominantes. Ello permite
enfocar con cierta serenidad la problemática extremadamente
compleja que se plantea a los países del Sur con alta densidad
de población. Así surge claramente de la importante
obra colectiva sobre la ciencia, la población y el desarrollo
coordinada por V. Gowariker (1992), que lleva el título
sugestivo de "la ineluctabilidad de los mil millones, si
no más". La condición del éxito es no
supeditar la investigación en los países del Sur
a las modas dominantes en los laboratorios del Norte, ni esperar
pasivamente la transferencia de técnicas elaboradas en
otras latitudes y otros contextos. Es perfectamente legítimo
fijarse el objetivo de superar a los países industriales
en algunas esferas de la investigación. Por ese motivo,
el fortalecimiento de la capacidad local en materia de ciencia,
técnica y formación de personal directivo altamente
calificado es un aspecto fundamental de las estrategias de desarrollo
basadas en la aptitud para concebirse de forma autónoma
y para poner en ejecución los proyectos nacionales.
Los autores del Informe de la Comisión Internacional para
la Paz y la Alimentación, ya mencionado, consideran viable
una estrategia que aseguraría la creación de mil
millones de nuevos empleos en los países del Sur en apenas
diez años (págs. 198 y 199). Esta propuesta generaliza
los resultados de un estudio sobre las posibilidades de obtener
el pleno empleo en la India en sólo 10 años, lo
cual permitiría al conjunto de la población del
país superar el umbral de pobreza (págs. 122 a 124).
A esos efectos sería necesario crear cien millones de nuevos
empleos, desglosados del siguiente modo: 45 millones en la agricultura,
10 millones en las agroindustrias rurales y 45 millones en zonas
rurales y urbanas, generados por el efecto multiplicador de un
mayor consumo de la población rural, ya que la agricultura
constituye al mismo tiempo una fuente de alimentos y biomasa y
una salida para los productos industriales y los servicios. Según
los autores de esta estrategia incorporada en el VIII Plan Indio,
el país podría alcanzar ese resultado espectacular
sin necesidad de recurrir a los recursos externos, como no fueran
las inversiones directas de las empresas agroindustriales. La
única condición, sin embargo, es que el país
pueda exportar sus excedentes agrícolas sin problemas de
acceso a los mercados de los países industriales. En el
informe se ataca enérgicamente el proteccionismo agrícola
de los países desarrollados y se propone una estrategia
mundial de desarrollo del Sur a través de la expansión
de sus exportaciones agrícolas o forestales. Actualmente,
el 58% de la población económicamente activa de
los países del Sur, es decir, 1.100 millones de hombres,
mujeres y niños, trabajan en la agricultura, mientras que
en los países industriales son sólo 35 millones.
Todo este razonamiento se funda en una evaluación controvertida
del potencial de la agricultura para el futuro. Según los
autores del informe, las tierras y el agua disponibles para la
agricultura podrían fácilmente duplicarse en todo
el mundo y la productividad por hectárea debería
aumentar considerablemente.
La idea central de esta propuesta, sorprendentemente optimista,
es que, pese a un prejuicio sumamente difundido, la agricultura
puede aportar una contribución fundamental al desarrollo,
por lo menos en algunos países de Asia, Africa y América
Latina, a condición de que se concentre en cultivos con
alto coeficiente de mano de obra y en una gestión cuidadosa
de las tierras, los micronutrientes y los recursos hídricos,
con ayuda de técnicas intensivas basadas en conocimientos
científicos.
Como complemento de esta estrategia, se podría explorar
la diversidad biológica y la diversidad cultural para encontrar
nuevos recursos y administrarlos de una manera socialmente útil
y racional desde el punto de vista ecológico, a fin de
aumentar la capacidad de los ecosistemas de manera duradera. Para
ello será preciso recurrir simultáneamente a los
conocimientos acumulados por las poblaciones y a los adelantos
de la ciencia moderna 38.
