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INDICE
INTRODUCCION
LA ERA DE LAS CIUDADES
LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES EN ACCION
LA CIUDAD MUNDIALIZADA
LA CIUDAD FRAGMENTADA
LA CIUDAD MULTICULTURAL Y MULTIETNICA
LA CIUDAD GOBERNADA
LA CIUDAD ECOLOGICA
LA CIUDAD TECNOLOGICA
EL DESAFIO PLANTEADO: LAS CIUDADES COMO REALCE DE
LAS CAPACIDADES HUMANAS
REFERENCIAS
Introduccion
El presente trabajo se propone pasar revista al tema de investigación
de "las ciudades como centros de transformaciones sociales aceleradas"
y delimitar el campo y la función de MOST en la temática
urbana en que están trabajando muchas entidades. El trabajo resume
los debates que tuvieron lugar en una reunión regional organizada
por la UNESCO y apoyada por la Ciudad de Viena, la Comisión Canadiense
de Cooperación con la UNESCO y el CIID (Viena, 10 a 12 de febrero
de 1994) y los trabajos de expertos en la materia encargados por la UNESCO.
En este documento no se pretende hacer un examen sistemático de
la abundante literatura sobre el tema.
Al circunscribir las áreas prioritarias de investigación,
los participantes sugirieron que el MOST se interesara en la elaboración
de un marco conceptual más amplio sobre cómo las transformaciones
sociales afectan ahora y afectarán en el futuro a la estructura
de las ciudades. Sin pretender ser exhaustivo, y con mi propio punto de
vista, este trabajo prosigue la reflexión comenzada en Viena y constituye
sólo un peldaño en el proceso de definición colectiva
del tema de las ciudades dentro del Programa MOST, al igual que una invitación
a participar en el debate.
El trabajo se divide en tres partes. La parte 1 presenta la escena:
el advenimiento de una civilización urbana. La parte 2 trata de
esbozar las transformaciones sociales más importantes que están
afectando a las ciudades y condicionando su administración sostenible
ahora y para el futuro, y presenta los constantes y difíciles problemas
que se plantean a los decisores, y, por ende, a la investigación
comparativa transdisciplinaria internacional. En la parte 3 se indican
los desafíos que afronta MOST.
LA ERA DE LAS CIUDADES
Estamos comenzando una nueva era, la era de las ciudades, transición
importante de la civilización. Antes del año 2000, la mitad
de la humanidad, o sea 3,2 mil millones de personas, estará viviendo
en ciudades. Setenta por ciento de esta población urbana vivirá
en países en desarrollo. Dieciocho ciudades de los países
en desarrollo tendrán una población de más de diez
millones.
Dada la explosión urbana sin precedentes del Sur, la magnitud
de la tarea futura se refleja en las cifras que citamos a continuación.
Según estimaciones de las Naciones Unidas, el número de habitantes
urbanos del Sur se habrá duplicado entre 1980 y 2000, pasando de
1.000 millones a 2.000 millones. Es probable que en los siguientes 25 años
se vuelva a duplicar, pasando de 2.000 millones a 4.000 millones. En menos
de medio siglo, 3.000 millones de personas habrán venido a incorporarse
a la población urbana del Sur. A comienzos del siglo XXI, la población
de bajos ingresos de las ciudades del Tercer Mundo, muchas de ellas megalópolis
superpobladas, será la nueva mayoría de la población
mundial.
Cada uno de los continentes se ve afectado de manera algo diferente.
En varios países latinoamericanos el grado de urbanización
ha alcanzado los niveles de Europa y América del Norte. En Africa,
el ritmo de crecimiento urbano es excesivamente alto. En Asia, el tamaño
correspondiente de la población involucrada es sorprendente. Sin
embargo, esta diversidad de configuraciones provee la oportunidad de efectuar
investigaciones comparativas internacionales que arrojen luz sobre las
diferentes modalidades de las transformaciones sociales aceleradas que
se están produciendo en las ciudades de todo el mundo.
"Antes de 1990, se estima que 1,4 mil millones de personas vivían
en centros urbanos del Tercer Mundo. De ellas, por lo menos 600 millones
se estimaba que vivían en hogares y barrios "que constituían
una amenaza para la vida y la salud" debido a las deficiencias de la calidad
de la vivienda y a la insuficiencia de la infraestructura y los servicios
asociados con la vivienda y las áreas residenciales (tales como
el suministro de agua potable, servicios sanitarios, recogida de basuras,
alcantarillado, carreteras asfaltadas y aceras, centros educativos y clínicas)"
(Arrossi et al., 1994, pág. 3; ver también Hardoy
et al., 1990).
Las ciudades, espejos de la sociedad, reflejan el desarrollo deficiente
y el precio de la modernidad (Touraine, 1992). El cuadro predominante es
el de las ciudades fragmentadas o duales, caracterizadas por fenómenos
de exclusión social, segregación espacial y creciente violencia
urbana. La forma que han adoptado el crecimiento económico y el
cambio social ha tenido mucho que ver con el surgimiento de nuevos problemas
en las ciudades.
Este deprimente cuadro no es de ninguna manera exclusivo de los países
en desarrollo, aunque sí difiere entre el Sur y el Norte, el Este
y el Oeste. Un reciente estudio de la OCDE centra su atención en
las graves concentraciones de población desfavorecida, desempleo,
pobreza y alienación en muchas ciudades de todos los Estados Miembros
de la OCDE y en el alcance de las políticas de fomento de la regeneración
urbana, la integración social y el desarrollo de ambientes más
vivibles (OCDE, 1994; también Jacquier 1991; Wieviorka, 1994).
