Compartir por principio (Norma 7)

© T. Maarleveld
Un grupo de escolares escucha al arqueólogo Jens Auer, Prerow, Alemania. El arqueólogo Jens Auer describe a los alumnos de una escuela de Prerow (Alemania) los vestigios de una extraña embarcación que apareció en la playa de la localidad y les explica el trabajo que lleva a cabo un grupo de arqueólogos y estudiantes de Arqueología para documentarla. Se trata del costado de una embarcación del siglo XVIII. Inicialmente se construyço a tingladillo, pero se remozó luego con una capa especial de tracas alineadas.

Las Normas 7 y 8 postulan que por regla general el patrimonio se debe compartir. Hoy día la exclusividad del patrimonio cultural es inaceptable, aunque en algún momento de la historia no lo fuera. El patrimonio está protegido por su interés general y público y no para satisfacer a su descubridor, a su propietario y a otras partes particulares que pudieran estar interesadas. Las consecuencias de este principio son trascendentales e implican que las resoluciones que reglamentan las labores de rescate marítimo no son válidas para los pecios que protege la Convención de 2001. La normativa de rescate se ocupa exclusivamente de intereses privados, que se traducen en secretismo y acceso restringido a la información. Estos principios son contrarios a los de compartir y velar por el interés público, que deben regir la protección y gestión del patrimonio. No es que la Convención recorte los intereses privados sino que los supedita al valor del patrimonio. Así pues, la Convención no está en conflicto con los derechos de propiedad privada. Sin embargo, es cierto que las Normas que regulan las actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático establecen que éstas deben sopesarse detenidamente y tener el permiso de las autoridades competentes. Además, deben realizarse en beneficio público y porque constituyen una contribución significativa a la protección, al conocimiento y al realce del patrimonio. Los beneficios que procedan de estas actividades son comunes y deben compartirse, al igual que el propio patrimonio.

El principio de compartir ha tenido desde el comienzo una importancia crucial para regular la protección del patrimonio cultural subacuático. La Convención de 2001 y las Normas de su Anexo fueron elaboradas según la convicción “de que la cooperación entre los Estados, organizaciones internacionales, instituciones científicas, organizaciones profesionales, arqueólogos, buzos, otras partes interesadas y el público en general es esencial para proteger el patrimonio cultural subacuático” (Preámbulo). Este principio halla su formulación normativa en las directrices sobre el acceso del público (Norma 7) y la cooperación internacional (Norma 8)

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Pautas para permitir el acceso del público

Algunas pautas para permitir el acceso del público:

Distinguir entre acceso e intrusión;

  1. Prohibir las intrusiones no autorizadas;
  2. Los visitantes (buceadores) pueden conducirse responsablemente y hay que animarles a ello;
  3. Plantearse:
    a. no limitar el acceso sino encauzarlo; 
    b. desarrollar rutas de visita;
    c. permitir el acceso bajo la supervisión de un “conservador”;
    d. involucrar a la industria de buceo recreativo en la protección y la gestión;
    e. Condicionar el acceso a la conducta responsable.
  4. Limitar las restricciones de acceso a las que sean estrictamente necesarias.
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Acceso Público

El patrimonio se protege por ser de interés público y tener un valor excepcional para la humanidad, y debería disfrutar de él tanta gente como sea posible. Por eso la Norma 7 recalca que “se fomentará el acceso del público al patrimonio cultural subacuático in situ”. Pero el patrimonio también es un activo económico, que aumenta el atractivo turístico de su región y su entorno cuando es conocido y accesible. En realidad, hay muchas razones para fomentar el acceso y disfrute del público.

Es preferible permitir el acceso del público, pues:

  • el patrimonio tiene un valor excepcional para la humanidad;
  • el acceso contribuye a la valoración y la concienciación;
  • indirectamente, el acceso contribuye a:
    o el conocimiento del patrimonio,
    o su protección.