Nuestro análisis, resultaría incompleto si no se
menciona la necesidad de reflexionar nuevamente sobre el funcionamiento
del sistema de las Naciones Unidas y los organismos de Bretton
Woods 39 a los efectos de crear condiciones internacionales más
favorables al desarrollo, recordando entre otras cosas que, en
aras de la equidad, las reglas del juego en las relaciones internacionales
deberán favorecer en alguna medida a los asociados más
débiles. Ese principio se respetó al crearse la
UNCTAD, y cabe preguntarse si lo mismo ocurrirá con la
futura Organización Mundial del Comercio.
¿Cómo hacer para que los movimientos sociales y las
asociaciones de ciudadanos desempeñen un papel más
activo en el funcionamiento de las grandes organizaciones internacionales,
y no queden relegados al lugar secundario que ocupan actualmente?
Con miras a la Conferencia de Copenhague, merecen destacarse dos
aspectos de esta cuestión. Por una parte, el sector asociativo
podría ocuparse de prepar informes de los ciudadanos sobre
la condición social del mundo, a semejanza de lo que se
hizo en la India sobre el medio ambiente. Por otra parte, se impone
reflexionar sobre la creación de una instancia de recurso
con autoridad moral indiscutible y que no represente a los gobiernos.
La función de esta instancia, a la cual podrían
apelar las organizaciones de ciudadanos, sería sobre todo
alertar a la opinión pública sobre las violaciones
del conjunto de derechos políticos, cívicos, sociales,
culturales y económicos y, de esta manera, influir en el
funcionamiento de las instancias gubernamentales e intergubernamentales.
El desarrollo, ¿para quién?
El título del número de El Correo de la UNESCO de
marzo de 1995, publicado en vísperas de la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Social de Copenhague, enuncia el problema. Es
un grito de alerta. La exclusión afecta a todas las sociedades,
ricas como pobres. ¿Qué se puede hacer? "No basta
con ayudar materialmente a los pobres", subraya, en un documento
inédito, la Sra. Aung San Suu Kyi, la gran demócrata
birmana, Premio Nobel de la Paz; "hay que darles poder suficiente
para que puedan modificar la visión que tienen de sí
mismos". Los autores que contribuyen en este número
proponen un nuevo análisis de la crisis económica,
política y social, que ha resultado del actual modelo de
desarrollo. Al mismo tiempo que una nueva lectura, proponen pues
nuevos medios de lucha. Todos convergen hacia la necesidad de
que los despojados vuelvan a apropiarse democráticamente
de sus poderes. Para eliminar la pobreza, forma radical de despojo;
para dar al crecimiento económico el lugar que le corresponde;
para restituir a la sociedad civil la formidable fuerza de iniciativa
que la caracteriza. Es un documento fundamental en el debate sobre
el desarrollo social.
El Correo de la UNESCO, marzo de 1995.
Por su cometido, su historia y su potencial, la UNESCO está
llamada a desempeñar un papel protagónico en la
coordinación de la investigación y la aplicación
de los nuevos paradigmas y políticas del desarrollo. El
Programa MOST, creado en 1994 en la Organización, representa
una iniciativa favorable a la consecución de ese objetivo.
Ya se está trabajando activamente en algunos de los temas
que hemos examinado, en particular en los ámbitos de la
educación y la cultura, en el marco de las dos comisiones
internacionales creadas por la UNESCO 40. Es necesario crear otras,
en colaboración con otras organizaciones internacionales,
las instancias gubernamentales y los círculos de investigadores.
La tarea más inmediata será preparar un informe
detallado del cumplimiento de las recomendaciones de la Cumbre
sobre Desarrollo Social, en estrecha coordinación con las
organizaciones de ciudadanos, y elaborar, con una perspectiva
de varios años, un programa de actividades adaptado a las
prioridades que se establezcan en Copenhague.
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Notas
1 Las principales fechas que deben recordarse son:
- 1947 - independencia de la India,
- 1949 - la victoria de la Revolución china,
- 1955 - la Conferencia de solidaridad de los países de
Asia y Africa en Bandoeng,
- 1960 - la descolonización de Africa.