Un informe de la Comisión de las Comunidades Europeas sobre las
funciones de las ciudades en la Comunidad Europea dice que "en la próxima
década, a medida que Europa vaya avanzando hacia una mayor integración
económica y política, las ciudades jugarán un papel
todavía más importante (...). En ellas se concentrarán
también muchos problemas agudos en los años noventa (...).
El futuro de Europa reflejará sustancialmente el de sus ciudades.
Su tremenda energía económica, social y cultural debe canalizarse
hacia la promoción de la cohesión social y económica
en toda la Comunidad Europea. Las ciudades exigen un lugar prominente en
sus futuros programas" (CCE, 1992). Las ciudades representan un desafío
político importante para el Norte y el Sur.
La explosión urbana combinada con la grave degradación
ambiental -los pobres de las áreas urbanas son las principales víctimas
de la deterioración ambiental- tendrá que ser encarada en
una economía mundial caracterizada por tasas bajas de crecimiento,
un creciente desempleo, los inconvenientes del ajuste estructural y del
servicio de la deuda, y la necesidad de que muchos países apliquen
reformas institucionales. La perspectiva para estas ciudades dependerá
en gran medida de las soluciones locales que se encuentren para estos problemas
mundiales. Sin embargo, está claro que el problema urbano, al igual
que las preocupaciones ambientales, no se puede aislar del contexto más
amplio de los modos de desarrollo social y económico. El problema
de la economía política del desarrollo pasa por ello a ser
el primer tema del orden del día urbano.
Inclusive en las ciudades que tienen un papel destacado en los procesos
de mundialización de la economía, el progreso económico
suele ir unido a la persistencia de cinturones de pobreza y guetos. De
ahí el peligro de prestarle demasiada atención a la función
económica de las ciudades mientras se subestiman las facetas social,
ambiental, política, cultural, psicológica y espacial de
las transformaciones en curso. La experiencia de varios países industrializados
muestra que no basta con suministrar infraestructura y vivienda razonables
para humanizar las ciudades y superar las tensiones sociales. Se necesitan
empleo, integración social y democracia efectiva a nivel de la base
para crear un sentimiento de pertenencia y corresponsabilidad, dos ingredientes
de la ciudadanía auténtica. La elaboración y la ejecución
de políticas públicas sistémicas no deberían
tratar sólo de mejorar la calidad de vida de la gente sino también
de aportar estabilidad social y política a nuestras ciudades y por
ende a nuestras sociedades.
No es razonable esperar que se puedan abordar desafíos complejos
y en muchos casos singulares copiando meramente modelos ya listos, aunque
estos modelos puedan haber mostrado su eficiencia en otros lugares y en
diferentes contextos. "Las ciudades son como las personas; pertenecen a
la especie urbana pero tienen su personalidad única. La respuesta
al desafío urbano debe tener en cuenta las configuraciones singulares
de los factores naturales, culturales y sociopolíticos así
como el pasado histórico y la tradición de cada ciudad. En
lugar de proponer soluciones homogeneizantes totalizadoras, la diversidad
de las ciudades debiera considerarse como un valor cultural de suma importancia"
(Sachs, I., 1994, pág. 332).
La tremenda magnitud de la explosión urbana combinada con las
necesidades acumuladas no satisfechas con relación al empleo, la
vivienda, el medio ambiente, la salud y la educación públicas
-"la deuda social"- significa que repetir en el Sur las soluciones que
ya existen en el Norte sólo aumentaría la desigualdad prevaleciente,
beneficiando a una minoría y marginando a una mayoría de
los ciudadanos. Dadas la escala y la naturaleza del cambio urbano y su
posible extensión en el futuro, el modelo convencional de desarrollo
de áreas urbanas residenciales en las economías de mercado
o economías mixtas desarrollado en el Norte no funciona en la vasta
mayoría de centros urbanos del Tercer Mundo, y ha mostrado sus limitaciones
en el Norte, por lo cual hay que buscar enfoques innovadores.
La velocidad con que han aumentado las poblaciones urbanas en los países
del Tercer Mundo ha sobrepasado la capacidad institucional de hacerle frente.
La característica central del problema urbano no es la magnitud
del crecimiento de la población sino la amplitud de la falta de
correspondencia entre el cambio demográfico y el cambio institucional
(Arrossi et. al., 1994).
Hoy en día las ciudades han surgido como territorios estratégicos
para toda una gama de procesos sociales, económicos y políticos
esenciales de nuestra era: la mundialización económica, la
migración internacional, la afirmación de los servicios y
la financiación de los productores como el sector impulsor del crecimiento
en las economías avanzadas, la nueva pobreza, entre otras cosas,
y como lugares estratégicos para la teorización de dichos
procesos (Sassen, 1991 y 1994). Este regreso de la ciudad al primer plano
de las ciencias sociales se puede considerar la representación de
la cuestión social en términos urbanos, la proyección
de la separación entre marginación e integración (Dubet,
1994; Rosanvallon, 1995).
Sin embargo, las ciudades no son simples territorios en que se producen
transformaciones sociales sino que son actores de este proceso. Por ello
es necesario determinar cómo pueden las ciudades jugar el papel
de fuerza motriz económica, social y cultural, que las transforma
en fermento de la innovación, y adaptarse a nuestro mundo interdependiente,
vacilante y rápidamente cambiante como alternativa a la crisis de
los Estados-nación.