 

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Dilemas fundamentales

El acceso del público a sitios arqueológicos plantea ciertos dilemas, no obstante, que se hacen aún más patentes cuando se trata de yacimientos vulnerables o frágiles, yacimientos que nunca han sido perturbados o son objeto de investigaciones escrupulosas pero discontinuas. El dilema consiste en decidir si estos yacimientos deben ser terreno exclusivo de los arqueólogos.

La investigación es una razón de peso para proteger los yacimientos arqueológicos. Con todo, no es aconsejable autorizar únicamente el acceso a los arqueólogos. La validez de una política de protección del patrimonio depende del grado en que ese patrimonio puede ser disfrutado por el público y, por consiguiente, del acceso. Restringir el acceso supone reducir la sensibilidad, apreciación y conocimiento del público. Permitir al público visitar un yacimiento y experimentarlo en vivo, por el contrario, confiere valor a la protección del patrimonio, que será menos exclusivo y mejor entendido. Dicho de otro modo, el acceso no es sólo un objetivo importante de por sí: contribuye a concienciar al público y a conseguir su apoyo a las medidas de protección. Este razonamiento es tan válido para el patrimonio cultural subacuático como para el terrestre.
 
No obstante, hay varias razones para restringir el acceso del público. El patrimonio es frágil. Es susceptible de deterioro y erosión natural, pero también puede sufrir daños por el abuso, el pillaje y el acceso indiscriminado. La restricción del acceso y las medidas de protección, que a menudo incluyen cubiertas protectoras, pueden ser imprescindibles para garantizar su conservación.

Mientras se deciden estas medidas o se aguarda a que comience la investigación es conveniente a veces restringir temporalmente el acceso. Mientras se lleva a cabo un proyecto arqueológico, la supervisión y el control estrictos del acceso pueden ser preferibles al libre acceso. En cuanto se hayan tomado las medidas de protección pertinentes ya no habrá motivo para seguir restringiendo el acceso. La implantación de las medidas es una misión difícil que compete a la gestión del yacimiento.

Para resolver el dilema del acceso es útil comparar el patrimonio cultural subacuático con el terrestre, siempre que la analogía sea adecuada. En tierra se gestionan de forma distinta las partes visibles del patrimonio, como pueden ser los monumentos y edificios erigidos, y las no visibles, como los depósitos enterrados de restos arqueológicos. Generalmente se permite el acceso a las primeras; el acceso a las segundas no suele ser un problema pues ni siquiera se plantea. La protección prevalece en todo caso, puesto que la intrusión y la excavación están sujetas a la autorización previa.

El patrimonio subacuático no es visible de un modo corriente, con lo que cabría equipararlo a las partes invisibles del patrimonio terrestre y denegar el acceso. Sin embargo, bucear no equivale a excavar y no es lo mismo el acceso que la intrusión. Puede ser que el patrimonio cultural subacuático sea por lo general invisible, pero eso no quita que también comprenda restos a la vista y otros enterrados. La apreciación de ciertos yacimientos difícilmente sería posible sin una excavación científica especializada; en otros yacimientos sí lo es. Así pues, al igual que sucede con el patrimonio terrestre, hay yacimientos en que el acceso público no es problemático y otros en que sí lo es.

El acceso del público plantea ciertos dilemas, pues:

• el patrimonio es frágil;
• el acceso puede ser incompatible con su protección; y
• el acceso puede ser incompatible con la gestión.

Para resolver estos dilemas debemos:

• plantearnos las limitaciones de acceso como medidas temporales;
• evitar soluciones de compromiso;
• desarrollar pautas y estrategias; y
• sacar el máximo partido a los bienes patrimoniales.

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Economía, turismo y buceo recreativo

Se ha dicho a veces que el pasado es como un país extranjero. Lo mismo puede decirse del mundo subacuático, que cautiva y embelesa a sus visitantes. No es de extrañar, pues, que visitar el pasado bajo el agua se esté convirtiendo en una atracción cada vez más popular de la industria del ocio y el “mercado de las experiencias”.