2 Los adelantos logrados en los medios audiovisuales monopolizan
casi exclusivamente la atención, al punto de que casi no
nos percatamos de la "segunda revolución de Gutenberg",
a la que estamos asistiendo y que crea posibilidades extraordinarias
para la producción de libros escolares y manuales. Nos
referimos a la disminución bastante considerable de los
costos de producción de obras que se publican en grandes
tiradas. A las colecciones italianas de libros de 100 páginas
por 1.000 liras, sucedieron las colecciones inglesas y francesas
de grandes clásicos, de varios cientos de páginas,
que se venden a 1 libra esterlina y a 10 francos, respectivamente.
3 Según Naisbitt (1995, págs. 132-133) el sector
del turismo y los viajes emplea en el mundo a unos 204 millones
de personas y contribuye con un 10,2% al PNB mundial. Cerca del
11% de los gastos de los consumidores corresponden a este concepto.
Con una perspectiva optimista, Naisbitt estima en 144 millones
los nuevos empleos que se han de crear en esos sectores hasta
el año 2000. Casi la mitad corrresponde a la región
Asia y el Pacífico.
4 Véase también del mismo autor Le destin technologique
(1992), y el ensayo de Giorgio Ruffolo (1988).
5 Rajni Kothari (1993) denuncia enérgicamente esta situación.
Por su parte, Jacques Delors indica: "Vivimos, desgraciadamente,
en una sociedad que se conmueve ante las injusticias, que de vez
en cuando participa en una 'jornada de beneficencia' por televisión,
dona dinero y, el resto del tiempo, se queda con la conciencia
tranquila. Aunque sea pavoroso comprobarlo, esta pauta es cada
vez más frecuente". Entrevista en el periódico
Le Monde, 15 de noviembre de 1994. Véase asimismo
Marshall Wolfe (1994, pág. 1); a su juicio, la palabra
"excluido" denota el carácter prescindible de
esas personas, por oposición a su incorporación
en la economía, en condiciones de explotación y
privadas de todo tipo de poder. En una obra fundamental dedicada
a la desintegración de la sociedad y las metamorfosis de
la cuestión social, publicada recientemente, Robert Castel
(1995, pág. 22) prefiere referirse a la "invalidación
social".
6 A este respecto, véase el informe del Secretario General
de las Naciones Unidas titulado "Desarrollo y cooperación
económica internacional - un programa de desarrollo",
documento A/48/935 del 6 de mayo de 1994, así como la Nota
de orientación presentada por el Director General de la
UNESCO con miras a la preparación de la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Social, UNESCO, 29 de julio de 1994.
7 The Economist, en un análisis de la economía
mundial publicado en su edición del 1º de octubre
de 1994, reagrupa las economías del Tercer Mundo, los países
de Europa oriental y la ex Unión Soviética bajo
la denominación "países en desarrollo",
por oposición a los "países industriales ricos".
8 Véase Laura Balbo (1994), "From Welfare State to
Caring Society", contribución preparada para el coloquio
internacional "Políticas públicas, acciones
populares y desarrollo social" organizado por la UNESCO,
la Universidad y la ciudad de Bolonia, Bolonia, 2 y 3 de diciembre
de 1994.
9 El ocio forzado es la noción totalmente opuesta a la
de la revolución del tiempo libre obtenido gracias al progreso
de la productividad, en la medida en que la última implica
una reducción del tiempo de trabajo heterónomo de
las personas que ya están socializadas por medio del trabajo.
Ivan Illich (1977) y André Gorz (1988) han demostrado ampliamente
que ese tiempo libre obtenido podía utilizarse en actividades
autónomas, económicas y no económicas, que
contribuyen al enriquecimiento cultural y la realización
personal. Con todo, el título intencionalmente provocador
de la obra de Illic -Le chômage créateur (El
desempleo, fuente de creación)- suscita confusión.
Véase un análisis de la revolución del tiempo
libre en Echanges & Projets (1980), Sachs (1984) y Aznar (1993).
10 Entrevista en el periódico Le Monde, 16 de noviembre
de 1993.
11 Tampoco cabe esperar que la sustitución del régimen
asalariado por formas de participación de los obreros en
los beneficios (sharing economy), principio postulado por
J. Meade (1986) o M.L. Weitzman (1985), produzca un importante
aumento del empleo. En este sentido, véase R. Brunetta
(1994).
