Financiación

Para consolidar una industria cultural y creativa nacional es imprescindible disponer de líneas de financiación para sus proyectos.

Buena parte de las iniciativas existentes son fruto del empuje de profesionales con una capacidad de inversión limitada. En el caso de muchas pequeñas y medianas empresas, o de iniciativas empresariales incipientes, su principal aportación es el propio talento creativo y la capacidad de trabajo, pero tienen dificultades para conseguir los recursos necesarios que consoliden sus ideas y les permintan lanzar nuevos proyectos.

El elevado riesgo de cada iniciativa se solventa con su socialización en una diversidad de proyectos, pero, para lograrlo, se necesita alcanzar un tamaño medio de empresas y mercados que asegure la consolidación de la actividad. El tamaño y la consecuente capacidad para establecer catálogos de obras o listas de producciones disponibles para su distribución dependen, en buena medida, del acceso a la financiación a medio y largo plazo. En ese sentido, el sector tiene un déficit crónico y dificultades para obtener los recursos necesarios para crecer y alcanzar nuevos mercados.

Las empresas culturales y creativas no cuentan, generalmente, con un modelo de acceso a la financiación que sea efectivo para los requerimientos del sector, porque los bancos y los servicios financieros consideran que las industrias culturales y creativas son empresas de alto riesgo. La intangibilidad de los activos de la empresa cultural repercute negativamente en su acceso a los canales habituales de financiación de la actividad empresarial. Resulta conveniente que una estrategia gubernamental de fomento industrial establezca como uno de sus objetivos prioritarios facilitar el acceso a la financiación. En este sentido, disponer de un sistema de garantías o avales gubernamentales es una herramienta fundamental, pues permite cubrir parcialmente el riesgo de las entidades financieras, sin que ello las exima de un análisis riguroso sobre la viabilidad de los proyectos para financiar.

Sin embargo, no todas las empresas del sector presentan una problemática financiera común. La creación de pequeños conglomerados en algunos países, con presencia en diversas industrias culturales y creativas, que incluyen muchas veces medios de comunicación, comporta necesidades de financiación superiores, pero las posibilidades de acceder a ella son también más fáciles. El apoyo público a estas empresas es fundamental, pues de ellas depende la continuidad de buena parte del empleo cultural directo e indirecto.

No obstante, en un contexto de recursos escasos, para contribuir al equilibrio del sistema, el gobierno debe proteger las pequeñas iniciativas, pues estas tienen mayores dificultades para conseguir financiación externa. Favorecer su desarrollo posibilita la existencia de un mercado más diverso, competitivo y plural. Cabe destacar que el tamaño es, en ocasiones, consecuencia de la dimensión del mercado nacional. Cuando este es pequeño, resulta extremadamente complejo amortizar las inversiones y competir con actores multinacionales con una presencia internacional relevante.

La principal fuente empresarial de financiación a largo plazo proviene de la venta de un producto o servicio cultural a un precio que haga viable la inversión, por ello, orientar la industria cultural al consumidor garantiza el retorno y ayuda a capitalizar nuevos proyectos.

La política gubernamental puede auxiliar a la industria cultural y creativa local a captar nuevos públicos, facilitando los sistemas de distribución y venta del producto y estableciendo estrategias de precio que permitan consolidar los negocios. Para alcanzar esos objetivos, el gobierno cuenta con recursos normativos, informativos y presupuestarios.

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