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  Gestión de las Transformaciones Sociales - MOST

Documentos de debate - No. 29

Los historiadores y la producción de fronteras
El caso de la provincia de Misiones (Argentina) (*)

por
Héctor Eduardo Jaquet

Índice :

Presentación

¿Por qué los historiadores y las fronteras?

Historiadores, identidad y fronteras

La historiografía misionera y la elaboración de las fronteras

BIBLIOGRAFIA
NOTAS


Presentación

El Mercosur, más allá de su formulación y naturaleza eminentemente económica, posee una dimensión sociocultural que posibilita a los cientistas sociales reflexionar sobre nuevas y viejas problemáticas de investigación a partir del llamado proceso de "Integración Regional".

Los cada vez más frecuentes encuentros científicos a los que concurren intelectuales de varias disciplinas de los países integrantes del Mercosur, expresan la necesidad de la formulación de nuevos criterios de producción académica y de circulación de información.

Por otra parte, en los últimos tiempos, las pretensiones prematuramente reduccionistas que abogaban por la adhesión o el rechazo, por la integración "de hecho" o el oportunismo, empiezan a ser cuestionadas por los resultados, en muchos casos aún preliminares, de una serie de investigaciones empíricas que se estan realizando en diversas áreas y desde múltiples enfoques (Abínzano:1995; Vidal:1997; Grimson: 1998). Estas revelan, más bien, la complejidad de un proceso asumido como de "integración" en el que interviene una multiplicidad de factores, tanto del pasado como del presente, señalando, también, la necesidad de abordar problemas, zonas y agentes sociales específicos para comprobar la manera en que estaría operando realmente el Mercosur y en qué dirección influiría en las prácticas culturales de los actores sociales involucrados (Grimson:1998). Por otra parte estos estudios ponen en cuestión términos y conceptos asociados al Mercosur que se utilizan tanto en la jerga política como en los ámbitos académicos.

En este sentido, las áreas de fronteras inter-nacionales se presentan como uno de los espacios más privilgiados para estudiar procesos de cambio en los que entran en juego o se debaten valores, adscripciones y representaciones nacionales, locales y regionales vinculadas con los sentidos que los propios actores otorgan a la frontera. Mientras todo lleva a suponer que en el terreno socio-cultural las fronteras no se comportan con la lógica de los tratados económicos que proclaman lisa y llanamente su eliminación, son muchas las evidencias que demuestran que en el plano económico las cosas tampoco parecen ser tan sencillas o lineales como para reducir la cuestión en discursos de este tipo.

Creemos que en el marco de esta complejidad, un camino para ir comprendiendo la dinámica de estos procesos puede ser describir el modo en que diversos sujetos sociales son interpelados por los factores de cambio en el contexto de sus prácticas habituales y en los distintos planos en que estas se inscriben. A nosotros nos interesa específicamente estudiar el impacto de las supuestas políticas de integración en el re-diseño de las estrategias de producción intelectual instrumentadas por un sector concreto de un campo cultural localizado en un área de frontera: los historiadores de la Provincia de Misiones-Argentina.

Si bien nuestro interés general de investigación está centrado en el estudio de los historiadores y en los procesos de construcción de la historia en Misiones, en este caso particular nos interesa abordar los discursos historiográficos en los que las fronteras tienen un doble papel para la producción de la historia: como eje estructurante de un tipo especial de relatos históricos y como condicionante de la constitución de un campo intelectual en y desde el cual los historiadores misioneros imaginan el territorio en que viven a la vez que se piensan a sí mismos como intelectuales.


¿Por qué los historiadores y las fronteras?

Misiones, provincia argentina ubicada histórica y geográficamente entre Paraguay y Brasil, tiene la mayor parte de su territorio lindando con fronteras internacionales. Esta situación hace que las fronteras pasen a formar parte del proceso constitutivo de los esquemas de clasificación y representación de la realidad social, transformándose así en una categoría identitaria que permea, como hemos dicho, no sólo el contenido de la producción histórica sino también el modo en que los historiadores de Misiones construyen su espacio como intelectuales. Pero el valor de la frontera como delineador de representaciones y esquemas perceptivos, no es un patrimonio exclusivo de los historiadores, sino que es compartido por otros agentes sociales que viven en ella y ayudan permanentemente a construirla.

Así como es posible presumir que en las áreas de fronteras entre estados nacionales modernos se producen diversas realidades culturales fundadas en la interacción cotidiana a partir de la relación "nosotros" y los "otros", la historia que gestan y construyen los historiadores "de las fronteras" representa también un modo especial de entender la nación, de afirmar lo local y de percibir lo extranjero. En este marco, los historiadores "misioneros" elaboran categorías identitarias que ubican en determinados lugares a sus vecinos más próximos "paraguayos" y "brasileños", quienes se constituyen en los principales interlocutores para definir "su" lugar en el ámbito nacional y regional. Los imaginarios en torno a estos vecinos, no sólo son producto del discurso histórico sino también dependen del propio posicionamiento social de los historiadores al asumirse con una doble identidad: como intelectuales "misioneros" (privilegiando su pertenencia localista) y "argentinos" (reconociéndose parte de una entidad histórica e imaginada mayor). Un campo académico historiográfico localizado en un área de fronteras, permite precisamente que esas categorías de pertenencia traspasen todo el proceso de producción de la historia en Misiones. Según los contextos políticos en los que la historia es interpelada y según los esfuerzos de los historiadores para ocupar un sitio dentro del campo académico nacional, se producen procesos de inclusión y exclusión con la intención de especificar, por un lado, una historia "nacional" de Misiones y, por otro, a los historiadores locales como "argentinos" en el marco de componentes de naturaleza diversa que circulan en la frontera. Esto obliga a los historiadores a estar en permanente negociación y/o conflicto para especificarse a sí mismos, mediante un proceso de fronterización de la propia frontera que implicaría la construcción permanente de otredades.

En la negociación, los historiadores articulan los componentes nacionales, locales y regionales, y en el conflicto, definen fronteras "duras" (transformando a los vecinos en "enemigos" y "usurpadores") o un tanto más "flexibles" (sosteniendo un discurso favorecedor de la "hermandad" entre los pueblos vecinos). Ambas resoluciones no son ajenas a los procesos aún no agotados de articulación entre la provincia de Misiones y la nación Argentina (1).

En el campo historiográfico misionero se elaboran y debaten, como parte de su formulación discursiva, las categorías (y los diversos sentidos asignados a ellas) de "territorio", "enemigos", "extranjeros" "hermanos", "provincia", "vecinos", "fronteras" que están hoy en permanente resignificación política y cultural. Por otra parte, además de discursos, el campo historiográfico ha instituido prácticas y rituales de convalidación que se reproducen en distintos ámbitos (educación, medios de comunicación , políticas culturales etc,) convirtiéndose en espacios donde se escenifican y transforman, a la vez, las expresiones identitarias que establecen un puente entre las prácticas del pasado y los reposicionamientos que exigiría el presente de cambios.

Actualmente, la historia es interpelada desde diferentes sectores (políticos, funcionarios, planificadores, dirigentes gremiales, empresarios, personal de las fuerzas de seguridad, educadores, periodistas etc.) a la hora de definir posiciones y asumir lealtades en el contexto discursivo de la "Integración Regional". Hemos comprobado que los historiadores también sienten la necesidad de reelaborar discursos y prácticas para reposicionarse ellos mismos en el medio social.

En estos discursos y prácticas se reivindica, por lo general, una identidad y un sentimiento de pertenencia local que nosotros denominamos misioneridad para calificar el sentido de las prácticas de los actores que estudiamos pero que no aparece en el vocabulario de estos como "nativos". Esta categoría que no es estática, sino que puede tornar hacia sentidos nacionalistas cuando se recuerdan sucesos que colocan fronteras "duras" ( se considera a los vecinos como "enemigos" e "invasores"), o bien hacia propuestas integracionistas (mediante la apelación a la hermandad con países vecinos y al llamado a una integración histórica de los pueblos que iría más allá de la decisión de los gobiernos). En este último caso, al parecer, las fronteras nacionales se diluirían. Sin embargo, la situación no se presenta en términos tan dicotómicos, sino que se perciben muchas tensiones y contradicciones que muestran, precisamente, una serie de transformaciones propias de un momento de cambios.

Estos son los términos que estructuran la problemática general de nuestra investigación. En ella se pretende llevar a cabo un enfoque histórico-antropológico que busca la articulación de diferentes fuentes y técnicas para la obtención de información: textos de historia (libros, artículos, boletines); documentación de archivo de las instituciones productoras de historia y entrevistas a los historiadores. Además se estudian los encuentros académicos (Congresos, Jormadas, reuniones institucionales etc..) y las prácticas rituales donde tienen activa participación los historiadores (actos de conmemoración de fechas significativas para la historia local y nacional: homenaje a próceres y recuerdo de sucesos o personajes) (2).

Por ahora queremos señalar algunas líneas de nuestra perspectiva teórica con las que pensamos nuestra investigación, describir el modo en que estas se articulan con casos concretos de la producción historiográfica que estudiamos e inscribir nuestro análisis en una plataforma diacrónica que permita entender algunas caracterísitcas que adquieren los procesos actuales de producción histórica en la Provincia de Misiones.


Historiadores, identidad y fronteras

Numerosos autores del campo socioantropológico han advertido que la identidad es un aspecto "crucial" de la reproducción cultural como productora de "subjetividades humanas" y que, a su vez, es un aspecto crucial en la constitución y reafirmación de las relaciones sociales como productora de sentidos más amplios de "colectividad" y "comunidad"(Gorosito:1994). El repertorio de significaciones posibles en el marco de estos "aspectos cruciales" que se presentan a los individuos o grupos, es múltiple y variado. Es por ello que, en el plano de las interacciones humanas, la identidad, en tanto producto cultural dinámico y transformable, es fundamentalmente una construcción relacional. En este mismo nivel de las interacciones sociales, la cultura, entendida como el conjunto de "construcciones colectivas de códigos y sistemas de imágenes sociales que permean las actividades económicas, sociales y políticas", entra en el plano del intercambio y de las negociaciones humanas"(Jelin: 1996).

Así, las fronteras como puntos de referencia para las personas, aunque puedan concebirse de diversas maneras en contextos particulares, son básicamente construcciones culturales y no productos de la naturaleza. Por lo tanto, forman parte de los imaginarios colectivos y constituyen categorías de construcción identitaria que se especifican y cobran sentido en el plano de las negociaciones socioculturales. Las fronteras se marcan porque "las distintas comunidades interaccionan de diversas maneras con otras entidades de las que son, o desean ser, distintas. La conciencia de una comunidad incluye la percepción de cuáles son sus ‘fronteras’. Estos límites pueden o no estar marcados sobre el terreno o en los mapas¨, pero siempre lo estan ‘en las mentes’. La frontera nos separa a ‘nosotros’ de ‘ellos’ y al definir al ‘otro’ definimos simultáneamente el ‘nosotros´ (Kavanagh:1994).

Recientemente, estudiando el caso europeo y, en especial, los acontecimientos de la exYugoslavia, un autor ha señalado la estrecha vinculación que existe en el mundo contemporáneo entre el concepto de frontera y los de "nación", "comunidad", "estado" e "identidad". Concluye que las fronteras sociales, políticas y administrativas pueden ser manipuladas por los hombres y mujeres que viven en las zonas de fronteras y afirma, también, que "suele ser en la frontera donde la noción de identidad queda más claramente delineada y resulta esencial entender la cosmovisión local en sus propios términos" (Douglass: 1995).

Nosotros nos ocupamos de ciertos agentes específicos que viven en un escenario de fronteras localizado: los historiadores del campo historiográfico misionero. Como agentes intelectuales no sólo comparten, desde su experiencia social, el conjunto de representaciones colectivas que caracteriza la "cosmovisión" fronteriza, sino que ellos mismos contribuyen a delinear dichas representaciones por la posición que ocupan y el rol que ejercen en el espacio social. En relación con la idea de la "manipulación" de las fronteras como una actitud propia de las personas que interactúan en ellas, debemos destacar que, en el caso de los historiadores que estudiamos, esta "manipulación" debe entenderse en el marco de la mediación social que estos ejercen como intelectuales en los procesos de invención cultural de discursos identitarios.

La posición y el rol de los intelectuales en la sociedad ha sido conceptualizada por numerosos autores. Karl Manheim, por ejemplo, definía a los intelectuales como grupos sociales cuya tarea específica es promover para la sociedad una interpretación del mundo. Más recientemente Pierre Bourdieu y Michel Foucault agregan que el intelectual es aquel sector que reivindica un monopolio sobre el saber, la competencia, la verdad, esto es, que aboga por la posesión de un tipo específico de capital que Bourdieu llama "simbólico" o "cultural" y por mantener un sitio privilegiado en la capacidad de formar y transmitir discursos, constituir los medios a través de los cuales la sociedad es pensada por sus miembros y de formar subjetividades humanas (Verdery: 1991; Guber: 1996). Los intelectuales están, por lo tanto, en esa posición de mediadores entre el estado y la sociedad al recrear, debatir o especificar las interpretaciones que hacen posible, u obstaculizan la integración social.

Dado que las fronteras del campo historiográfico misionero se presentan bastante láviles entre el "amateurismo"y el "profesionalismo", entre el folklore y la ciencia, entre el periodismo y la promoción artístico-literaria, nos inclinamos a considerar a los historiadores misioneros como intelectuales en el sentido genérico de "productores de cultura" (Verdery, 1991), esto es, como activos protagonistas y delineadores de procesos de construcción de discursos identitarios y de manifestaciones significativas tendientes a la validación de estos discursos en la sociedad (Guber:1996).

A través de una intensa actividad intelectual estos historiadores modelan una matriz (3) discursiva historiográfica cuyo núcleo convocante es la edificación de la provincia. Esta matriz, aún con elementos heterogéneos y en constante reelaboración, representa siempre la búsqueda de la identidad política, territorial y cultural de la Provincia de Misiones.