Las ciudades están sufriendo una profunda metamorfosis, cuyas
consecuencias completas todavía siguen sin entenderse enteramente.
Como dice Francis Godard: "tenemos que preguntarnos lo siguiente: ¿la
crisis de los anteriores modelos urbanos refleja simplemente la incapacidad
de las ciudades para enfrentarse a la nueva situación mundial, o
estamos presenciando ahora el nacimiento de una nueva civilización
urbana basada en nuevas relaciones entre las ciudades y los trabajadores
y entre las ciudades y las regiones?"
En este proceloso mar de cambio, el desafío urbano constituye
quizás el componente más difícil y sin embargo más
crucial de los relacionados con el desarrollo humano sostenible, y exige
que se encuentren formas concretas de armonizar los criterios de igualdad
social, sostenibilidad ecológica, eficiencia económica, pluralismo
cultural e integración, y distribución espacial equilibrada
de las actividades y los asentamientos humanos, pues de lo contrario los
países estarían condenados a convertirse uno tras otro en
archipiélagos urbanos en desiertos rurales. Satisfacer estos criterios
significa plasmarlos en una pluralidad de soluciones adaptadas al ecosistema
y a la cultura locales e incluso al lugar concreto, ideando nuevas modalidades
de utilización de los recursos y procedimientos de administración,
que exigen nuevas mentalidades, actitudes y valores.
LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES EN ACCION
En esta civilización urbana que está surgiendo últimamente,
las ciudades son lugar o sitio de encuentro en que cada día se plantean
y se amplían los principales problemas sociales, pero también
el lugar de cambio más creativo. La ciudad es un territorio en el
que convergen y se cristalizan los conflictos y las contradicciones principales
de una sociedad que está pasando por una profunda mutación,
y su papel es el de controlar cada vez mejor estas transformaciones sociales
aceleradas.
La mundialización, la exclusión, el multiculturalismo
y la etnicidad, el ejercicio del gobierno, la ecología, la ciencia
y la tecnología son transformaciones sociales impulsoras que operan
en las ciudades -en diversas formas y en diversos grados de intensidad-
y que plantean a los habitantes y a las autoridades una serie de desafíos
continuos. Consideradas globalmente condicionan la gestión sostenible
de las ciudades y forman el núcleo de los temas de las investigaciones
comparativas transdisciplinarias de MOST.
Lo dicho anteriormente no significa que se vayan a subestimar otras
transformaciones cruciales que tienen un profundo efecto en las ciudades,
tales como las tendencias demográfica y migratoria, las luchas relacionadas
con la discriminación por razones de sexo, los patrones de formación
y disolución de la familia, el comportamiento relativo a la fecundidad
y la sexualidad, las estructuras de población, el aumento de la
población económicamente activa, la migración internacional,
los cambios en la estructura del empleo y el desempleo y el subempleo crecientes,
las restricciones tributarias y los equilibrios cambiantes entre población
y territorio, entre otros.
LA CIUDAD MUNDIALIZADA
En la década pasada se ha publicado mucho sobre el fenómeno
conocido como "mundialización" y la repercusión en las ciudades
de las principales tendencias estructurales de nuestra época, o
sea la formación de una economía mundial y de un nuevo modelo
tecnoeconómico. Según Saskia Sassen (1994, pág. 43)
"estamos presenciando el surgimiento de una nueva forma de sistema urbano
a niveles mundial, transnacional y regional: son sistemas en que las ciudades
son los centros esenciales de la coordinación y el servicio internacionales
de las economías que cada vez son más internacionales". La
mundialización económica promueve la integración y
al mismo tiempo la exclusión, cercena la soberanía nacional
y aumenta la autonomía del mercado.
"La combinación de la dispersión geográfica de
las actividades económicas y la integración que forma el
núcleo de la actual era económica ha contribuido a una función
estratégica de las ciudades principales en la actual fase de la
economía mundial (...). Estas ciudades funcionan ahora como centros
de control de la organización de la economía mundial, como
emplazamientos y mercados esenciales de las industrias más importantes
de este periodo -servicios financieros y especializados para las empresas-
y como lugares de generación de innovaciones en esas industrias.
Un número reducido de ciudades emergen como emplazamientos transnacionales
de la inversión, en lo que respecta a las empresas, la producción
de servicios y los instrumentos financieros, y para diferentes mercados
internacionales" (Sassen, 1994, pág. 51). Las ciudades del mundo
ejercen una función dual en la intersección de la economía
mundial y el Estado-nación.
Este proceso conduce a una lucha competitiva entre las ciudades por
obtener y retener la posición de ciudad mundial. Sin embargo, esa
posición de ciudad mundial conlleva considerables costos sociales:
la reestructuración económica va acompañada de una
creciente polarización o dualización social de la estructura
ocupacional y de los ingresos, y simultáneamente de altos niveles
de segregación espacial y étnica. São Paulo es sólo
una ilustración de la contradicción entre el "éxito"
de ser ciudad mundial y el precio humano que la mayoría de sus habitantes
tienen que pagar para sobrevivir (Sachs, 1990). Las luchas de la población,
atrapada en la trampa de la relativa inmovilidad territorial y de la movilidad
del capital internacional, son parte de la dinámica que va a conformar
las ciudades mundiales y el sistema económico capitalista mundial
(Kowarick, 1994).
