Regulación obligada

© Department of Underwater Archaeology of Croatia
Pecio del buque de guerra austrohúngaro SMS Szent Istvan, descubierto cerca de Premuda, Croacia. Desde hace quince años los pecios de buques de la Primera y Segunda Guerra Mundial están bajo la protección del Ministerio de Cultura de Croacia. Aunque en sentido estricto no pueden considerarse patrimonio arqueológico subacuático, estos pecios reciben la misma protección que otros yacimientos patrimoniales por su valor histórico y su potencial turístico y cultural. Además de ser tumbas marinas, son monumentos de patrimonio científico y testimonios excepcionales del desarrollo tecnológico de su época. Las actividades en yacimientos protegidos sólo pueden realizarse con permiso de las autoridades nacionales, y es indispensable obtener la debida autorización para llevar a cabo cualquier actividad que tenga por objeto la protección, el estudio o el realce del patrimonio. Al autorizar las actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático, las autoridades competentes determinan los criterios de calidad de los estudios arqueológicos, exigen la presencia de personal competente y cualificado y establecen las normas de documentación pertinentes. El pecio del Szent Istvan es de gran interés para los investigadores de los países en que se dividió el imperio austrohúngaro y desde su hallazgo ha sido objeto de varios proyectos de investigación internacionales. Con sus 153 metros de eslora, este buque de guerra de clase Tegethof se cuenta entre los barcos más grandes hundidos en el Mar Adriático. Se construyó en Rijeka en 1914 y, junto a otros dos barcos de la misma clase, el Tegethof y el Viribus Unitis, fue el orgullo de la armada austrohúngara de la Primera Guerra Mundial. Aún hoy sus doce cañones de 305 mm resultan impresionantes. Se hundió el 10 de junio de 1918, después de ser alcanzado por torpederos italianos. El triunfo militar que supuso su hundimiento fue tal que la fecha se conmemora como el Día de la Marina Italiana. Mientras se hundía el buque giró 180 grados y yace ahora a una profundidad de 68 metros con la quilla vuelta hacia la superficie.

La Norma 6 estipula que cualquier actividad que afecte al patrimonio cultural subacuático tiene que registrarse debidamente. Las circunstancias y observaciones que no se registren no formarán parte de la documentación de la actividad en sí y menos aún del registro más amplio de observaciones arqueológicas que pueden dar lugar a futuras investigaciones. Si la actividad no se registra no quedará constancia alguna de la alteración o perjuicio causado al yacimiento, por bienintencionada que haya sido la actividad, y aquello que ha sido destruido no podrá ser objeto de futuros estudios. Para evitar que esto ocurra las actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático deben reglamentarse estrictamente. 

En este sentido, la Norma 6 insiste en un punto que ya recogen muchas legislaciones nacionales concernientes a la autorización de actividades en sitios arqueológicos. La autorización de toda actividad es indispensable para la protección, el conocimiento y el realce del patrimonio; además, debe restringirse a organizaciones con un personal cualificado y competente, que esté absolutamente familiarizado con el contexto general de investigación, que abarca el valor particular del yacimiento y la actividad propuesta. Sólo así estará capacitado para garantizar los niveles de calidad más altos en su labor de registro y documentación.

La competencia y cualificación del personal y la documentación, el registro y los informes se tratan con más detalle en los Capítulos VII, IX y XII, respectivamente. La Norma 6 recalca que estos aspectos deben reglamentarse, formulando así una obligación para las autoridades competentes definidas en el Artículo 22 de la Convención. Las autoridades competentes deben confirmar que se aplican reglamentos estrictos que garanticen la calidad de la labor arqueológica y velar por la documentación y conservación de los resultados obtenidos.

Secciones:

Mostrar / Ocultar

fold faq

Regulación del control de calidad

La arqueología es una disciplina acumulativa: aúna los resultados de tareas de orden muy diverso para formar un conjunto consistente de información. Con el tiempo han ido adoptándose convencionalismos que facilitan la comparación de datos obtenidos en distintas circunstancias a fin de describir, ilustrar y dibujar los fenómenos de interés. Estos convencionalismos se han convertido más tarde en normas profesionales. Las autoridades competentes deben garantizar que se respetan unas normas estrictas y adecuadas. En muchos casos las normas surgen de una combinación de las directrices gubernamentales y las pautas profesionales, que se recogen en los permisos y autorizaciones.

La Norma 6 se limita a señalar que es preciso reglamentar debidamente la actividad para que se registre debidamente la información cultural, histórica y arqueológica.

Existen reglamentos pormenorizados y sistemas exhaustivos de control de calidad desarrollados en muy diversos ámbitos. Aun así, la comparación de reglamentos de distintos países demuestra que en lo esencial son muy similares. Los más detallados son quizá los más aconsejables cuando las actividades arqueológicas se contratan con proveedores de servicios (más aún cuando se trata de proyectos de arqueología preventiva, en los que el cliente es el promotor de las obras). Se requieren entonces reglamentos pormenorizados para evaluar la competencia y equilibrar el mercado. En otros casos puede bastar una lista de directrices internas. De todas formas, el grado de conformidad que existe entre las diversas pautas de ejecución del trabajo de campo es notable.

Al autorizar las actividades dirigidas al patrimonio cultural subacuático, las autoridades competentes:

• Determinan los criterios de calidad,
• exigen la presencia de un personal competente y cualificado, y
• establecen las normas de documentación.

Ilustraciones

Principio de la página