La trama institucional

La existencia de un servicio estatal dedicado específicamente a impulsar las industrias culturales y creativas es relativamente reciente en muchos países, particularmente en la región de América Latina. En el nivel nacional, este nuevo servicio comprende generalmente a las organizaciones públicas especializadas en el fomento de la industria cinematográfica, la industria editorial, y otros sectores de las industrias culturales y creativas, mientras que en otros casos, convive junto a ellas, de manera que sus competencias pueden llegar a solaparse o complementarse según el caso.

Otros ministerios, como por ejemplo los de Industria o Comercio, inciden también en aspectos determinados. Además, a escala regional o municipal suelen existir otras iniciativas formalizadas en el interior de cada administración pública, dedicadas al fomento de la industria cultural y creativa local. A la iniciativa pública, al menos en algunos países, debe sumarse la capacidad de las asociaciones empresariales o sindicales, de las cámaras de comercio, las sociedades de derecho de autor u otros grupos de interés nacional o internacional que contribuyen y a la vez pueden condicionar la acción gubernamental.

Todo este conjunto de fuerzas potenciales deben ser dispuestas de manera tal que contribuyan a fortalecer la estrategia de cada responsable gubernamental. Para ello, impulsar el diálogo es mucho más recomendable y eficaz que intentar llevar adelante, de forma aislada, una estrategia en soledad. Esto implica que el proceso de implementación de una política de desarrollo de las industrias culturales y creativas debe estar marcado por un esfuerzo permanente de concertación, con el fin de lograr consensos y alianzas estratégicas.

Desde esta perspectiva legitimadora, la posición gubernamental debe tener siempre en cuenta la doble naturaleza de los bienes y servicios culturales que son, a la vez, transmisores de contenidos intangibles y productos comerciales. Esto es imprescindible, ya que, en la búsqueda de soluciones de conjunto, cada parte procurará defender sus legítimos intereses, y solo desde una visión abarcativa se podrá llegar a constituir un sector coherente, organizado y potente.

Para lograr ese objetivo, es necesario escuchar de manera abierta y comprensiva a los distintos actores, aprovechar su conocimiento del sector y contar con su experiencia negociadora. En particular, estas capacidades y la sinergia que resulta de su aplicación, resultan fundamentales en caso de presentar un proyecto de ley de fomento para las industrias culturales y creativas ante las diversas instancias del Poder Legislativo.

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