Amenazas

Hoy en día, los pecios de navíos y las ruinas subacuáticas están cada vez más amenazados. Aunque para realizar excavaciones bajo el agua resulta imprescindible contar con equipamiento profesional y unos conocimientos avanzados, este patrimonio ha pasado a estar al alcance de los cazadores de tesoros. Así pues, los objetos recuperados corren el riesgo de dispersarse, pero también de deteriorarse por falta de conservación.

Creciente accesibilidad

En 1942-1943, los franceses Jacques-Yves Cousteau y Emile Gagnan inventaron la escafandra submarina autónoma, a partir de lo cual resulta mucho más sencillo acceder a los pecios de navíos situados a grandes profundidades. Desde principios del siglo XXI, los buceadores han logrado descender hasta 100 metros, y se prevé que el uso de nuevas mezclas de gases permita alcanzar profundidades mayores. En 1989, el sumergible japonés Shinkai 6500 logró descender hasta 6527 metros por debajo del nivel del mar en la fosa abisal situada frente a las costas de Sanriku (Japón). En 1995, el robot de sondeo submarino no tripulado Kaiko batió el récord de profundidad al descender a 10.911 metros. 

El aumento de la accesibilidad facilita la comprensión del patrimonio cultural subacuático por parte de los arqueólogos y su disfrute por parte del público, pero también puede derivar en saqueos y daños provocados por buceadores desconsiderados.

Amenaza de saqueo y dispersión

Un gran número de yacimientos arqueológicos subacuáticos ha sido objeto de expolio. La explotación y la venta de los objetos que se encuentran en ellos recuerdan lo que sucedió hace siglos en numerosos yacimientos arqueológicos situados en tierra firme.

En los últimos 30 años, más de 345 grandes navíos han sido explotados a gran escala con fines comerciales. A raíz de esta explotación se han recuperado y vendido hasta 500.000 objetos por pecio y se ha destruido por completo el casco de los navíos en cuestión. Sin embargo, aún ha sido mayor la cantidad de robos y saqueos, así como los daños, cada vez más frecuentes, que los buceadores irresponsables provocan tanto en los pecios como en los yacimientos. Según las investigaciones, son muy pocos los pecios situados a una profundidad alcanzable en el Mediterráneo que aún sigan intactos. Entre los navíos famosos cuyos pecios han sido dañados o destruidos para su explotación comercial figuran el Geldermalsen, el Nuestra Señora de Atocha, el Tek Sing y el pecio de Belitung.

Porque un no a la explotaciòn?

Insuficiente protección jurídica

Ante la ausencia de una protección jurídica adecuada, los yacimientos arqueológicos son muy vulnerables a la explotación por parte de los cazadores de tesoros. Incluso cuando existe algún tipo de protección legal, las lagunas en las legislaciones y en los derechos de soberanía de los Estados permiten a los cazadores de tesoros continuar sus actividades y explotar objetos con propósitos puramente comerciales, despreciando por completo los perjuicios que ocasionan tanto a la Ciencia como a la Humanidad.

Para combatir esta situación, en 2001 la UNESCO creó la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático.

Construcción y pesca a la rastra

Existe el riesgo de que las redes de pesca y los dispositivos de pesca a la rastra se enganchen en yacimientos que forman parte del patrimonio cultural subacuático, lo cual puede provocar el desplazamiento o el arrastre de determinados elementos por el fondo marino y dañar el yacimiento o dejarlo al descubierto. A fin de evitar que esto se produzca, existe la posibilidad de instalar boyas y crear parques de protección, si bien estas acciones sólo permiten proteger los yacimientos que ya se conocen.

Las obras de infraestructuras (como por ejemplo la construcción de puertos, las operaciones de dragado, la instalación de conductos y la extracción de petróleo o minerales) también pueden provocar daños en los yacimientos. Esto fue lo que ocurrió en el pecio de Oranjemund (Namibia) y el pecio del Mardi Gras en la costa de Luisiana. Asimismo, los arqueólogos alemanes que trabajaban en la barrera de pecios situada cerca de Greifswaldse se vieron obligados a tomar medidas especiales para protegerla.

Aunque resulta imposible evitar por completo que se produzcan daños de este tipo, conviene mitigarlos en la medida de lo posible, por lo cual es necesario establecer la obligatoriedad de realizar una inspección arqueológica antes de iniciar operaciones de dragado o construcción. Muchos Estados están tomando medidas en este sentido, y la colaboración entre los servicios arqueológicos y las constructoras está siendo fructífera y positiva para ambas partes.

Influencia del entorno

Los yacimientos arqueológicos sumergidos no sólo están amenazados por las actividades humanas, sino también por los cambios en el entorno que provocan los terremotos, las tormentas, las variaciones de temperatura, los cambios de las corrientes o la erosión de las costas. Habitualmente, un yacimiento enterrado bajo sedimentos alcanza un estado anaeróbico estable con niveles bajos de oxígeno y luz en el cual se ralentiza el proceso de degradación de la materia provocado por factores químicos, físicos y biológicos. Ello no obstante, hay que tener en cuenta las siguientes amenazas:

  • Amenazas físicas: erosión, abrasión y socavación. Las obras realizadas en relación con puertos, diques y otras infraestructuras pueden alterar el curso de las corrientes y provocar la erosión del fondo marino, con lo cual se corre el riesgo de que el patrimonio cultural subacuático que anteriormente se encontraba enterrado quede al descubierto. Asimismo, los maremotos producen olas que pueden alterar el equilibro de un yacimiento, levantar los sedimentos que lo cubren y hacerlo vulnerable a la acción del agua o las bacterias. Asimismo, las alteraciones del nivel del mar dejan muchos yacimientos expuestos al aire, lo cual puede causar su destrucción.
  • Amenazas biológicas: impacto biológico de los hongos, las bacterias y las bromas. La degradación provocada por bacterias es una amenaza para los elementos de madera de los yacimientos que se encuentran en el mar, e incluso más para los situados en agua dulce. El ataque de las bromas o Teredo Navalis también constituye una amenaza biológica importante para los elementos de madera sumergidos, puesto que esta especie es capaz de destruir la madera en cuestión de meses. A modo de ejemplo, hasta hace poco el Báltico era, junto con los océanos Ártico y Antártico, una de las pocas extensiones de agua salada libres de bromas. Ésta es la razón de que los pecios de navíos que se encuentran en sus aguas estén tan bien conservados.
  • Amenazas químicas: los procesos químicos pueden afectar a la integridad de un yacimiento arqueológico sumergido. Un ejemplo es la corrosión del hierro u otros metales, que aumenta con la presencia del oxígeno. Además, la actividad de las bacterias sobre la madera puede generar minerales como la pirita, que tiene efectos perjudiciales sobre la madera, porque su elevada acidez (pH=3) provoca la hidrólisis de la celulosa. Este tipo de proceso ha provocado daños en varios barcos importantes, como por ejemplo el Vasa, el Mary Rose o el Batavia.