El proceso de mundialización no sólo cambia el tejido
económico y social y el medio ambiente de las grandes áreas
urbanas sino que también le reforma su estructura espacial. Los
resultados de este proceso serán diferentes de un país a
otro y de una ciudad a otra; los vínculos son contingentes y dependen
en grado significativo de la amplitud y la estructura de la intervención
del Estado del bienestar, la distribución de la renta, la política
de planeamiento y la forma de regulación social.
La discrepancia entre el ritmo de la expansión de las empresas
y el ritmo de desarrollo urbano es un problema que tienen que enfrentar
las ciudades y en particular las ciudades mundiales. En algunos casos,
la vida urbana se halla en peligro de verse estrangulada por la altísima
tasa de crecimiento económico. La tendencia opuesta se puede observar
en ciudades abandonadas por las empresas. ¿Cómo pueden las
ciudades y las empresas conciliar sus respectivas necesidades?
¿Cómo se manifiestan las transformaciones principales
que se están produciendo en las modalidades de interdependencia
económica mundial en las ciudades que funcionan como centros regionales
y mundiales? ¿Cómo se articulan estos procesos de internacionalización
con otros componentes de la estructura económica y social de una
ciudad grande? ¿Cuáles son las consecuencias de estos hechos
para las condiciones generales socioeconómicas de los habitantes
de la ciudad? Una investigación reciente muestra fuertes aumentos
de las desigualdades socioeconómicas y espaciales en las principales
ciudades del mundo desarrollado: ¿cómo afectan los procesos
mundiales a la vida diaria de las ciudades en términos de valores,
patrones de consumo, modos de vida y conducta política?
LA CIUDAD FRAGMENTADA
En todas las épocas las ciudades han sido los crisoles del progreso
de la civilización, morteros en que se integran gentes de diferentes
culturas, diferentes idiomas y credos, lugares de tolerancia y convivialidad.
Hoy en día, si bien son sinónimos de sociabilidad democrática,
también lo son frecuentemente de exclusión, racismo, xenofobia
y violencia, y de una inversión de los valores ("una urbanidad dislocada").
En toda Europa hay una profunda unidad de procesos y de lógica que
conduce al odio, al miedo y a un aumento de la incapacidad de reconocer
y aceptar la alteridad (Baudrillard et al., 1981; Bourdieu, 1993;
Donzelot, 1991; Delarue, 1991; Geindre, 1993; Lipovetsky, 1983; Noirot,
1994; Roman, 1993; Wieviorka, 1992 y 1993).
La exclusión urbana significa que se ha producido un cambio entre
el modelo de desigualdad dentro de una entidad social cohesiva hacia un
modelo de fragmentación, aislamiento, focos de pobreza y alteridad
radical. Si no se hace nada para detener este paso de la integración
a la segregación, las ciudades se dividirán en sectores separados:
por un lado, las áreas sobreprotegidas y, por el otro, las zonas
peligrosas, los guetos y las "zonas al margen de la ley".
La creciente polarización social y espacial de las ciudades va
acompañada de una creciente violencia urbana. Las múltiples
formas de violencia de la ciudad no son solamente políticas sino
que tienen relación con la exclusión social, económica
y cultural (Lapeyronnie, 1993). Teresa Caldeira (1992) muestra cómo
ha aumentado la delincuencia violenta en São Paulo en la década
pasada, hasta el punto de que el temor y el tema de la criminalidad se
han integrado materialmente a las paredes de la ciudad. Esta autora dice
que "si el temor de la criminalidad y la expansión de la violencia
son reales en São Paulo, y si el delito está creando una
jerga para hablar y pensar acerca de muchos otros procesos desestabilizadores,
también es cierto que con la ayuda de la comidilla de la delincuencia
y la crisis se están forjando una ciudad mucho más segregada
y una sociedad mucho más desigual y una forma de gobierno en que
las nociones de justicia y derechos de la ciudadanía se están
difuminando, en aras de la seguridad y la conveniencia".
El grado de desigualdad social, conflicto cultural y fragmentación
política de las ciudades se ha agudizado en los últimos diez
años. El espectro de la fragmentación social, política
y psicológica persigue a nuestra sociedad. Las divisiones sociales
están desgarrando el tejido mismo de la vida urbana y son testimonio
de que las ciudades y los modos de vida urbana provocan conflictos y sufrimientos
que pueden debilitar a toda la sociedad. Las ciudades, como entidades políticas,
se encuentran frente al siguiente dilema: ¿van a convertirse en
sistemas que generan exclusión o en promotores de la ciudadanía
y el bienestar con el respaldo de contratos sociales locales? La búsqueda
de la ciudadanía parece ser universal. Facultar para el pleno ejercicio
de la ciudadanía y garantizarlo podrían considerarse la fuerza
orientadora de la civilización urbana que está surgiendo
(Sachs-Jeantet, 1993).
LA CIUDAD MULTICULTURAL Y MULTIETNICA
Por definición y por tradición las ciudades son "cosmopolitas".
Quizás el cambio más radical que la urbanización aporta
es el de agrupar en pequeños espacios a personas de diferentes culturas
y extracciones. Como lo recalca Mario Polese, esto representa al mismo
tiempo la principal fuerza de la ciudad, como centro de innovación
(la cultura urbana) y su talón de Aquiles. El choque de culturas
puede ser una fuente tanto de creación como de conflicto. La ciudad
es un instrumento poderoso de promoción de un cambio social positivo.
Sin embargo, al juntar personas extrañas, la urbanización
provoca tensiones. Los valores y las percepciones se entrechocan. Quizás
el desafío más difícil de todos es cómo afronta
la sociedad estas tensiones. Pocas sociedades son inmunes al espectro de
la violencia y la lucha étnica.