12 Como afirmar con prudencia Anizur Rahman Khan (1993, pág.
67) es difícil demostrar de forma convincente que los programas
de ajustes hayan logrado proteger los intereses de los pobres.
13 Véanse más detalles en I. Sachs (1994).
14 Léase asimismo Ricardo Petrella (1994). En total oposición
a R. Reich (1992), Paul Krugmann (1994) es uno de los economistas
norteamericanos que ha percibido más claramente el peligro
de exagerar la importancia de la competencia en la obtención
de los mercados exteriores, en menoscabo de la cuestión
fundamental del desarrollo del mercado interno.
15 Según Dollfus, "con la economía y el mercado
mundial aparece una nueva forma de exclusión, la exclusión
de los "inútiles", que no pueden o no quieren
"vender" sus aptitudes o su fuerza de trabajo y que,
debido a su pobreza, no tienen un poder adquisitivo bastante interesante
para el mercado. Los "inútiles" pueden encontrarse
en regiones enteras del mundo o incluso dentro de sociedades consideradas
"prósperas" (pág. 9).
16 Véase un análisis de las características
más destacadas de las políticas fundadas en los
principios del consenso de Washington, aplicadas al caso de la
India, en: Deepak Nayyar (1993) y Lance Taylor (1994). Véase
además Christian Comeliau (1994).
17 Estas tipologías deben utilizarse como un punto de
referencia para estudiar casos históricos concretos, y
no como un conjunto de compartimentos en los que se encierre a
uno u otro país.
18 Los historiadores y especialistas en desarrollo coinciden
en muchos aspectos, pero los primeros interpretan un pasado ya
ocurrido, mientras que los segundos pretenden influir en la historia
futura. La interdisciplinaridad y los análisis comparados
de los historiadores generan enseñanzas muy útiles
para los especialistas en desarrollo.
19 La palabra inglesa "resourcefulness" (ingenio para
transformar en recursos) es un concepto clave del ecodesarrollo.
20 El economista polaco J. Hausner (1994) utiliza la noción
de "estrategia negociada" entre los protagonistas sociales.
La experiencia de la planificación en Francia se orienta
en el mismo sentido.
21 Esta pregunta, que podría haber sido de Gandhi, se
aplica sin embargo en primer lugar a las sociedades industriales
y se encuentra, en una forma un poco diferente, en algunos representantes
del pensamiento católico; véanse, entre otras cosas,
las encíclicas de Juan Pablo II (1994). La cuestión
ha suscitado asimismo un intenso debate en Suecia (véase
Que faire?, 1975).
22 Véase una selección de sus escritos en Economie
et Humanisme (1986).
23 Véanse más detalles en Sachs, I., (1993).
24 La obra de Henri Bartoli (1991) sobre la economía multidimensional,
comienza con la siguiente cita de Pascal: "El hombre necesita
de un lugar que lo contenga, el tiempo para durar, el movimiento
para vivir, elementos que lo compongan, calor y alimentos para
nutrirse, el aire para respirar; ve la luz, siente los cuerpos,
es decir, todo está incorporado en su alianza... Puesto
que todas las cosas son causadas y causantes, ayudadas y ayudantes,
mediatas e inmediatas, y todas se sostienen por un vínculo
natural e insensible que une a los más distantes y diferentes,
considero que es imposible conocer las partes sin conocer el todo,
y conocer el todo sin conocer cada una de las partes".
25 Cabe deplorar que en español no exista una palabra
equivalente a la palabra inglesa "humane" y que el PNUD
haya utilizado "human" en lugar de "humane".
26 A este respecto véase, entre otras, la obra innovadora
de Goldembert et. al. (1988) y los trabajos de Benjamin
Dessus (1995), resumidos en su tesis.
27 Véanse más detalles, en particular sobre las
prescripciones de políticas que deben seguirse, en la Declaración
de Carnoules, reproducida en Development Alternatives Newsletter,
Vol. 4 Nº 12 de diciembre de 1994 (Nueva Delhi).
28 Es preciso no confundir la economía fuera del mercado
con la "economía informal", que constituye un
aspecto de la economía de mercado.
