Limitación del Impacto (Normas 3 y 4)

Las actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático se enmarcan en el contexto más general de la protección y la gestión del patrimonio. En este contexto puede haber muchas razones para aprobar, autorizar y realizar actividades de orden diverso. Aunque el Anexo se limita a reglamentar las actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático, es preciso recalcar una vez más que hay razones que prohíben perjudicar de cualquier modo a un sitio patrimonial. Entre otras, por supuesto, está el principio de no perjudicar un yacimiento con el fin de recuperar los objetos que contiene y venderlos.

Cualquier actividad dirigida a un yacimiento tiene inevitablemente cierto impacto sobre él. Las Normas 3, 4, 5 y 6 establecen una serie de principios generales para medir el impacto y regular las actividades como corresponda.

En toda actividad dirigida al patrimonio cultural subacuático cuyo objeto sea el de contribuir a su protección, conocimiento o realce:

  • El impacto debe guardar proporción con el objetivo.
  • El impacto debe ser el mínimo posible.
  • Debe documentarse el impacto junto con las observaciones

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Minimización de perjuicio al patrimonio

La Norma 3 reitera el principio establecido en la Norma 1. La conservación in situ es la primera opción. El patrimonio no puede alterarse a menos que exista una buena razón para hacerlo. Además, la Norma 3 se ocupa del grado de alteración asociado a las actividades y estipula que un yacimiento no puede alterarse más de lo que sea estrictamente necesario para los objetivos del proyecto. Así pues, la Norma 3 exige cierta proporción entre la investigación, la observación arqueológica y la perturbación necesaria para obtener el conocimiento esperado o establecer las medidas de protección previstas y el grado de perjuicio que el patrimonio deberá soportar a causa de dichas actividades. La determinación del impacto justo y proporcional corresponde a las autoridades competentes, pero debe constar en la propuesta del impulsor del proyecto, cuando no se trate de las propias autoridades. Por descontado, la calidad y exhaustividad del plan del proyecto serán dos factores de peso al negociar su urgencia y sus limitaciones.

Las razones para alterar un yacimiento pueden ser de orden diverso. Puede que haya factores externos que imposibiliten su conservación in situ, haciendo del yacimiento un lugar idóneo para la búsqueda de conocimiento mediante la excavación arqueológica. El plan de un proyecto de esta clase debe integrarse en un contexto más general de cuestiones de investigación y especialización, como se detalla en los Capítulos II y VII. El contexto es igualmente esencial cuando la planificación de la actividad no responde a factores externos sino al objeto de contribuir a su conocimiento, protección o realce. Ya se trate de proteger el yacimiento, consolidarlo, hacerlo más accesible o contribuir a su conocimiento y realce, se aplicará siempre la Norma 3, que establece que ninguna actividad deberá perjudicar el yacimiento más de lo que sea necesario.

Las medidas de protección y accesibilidad serán, por su propia naturaleza, tan limitadas como sea posible. Las alternativas técnicas son múltiples, y a la hora de escoger entre ellas el coste relativo y la durabilidad de la medida serán factores de peso.

En lo que concierne a las actividades de investigación, la Norma 3 exige prestar especial atención a los objetivos del estudio en función de las prioridades establecidas. Algunas de las cuestiones científicas planteadas pueden responderse por medio de intervenciones parciales, mientras que otras no pueden desligarse del conjunto y exigen una intervención global. Lo cual nos lleva a plantearnos las siguientes preguntas: ¿Hasta qué punto se ajusta la investigación propuesta no sólo a la gestión del yacimiento sino al contexto general de investigación y gestión del patrimonio? ¿Es el yacimiento adecuado a los objetivos que se ha marcado la investigación? O, por decirlo de otro modo, ¿se podría obtener información científica igualmente valiosa en otro yacimiento más conveniente, quizás en uno cuyo valor potencial sea menor si no es por y para la investigación o cuya conservación a largo plazo se prevea más difícil? Este problema se abordará otra vez en el Capítulo III, donde se trata de la evaluación del valor del patrimonio.

En virtud de las características y condiciones del yacimiento se determinarán las cuestiones de investigación que hay que responder primero y las que guardan proporción con su impacto, conforme al conocimiento actual del yacimiento. Adoptar un planteamiento cauto y progresivo que permita tomar las decisiones pertinentes de forma escalonada puede ser el mejor modo de evitar un impacto desproporcionado. Las restricciones que impone esta proporcionalidad entre el impacto y los objetivos hacen que la investigación arqueológica esté atrapada entre el muestreo y la excavación total. Para que la ciencia progrese se precisa una combinación razonable de ambas estrategias. No obstante, el muestreo y la excavación son técnicas complementarias y ninguna de las dos es necesariamente menos perjudicial. La extracción de muestras del casco de un navío, por ejemplo, es sumamente perjudicial y puede serlo aún más que una excavación que mantenga intacto el casco, puesto que esta última opción es más “compatible con su protección”. El muestreo no es siempre desproporcionado o irresponsable, no obstante, puesto que permite obtener otra clase de información. Para decidir qué intervención se considera urgente, responsable y proporcionada, conviene formular un calendario de investigación para cierta región o cierta clase de yacimiento. La planificación escrupulosa y la autorización competente e igualmente escrupulosa garantizarán que el impacto de las actividades con fines científicos sea proporcional a sus objetivos.

