21.05.2012 - Natural Sciences Sector

Las profundidades marinas: ¿última frontera?

© NOAA These spectacular tubeworms cover Zooarium, a lower-temperature sulfide chimney, which was given its name because of all of the lush vent biota which inhabits it.

Este año se celebra el Día Internacional de la Diversidad Biológica bajo el tema “Diversidad Biológica Marina”. El océano mundial presenta una impresionante riqueza biológica y al parecer, sobre todo en sus profundidades. Allí, en un período de millones de años, algunas especies han adquirido propiedades singulares que les han permitido adaptarse a condiciones de vida extremas, como las altas presiones. Es precisamente la singularidad de estas propiedades la que ofrece posibilidades fascinantes para la creación de nuevos medicamentos destinados a tratar todo tipo de afecciones humanas.

Productos ya comercializados, elaborados a partir de organismos marinos, son prescritos a enfermos que padecen, entre otras, de asma, de tuberculosis, de cáncer, de la enfermedad de Alzheimer, de fibrosis quística y de impotencia masculina. Igualmente otras ramas de la industria como la del petróleo o la del papel, se dedican a la bioprospección de las grandes profundidades con resultados prometedores.

En materia de recursos biológicos, ninguna restricción jurídica se opone actualmente a la exploración de los fondos marinos con fines investigativos o de lucro. En principio, basta disponer de medios financieros y de la tecnología de avanzada indispensable para explorar un mundo que se extiende a veces, hasta 11 Km bajo la superficie del océano. En la práctica, esta bioprospección es el privilegio de «pocos afortunados». Esto provoca algunas preguntas. En primer lugar, como este «oro azul» se encuentra casi siempre en aguas internacionales, lo que -según el derecho internacional- lo convierte en un bien extraterritorial, se puede inferir que los recursos genéticos existentes en las profundidades oceánicas pertenecen a toda la humanidad y deberían entonces explotarse equitativamente. En segundo lugar, si debemos proteger estos preciosos recursos y los ecosistemas que los rodean, debemos explotarlos de forma duradera.

¿Por qué la «bioprospección» de los océanos?
El habitat marino se distingue por la diversidad de sus organismos vivos. Entre los principales grupos taxonómicos (ramificaciones) casi todos se encuentran en los océanos y la mitad de ellos son exclusivamente marinos. Si la biosprospección está en vía de ser crucial para el mejoramiento de la salud humana, es en los océanos donde se encuentra su yacimiento más importante.

La biodiversidad marina es de una densidad inimaginable en algunas partes del mundo. En el océano Indo-Pacífico por ejemplo, se encuentra hasta 1000 especies por m2. En este medio altamente competitivo y rudo a veces, las especies marinas se han visto obligadas a desarrollar estrategias de supervivencia como la resistencia a la toxicidad, a las temperaturas extremas, hipersalinidad y a la presión que caracterizan los fondos marinos. La experiencia nos demuestra que existen muchas más posibilidades de descubrir compuestos activos útiles para las industrias farmacéuticas y otras, en los organismos marinos (o en algunas de sus partes), que en los organismos terrestres. Es por ello que, en término estadísticos, los organismos marinos son más interesantes en valor comercial, que los organismos terrestres.

No es nada sorprendente que numerosos grupos farmacéuticos posean departamentos marinos. Pudiéramos citar Merck, Lilly, Pfizer, Hoffman-Laroche y Bristol-Myers Squibb. Las sociedades de biotecnologías también se interesan en los productos del mar ya que las licencias correspondientes pueden venderse no sólo a los grupos farmacéuticos sino también a la industria.

Actualmente, son las firmas de biotecnología, estructuras generalmente pequeñas, flexibles y evolutivas, las que efectúan la mayor parte de los descubrimientos, mientras que las grandes sociedades farmacéuticas se contentan frecuentemente con pasarles los encargos. La bioprospección marina de las grandes profundidades se desarrolla rápidamente. El análisis de las bases de datos de la Oficina de Patentes muestra que algunos organismos han sido explotados con fines comerciales. Estas invenciones se relacionan con las particularidades genómicas de especies de las grandes profundidades, pero cubren igualmente las técnicas elaboradas para descubrir estas particularidades o aislar los compuestos activos. Estas técnicas que no son, stricto sensu, inversiones, son, sin embargo, consideradas como tales por el régimen internacional actual de los derechos de la propiedad.

También existen patentes referentes a la extracción de enzimas útiles para algunos procedimientos industriales, la extracción de compuestos celulares que garantizan propiedades singulares (como la resistencia a una presión o a una salinidad excesiva) y el descubrimiento de mecanismos que aseguren la resistencia a temperaturas y a una toxicidad extrema, propiedades que presentan un gran interés por sus aplicaciones en la esfera biomédica e industrial.