La matriz historiográfica contribuye a la gestación del provincialismo misionero, entendido como una variante de etno-regionalismo, y nos ayuda a comprender la compleja trama de elementos que estructuran relatos identitarios alternos a los construidos desde el país "central" (4) y desde instancias "supranacionales" (5). La versión de los historiadores misioneros de estos relatos nos informan acerca de los modos específicos de integración y diferenciación, particularización y homogeneización respecto de la nación (entendida, a veces, como dimensión particular) y del extranjero (incluyendo, en ocasiones, múltiples sentidos y formas de lo global). De esta manera, lo local o misionero para superar la tensión, se incluiría en una instancia intermedia, conceptualizada como regional (6).

A través de las modalidades que adquieren estas articulaciones emerge el contenido argumentativo del relato identitario que especifica la provincia de Misiones. La idea de frontera es una categoría que subyace con valor decisivo en el marco de esas representaciones identitarias.

En el estudio del proceso de elaboración de este relato en contextos sociales y políticos específicos, es imposible separar la producción histórica del propio proceso de construcción y legitimación de los historiadores. Estos hacen de la elaboración de la historia un aspecto de sus propias sociodiceas, es decir, una forma de constituir sus propias identidades como intelectuales produciendo una imagen del mundo social (de la provincia) apoyados en el uso de la historia y un lugar para ellos en ese mundo (7). La construcción de estos intelectuales se realiza a través de un eje dicotómico de oposición y complementación entre lo que, en diferentes instancias, se concibe como global y como local (8).

Si bien hemos dejado claro la estrecha vinculación cultural entre identidad y frontera para la producción histórica, debemos señalar otro sentido que le otorgamos al término "frontera". La consideramos también como un artificio analítico que nos permite indagar el campo historiográfico percibiendo otros aspectos de su dinámica. No sería desatinado pensar que existe, en el esfuerzo de especificar una Provincia Misionera Argentina, una permanente actitud o tendencia a fronterizar: recortar la provincia como constructo identitario implica, por un lado, dibujar fronteras conceptuales que incorporen, distorsionen o rechacen elementos en la interpretación del pasado. Por otro lado, implica dibujar en el espacio social un lugar determinado para los historiadores como intelectuales o productores de cultura marcando fronteras en las relaciones político-académicas. "Hacer" la provincia desde la historia implica construir "ese" lugar en el que puedan caber los historiadores. En el plano de las relaciones, es posible "rechazarse", "ignorarse", "enfrentarse", "aliarse", "criticarse", según contextos e interlocutores en un amplio espacio dispuesto para la negociación. Existe un proceso constante de especificación y diferenciación y, en esa dinámica, hay más de una frontera.

Los historiadores misioneros, así como son proclives a la negociación y permeables a los elementos heterogéneos en la construcción de discursos identitarios, también pueden ser los más activos sostenedores de valores esenciales caracterizados por la irreductibilidad y, es ésta última alternativa la que aparece con mayor consistencia. Así, el campo historiográfico misionero localizado "en la frontera" reconoce límites que son irreductibles, cuando la negociación entre los historiadores ya no es posible porque experimentan la sensación de estar en riesgo de desaparecer como intelectuales si se alteraran los aspectos centrales de lo que han definido como rasgos inmutables de la "identidad provincial misionera" que ellos mismos han contribuido a edificar y cristalizar con su discursos . Hablamos, entonces, en este caso, de la constitución de una "frontera dura" marcada por los discursos constructores de identidad que, a pesar de su presentación deshistorizada, operan como un correlato de contextos históricos políticos determinados. Estos momentos están señalados por la confrontación con aquello que se percibe como posibles disolventes de la supuesta integridad misionera. La presencia de aquello que se rechaza, la "otredad radical"(Gorosito:1997) con la que no es posible dialogar, genera estrategias de reacomodamiento y recomposición de fuerzas a partir de un proceso de historización "regresiva" (9) de la propia práctica historiográfica y de la selección de rasgos primordiales provistos por un modo de narrar el pasado en el que no se tolera la diferencia: lo "diferente" necesariamente pasa a ser lo "enemigo". En estos casos, es cuando los historiadores aportan a la conformación de un etno-regionalismo, disolviendo las diferencias internas, mirando y construyendo al oponente.

Ante la confrontación radical con el "otro" (ya sea "brasileño", "paraguayo", "uruguayo" y, en ocasiones, "porteños" y "correntinos") aparece la supresión ideal de las diferencias dentro del campo. Se eliminan los matices de interpretación del pasado que podrían ser admitidos en ciertas circunstancias cuando la identidad no parece estar amenazada. Es en este momento cuando los historiadores contribuyen a consagrar, a través de sus discursos y prácticas historiográficas, la cultura "en concreto" y las identidades "variadas" bajo la forma de la cultura "en abstracto" y de la "identidad homogénea"; buscando sus soportes en una particular forma de valoración del pasado y de la substancia como la "sangre", la "raza", el "espíritu", la "región", "la provincia" y la "patria" (Gorosito:1997).

Pero en la trayectoria histórica de constitución del campo historiográfico misionero se encuentran alternativas "flexibles" y "duras", haciendo, más bien, del proceso relacional de construcción identitaria una trama compleja y variable de capas superpuestas y simultáneas que imaginan alternativamente "hermandades" y "enemistades". De esta manera, se ponen de manifiesto, tanto en el plano de la producción de discursos como en el de la constitución de los propios historiadores como intelectuales, una permanente fronterización de la frontera. Es decir, la interacción socioacadémica propia de la zona de frontera impulsa a los agentes intelectuales a establecer estrategias de inclusión/exclusión al estar cotidianamente dialogando con elementos heterogéneos que circulan en la sociedad y los obligan a reposicionarse continuamente a partir del cambio y/o la preservación. En este proceso pueden experimentar la sensación de estar en un riesgo latente de dejar de existir como historiadores si desapareciera la provincia primordializada que ellos mismos han contribuido a edificar y en la que encuentran su justificación e identidad como intelectuales en el medio social. Este signo resulta particularmente dramático para la historiografía local determinando el carácter cíclico en la producción de fronteras.

La estrecha vinculación que hemos destacado entre constituirse como intelectuales y hacer la provincia mediante la producción de fronteras, nos sugiere, además, la presencia de un fuerte componente emotivo en el trabajo intelectual de los historiadores. Este componente emocional, que muy pocas veces se tiene en cuenta, es, sin embargo, central : no sólo modela las prácticas historiográficas sino que constituye el componente más fuerte para el logro de efectividad pública de los discursos a través de múltiples expresiones rituales que suscitan adhesiones de varios sectores convocados por la exaltación emotiva. La emotividad no es sólo producto de la "subjetividad" de los historiadores sino que forma parte de una idealización "internalizada" más colectiva que comparten la mayor parte de los agentes de las fronteras y que está muchas veces modelada por sentidos nacionales históricamente constituidos. La fuerte carga afectiva que caracteriza a la producción histórica está relacionada con la idea de un apegado compromiso con la historia y las "cosas" de Misiones y con un supuesto sentido moralizante sobre el "deber" de lo ciudadanos argentinos en defensa de ese compromiso. Por eso, la emotividad con la que se narra , se escribe y se actúa la historia en Misiones es un rasgo que también ayuda a explicitar las fronteras mediante la permanente actitud de "exaltación" de los hechos. Esta se da en una gama de alternativas que reconoce dos extremos: el enardecimiento de la conflictividad del pasado, resaltando los hechos violentos protagonizados por Misiones y la Argentina con los estados vecinos y la disposición de ciertos acontecimientos históricos en las conciliadoras vetas de un romanticismo plagado de solidaridades y hermandades entre los pueblos.


La historiografía misionera y la elaboración de las fronteras

Para dar cuenta de las conceptualizaciones precedentes intentaremos demostrar en casos específicos el modo en que la historia participa del proceso de producción de fronteras. Necesariamente debemos señalar los hitos fundantes del campo historiográfico misionero y sus respectivos contextos sociopolíticos como plataforma para poner en juego las categorías que nos interesan. Nos abocaremos particularmente al proceso de producción de fronteras en tres momentos relevantes para nuestro propósito: Primero, la etapa de organización nacional de fines del siglo XIX; luego, el período 1940-1950, que determinó la constitución de la matriz historiográfica misionera asociada al provincialismo y con cuyos postulados y prácticas "instituidas" los historiadores dialogan permanentemente en la actualidad. Finalmente, intentaremos dejar planteadas algunas evidencias y formular algunos interrogantes acerca de las vinculaciones del proceso descripto con los cambios del presente.
 

1-La primeras fronteras

Luego de la desestructuración político-territorial del Virreinato del Río de la Plata y tras un conflictivo proceso histórico que se extendió a lo largo de gran parte del siglo XIX (desde la disolución de la Misiones Jesuíticas de la cuales el territorio actual de Misiones formaba el núcleo central hasta la formación de los estados nacionales de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay), Misiones quedó integrada a la nación Argentina y se convirtió en espacio fronterizo internacional.

A partir de 1880 el Estado-nacional argentino se consolidó y penetró en las diversidades regionales. A través de las medidas de gobierno tendientes a lograr la organización del país, la nación fue tomando cuerpo en un proceso de homogeneización cultural dirigido por el Estado que no estuvo exento de conflictos. La repercusión regional de este proceso se tradujo en la creación de las entidades jurídico-territoriales llamadas "Territorios Nacionales" a partir de los espacios ganados a los indios y mediante las alternativas derivadas de los acuerdos con los Estados vecinos de Paraguay y Brasil, luego de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870). En lo que respecta al Territorio Nacional de Misiones, este surgió tras enconados e intensos debates en el Congreso Nacional, ya que la provincia de Corrientes ejercía la soberanía y el control del por entonces extensísimo territorio de Misiones (10), desde la denominada "anexión" ejercida por esa provincia en 1832. La negativa de Corrientes a la cesión y traspaso de territorio a la juridicción de la Nación dió lugar a la "cuestión Misiones", que despertó el interés de la opinión pública y la agitación de la prensa (Zouví: 1988; Schiavoni: 1992)

En esta época el Estado-nacional financió expediciones de reconocimiento de los territorios "alejados de la patria" (Peyret, Hernández, Borgoing etc..) con el objeto de relevar informaciones sobre la geografía, la población y los recursos naturales posibles de ser explotados por la industria y el comercio. Además, obtener información sobre los límites con los estados vecinos, sumamente difusos por el desconocimiento de la región y sobre los obstáculos que se podrían presentar para que esas zonas "nuevas" iniciaran el camino del "desarrollo" y el "progreso" integradas a la nación Argentina.

En las crónicas de "exploradores" y "viajeros" (Peyret: 1881; Hernandez:1887) se explicita el proceso de organización encarado por el Estado nacional que tiene como eje la idea de una nación que avanza hacia la conquista de territorios "salvajes" e "incultos", pero potencialmente explotables por sus inmensos recursos naturales. En estos textos el país se lee desde un único centro de irradiación que es Buenos Aires y desde un único punto de referencia que es la civilización y el progreso. Se entendía que era necesario el trabajo y el esfuerzo de los hombres "civilizados" para lograr la incorporación efectiva de estos territorios como parte del país:

"Ea! gobiernos, empresarios, ingenieros, aquí tenéis una tierra de promisión, ¿no habrá entre vosotros un ánimo emprendedor para franquearla?" (11) (Hernández, R.: 1887).

Para los "cronistas", territorio, nación y civilización eran parte de la misma cosa:

"Trabajemos en Misiones, labremos sus tierras, explotemos sus tesoros naturales y en donde hoy sólo existe (...) una población arisca, ignorante y pobre (...) que cruza la selva desnuda a pie y desprovista de todo elemento de sociabilidad, veremos elevarse pronto ciudades florecientes, escucharemos el rechinar de las máquinas en vez del alarido salvaje del montaraz, el comercio operará sus prodigiosos resultados, enriqueciendo al que compra y al que vende, al que produce y al que consume y finalmente la luz de la civilización alumbrará estas oscuras comarcas, permitiendonos fraternizar por la comunidad de aspiraciones, de costumbre y de idioma con nuestros mismos paisanos robusteciendo los vínculos de solidaridad para el engrandecimiento de la patria" (Hernández.1887) (resaltado nuestro)

Además de la ideología del "progreso" reflejadas en estas citas, en otros pasajes de las obras e informes oficiales, puede advertirse que la civilización se enfrentaba con un territorio desconocido en cuyo seno las fronteras nacionales se hallaban totalmente indefinidas y diluidas en un "manto oscuro de selva virgen", por la circulación irrestricta de la población "paraguaya", "brasileña" e "indígena" que no parecía reconocer frontera política alguna, por la "mixtura" de códigos culturales que debían ser fraccionados ante el imperativo del estado nación y por el "atraso" que significaba la falta de industria y de comercio. En este marco se sustentó la idea de un espacio alejado de la "mano de Dios (de la nación)" donde sólo imperaba la clandestinidad proclive al contrabando de yerba y ganado que beneficiaba a paraguayos y brasileños. La falta de controles estatales determinaba la existencia de una nación que, en estas regiones, no alcanzaba su realización completa. De todas maneras, al difuminarse las fronteras por el desconocimiento del territorio, tampoco aparecían demasiado claro los enemigos: se sabía de la existencia en la zona de brasileños y paraguayos que, incluso, eran requeridos como guías por los exploradores dado su conocimiento del terreno; se los toleraba como usuarios de un espacio que aún no era totalmente argentino. Se tenía la esperanza de que el progreso asociado a la nación eliminaría la clandestindad que hasta el momento amparaba a "esa" gente que "cruza la selva desnuda y a pié", precisando más claramente las fronteras. La verdadera frontera estaba marcada por la falta de civilización. El verdadero enemigo era el atraso que impedía que la nación argentina pudiera dar respuestas a las exigencias del mundo moderno en mejores condiciones de competividad.