Contrarrestar tendencias nacionalistas, consolidar la integración
social con el respeto de la diversidad étnica y cultural, y al mismo
tiempo incitarlas a prosperar son importantes desafíos de política
pública con que se enfrentan las ciudades hoy y en el futuro. ¿Cuáles
son los principios de una calidad equitativa de vida en las ciudades? ¿Qué
hemos aprendido de la experiencia acerca de los principios de la coexistencia
multiétnica en las áreas urbanas y cuáles son las
estrategias que se deben aplicar para aumentar el cosmopolitismo de los
habitantes de la ciudad?
LA CIUDAD GOBERNADA
Las ciudades, como amplificadoras de los problemas sociales generales,
se han convertido en crisoles de crisis más o menos controlables
por la acción del gobierno. Los cambios en la estructura de la urbanización
contemporánea plantean el problema de la gobernabilidad social,
económica y política, en particular de los emergentes grandes
complejos metropolitanos.
¿Cómo se reestructuró el régimen de gobierno
-que entraña la relación entre la sociedad civil y las instituciones
gubernamentales a diferentes niveles- como consecuencia, por una parte,
de la mundialización y, por otra, de la búsqueda de un aumento
de la democracia local, la responsabilidad y la transparencia? ¿Qué
políticas de atribución de facultades se necesitan para buscar
nuevas formas de asociación para el desarrollo entre el Estado,
la ciudad, la sociedad civil y el sector privado con miras a garantizar
el derecho a la ciudad y el pleno ejercicio de la ciudadanía en
términos de derechos políticos, civiles, económicos,
sociales, psicológicos y culturales que son indisolubles? ¿Qué
nuevos sistemas innovadores de gobierno se pueden encontrar para fomentar
el compromiso cívico y la integración de las minorías
étnicas?
¿Estados o mercados?... Los procesos de descentralización,
municipalización y privatización de funciones (servicios
urbanos) anteriormente a cargo de la Administración central son
parte de las transformaciones más generales y estructurales del
Estado y hacen necesario replantearse la administración local.
¿En qué formas determinarán el futuro de las ciudades
y su capacidad de enfrentarse a las transformaciones sociales y guiar el
cambio social, e incluso el control de las transiciones deseadas, las cuestiones
de la administración urbana tales como la política social,
la inversión en infraestructura, el transporte público, la
política de suelos, la hacienda y la administración municipales,
y las respuestas a las crisis sociales urbanas?
Según Guido Martinotti, sobre todo en regiones con historia urbana
milenaria como Europa, los cambios en la estructura de la urbanización
contemporánea -bajo la presión de las nuevas formas de relaciones
sociales que surgen en el tiempo y el espacio- plantean el problema de
la gobernación social, económica y política de los
grandes complejos metropolitanos. Los gobiernos locales son elegidos por
los residentes, pero los intereses económicos de las metrópolis
son cada vez más dependientes de agentes tales como las grandes
empresas financieras e industriales que no son políticamente responsables
desde el punto de vista de la ciudad misma. Las políticas y las
instituciones municipales tradicionales parecen inadecuadas para lograr
el objetivo de gobernar estas nuevas entidades.
Ciertamente la nueva forma de morfología urbana es en gran parte
producto de la diferenciación progresiva de las diferentes poblaciones
que gravitan alrededor de los centros urbanos. Con la mayor movilidad de
la población, las relaciones mismas entre población y territorio
se vuelven muy dinámicas. Muchos de los problemas sociales de las
sociedades urbanas contemporáneas dependen de la coexistencia, la
competencia y la superimposición de estas "capas urbanas" -los habitantes
de los suburbios que se desplazan diariamente a la ciudad, los usuarios,
los empresarios metropolitanos- y provocan la pérdida de facto
de los derechos del ciudadano. Martinotti sostiene que gran cantidad de
los problemas de gobierno de las nuevas metrópolis se pueden tratar
más adecuadamente reconociendo este entrelazamiento de morfologías.
Las fronteras administrativas de los centros tradicionales frecuentemente
se han vuelto obsoletas con la dinámica actual de la ciudad. Hasta
ahora, la democracia local se entendía ampliamente en términos
de alguna variedad de la idea original de comunidad política, pero
la validez de este concepto está cada vez más desgastada
debido a la incipiente morfología social y física de la ciudad
(Martinotti, 1993).
LA CIUDAD ECOLOGICA
Una ciudad es un ecosistema natural y social complejo que debería
ser administrado en consecuencia. En términos de calidad de vida
de las poblaciones involucradas, el desbarajuste del medio urbano es uno
de los problemas más difíciles con que se enfrentan las megalópolis
del Sur. Un aspecto fundamental del problema ambiental urbano, recalcado
por la OMS (1992), es el predominio de una mala salud y la muerte prematura
de millones de personas (en su mayoría lactantes y niños)
debido a la inadecuada nutrición y a la contaminación del
agua, el aire y el suelo (Hardoy et al., 1990; Hardoy y Satterthwaite,
1992). Aunque la situación en las ciudades del Norte es menos dramática,
la degradación ambiental causa efectos duraderos y perjudica el
movimiento hacia la sostenibilidad de las ciudades.