Se pudiera decir, a falta de estimados concordantes, que la cifra de los beneficios obtenidos de la venta, a escala mundial, de los productos de biotecnología extraídos de diferentes tipos de medios marinos, se calcula en algunos miles de millones de dólares. Por ejemplo un compuesto de esponja marina utilizado para tratar el herpes representa de 50 a 100 millones de dólares al año y se estima en cerca de mil millones al año el valor de los agentes anticancerígenos tomados de organismos marinos.

El extraño medio ambiente de las grandes profundidades
¿Cuáles son las fuentes de energía de que disponen las comunidades que habitan en las zonas oscuras? Los bioquímicos han demostrado desde hace mucho tiempo que la vida puede nutrirse de diferentes tipos de energía. Probablemente, la luz es lo primero que nos viene a la mente ya que ella es la base de la fotosíntesis, (del griego, foto, luz), pero el metano, los sulfuros, el petróleo, etc., son igualmente fuentes de energía. Allí, donde falta la luz, como en los fondos marinos, los seres vivos dependen de la energía química (la quimiosíntesis). Los respiraderos hidrotermales, las filtraciones frías y los respiraderos de metano que vamos a descubrir, son ecosistemas que funcionan con energía química.

En ausencia de la luz, la vida en las aguas oscuras, puede también ser tributaria de las sustancias orgánicas -muertas o vivas- que caen al fondo del océano. Así, la composición de las comunidades bentónicas (el término implica la idea de profundidad), depende en parte, de la cantidad de sustancias orgánicas que caen en los fondos. Se sabe, por ejemplo, que los huesos de ballena constituyen una excelente superficie sobre la cual las comunidades bentónicas localmente privadas de fuente de energía, pueden establecerse y desarrollarse.

Los respiraderos hidrotermales son en el hábitat de estas comunidades capaces de soportar temperaturas extremadamente elevadas, que pueden alcanzar, en la fuente, 400 ºC; en las aguas vecinas ellas pueden alcanzar 120ºC o más. Estos respiraderos están habitados típicamente por una vida microbiana muy desarrollada. En estas profundidades, las almejas gusanos, cangrejos y otros macroorganismos se alimentan de estas comunidades que forman el primer eslabón de la cadena alimentaria. Tanto los microorganismos como los macroorganismos situados en estos respiraderos pueden resistir niveles extremos de toxicidad y presión.

El océano profundo ocupa también espacios geológicamente inactivos, pero que tienen una vida biológica intensa: los montes submarinos. Sirven de hábitat a una comunidad típica de organismos compuestos de corales fríos, esponjas y otros, al igual que otras especies que poseen un valor ecológico y comercial como la aguja, el atún, los tiburones, las tortugas y ballenas. Los montes submarinos albergan un número particularmente elevado de especies endémicas.

Si la explotación de las formas de vida que habitan los respiraderos térmicos, las filtraciones frías y otras formaciones similares de los fondos oceánicos, como los volcanes de lodo y las bolsas de agua sobresaladas, se encuentra sólo en sus inicios, no podemos decir igual de los montes submarinos. Desde hace varios años, se utilizan métodos de pesca que destruyen la rica fauna de los montes submarinos como, por ejemplo, el arrastre de redes.

La Tecnología submarina: ¿Prerrogativa de unos pocos afortunados?
Para ser justos, hay que admitir que, sin duda alguna, la investigación submarina es hoy tan importante para las ciencias puras como para las aplicadas ya que el descubrimiento de nuevas especies viene no sólo a fortalecer los conocimientos de base, sino también puede conducirnos a identificar nuevos productos químicos que, a su vez, tienden a inducir nuevas aplicaciones y a abrir nuevos mercados.

La desaparición de las fronteras entre la investigación pura y la aplicada -entre interés público y privado- no constituirán normalmente un problema si la tecnología utilizada para explorar los océanos estuviera al alcance de la mayoría de los países, o si el marco Jurídico y Político que regula el acceso a los recursos genéticos de las profundidades oceánicas y a su explotación estuviese definido y fuera equitativo. Pero este no es el caso.  
Los organismos especializados de investigación de un puñado de países desarrollados han producidos tecnologías y técnicas derivadas en parte de los esfuerzos de post-guerra, a partir de los años 1950, para encontrar a la tecnología militar aplicaciones pacíficas.