A través de la obra de los cronistas podemos inferir que había un dialogo con el ámbito global representado por la conformación de un mercado mundial y a partir de la División Internacional del Trabajo liderados por Europa; la que operaba como fuerza impulsora externa para la organización nacional. Subyace en esta "fuerza" la idea de civilización y progreso constituyendo el telón de fondo sobre el que se lee el escenario regional.

El Estado-nacional se presenta como una entidad nítida, poderosa, avasallante de las diversidades regionales, como la cara interna del impulso de civilización y progreso.

Lo local se concibe como el escenario para el despliegue de estas fuerzas, como un espacio difuso, inaccesible, atrasado, fabulado, paradisíaco y salvaje dónde no se pueden precisar fronteras internas ni externas como tampoco los componentes que circulan ante la flexibilidad de un tránsito sin controles. Las fronteras parecen subsumirse en la genérica y maniquea dicotomía sarmientina de civilización o barbarie.

Paralelamente al desarrollo de las obras de los cronistas, surge el primer texto historiográfico sobre Misiones. Se trata de la obra "El Territorio Nacional de Misiones" (187881) de Mardoqueo Navarro (12), que aparece para dar respuesta a la denominada "cuestión Misiones". Este libro es significativo porque por primera vez se apela a la historia para resolver un conflicto juridiccional entre un estado provincial y el Gobierno Nacional en el proceso de organización de la nación. Además, nos presenta una perspectiva diferente a la de los cronistas para entender las fronteras.

Efectivamente, el libro permite vislumbrar las diversas aristas que presentó el conflicto entre el Estado-nación y la provincia de Corrientes por la posesión de Misiones. La argumentación está estructurada a partir de la plasmación de varios tipos de fronteras. La obra revela que el proceso de organización nacional, problema fundamental de la época, se expresaba a través de las disputas que se establecían entre las juridicciones interprovinciales, el límite entre la ingerencia del Estado-nacional y la autonomía de las provincias, la uniformidad de la nación y la argentinización total del territorio

En este caso la presencia de los países vecinos y las fronteras con ellos, dependía exclusivamente de la resolución de las disputas internas a la Nación. En la batalla política entre los diputados correntinos y los funcionarios del gobierno nacional se fue especificando el lugar de Misiones en el seno de la Nación Argentina. La historia constituyó el principal instrumento para precisar las fronteras de un territorio que hasta ese momento aparecía difuso.

Así comienza una argumentación histórica que presenta a un territorio de Misiones permantemente "despojado", "invadido" y "vilipendiado" por la "rapiña" de los vecinos. Por primera vez aparece la idea de una "vecindad peligrosa". Paraguay y Brasil constituyen los marcos de referencia sobre los que se dirimían las fronteras al interior del país entre las provincias y el estado nacional de reciente constitución. Los derechos de cada parte pasaban por la condición de argentinidad y ésta se medía por la contribución que las provincias habrían realizado en el pasado para contener las "invasiones" foráneas. El problema era determinar: ¿Cuál de las dos había brindado mayores servicios a la nación, Corrientes o Misiones?. En la resolución de este dilema Misiones podía convertirse en un estado argentino autónomo como cualquier otra provincia, en un Territorio Nacional dependiente del Poder Ejecutivo Nacional o en parte de la provincia de Corrientes.

Lo que estaba en el fondo del debate e indirectamente estructuraba la argumentación histórica, era la legitimidad de los estados provinciales para integrar la nación en el proceso de estructuración de la Argentina como estado nacional. Así, Misiones, podía ser considerada un antemural frente a los "bandeirantes"(portugueses), como Salta lo fue de los "realistas"(españoles de la época de las luchas por la Independencia), podía ser considerada un desierto proclive a la invasión de "paraguayos" y "brasileños", como la Patagonia lo era de los "chilenos"; podía ser vista como un teatro de las correrías de bandoleros "correntinos", como las campañas uruguayas lo fueron de las "bandas" de Artigas. Esto quiere decir, que en la argumentación histórica, la apelación a los países vecinos servía para cohesionar o desintegrar las reivindicaciones de los propios estados en el seno mismo de la "comunidad nacional" que empezaba perfilarse. De esta manera, se iban destacando las fronteras que separaban a unos y a otros y, en esto, tanto importaba separarse de los países vecinos como diferenciarse de las otras provincias.

Misiones se ubicará, de esta manera, alternativamente como "víctima", objeto pasivo del "escarnio", como epicentro de luchas "ajenas", como "corredor" económico para beneficios foráneos, como un territorio de fronteras "flexibles" para "invasiones" destructivas y siempre "engañada" por caudillos locales o gobiernos extranjeros; como país codiciado y despedazado por estados poderosos como una "Polonia Argentina". Considerando a Misiones como "centro", la condición de extranjería podía afectar tanto a los habitantes de un país vecino como a los de una provincia argentina.

De la obra de Mardoqueo Navarro se desprende una presentación dramática de la trayectoria de la historia de Misiones, la que habría dejado trunco un destino de grandeza: Misiones poseía un rol clave desde los comienzos mismos de la nacionalidad y la emancipación americana. Estos elementos provenían del pasado representado por las Misiones Jesuíticas (160768) y los acontecimientos trágicos de la contienda nacional dejaron una herencia en la obra de Navarro que es muy importante para nuestro análisis del proceso de producción de discursos identitarios desde la historia: "los estímulos del sentimiento local contra sus explotadores de todos los tiempos" (Navarro: 1881)

El último punto que interesa del texto es la gestación de la idea de Misiones como una ínsula dentro del país, dónde los "usurpadores, mediocres y tipejos de toda laya pueden alimentar la fantasía de convertirse en gobernadores, diputados, procónsules sin méritos propios y mediante el engaño", acusación con la que los diputados correntinos y Navarro se descalificaban mutuamente mediante la adjudicación de un supuesto deseo personal de enriquecimiento o de pretensiones de gobernar en Misiones a expensas de la voluntad de la población nativa. Será este un eje estructurante de la historiografía local posterior.

Misiones se incorporó al "imaginario" nacional a partir del relato histórico y su especificación dependió del recorte de "fronteras" con los países vecinos para resolver su legitimidad dentro de la Argentina. Aquí, se observa una negociación conflictiva entre el todo, constituido por la idea de nación Argentina y las partes, representadas por las provincias. Aparece una nueva instancia, lo extranjero, lo foráneo que se especifica como extraño dialogando con "las partes" y con "el todo". Misiones gana un espacio nacional como"víctima" o "refugio" de dudosos personajes en disputas en las que aún sus habitantes no tienen voz, porque no tienen un gobierno reconocido en el plano nacional. Es un pedazo de tierra convertida en entidad abstracta sin representación política. En la obra de Navarro Misiones es sólo un argumento histórico para resolver otras disputas.

El resultado político de la "cuestión Misiones" fue finalmente la separación del territorio misionero de la juridicción de la provincia de Corrientes y la determinación de su status como Territorio Nacional dependiente del Gobierno central.

Las obras de los "cronistas" y el texto de Mardoqueo Navarro fueron el producto de un juego de intereses que, en el plano historiográfico que nos ocupa, podemos considerar como externos a Misiones. Sin embargo, el imaginario sobre Misiones, producido por estas obras, impulsó el surgimiento de unos intelectuales y de una historia local como una "reacción", una "fuerza" que acompañó otra instancia política, la representada por la provincialización del Territorio de Misiones en el período 1940-1950. Esto implicó para la historiografía un múltiple proceso de reversión, reproducción, reelaboración e invención de categorías identitarias tendientes a producir una contra-imagen del territorio.
 

2-Las segundas fronteras

Hasta aquí se vislumbra a Misiones desde la óptica del país central: los discursos construidos por los agentes representantes del Gobierno Nacional. Ahora veremos cómo se constituyó un sector intelectual que, desde adentro del territorio, inició un proceso de construcción identitaria provincial y, simultáneamente, su legitimación nacional.

Este momento marca la institucionalización de la historia y la conformación, por primera vez, de un núcleo de historiadores locales reunidos en la Junta de Estudios Históricos de Misiones (1939), institución que se convertió en la tribuna pública de un grupo de intelectuales que, a pesar de su pretensión de especificidad en materia histórica, pueden ser genéricamente conceptualizados como productores de cultura (Vedery: 1991), ya que sus actividades abarcaban una esfera de competencia muy amplia en "asuntos" político-culturales; cuestiones que iban más allá del campo estrictamente historiográfico.

La efervescencia política que signó el proceso de provincialización durante las décadas de 1930 a 1950 fue acompañada por un no menos efervescente movimiento cultural tendiente al logro del objetivo provincialista (13). En todo el territorio de Misiones surgieron las denominadas "Juntas" (nucleamientos de vecinos "notables" del territorio) que procuraban poner "en acto" los principios justificatorios de un merecimiento provincial frente a las autoridades nacionales y revertir la condición de Territorio Nacional (dependiente del Gobierno Central) que detentaba por ese entonces Misiones.

Durante este período se volvieron a discutir y resignificar aquellos conceptos que marcaron el desarrollo de la Argentina como nación: las ideas de "federalismo", "regionalismo", "provincialismo", "localismo", además de ponerse en cuestionamiento la relación histórica Buenos Aires-interior y las nociones de ciudadanía. Las metáforas que reiteradamente aparecen en discursos políticos y en publicaciones de intelectuales de la época, nos informan del carácter de la lucha que signó la búsqueda de un espacio distinto para Misiones y sus pobladores en el "cuerpo" nacional: la distinción vivida como traumática, entre ciudadanos de "primera" (provincianos) y de "segunda" (territorianos), las alusiones al territorio como "colonia" y "factoría" dentro del país, las adscripciones como "parias" de la Nación de los ciudadanos misioneros que no podían elegir sus autoridades etc... son sólo una muestra de la multiplicidad de intereses político-económicos que estaban en juego detrás de esos referentes. El tránsito de Territorio Nacional a Provincia marca uno de los momentos más ricos en la constitución del provincialismo y es altamente significativo para el estudio de las representaciones sociales que determinaron los procesos de construcción identitaria de los misioneros hasta la actualidad. Este momento se convierte en una instancia articuladora de los imaginarios que, en torno a Misiones, se gestaron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX y los que se reproducen y reformulan en el presente.

A la agitación de la prensa y del vasto movimiento de las Comisiones Culturales que se dieron en la década de 1940, se sumó el decisivo aporte de la historiografía local y de los historiadores que pusieron en el centro del debate público la necesidad de lograr la entidad de Misiones como provincia pero de un modo particular, no a través de las justificaciones jurídicoadministrativas (poseer el número de población suficiente y los recursos económicos necesarios para mantener un gobierno autónomo, según establecía la Ley Orgánica de Territorios Nacionales), sino como una reivindicación de antiguos derechos cercenados y el reclamo de la restauración de una antigua entidad provincial existente en el pasado.

La justificación en ese presente de Misiones como entidad política nacional, de los historiadores como intelectuales y de los misioneros como ciudadanos argentinos dependía de un derecho enraizado en el pasado: la legítima existencia de una Provincia de Misiones autónoma. Se entendía que esta provincia, surgida en los "albores de la patria", había sido "destruida" y "malograda" por "obscuros" intereses, por lo que era necesario que los misioneros del presente hicieran todo lo posible para restituirla:

"Si bien sus territorios fueron ocupados durante un largo período, la posesión lograda fue violenta, ilícita y discontinua, quedando entre tanto el derecho del pueblo a dictarse su propio destino..."(Cambas, 1945)

La enunciación de la historia cobraba, entonces, una importancia trascendental para demostrar el alcance y la "respetabilidad" de los derechos del presente. La historia debía demostrar las supuestas "usurpaciones" y los "despojos" de los que habría sido objeto Misiones, comprobando, a su vez, que los derechos "adquiridos" habían sido cercenados a lo largo de su trayectoria histórica. La evidencia era muy clara para estos historiadores: a Misiones le habían arrebatado un destino de grandeza. Pero, ¿quiénes?. Precisamente los vecinos de la frontera:.