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Preferencia por las técnicas no destructivas

La Norma 4 subraya el principio recogido en la Norma 1. Al igual que la Norma 3, establece que las actividades no deben afectar a un yacimiento más de lo que sea necesario y que el objetivo prioritario es conservar y proteger todo el patrimonio en la medida de lo posible, pero la Norma 4 hace hincapié en las técnicas y los métodos empleados. Cuando se emprende una actividad dirigida a un yacimiento, su impulsor debe plantearse si los objetivos que se ha marcado pueden alcanzarse por medio de técnicas y métodos de exploración no destructivos y sin necesidad de recurrir a la excavación tradicional o la recuperación de objetos y muestras.

Hoy existen muchas técnicas de investigación no destructivas y es probable que otras se vayan desarrollando o adaptando a los requisitos específicos de la investigación arqueológica. Hay métodos de exploración hidrográfica y geofísica directamente aplicables al análisis del patrimonio cultural subacuático, la interpretación de los paisajes sumergidos o características del lecho marino. El desarrollo de estos métodos y técnicas ha sido paralelo al de la arqueología subacuática, y los sitios arqueológicos subacuáticos han sido siempre un buen escaparate para evaluar nuevas técnicas y herramientas. En el Capítulo III, dedicado a la labor preliminar, se recogen en un recuadro las técnicas actuales más relevantes, como el sonar y las mediciones batimétricas de barrido, empleadas para visualizar la superficie inferior de una masa de agua.

En lo que concierne al patrimonio cultural subacuático, estos métodos de exploración, al igual que los magnetómetros, se emplearon al principio únicamente para hallar, rastrear y ubicar yacimientos particulares. La posterior integración de los datos obtenidos con técnicas geofísicas con los generados mediante sistemas precisos de posicionamiento global o local (como el GPS), permitió la elaboración de mapas de gran resolución de áreas de mayor o menor superficie. Esta técnica es muy útil tanto para la investigación como para la gestión. La evolución tecnológica continúa, no obstante, y gracias a la integración de métodos de trazado de superficies y de procesado de imágenes del subsuelo marino hoy contamos con técnicas no destructivas que nos permiten conocer estructuras que hasta ahora eran desconocidas o invisibles. Lo cierto es que la innovación tecnológica no conoce límites. La exploración que se vale del sonido, la luz, el magnetismo o la radiación se emplea ya en muchos campos de investigación, lo que a su vez promueve el desarrollo de aparatos aún más sensibles y el uso de gamas cada vez más amplias de los distintos espectros físicos. Tanto o más importante es el desarrollo de software para procesar, filtrar y extraer imágenes a escala en dos y tres dimensiones, que tiene un abanico amplísimo de aplicaciones. El desarrollo de técnicas útiles para la arqueología no es, por tanto, en absoluto independiente de la innovación en el campo de la astronomía, la ingeniería o las ciencias médicas.
 
Es poco probable que todas estas técnicas no destructivas lleguen a reemplazar del todo la perforación y la excavación en la investigación arqueológica subacuática o terrestre. Los métodos destructivos seguirán teniendo su importancia, pero podrán emplearse de forma mucho más eficaz si se complementan con una labor preliminar no destructiva. Por tanto, el conocimiento de estas técnicas y sus posibilidades es fundamental.

La recomendación de emplear técnicas no destructivas recogida en la Norma 4 resulta especialmente relevante para la gestión de yacimiento, para los aspectos de gestión asociados a la ordenación y el desarrollo territoriales, para la investigación arqueológica y para la planificación de actividades de investigación que perturben el yacimiento. Como señala la Norma 4, se debe comprobar siempre si basta con emplear técnicas no destructivas para alcanzar objetivos que hasta ahora requerían la aplicación de métodos intrusivos.

Es imporante tener en cuenta que:

  • La investigación y gestión dependen de los datos disponibles.
  • La recopilación de datos mediante técnicas no destructivas es crucial.
  • En toda actividad las técnicas no destructivas se considerarán prioritarias.
  • Se preferirán las técnicas no destructivas a otros métodos perjudiciales, siempre que éstos se puedan evitar.
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