Enfoque dinámico del proceso de cambio

Que quiere decir este grafico?

Para realizar un cambio estratégico en el sector de las industrias culturales hay que tener en cuenta tanto los recursos internos (que dan eficiencia a nuestras actuaciones) como el entorno (que les da legitimidad). Se podría decir que las fases de un cambio son como los estados de una materia. Vamos a explicar mejor esta perspectiva.

En una primera etapa, hay que realizar un reconocimiento DAFO de nuestra empresa. Con él, no sólo adquirimos un conocimiento exhaustivo de nuestros recursos y puntos fuertes, sino que también identificamos los agentes externos que, de una forma u otra, afectan al cambio deseado. En esta etapa hay que concienciar tanto a propios como extraños de la necesidad del cambio que proponemos. Las personas de nuestro entorno están habituadas a una rutina, están “congeladas” sobre unos hábitos a los que se han acomodado. Por ello, la forma más eficiente de hacerlos favorables al cambio (“descongelarlos”, hacerlos líquidos para moverlos con facilidad, que fluya el cambio sin tener que arrastrar un “bloque de hielo”) es desde abajo, desde la individualidad, concienciando individuos y pequeños grupos de esta necesidad, de forma personalizada. Si se hace una política generalista de comunicación, es probable que muchos de los vicios que pretendamos alejar sigan “congelados”.

La segunda etapa consiste en mover de forma general a las entidades y empresas hacia el lugar deseado. Los recursos complementarios deben ser tenidos en cuenta como medida de emergencia. Este cambio se debe hacer teniendo en cuenta un mapa de los intereses de los agentes sociales identificados, ya que ellos condicionarán en buena medida hacia dónde nos desplazamos.

El tercer paso es el de “solidificar” o “congelar” el cambio, una vez llegados al punto deseado. Es un paso importante, ya que, sin una buena solidificación, los fluidos que se han querido mover tienden a volver a los esquemas anteriores, a “congelarse” otra vez en base a las habitudes pasadas. Por ello, se deben crear nuevos esquemas, nuevas rutinas, nuevos entornos tanto para la empresa como para su nuevo hábitat. La institucionalización y normalización de este cambio ayuda a esta solidificación, pero no es condición suficiente: hay que crear desde dentro nuevas redes, nuevas alianzas, nuevas estructuras de “congelación” para hacer “olvidar” las anteriores, y también hay que crear esquemas de carácter informal con el entorno, para hacerlo más adecuado a nuestra nueva realidad y ganar eficiencia relacional.

Una vez conseguido esto, se puede decir que la gestión del cambio ha tenido éxito.

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