¿Cómo pueden las ciudades impulsar de manera decisiva
a nuestras sociedades hacia un futuro ambientalmente más sostenible
y una política local sensible al medio ambiente? (Stren et al.,
1992) Elaborar estrategias urbanas socialmente adecuadas y ambientalmente
sostenibles que respondan a la diversidad de los ecosistemas, a sus recursos
potenciales y a las necesidades percibidas por las comunidades locales
exige apartarse de la ordenación ambiental correctiva a posteriori
para pasar a políticas ambientales de prevención activa.
Para esto, habría que promover una explotación más
racional de los recursos que aumente la eficiencia de la economía
urbana: i) descubriendo y eliminando el desperdicio de los recursos financieros,
físicos y humanos y liberando así recursos para el desarrollo;
ii) extendiendo la vida útil de la infraestructura, los edificios
y el equipo existentes mediante un mejor mantenimiento, y iii) movilizando
los recursos latentes, subutilizados, mal utilizados o desperdiciados en
la ciudad "legítima" y en la ciudad "ilegítima": terrenos
baldíos, edificios públicos y privados desocupados, el potencial
de inversión no financiera en construcciones por el sistema de autoayuda,
el reciclado de los desechos, el ahorro de energía y agua (Alberti
et al., 1994; Sachs, I. y Silk, 1991).
LA CIUDAD TECNOLOGICA
La ciencia y la tecnología son componentes esenciales del futuro
de las ciudades. En un mundo altamente interconectado en que la competitividad
dependerá mucho de la capacidad de generar y utilizar conocimientos,
las capacidades científicas y tecnológicas influirán
fuertemente en el modelo de desarrollo y servicios urbanos y en la ordenación
sostenible de las ciudades. Los progresos de la ciencia y la tecnología
han creado oportunidades sin precedentes para el mejoramiento de los niveles
de vida. Sin embargo, ese progreso en el bienestar material para una fracción
creciente de la población mundial coexiste con el estancamiento
e incluso el deterioro de los niveles de vida de la mayoría de la
población pobre. El conflicto entre las aspiraciones crecientes
y la realidad de la pobreza generalizada se ha convertido en una fuente
de tensión social.
Las ciudades del futuro exigen estudiar y evaluar las oportunidades
y las amenazas de la ciencia y la tecnología para su administración
dentro del nuevo modelo tecnológico y económico, y en particular
los avances de las nuevas tecnologías: la tecnología de la
información, la biotecnología, los nuevos materiales y los
materiales perfeccionados. Las ciudades del futuro exigen innovaciones
urbanas adaptadas a los contextos ecológico, cultural y socioeconómico
y el diseño de ciudades que conserven los recursos combinando las
técnicas más avanzadas y las tradicionales -administración
hábil del pluralismo tecnológico de precio asequible y de
fácil acceso para los países en desarrollo. ¿Cómo
mejorar la eficacia general en función del costo de la inversión
en capital fijo en infraestructura urbana, en servicios y en vivienda mediante
el desarrollo y la demostración de nuevas soluciones tecnológicas
eficientes en función de los costos y los recursos y ambientalmente
sostenibles? ¿Cómo puede la tendencia a la especialización
flexible y su concomitante revolución de la comunicación
característica de la "segunda ruptura industrial" (Piore y Sabel,
1984), alterar las configuraciones rural-urbanas mediante una "industrialización
difusa" a la italiana?
Reconocer la creciente importancia de la ciencia y la tecnología
no debería inducir a celebrar las maravillas de lo que ofrecen a
la humanidad y al futuro de las ciudades. La ciencia y la tecnología
son un proceso social entre otros, por lo que hay que rechazar una administración
urbana enraizada en la mistificación del "destino tecnológico"
(Salomón, 1992).
"El desarrollo es una búsqueda incierta en que los que buscan
se ven condenados a depender cada vez más de la ciencia y la tecnología.
La búsqueda es incierta no sólo porque no hay garantía
previa de éxito (ni de que vaya a ser duradero), sino sobre todo
porque suscita incógnitas acerca del precio de la modernidad: los
beneficios que un país puede esperar obtener de ella en términos
políticos, económicos, sociales y culturales, y los sacrificios
que está dispuesto a hacer en aras de su obtención (...).
En una palabra, a pesar de las promesas del racionalismo de la Ilustración
y más aún del positivismo del siglo XIX, el progreso científico
y tecnológico no coincide necesariamente con el progreso social
y moral (...). En los trastornos que marcan el final del siglo XX (...)
todo el planeta está en busca de nuevos caminos y nuevas alternativas
que lleven a un mejor orden social (...). La ciencia y la tecnología
pueden contribuir mucho al desarrollo, pero no son omnipotentes, y sobre
todo no ofrecen una solución ya lista para resolver el problema
de los valores que plantea el conflicto entre tradición y modernidad
(...). El desarrollo exige (...) un dominio de las consecuencias del cambio
científico y tecnológico" (Salomón
et al.,
1994, págs. 22-24).
EL DESAFIO PLANTEADO: LAS CIUDADES COMO REALCE
DE LAS CAPACIDADES HUMANAS
Las ciudades, que tienen múltiples problemas, están confrontando
apabullantes desafíos continuamente alterados por toda una constelación
de cambios políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales,
científicos y tecnológicos. Las opciones y los desafíos
son muchos. Para enfrentar estos formidables desafíos las ciudades
han de optar por una de las dos posturas siguientes: o reafirmar su fe
ciega en el poder del crecimiento económico, sinónimo de
modernización y progreso, y la suposición tácita de
que los beneficios del crecimiento económico llegarán poco
a poco a los pobres y harán de las ciudades un lugar vivible, o
las ciudades se han de esforzar por lograr un verdadero desarrollo social
subordinado a los valores de la equidad social, la sostenibilidad ecológica,
la eficiencia económica, la participación política,
el pluralismo y la integración culturales. El espectro de la fragmentación
social, política y psicológica agobia a nuestra sociedad.