"El cielo de Misiones se ha ensombrecido repetidamente por causas originadas, por lo común, en los estados vecinos, malográndose felices perspectivas y promisorias etapas de su trayectoria histórica" (Cambas, 1945)

Se recuperaba de esta forma la idea de una Misiones "víctima" que venía del siglo pasado y era parangonada a la situación de postración que supuestamente padecían los ciudadanos misioneros en ese presente. Era necesario, para lograr la provincia, recuperar la entidad provincial del pasado. La Junta se erigía como la institución encargada de hacerlo y, de esa manera, sus historiadores fueron definiendo un espacio central en la sociedad. El objetivo de la Junta era elocuente:

"La vindicación de ese pasado, la rememoración digna de sus páginas, la divulgación y discusión pública de los mismos y la fiscalización de lo que se siga enunciando al respecto, representan uno de los puntos cardinales de la patriótica labor que tiene a su cargo la Junta de Estudios Históricos de Misiones" (Boletín Nº1, 1940) (Resaltado nuestro)

Trataremos de reconstruir algunos aspectos de esta labor que nos permitan percibir asimismo la producción de fronteras.

a-Las fronteras en la sociodicea de los intelectuales

La producción histórica de la Junta permitió una identificación o consustanciación entre el pasado misionero y los propios historiadores. Si Misiones ocupaba una posición marginal dentro de la historia nacional producto del "despojo" y "ataque" de numerosos enemigos, los historiadores locales padecían de la marginalidad a la que los condenaba un círculo de intelectuales nacionales y extranjeros que habrían escrito la versión espúrea del pasado misionero. Por eso, estos historiadores locales, desmitificando esa historia "falsa" creían que encontrarían un lugar para ellos como intelectuales en los cenáculos historiográficos del país (14):

"Es indudable que toda acción en defensa de la integridad de Misiones, solar de las disputas de paraguayos, portugueses y correntinos, tuvo lógicamente que generar la malquerencia de los vecinos que alentaron la pretensión de conseguir sus dominios y esclavizar a sus hijos. Esa malquerencia histórica de la que no pudieron sustraerse algunos autores, es la que ha ensombrecido muchas páginas de grandeza y de heroísmo injustamente olvidadas, cuando no deliberadamente omitidas de nuestra historia patria (Boletin Nº2, 1941).(Resaltado nuestro)

Los enemigos de la historia tenían, para la Junta, cara de historiadores. Para combatirlos había que trazar una clara frontera entre una historia "falsa" que lesionaba los intereses misioneros y una historia "verdadera", "auténticamente" misionera, escrita por los únicos que podían hacerlo: "los hijos de la tierra". No había en el ámbito nacional historiadores misioneros y los juntistas se propusieron instalar la versión misionera de la historia haciendo su propio espacio como intelectuales en el ámbito nacional. Esto implicaba un tono agresivo, combativo y altamente polémico para expulsar a los "usurpadores" de la historia. Ese era su rol social en el contexto presente y, en su desempeño, iniciaron un proceso de fronterización en las relaciones socioacadémicas

Simultáneamente a la consolidación de su posición en el medio local, estos historiadores ampliaron sus fronteras llevando la voz de Misiones a la Capital Federal y dando a conocer, a quien quisiera escucharlos, la versión "verdadera" de la historia de Misiones. Pero esta apertura hacia los ámbitos nacionales implicaba también marcar una frontera con los historiadores correntinos con quiénes entablaron una ardua disputa intelectual por la "verdad" de la historia que afectaba sus pasados en común. Los correntinos significaban para los historiadores de Misiones enfrentarse con la "otredad radical" a partir de la cual construir su propia identidad intelectual. Con los correntinos no había posibilidad de negociación. Tanto más cuando en el momento político de reivindicación provincialista, los titulares de los diarios locales creaban un clima alarmante, sosteniendo, en primera plana, junto con las noticias de la Guerra Mundial, las "amenazadoras" pretensiones correntinas: "Corrientes alienta la recuperación de Misiones" (El Territorio, mayo de 1943); "Los diputados correntinos se oponen a la provincialización de Misiones" (La Tarde, Julio 1943), "Han sido desmentidas las versiones sobre la anexión de nuestro territorio a Corrientes" (Crónica, septiembre de 1944).

La disputa "regionalizada" entre historiadores correntinos y misioneros fue sometida a la autoridad "nacional" de la Academia Nacional de la Historia, la cual fue reacia a aceptar a los historiadores misioneros. Este rechazo permitió el acercamiento de los juntistas al campo intelectual brasileño y paraguayo en busca de reconocimiento. Así se perfiló la posibilidad del intercambio académico con los vecinos, la optimización y manipulación de la situación de frontera para legitimarse como intelectuales "provinciales" o "regionales". La integración con académicos de Brasil y Paraguay era posible mediante la recuperación substancializada de un pasado común basado en la "sangre", la "raza" y la "cultura" rescatando la homogeneidad cultural entre los países a partir del "manto" tupí-guaraní o el "tronco" hispano-guaraní, flexibilizando así las fronteras inter-nacionales para el flujo académico. De esta manera, se encontraba en la "comunidad" intelectual de los países vecinos, un lugar para Misiones y sus historiadores, así como el respaldo "científico" para encarar sus disputas con la Academia Nacional de la Historia localizada en Buenos Aires como así también con los historiadores correntinos.

Sin embargo, la conformación del "nosotros" regional no entorpecía el proceso de establecer una fuerte diferencia con los países vecinos supuestamente hermanados por un sustrato cultural "homogéneo", contrariando el impulso de la "fuerza determinista de sus destinos comunes" (Bertoni, 1941), cuando la correspondencia científica llevada a cabo por estos historiadores se realizaba con otras entidades académicas argentinas y era necesario reafirmar la pertenencia de Misiones como parte de la comunidad nacional. Así, cuando el Director del Museo Etnográfico de Entre Ríos, Antonio Serrano, envió una carta al presidente de la Junta solicitándole el catálogo de las colecciones del Museo Regional de Posadas que pertenecía a esa institución sosteniendo " me interesa mucho Misiones y la región por sus similitudes con Río Grande (Brasil) donde trabajé casi seis meses y tengo gratos recuerdos ", la respuesta que acompañó el envío fue contundente para el proceso de fronterización y diferenciación:

"...ruégole tenga en cuenta que la similitud debida a un parecido de vecinos no puede hacer confundir la entidad de los propios caracteres de Misiones con la región en la que dice haber estado. Misiones es portadora de una cultura propia que ofrece al país nuestro humilde Museo..." (Nota de Cambas a Serrano, 1941)(Resaltado nuestro).

Estaba claro que no se deseaba ser confundidos con los "hermanos" brasileños y correr el riesgo de perder, de esta forma, el carácter "argentino" del territorio Misiones.

La zona de frontera es un territorio que exigió, tempranamente, constantes reposicionamientos a los intelectuales para construir sus propias sociodiceas (Neiburg: 1995) debido a la heterogeneidad de intereses nacionales, regionales y locales que debieron conjugarse en la interacción de las relaciones sociales y académicas.

En la construcción de su espacio socio-intelectual la Junta trató, además, de desmitificar la imagen de Misiones como territorio "salvaje" e "incivilizado" que imperaba en varios sectores políticos, culturales e intelectuales de la Argentina. Para ello tuvo que establecer una frontera entre los términos de la clásica dicotomía civilización y barberie, colocándose del lado de la primera. Se constituyó en una reacción violentamente emotiva contra aquella idea elaborada por los cronistas del siglo pasado, obras que estos historiadores leían profusamente con cierto espíritu de revancha. Debían demostrar que la población de Misiones ya no era "...pobre, desnuda y bárbara, sin ideas, sin industrias, sin sociabilidad, sin patria, sin legislación humana y (...) sin una generación que prepare el progreso social, intelectual y moral del territorio.." (Hernández: 1887). Ellos, los juntistas, una generación de intelectuales salidos del propio suelo misionero, serían precisamente la prueba de esa nueva realidad.

Así como la Junta se preocupó por marcar fronteras entre una historia falsaria escrita por los "enemigos" de Misiones y una historia verdadera, escrita por los hijos de la tierra; también intentó marcar fronteras entre aquellas visiones poco favorables a Misiones y la supuesta realidad "civilizatoria" del presente. También aquí trataba de fronterizar los imaginarios ubicándose del lado del progreso. Se sumó con su participación en las numerosas Ferias y Exposiciones Industriales que mostraban la potencialidad del Territorio Nacional de Misiones, procurando demostrar que existía una intelectualidad local sinónimo de la prosperidad cultural y material del territorio.

b-Las fronteras en la sociodicea local

Dónde más efecto produjo el sentido de misioneridad como delineador de fronteras, fue en la comunidad local o sociedad misionera. En el proceso de inserción y legitimación social, la Junta trató de hacer pasar sus intereses particulares (y los de la historia) por el meridiano de los intereses de la comunidad. Una insistente prédica misionerista reivindicativa de derechos, sustentaba la solicitud de recursos económicos y los pedidos de donaciones de bienes culturales para la institución. Estaba dirigida a maestros, autoridades de gobierno, empresarios, comerciantes, jóvenes y estudiantes. La permanente actitud demandante de la Junta a la comunidad tenía como misión crear conciencia sobre el pasado misionero imponiendo en la sociedad la identidad de una institución que se erigía con perfiles "propios", "genuinos" y "necesarios". El estilo de la Junta y el tono de sus discursos, enérgicos y virulentos, por momentos profundamente emotivos, definían un espacio hegemónico que colocaba a todos los sectores sociales en el trance de resolver un dilema: participar y comprometerse con lo postulado como auténticamente misionero y nacional, lo que equivalía a dar respuestas positivas a los pedidos de la Junta o, de lo contrario, correr el riesgo de la exclusión de esa misión patriótica que los ubicaría muy próximos a la frontera de la traición. La traición era comunmente asociada como un rasgo propio de correntinos, paraguayos y porteños. Se suponía que ningún misionero querría caer dentro de estas categorías.

Se impuso el concepto de "buen misionero" para aquellos que colaborabann con la obra cultural de la Junta. La dicotomía civilización/barbarie, héroe/contrahéroe a la que era proclive caer el discurso de la institución, volvía a presentarse entre el "buen" y el "mal"misionero que tenía un correlato mucho más expreso en el plano social. Ante cada respuesta positiva de la gente a los pedidos de donaciones o recursos se enviaban notas de agradecimiento o se publicaba el hecho en los diarios locales:

"...con los objetos que nos envía hará obra patriótica, colaborará en favor de nuestra cultura autóctona y grabará su nombre como benefactor de tan interesante obra (...) De esta manera, su nombre de buen misionero se liga estrechamente a la labor cultural que desarrolla esta Junta" (Cambas a Leonardo Losada, El Territorio, 1940)

Había que dar respuestas positivas a la obra de la Junta para no caer bajo sospecha:

"..sólo albergando oscuras intenciones, se puede ser indifirente a los intereses de Misiones. Hay que estar atentos en defensa de nuestros derechos, la indeferencia con la labor de la Junta sólo contribuye a la malquerencia de los estados vecinos y de los que intencionadamente oscurecen nuestra historia (Acta de la Junta, 19 mayo 1942).

De esta manera, la Junta y los intereses de Misiones se transmutaban en una sóla y misma cosa. Este principio tendrá honda repercusión en la constitución del campo socio-intelectual de Misiones. En el campo historiográfico, especialmente, será posible marcar una frontera clara entre los de "adentro" y los de "afuera".

Así, la frontera entre patriotas y traidores tiñó la interpretación de la historia que, sumada a la imagen de un territorio misionero edificado como un escenario de disputas e intereses ajenos y permanentemente "ocupado", "invadido", "despojado", cobraba trascendencia mayor para definir posicionamientos sociales en una zona de fronteras donde la condición de "patriota" exigía la manifestación de reiteradas lealtades. Aquí el componente afectivo que intervenía en la condición distintiva de "buen misionero" pasaba por el compromiso público "con la defensa y el amor por las cosas nuestras". Este principio podría, incluso, disolver las fronteras entre los de "afuera" y los de "adentro" y ser un factor de admisión a los "extranjeros" que demostrasen compromiso y amor públicos por las cosas de Misiones. En el campo historiográfico era necesario que los nuevos historiadores escribieran una historia que reivindicara hechos, sucesos y personajes de Misiones y a través de la cual demostraran ese compromiso "misionerista" para mitigar, con el tiempo, la condición no originaria del territorio. Desde este marco, la historia de los juntistas participó activamente en la elaboración de los imaginarios sobre "paracaidistas" (categoría nativa que alude a los recienvenidos) y "mercenarios" (categoría nativa que se refiere a quienes llegan a Misiones para enriquecerse a costa de cualquier precio a expensas de los intereses de locales) que constituyen lugares comunes en los discursos de la sociedad misionera actual en cualquiera de sus ámbitos.

c-Las fronteras entre lo nacional y local en el discurso histórico.

La argumentación histórica estuvo guiada por el principio de que "existen acontecimientos que determinaron para siempre nuestra nacionalidad..." (Carvallo, Casiano: 1943), por ello era necesario asociar los acontecimientos locales a los de la Historia Nacional y, de esta manera, se diferenciaban fronteras con los estados vecinos visualizados indefectiblemente como enemigos.

Se rescataba la Batalla de Mbororé ocurrida en 1641 enfrentando victoriosamente a los indios guaraníes y a los jesuítas de las reducciones con los esclavistas-bandeirantes-portugueses (tríada de alta significación por representar el carácter simultáneo de "enemigos", "invasores" y "extranjeros") como un episodio en defensa del territorio nacional:

"fue en esta memorable acción donde la sangre del indio misionero corrió por primera vez en aras de la tranquilidad de los demás pueblos (...) fue en esta acción que se gestó, en este territorio de posesión tan discutida en otro tiempo, nuestra condición de argentinos" (Escalada, Boletín Nº3) (Resaltado nuestro).

Si bien las Misiones Jesuíticas no ocuparon un renglón importante en la producción histórica de la Junta, las reducciones eran reivindicadas en su estado actual de ruinas pues operaban como pruebas y evidencias de una historia marcada por la destrucción y el despojo. Por otra parte, servían para la exaltación de las figuras indígenas defensoras del "solar nativo":

"...estos son los hechos que explican la existencia de las ruinas en los pueblos misioneros, reducto hoy de leyendas sugestivas y apasionantes, sobre cuyas piedras dispersas la nación debe mandar esculpir la figura de los indios, héroes anónimos de las bárbaras invasiones de los vecinos de oriente y occidente" (Boletín NºI, 1940) (Resaltado nuestro).

