Gestión de la continuidad

Este último capítulo completa el proceso de implementación de políticas para el fomento de las industrias culturales y creativas, proponiendo estrategias y acciones, cuyo objetivo es asegurar la continuidad en el tiempo de las intervenciones realizadas.

La estabilidad durante un cierto período es condición necesaria para que las estrategias planteadas y puestas en marcha (o al menos para la mayoría de ellas) puedan dar los frutos deseados. Esta condición no siempre es sencilla de obtener. Sea por motivos políticos, por reducción de los recursos financieros y humanos disponibles, o por la transformación de la situación de partida, muchas veces, mantener en vigencia durante el tiempo necesario planes, programas y acciones requiere el esfuerzo y la atención del responsable gubernamental.

En principio, para fortalecer la continuidad de la acción pública en el sector cultural y creativo, como en cualquier otro sector, es crucial tener en cuenta que la evaluación sistemática de los resultados parciales alcanzados y el diagnóstico permanente de la realidad son procesos que se relacionan e interactúan con la planificación, programación y ejecución de una política. La necesidad de justificar el uso de los recursos destinados a los distintos programas gubernamentales ante otras instancias públicas, ante los actores del sector, así como ante la ciudadanía, es imprescindible y conlleva la utilización de instrumentos de evaluación cada vez más sofisticados. Servir al interés general, razón última de las políticas, no se justifica únicamente con la bondad de las finalidades perseguidas, sino que exige además resultados claros, comunicados de forma periódica y comprensible.


En el ámbito de las industrias culturales y creativas que nos ocupan en esta Guía, resulta necesario poder explicar que, sin un sector empresarial potente, no es posible alimentar con contenidos propios, que hablen desde y para una sensibilidad local, la demanda de consumo cultural interno. Además, tampoco alcanza con justificar la bondad económica de una estrategia (la creación de empleo, la cohesión social o el incremento del producto interno bruto), sino que es necesario medir también su impacto en términos de contenido cultural. Las políticas de apoyo a las industrias culturales y creativas no solo deben evaluar indicadores cuantitativos, como el valor de la facturación, el número de empleos creados o la capacidad exportadora, sino también los aspectos cualitativos, tanto económicos como culturales. Entre los primeros destacan la consecución de sinergias productivas y comerciales, la generación de externalidades positivas, el incremento de la innovación, la colaboración en redes y los bajos costes de difusión de la información. Entre los objetivos de tipo cultural, destacan, por ejemplo, la calidad de la oferta, la singularidad del producto, la complementariedad con otras propuestas artísticas, el incremento y diversificación social de la demanda, y la puesta en valor del patrimonio nacional. En definitiva, en la medida en que se diagnostica, planifica e implementa correctamente, se cuenta con los indicadores de evaluación continua apropiados, y se comunica y da visibilidad a los resultados obtenidos, es más fácil garantizar la consecución de una política.

Sugerencias

A. No perder personal clave es fundamental. La experiencia de trabajo en este ámbito no se adquiere en poco tiempo, pues requiere saber acceder a la información clave, a menudo confidencial; tener capacidad de interlocución reconocida y aprender a negociar con una pluralidad de intereses legítimos, pero particulares.

B. Trabajar en cooperación permanente con el sector privado y sus representantes. El conocimiento del quién es quién y la buena relación con ellos no debe implicar favoritismos ni una excesiva promiscuidad con unos representantes que persiguen su propia agenda individual o corporativa.

C. Es necesario vigilar el no quedar prisionero de los agentes que se fortalecen.

D. Se debe ser consciente de que mientras los grandes grupos están bien organizados, los emprendedores más jóvenes tienen pocas estructuras de representación, y los consumidores –en especial los eslabones más débiles– apenas dejan oír su voz.

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