Dominios culturales y las industrias culturales y creativas

El perímetro establecido por esta definición es tributario de las preferencias y el contexto social e histórico de cada país. Así, una primera cuestión por resolver en procesos de diseño y formulación de políticas de apoyo a las industrias culturales y creativas, como veremos más adelante, es consensuar que la definición y los sectores de actividad estén adaptados a la realidad nacional para que resulten operativos desde el punto de vista de una política pública.

No todas las actividades y sectores propuestos más arriba son susceptibles de ser incluidos en una política de fomento de las industrias culturales y creativas, pero es fundamental tenerlos en cuenta, ya que no es posible entender el campo sin las múltiples interrelaciones entre los elementos que lo integran.

Por ejemplo, las experiencias más avanzadas de intervención pública de desarrollo sectorial incluyen, por lo general, a los siguientes sectores: el audiovisual (cine, TV, video juegos, animación), la edición gráfica (libros, publicaciones periódicas), la música (espectáculos en vivo, discografías), artes escénicas, artes visuales, artesanías, diseño y servicios vinculados al patrimonio.

Es importante, a la hora de desarrollar políticas públicas en este sector, no perderse en definiciones y construir el campo en función de la realidad que se tiene entre manos y de la preferencia de sus actores, a saber: artistas, creadores, profesionales y empresas pequeñas, medianas y grandes que producen bienes y servicios culturales y creativos; los distribuidores y exhibidores; las asociaciones profesionales y las organizaciones con ánimo no lucrativo; los centros de investigación y otras organizaciones de la sociedad civil y del Estado.

 

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