Sin duda, la argumentación histórica más importante de la Junta estuvo destinada a rescatar del pasado a uno de esos héroes anónimos de las Misiones y convertirlo en el "prócer" misionero por excelencia: se trata del caudillo Andrés Guacurarí, el ejecutor histórico de las fronteras. Este indígena resumía en su persona dos sentidos libertarios: el auténticamente misionero como defensor del "solar nativo" y el de la soberanía Argentina como garante de las fronteras nacionales. Fue la figura más importante creada para sustentar la pertenencia argentina de Misiones. En ella lo "local" y lo "nacional" no entraban en contradicción, se identificaban mutuamente, aunque la enardecida reivindicación de las campañas y valores del héroe misionero por parte de los historiadores de la Junta, establecieran la preeminencia de lo local sobre lo nacional: la condición para ser argentino era ser primero "bien misionero", como el propio "Andresito". Lo cierto es que el caudillo guaraní Andrés Guacurarí constituye "...el alma de la reacción nativa y la personificación de un nacionalismo restaurador de los derechos pisoteados por extraños " (Areco, 1941). Pero también "Andresito" simbolizaba la lucha presente por "la defensa de los derechos y libertades del población nativa.."(Herrera, 1945)

Tan pronto como se erigió la figura de "Andresito" como héroe misionero, "encarnación del bien", la Junta construyó la figura del contra-héroe, "encarnación del mal". La institución necesitó construir un contra-héroe en cuyo contraste se engrandeciera aún más la figura del propio. En esa oposición maniquea en torno a este caudillo guaraní, la historia contribuiría a la representación de las fronteras, ya que el contra-héroe se constituyó en la persona del Brigadier Portugués Francisco Das Chagas Santos, Comandante de la frontera de Portugal que combatió contra Andresito entre 1817 y 1819 atravesando, uno y otro, la frontera natural representada por el río Uruguay. De esta manera lo presentaron los juntistas en un célebre artículo en el Boletín Nº1 de la institución cuyo título ya anunciaba su carácter denostativo: "Francisco Das Chagas Santos, el vándalo":

"Francisco Das Chagas Santos invade y despliega sobre Misiones la ferocidad característica de una barbarie medioeval como un nuevo Atila auténtico ¿Qué buscó el vándalo con la destrucción de pueblos indefensos? (...) la inmortalidad ciega tanto levanta en bronce la esfigie de los grandes elegidos del bien y de las virtudes (Andresito) como eterniza la memoria de las grandes figuras del crímen y la abominación (Chagas). Y en esa picota inexorable, la esfigie el invasor portugués quedará expuesta al escarnio y a la abyección de las generaciones. Su deuda es demasiado grande, su crímen demasiado feroz para que el porvenir le haga merced de su perdón (...) y es por todo ello que el Brigadier Francisco Das Chagas Santos ha entrado en la inmortalidad espantosa de las grandes figuras del mal que en distintos siglos pasaron con violencia de vendaval (Boletín NºI, 1940).

La Junta retomaba la vieja fórmula de civilización y barbarie para ubicar a Misiones, en este caso a través del prócer, del lado de la civilización y visualizar al "otro", al "enemigo", en el campo de la barbarie, dejando además los destellos de la "otredad radical" para iluminar el recuerdo de las geraciones futuras de misioneros, alimentando la idea permanente de los lusobrasileños como "peligrosos invasores", la del vecino brasileño que sólo puede traer "crimen" y "abominación".

La Junta, colocada del lado del bien, se preocupó por inmortalizar en un monumento la figura del héroe (15). Diseñó una escultura de grandes proporciones que pretende representar fisonómicamente el prototipo de la "raza guaraní auténtica", con una lanza en una mano y con el dedo índice acusador de la otra, señala el supuesto instante en que Andresito ordenaba a Chagas el desalojo de sus fuerzas del territorio misionero. Sin embargo, lo que la figura simbolizaba en ese presente era el deseo de autonomía de Misiones dentro de la nación que imponía la lucha provincialista. En este caso, se advierte también que se construyen fronteras y se identifican enemigos para lograr un reconocimiento en el contexto nacional, un lugar hacia adentro con derecho propio. Al pie del monumento se lee una frase que según los historiadores habría sido pronunciada por "Andresito" en ese trascendente momento de expulsar a Chagas "..estos territorios son de los naturales misioneros a quienes corresponde el derecho de gobernarlos". Era claro que la figura histórica tenía una efectividad presente para el logro de la autonomía de Misiones en el concierto político nacional de 1940. Más que una misiva a los portugueses-brasileños, era un mensaje a la nación. Este involucraba exponer la contribución de un "gran" misionero en defensa de las fronteras por cuyo servicio, cristalizado en un sentido patriótico, sus herederos, (los misioneros del presente), reclamaban al país el "premio" o el "pago" que significaba el otorgamiento de la autonomía provincial. La escultura se denomina sugestivamente "Reclamo indio".

Otro episodio interesante que muestra la tensión entre las fronteras de lo local, lo nacional y lo extranjero en el discurso histórico de la Junta, está representada por la oportunidad en que la institución tuvo que expedirse acerca del cambio de nombre del paraje denominado "Tres Capones". El pedido a la Junta lo había realizado el personal de la Escuela Nº 34 del lugar mencionado. Proponían el nombre de un argentino célebre, Juan Bautista Alberdi, porque consideraban que el nombre "Tres Capones" era de "origen brasileño" y "que nada tiene que ver con nuestro léxico" (Nota Nº 3, 1941). La Junta se expidió sosteniendo que "capón" es de orígen guaraní y no portugués, por lo tanto el nombre debía mantenerse "por ser auténticamente regional", entendiendo como tal el sustrato cultural guaraní que abarcaba tanto a Brasil, Paraguay y Misiones. De esta manera, tomaba distancia de lo extranjero (representado por lo brasileño) y se amparaba en lo regional (representado por el sustrato guaraní originario) para seguir manteniendo el sentido localista. Propuso, para no desairar el componente nacional, que "el nombre del gran Alberdi sea dado a alguna ruta caminera.."(Boletín Nº2, 1941)

La Junta ignoró personajes y/o mencionó tangencial o parcialmente algunos procesos históricos. Estas omisiones nos informan de un modo de establecer fronteras "duras" o "flexibles" en el campo de la negociaciones políticas y académicas. En ese marco, pueden precisarse los matices y contradicciones en el proceso de construcción de discursos identitarios y de los propios intelectuales misioneros por medio del uso de la historia en una zona de fronteras. Estas consideraciones parciales de personajes y sucesos eran producto, como siempre, de una lectura interesada de la historia de Misiones y, desde ese punto, se pueden percibir también diferentes significados de la tensión entre local, lo nacional y lo extranjero.

Manuel Belgrano (prócer argentino creador de la bandera nacional) podía ser reivindicado como expresión de la nacionalidad Argentina, como el prócer que llevó el impulso libertario al Paraguay y produjo en Candelaria el Reglamento para los pueblos de Misiones considerado como la primera Constitución Argentina, pero también era virtualmente acusado de la responsabilidad de haber dejado perder a una provincia hermana (Paraguay) del territorio patrio y especialmente responsable de la firma del Tratado de 1811, lesivo para los intereses misioneros, pues ocasionó la pérdida de los pueblos de la costa occidental del Paraná que pasaron a manos del Paraguay. Belgrano es presentado como "iluso" por creer en el Paraguay y en Buenos Aires y los paraguayos y porteños presentados indefectiblemente como "falsos" y "traidores".

La Guerra de la Triple Alianza, que constituye un hito trascendente en la constitución de la historiografía paraguaya y uno de los acontecimientos que permea actualmente un proceso de construcción identitaria en la frontera misionera-itapuense permitiendo categorías de diferención frente a los "otros" (16), fue omitida en la historia de la Junta. Este episodio, altamente conflictivo en las relaciones entre los países de la frontera y que podía perturbar las relaciones académicas, sólo era mencionado como el punto de partida de lo que se dió en llamar la "repoblación de Misiones" (Cambas: 1945). Convenía, en este caso, como en el antiguo debate del siglo pasado, asumir la idea de Misiones como "teatro pasivo" de las operaciones de intereses "ajenos". Misiones sería escenario de la Guerra de la Triple Alianza, víctima no responsable. De esta manera, se asumía una posición neutral en la historia que, en las relaciones académicas de fronteras, otorgaba neutralidad presente a los juntistas para no tratar, al menos, ese tema conflictivo. Se empieza a contar una nueva historia: "repoblación de Misiones" y se convierte al suceso en un punto de partida : " después de la Guerra de la Triple Alianza Misiones inicia un camino de progreso" (Cambas: 1945). Indirectamente, se obviaba el tema, aunque se reconocía la ocupación paraguaya del territorio que, junto con la "anexión" correntina y las "invasiones" portuguesas constituían un período "negro" y "nefasto" para Misiones. Se mencionaba la "trinchera" de los paraguayos (en lo que hoy es Posadas) como símbolo del oprobio, pero no se destacaba el proceso social a que dió lugar la denominada "ocupación" o "invasión" militar del Paraguay. Esto hubiera sido lesivo para las pretensiones nacionalistas de la Junta en la búsqueda de legitimación de una continuidad cultural, territorial e histórica de Misiones a la Nación Argentina: ¿Cómo reconocer la presencia paraguaya en suelo argentino sin poner en duda dicha continuidad?

También se negaba el proceso inmigratorio y se desconocía a la población aluvional del territorio misionero. Para construir un discurso específico que situara a Misiones con autonomía dentro de la nación, no eran tiempos convenientes para enarbolar el contenido multiétnico del territorio. El momento más intenso de producción de la Junta coincidió con el contexto de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de la ideología nacionalista en la Argentina. De hecho, los extranjeros fueron "ignorados" y "negados" por los juntistas y, en ocasiones, considerados negativos para la imagen nacional del territorio que se pretendía exponer. La reivindicación de un pasado provincialista enraizado en lo profundo de la historia no debía ser perturbado por las evidencias elocuentes del carácter adventicio de la población misionera al que conduciría el reconocimiento de los inmigrantes. En todo caso, había que "enraizar" las corrientes inmigratorias como parte de un proceso colonizador (y sólo una etapa) que integraba una continuidad de la población desde el pasado prehistórico más remoto y originario de Misiones. Es importante reiterar la contradicción que significaba en este punto la presencia paraguaya en el territorio misionero por más de treinta años, contradicción que ni siquiera la idea de "espacio vacío" manejado por algunos miembros de la Junta pudo resolver frente a otras evidencias.

e- La fronteras entre lo global y lo local en la producción historiográfica

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la "irrupción" del Peronismo a partir de su hito sociológico emblemático en la Argentina (la movilización popular del 17 de octubre de 1945 hacia Plaza de Mayo) constituyen dos sucesos que marcaron el desarrollo de los momentos de mayor producción histórica local. Sin embargo, ninguno de estos aspectos constituyó materia de atención directa de la Junta. Ambos contextos operaron, sin embargo, como un telón de fondo con el que la producción histórica y el proceso de construcción de los historiadores, establecieron un diálogo subliminal influyendo en sus etilos y en sus prácticas reivindicativas.

Los titulares alarmantes acerca del desarrollo de la guerra que aparecían todos los días en los diarios locales La Tarde, El Día, Crónica y El Territorio imponían una obviedad tan significativa y una dramática reiteración de las noticias que la Junta, al parecer, no trató el tema. Empeñada en sus disputas del pasado produjo un extrañamiento de los procesos globales del propio presente. De todas formas, ese contexto y su repercusión nacional signaron un proceso de elaboración de alusiones indirectas en el estilo de la producción histórica y una intensificación del sentido nacionalista de los juntistas que se cruzaba con el fuerte ímpetu de reivindicación provincialista.

La Junta acompañó indirectamente el clima social de repulsión a los extranjeros. La constante mención de proteger las fronteras de la nación, de no permitir el izamiento de las banderas a los extranjeros dentro del país, de cerrar o "controlar" colegios, especialmente de alemanes y japoneses, censurar películas de supuestos contenidos lesivos al sentimiento nacional y apologético de ideologías "extrañas" a la nación dentro del territorio del país, cobraban inusitada trascendencia, particularmente en el "alejado" y "fronterizo" territorio de Misiones, percibido como más en riesgo aún por su pluriétnica población (integrada desde fines del siglo XIX en su mayor parte por ucranianos, polacos, alemanes), la que era, como ya dijimos, omitida y negada en el contenido de la argumentación histórica.

Las alarmantes noticias de ataques e invasiones de unos países sobre otros en el contexto de guerra europea, brindaban una plataforma para rememorar las "invasiones" e "irrupciones" de paraguayos y brasileños (mismo correntinos) al territorio misionero, trayendo "destrucción" y "muerte", "violentando" derechos "legítimos" de soberanía. Las conquistas y usurpaciones del presente encontraban un parangón en el pasado. El pasado brindaba enemigos que se dibujaban potencialmente peligrosos en la lucha provincialista por la nacionalidad. Definir los propios límites que especificaban la identidad misionera a partir de la construcción de los "otros" actualizaba, solapadamente, una antigua agresividad y contenía la carga amenazadora de viejas y nuevas ambiciones. Lo que enseñaba el contexto de la guerra era que no había que "bajar la guardia", ni abandonar la actitud de permanente alarma frente a los vecinos que podían volver a convertirse en enemigos. Esto se reflejaba necesariamente en el estilo de los discursos y en las metáforas que utilizaban en la construcción histórica (el caso de la presentación del contrahéroe Chagas es un ejemplo).

Algunos hechos queremos destacar para establecer la forma en que el contexto global dialogaba con la Junta de Estudios Históricos de Misiones:

1- Mientras llevaba a cabo una lucha "provincialista" en defensa de los derechos misioneros procurando el rescate y restitución de su patrimonio "arrebatado por extraños" en el seno del país, ofrecía en venta a museos europeos patrimonio cultural "auténticamente" misionero. Lo global estaba fuera del área "territorializada" del conflicto local. La acostumbrada práctica de los museos europeos de contar con muestras de culturas exóticas de América no afectaba, al parecer, la "misioneridad" que, por el contrario, era vivida como un aspecto del reconociminto mundial que en el plano nacional no tenían.

2-La mención, finalizada la guerra, del inicio de la correspondencia "interrupida por los acontecimientos mundiales..." referida a algunas instituciones internacionales con las que intercambiaba publicaciones.

3-La insistencia en 1944, inminente entrada de la Argentina en la Guerra , de colocar en las comunidades del interior esculturas y bustos del General San Martín, "padre de la patria", con el fin de "sembrar argentinidad" y convertir a la zona en una frontera protegida bajo la invocación del prócer, en especial en la ciudad de Oberá caracterizada por su población pluriétnica (con atención particular sobre los alemanes).

4- Los frecuentes pedidos al Ejército Argentino y a la Gendarmería Nacional desde finalizada la guerra hasta 1950, para que repararan los daños que sus fuerzas ocasionaron en el Museo de la Junta cuando se instalaron en su sede durante la guerra. El Museo está muy cerca del río en la frontera con Paraguay y se convirtió en destacamento de frontera en 1944 por su posición considerada estratégica. Los grupo de "zapadores" y "pontoneros" ocuparon las instalaciones del Museo desde 1943 a 1945.

