Restos humanos y sitios venerados

La Norma 5 insta a evitar el impacto innecesario de las actividades y exige el debido respeto a los restos humanos y los sitios venerados. Al propugnar el respeto a los sentimientos de otros pueblos, esta Norma alude a uno de los dilemas fundamentales y más polémicos de la arqueología y la gestión del patrimonio.

El valor del patrimonio, incluido el patrimonio cultural subacuático, puede evaluarse mediante una objetivación de distintos enfoques. Sin embargo, es evidente que cada persona, parte concernida y agrupación de “interesados” percibe este valor de un modo distinto, y esta variedad de percepciones se acentúa cuando el patrimonio incluye restos humanos o sitios venerados y se vincula de forma especial a los aspectos que las distintas culturas asocian con su patrimonio y que dependen de su relación con los muertos, sus convicciones religiosas y sus lazos históricos. Por lo demás, el significado que tienen para los vivos los muertos o sus restos varía mucho entre distintas culturas.

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Interés científico de los restos humanos

 

Los restos humanos tienen un gran interés científico, como ilustra el encarnizado debate científico sobre los comienzos de la evolución humana. Hoy en día la posibilidad de aislar el ADN humano o reconstruir los hábitos alimenticios a partir de la degradación dental o la acumulación relativa de ciertos isótopos estables demuestra que la ciencia puede construirse y se construye sobre el conocimiento previo, ya se relacione con el pasado más lejano o con periodos más recientes. Y estas posibilidades son aún mayores en el caso de restos humanos hallados en medios subacuáticos, donde por lo general se conservan mucho mejor que al aire libre. La aportación de las ciencias médicas a la paleopatología ha sido considerable. Gracias a estas técnicas se han podido deducir costumbres y culturas de la prehistoria, o posteriores, a partir de sus prácticas funerarias.

Para estudiar las prácticas y los yacimientos funerarios se suelen recoger los huesos y los restos de cremaciones. Aunque estos restos se tratan con el cuidado que se dispensa a cualquier otra muestra científica, no es siempre el que se les debe a los restos de humanos según sus diversas culturas de procedencia. Así, más de una vez estos huesos se han convertido en los huesos de la controversia y han dado pie a virulentas discusiones. Las ampollas que levanta el estudio arqueológico de los restos humanos no es sino otra prueba de que el problema es sumamente delicado.

La Norma 5 exige tratar con el debido respeto los restos humanos y hacer lo propio con los sitios venerados. Ambos casos están estrechamente vinculados, pues los yacimientos y monumentos funerarios suelen ser también lugares de veneración. Además de las tumbas sumergidas, las cuevas y sacrificaderos inundados o las embarcaciones funerarias hundidas, hay otros sitios venerados sumergidos, como los cenotes (cuevas o sumideros cársticos) sagrados, los lugares reservados a las ofrendas de la historia o la prehistoria, los templos hundidos y las moradas de los animales sagrados. Con el tiempo, muchas de estas prácticas de veneración se modificaron o desaparecieron. En otros casos, sobrevivieron o ganaron nuevo impulso en distintas circunstancias y sirviendo a otros propósitos. En cualquier caso, los restos humanos y los sitios venerados merecen tratarse con el debido cuidado y consideración por respeto a los sentimientos de las personas que se sienten vinculadas a ellos. Más que otros tipos de patrimonio cultural, estos vestigios atañen especialmente a la interrelación humana, presente o pretérita, y en el fondo tienen en una dimensión fundamentalmente política.

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Enterramiento deliberado bajo el agua

 

Además del sumergimiento de tierras en que la gente había sido sepultada, hay otros factores que deben tenerse en cuenta al tratar con el patrimonio cultural subacuático. Algunas culturas han elegido voluntariamente el mar o los ríos como depósito de sus muertos; otras se han visto forzadas a ello.

Los entierros y sacrificios en cenagales han permitido el descubrimiento de numerosos cuerpos momificados por procesos naturales y conservados en turberas. Hay también sepulturas subacuáticas cuya existencia es legendaria, como la tumba del rey godo Alarico en el río Busento. La presencia de barcos enteros en famosas sepulturas terrestres apunta a otros ritos en que los muertos se enviaban al mar en navíos sin tripulación.

Antes de la invención de las cámaras frigoríficas, en los viajes prolongados no había más remedio que abandonar los cuerpos a las olas. Estos entierros marítimos se tradujeron en una serie de ritos funerarios especiales, como los descritos por la tradición y la literatura de navegación de las culturas que disponen de un registro escrito. Cabe suponer que los navegantes prehistóricos y ágrafos tenían costumbres similares.