Detenerlo constituye el verdadero desafío a medida que se acerca
el siglo XXI. La consigna es luchar contra la exclusión y la discriminación
y promover los derechos humanos y la paz.
El actual proceso de mundialización puede considerarse "un relato
del desahucio" (Sassen, 1994) del significado simbólico de los lugares
y de la calidad de vida, como si el lugar en que vivimos ya no importara.
Por el contrario, el proceso de reconstrucción social de los espacios
-los espacios públicos- al facilitar el vínculo con la ciudad,
en contraste con esta pérdida de identificación con el lugar,
no es solamente complementario sino fundamental para la mundialización
del capital, si no queremos avanzar hacia un mundo "sin lugares" (Augé,
1992).
Es esencial volver al arte de la ciudad y su significado simbólico.
Augustin Berque (1993) ofrece un bello viaje a través de ciudades
japonesas, ilustrando la interrelación del vínculo social
y los lugares, o sea en realidad, con la naturaleza. Manuel Castells (1989)
aboga por "una serie de estrategias políticas, económicas
y tecnológicas que puedan contribuir a la reconstrucción
del significado social en la nueva realidad histórica que se caracteriza
por la formación del espacio de flujos como espacio del poder y
de las organizaciones funcionales (...). El nuevo modelo tecnoeconómico
impone el espacio de flujos como lógica espacial irreversible de
las organizaciones económicas y funcionales. El problema consiste
en saber cómo articular el significado de los lugares con su nuevo
espacio funcional. La reconstrucción del significado social basado
en el lugar exige la articulación simultánea de diferentes
proyectos sociales y espaciales a tres niveles: cultural, económico
y político".
La ética de la ciudad es servir a las personas y no a la economía,
por lo cual hay que alejarse de una visión economicista de la ciudad,
del marco de la economía urbana y del rendimiento macroeconómico
y afirmar explícitamente la consagración del ciudadano (Rosanvallon,
1992) y, como corolario, el proceso de expansión de los derechos
de la ciudadanía: civiles, políticos y sociales (Marshall,
1977). Hay que sostener este principio si se desea que las ciudades se
conviertan en lugares seguros y democráticos en que vivir.
La búsqueda de estrategias de desarrollo urbano social y ambientalmente
sostenible debiera regirse por los principios resumidos en la Declaración
de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (junio de 1992),
y en particular el Principio 1: "Los seres humanos constituyen el centro
de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen
derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza".
De esto se infiere que el control de las transformaciones sociales en
las ciudades debiera convertirse en un proceso de expansión de las
capacidades y facultades humanas, de ampliación de los límites
de las opciones. Este cambio en la concepción del desarrollo hacia
el concepto de desarrollo humano, o sea el desarrollo de la persona, para
la persona, incluida la creación de oportunidades económicas
para todos, y por la persona, que exige enfoques participativos, debería
ser la fuerza motriz de la gestión urbana y por ende elevar "el
gobierno y la democracia de la ciudad" al primer plano del futuro de las
ciudades.
El desafío que se plantea es promover otros futuros urbanos orientados
hacia:
-
ciudades administradoras de las transformaciones sociales y guías
del cambio social deliberado;
-
ciudades de solidaridad y multiculturalismo, que puedan fomentar un ambiente
de tolerancia y sostenibilidad social;
-
ciudades promotoras de una conducta social y bienestar;
-
ciudades innovadoras concebidas para usar de manera sostenible los recursos
naturales.
En este futuro imaginado de modernismo, el derecho a la ciudad, vector
de integración social y humanismo, se puede fomentar:
-
Combatiendo la ciudad fragmentada y luchando contra la exclusión
social antes de que cristalice territorialmente mediante políticas
que alivien la pobreza urbana, promuevan la integración social y
generen empleo. La política urbana francesa ilustra los límites
de la gestión territorial de la exclusión (Belorgey, 1994).
El desempleo suele ser el detonador de la exclusión, aunque la exclusión
no es solamente económica y social sino también política,
cultural y simbólica. La cuestión estriba entonces en saber
cómo satisfacer la demanda de dignidad de la población marginada
(Lapeyronnie, 1993).
-
Estableciendo una colaboración asociativa para el cambio entre la
sociedad civil, el Estado y el mercado en el contexto de economías
mixtas con énfasis especial en la administración participativa
y mayor involucramiento ciudadano.
-
Otorgando facultades a las comunidades locales mediante estrategias que
las capaciten para la autonomía urbana, poniendo a disposición
recursos y técnicas que no se puedan movilizar localmente, y en
particular financiando iniciativas comunitarias (Arrossi et al.,
1994). Aunque no sea fácil, la participación de la comunidad
es indispensable para la cohesión social.
-
Reforzando las capacidades locales para poder enfrentarse al entorno rápidamente
cambiante y por ende cambiando las prioridades.
Poniendo en aplicación un enfoque integral y multisectorial de la
regeneración urbana orientado a los barrios, como elemento esencial
del cambio urbano.