A partir de 1945 "otros" desconocidos hacían su aparición en la escena nacional como el "aluvión Zoológico", los "cabecitas negras" que horrorizaron a las clases altas y medias argentinas. Mientras los obreros reclamaban su espacio social en la Argentina "bajando" del interior del país al centro, impulsados por el liderazgo carismático del General Perón, simultáneamente se hacía evidente la presencia de los "provincianos" que trastocaron la estética de la población urbana de la Capital Federal. Así, los intelectuales de Misiones, "desclasados" de la intelectualidad argentina, reclamaron también su espacio social desde la condición de provincianía desafiando a los prestigiosos historiadores de la Academia Nacional. Para algunos historiadores, la revancha y el resentimiento por años de postración, fueron los signos del avance de los pobladores del "interior" para reclamar un espacio distinto en el plano social frente a los sectores privilegiados. Los intelectuales de la Junta, por el estilo con que intentaban darse a conocer en todo el país, compartían, quizás, un espíritu de revanchismo semejante pero en relación a los historiadores consagrados de la Academia. Sintomáticamente, la provincialización de Misiones, objetivo primordial de los historiadores de la Junta, se logró en 1953 durante el gobierno de Juan Domingo Perón, saldando una deuda histórica con los intelectuales provincianos de Misiones como lo habría hecho con los obreros en el plano sociolaboral.

Se pueden mencionar otros ejemplos, pero creemos que basta con señalar que la mayor parte de las evidencias demuestran que en el proceso descripto los historiadores de la Junta construyen enemigos de "afuera" para reclamar un espacio legítimo hacia "adentro" del país. Fueron definiendo, a través de la producción histórica, fronteras diversas: políticas, simbólicas y sociales. En esa trama se asentaron los perfiles de estos historiadores como intelectuales: hacer la provincia de Misiones como parte de la Nación Argentina les implicó realizar recortes culturales y de escenarios académicos que iban más allá del ámbito estrictamente historiográfico. Por ello, fueron marcando fronteras de negociación social no exentas de conflicto y contradicciones locales, regionales y globales que, a su vez, afectaron la producción histórica. Al proceso de especificar una provincia argentina localizada en un área de frontera a través de numerosos recortes de discursos y prácticas historiográficas, lo hemos denominado fronterización de la frontera y creemos que éste es un rasgo propio de la dinámica de producción histórica e identitaria en Misiones dando forma a la matriz historiográfica elaborada por la Junta.

La indagación de la sociogénesis del campo historiográfico misionero que reconoce, como hemos visto, antecedentes en el siglo pasado (las primeras fronteras) pero que se consolida con la Junta en la década de 1940 (las segundas fronteras) nos permite precisar algunos puntos a tener en cuenta para la problematización del proceso actual en la producción de fronteras:

1-La historia contribuyó a la especificación de un espacio para Misiones en el contexto nacional. El campo historiográfico se constituye como una reacción frente a los imaginarios que en torno al territorio elaboraron viajeros y funcionarios del estado en el momento de organización de la Argentina Moderna.

2-En la construcción histórica aparecen dos núcleos fuertes: la nación y la provincia. Son dos "invariables" que se encuentran en un permanente juego de complementación y diferenciación.

3-La región aparece como una idea mucho más plástica que puede coincidir con los límites de una entidad provincial, abarcar a varias de ellas o referirse a estructuras "supranacionales". La región es un continente que puede ser llenado con distintos elementos en circustancias diversas y constituirse en una salida para los conflictos entre la nación y la provincia, cuyos componentes son más difíciles de negociar. Pero la región también está sujeta a la "desintegración" cuando las sucesivas negociaciones vis-a-vis la nación imponen la definición de fronteras "duras" y la identificación de vecinos "peligrosos". Las "fronteras" y los "vecinos" aparecen como un producto derivado de las interacciones entre las provincias y la nación. En la definición de estas nociones se nota un fuerte sentido de "territoralidad" y una relación de oposición/identificación con los "otros" que está substancializada. En la dinámica de estos niveles de complementación y exclusión se perciben las fronteras como espacios de diálogo y confrontación.

4- Lo mundial jamás aparece explicitado, es un referente tácito, una fuerza con la que se dialoga, pero sin nombrarla. Integra el proceso de construcción de fronteras pero no de manera claramente conflictiva, se lo asume como un hecho "desterritorializado" de la zona local de disputas y confrontaciones.

5- El relato histórico sobre la provincia de Misiones coincide con la percepción que tienen los historiadores del lugar que ocupan en ella: su propia trayectoria intelectual está marcada por el destino histórico. Hablamos de un doble proceso identitario: el de la historia como discurso social y el de los historiadores como intelectuales. A la construcción de ese proceso en el campo historiográfico misionero lo hemos denominado fronterización. La zona de fronteras con la presencia de población heterogénea, circulación de códigos culturales diversos y a un ritmo relativamente acelerado, implica que para especificar la identidad misionera la historia debe abarcar componentes de un amplio campo cultural, social y político que la convierte en una fuerza homogeneizadora de la sociedad. La especificación identitaria en ese marco heterogéneo implica una dinámica constante de producción de fronteras en la negociación con estos componentes. La historia se estructura en una línea argumentativa en la que la prefiguración de los otros está basada en la "sospecha" permanente, buscando siempre construir "otredades" para especificarse a sí misma. El proceso de selección, registro y reconceptualización del pasado y de la propia experiencia intelectual de los historiadores, signan los mecanismos de inclusión/ exclusión, identificación/diferenciación, como así también, los márgenes ambiguos y contradictorios de la interacción.

6- Cuando se plantea lo nacional, se incorpora la traducción local de la nacionalidad. El sentido localista opera como un filtro de la nacionalidad, la incorpora, pero la resignifica. Esta resignificación está determinada por la negociación que se establece con los "vecinos" de la frontera. El posicionamiento en relación con los "vecinos", determina la interpretación de la nación. En sentido dialéctico, la posición "dentro" de la nación, permite percibir y asumir a los "vecinos". Desde ese punto, es posible evaluar procesos que conducen a percibir las fronteras como espacios de apertura e intercambio, flexibilizando los componentes nacionales-locales o como barrera que obstaculizan la integración a partir de la recuperación y puesta en activa vigencia de los componentes más "duros" de la nacionalidad-localismo.

7-Por eso es necesario identificar en la articulación de esos dos parámetros un foco identitario más localizado que se define, dentro de la historiografía, como un espacio de construcción argumentativa propia del lenguaje de los historiadores de la frontera: aquél en el que la historia debe especificar a brasileños y paraguayos. Es un espacio ineludible en el que se debe dar cuenta de los vecinos, de ubicarlos en algún esquema clasificatorio. Hay un acercamiento hacia el otro, un intento de explicar sus propias presencias, tan próximas unos de otros, de dar un sentido a su propio pasado para ubicarse en relación con los otros. Es la instancia en que los historiadores se ven envueltos en contradicciones, ambigüedades, omisiones, tergiversaciones, mitificaciones, que podemos considerar como "manipulación" de la situación de frontera. A este "lugar" argumentativo específico lo denominamos "transfronterizo", pues en él se suspende por un momento la nacionalidad o se reduce su influencia permitiendo un acercamiento, un esfuerzo de reconocer y darle una ubicación a paraguayos y a brasileños. No deja de ser un momento de tensión, que puede resolverse hacia la plasmación de fronteras "duras" (recuperando los fuertes sentidos de la nacionalidad) o puede permitir la construcción de "comunidades" de integración. Pero lo que denominamos "transfronterización" es ese momento de no resolución que se presenta entre la definición de lo propio y lo extraño, exigiendo ciertos modos de recreación del pasado, la implementación de estrategias "adaptativas" en las relaciones y en las percepciones mutuas.

8-Por lo que hemos analizado del campo historiográfico observamos que mediante la substancialización de un sustrato común asociado a la raza, al pueblo y a la cultura (manto tupiguraní, pasado hispano-guarani), fue posible una integración académica con paraguayos y brasileños. Para ello hubo que sortear, "filtrar", los espacios y sentidos nacionales asociados a las fronteras por el tamiz de las construcciones identitarias del localismo (que ya incluían otras definiciones o categorías sobre los vecinos). La nación entra en suspensión para producir construcciones nuevas de identidad sustentadas en otros tipos de pertenencias, aunque éstas se basaran, al igual que la nación, en elementos substancializados.

El proceso de substancialización de raza, pueblo y cultura permitió la construcción de una región que operaba como contención identaria vis-a-vis la nación flexibilizando las fronteras de los países. Sin embargo, la tensión no se resolvía del todo y seguían operando otros esquemas clasificatorios dispuestos a ser usados cuando el intento de acercamiento con los otros (transfronterización) hacía peligroso el contacto y el diálogo; ahí aparecía nuevamente el repertorio acumulado de valoraciones nacionales. La determinación que hacemos de este estado de tensión que adecúa discursos y prácticas nos permite captar que las relaciones fronterizas son mucho más complejas que la imagen superficial de "hermandad" o "enemistad". Esta complejidad sólo se percibe en las interacciones que se dan en ese espacio más localizado dentro de la frontera que hemos denominado "espacio transfronterizo" que está marcado por momentos de tensión (acercamiento y separación, a veces procesos simultáneos) que exigen formas de resolución, pues no se puede mantener por mucho tiempo.

Con Brasil era más frecuente una resolución negativa del acercamiento y reconocimiento, pues los brasileños eran considerados siempre como "extranjeros", "enemigos", "invasores". No había variantes ni matices, la relación era uniforme: los brasileños siempre avanzan, los argentinos deben anteponer barreras. La historia rescataba muchos ejemplos que justificaban esta relación. La comunidad de raza, pueblo y cultura se desintegraba rápidamente en este caso.

En cambio, el proceso de percepción y ubicación de Paraguay, implicaba alternativas más frecuentes de identificación y diferenciación. Era posible el encuentro con los paraguayos apelando al mismo origen guaraní, compartiendo la idea del carácter "indómito", "libertario" y "localista" de ambos pueblos, identificándose en la posición de víctimas, por haber padecido supuestamente las mismas opresiones y desgracias. Habían sido "hermanas" en los "albores de la patria" y se podía, incluso, si era necesario, obviar el tratamiento de cuestiones conflictivas del pasado. La historia daba más márgen para la negociación, no así con los brasileños. Pero se percibe en la argumentación histórica una relación asimétrica: los brasileños siempre eran más poderosos y superiores, los paraguayos aparecían subsidiarios de la Historia Argentina: la independencia del Paraguay se habría debido al impulso libertario dado por la Argentina. Mientras los pueblos misioneros de la costa occidental del Paraná fueron "dejados" por Belgrano en manos de Paraguay, a lo sumo " perdidos " para la Argentina, los pueblos de la costas del Uruguay fueron "arrebatados" y "usurpados" por los portugueses. Quedaba bastante evidente que con los paraguayos los argentinos ejercían una superioridad paternalista de hermana mayor; en tanto que los brasileños, si bien eran más poderosos, seguían desarrollando prácticas de salvajismo propias de pueblos que no alcanzaron totalmente el estado de civilización como sí lo habrían hecho los argentinos. Pero esta son sólo algunas de las posiblidades que adquiere el proceso de construcción de los vecinos en los múltiples modos de entender las "fronteras" desde el marco del localismo historiográfico fronterizo.

 
3- Viejas y nuevas fronteras: el campo historiográfico misionero en tiempos de cambios

Han pasado casi cincuenta años de constitución de la Junta de Estudios Históricos de Misiones, período del que no nos hemos ocupado y en el que han surgido otras instituciones historiográficas, especialmente en el campo universitario. Pero a pesar de las diferencias, de la inclusión de nuevos temas y de nuevos enfoques, los historiadores de la actualidad permanecen atrapados en las redes de una matriz historiográfica con la cual dialogan permanentemente.

La invención de la misioneridad, la construcción de la provincia y la identificación de las figuras emblemáticas que se gestaron en la Junta, cobran vigencia en acríticas reproducciones o adquieren nuevas significaciones en las instituciones que actualmente producen historia (ya sean Centros de investigación o Juntas). Por similitud u oposición, por afirmación o negación, la matriz (cuyos rasgos hemos resumido en el apartado anterior) sigue teniendo una eficacia tal en la producción historiográfica que influye también en la determinación de la naturaleza cíclica en la producción de fronteras.

Todas las instituciones del presente han sido creadas como una continuidad de la labor de los "padres fundadores" retomando "la posta" de la construcción de la historia por el "bien de Misiones". Existe una suerte de idealización de la actividad historiográfica del pasado en torno a la cual se reunen los historiadores como el "fuego sagrado" de una gran familia. La cotidiana referencia a los historiadores de la histórica Junta, ya sea por sus nombres de pila o apodos: "Chiquito", "Aníbal", "Casiano" o, incluso algo más despectivamente, "el Viejo Cambas", nos informa de esa comunidad tan próxima y aldeana con los muertos que implica un compromiso permanente con la matriz histórica. La recurrente visión romántica de la labor de los juntitas opera también como una "trinchera" para oponerse a los cambios y para excluir a otros historiadores considerados como "extranjeros", salvo que demuestren en sus producciones un fuerte compromiso con las cosas de Misiones y eso ocurre mediante la reproducción de algún aspecto predispuesto por la matriz historiográfica misionera.

Nos preguntamos: ¿Como se comporta la matriz en tiempos de cambios?

Retomamos aquí, para cerrar nuestro trabajo, el problema de las transfomaciones globales y el localismo fronterizo con el que iniciamos las reflexiones de este artículo. Presentaremos algunas evidencias que nos permitan formular interrogantes para análisis más profundos en el futuro.

En diálogo explícito con los cambios

Algunos historiadores han decidido asumir explícitamente los desafíos de los nuevos tiempos de transformaciones mundiales y de los procesos de integración regional tomando elementos de la matriz y resignificándolos para un reposicionamiento de la historia de Misiones y de ellos mismos como intelectuales en la sociedad.