 

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Pecios

 

Tanto o más dramático que el entierro marítimo es el caso de los naufragios, que tantas vidas se han cobrado a lo largo de la historia y son otro tema recurrente en la literatura sobre el mar. Es probable que los familiares y amigos de quienes fallecieron en un naufragio tuvieran que padecer un duelo bastante extraño, marcado por la incertidumbre. Y además de la incertidumbre, los duelos a menudo deben enfrentarse a tabúes culturales, a menos que el deceso haya sido certificado. Los sentimientos asociados a esta clase de accidentes se transmiten a veces de generación en generación, e inspiran miedo y respeto entre las poblaciones marítimas y costeras. La Norma 5 exige tener en cuenta estos sentimientos al realizar cualquier actividad dirigida al patrimonio cultural subacuático originado en un naufragio.

En los pecios es más raro encontrar cuerpos que en otros sitios arqueológicos, puesto que en situación de peligro los tripulantes tienden a abandonar el barco. Los restos de marineros sólo se hallan entre los restos de un naufragio cuando han quedado atrapados bajo maquinaria pesada, enganchados a redes o avíos de pesca, o encerrados en camarotes. Este último caso sólo se da en navíos modernos o técnicamente avanzados, naturalmente. Los barcos de hierro o acero con mamparos estancos y puertas herméticas pueden ser trampas mortales, y según el tipo de accidente pueden llegar a contener los cuerpos de toda la tripulación. El hundimiento intencionado de barcos durante la guerra da lugar a estas tragedias.

Huelga subrayar el dramatismo asociado a los estragos de la guerra. Los pueblos siempre padecen en las guerras, tomen en ellas parte activa o pasiva. La celebración de las victorias y la conmemoración de los caídos han adoptado formas muy distintas en las diversas culturas. Muchas naciones Estado actuales se originaron tras una guerra o sobrevivieron a ellas. De cualquier modo, los Estados disponían de ejércitos y de soldados que lucharon y murieron por su patria. Para honrar su memoria existen sitios venerados en memoria del soldado desconocido. Los grandes campos de batalla de la historia cuentan con sus propios cementerios y el respeto mutuo a estos monumentos conmemorativos, cementerios y tumbas de guerra se ha negociado en tratados de paz y por tanto forma parte de acuerdos mutuos y multilaterales entre Estados. Además de las tumbas terrestres, estos acuerdos estipulan también el respeto a los lugares donde naufragaron buques militares que se cobraron muchas vidas. En justicia, los Estados que sufrieron estas pérdidas quieren que el resto de Estados respete estos lugares.  

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Respeto por los sentimientos de la gente

Durante la negociación de la Convención de 2001 de la UNESCO, las delegaciones participantes otorgaron una importancia especial a la protección de las tumbas de guerra que ya figuran en la legislación internacional. Estas tumbas de guerra deben respetarse y cuentan con la protección de la Convención de 2001 si han estado bajo el agua por lo menos durante 100 años (Artículo 1). Definiendo el patrimonio de este modo las delegaciones han buscado una formulación general que dé cabida a otros yacimientos asociados con muertes violentas. Es por ello que el Artículo 2.9 de la Convención no hace mención específica de las tumbas de guerra, aunque es obvio que implícitamente se refiere a ellas.

De conformidad con lo expuesto, la Norma 5 subraya en términos sencillos que se deben respetar los sentimientos ajenos y extiende este respeto a todos los restos humanos y todos los sitios venerados, con independencia del motivo por el que sean venerados y de la comunidad que los venere. Cuando se planifican o autorizan actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático puede haber sentimientos de esta clase en juego y hay que tenerlos en cuenta. Las partes interesadas no sólo deben ser informadas al respecto sino que deben tomar parte activa. Este tema se abordará de modo más general en el Capítulo XIV. La perturbación innecesaria de estos yacimientos debe evitarse a toda costa y, de ser posible, deben preservarse intactos. La conservación in situ como primera opción es en estos casos especialmente patente.

Restos humanos

  • El patrimonio cultural subacuático puede incluir restos humanos como parte esencial del yacimiento.
  • Los restos humanos pueden ser de gran interés científico.
  • Los restos humanos deben tratarse con respeto.
  • Los restos humanos no deben perturbarse innecesariamente.

Sitios venerados

  • Algunos yacimientos de patrimonio cultural subacuático son s venerados.
  • No puede planificarse o autorizarse ninguna actividad en un sitios venerado sin implicar previamente a las partes interesadas.
  • Los sitios venerados no deben perturbarse innecesariamente.
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