En lo que respecta a la protección del patrimonio, este atractivo presenta sus riesgos y sus oportunidades. Los viajeros tienen costumbre de llevarse a casa recuerdos de sus viajes y los viajeros del tiempo en el mundo subacuático no son una excepción. Muchos buzos se dedican a sustraer objetos con total desconsideración, y a veces son los propios centros y escuelas de buceo los que promueven sus visitas con el atractivo añadido de llevarse un recuerdo. Salta a la vista que este enfoque es contraproducente. Si cada buzo se llevara un pedazo del patrimonio, éste no tardaría en agotarse. A largo plazo, la protección y la defensa del status quo redunda también en interés de las empresas. La industria del buceo recreativo puede llegar a beneficiarse enormemente de la protección, siempre que se compagine con el acceso, por supuesto. Así pues, las asociaciones de buzos e instructores de buceo deben apoyar las prácticas sostenibles.

El acceso puede gestionarse de forma directa o a través de intermediarios. La ventaja del buceo es que permite la apreciación directa de un yacimiento sin que haya intrusión. Los visitantes pueden actuar de forma responsable y hay que animarles a ello. Además, pueden tomarse medidas preventivas sencillas, como la instalación de cercas transparentes, que impiden la intrusión sin mermar la visibilidad, el acceso o el disfrute, siempre que se limpien con regularidad. Los yacimientos pueden mostrarse también mediante circuitos cerrados de televisión, cámaras Web, vehículos a control remoto, reproducciones tridimensionales y otros medios visuales. Estas técnicas de acceso indirecto tienen una larga tradición Algunas de ellas requieren de un mantenimiento constante, pero no necesariamente costoso. El acceso indirecto tiene la ventaja adicional de captar la atención del público que no bucea, un colectivo (numeroso) que no se debe pasar por alto.

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Compatibilidad con la protección y gestión del yacimiento

No todos los yacimientos son apropiados al acceso del público. La Norma 7 establece esta excepción a la regla, que formula en términos generales: “salvo en los casos en que éste [acceso] sea incompatible con la protección y la gestión del yacimiento”. Esta excepción no debe convertirse en la regla, y la admisión no debe denegarse por razones erróneas o por conveniencia burocrática. La limitación del acceso debe ser la excepción y considerarse detenidamente. Los motivos concretos de esta decisión deben ser transparentes en beneficio del público.

Con un mínimo de supervisión y control, el acceso es raramente incompatible con la protección. Los buzos no modifican el entorno con su presencia y no tienen por qué tocar y erosionar nada. La dificultad recae sobre la gestión, que debe organizar un buen sistema de supervisión y control. En cuanto el sistema entre en vigor, el acceso no resultará incompatible con la gestión del yacimiento.

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Implicación de las empresas de buceo

Conceder a las empresas de buceo recreativo una parte de responsabilidad en la custodia del yacimiento es un buen modo de solventar el problema de la supervisión y el control, y fomentar el acceso preferente puede ayudar a canalizar el problema sin comprometer la protección del yacimiento. Para hacer frente a la demanda y promover el desarrollo económico, muchos países han elaborado rutas patrimoniales con excelentes resultados y suministran información, orientación y supervisión a bajo coste, contribuyendo activamente a concienciar al público y ofreciendo magníficas experiencias a turistas y aficionados al buceo. La impresión de prospectos en papel impermeable también puede contribuir a esta empresa. 

Este planteamiento no se ajusta a todos los yacimientos. Como alternativa, se pueden complementar las publicaciones y medios de comunicación tradicionales con técnicas virtuales que simulen la experiencia real o permitan las visitas a distancia, ya sea a través de Internet o por otros medios. Sea como sea, el acceso y la experiencia directa confieren sentido a la protección del patrimonio, que de este modo resulta menos exclusivo y se conoce mejor, y contribuye a la concienciación y el apoyo del público a las medidas de protección.

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