Actualmente existe una recuperación de aquellos sucesos del pasado que permiten un acercamiento transfronterizo, por ejemplo, con Paraguay. Esto no sorprende demasiado ya que tradicionalmente, y lo hemos demostrado en este trabajo, la articulación con ese país ha sido siempre más posible y frecuente. Pero es importante hacer notar que los hechos que se rescatan son episodios muy localizados entre dos ciudades vecinas - Posadas y Encarnación- donde el componente nacional no entra en conflicto o, en todo caso, es siempre favorecedor a la integración. Se destaca la "hermandad" de los pueblos y la solidaridad de dos ciudades vecinas en las que el río Paraná que las separa no significa ninguna frontera. Se trata de la doble fundación jesuítica de las ciudades de Posadas y Encarnación con un fundador común, Roque González de Santa Cruz y del Ciclón del 26 que destruyó la ciudad de Encarnación y los posadeños ayudaron a los encarnacenos, incluso "arriesgando sus vidas en el mar de las tormentas". Se han realizado actos en las ciudades de ambas orillas para conmemorar esos acontecimientos. Algunos historiadores, sin embargo, no han dejado de juzgar dichos actos celebratorios de la "integración" como oportunistas.

Dentro de esta línea de asumir explícitamente la contribución de la historia para la integración, hay quienes han planteado la existencia de "una verdadera revolución cultural del Mercosur". Las ideas están plasmadas en un libro editado en 1995 (17) en el que se recuperan y se conjugan variados elementos que históricamente han servido para justificar el "acercamiento": el manto tupí-guaraní, el tronco hispano-guaraní, la influencia hispano-portuguesa, las Misiones Jesuítas y el espíritu americanista de los pueblos en una combinación discursiva que no resuelve muy bien la contradicción de la variedad de los elementos que intervienen. Se promueve además la superación de antiguas rivalidades entre "hermanos" para dar respuestas efectivas a las transformaciones. Su autor manifiesta:

"El trabajo es una propuesta de diálogo a partir de los conocimientos históricos que uno pueda o no tener y de los hechos más importantes que ocurren en el mundo exterior, de los cambios rapidísmos que se están produciendo, y esa nueva situación que nace desde el Mercosur a través de la cual Argentina comienza a reinsertarse. Es una propuesta de interpretación para la acción, o sea que es una invitación a todos los hermanos de Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil a que esta tarea sea un punto de partida y un compromiso permanente"

También está presente el componente romántico de superar los conflictos hacia una victoria futura de los pueblos unidos:

"El verdadero promotor de este trabajo es un amigo de Santa Catarina, Brasil, que fue coleccionando artículos míos sueltos y me propuso traducirlos al portugués en formato de libro (...) me acaba de anunciar que también en Brasilia se presentará este libro sobre la historia y Mercosur (...) él creyó, tal vez más que yo, que en este trabajo y en este camino está la victoria tanto del país de él como del nuestro"

Pero algunos historiadores del núcleo "duro" de la matriz lo han visto como una expresión de oportunismo y, en especial, "ahora que está de moda hablar de Mercosur y de integración cuando desde hace tiempo nosotros hicimos de la integración un hecho y no una declaración (...)"(J.M. R. 1997)

Pero la reacción de los historiadores de la matriz misionera, en su aspecto más refractario, se produjo cuando en el suplemento cultural de un diario local se expresó en referencia a la presentación del libro:

"Las palabras de...fueron escuchadas por cerca de trescientas personas en la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, fueron saludadas con aplausos como cierre de un acto que representa la primera presencia en ese recinto de la obra de un escritor misionero, hecho de trascendental importancia para las letras de esta provincia"(Resaltado nuestro)

Ante este comentario que demostraba aparentemente la consagración de un autor "misionero" en la Capital, una historiadora expresó, quitándole trascendencia al hecho, la revelación breve, lapidaria y contundente de recuparación de la otredad: "Ese no es misionero...es correntino". Con este simple comentario se pretendía quitar importancia al hecho y descalificar el trabajo. Lo sintàmático es que el rechazo no se fundamentaba en razones de discrepancias historiográficas, sino en el supuesto origen de los autores: la condición nativa en contraste con la "extranjería".

Mientras algunos historiadores salen al encuentro de la globalización y el Mercosur apelando a discursos y prácticas resignificadas de la matriz, otros, apelando también a la matriz mantienen, sin embargo, una actitud de permanente sospecha y repliegue. Lo que podemos sostener preliminarmente es que el momento actual pruduce nuevos conflictos y sigue generando procesos de fronterización en las relaciones del campo historiográfico. La fronterización recrea sus dos tendencias clásicas, la apertura y flexibilización de las fronteras hacia una "comunidad" de intereses o el cierre hacia el endurecimiento de las fronteras con la recuperación de valores localistas. Pero la definición por uno u otro parámetro plantea nuevamente momentos de tensión, de no resolución, de transfronterización en los que hay que definir a los otros poniendo en suspensión antiguas valoraciones. Estos momentos suelen ser la clave para determinar la naturaleza del proceso de cambio.

En diálogo tácito con los cambios:

Queremos presentar, ahora, cómo los historiadores dialogan tácitamente con la globalización. Al parecer no se hacen cargo de ella, manteniendo una actitud prescindente. Sin embargo, la incorporan como ese oponente omnisciente cuya presencia permea la producción histórica y los obliga a dar una respuesta para reposicionarse en el medio socio-académico. En el dialogo con los fenómenos de cambio distinguimos tres momentos que nos revelan la presencia de aquello que es "innombrable": perturbación y contradicción, repliegue y profundización de la matriz historiográfica misionera en sus fronteras "duras" y la producción de fenómenos nuevos.

a-Momento de perturbación y contradicción:

El libro "Misiones, después de Andresito"(1995) hace una descripción detallada de cada uno de los indígenas que sucedieron a Andresito como comandantes de la Provincia de Misiones después de 1819. En este sentido no se aparta de la matriz historiográfica misionera en la medida en que su preocupación es demostrar, en la actuación de estos líderes indígenas, la continuidad cultural y espacial del territorio de Misiones a la nación. Se presenta como un compromiso histórico que el trabajo pretende cumplir en la demostración que

" (...) después de la muerte de Andresito no todo estuvo terminado, puesto que el bravo guaraní tuvo sucesores (...) que si bien no alcanzaron el prestigio y la relevancia que tuviera el hijo adoptivo de Artigas, fueron naturales que con gran valor y coraje siguieron luchando tratando de mantener la integridad territorial e institucional de su provincia"

¿Cómo justificar en los nuevos tiempos un trabajo tan apegado a la matriz historiográfica?. La declaración del autor en la presentación del libro es algo confusa y contradictoria:

"He consultado para este libro fuentes documentales tanto nacionales como del exterior, para dar una certidumbre y validez a sus protagonistas. Pero no es sólo una obra bien documentada, sino que persigue un despertar de la conciencia colectiva y nacional como punto de partida para proyectarnos claramente hacia el futuro con los otros y así ver las distintas situaciones similares puntuales y actuar correspondientemente con tesón en pos de la seguridad nacional y relevancia histórica de Misiones y sus hermanos "(¿?) (resaltado nuestro)

El Ministerio de Educación de la Provincia de Misiones encomendó a tres historiadoras locales la redacción de un texto sobre la historia de Misiones que dé respuestas a las demandas de la Transformación Educativa. Recordemos que la Transformación Educativa es una propuesta de adecuación a los nuevos tiempos globalizados, encarada por el Estado-nacional a través del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. Sin embargo, el texto reproduce los contenidos de la matriz historiográfica en la medida en que es una reedición, en otro formato, de manuales anteriores. No ha habido una revisión crítica ni la introducción de procesos que involucren a las historias de los otros países que siguen excluidos mediante el imperativo nacionalista y provincialista. Elocuentemente el libro se denomina "Historia Misionera" y propone una lectura focalizada "desde Misiones hacia la región". Misiones se convierte en el centro, sustentando la perspectiva localista, aunque su propuesta se presente como una perspectiva "integradora". La confusión en el campo educativo, uno de los sectores más afectados por los cambios, se da en el plano de los contenidos históricos, entre la "integración" de Misiones al Mercosur y el temor a desaparecer como entidad político-cultural, lo que implicaría (tal el comportamiento de la matriz) el riesgo de la desaparición del propio historiador que no encuentra aún un lugar en la transición. La presencia de expertos de Buenos Aires y la intervención de otras disciplinas del campo social que obligan a cambiar el enfoque de la clásica Historia de Misiones, son percibidos como "invasores" de la historia y "enemigos" de los historiadores. La "Historia Misionera integrada" sería, para las autoras, una fórmula alternativa relativamente segura para mantener un sitio entre el cambio y la preservación "hasta que pase el temporal".

En otro orden, cierto historiador expresó una nueva versión de la vieja desconfianza: "la cuestión de la educación en Misiones es vital y lo tienen que entender porque no es cualquier parte del país, como zona de fronteras aquí se va a decidir si los misioneros vamos a ser peones de las fábricas de los brasileros o gerentes de sus empresas y la historia nos puede ayudar a entender cuál ha sido la actitud histórica de los brasileños (...)" (P.J.)

b-Repliegue y profundización de la matriz

Un historiador y periodista local, percibiendo un mundo de cambios que supuestamente "amenaza" la identidad, ha expresado la necesidad de "misionerizar Misiones", realizando un llamado público para ese cometido. Los argumentos no son nuevos ni tampoco los elementos sobre los que deposita su queja; lo que queremos destacar es la necesidad, cada vez más intensa, que algunos sectores tienen de preservar la identidad. Tienen la sensación de que existe un contexto amenazante del que es necesario protegerse. La traducción histórica de esta reacción identitaria está dada por el reclamo de la necesidad de mantener la provincia en íntima relación con la historia nacional y, en este contexto, vuelven a surgir las viejas percepciones sobre las fronteras:

"Seguramente en todas las escuelas de Misiones se ignora la epopeya patriótica del valioso aporte misionero a la emancipación americana (...) se enseña que San Martín creó su ejército libertador en Mendoza, pero nada se informa sobre quién fue Chepoyá, y menos que por su especial pedido, formó sus primeros escuadrones del Regimiento de Granaderos con paisanos guaraníes de la histórica provincia de Misiones. En los prolegómenos del 19 de julio de 1816 se exalta la figura de Güemes como el más formidable custodio de nuestras fronteras, pero se omite citar a la hazaña de Andresito para esa misma época, que en lucha desigual contra los designios de Buenos Aires, y contra las pretensiones de Brasil y Paraguay mantuvo intangible nuestra soberanía. Y que gracias a esa gesta , la Mesopotamia sigue siendo nuestra (....)Mbororé tampoco significa nada para nuestros niños (...) ni que Misiones fue la primera provincia Argentina en adherir a la Revolución de Mayo (...) y que en Candelaria el Reglamento Provisional de Belgrano marcó la primera Constitución Argentina" (A.M.1997) (Resaltado nuestro)

Luego de la prédica, el mensaje moral sobre la responsabilidad:

"Honestamente creo que es hora de misionerizar Misiones y en esta tarea una gran cuota de responsabilidad le cabe a nuestras autoridades que por acción y omisión están facilitando el vaciamiento de nuestra identidad..."

A esta apelación tan explícita de la matriz se suman otros historiadores que escriben artículos parangonando la personalidad de Andresito (héroe local) con la del General San Martín (prócer nacional). O bien apoyan el traslado de los restos mortales de San Martín y su padres a Yapeyú (pueblo natal del prócer) para establecer "un santuario de peregrinación nacional que sirva para custodiar la desprotegida frontera del avance de los brasileños incentivada por la integración del Mercosur" (Proyecto de traslado, 1997).

c- El surgimiento de nuevos fenómenos

La trascendencia mundial de la exhumación del cadáver de Ernesto "Che" Guevara y de las alternativas de su traslado a Cuba, ha dado lugar a una particular reivindicación del personaje como parte de la identidad misionera. Existe un incipiente proceso de vinculación del mítico personaje con la historia de Misiones, recuperando los dos años en que Guevara vivió cuando niño en el territorio, revelando anécdotas de gente que lo vieron, recuperando fotos, declarando como monumento histórico la casa donde vivió con sus padres en Caraguatay, buscando hitos de la vida del "Che" que puedan vincularse con fechas de significación patria etc.. La idea se fundamenta, al parecer, en la necesidad de que la historia de Misiones trascienda al Mundo junto con la trascendencia del personaje. Este ejemplo, posiblemente coyuntural, de "conversión misionera" del "héroe" latinoamericano, si bien expresa en gran medida la sociodicea de algún historiador local, de algún modo es elocuente del diálogo tácito con las trasformaciones globales expresadas en las búsquedas y procesos de reinvención de núcleos convocantes de identidad. Es decir, la invención de aquellos "puntos de referencias básicos" que aglutinen identidades en tiempos de cambio de que nos habla Ruben Oliven para el caso del resurgimiento de las asociaciones tradicionalistas gauchas en Rio Grande do Sul (1995).

En este sentido, también en numerosas localidades del interior de la provincia se ha iniciado un proceso de reinvención del pasado como respuesta a las trasformaciones sociales y políticas que ocurren en el presente.