La investigación en aguas profundas es costosa, lo hemos visto ya. Parece ser, según conversaciones con oceanógrafos y administradores que trabajan en este ámbito, que las operaciones de muestreo con un vehículo piloteado que baja a algunos miles de metros y regresa a la superficie, pueden costar hasta un millón de dólares diarios, sin contar los gastos de mantenimiento.

Aunque los precios bajan progresivamente por causa de las utilidades de eficiencia, de fiabilidad y de simplicidad de funcionamiento del material de exploración, los gastos no dejan de ser relativamente altos. Ciertamente la colaboración entre científicos ha permitido la participación de un número no despreciable de investigadores de países en desarrollo, pero únicamente de forma temporal. Además, los países en desarrollo no poseen los medios necesarios, incluso en materia de conocimientos y de habilidades, para organizar en tierra investigaciones en las grandes profundidades, con la notable excepción, sin embargo, de las técnicas de biología molecular, ampliamente expandidas en el mundo. La investigación en las grandes profundidades es pues una «locura» que sólo un puñado de países y de sociedades pueden permitirse.

Un «no man´s land»
Así las cosas, los recursos vivos descubiertos en las grandes profundidades de las aguas internacionales se encuentran en una especie de «no man´s land». Esto se debe al hecho de que los regímenes jurídicos y políticos actuales enmarcados por los instrumentos jurídicos internacionales pertinentes, particularmente la Convención de las Naciones Unidas Sobre Derecho del Mar (UNCLOS) y la Convención Sobre la Diversidad Biológica, no tratan específicamente de la protección ni de la utilización duradera y equitativa de la biodiversidad de los fondos marinos.

Los recursos no vivos -comúnmente llamados nódulos polimetálicos habían surgido como un importante tema económico de la comunidad internacional en la época en que se adoptaba la UNCLOS, en 1982 y hasta hace muy poco. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, creada en 1994, tiene como misión reglamentar los recursos de los grandes fondos en las zonas situadas fuera de las jurisdicciones nacionales, esta parte del océano recibió el nombre de «La Zona». La utilización de los recursos no vivos, así como los derechos de propiedad intelectual relacionados con ello, obedecen al principio de «patrimonio común», según el cual pertenecen a todo el mundo y deben ser administrados como tales.

No sucede igual para los recursos vivos de las zonas de grandes profundidades marinas situadas fuera de las jurisdicciones nacionales, para los cuales subsiste una evidente laguna en los planos jurídico y político. Ni la UNCLOS ni la Convención Sobre la Diversidad Biológica rigen la utilización de los recursos vivos descubiertos más allá de las plataformas continentales o de las zonas económicas exclusivas. (En el interior de estas zonas se aplican las disposiciones pertinentes de la UNCLOS, favorables en general a los intereses nacionales). Los recursos vivos de los grandes fondos eran desconocidos en el momento en que se negociaba la UNCLOS. Hoy en día, los recursos vivos que están presentes en la columna de agua internacional son sometidos al régimen de alta mar de la UNCLOS, el cual es bastante permisivo y liberal, con excepción del impacto desfavorable de actividades realizadas bajo pabellones nacionales susceptibles de estar bajo la responsabilidad de los países.

La Convención Sobre la Diversidad Biológica, adoptada en 1992, se aplica únicamente a los territorios sometidos a las legislaciones nacionales, aunque es competente para reglamentar las actividades realizadas fuera de estas jurisdicciones a partir del momento que tienen un efecto nocivo sobre la biodiversidad.

La vía del futuro
Ha llegado la hora de llenar las lagunas jurídicas y políticas descritas más arriba. Algunas voces se alzan para decir que ello es prematuro mientras que nuestros conocimientos sean insuficientes. El argumento no es aceptable. Desde el momento que un riesgo certero de daño sobre el medio ambiente es identificado, sobre la base de las pruebas científicas más serias disponibles, debemos actuar, aún si las pruebas no son todavía definitivas. Esto se conoce como el principio de precaución.

La Asamblea General de la Naciones Unidas da una esperanza al respecto. Tomó la sabia decisión de crear el Grupo de Trabajo Abierto e Informal Sobre la Biodiversidad Marina en las zonas que escapan a las jurisdicciones nacionales. Esperamos que el proceso iniciado por la Asamblea General será fructífero y que las deliberaciones del Grupo serán juiciosas, en interés de la humanidad y de todo el planeta.

Extracto de un articulo de Salvatore Arico publicado en Un Mundo de Ciencia Vol. 4, No. 2
Este artículo se inspira de un informe firmado por Salvatore Arico y Charlotte Salpin, publicado en el 2005 por el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de las Naciones Unidas: Bioprospecting of Genetic Resources in the Deep Seabed.




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