Más allá del desafío conceptual de considerar que
las ciudades realzan las capacidades humanas, y que por ende respaldan
una posición ética -el derecho a la ciudad como vector de
integración social y humanismo que facilita el ejercicio de la ciudadanía-,
hay la urgente necesidad de un replanteamiento muy a fondo de los instrumentos
intelectuales y empíricos de estudio de los hechos y los procesos
sociales urbanos, porque muchos de los instrumentos intelectuales establecidos
empleados para describir el fenómeno urbano fueron elaborados basándose
en una morfología urbana radicalmente diferente y resultan inadecuados
a causa de las nuevas modalidades de las relaciones sociales que emergen
en el tiempo y en el espacio. Los investigadores de los fenómenos
urbanos y los científicos sociales en general se enfrentan a la
ardua tarea de revisar radicalmente el objeto de nuestro campo y su representación
conceptual. Para captar totalmente los desafíos y las opciones posibles
es necesario crear nuevos marcos conceptuales, nuevos hábitos de
pensamiento y la voluntad de pasar a formas altamente desagregadas de pensamiento
y volver a interpretar la experiencia adquirida en un contexto rápidamente
cambiante.
Según Guido Martinotti, si queremos comprender la dinámica
urbana actual y los problemas sociales conexos, tenemos que adoptar una
nueva perspectiva basada en la idea de que el estudio de las ciudades es
sistémico y que actualmente el sistema que tenemos que estudiar
tiende a tener una extensión mundial. Uno de los aspectos de nuestro
aparato conceptual que hay que replantearse totalmente está relacionado
con el legado intelectual implícito o explícito de la ecología
social en que destaca ampliamente la función residencial.
Otro aspecto se refiere al desafío del cambio y pertinencia de
las políticas, que se han de enfrentar con la incertidumbre y el
cambio; realzar "el aprendizaje de la organización" (Argyris y Schön,
1978); cerrar la brecha entre la teoría y la práctica fomentando
la reflexión en acción (Schön, 1983); poner en práctica
los futuros socialmente deseables mediante el proceso de planeamiento estratégico
considerado "como un proceso flexible de aprendizaje cooperativo en el
que participa una multiplicidad de actores en todo el tejido social, que
trata de alcanzar niveles cada vez mayores de percepciones compartidas
de los objetivos y las metas, y que trata de ponerse de acuerdo respecto
a una decisión específica anticipativa y efectiva basada
en un consenso temporal" (Sagasti, 1988), y fomentar la innovación
(capacidad más flexible de respuesta y adaptación).
Además se necesita una reflexión metodológica con
respecto a las categorías empíricas: la historia de los conceptos
-la distinción entre las tendencias universales y los fenómenos
locales- y sus significados concretos en determinados contextos culturales,
mediante un punto de vista multicultural que examine cómo se clasifican
los espacios y los territorios urbanos en diferentes áreas lingüísticas
y diferentes países (problemas semánticos, conceptuales,
terminológicos y de datos empíricos).
Como territorios en que se producen las transformaciones sociales, las
ciudades también tienen que ser observadas y estudiadas desde una
amplia perspectiva de ciencias sociales. A este respecto hay que subrayar
las siguientes tres tareas principales de MOST:
-
estudiar simultáneamente las diferentes facetas de las transformaciones
sociales en acción, o sea estudiar la ciudad como territorio en
que la ciudad mundial, la ciudad fragmentada, la ciudad multicultural y
multiétnica, la ciudad gobernada, la ciudad ecológica, y
la ciudad tecnológica se reúnen, pero también como
territorio que domina muchas de las transformaciones sociales del futuro;
-
elaborar una base transdisciplinaria de conocimientos que abarque estudios
y planeamiento urbanos, sociología, geografía, ciencia política,
economía política del desarrollo, antropología, economía,
teoría de la organización, sociología de las organizaciones,
historia, ciencias del comportamiento, lingüística y arquitectura,
y que refleje la especificidad de la investigación urbana actual:
el nexo entre territorio y teoría;
-
fomentar investigación y cooperación internacionales y transdisciplinarias
comparativas entre comunidades de investigación urbana y transmitir
la información y el conocimiento científicos a los usuarios
(autoridades, movimientos de ciudadanos, ONG, sindicatos, etc.).
De la necesidad de renovar los métodos de investigación:
los desafíos no son sólo conceptuales sino que también
se refieren a los principios generales y los objetivos de la investigación,
a la elaboración de propuestas y al proceso de cambio de políticas
(la esencia de la decisión y la ejecución). La cuestión
hoy no es (o es menos) qué hacer sino cómo hacerlo, y más
que producir discursos normativos sobre lo que se debería hacer
se trata de que la gente participe activamente en la orientación
de su propio destino y la construcción de las ciudades, los territorios
de deseos -individuales y colectivos, conscientes y subconscientes-, territorios
de utopía y de democracia, en que la consagración del ciudadano
y la ciudadanía sea el corolario de la confianza en la competencia
del ciudadano (Sachs-Jeantet, 1994).
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Los autores
Céline Sachs-Jeantet, urban planner, was educated at the
Institut d'Urbanisme de Paris and at the Massachusetts Institute
of Technology and earned a PhD in urban studies from the University
of Paris XII in 1987. She has served as a consultant for urban affairs
to the World Bank, Unesco, the United Nations University and the French
Government. She is the author of São Paulo. Politiques publiques
et habitat populaire (Paris. 1990. Editions Maison des Sciences de
l'Homme) and co-editor of The Uncertain Quest. Science, Technology,
Development (Tokyo. 1994. United Nations University Press).
Las opiniones expresadas en esta colección incumben a los
autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de la UNESCO.
© UNESCO 1995
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