29 En este sentido, véanse las obras de Chalmer Johnson
(1982), Christian Sautter (1987) y Robert Wade (1990), así
como los artículos ya citados de Deepak Nayyar y Lance
Taylor y la disertación de Robert Delorme (1995) sobre
el enfoque de los partidarios de la economía evolucionista.
30 En las estrategias de desarrollo, la búsqueda de nuevas
fórmulas de educación para la ciudadanía,
y el aprendizaje de las funciones sociales desde la escuela primaria
se añaden a las numerosas funciones "clásicas"
de la enseñanza y la capacitación. Véase
el documento preparado por el Director General de la UNESCO con
miras a la Cumbre de Copenhague, citado anteriormente (nota 6).
31 Ello remite al debate sobre las "necesidades fundamentales",
en su versión moderada, cuando son enunciadas por las autoridades,
y en su versión acentuada, cuando están jerarquizadas
por los interesados. En ese sentido, véase Wisner, B. (1988)
y la contribución fundamental de A.K. Sen (1986, 1987,
1992) a la teoría de la satisfacción de las necesidades,
en que se muestra las múltiples formas que pueden presentarse
(entitlements).
32 Una de las primeras medidas del nuevo Presidente del Brasil,
Fernando Henrique Cardoso, fue establecer un ambicioso programa
titulado "Comunidad solidaria", fundado en el principio
de la asociación entre el Estado y los movimiento de ciudadanos.
33 A este respecto, véase el estudio presentado en Bolonia
por Laura Balbo (nota 8), la obra reciente de Pierre Rosanvallon
(en 1995) y, en cuanto a los antecedentes de esos debates, el
estudio preparado por la Secretaría de Estudios del Futuro
en Suecia (Lägergren, M. y al. 1984). En un conjunto de informes
organizados por Civicus, la Alianza Mundial para la Participación
de los Ciudadanos, se aborda el desarrollo del "tercer sector"
en el mundo; en el caso de América Latina, véase
Rubén César Fernández, 1994, y en el caso
de Europa oriental, E. Les (1994).
34 En el marco del programa sobre la "Gestión de las
transformaciones sociales" (MOST) de la UNESCO, las actividades
de investigación y propuestas de nuevas políticas
se centran precisamente en estas cuestiones (véase el recuadro
sobre MOST).
35 Véanse las perspectivas y riesgos que presenta el auge
de las biotécnicas en los países del Sur, en particular,
en Biotechnology Revolution in the Third World (1988), Ahmed (1992)
y Sasson (1993).
36 Véase, en este sentido, Moulik (1988) y Sachs y Silk
(1990).
37 Véase un análisis de los factores determinantes
del éxito de la experiencia italiana de industrialización
moderna descentralizada, que contribuyó a la riqueza de
la región noreste de Italia, entre otras cosas, en Bagnasco
(1988), Pyke, Beccatini, Sengenberger (1990). Trigilia (1992)
examina los motivos del fracaso de la transposición mimética
de este modelo en Italia meridional.
38 Este es el objetivo perseguido en el marco del Programa
de Cooperación Sur-Sur con miras a un desarrollo socioeconómico
inocuo para el medio ambiente en las zonas tropicales húmedas.
Véase Perspectives Sud-Sud, Nº 1, octubre de
1994, boletín de información publicado por la UNESCO.
39 A ese respecto, véase, en particular, Holland (1994).
40 La Comisión Internacional de la Educación para
el Siglo XXI, presidida por Jacques Delors, y la Comisión
Mundial de Cultura y Desarrollo, creada bajo la presidencia de
Javier Pérez de Cuéllar.
Nota sobre el autor
El profesor Ignacy Sachs enseña desde 1968 en la Ecole
des Hautes Etudes en Sciences Sociales, de París, donde
está encargado de los cursos de doctorado en el sector
de "Investigaciones comparadas sobre el desarrollo"
y dirige el Centre de Recherches sur le Brésil Contemporain.
Ha sido consejero especial del Secretario General de la Cumbre
para la Tierra, en 1992, y ha colaborado con la UNESCO en la preparación
de la Cumbre sobre Desarrollo Social. Su obra más reciente,
Ecodéveloppement - stratégies de transition vers
le XXIème siècle se ha publicado en francés,
inglés, portugués, italiano, polaco y japonés.
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