En la localidad de Candelaria, situada a 20 Km de la capital de Misiones, los historiadores han argumentado acerca de la existencia de un árbol en el puerto de la localidad "bajo cuya sombra habría descansado Belgrano en su campaña del Paraguay". El proyecto de traslado del "Sarandí Histórico" a otro sitio del pueblo debido a que será cubierto por las aguas de la represa de Yaciretá, ha generado una reacción popular en la que se expresan otros desplazamientos sociales y se debate la identidad. El árbol mencionado es considerado como el depositario de la "argentinidad" y el "misionerismo", pero tras esos valores se despliega un proceso de fronterización social y política sumamente complejo y conflictivo por medio del cual se marcan "otredades" y "exclusiones". En este marco la historia se convierte en un lenguaje de traducción socioeconómica: se rescata el carácter de Candelaria como Capital Histórica de Misiones, la expedición de Belgrano "que estuvo" y "descansó" en Candelaria redactando la célebre Constitución, la argentinidad y el compromiso con Misiones de los "candelarienses" de ayer y de hoy. Candelaria apela a la historia para encontrar un lugar específico en la provincia y anunciar su voluntad política de no ser marginada de los proyectos económicos derivados de las transformaciones globales y la integración (especialmente asociado a la radicación de empresas y a la incorporación de Candelaria dentro del circuito turístico del Mercosur a partir de la constitución del llamado "corredor integrado de las Misiones Jesuíticas":

"No queremos que los turistas pasen por la ruta y se vayan a San Ignacio, a Iguazú y de ahí a Brasil. Nosotros queremos que entren en Candelaria como antes..Por eso también hacemos la movida del sarandí...un poco por eso... y tenemos algunos historiadores de prestigio que nos ayudan. Algunos son profesores de aquí, de Candelaria..." (N.B.J. Intendente de la localidad, 1997)

Esta reivindicación del "localismo candelariense" y su esfuerzo por especificarse dentro de la provincia de Misiones por medio de la historia, es equivalente al esfuerzo de los historiadores de la Junta para especificar a Misiones en el seno de la Nación Argentina desde la década de 1940. Pero este tampoco es un fenómeno aislado. En los últimos cinco años han surgido en varios pueblos del interior de la provincia Juntas de historia que reivindican sucesos específicos del pasado del pueblo como componente identiario que los diferencien dentro de la provincia.

El advenimiento de estas Juntas nos sugiere la presencia de un contexto de cambios que es visto como una amenaza y un peligro, pues estas instituciones en sus objetivos intentan "preservar" la identidad local. Advertimos un proceso de fragmentación de la identidad misionera en múltiples núcleos identitarios que pasan por el rescate de sentimientos "comunitarios" más específicos. Hay un repliegue fronteras adentro de la provincia que profundiza el rescate de las memorias e identidades locales: cada pueblo debe tener su Junta para preservar la identidad publerina. Estas juntas estarían reclamando su espacio dentro de la provincia a partir de dos ejes: la oposición/complementación Capital (Posadas)-interior; la permanente construcción de otredades (fronterización) que opone pueblo contra pueblo mediante la substancialización de características homogéneas y particulares que los diferencien de los pueblos vecinos. Se intenta encontrar algún elemento o símbolo a través del cual cristalizar lo que ciertos sectores polítcos e intelectuales entienden como rasgo diferenciador de la identidad de cada localidad: un árbol, una piedra, un monumento etc..

Las Juntas del interior han iniciado también un proceso de edificación de "puntos de referencia" (Oliven:1994) en torno al cual construir sus sentidos de pertenencia y nos preguntamos si esta no es una respuesta a las transformaciones y los cambios que ocurren en la sociedad misionera en este contexto de integración iniciado por las esferas gubernamentales. Se estaría operando un proceso de fragmentación de la identidad misionera en un conjunto de "subidentidades" sin que esto signifique la pérdida de la condición de misioneridad. Es sintómatica la declaración del presidente de la Junta de Estudios Históricos de Jardín América:

"La historia de la Junta debe servir para el rescate de las cosas de nuestro pueblo, para que el jardinense sepa por qué es jardinense y se sienta orgulloso de serlo y este principio puede ser trasladado a los misioneros para que ellos sepan por qué son misioneros y se sientan orgullosos de serlo. Y por qué no para los argentinos, para que ellos puedan comprender, más aún ahora, por qué son argentinos y enorgullezcan.."(M.F.J. 1997)

Creemos que el campo historiográfico actual se halla en un momento de tensión y de no resolución, donde no se puede prever aún la dirección que tomará el proceso de construcción identitaria. La herencia de la matriz es demasiado fuerte como para creer en la posibilidad de una sencilla resolución hacia la tan mentada integración mercosuriana. En las posturas que se asumen se percibe que lo que está en juego es el miedo de los historiadores a perder su propio rol como activos protagonistas en la formulación de discursos identitarios que justifiquen su existencia en la sociedad. La estrecha conexión entre lo misionero y nacional que caracterizó a la producción histórica, pone hoy en riesgo de disolución a la misioneridad si desapareciera la identidad nacional en el proceso de integración regional.

Lo que se cuestionan los historiadores como intelectuales, es si podrán en este tiempo de ambigüedad, seguir especificando un "lugar" para Misiones (y para ellos), desaparecidas las fronteras que la justificaban dentro de la nación, fronteras simbólicas que los propios historiadores han ayudado a crear. Si al menos en el plano discursivo de las políticas culturales y económicas, se propicia la desaparición de los vecinos "peligrosos" y de las fronteras "duras" desde dónde reclamaban, como custodios de la nacionalidad en la frontera, un derecho en la seno nacional, ¿podrán elaborar nuevos espacios desde lo local para reconocerse en la integración?. La nación y la provincia, hasta ahora ejes estructurantes de los procesos de construcción identitaria, ¿encontrarán nuevas formas de combinación en el discurso de los historiadores?

Pero también sabemos que los historiadores de las fronteras tienen algo de Pilato y de Quijote. Producto de la trayectoria histórica del campo historiográfico, poseen, por un lado, gran capacidad para la negociación y para desentenderse de las cuestiones conflictivas y, por otro, una resistencia emotiva para la lucha frente a la adversidad. Advertimos la persistencia de la Provincia de Misiones como núcleo identitario para los historiadores, aunque se hayan reducido los factores que la estructuraron y justificaron: el componente nacional y la agresividad de los vecinos como enemigos. Existe un proceso de reinvención del pasado que encuentra en la fragmentación de múltiples núcleos identitarios otros modos de afirmación local al interior de la provincia.

Los historiadores misioneros siguen experimentando la sensación de tener que "defender" a Misiones desde todos los frentes. Siguen operando los esquemas clasificatiorios y las categorías identitarias que los comprometen con la matriz historiográfica. En el proceso de nuestra investigación, siendo también historiadores "del lugar", no podemos dejar de sentir nosotros mismos la sensación de traicionar a los historiadores que nos han formado y de experimentar el dilema de lealtades cruzadas. Permanentemente nos encontramos frente a situaciones que nos obligan a poner en crisis nuestra propia formación, para superar el impulso de refugiarnos en el lugar pre-determinado por la protectora matriz historiográfica (dispuesta a funcionar sobre nuestra subjetividad en la valoración de los hechos) y perder el miedo de ser expulsado del "fuego sagrado de la aldea".

Entre lo refractario y el oportunismo, entre la apertura y el repliegue, la búsqueda de nuevos caminos y alternativas sigue revelando procesos conflictivos de fronterización de la fronteras y la construcción de "otredades" por parte de los historiadores misioneros. ¿Cómo se resolverá la tensión? No lo sabemos. Sólo podemos decir que persisten esquemas clasificatorios "localistas" que permiten percibir a las fronteras, sino como barreras, por el momento nada más que como puentes hipotéticos de integración.

La posibilidad de traducir lo local en el lenguaje de lo global (y no al revés) sigue siendo un desafío no resuelto para los historiadores misioneros que, al parecer, seguimos sientiendo el impulso de combatir en la frontera como Quijotes contra molinos de viento.


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FUENTES

Archivo de la Junta de Estudios Históricos de Misiones
Hemeroteca de la Biblioteca Popular Sarmiento (Posadas)
Hemeroteca del Museo Regional "Aníbal Cambas" (Posadas)

Entrevista a historiadores


NOTAS

· Este artículo fue preparado en el ámbito del proyecto MOST "Mercosur : espacios de interacción, espacios de integración". Para informaciones más detalladas, consultar la Secretaría de MOST o la página www.unesco.org/most.

1. -Es constitutivo del proceso de conformación de la nación argentina la lucha histórica entre autonomías provinciales y el poder central localizado en Buenos Aires. La formación del estado nacional desde fines del siglo XIX implicó un proceso de homogeneización cultural que subsumió las "partes" (provincias) al "todo" (Estado-nación). Aún hoy, para muchos intelectuales, es un dilema no resuelto que se evidencia en numerosas manifestaciones políticas, sociales, económicas y culturales.

2. En esta oportunidad queremos comentar sólo algunos aspectos de nuestro trabajo empírico que se halla en una fase preliminar y sujeto a modificaciones en el futuro.

3. -Por matriz entendemos un conjunto de discursos y prácticas institucionalizadas con características comunes cuyos conceptos adquieren significados "ocultos" conforme a la conyuntura en que esta matriz se desenvuelve: obras históricas, relaciones académicas entre historiadores y rituales públicos. (Gutfriend: 1994, Jaquet:1997)

4. - La idea de país central está asociada en Argentina a la hegemonía histórica de la Capital Federal (y de Buenos Aires) por sobre el resto de las provincias consideradas en contraposición a ese "centro" como interior o periferia.

5. -Se piensa en la conformación de entidades como el Mercosur que englobaría a varios países de sudamérica.

6. -Las categorías "interior", "exterior", "centro", "periferia", como así también las clásicas denominaciones "provincial", "regional" y "nacional" deberán redefinirse a partir de nuevos paramétros económicos, políticos, culturales y espaciales en el marco de las configuraciones derivadas del proceso de integración (Mercosur), pero sin perder de vista que las mismas responden a tradiciones socioculturales y político-académicas que determinarán una compleja superposición de significados . Nuestro trabajo apunta, en parte, a reconstruir el proceso de constitución de estos términos en la trayectoria del campo historiográfico misionero y sus posibles reelaboraciones.

7. - Federico Neiburg ha utilizado recientemente este concepto bourdiano de sociodicea en el estudio del peronismo considerándolo como una invención cultural producto de la actividad de los intelectuales. Sostiene que en el campo intelectual específicamente, para construir una posición en el universo social que es pensado en términos nacionales, los políticos, los literatos, los ensayistas, los historiadores y los científicos deben ofrecer un relato de historia y proyecto de nación que pueda se reconocido por el resto de la comunidad. (Neiburg: 1995)

8. -Afranio García Jr. ha estudiado el surgimiento de los intelectuales nacionalistas brasileños a partir de la relación de oposición con los intelectuales cuyo centro estaba localizado en París y cuya influencia era muy grande en las primeras décadas de este siglo. Este autor demuestra cómo, en oposición a la ideología "universalista" de los intelectuales franceses, surgió una pléyade de intelectuales nacionalistas brasileños a partir de la década de 1930 (García: 1994).

9. - Denominados historización al proceso que realizan los historiadores enfrentados a ciertas situaciones nuevas en las que tienen que recurrir "a la selección, clasificación, registro y reconceptualización de la historia como pasado" (Guber 1995) y de su experiencia como intelectuales en el marco de la trayectoria histórica del propio campo historiográfico. Es decir, el proceso de recreación y reelaboración de la matriz historiográfica local dando nuevos sentidos al pasado y a su rol social como historiadores en el presente. Denominamos historización regresiva cuando ese proceso de selección y reconceptualización de la experiencia historiográfica conduce a la idealización y primordialización de elementos "duros"de la matriz que obstaculizan el diálogo y la integración con otros. Esto es, cuando la respuesta a los cambios del presente implican una suerte de "repliegue" o "refugio" en episodios o personajes substancializados, en modos de narrar instituidos y en prácticas de inserción socio-intelectuales prefiguradas por prácticas anteriores.

10. -Incluía aproximadamente más de la mitad del actual territorio de Santa Catarina, Brasil.

11. -La idea de "franquear" se une a otras expresiones como "romper", "transponer", "penetrar" que nos hablan de la percepción de una frontera entre dos mundos distintos, separados por una barrera-obstáculo que había que vencer para "derramar" por los ríos interiores, en dirección contraria "a la normal disposición de la naturaleza" el flujo de la civilización que venía del atlántico logrando, así, la integración de la nación (Tomas:1993). Para algunos autores la "entrada" de la civilización por la puerta de Buenos Aires implicó una lectura "al revés de la geografía".(ibidem)

12. -Mardoqueo Navarro era Administrador de Aduanas del Estado Nacional y recorrió la zona de frontera sobre la costa del río Uruguay durante la década de 1870 para relevar información acerca de las actividades económicas clandestinas de los "brasileños". Después de este viaje entró en la polémica con los diputados correntinos ya que propuso la separación de Misiones de esa provincia por considerar que Misiones estaba "abandonada"dada la ineficacia de la administración del gobierno de Corrientes para cubrir tan extenso territorio facilitando las actividades de contrabando.

13. -Se conoce como "movimiento provincialista" al empeño conjunto llevado a cabo por diversos sectores sociales tendiente a lograr la provincialización de Misiones. Si bien pueden registrarse antecedentes de este movimiento sociopolítico que congregó a un conjunto heteróclito de personas desde 1920, es en las décadas de 1940 y 1950 cuando adquirió mayor envergadura. El cambio de entidad política del Territorio de Misiones se dió en 1953 cuando se creó la Provincia de Misiones durante el gobierno del presidente argentino Juan Domingo Perón (19461955).

14. -La principal institución historiográfica del pais era la Academia Nacional de la Historia (1938) localizada en la Capital Federal.

15. -Se halla sobre la Ruta Nacional Nº12 en la localidad de Garupá, límite entre la capital misionera (Posadas) y el interior de la provincia.

16. - Los encarnacenos acostumbran llamar despectivamente a los argentinos de la frontera con el apelativo "curepí" en alusión a las perneras de cuero de cerdo que utilizaban los soldados argentinos durante la Guerra de la Triple Alianza.

17. - Se trata de "La Revolución Cultural del Mercosur" de Salvador Cabral Arrechea. Este texto posee dos ediciones, una en español y otra en portugués.


El autor

Héctor Jaquet es historiador, Universidad Nacional de Misiones. (Posadas, jacquet@bihuso.unam.edu.ar)


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